Psiconáutica y Psiconautas (III)

Conan Doyle y Sherlock Holmes (Parte 3)

Por Xosé F. Barge

“Para mí –dijo Sherlock Holmes- todavía queda el frasco de cocaína. Y estiró su mano larga y blanca para alcanzarlo”

El signo de los cuatro

Después de fundamentar el origen etimológico y conceptual de la Psiconáutica, de explicar su desarrollo científico y de remontarnos a sus orígenes históricos, culturales e intelectuales, resta detenernos en aquellas personas que aún no cayeron en el saco del articulista aquí firmante*.

Son muchos los individuos que no formaron parte de los movimientos que describimos anteriormente en esta sección de El Cultivador*. Muy numerosos (mucho más que los que sí lo hicieron) aquellos sujetos que destacaron en el mundo de la Psiconáutica y que, sin embargo, no formaron parte de la Generación Beat, los Hippies y los alocados 60 o el Club des Hashischins.

No es mi pretensión valorar un ámbito más que otro, pero el rincón que aquí nos compete -como viene siendo habitual- es el pensamiento- y me remite inevitablemente a las palabras, a los testimonios escritos. El lenguaje es el único medio que nos permite acercarnos de alguna manera a una interpretación de la Psiconáutica y sus manifestaciones. Las imágenes, por lo tanto, pasan aquí a un segundo plano.

Os advierto, entonces, que Warhol, Goya, Klarwein, Alex Grey, Ernst Fuchs, Weidmann, Picasso, Kubin y muchísimos otros pintores relacionados directamente con la Psiconáutica quedarán fuera de mis palabras, pues carezco del conocimiento adecuado para tratarlos como se merecen.

Sin embargo, me aferraré con todas mis fuerzas a aquello que sé sobre Conan Doyle, Poe, Carroll, Huxley, Jünger, Alan Watts y algunos habituales del alcohol como Shakespeare o London, e intentaré transmitiros una pequeña parte comprensible de lo que ellos significaron, tanto para mí, como en lo que a su importancia histórica e intelectual se refiere.

Si me permitís elegir un comienzo (lo cierto es que no tenéis otra alternativa, pues este es un conducto comunicacional de una sola vía), me gustaría dedicar este número al autor que permanece a la sombra de Sherlock Holmes, personaje ficticio que, a propósito, está en boca de todos actualmente debido a la afamada serie de televisión británica y las dos películas protagonizadas por Robert Downey Jr. Se trata del médico y escritor escocés Sir Arthur Ignatius Conan Doyle.

Hoy sucede que la mayoría de personas que han visto las adaptaciones para cine o televisión no tienen la más remota idea de quién fue Conan Doyle y, mientras vivía, ocurrió que siempre se halló ligado inseparablemente al personaje que había creado, puesto que sus admiradores nunca le permitieron separarse de él. Recuerda un poco a la discusión que tenía Augusto Pérez con Miguel de Unamuno en su libro Niebla. Pero en este caso Sherlock no negaba la muerte literaria (esa sucesión inevitable del final de un libro y el final de sus personajes): eran los lectores quienes lo obligaban a vivir.

Conan Doyle lo mató, después de la lucha encarnizada que Holmes y Moriarty mantuvieron en las Cataratas de Reichenbach. Publicó el relato, titulado “El problema final”, en The Strand Magazine, y unos meses después tuvo que revivirlo dada la gran decepción sufrida por sus habituales lectores, que ya se contaban por miles y se habían vuelto adictos a los juegos de deducción del maestro del género detectivesco.

Las numerosísimas cartas que recibía a su domicilio (incluyendo, entre ellas, varias amenazas de muerte) y la presión ejercida por sus editores resucitó definitivamente a Holmes. En este caso, y al contrario de lo que pasaba con el protagonista de Niebla, Holmes condenaba a su creador y le obligaba a no desvincularse de él jamás, a mantenerlo con vida, quisiera Doyle o no.

Resulta irónico que un personaje ficticio se convierta en dueño de las decisiones de su creador, un ser de carne en hueso. Pero así sucedió.

