© Isidro Marín Gutiérrez

 

En el periodo de colonización de Canadá, el ministro de la colonia de Quebec (llamada en aquella época Nueva Francia), fue Jean Talon (1626-1694) bajo el reinado de Luis XIV. Talon diversificó la economía de la naciente colonia introduciendo el lino, el cáñamo y el lúpulo; fomentando la minería, la pesca, la industria maderera así como el comercio tradicional de pieles. Talon confiscó toda la fibra que poseían los colonos y los obligó a volvérsela a comprar con cáñamo. A los campesinos les prestó las semillas necesarias, exigiéndoles que le reintegraran semillas frescas de sus nuevas cosechas (Robinson, 127).

En 1617 el cannabis llega a Canadá, gracias a Louis Herbert, un boticario parisino que fue traído a Canadá por su buen amigo y explorador Samuel de Chauplain. Herbert emigró a Nueva Francia con su mujer e hijos, trayendo el conocimiento extenso de hierbas y medicinas con él al Nuevo Mundo.

Pero trabajar con cáñamo para extraer la fibra no era tarea fácil y más en esas latitudes. La dificultad de este momento no estaba en la cantidad de cáñamo sino en su preparación para el mercado. Aún no existían las máquinas “descotricadoras” que se inventó en 1919. El cáñamo antes necesitaba un proceso llamado “retting” para prepararlo para usarse. Se utilizan las fibras exteriores largas de la planta que necesitan ser separadas de la parte interna carnosa; para tal fin se hunden las plantas en agua hasta que se pudra la parte interna carnosa y pueda ser quitada más fácilmente la parte de fibras.

La importación de cáñamo en Canadá disminuyó un poco en el siglo XIX. El cáñamo aún seguía siendo utilizado para hacer pasta de papel hasta finales del siglo XIX en el que luego se empezó a utilizar la celulosa de los árboles. El advenimiento del vapor hizo reducir la necesidad de lona de cáñamo para las naves y la invención de la “desmotadora” permitió recuperar fibras de algodón con mucho menos trabajo que el cáñamo.

El siglo XIX vio el nacimiento del primer comercio internacional ininterrumpido de sustancias alteradoras de la mente. Los comercios mundiales de “las drogas” empezaron a recorrer a gran velocidad toda la tierra. La supremacía naval de Inglaterra le valió ser el primer comerciante de té, tabaco, alcohol y opio alrededor del mundo.

fumando opio

El opio en Canadá

El opio era popular entre los chinos, pero estaba estrictamente prohibido por sus gobernantes. El Estado chino aceptaba sólo oro en sus transacciones de grandes cantidades de té que los ingleses consumían; las dinastías chinas tuvieron éxito al monopolizar la producción de té del mundo. Los pagos de oro a China estaban arruinando la tesorería británica en 1820; así que se comenzó a vender opio a los chinos y como pago también se podía realizar en oro. Los chinos perdieron su monopolio de té cuando las plantas de té se transportaron de forma ilegal, de contrabando, y se establecieron nuevas plantaciones británicas de té en la India y Ceilán.

El uso compulsivo de opio entre la población china causó alarma en sus autoridades que decidieron prohibir su comercio dentro de su nación. Esta acción cerró el mercado a los comerciantes de opio británicos. En 1839 Gran Bretaña declaró la guerra a China para mantener el derecho de vender opio a China. Una vez que los británicos ganaron la “Guerra del opio” crearon lo que en China fueron llamado “Tratados Desiguales” que declararon que China tenía que pagar los costos de la guerra y concedieron el territorio de Hong Kong hasta el año 1997.

En América en 1871 se descubrió oro a lo largo del río Fraser en la Columbia Británica. Aproximadamente unos dos mil chinos acudieron a las minas de oro californianas exhaustos a trabajar en las minas a lo largo del río Fraser. En 1881 la Compañía de Construcción Onderdonk se le concedió los permisos del gobierno canadiense para traer 17.000 jornaleros de las provincias chinas del sur Kwangtung para trabajar en el ferrocarril de la Columbia Británica. Unos 4.000 obreros chinos murieron mientras construían la gran vía férrea nacional. Cuando la vía férrea estuvo terminada y las minas de oro estaban exhaustas, Vancouver se encontró miles de chinos empobrecidos por las calles. Eran unos excluidos sociales que vivían en guettos. La utilización del opio se volvió un medio común de la población china para aliviar sus penas y calamidades.

