Hay que reconocer que la Cannabis Sativa L. es un fenómeno del mundo vegetal. Su estrategia para sobrevivir y proliferar compitiendo con sus semejantes ha tenido un éxito innegable. A día de hoy el cannabis, a pesar de la burda prohibición que pesa sobre él (o gracias a eso) se cultiva de mil maneras: cultivos de guerrilla en los lugares más inhóspitos e inaccesibles; cultivos de interior con sistemas de iluminación artificial, ventilación, extracción de aire, control climático, etc.; medidas de seguridad exageradas… en fin, todo un derroche de medios e imaginación casi inconcebible para otro vegetal.

Ramón Servia (Cannaliza S.Coop.Galega)

Miles y miles de apasionados de la planta nos pasamos el día devanándonos los sesos para seleccionar las mejores genéticas, conservar e intercambiar semillas, hacer esquejes, mejorar sustratos, abonos, iluminación, etc. una dedicación y una cantidad de horas de atención y cuidados inimaginables para cualquier otra especie vegetal. Y es que el cannabis se eligió para garantizar su supervivencia al Homo Sapiens, y se acertó de pleno.

El punto es que desde tiempos inmemoriales, de alguna forma, nuestra querida planta dejó prendado a una especie de mono que andaba por allí pasándolas canutas para sobrevivir. La relación entre los humanos y el cannabis llega hasta profundidades casi filosóficas, pues en nuestro cerebro y en nuestro organismo se encuentran los llamados “endocannabinoides”, es decir, sustancias análogas a los cannabinoides de la planta ( THC, CBD, CBN, CBG…) pero generados por nuestro propio cuerpo y que conforman el conocido como “sistema endocannabinoide”, un sistema neurológico que controla una multitud de funciones en nuestro organismo. El porqué de la existencia de estas sustancias en nuestro cerebro y en la planta de cannabis nos puede llevar a divagaciones sin límite.

Seguramente, el cannabis ha sido una de las primeras especies empleadas por los primeros humanos agricultores, puesto que al margen de la posibilidad de pillarte un buen colocón (que no es poco), la misma planta te da semillas con unas cualidades nutritivas excelentes (no morirse de hambre es algo siempre a tener en cuenta), unas hojas que pueden servir de alimento al ganado y una fibra con la que se pueden elaborar tejidos, cuerdas, e incluso material de construcción.

Se puede decir que el cannabis ha sido un compañero de viaje inseparable a lo largo de la historia de la humanidad, y que entre las dos especies se ha dado lo que se conoce como “simbiosis”, es decir, que ambas especies se benefician de esta relación. Por un lado el hombre tiene acceso a todo lo antes descrito y la planta tiene al hombre dispersando sus semillas a troche y moche y cultivándola por doquier.

Esta relación de como mínimo 10.000 años de antigüedad (yo creo que bastantes más) empezó a tener los primeros problemillas con el desarrollo de sociedades jerárquicamente avanzadas, donde la clase dominante no podía tolerar ninguna muestra de oposición a su autoridad. Por ejemplo, en la edad media la iglesia comenzó la labor de demonización y prohibición de la planta en algunos lugares de Europa, me imagino que debido a que a los fumetas de aquel entonces les resultaba difícil tragarse el cuento ese de la paloma que fecunda a una virgen y nosequé y que por eso tenían que darle una décima parte de sus cosechas a unos señores que no pegaban palo.

Pero bueno, sacando algunas cosillas, el cáñamo se seguía cultivando por todos lados, especialmente cuando se trataba de guerrear con el vecino de al lado o con el de más allá, puesto que los tejidos y las cuerdas hechas con cáñamo tienen unas características mecánicas extraordinarias, y además es una fuente renovable anualmente y con unas exigencias de cultivo relativamente bajas por lo que se usaba para equipar ejércitos enteros de lonas, cuerdas, uniformes, etc. y sobre todo la marina. Por poner un ejemplo, un galeón de esos de liarse a cañonazos en plan Piratas del Caribe podía llevar encima hasta 10 toneladas de cáñamo, entre velas, cuerdas, uniformes, la estopa que se usaba (y se sigue usando) para impermeabilizar los cascos de los buques de madera, etc.

