Viajes Interiores.

 

¿Consumieron drogas las poblaciones prehistóricas de Europa? (I)

Escrito por Elisa Guerra Doce.

Elisa Guerra Doce
Doctora en Prehistoria
Universidad de Reading, Reino Unido

 

El consumo de drogas en Europa es una práctica muy antigua que a la vista de ciertas evidencias habría que remontar a la Prehistoria. Se han recuperado restos arqueobotánicos de vegetales psicoactivos en varios yacimientos arqueológicos, se ha podido detectar la presencia de alcaloides de drogas en artefactos prehistóricos y sus metabolitos en huesos humanos, y varias representaciones artísticas de carácter ritual incluyen imágenes de drogas vegetales entre sus diseños. Todo ello nos lleva a pensar que las comunidades prehistóricas de Europa hicieron uso de drogas y a situar su consumo en un contexto ritual a la vista de la recurrente presencia de estas sustancias en tumbas y lugares ceremoniales.

 

Peyote y otros cactus alucinógenos

Escrito por Juan Crespo.

En la América indígena desde tiempos remotos sus pobladores consumían plantas alucinógenas, atribuyéndolas el poder de curar, encuentro o culto a dioses y poderes diversos. América es el lugar donde se ha encontrado la mayor diversidad de plantas que contienen principios psicoactivos. Estas plantas contienen sustancias químicas capaces de originar estados especiales de conciencia que originan alteraciones de los sentidos.

 

MI HIJO PROBLEMÁTICO

Autor: Albert Hoffman

PROLOGO

Hay experiencias sobre las que la mayoría de las personas no se atreve a hablar, porque no caben en la realidad cotidiana y se sustraen a una explicación racional. No nos estamos refiriendo a acontecimientos especiales del mundo exterior, sino a procesos de nuestro interior, que en general se menosprecian como meras ilusiones y se desplazan de la memoria. La imagen familiar del entorno sufre una súbita transformación extraña, feliz o aterradora, aparece bajo una luz diferente, adquiere un significado especial. Una experiencia de esa índole puede rozarnos apenas, como una brisa, o grabársenos profundamente.

De mi niñez conservo en la memoria con especial vivacidad uno de estos encantamientos. Era una mañana de mayo. Ya no recuerdo el año, pero aún puedo indicar exactamente en qué sitio del camino del bosque del monte Martin al norte de Baden (Suiza) se produjo. Paseaba yo por el bosque reverdecido, y el sol de la mañana se filtraba por entre las copas de los árboles. Los pájaros llenaban el aire con sus cantos. De pronto, todo se apareció en una luz desacostumbradamente clara. ¿Era que jamás había mirado bien, y estaba viendo sólo ahora el bosque primaveral tal como era en realidad? El paisaje resplandecía con una belleza que llegaba al alma de un modo muy particular, elocuente, como si quisiera incluirme en su hermosura. Atravesóme una indescriptible sensación de felicidad, pertenencia y dichosa seguridad.

No sé cuanto tiempo duró el hechizo, pero recuerdo los pensamientos que me ocuparon cuando el estado de transfiguración fue cediendo lentamente y continué caminando. ¿Por qué no se prolongaba el instante de dicha, si había revelado una realidad convincente a través de una experiencia inmediata y profunda? Mi alegría desbordante me impulsaba a comunicarle a alguien mi experiencia, pero ¿cómo podría hacerlo, si sentí de inmediato que no hallaba palabras para lo que había observado? Me parecía raro que, siendo un niño, hubiera visto algo tan maravilloso que los mayores evidentemente no percibían, pues jamás se lo había oído mencionar.

En mi niñez tuve posteriormente algunas más de tales experiencias felices durante mis caminatas por bosques y praderas. Ellas fueron las que determinaron mi concepto del mundo en sus rasgos fundamentales, al darme la certeza de que existe una realidad oculta a la mirada cotidiana, insondable y llena de vida. En aquel tiempo me preguntaba a menudo si tal vez más adelante, cuando fuera un adulto, sería capaz de transmitirles estas experiencias a otras personas, y si podría representar lo observado como poeta o como pintor. Pero no sentía vocación por la poesía o la pintura, y por tanto me parecía que acabaría guardando aquellas experiencias que tanto habían significado para mí.