Los movimientos obreros organizados en la Columbia británica temieron que los sueldos cayeran por culpa de los chinos. El gobierno canadiense tomó medidas restrictivas a la inmigración china, imponiendo impuestos de entrada que llegaron a 500 dólares por persona en 1904. El odio de la población a los chinos provocó revueltas en Vancouver en 1907.

El viceministro de Trabajo William Lyon Mackenzie King, que luego llegó a ser primer ministro de Canadá (entre 1921 y 1926), investigó los daños producidos por los chinos y la Liga Asiática en los disturbios de 1907 en Vancouver. Descubrió el aumento del consumo de opio y realizó un informe prejuicioso titulado “La necesidad de la supresión del tráfico de opio en Canadá”. Este informe estaba basado en artículos de periódicos sensacionalistas que afirmaban de la ruina de mujeres blancas consumidas por el vicio del opio. El consumo, decían, había pasado a todos los estratos y condiciones sociales de la ciudad “fumaban hombres blancos y los niños y también el consumo estaba entre las mujeres y las niñas”. El informe se convirtió en un claro resurgimiento del movimiento anti-opio en China, Estados Unidos y, como no, Canadá. Este informe llevó a la creación del la Ley de Narcóticos del Opio de 1908 que prohibía la importación, fabricación de opiáceos para propósitos no médicos. A esto le siguieron nuevas normas como la Ley de Drogas y Opio de 1911 en donde se prohibía la venta y posesión de morfina, opio y cocaína. Desde 1911 fumar opio se convirtió en delito en donde las penas para los consumidores iban desde una multa de 50 dólares y un mes en la cárcel. Canadá estaba así unida al nuevo movimiento puritanista estadounidense reforzado por la conferencia internacional contra el opio en Shanghái. El nombre de la ley de 1911, es interesante, Ley de Drogas y Opio, y no es una cuestión baladí ya que trata de separar el opio del resto de drogas. El opio está íntimamente ligado a sus usuarios chinos mientras que el resto de drogas está asociado a otro tipo de usuarios. Así las penas no van a ser iguales y los prejuicios asociados al opio se seguirán fomentando.

La siguiente nueva ley antidrogas será la Ley de Estupefacientes y Opio de 1920, que fue modificada en 1921 y nuevamente en 1922, antes de ser consolidada en 1923. Las sanciones se convirtieron en más draconianas, con más penas de prisión y cuantías más elevadas de multas. Las penas a los consumidores podían ser de uno a siete años de prisión. En 1922 la posesión y el tráfico estaban penados con la deportación para los chinos.

El catalizador de estas leyes también difiere de las anteriores en que eran en gran parte el resultado de la agitación de los reformadores morales, en particular los de Vancouver, que había suscitado un verdadero pánico moral sobre el tema de las drogas en la década de 1920. Pero aún sigue vigente y sigue siendo un tema recurrente. Así el movimiento de prohibición de las drogas está estrechamente relacionado con el movimiento de excluir totalmente a los inmigrantes chinos de Canadá. En 1923 se dictaron leyes migratorias en contra de los chinos como la Ley de Exclusión China.

La prohibición del cannabis

Hasta 1920 tres estados de los EE.UU. habían prohibido el cannabis sin haber realizado ningún estudio científico serio. Estas leyes infundadas y racistas llegaron a Canadá gracias a la Revista de Maclean que a principios de 1920 realizó una serie de artículos sobre el comercio de drogas ilícitas en Canadá.

Los historiadores por lo general apuntan a la publicación en 1922 de La vela negra de Emily Murphy como el inicio de los artículos antidrogas. Murphy era una magistrada sufragista y muy amiga de la policía, que le suministraba la información y las fotografías para sus artículos antidrogas. Ella escribió una serie de artículos en la revista Maclean bajo el seudónimo de “Janey Canuck”, que constituyó la base de su libro La vela negra.

Ella utilizaba numerosas anécdotas sobre los sacrificios que estaban realizando los puritanistas y la policía para luchar contra los vicios de los chinos que deseaban poseer a mujeres blancas. Uno de sus capítulos se titula “Marihuana – Una nueva amenaza” y afirma que la única manera de salir de la adicción al cannabis son la locura, la muerte o el abandono de su consumo.