Doyle fue un prolífico autor y escribió otras muchas obras, desde novelas históricas a relatos cortos de todas las temáticas. No quiero insinuar con mis declaraciones que sus creaciones se limitaran a las andanzas de un Holmes resucitado. Sin embargo, a excepción de El mundo perdido (una de las novelas de su otro personaje recurrente, el profesor Challenger) y una novela histórica llamada Sir Nigel,sus escritos tuvieron poca repercusión, aun siendo todos ellos de una sublime calidad literaria. Al menos los que han caído en mis manos.

Considero que esta introducción es necesaria para acercarnos a una explicación significativa de quién fue Sherlock Holmes. Conan Doyle creó un personaje que lo acompañó la práctica totalidad de su vida. Esto implica que en el personaje habitan muchas de sus más personales formas de ver el mundo, incluso la evolución de las mismas.

Al margen de los populares métodos deductivos de Holmes, queda en el fantástico poso literario de sus obras un personaje profundo y enigmático, contradictorio, elegante, incomprendido, entusiasta, inconformista y, sobre todo, todo un pensador, un filósofo contemporáneo, de la misma forma que lo era Doyle.

Aquellos de vosotros que estéis familiarizados con el personaje, recordaréis que Sherlock, en sus periodos de inactividad, se volvía un ser depresivo y carente de las ganas necesarias para vivir. En estas repetitivas etapas de su existencia recurría a las drogas, más asiduamente a la cocaína que a ningún otro.

Holmes era un encomiable actor, además de un excelente espadachín y boxeador. Poseía conocimientos sobre leyes, filosofía, música, geología, astronomía, todo tipo de literatura, anatomía y, lo que ahora de veras nos importa, botánica y química. Estos conocimientos le permitían, durante sus brotes ciclotímicos, dosificar y autoinyectarse cocaína y morfina intravenosa como un incentivo existencial, una forma de estimulación mental.

Debemos recordar que los tiempos de Doyle fueron totalmente permisivos con estas sustancias, que se despachaban en las boticas. Los eslóganes publicitarios incitaban a su consumo de cocaína a todo aquel que se sintiese apenado o abatido. Y muchos personajes relevantes se declararon abiertamente consumidores de aquella sustancia vigorizante que les permitía alejarse del alcohol y los opiáceos.

Debemos dejar claro que no existe prueba alguna de que el escritor escocés consumiese ninguna de estas sustancias, aunque es sumamente extraño pensar en la posibilidad de escribir, en aquellos tiempos, con tal precisión sobre los efectos y percepciones que se tienen bajo los mismos, sin haberla probado nunca.

Como hemos hecho en anteriores entregas, las propias palabras del autor son la mejor forma de acercarnos a su creación. No existe mejor forma de ejemplificar toda esta abstracción analítica que trayendo a colación fragmentos concretos que os proporcionen una percepción directa de lo que aquí se explica.

La primera vez que el Dr. John Watson conoce a Sherlock Holmes sucede en Estudio en escarlata. En esta obra, el doctor describe a su futuro mejor amigo de la siguiente manera:

“Nadie podía superar su energía cuando lo invadía el espíritu de trabajo; pero de vez en cuando lo atacaba una reacción contraria y por días enteros se tendía en el sofá de la sala, sin decir una palabra ni mover un solo músculo, de la mañana a la noche. En tales ocasiones sus ojos tenían una expresión tan perdida e inexpresiva, que habría sospechado que era adicto al uso de algún estupefaciente si la temperancia y la moderación de toda su vida no hubieran desvirtuado de inmediato tal idea.”

En esta misma novela, Holmes se autodefine mediante una sencilla expresión: “Sólo ha pasado una cosa importante durante los últimos tres días, y es que no ha pasado nada”. Este es el Sherlock condenado a la apatía de la inactividad, el detective ocioso al que le repugna la mundana vida social, las conversaciones cotidianas y anodinas. El hombre que no sabe cómo entretener su insaciable cerebro si no es mediante un intrincado acertijo.

En Un escándalo en Bohemia, la visión de Watson, ahora mucho más argumentada por el conocimiento profundo de su ya amigo inseparable, muestra a un Holmes más real, mucho más fundamentado. También se podría entender, por primera vez en sus escritos, que el investigador alterna diferentes tipos de estupefacientes, unos estimulantes, como la cocaína, con otros relajantes o que producen un efecto placentero y “adormilado” (según las propias palabras de Doyle) como los opiáceos:

“Holmes, dotado de alma bohemia, sentía aversión por todas las formas de vida social y permanecía encerrado en sus habitaciones de Baker Street, enterrado entre sus libracos, alternando las semanas entre la cocaína y la ambición, entre los adormilamientos de la droga y la impetuosa energía de su propia y ardiente naturaleza.”

