La producción es una de las obsesiones de muchos cultivadores. ¿Cuánto puede llegar a producir una sola planta? Puede parecer una pregunta sencilla, pero tiene muchos matices. Para los cultivadores de interior, lo más importante es el espacio, la potencia lumínica y el tiempo. Para los de exterior, sin embargo, lo primordial es el espacio y la forma y el tiempo de madurado, aunque las estadísticas no lo dicen todo. La calidad es otro de los factores, y se suele preferir menos hierba con mejor calidad a una producción más cuantiosa pero en peores condiciones.

por Ed Rosenthal

Los cultivadores de interior a menudo hablan de producción por vatio consumido. Se puede esperar de medio gramo a un gramo por watio de luz consumida (0.5-1 g/W), pero también habrá que tener en cuenta el tiempo de maduración. Si una variedad requiere 90 días para madurar, generando 1 g/W, se ha requerido el 50% más del tiempo de maduración que requiere la variedad que madura en 60 días.

¿Por qué elegir una variedad de madurado tardío? La mayoría de los cultivadores eligen lo que cultivan por su esencia: se aproxima al ideal de efectos que desean o que piensan que son deseables; básicamente, se trata de hierba que sigue la dirección que ellos marcan.

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La producción queda determinada tanto por la genética como por factores ambientales. Los genes determinan el potencial, el programa para su ciclo vital. El ambiente determina cómo se han satisfecho las necesidades de la planta, y por consiguiente, cuánto falta para su potencial genético real.

El patrón de crecimiento de la planta, la floración y el tiempo de maduración, el tamaño de sus cogollos, la calidad, el olor, el sabor y el colocón están programados genéticamente. Al igual que las uvas para hacer vino, todas las muestras de una variedad en particular tendrán, de alguna forma, un sabor similar. Sin embargo, las plantas del mismo paquete genético, generan sus propios y únicos sabores cuando crecen en diferentes emplazamientos o bajo condiciones dispares. Se trata de jugar con el equilibrio entre las condiciones ambientales y la genética, lo que conforma las propiedades únicas de cada cosecha.

La mejor forma de asegurar una gran cosecha de producción superior es plantar las mejores variedades adaptadas al ambiente que las rodea. Una variedad adaptada se comportará cercana a su potencial, mientras que aquellas plantas que todavía tienen que adaptarse a entornos diferentes podrían pasar dificultades y desarrollarse por debajo de lo esperado.

Entonces, ¿cuáles son los factores ambientales que determinan el crecimiento de una planta? Los principales son la luz, los nutrientes, la temperatura, el agua y el CO2. Cada uno de estos factores juega un papel fundamental en el crecimiento de la planta: controladlos, y estaréis en la senda de engendrar las flores más finas.

Luz –Las plantas la utilizan para alimentar la fotosíntesis. Este proceso genera azúcar, que se utiliza para aportar energía y formar los tejidos. Se podría decir que luz es sinónimo de crecimiento. Cuanta más luz reciba la planta, más azúcar estará disponible para el desarrollo de los tejidos. Aquellas plantas que crecen bajo condiciones idénticas, desarrollarán más sus tejidos cuanta más luz se suministre por metro cuadrado, siempre que la temperatura permanezca dentro de los límites aceptables. Una planta a plena luz produce más —y de mejor calidad— que una que está a la sombra.

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La luz ultravioleta tiene un papel importante en la generación de THC. A medida que el espectro UV-B se intensifica, el contenido de THC en variedades de calidad se intensifica.

Las plantas cultivadas en tierras altas o cosechadas a mediados del verano tienen un contenido en THC mayor que las que crecen en lugares bajos o las que maduran en otoño.

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Nutrientes –Tanto para funcionar como para crecer, las plantas necesitan nutrientes. Sus necesidades varían a medida que se avanza en su ciclo vital. Nitrógeno, fósforo y potasio son los cimientos, y se pueden ver en las etiquetas de los fertilizantes con las abreviaciones N-P-K. Cuando a las plantas se les niega un suministro equilibrado de nutrientes, su crecimiento se ve mermado. Las plantas os dirán lo que necesitan, solo hay que entender su lenguaje. Cualquier deficiencia o condición de toxicidad tiene una sintomatología muy clara. Simplemente, leed un buen libro de cultivo, o unos cuantos, para aprender el lenguaje que hablan las hojas.

Temperatura –Tanto en interior como en exterior, las plantas se desarrollan mejor con una temperatura moderada, a unos 20 ºC. Cuando las temperaturas bajan por debajo de ese valor, el crecimiento se ve afectado debido a que el metabolismo se ralentiza. Con temperaturas más elevadas, los cogollos y las flores son amorfos y alargados. Por supuesto que las variedades difieren también en su preferencia o tolerancia al calor y al frío.

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Agua –En interior, el agua no representa ninguna preocupación pero, a veces, sí su calidad. En exterior, la naturaleza puede resultar mezquina o demasiado generosa con sus programas de riego, lo que tiene una repercusión en la cosecha. Sin embargo, se puede mitigar ese impacto preparando vuestro jardín para una sequía inesperada, buscando la calidad de agua requerida.

Dióxido de Carbono (CO2) –Durante la fotosíntesis, las plantas combinan CO2 proveniente del aire atmosférico con agua para formar los azúcares. La cantidad de CO2 presente en el aire condiciona el ritmo de la fotosíntesis. Típicamente, la atmósfera contiene una concentración de CO2 de unas 375 partes por millón (ppm). A medida que el nivel baja a las 200 ppm, la fotosíntesis se interrumpe gradualmente. Cuando el aire está enriquecido con CO2 (y hay suficiente luz), la fotosíntesis se acelera, generándose más azucares, con lo que las plantas crecen más, más rápido y exhiben mayor cantidad de flores. Enriquecer los cultivos con CO2 es la manera más económica medioambientalmente de aumentar la producción acortando el tiempo de maduración.