El cáñamo no se adaptó bien a los requisitos de la Revolución Industrial, no hubo desarrollo tecnológico de maquinaria para la recolección, hasta bien entrado el siglo XX, que redujera los costes de la mano de obra.

© Iñigo Montoya de Guzmán

La desaparición de la esclavitud en la mayoría de países hizo que aumentasen los costes de producción y con la aparición de los nuevos productos sintéticos, durante el siglo XX, desapareció porque ya que no era competitiva. El algodón se adaptó más fácilmente al nuevo mercado mundial e introdujo la maquinaria, era mucho más competitiva. Las sogas de los barcos a finales de este siglo comenzaron a hacerse de cable de alambre y con la aparición del barco de vapor desaparecieron las velas de cáñamo. Hasta el siglo XIX las telas eran preferentemente de lino o cáñamo, e incluso mezcla de ambos. En el siglo XIX aparecen las telas de algodón, yute y otras con fibras sintéticas. Fue el comienzo de un largo fin para el cannabis. Aunque hubo intentos proteccionistas del cáñamo, como en 1823 el ministro de Hacienda Chileno Diego José Benavente empezó un importante papel en el proceso de organización de la hacienda chilena. Decretó protección a la industria nacional y ofreció exenciones de impuestos a los extranjeros que se establecieran en Chile con fábricas de cáñamo (Sagredo, 1997: 287-312). Otro varapalo para el cáñamo industrial fue en la fabricación del milenario papel de cáñamo. En 1840 investigadores alemanes desarrollaron un proceso de obtención de celulosa de los árboles. Hasta entonces el papel se hacía con cáñamo. La tecnología alemana ofrecía una fórmula barata de convertir la celulosa cruda de un suministro aparentemente interminable como eran los árboles en papel. Este nuevo método se estableció rápidamente en la zona nororiental de los Estados Unidos donde existía una abundancia de árboles. Este papel era mucho más barato que el de cáñamo. Esto a la larga sería perjudicial para el medio ambiente ya que hoy entendemos que la masa forestal no es algo ilimitado. A mediados del siglo XIX la defensa y conservación del medio ambiente no existía y se potenciaba aquello que fuera más barato económicamente aunque perjudicara la flora y fauna de los bosques (Ethan, 1948:1-2).

En España, el redactor de Mecánica, Francesc Santponç i Roca (1756-1821), junto a Salvá Francesc y con la asistencia del carpintero Pere Gamell crearon una máquina para separar la fibra del lino y el cáñamo a finales del siglo XVIII. En el año 1784 publica Disertación sobre la explicación y uso de una nueva máquina, para agramar cáñamos y linos. La invasión francesa y la posterior guerra de Independencia acabaron con el invento. Pero no fue la única máquina a favor de la industria del cáñamo. En las Memorias de febrero de 1819 se publicaron descripciones de máquinas ideadas por el ingenio de los españoles, por ejemplo, la “Descripción de la máquina de hilar, retorcer y madejar lino, lana, cáñamo y otros productos, que tienen las hebras ó hilazas largas, remitida desde la ciudad de Solsona de este Principado por su inventor D. F.J”.

La reina de Portugal y Brasil

El cannabis fue importado a Brasil en algún momento del siglo XVI, probablemente por los esclavos traídos de las costas occidentales del África, especialmente Angola. A partir de 1549 se escribe un decreto emitido por Don Juan III de Portugal en donde autorizó la importación de esclavos a la zona actual de Brasil. El director del Hospital Juliano Moreira, el doctor Pedro Rosado (1958), citando a Pio Correa, indicaba que las semillas de cannabis habían llegado en muñecas de trapo que se ataban a la ropa harapienta usada por los esclavos.

El consumo de cannabis se propagó por la corte real portuguesa en Río de Janeiro y en Lisboa. Doña Carlota Joaquina Teresa Cayetana de Borbón y Borbón (1775-1830), esposa del emperador Don Juan VI de Portugal y Brasil. Parece ser que se aficionó a su consumo en su estancia en Brasil entre 1808 y 1821. Volviendo a Portugal cuando las guerras napoleónicas finalizaron. Pero de la que se cuentan historias verídicas sobre su consumo cierto fue de la reina María I de Portugal.