De modo inesperado, pero seguramente no casual, sólo en la mitad de mi vida se dio una conexión entre mi actividad profesional y la observación visionaria de mi niñez. Queria obtener una comprensión de la estructura y la naturaleza de la materia; por eso estudié química. Dado que ya desde mi niñez me había sentido estrechamente vinculado al mundo de las plantas, elegí como campo de actividad la investigación de las sustancias contenidas en las plantas medicinales. Allí me encontré con sustancias psicoactivas, generadores de alucinaciones, y que en determinadas condiciones pueden provocar estados visionarios parecidos a las experiencias espontáneas antes descritas. La más importante de estas sustancias alucinógenas se ha hecho famosa con el nombre de LSD. Algunos alucinógenos ingresaron, como sustancias activas de interés científico, a la investigación médica, la biología y la psiquiatría, y alcanzaron también una amplia difusión en la escena de las drogas, sobre todo el LSD. Al estudiar la bibliografía conectada con estos trabajos, llegué a conocer la gran importancia general de la contemplación visionaria. Ocupa un lugar importante, no sólo en la historia de las religiones y en la mística, sino también en el proceso creador del arte, la literatura y la ciencia. Investigaciones recientes han demostrado que muchas personas suelen tener experiencias visionarias en la vida cotidiana, pero que generalmente no reconocen su sentido ni su valor. Experiencias místicas como las que tuve en mi infancia no parecen ser nada extrañas.

El conocimiento visionario de una realidad más profunda y abarcadora que la que corresponde a nuestra conciencia racional cotidiana hoy día -se persigue por diversas vías, y no sólo por parte de adhe. rentes a corrientes religiosas orientales, sino también por representantes de la psiquiatría tradicional, que incluyen este tipo de experiencia totalizadora como elemento curativo fundamental en su terapia. Comparto la opinión de muchos contemporáneos de que la crisis espiritual en todos los ámbitos de vida de nuestro mundo industrial occidental sólo podrá superarse si sustituimos el concepto materialista en el que están divorciados el hombre y su medio, por la conciencia de una realidad totalizadora que incluya también el yo que la percibe, y en la que el hombre reconozca que él, la naturaleza viva y toda la creación forman una unidad.

Por consiguiente, todos los medios y vías que puedan contribuir a una modificación tan fundamental de la experiencia de la realidad merecen una consideración seria. A estas vías pertenecen, en primer lugar, los diversos métodos de la meditación en el marco religioso o secular cuyo objetivo sea inducir una experiencia mística totalizadora y generar así una conciencia profundizada de la realidad. Otro camino importante, aunque todavía discutido, es la utilización de los psicofármacos alucinógenos que modifican la conciencia. El LSD, por ejemplo, puede servir de recurso psicoanalítico y psicoterapéutico para que el paciente adquiera conciencia de sus problemas en su verdadera significación.

A diferencia de las experiencias visionarias espontáneas, el provocar planificádamente experiencias místicas totalizadoras, sobre todo mediante LSD y otros alucinógenos derivados, conlleva peligros que no debemos subestimar, si no se tiene en cuenta el efecto específico que producen estas sustancias que pueden influir en la esencia más íntima del ser humano. La historia del LSD hasta nuestros días muestra de sobra qué consecuencias catastróficas puede tener su uso cuando se menosprecia sus efectos profundos y se confunde esta sustancia activa con un estimulante. Es necesaria una preparación especial, interior y exterior, para que un ensayo con LSD se convierta en una experiencia razonable. La aplicación equivocada y abusiva han convertido al LSD en el hijo de mis desvelos.

En este libro quiero dar un cuadro detallado del LSD, de su origen, sus efectos y posibilidades de aplicación, y alertar sobre los peligros que entraña un empleo que no tome en cuenta los efectos tan singulares de esta sustancia. Creo que si se lograra aprovechar mejor, en la práctica médica y en conexión con la meditación, la capacidad del LSD para provocar, en condiciones adecuadas, experiencias visionarias, podría transformarse de niño terrible en niño prodigio.

 

ADICCIÓN, ESPIRITUALIDAD Y LA CIENCIA OCCIDENTAL*

por Stanislav Grof

Stanislav Prof, M.D., P.H.D., es psiquiatra con expenencia de más De 30 años de investigación sobre estados no ordinarios de conciencia inducidos por sustancias psicodélicas y varias técnicas sin drogas. Nació en Praga, Checoslovaquia, donde también hizo sus estudios científicos -un grado M.D. en la Escuela de Medicina de la Universidad de Charles y un grado P.H.D. en la Academia Checoslovaca de Ciencias. Sus primeras investigaciones sobre el uso clínico de drogas psicodélicas fueron llevadas a cabo en el Instituto de Investigación de Praga, donde era el principal investigador de un programa sobre el potencial heurístico y terapéutico del LSD y otras sustancias psicodélicas. En 1967, fue invitado como miembro de investigación y clínico por la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, MD. Al cabo de dos años decidió quedarse en Estados Unidos y seguir su investigación como Jefe de Investigación Psiquiátrica en Maryland y como profesor asistente en psiquiatria en la Clínica Henry Phillips de la Universidad Johns Hopkins. En 1973, fue invitado por el Instituto Esalen en Big Sur, Califomia, donde vivió hasta 1987 en calidad de residente escolar escribiendo, dando seminarios y cursos, y desarrollando con su esposa Christina, el Holotropic Breathwork, una forma innovadora de psiquiatría experiencia. Fue miembro del Consejo de Administración del Instituto.