Traigamos ahora a colación uno de los fragmentos más citados de la obra El signo de los cuatro, donde el autor hace una descripción minuciosa y subjetiva del consumo y sus efectos. De todos los escritos de Conan Doyle, este es el fragmento más extenso en el que se habla exclusivamente del consumo de Sherlock Holmes:

“Sherlock Holmes cogió su botella del ángulo de la repisa de la chimenea, y su jeringuilla hipodérmica de su fino estuche de tafilete. Insertó con sus dedos largos, blancos, nerviosos, la delicada aguja, y se remangó el puño izquierdo de su camisa. Sus ojos se posaron pensativos por breves momentos en el músculo del antebrazo y en la muñeca, cubiertos ambos de puntitos y cicatrices de las innumerables punciones. Por último, hundió en la carne la punta afilada, presionó hacia abajo el minúsculo émbolo y se dejó caer hacia atrás, hundiéndose en el sillón forrado de terciopelo y exhalando un largo suspiro de satisfacción.

Tres veces al día y durante muchos meses había yo presenciado esa operación; pero la costumbre no había llegado a conseguir que mi alma se aviniese a ello. Por el contrario, de día en día me iba irritando cada vez más el espectáculo, y todas las noches sentía indignarse mi conciencia al pensar que me había faltado valor para protestar. Una vez y otra había yo dejado constancia de mi promesa de que diría todo lo que pensaba acerca de ese asunto; pero las maneras frías y despreocupadas de mi compañero tenían un algo que lo hacían el último de los hombres con quienes uno siente deseos de tomarse nada que se parezca a una libertad... aquella tarde tuve la súbita sensación de que no podía aguantarme por más tiempo, y le pregunté:

-              ¿Qué ha sido hoy: morfina o cocaína?

-              Cocaína, en disolución al siete por ciento.

-              ¿Le agradará a usted probarla?

-              De ninguna manera -contesté con brusquedad-. Mi constitución física no se ha repuesto por completo aún de la campaña de Afganistán. No puedo permitirme el someterla a ninguna tensión anormal.

-              Quizá tenga usted razón, Watson. Me imagino que la influencia de esto es físicamente dañosa. Sin embargo, encuentro que estimula y aclara el cerebro de una forma tan trascendental, que me resultan pasajeros sus efectos secundarios.

-              ¡Reflexione usted! -le dije con viveza-. ¡Calcule el coste a que le resulta! Quizá su cerebro se reanime y se excite, según usted asegura; pero es mediante un proceso patológico y morboso, que trae como consecuencia un aumento en el cambio de los tejidos y que pudiera acarrear al cabo una debilidad permanente. ¿Para qué correr el riesgo de perder esas grandes facultades de que usted se halla dotado? Tenga presente que no le hablo tan sólo de camarada a camarada, sino de médico a una persona de cuyo estado físico es, hasta cierto punto, responsable.

-              Mi cerebro se rebela contra el estancamiento. Proporcióneme usted problemas, proporcióneme trabajo, deme el más abstruso de los criptogramas, o el más intrincado de los análisis, y entonces me encontraré en mi atmósfera propia. Podré prescindir de estimulantes artificiales. Pero aborrezco la monótona rutina de la vida. Siento hambre de exaltación mental. Ahí tiene por qué he elegido esta profesión a que me dedico.”

Es inevitable que muchos de sus lectores habituales, incluido yo mismo, encuentren un dilema moral en esta conversación. Algunos se han atrevido a interpretar la encarnación, en sus dos personajes, de dos perspectivas que pueden formar el controvertido punto de vista de una sola persona. ¿Quizás una lucha interna que mantenía el propio autor a cerca del consumo de estupefacientes? Elucubraciones suficientemente fundamentadas como para barajarse.

A medida que pasó el tiempo, los escritos de Conan Doyle fueron reflejando un cambio de perspectiva. Su postura se endureció, y el propio Holmes dejó de mostrar la aprobación incondicional hacia estas sustancias. En Las aventuras del tres cuartos desaparecido, Watson cuenta que Sherlock ha dejado, afortunadamente, su peligroso hábito, “aunque sabe que el mal no ha muerto, sino que está dormido”.

