El historiador inglés Michael Wood, especializado en investigar el origen de los RijiVedas, libros sagrados de la India, dice estar en condiciones de afirmar que la bebida consumida con el nombre de “soma” 2.500 años a.C., se preparaba con Amapola, Cannabis y Efedra.

El secreto por el cual era considerada una bebida sagrada residía en la dosis, que sólo era conocida por los médicos herbolarios ayurvédicos. Tengamos siempre presente que este espacio no es una simple columna de culinaria: es  un canal de divulgación de otras formas de consumo de una sustancia que hace por lo menos 4.500 años  la humanidad  considera “sagrada”. Por esto mismo, nunca nos cansaremos de ser reiterativos con la cuestión “dosis”.

¿Cuanta marihuana usar para preparar las recetas? ¿Cómo saberlo?

La o el  cocinera/o debe dar la mayor importancia a este ítem.  El resto son detalles.
Tal vez, la mejor forma de evaluar el Cannabis sea fumándolo.  Si tenemos una hierba que con medio porro coloca a un consumidor frecuente, esa cantidad (el medio porro) es la dosis  máxima para cada porción a ser ingerida. Si los comensales no son personas acostumbradas a consumir Cannabis, la dosis tiene que ser menor. No hay que olvidarse que al fumar absorbemos el 40 % del Thc y al comer o beber, el 100%.
Cuando comencé a experimentar las recetas, hace ya algunos años, hice un trato  con mis  “cobayas”: que respondiesen a algunas preguntas. Fundamentalmente me interesaba saber porqué y cuando ingerían  o estaban dispuestos a ingerir Cannabis.


Quedó claro que había básicamente cuatro grupos:

1)  Personas de más de 50 años que toda su vida oyeron hablar del Cannabis (obviamente a favor y en contra) que concluyeron encontrarse en una etapa de la vida que querían experimentarla pero no eran fumadores y no estaban dispuestos a serlo.
2) Fumadores habituales impulsados por la curiosidad o por la necesidad de pasar largas horas en situaciones donde no era posible fumar como un largo viaje en tren  o cualquier otro motivo por el que se necesitase  burlar el control social.
3) Personas con enfermedades como glaucoma, asma, epilepsia, esclerosis múltiple, insomnio que, o no eran fumadoras, o no querían un remedio “fumable”.
4) Portadores de VIH o enfermos de cáncer con tratamiento de quimioterapia, casos donde el Cannabis  podría representar una diferencia sustancial en la calidad de vida.

Retornando al concepto de “planta sagrada” concluimos entonces que la condición de sagrada nada tiene que ver con adoración y sí con respeto y responsabilidad por utilizar una sustancia que puede proporcionarnos momentos de placer, de alegría, ayudarnos a dormir, mitigar nuestros males, curarnos de algunos y mejorar nuestra calidad de vida (1).

Entonces:

Si por cualquiera de los motivos aquí mencionados o por otros, ya que las necesidades de los humanos son infinitas, estamos ante la necesidad de ingerir Cannabis y no estamos dispuestos o no podemos poner en practica recetas como las que hemos venido publicando hasta ahora, no desesperar!
Podemos preparar cápsulas de Cannabis, transportarlas y/o guardarlas con seguridad si es que no estamos en condiciones de cocinar.

Ingredientes:
Cápsulas de gelatina que se consiguen en herbolarios o parafarmacias.
Aceite de sésamo.
Aceite de oliva.
1 gr de los cristales que se encuentran en los cogollos

La mejor forma de preparar la pasta para rellenar las cápsulas es emplear los dedos como herramienta.
Sobre un recipiente plano, deshacer los cristales apretándolos con los dedos.
Agregar gotas de aceite de sésamo y de oliva hasta que todo se transforme en una pasta.
Un gramo de cristales  mezclados con los aceites da para rellenar cuatro cápsulas.
Lo ideal es comenzar tomando una y observando si es necesario aumentar o no la dosis.

 
(1) Chris Conrad en su libro “Cannabis para la Salud” publica una lista muy interesante de los efectos terapéuticos que se pueden obtener como también de las diversas formas de emplear la Cannabis como medicina.