Por ahora vive en MU Valley, CA, dirigiendo seminarios prácticos para profesionales en trabajos de respiración holotrápica y psicología transpersonal (Grof transpersonal training) y da cursos y seminarios en todo el mundo. Es uno de los fundadores y jefes teóricos de la psicología transpersonal y Presidente fundador de la International Transpersonal Association. En esta fundación ha organizado conferencias internacionales en Estados Unidos India y Australia.

 

Ann Shulgin. Conferencia sobre el uso de MDMA en psicoterapia

Autor: Sulfato Gómez 

III Jornadas sobre Enteógenos. Barcelona 1.998


La dosis terapéutica empleada con la MDMA es de 120 mg., aun cuando la primera vez se pueden usar 100 mg. Si a la hora y media el paciente desea, puede consumir un suplemento de 40 mg., éste no intensificará la experiencia, pero si la alargará.

Es muy importante que antes de la sesión el terapeuta realice un contrato verbal con el paciente, mirándole cara a cara y siendo consciente de que no sólo está hablando al consciente del paciente, sino también a su inconsciente, que recogerá la información. El contrato debe de recoger las siguientes reglas:

1) Todas las sensaciones sexuales se permiten y se pueden verbalizar y hablar sobre ellas, pero no se iniciará ninguna actividad sexual en esta sesión.
2) Todos los sentimientos de agresión, hostilidad y enfado se permiten y se deben hablar, pero sin actuar en contra mía o de mis posesiones, con excepción de los acuerdos a los que hayamos llegado previamente.
3) Si tú el paciente pudieses ver la amistosa puerta de la muerte y que dando un paso puedes atravesarla y dejar ésta vida, no lo harás en el transcurso de la sesión. No dañarás la vida así conmigo porque eso me haría daño a mí, y no nos haremos daño tu y yo.
4) Vas a jurar aceptar estas reglas sin restricción ninguna.

La primera regla es obvia y no precisa comentarios.

Respecto de la segunda, el terapeuta debe hacer posible expresar la ira, el deseo de matar y todos los sentimientos de agresión y violencia cuando aparezcan las memorias en el paciente. Puede hacerse uso de cojines, almohadas, viejas sábanas etc.. sobre los que el paciente puede expresar estos sentimientos golpeando y rasgando, debe acordarse previamente cómo hacerlo. Debe de disponerse de una habitación especial para la sesión donde sea posible gritar y golpear.

Es una cuestión de vida o muerte. Al realizar el contrato verbal, queda registrado en la mente inconsciente, sabe que hay reglas. La puerta de la muerte es real, toma muchas formas, casi todas suaves. No es de naturaleza seductora, irresistible, que atrapa, pero suele ser dulce. Su mensaje es : "Aquí está el camino de vuelta a casa para cuando decidas volver" Si el paciente está muy deprimido, podría decidir irse, pero el contrato que ha realizado es suficiente para impedírselo. Algunas personas han decidido irse y han sido devueltas, pero al menos una no volvió. Esto ocurrió en Francia, y el terapeuta no había realizado el contrato previo con el paciente. Esto es un desastre para el terapeuta, porque puede arruinar su vida profesional y personal, por eso es que este punto es muy muy importante.

La sesión dura unas 6 horas. Incluso 8 o 10, y depende no sólo del tipo de sustancia, sino también del tipo de problema, psicológico o espiritual, muchas veces en la experiencia, las confrontaciones emocionales o espirituales empiezan a última hora.

La mayor parte de las sesiones tienen un trabajo intenso durante las 6 horas, pero si se produce una lucha vital en el último instante, el terapeuta debe continuar la sesión hasta que se consiga la salida.

La psique va sola, no necesita ser dirigida, el terapeuta está ahí para ayudar al paciente, dedicándose en cuerpo y alma a ser su soporte y su guía cuando sea necesario. Cuando el paciente dice que ya está cansado, entonces eso es una señal de que su psique está ya cerrando las puertas, y entonces y sólo entonces el terapeuta ha de empezar a cerrar la sesión.

La MDMA es entactógeno, esto es, que permite tocar hacia adentro, permite acceder a lo interno. Es una droga de visión interna. Una de las formas en que actúa es que elimina el miedo cuando uno se encuentra con las sombras, de forma que en su lugar aparece una aceptación pacífica de cualquier cosa por negativa que parezca y compasión no usual respecto de uno mismo. Se produce pues una aceptación de todos los aspectos de la naturaleza de uno mismo, del amoroso y del despreciable, del generoso y del ladrón etc . Su efecto puede ser comparado a a ser mecido en los amorosos brazos de Dios, y ésta es una de las experiencia más sanadoras que existen.