Es el momento en el que Sherlock Holmes y Conan Doyle dan un ‘no’ rotundo a los estupefacientes y lo convierten en un problema a superar. Nunca vuelve a presentarse dicho consumo como remedio para sus crisis existenciales, y tampoco la defensa incondicional del psiconauta y despreocupado detective. La mirada crítica y conservadora del doctor pasa a ocuparse de otras cuestiones y las drogas duermen, como advertía Watson, para nunca más despertar entre sus escritos.

*ARTÍCULOS:

-              “El nacimiento de la Psicodelia” Xosé F. Barge, El Cultivador, número 2.

-              “La expansión psicodélica. Los Hippies” Xosé F. Barge, El Cultivador, número 3.

“Psiconáutica y Psiconautas” Xosé F. Barge, El Cultivador, números 4 y

 

 

Como diferenciar entre LSD y 25i-NBOMe

Viendo que mucha gente confunde los efectos de estas sustancias se me ocurrió hacer esta 'guiá' para diferenciar entre los efectos de una y la otra ya que es peligroso consumir una sustancia creyendo que es otra.

Antes que nada tienen que considerar que la mayoría de los que venden sustancias de forma clandestina (por desgracia la única forma) muchas veces no tienen idea de qué es lo que venden así que generalmente no vale la pena preguntar.
Un factor a considerar y en el cual no voy a entrar en detalles por obvias razones, es el precio: el lsd cuesta entre 3 y 10 veces mas que el 25i-nbome. solo tengan eso presente y van a ahorrarse muchas decepciones.
OK, ya tenemos nuestro cartón. Como saber si es uno o el otro antes de tomarlo? Sin vueltas ni inconseguibles tests de Ehrlich: El LSD reacciona ante la luz negra, el 25i-nbome no.


Cualquiera en casa puede hacer esta prueba, si el blotter brilla es LSD, sino es 25i-NBOMe. La luz negra la consiguen en cualquier librería, piden un detector de billetes falsos y tienen su comprobador de ácidos.

¿Como diferenciar los efectos del LSD y del 25i-NBOMe?

Voy a separar esta sección en dos partes: Características subjetivas y Características objetivas.
Las características subjetivas son las que dependen de cada uno, las características objetivas son las que en la mayoría de los casos no dependen de la percepción o la personalidad de cada individuo.

Características objetivas

LSD
- Afecta varios receptores (dopamina, adrenalina, serotonina, entre otros)
- Activa de forma oral y sublingual
- Dosis activa: 25 ug, baja: 40~80 ug, media: 80~125 ug, alta: 125+ ug, LD50: 200~1000 ug por kilo
- Duración: 6~14hs
- Incoloro, inodoro e insípido
- Visuales a ojos abiertos y cerrados (generalmente a partir de dosis medias o más)
- Aumento de la creatividad y pensamiento asociativo
- Sensación de que el entorno 'respira' a tu mismo ritmo
- Estimulación física y/o mental
- Mayor apreciación de la música
- Sensibilización de los sentidos
- Sinestesia
- Hipertermia
- Ansiedad
- Dilatación de las pupilas
- Ralentización de la percepción del tiempo
- Insomnio
- Paranoia
- Distonía (tensión)

25i-NBOMe- Potente agonista total del receptor 5-HT2A.
- Inactiva si se consume de forma oral.
- Dosis activa: 50~250 ug, baja: 200~600 ug, media: 500~800 ug, alta: 700~1500 ug. LD50: desconocido
- Duración: 5~10hs
- Visuales a ojos abiertos y cerrados
- Aumento de la creatividad y pensamiento asociativo
- Dilatación de las pupilas
- Sensaciones inusuales en el cuerpo
- Ralentización de la percepción del tiempo
- Bruxismo
- Confusión / Dificultad para concentrarse
- Dificultad para hablar
- Vasoconstricción
- Temblores
- Insomnio
- Paranoia
- Distonía (tensión) mas que la provocada por el lsd
- Pensamiento recursivo

Características subjetivas

LSD

- Cambios en el estado de ánimo
- Euforia
- Experiencias espirituales
- Aumento de la frecuencia cardíaca
- Convulsiones


