Aunque el cultivo es ilegal, más de la mitad de la comunidad de Kambá Rembé, de 4.000 habitantes, tiene plantaciones de tres o cuatro hectáreas de esa hierba.

El cultivo de marihuana a gran escala es una realidad cotidiana en algunas de las comunidades campesinas más pobres de Paraguay, donde la hierba se convirtió en el único producto de renta que permite a los labriegos obtener carne y otros alimentos básicos de la canasta familiar. 

Una anciana de pelo blanco y vestido negro cruza un largo camino de tierra roja. Sale de la chacra que está detrás de su pequeña casa con un enorme fardo en la cabeza, una imagen tradicional del Paraguay rural donde abundan las plantaciones de tabaco y yerba mate pero, en este caso, lo que la mujer sostiene es marihuana. La señora lleva su carga hasta uno de los almacenes de la colonia campesina de San José del Norte, más conocida como Kambá Rembé, donde cambiará la marihuana por carne, que está al mismo precio, 20.000 guaraníes el kilo, unos cuatro dólares al cambio actual.

Aunque el cultivo de marihuana es ilegal en Paraguay, más de la mitad de esta comunidad de 4.000 habitantes, ubicada en el empobrecido departamento de San Pedro, tiene plantaciones de tres o cuatro hectáreas de esa hierba junto a su casa. “La gran mayoría de la gente se dedica a ese rubro porque no hay una alternativa de producción. Ya sabemos que es ilegal y que los que se dedican a eso son delincuentes, pero nadie quiere ser delincuente, lo que pasa es que nos obliga la necesidad en la que estamos”, dijo Francisco Larrea, docente de la comunidad. 

Es un secreto a voces en un país de 6,5 millones de habitantes que es el principal productor de esta droga en toda Sudamérica, según las autoridades. Con plantaciones que ocupan unas 6.000 hectáreas, las organizaciones de narcotráfico de la región exportan al año unas 20.000 toneladas de marihuana, el 80% de ellas a Brasil, el resto a Argentina, Uruguay y Chile, donde el kilo ronda los 1.000 dólares. 

Mientras que en Europa una plantación de tres hectáreas descubierta recientemente en Albacete (España) es considerada la mayor encontrada hasta la fecha, en Paraguay las autoridades han destruido unas 1.200 hectáreas de cultivos ilegales sólo en lo que va de 2015. “Esas toneladas son bolsas y bolsas que llenan camiones, aviones y helicópteros que pasan frente a la comisaría local, frente a los controles de carretera y de aduanas, los campesinos son el último eslabón y lo hacen porque no queda alternativa”, aseguró  Antonio Santa Cruz, concejal del distrito de General Resquín, al que pertenece Kambá Rembé y otras colonias donde se produce marihuana. 

La situación de la zona es conocida desde 2009, cuando la Policía Antinarcóticos hizo una intervención para destruir esos cultivos. Sin embargo, los campesinos se resistieron. (EFE)

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