Una vez se siente ésta validación tan total de lo que uno es, los hábitos de defensa comienzan a caer. El terapeuta debe de recordar que la sombra está ahí en él y en todos por un motivo, la autoprotección y la defensa, no sólo de lo físico sino también de su imagen inconsciente, para que ésta tenga un cierto grado de aceptación. El niño creó éstas barreras para sobrevivir. La MDMA le sugerirá cambios sin rechazo ni culpa.

El grado de interiorización depende de la voluntad del paciente, de la voluntad de mirar cara a cara las sombras, los aspectos cerrados, reprimidos de su naturaleza. A lo largo de la sesión se le pide que se enfrente a sus demonios, los guardianes de la puerta en terminología budista. Lo que uno cree que va a ver, una serie de entidades inaceptables, puede llevar a un estado de miedo que no tiene paralelo en la vida. Ninguna persona debe de ser llevada a eso sin que el terapeuta le diga que ESO NO ES TODA LA VERDAD DE LO QUE ÉL ES, AUNQUE SEA UNA PARTE IMPORTANTE Y ESENCIAL.

Antes de la sesión, de adentrarse en éstos territorios, debería de haber mucha discusión con el paciente acerca no sólo de la naturaleza de la sombra, sino también de la compasión por el niño, de por qué él desarrolló una serie de patrones y respuestas emocionales en aquel mundo. En esta discusión preliminar, entra en juego la experiencia del terapeuta, así como su persuasión, antes de pedirle al cliente realizar una sesión.

Por parte del terapeuta, éste debe de haber sentido esa sensación en su estómago de abrir unas cuantas partes de su esencia. Debería de haber sido ayudado a su vez por un amigo o terapeuta que sepa como llevarle a través del terror de la sombra y sacarle, sólo un terapeuta así puede transmitir lo necesario en el viaje. Ésto se debe hablar primero con el paciente, es esencial para que él se sienta seguro y cómodo.

En ocasiones, cuando la psique anuncia la destrucción de una imagen, cuando el superviviente ( el que ha quedado tras las defensas ) siente los pasos de esos monstruos que ha dejado fuera de la vista, puede no haber ninguna respuesta a la sustancia, o bien crearse un estado nervioso que tapa como una manta todos los efectos.

Hay otras aspectos en las que la terapias con MDMA difieren de otras terapias o técnicas de crecimiento espiritual. El terapeuta debe de dejar a un lado todo lo preconcebido en lo posible, debe de aprender de una nueva parte, una nueva faceta del universo, el paciente es un ser completamente nuevo para él, debe de estar preparado para una nueva simbología y con la máxima atención para vislumbrar la estructura emocional y espiritual y las reglas de ese ser humano único que tiene delante.

Hay que recordar que la psique del paciente, al igual que la de todo ser humano, tiene una componente que lo ayuda, el autosanador, o su ser superior, o guía o superentendiente o como queramos llamarlo, y esto hay que decírselo al paciente, porque le ayudará a activarlo.

Otra regla fundamental es que tanto con un paciente como con un amigo, se tiene que sentir algo muy cercano al amor por la otra persona, no se puede ser estrictamente intelectual, ha de existir algo más profundo, a nivel visceral. Ésto no se puede forzar, como ya sabemos, y se ha de tener una visión interna suficientemente sincera como para ver si se tiene un sentimiento verdadero. Si hubiera sentimientos de aversión, el terapeuta debe de estar preparado para investigar las razones de esos sentimientos, y y en caso de no poder resolverlos, debería de dirigirlo a otro terapeuta.

Esa conexión con la habilidad de preocuparse con el paciente, que habrá experimentado en anteriores ocasiones, deberían de haber llevado al terapeuta a dar pasos en sí mismo que le habrán llevado al lugar de la participación mística. Si la sesión se lleva en un sitio realmente adecuado, como un espacio naturales, él habrá sentido en anteriores ocasiones ya esa hermandad con toda planta, animal, insecto, con todo ser viviente y habrá sentido como todo está relacionado , habrá sentido que todo está vivo y que todo lleva en sí esa misma chispa que lleva él en su interior, que comparten todos los seres y que es la Fuente de la Vida y de todo cuanto existe, que todos somos partes altamente individualizadas de un mismo ser consciente.

Debe de tener compasión, incluso amor, por ese ser que tiene delante, el paciente, viendo en él un ser espiritual idéntico a sí mismo, con una individualidad que lo hace ser nuevo y diferente, único.

 

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