Pero cuando se torcieron de verdad las cosas (desde nuestra perspectiva actual) fue en el año 1937. Ese año, la nación más poderosa del planeta, los Estados Unidos de América, decide prohibir el cultivo de cáñamo por todo el morro. Hay que joderse, pensareis… o sea que llevamos toda la historia de la humanidad tirando de esta planta para todo tipo de cosas, y ahora aparecen los listos estos diciendo que plantarla es un delito gordísimo y que te van a meter un paquetón como se te ocurra cultivar tus matitas como llevabas haciendo desde que eras un humilde homínido.

Pero hay que tener en cuenta una cosa, como dice un buen colega “el único recurso realmente inagotable es la estupidez humana”. Los que conozcáis la obra de George Orwell, sobre todo 1984, conoceréis el término “Neolengua”. Si queréis ver una aplicación práctica de esta teoría no tenéis más que enchufar la tele y poner un telediario, en cuanto salga un gobernante dando un discurso pronunciará una “neopalabra” cada cinco segundos.

Os cuento esto porque a mi entender la palabra “Marihuana” se empleó para envolver de un halo de misterio y peligrosidad a nuestra querida planta, porque si en el año 37 sale uno por la tele diciendo que van a prohibir el cáñamo (“hemp” en inglés) lo corren a gorrazos hasta Wisconsin. El origen de la palabra “Marihuana” proviene de un dialecto mexicano, por lo que era desconocida para la inmensa mayoría del público. Así que fue colando el despropósito de prohibir el cultivo de cáñamo en los Estados Unidos y por extensión a la mayor parte del mundo occidental.

No voy a entrar en este artículo a debatir si fueron los intereses económicos de las grandes corporaciones o la opresión de las minorías étnicas los motivos de esta prohibición, eso lo dejaremos para más adelante.

Una cosa es que los jefazos del cotarro mundial digan que algo no se pueda cultivar y otra es que los paisanos del pueblo de Quintopino de Arriba les hagan caso, si es que llegan a enterarse alguna vez de que dicen tal cosa, o de que existan siquiera. Algunos podemos tener la idea de que el emplear cáñamo para textiles o cuerdas es una cosa de la edad media, pero nada más lejos de la realidad. Desde que me empecé a interesar por este cultivo ya he conocido a varias personas que recordaban que en sus tiempos mozos se plantaba cáñamo para autoabastecerse de fibra para cuerdas y para alimentar a cerdos y gallinas, de hecho en un pueblo de Alicante llamado Callosa de Segura el cultivo y la transformación del cáñamo para cuerdas, redes y aparejos fue la principal industria de la comarca hasta los años 70, momento en el que las fibras sintéticas derivadas del petróleo sustituyeron a las fibras naturales y la mayoría de los ahora jubilados recuerdan todas las labores asociadas a este cultivo, de hecho en ese pueblo hay un “Museo del Cáñamo” dedicado a conservar los restos de esta industria.

Así que volvemos al punto que os contaba en el número anterior, un servidor se encuentra comiéndose los mocos en el pueblo a la espera de una quimera llamada “oferta de trabajo” y a base de leer todas estas cosas empieza a plantearse la idea de plantar cáñamo en una finca, aunque sólo sea por tocar un poco las narices.

Un agricultor convencional lo primero que se plantearía sería: “¿Cuánto me van a pagar por lo que coseche? ¿Quién me lo va a comprar? ¿ Cuánto me va a costar cultivarlo y cosecharlo? Por suerte siempre hay gente que se sale de lo convencional y hace las cosas porque le apetece o le apasiona, dejando en un segundo plano el mero rendimiento económico.

El cáñamo es un cultivo con tantísimas posibilidades que es difícil centrarse en qué producto quiere obtener con su cosecha, para hacernos una idea:

Cañamiza ( parte interior leñosa del tallo):

        Cama para animales.

        Material de construcción.

        Material de jardinería (acolchado).

        Aglomerados.

