Tinturas y Licores Cannábicos

Por Neal C. Borroughs

 

Como dilucidaba en anteriores entregas, el principal objetivo de esta serie de artículos es hablar de algunas de las formas más usadas para la extracción y el aprovechamiento de la Cannabis Sativa L. y sus subespecies.

El ser humano ha llevado a cabo infinidad de maneras de aprovechamiento pero aquí sólo voy a tratar las más utilizadas y prácticas. Aquellas que cualquiera de vosotros podrá llevar a cabo en su casa, teniendo en cuenta cierta limitación de utensilios y material.

Como vengo demostrando, la marihuana es “el cerdo del reino vegetal”. La práctica totalidad de la planta es aprovechable, desde sus raíces a las alabadas flores que posee al término de su ciclo vital. Dentro del objetivo establecido, he dejado a un lado el cogollo, al menos toda aquella parte que pasa al proceso de secado y curado*, y me he centrado en los usos de los “restos” después de llevar a cabo la poda, momento en el que se ha retirado todo resquicio vegetal que puede hacer que decaiga la calidad de las flores*.

Las formas más comunes de aprovechamiento van desde la extracción de tricomas*, que aún albergan las zonas más cercanas a la flor, hasta la explotación de las partes de las plantas sin cualidades psicoactivas, mediante la realización de jabones, cremas o a través de la ornamentación. En estos artículos ya he tratado diversas formas de extracción, en seco y en frío, y el tema del aprovechamiento mediante la revegetación*.

Para la 5.ª entrega de la serie os traigo conocimientos frescos acerca de los procesos que culminan con la obtención tinturas, también denominados extractos en alcohol. Esta era la forma en la que se presentaban muchos de los productos farmacéuticos de hace unas décadas, cuando no existía la censura de la farmacopea. Tiempos en los que la prohibición no había conquistado nuestra sociedad y seguía primando el derecho a elegir, sin presuponer consumidores incapaces de mesurar los pros y los contras de consumir una u otra sustancia.

También os proporcionaré unas pinceladas sobre la obtención de licores cannábicos puesto que el tema lo requiere. El licor de marihuana se obtiene en la primera fase hacia la creación de una tintura.

Como podéis ver, usaré asteriscos que os remitirán a otros artículos de Cannabis Magazine y El Cultivador* que están mencionados al término de este texto. Esto permitirá que no me extienda en exceso en temas colindantes, evitando así la ramificación de estos artículos y pudiendo centrarme totalmente en las técnicas que corresponden a cada entrega.

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Pues bien, una “tintura” es, básicamente, un extracto disuelto en alcohol. Esto significa que el disolvente encargado de la extracción es el alcohol y que no se evapora por completo, sino que sigue formando parte del producto final. La disolución en alcohol permite un control a la hora de administrar la sustancia (dosificación) sumamente preciso y se presenta en un formato cómodo y transportable.

Como os comentaba, esta era una de las formas más comunes de dispensar medicación en las boticas de antaño. Sin embargo, a día de hoy, la tintura de cannabis ha desaparecido por completo de nuestros dispensarios médicos y muy poca puede narrar en primera persona la experiencia de adquirir una tintura por prescripción médica. Sin embargo, esta era una situación inmersa por completo en la cotidianidad de hace unas décadas. La propia reina Victoria las tomaba para paliar dolores tan comunes como los menstruales. También cabe destacar que la tintura de cannabis, concretamente, fue una de las sustancias más utilizadas durante el siglo XIX.

Las tinturas cannábicas son fáciles de hacer y permiten que una pequeña botella albergue una gran concentración de principio activo. De esta forma podremos llevarla a cualquier lugar y usarla de forma sutil y eficiente.

Lo primero que debemos adquirir es un buen alcohol. En otros países, como Italia, es sumamente fácil conseguir alcohol etílico puro y consumible. Sin embargo, en España existe cierta dificultad para conseguir este producto puesto que el único alcohol etílico se vende en farmacia y suele contener alcohol metílico (metanol), el cual es sumamente tóxico, o productos intermedios de degradación como aldehídos y ácidos (acetaldehído y ácido acético) que, aunque no son realmente tóxicos, le proporcionan mal sabor.

En su defecto, debemos recurrir a bebidas espirituosas de la más alta graduación. Muchas personas se decantan por un orujo casero, una buena “aguardiente”, o su licor preferido. Recordemos que cuanto mayor sea la graduación mejor será el producto final.

Existen personas que utilizan absenta o ajenjo para realizar la mezcla debido a que algunas versiones del este licor presentan altísimas graduaciones. En mi opinión, no es la bebida más adecuada para llevar a cabo estos procesos puesto que alguna de las hierbas que contiene produce leves efectos que pueden alterar el resultado que pretendemos. De esta forma se puede “enturbiar” la experiencia y proporcionar efectos que no estamos buscando.

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Debemos distinguir entre una tintura que un licor cannábico. Para obtener el segundo sólo tenemos que sumergir los restos con tricomas o pequeños cogollos que hayamos descartado en un envase lleno del licor elegido y cerrarlo lo más herméticamente posible. Las proporciones de alcohol y restos que utilicemos dependerán de cada usuario y el tipo de producto utilizado.

Si se trata de zonas residuales, lejanas al cogollo, la cantidad de tricomas será menor y necesitaremos más cantidad de residuo vegetal para proporcionar el mismo efecto.

Es recomendable que probéis con poca cantidad de hierba y vayáis aumentando en función a los efectos experimentados mediante la cata. Esto puede parecer un proceso lento pero es el más adecuado y permitirá que en el futuro sepáis cual es la cantidad de licor adecuada para experimentar efectos placenteros.