María I fue la primera reina de Portugal en ejercer el poder de manera real. También sabemos de María I de Portugal sufrió trastornos psíquicos. Según afirman los historiadores que cuando se mencionaba el nombre del marqués de Pombal, primer ministro reformador de su padre, en su presencia, se volvía repentinamente loca de rabia y presa de un ataque de ira que rayaba en demencia. Su cara se convulsionaba, se ponía a babear y se le quedaban los ojos en blanco, mientras parecía poseerle un demoníaco frenesí por todo el cuerpo. Su locura fue en aumento y en 1789, con el estallido de la Revolución Francesa y los asesinatos a la nobleza francesa, con la guillotina, la impresionaron de forma muy honda. Creció su demencia con la muerte de su esposo (Don Pedro III), su hijo (el infante Don José) y su hermana (la infanta María-Benedita) en un corto periodo de tiempo. Para remediar su enfermedad se contrató los servicios del doctor Willis, de Londres, psiquiatra y médico real del Rey Jorge III de Gran Bretaña, pero no hubo ninguna mejora. Lo único que la aliviaba y le hacía feliz era el descubrimiento del cannabis en su estancia final de Río de Janeiro.

En 1816 muere María I de Portugal en Río de Janeiro a la edad de 81 años. En su agonía y en su lecho de muerte le pidió a su favorito esclavo negro, Felisbino, que le trajera una infusión de fibras de diamba del Amazonas y con lo que “se habían enviado a tantos enemigos al infierno”. Felisbino realizó la infusión de cannabis y arsénico y se lo ofreció a la reina. Cuenta Assis Cintra (1934) que al tomar la infusión María I no sintió dolor debido a la acción analgésica de la diamba. Acto seguido cogió su guitarra y se puso a cantar; más tarde murió (Hutchinson, 1975:173-183). Su esclavo la siguió con pena mientras bebía la fatídica mezcla de arsénico y cannabis.

En octubre de 1830 el consejo municipal de Río de Janeiro prohibió la importación de marihuana en la ciudad. Cualquiera que vendiera era responsable de una multa grave y cualquier esclavo fumándola se le podía sentenciar a tres días de encarcelamiento (Greyre, 1968:317). Gilberto Freyre señala en el libro de Moreno (1986) que en las fincas del nordeste del país se encontraban los ingenios azucareros (antiguas haciendas coloniales americanas) que durante los periodos de inactividad entre cosechas: “los hombres blancos pasaban los días con los cigarrillos perfumados mientras que los hombres negros fumaban maconha para soñar y ser torpes”. Los caciques de los ingenios permitían a los negros plantar y cultivar maconha entre las hileras de las cañas de azúcar (Moreno, 1986).

Es muy posible que los esclavos negros trajeran semillas de cannabis a Brasil pero también los marineros portugueses lo trajeron de sus viajes a la India. Este hábito creció entre los esclavos y se extendió hacia los pueblos libres del nordeste de Brasil. La corte real portuguesa tanto en Lisboa como en Rio de Janeiro conocía su uso.

Joseph Michaud y Joseph Von Hammer-Purgstall

Joseph Michaud (1767-1839) fue un historiador francés contrario a la Revolución Francesa. Durante 1830-1831 viajó a Siria y Egipto con el fin de recolectar materiales adicionales para su obra “Historia de las Cruzadas”. Su correspondencia con un compañero explorador, Jean François Joseph Poujoulat fueron posteriormente publicadas en Cartas de Oriente (1833-1831).

En 1830 a los 63 años viajó a Grecia, Constantinopla y Jerusalén. En 1831 publica sus cartas en donde escribió: “Deseaba visitar algunos cafés de El Cairo. Como ya dije, la ciudad cuenta con casi mil doscientos; el néctar arábigo y la hoja aromática del tabaco de Latakia son el objeto de una especie de culto en la capital de Egipto, así como en Estambul (…). Ha sustituido al opio un licor que se hace con la semilla del cáñamo y que los árabes llaman hasis; este licor es embriagador y produce en el cerebro toda clase de imágenes fantásticas (…). Los cafés de El Cairo exhiben pocos lujos en su decoración; los más renombrados tienen surtidores de agua, divanes y estrados cubiertos de alfombras; allí los contadores de cuentos despliegan sus historias galantes o heroicas, que encantan sobre todo en las ruidosas noches del Ramadán” (Solé, 2003:106).

En 1818 el escritor vienés, Joseph Von Hammer-Purgstall (1774-1856), capitalizó el interés europeo por la Secta de los Asesinos y el hachís. El libro fue tan popular que se tradujo rápidamente al francés (1833) y al inglés (1835). La relación entre hachís y asesinos se unió sólidamente hasta nuestros días. Posteriormente se creó en Francia el Club del Hachís por artistas y literatos franceses. Von Hammer-Purgstall fue diplomático en Constantinopla en 1799. Era un escritor muy prolífico y realizó traducciones del árabe, el persa o el turco. Además tradujo los “cuentos de las mil y una noches”.