25i-NBOMe

- Cambios en el estado de ánimo
- Euforia
- Estimulación física y/o mental
- Cambios en la percepción de la música
- Experiencias espirituales
- Empatía / Desconfianza
- Aumento de la frecuencia cardíaca
- Clonus
- Nauseas
- Convulsiones

Fuente

 

Papaver somniferum: El látex divino

La adormidera, las amapolas y la argemone se han utilizado en medicina tradicional y como herramienta en ceremonias iniciáticas desde tiempos remotos. Son numerosas las referencias literarias, históricas y culturales que se pueden encontrar en ámbitos artísticos, médicos y religiosos de oriente y occidente.

Las papaveráceas se distribuyen por las áreas templadas y frías de todo el planeta, su capacidad de adaptación y especialización ha dado como resultante una riquísima variedad de expresiones locales con variedad de colores, tamaños y alcaloides.

Sin duda tanto Afganistán como Tailandia tienen fama desde hace décadas por la calidad y la gran cantidad de cultivos de Papaver somniferum destinados a extraer opio para elaborar morfina y heroína que abastecen a los flujos mundiales del narcotráfico. Pero también hay que destacar la calidad de la adormidera de otros lugares. En el sur de la Península Ibérica crece una variedad de flor blanca, sobre todo en la zona de la Andalucía interior, donde plantaciones fuertemente controladas se destinan luego de su cosecha a la elaboración de morfina y codeína para la industria farmacéutica. En el norte de la India y Paquistán también se produce y se consume opio con profusión para fines médicos y religiosos. En Turquía, en Marruecos y en Rusia también es habitual encontrar campos floridos en primavera.

Curioso es el caso de la Argemone o Cardo Santo, un tipo de papaverácea americana, que se extiende desde México y las Antillas hasta zonas del norte de Argentina y Chile. Contiene numerosos alcaloides psicoactivos, pero no morfina. Se emplea en medicina tradicional en contexto chamánico y también como embriagante ocasional. Es un buen sustituto de la adormidera y con escasos efectos secundarios.

Cultivo de Adormidera:

Las papaveráceas crecen silvestres en las zonas templadas de los dos hemisferios. Las semillas germinan a finales de invierno. Para germinar prefieren terrenos de grano fino, calizos y ricos en nutrientes y lluvias abundantes. Se trata de una planta que crece arbustiva, con hojas de color verde glauco y que a partir del equinoccio de primavera sufre un cambio metabólico y entra en floración, produciendo bellas inflorescencias de tonos violáceos, tintos, blancos, rosas y carmesí que convierten cualquier paisaje en un crisol centelleante de luz y vibración cromática. El fruto es una cápsula coronada que contiene cientos de semillas. En estas cápsulas los recolectores de opio realizan finos cortes superficiales, al alba, en las frías mañanas primaverales. De los cortes oblicuos brota un látex cremoso y níveo que se recolecta a la tarde, cuando el viento de poniente lo ha secado y transformado en una pasta ambarina.

Cultivarlas en parterre o en macetas es una interesante opción para el urbanita sin tierra, aunque la posibilidad de hacer guerrillas en descampados y parques públicos es siempre interesante.

Para obtener una buena provisión de cápsulas de adormidera en maceta es necesario emplear un sustrato rico en nutrientes y que retenga la humedad. Se puede mezclar turba negra, humus de lombriz y perlita. Además en floración es bueno añadir quelato de hierro y guano de murciélago. Para el cultivo optaremos por un tiesto de tamaño superior a los 20 litros de capacidad que ubicaremos en una orientación bien soleada y protegida de los vientos de poniente. Con riego en abundancia y control de limacos y caracoles tendremos la garantía de lograr una floración exuberante.

Tras la floración es conveniente esperar unas semanas a que los frutos-cápsulas, ya desprovistos de sus hermosos pétalos, maduren y comiencen a agrietarse ligeramente en la zona superior. Ese es el momento óptimo para la cosecha porque las semillas tendrán el grado óptimo de maduración y fertilidad.

Harshasha al estilo de Marruecos:

Es conveniente indicar que los opiáceos son adictivos, y que un excesivo consumo de harshasha y de látex de adormidera puede producir una severa dependencia física.