Fibra ( parte exterior de los tallos):

        Textiles.

        Cordelería.

        Papel.

        Aislamientos térmicos.

        Aislamientos acústicos .

        Bioplásticos.

        Geotextiles.

Semillas:

        Alimentación humana.

        Alimentación animal.

        Aceite alimentario.

        Leche u horchata de cañamón.

        Aceite cosmético.

        Jabones.

Hojas:

        Alimentación animal.

        Infusiones.

Con esta variadísima gama de productos que puedes sacar de tu cosecha tienes dos opciones a la hora de empezar a cultivar, o bien te puedes centrar en obtener un producto final determinado o bien puedes experimentar tú mismo con todas estas opciones para encontrar la más adecuada a tus condiciones.

Se pueden distinguir dos tipos principales de cultivo: para fibra o para semilla. Cuando el objetivo de la plantación es obtener la mayor cantidad de fibra posible y de la mejor calidad, se emplean hasta 60 Kg de semilla por hectárea para sembrar, dado que lo que nos interesa en este caso es que el número de plantas por metro cuadrado sea elevado, así las plantas saldrán muy espigadas y compitiendo en altura con sus vecinas, al estar tan juntas no tendrán espacio suficiente para desarrollar ramas laterales y cuando llegue el tiempo de la cosecha tendremos un mar de varillas rectas con un cogollo en la punta cargado de semillas.

De este modo tampoco los tallos se engrosarán, y así la proporción de fibra/cañamiza será mayor, además de que las varillas serán de un espesor uniforme y sin nudos, lo que favorecerá el mecanizado posterior para la extracción de la fibra y ésta será de mayor calidad.

Cuando se cultiva para semilla la densidad de siembra es más baja, para que las plantas tengan un poco más de espacio entre ellas y el aporte solar es mayor en cada individuo para así poder desarrollar ramas laterales que se cargarán con cogollos repletos de semillas. El inconveniente con este tipo de cultivo es que la fibra (los tallos) serán más gruesos, con menor proporción de fibra/cañamiza y con una forma menos uniforme, al tener nudos en la base de las ramas laterales.

Desde mi punto de vista, el cultivo de fibra a día de hoy requiere de una gran inversión en maquinaria, puesto que el proceso artesanal para separar la fibra de la cañamiza es largo y tedioso, lo que lo hace muy difícil de recuperar económicamente. Solamente con un gran inversor o con la unión de muchos productores (como en Francia o Italia) se puede llegar a conseguir el capital suficiente para construir y equipar centros de transformación de fibra modernos y eficaces que puedan transformar la materia prima en un producto con un valor añadido suficiente para hacer rentable la inversión.

Para un pequeño agricultor o para alguien que quiera iniciarse en el cultivo de cáñamo me parece más recomendable la opción de cultivar para la obtención de semilla, por las siguientes razones:

        Menor cantidad de semilla de siembra.

        La maquinaria necesaria para extraer la semilla es más barata e incluso el hacerlo de forma manual es más accesible que el proceso de extracción de fibra.

        En el caso de no encontrar un comprador que pague un buen precio tendrás un producto para autoconsumo o para alimentación animal que siempre podrás aprovechar.

        Las elaboraciones que se pueden hacer a partir de la semilla (horchata, aceite, germinados, etc.) son relativamente simples y accesibles.

Otro aspecto a tener en cuenta es que dentro de las variedades de cannabis autorizadas por la UE para su uso industrial tenemos variedades “monoicas” y “dioicas”, por decirlo en pocas palabras las dioicas serían como las regulares, con ejemplares macho y ejemplares hembra en una proporción cercana al 50%. Las variedades monoicas son mayoritariamente hermafroditas.

Esta es una cuestión a tener en cuenta porque los campos de variedades monoicas son más uniformes en su morfología y en su maduración, mientras que con las variedades dioicas las diferencias entre machos y hembras serán mucho más marcadas en cuanto a morfología y tiempo de maduración.

Este tipo de valoraciones y decisiones son el día a día de los agricultores, así que los que os queráis animar tenedlo muy en cuenta.