François Lallemand, David Urquhart y John Greenleaf Whittier

Es a mediados del siglo XIX cuando comienza a aparecer un interés literario por el cannabis. En 1843 Claude François Lallemand publicó Le hachych. François Lallemand (1790-1853) fue un cirujano francés, miembro de la Academia Nacional de Medicina de París. Fue médico militar durante la campaña napoleónica en España durante la guerra de Independencia. En un principio Lallemand publicó de forma anónima Le hachych con el pseudónimo de Germanos. Su interés por las enfermedades mentales le había llevado a publicar esta novela, el primer texto sobre el hachís con una trama narrativa. Pero fue tan popular que Lallemand lo reimprimió en 1848 pero esta vez con su nombre de verdad. También Gautier, ya expuesto en artículos anteriores de Cannabis Magazine, con su texto Le hashish (1843), quien consiguió llevarse la atención de los franceses. Era un libro que narraba sus experiencias con el hachís consumido por vía oral: con las alucinaciones, la forma en que los cuerpos se desfiguraban como el agua, las visiones de colores y sonidos. Durante 1848 un artículo anónimo aparecía en el periódico de la Cámara de Edimburgo, en el que el autor advirtió a sus lectores que una amenaza estaba asolando Francia. La indulgencia hacia el hachís se había extendido entre médicos, estudiantes de medicina, poetas, idealistas y amantes de la novedad. Ese año, durante las revueltas de París de 1848, los estudiantes armados llevaban pancartas por las calles pidiendo la libre circulación del cannabis y del éter.

En 1850 David Urquhart (1805-1877), que fue diplomático y escritor escocés, fue miembro del parlamento inglés (1847-1852), publicó un libro de dos volúmenes que tituló Los pilares de Hércules en el que agregó su propia experiencia con respecto al hachís. Conocía la situación del cannabis en Grecia, Turquía y Líbano. Percibió que no existía ningún peligro entre los consumidores ingleses que eran muy pocos. También introdujo los baños turcos en Inglaterra (Urquhart, 1850:81-91).

El influyente cuáquero y ferviente defensor de la abolición de la esclavitud y poeta estadounidense John Greenleaf Whittier (1807-1892), escribió un poema al hachís en sus poemas de antiesclavitud (1854). Descubrimos tras leer su poema que lo había consumido y se observa con detalle en los doce versos del poema. Además había escrito en 1872 otro poema titulado “La elaboración de la cerveza de Soma”. En los poemas de antiesclavitud leemos:

Escribe: “De todo lo que pueden ofrecer las tierras del Oriente, / de maravillas que con las nuestras compiten,/ la más extraña es la planta de hachís,/ y lo que sucede tras su ingesta./ ¡Qué imágenes surgen en la mente del consumidor/ de danzas de derviches o Almeh!/ de Eblis, o del paraíso/ ¡Que brillan con danzas de huríes!”. Afirma también que hace necios a los que la consumen”. Concluyendo de la siguiente forma: “¡Oh, poderosa planta! Tan extraño sabor/ jamás probó turco o hindú; / el hachís de cáñamo oriental/ ¡Es impotente frente a nuestro algodón occidental!”

Bibliografía

  • Cintra, A. (1934). Escândalos de Canota Joaquina. Civilização Brasileira. Rio de Janeiro. Citado por Heitor Peres, 73.
  • Ethan Ellis, L. (1948). Print Paper Pendulum: Group Pressure and the Price of Newprint. New Brunswick, N.J. Rutgers University Press.
  • Greyre, S. (1968).The masters and the slaves, Knoff, New York.
  • Hutchinson, H. W. (1975). “Patterns of marihuana use in Brazil” in Cannabis and Culture, Rubin The Hague: Mouton.
  • Moreno, G. (1986). “Aspectos do maconhismo em Sergipe”. En Henman, A. e pessoa Jr., O. org. Diamba Sarabamba. São Paulo, Ground.
  • Rosado, P. (1958). O vicio da Liamba no Estudo do Pari- Una toxicose que resurge entre nôs.
  • Sagredo Baeza, R. (1997). Chile: 1823-1831 el desafío de la Administración y organización de la Hacienda Pública. Instituto de la Historia. Pontificia Universidad Católica de Chile. Publicaciones Electrónicas. Volumen 30.
  • Solé, R. (2003). Viajes por Egipto. Ed. Océano.
  • Urquhart, D. (1850). The pillars of Hercules, a narrative of travels in Spain and Morocco, R.Bentley, Londres.