Sus artículos fueron muy leídos y ayudaron a diseminar el pánico de drogas en todo Canadá, el breve capítulo en el libro de Emily Murphy sobre el cannabis inspiró la inclusión del fármaco en la lista de sustancias restringidas de Canadá. Así, el cannabis fue introducido en la lista debido a la participación de Canadá en conferencias internacionales en las que se discutió sobre el tema. De acuerdo con un funcionario del gobierno canadiense, el cannabis fue prohibido después de que el Director de la División Federal de Fiscalización de Estupefacientes volviera de la Liga de las Naciones y realizara las pertinentes reuniones donde se abordó el control internacional de la marihuana. El cannabis no comenzó a atraer la atención oficial en Canadá hasta la década de los años 30 del siglo XX, e incluso su importancia fue mínima. La primera incautación de cannabis por la policía canadiense no fue sino hasta 1937. Así, entre 1946 y 1961, el cannabis tan solo representaba el 2% de todos los arrestos por drogas en Canadá.

Los primeros desarrollos siglo XXI-Refugiados de cannabis en Canadá

Hay casos de usuarios de marihuana medicinal en los Estados Unidos que, al ser perseguidos en su propio país, han cruzado la frontera a Canadá, donde han buscado asilo según la Convención sobre los Refugiados de las Naciones Unidas. Esto comenzó a ocurrir a principios del milenio cuando el fiscal general de los Estados Unidos, John Ashcroft, ordenó una ofensiva contra el uso de la marihuana medicinal en los Estados Unidos. Ashcroft es miembro de la derecha del partido republicano. Es conocido por su creencia fundamentalista cristiana. Algunos de los que han huido son buscados por el gobierno federal de los EE.UU. por cargos relacionados con el consumo de la marihuana.

El 27 de mayo de 2002, el gobierno liberal de Jean Chrétien presentó un proyecto de ley que pretendía la despenalización de la tenencia de marihuana, en pequeñas cantidades, para uso personal. Así, la posesión de 15 gramos o menos sería sancionado sólo con una multa económica, y aquellos que poseyeran entre 15 y 30 gramos que serían multados o arrestados por cargos penales a discreción del oficial de turno. El cultivo personal de hasta siete plantas sería un delito menor, mientras que el castigo para el cultivo en cantidades mayores sería más grave. El proyecto de ley parecía probable que se convirtiera en legislación, pero no llegó a ver la luz. Esto fue en parte debido a la presión del gobierno estadounidense y principalmente por la DEA (Drug Enforcement Administration), que había amenazado con retrasar los pasos fronterizos a lo largo de la frontera con Canadá y Estados Unidos con el fin de controlar el contrabando de cannabis.

Un proyecto idéntico fue presentado en noviembre de 2004 por el gobierno minoritario liberal de Paul Martin, pero tampoco salió adelante, cuando el gobierno de Martín fue derrotado en un voto de confianza en el 2006. Después de la victoria conservadora en las elecciones de 2006, el nuevo gobierno no está por la labor de despenalizar el cannabis.

Marc Emery

Las últimas noticias que tenemos de Canadá no son muy aragüeñas. La DEA (Drug Enforcement Administration) de los Estados Unidos extraditó a Marc Emery, nacido el 13 de febrero de 1958, conocido como “El príncipe de la marihuana” acusado de ser un traficante de drogas. Si leemos un poco descubrimos que Emery es un canadiense que aboga por la reforma de las políticas reguladoras del cannabis. Es un activista cannábico, antiguo distribuidor de semillas de Vancouver a los EE.UU. Fue sentenciado a 5 años de cárcel por “distribución de semillas de marihuana”, cuando todos sabemos que las semillas de marihuana no contienen THC que es la sustancia controlada por las Convenciones contra las drogas. También fue acusado de evadir impuestos con la venta de sus semillas desde 1998 hasta el 2005. Cuando todos sabemos que Emery pagaba religiosamente sus impuestos provinciales y federales como “vendedor de semillas de marihuana” en donde el fisco se llevó casi un total de 600.000 dólares. Marc Emery es editor de la revista Cannabis Culture, cofundador del Freedom Party of Ontario, del Marijuana Party of Canadá, del BC Marijuana Party, y del canal Pot TV. También se ha presentado como candidato en las elecciones municipales de Vancouver en 1996, 2002 y 2008. Pero contar la historia de Emery se merece otro capítulo.