Cuando en 2009 se supo que el nadador Michael Phelps consumía marihuana, su prestigio personal se derrumbó. Grandes compañías dejaron de patrocinarlo tras considerar que la imagen del atleta -captada mientras inhalaba la droga de una pipa- era incompatible con la de un medallista olímpico.

El desliz casi le cuesta la carrera a Phelps; sin embargo, lo que para él pudo ser una diversión pasajera en otras personas puede convertirse en una alternativa terapéutica de alivio al dolor u otros síntomas de enfermedades graves como cáncer o sida.

Algunos efectos terapéuticos de la marihuana -sobre todo fumada, aunque recientemente se han desarrollado otras formas de administración- se conocen desde hace 3 mil años dentro de diversas ramas de la medicina tradicional, como la China. Pero, para la ciencia e investigación basadas en evidencias, dicho empleo aún suscita controversias.

¿Qué tan dañinos pueden ser los compuestos de esa planta, denominados cannabinoides? La legalización de su uso terapéutico, pero sobre todo recreativo -que actualmente se debate en México-, ¿podría aportar más beneficios que perjuicios?

“La planta tiene moléculas que pueden ayudarnos en nuestra práctica médica, pero todavía no están bien estudiadas, pues para los investigadores es ilegal poseer marihuana y no podemos probar con animales de experimentación”, comenta el doctor Óscar Próspero García, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El uso frecuente de la marihuana, señala Silvia Lorenia Cruz Martín del Campo, del Cinvestav sede Sur, “puede generar el llamado síndrome amotivacional, que consiste en la pérdida de interés por las actividades que antes le producían placer al usuario”.

Otros problemas que se han documentado asociados con el consumo de los cannabinoides que contiene esta planta, de los cuales el principal es el Delta 9-Tetrahidrocanabinol (THC), según la especialista, son la pérdida de memoria, alteraciones hormonales y trastornos pulmonares similares a los que padecen los fumadores habituales de tabaco.

 EL CEREBRO ADICTO En un artículo, la doctora en Farmacología del Cinvestav considera que por las alteraciones neuroquímicas (sobre todo en la secreción de dopamina, relacionada con el placer) que experimentan, los cerebros de las personas adictas a las drogas funcionan diferente a los normales.

Próspero recuerda que el cerebro de las personas adictas muestra cambios en la zona de la corteza prefrontal del cerebro, relacionada con el razonamiento y toma de decisiones.

Esta conclusión de que el cerebro adicto manifiesta cambios bioquímicos -cuyo tratamiento debe partir de esta situación- es compartido por la directora del Instituto Nacional contra el Abuso de Drogas (NIDA) en Estados Unidos, la psiquiatra mexicana Nora Volkow.

En su artículo “La adicción a las drogas y sus bases neurobiológicas”, Volkow documentó, basada en diversas técnicas para visualizar cerebros de pacientes en vivo, que en los procesos de adicción están involucrados no sólo los centros de recompensa -el sistema límbico- sino también las regiones frontales de la corteza cerebral.

“En el caso de la marihuana y del metilfenidato -escribe Volkow en otro artículo publicado en el American Journal of Psychiatry- la activación en las regiones frontales de la corteza cerebral se observó en los usuarios abusivos, pero no en el caso de quienes no abusaron”.

La Organización Mundial de Salud reconoce, a partir de la literatura médica disponible, que entre sus efectos principales los cannabinoides pueden dañar el desarrollo cognitivo y la capacidad de aprendizaje, así como el desempeño psicomotriz en una amplia variedad de tareas, entre ellas la conducción de vehículos.

 EMPLEO TERAPéUTICO Heather Ashton, en su artículo “Farmacología y efectos de los cannabinoides”, publicado en el “British Journal of Psychiatry”, destaca que estos compuestos producen daños proporcionales a la dosis ingerida, sobre todo en el desempeño psicomotor, además de riesgos respiratorios y cardiovasculares parecidos a los que provoca inhalar humo de tabaco.

Por tanto, la investigadora sostiene que en su uso recreativo, esta droga no debe considerarse inocua o blanda como proponen muchos expertos en adicciones, sino como un serio riesgo para la salud individual y comunitaria. Pero ¿qué hay sobre sus alegados usos medicinales?

Según la OMS, “numerosos estudios en el mundo han demostrado los usos terapéuticos de los cannabinoides para tratar el vómito, las náuseas y otros efectos de enfermedades en estado avanzado como cáncer y Sida. En Estados Unidos están autorizados dos medicamentos (dronabinol y nabilone) solo para paliar estos síntomas tras la quimioterapia.

Otros empleos que han sido validados recientemente a través de estudios científicos controlados incluyen, según el organismo, el tratamiento contra el asma y la presión intraocular producida por el glaucoma, además del antidepresivo, estimulante del apetito, anticonvulsionante y antiespasmódico (contra la rigidez muscular).

 ÓSCAR PRÓSPERO

Doctor de la Facultad de Medicina de la UNAM

Esto no equivale a que resulte inocua: otras plantas (como la cicuta) y muchos hongos son venenosos.

Al menos 10% de la población es genéticamente vulnerable a desarrollar dependencia.

Al contrario, afecta al desempeño psicomotriz y también la capacidad de atención, de modo que imposibilita al usuario para manejar vehículos.

En realidad, puede ser dañina, sobre todo si se consume con frecuencia y en altas dosis.

No hay estudios que demuestren una mejora en la creatividad artística por fumarla.

Los cannabinoides modifican la respuesta fisiológica al dolor. Pero se requieren investigaciones científicas al respecto.

En dosis muy elevadas es posible que los cannabinoides de la mariguana produzcan alteraciones perceptuales de formas, tiempo o espacio.