El maestro drogófilo, escritor, profesor universitario e historiador de las drogas (Historia general de las drogas) y de la economía y los movimientos sociales (Los enemigos del comercio) colabora en la edición en castellano de PIHKAL y TIHKAL contándonos sus recuerdos sobre Shulgin, a quien tuvo el placer de conocer muy bien. A continuación ofrecemos un extracto de lo que será su colaboración para la edición de los libros de los Shulgin, que puede seguirse en http://www.shulgin.es y cuyo plazo de reserva de ejemplares dará comienzo a principios de noviembre.

Escohotado

 (…) Cuando nos conocimos, me sorprendieron sus ojos pequeños y vivaces, envueltos por la blancura del pelo y la barba, y unos minutos de broma tras broma –pues así solía comunicarse– calmaron el temor reverencial que me producen todos los émulos de Merlín, el druida, pues allí estaba evidentemente uno de los eminentes. Luego leo que fui para él «a totally charming philosopher/drug expert/writer […] my dear friend», y me entran ganas de llorar, porque no volveremos a tomar las tapas de Cuenllas y una secuencia de copas, donde el Vega Sicilia fue poco homenaje para un sacerdote de Dionisos tan sincero y fértil. Después tendríamos ocasión de acercarnos a apurar un tonel, gracias a tres visitas suyas más en las cuales nunca perdonó un vaso de tinto, tanto fino como peleón.

(…) Rivalizó en catering con Albert [Hofmann] y Jonathan [Ott] durante los cursos de El Escorial, y al menos en dos ocasiones el Felipe II fue un hotel invadido por la psiquedelia, donde no ya alumnos, sino secretarias, barman y ascensorista intercambiaban experiencias con los ponentes. Celebradas la víspera del día libre, esas ingestas se hacían calculando picos y mesetas de cada producto, para que la altura empezase a cundir hacia las 3, y que yo sepa todo el mundo viajó satisfactoriamente a despecho de ser muchos.

(…) Óptima moralmente puede considerarse una substancia descubierta por él como la 2-CB, activa desde los 5 miligramos, que hasta los 25 resulta insuperable, y a partir de entonces se torna desagradable. 40 miligramos sumen normalmente en terror, y si no recuerdo mal no sabemos de nadie que haya osado tomar el doble o más, padeciendo previsiblemente un ataque más o menos suicida de pánico.

(…) Tengo entendido que nunca dejó de ser un bromista, agraciado con una muerte tranquila, y me gustaría que esta edición llegase a manos de Ann –a quien supongo todavía bebiendo agua con hielo a través de una pajita–, haciéndole saber que las visitas de ambos a estas tierras dejaron huella indeleble, y su obra pasa al castellano porque era ya parte de nuestra lengua, como todo lo capaz de trascender el filtro del tiempo. Son guerreros de la libertad total, que diría el primer Castaneda, y nos legan puertas primorosas para salir de la rutina sin perder el norte.

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