Hay personas que dejan la hierba en el envase durante meses e introducen otros elementos, como azúcar, mondas de naranja o limón, granos de café, etcétera, para conferirle sabor. Esto también dependerá del usuario pero lo cierto es que con un par de días es suficiente para que se realice el proceso que confiere un efecto cannábico al alcohol.

Debéis tener cuidado con el uso de licores puesto que ambas sustancias tienden a potenciarse mutuamente, pudiendo exceder los límites de tolerancia del usuario con cantidades medias o bajas. Es decir, no debéis beber la misma cantidad de este licor que de cualquier otro licor que bebáis habitualmente y es recomendable que bebáis poco a poco, mesurando cómo os vais sintiendo y parando cuando alcancéis el globo que os guste.

Pues bien, volviendo a la tintura, la diferencia fundamental entre esta y el licor es que en la tintura dejamos que el alcohol se evapore. Realizaremos la misma mezcla que con el licor pero, pasadas entre 48 y 72 horas, dejaremos el envase abierto permitiendo así la vaporización.

Lo ideal es que dejemos de evaporar alcohol en el momento que notemos que su consumo proporciona un estado cannábico y no alcohólico. Es decir, cuanto utilizamos un determinado número de gotas mediante la forma de administración elegida y notamos el efecto de los cannabinoides.

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Restos y envase

El número de gotas necesario para experimentar efectos perceptibles dependerá de la concentración que queramos proporcionar a la tintura y cuál sea su uso posterior. Los principales usos actuales de tinturas son mediante administración oral. En este caso, el número de gotas que debiéramos colocar en nuestra boca, debajo de la lengua, debiera estar en torno a las 15, entre las 10 y las 20 gotas, dependiendo del tipo de efectos que quiera experimentar el usuario.

Un uso menos común de las tinturas se lleva a cabo mediante la disolución en otra bebida o añadido a cualquier tipo de comida. De esta forma la tintura se ingiere por completo. En estos casos podemos reducir la concentración, haciendo que unas 25 (20-30) gotas sean una cantidad activa. De esta forma evitamos los excesos puesto que la metabolización mediante esta forma de administración tarda más y es más complejo mesurar los efectos.

Una forma de administración que ha quedado notablemente en desuso es el acto de fumar o de vaporizar de la tintura. Poca gente sabe que la vaporización de una tintura es el mejor sistema para proporcionar un efecto medicinal a usuarios que lo quieran o lo necesiten. De esta forma, la cantidad de alquitranes inhalada es mínima, al igual que los posibles daños.

En estos casos, conviene que la tintura tenga una mayor concentración, de unas 7 gotas (5-10 gotas). Como veis, el rango efectivo se reduce y la exactitud cobra más importancia, puesto que el efecto será prácticamente instantáneo. Esto permite que se repita en función a las necesidades del usuario, en cortos periodos de tiempo, hasta alcanzar los efectos deseados.

Las principales formas de vaporización se llevan a cabo mediante vaporizadores comerciales. La práctica totalidad de vaporizadores actuales son adecuados para utilizar tinturas pero, en muchos casos, tendréis que adaptar los receptáculos a las necesidades de la tintura. En la mayoría de los casos, un poco de imaginación es suficiente.

Los vaporizadores más caros ya ofrecen alternativas concretas para la vaporización de tinturas y otros extractos.

En el caso de aquellos que quieran recurrir a una versión doméstica del vaporizador, alternativa barata y menos precisa que siempre os ofrezco en mis artículos*, pueden fabricarse uno con papel de aluminio. Es tan sencillo como realizar una cuchara con el aluminio, moldeándolo, y depositar en la parte cóncava unas gotas de tintura. Situamos una vela o un mechero a una distancia prudencial, por debajo, y vamos ascendiendo hasta que percibimos la evaporación, momento en el que paramos de acercar la llama al papel de aluminio e inhalamos a través de un billete enrollado o cualquier otro tubo alargado de dimensiones similares, aspirando así los vapores desprendidos.

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Como os advertía un poco más arriba, los efectos que nos proporciona esta práctica son inmediatos y debemos tener cuidado a la hora de dosificar la cantidad adecuada. Es preferible repetir el proceso hasta 4 y 5 veces que sobredosificarnos y experimentar sensaciones no deseadas.

Una vez determinada la concentración debéis extraer toda la cantidad de restos vegetales del recipiente, dejando la tintura lo más limpia posible. El uso de coladores de tela es muy recomendable, aunque también podemos usar coladores normales y añadirles ciertos tipos de papel resistente, como el papel de cocina.

Una vez separado el líquido de los restos vegetales ya podemos envasar nuestra tintura. Existen varios tipos de envases con dosificadores de gota, podéis elegir cualquiera de ellos. Sólo debéis tener que cuenta la importancia de que el envase aísle la tintura adecuadamente del exterior, para que se conserve en condiciones adecuadas durante mucho tiempo y no se evapore, modificando el grado de concentración elegido.

No os perdáis las próximas entregas de esta serie de artículos donde se os explicará diversas y funcionales alternativas para aprovechar los restos de vuestras cosechas. Lo que está por venir: la extracción con grasas, el extracto en aceite, la extracción con butano y mucho más.

 

*ARTÍCULOS:

– “Cómo cultivar en un espacio reducido, con un consumo de energía bajo y una producción más que aceptable” Neal C. Borroughs, Cannabis Magazine, números 93, 94 y 95.

– “La cosecha, el curado y el secado” Neal C. Borroughs, El Cultivador, número 3.

– “El consumo energético en espacios reducidos” Neal C. Borroughs, Cannabis Magazine, número 102.

– “Aprovechamiento de los “restos” después de la cosecha” Neal C. Borroughs, Cannabis Magazine, números 104, 105, 106 y 107.