Una pauta de consumo moderada evitará, sin duda, este tremendo inconveniente. Es muy importante no manejar maquinaria ni vehículos bajo los efectos de los opiáceos y derivados.

La Harshasha es un té de opio que se consume en Marruecos. Para elaborar una decocción al estilo de las montañas del noreste del Rif necesitamos una buena provisión de cabezas y tallos secos de adormidera. En la zona rifeña está muy extendida una variedad con una flor roja y morada muy parecida a la de las del norte de Afganistán, aunque más pequeña, con menor proporción de alcaloides y efecto más suave. Se puede conseguir fácilmente en los mercados y las tiendas de pueblos y ciudades del norte de Marruecos.

Para 2-4 personas. Se hierven 20- 30 gramos de tallos y cabezas secas, a las que previamente retiramos las semillas para asegurarnos futuros cultivos, en un litro de agua durante unos 30 minutos a fuego lento. Se deja reposar tapado unos minutos y se sirve con mucha azúcar y un poco de zumo de limón. El efecto se puede prolongar durante horas y es muy intenso, perfecto para disfrutar del tiempo, de la música, de la pintura, la poesía y el amor.

Té de pétalos de amapolas:

Tradicional remedio para combatir nerviosismo e insomnio. Es habitual en la cocina del sur de España. Se elabora con Papaver rhoeas, humilde y bella amapola que crece en prados y colinas bajo el sol de primavera en todo el Mediterráneo. La ventaja con respecto de la harshasha es que el principal alcaloide de la amapola es la papaverina, que no crea dependencia física, la sensación es más suave y sin los indeseables efectos secundarios de la adormidera (Papaver somniferum )

Con un puñado de pétalos y cascales de amapolas silvestres y un tallo de regaliz será suficiente. Se hierve todo en un litro de agua a fuego medio unos 15-20 minutos, se deja reposar tapado unos 5 minutos y luego se sirve en vaso corto con un poco de melaza de caña.

Bibliografía:

DeQuincey, Thomas: Confesiones de un inglés comedor de opio. Madrid, 1995.
Escohotado, A.: Aprendiendo de las drogas. Usos y abusos, prejuicios y desafíos. Madrid, 2002.
Florin, Xavier: Cultivar en armonía con el cielo y la luna. Madrid, 2002.
Pelt, Jean-M. : Las plantas. Amores y civilizaciones vegetales. Barcelona, 1994.
Otero, Luís: Las plantas alucinógenas. Barcelona, 1998.
Rätsch, Christian: Las plantas de Venus. Barcelona, 2003.
Schultes-Hofmann: Plantas de los Dioses. México, 1982.

 

Psiconáutica y Psiconautas (Parte I)

Por Xosé F. Barge

Ernst Jünger fue, curiosamente, quien acuñó por primera vez el término de “Psiconauta”. Este escritor alemán, acusado de fascista y famoso por su libro autobiográfico sobre La Primera Guerra Mundial, La tormenta de acero (o Stahlgewittern en su lengua de origen), designa, en una de sus obras sobre experimentación con sustancias psicoactivas, al Psiconauta como “el navegante de la conciencia o del alma”.

Sin embargo, si convertimos la palabra en disciplina, la “Psiconáutica” es “la especialidad que estudia a los viajeros del consciente y el inconsciente, aquellas personas que emplean sustancias enteógenas como vehículos de exploración personal”.

Lo cierto es que gran cantidad de Psiconautas aplicaron, concienzudamente, esta disciplina. Algunos, como Huxley, creían indispensable la fundamentación y el estudio para poder provocar un posterior desarrollo personal, especialmente cuando se trataba de una persona nacida en occidente. Según su tesis, si tu experiencia se reduce a la simple experimentación (valga la redundancia) de la sustancia corres el peligro de no “aprender” nada.

Aldous HuxleyAldous HuxleySe ha escrito profusamente sobre estos temas y es complejo sacar a relucir aspectos no tratados con anterioridad; más aún si recurrimos a publicaciones extranjeras, sin embargo, intentaré dar una visión diferente y arraigada en el pensamiento.

Podemos comenzar puntualizando, que, cuando se habla de “expertos en Psiconáutica actuales”, lo cierto es que, actualmente, debido a la incongruencia argumental entre el sujeto, que experimenta estos “alterados” estados de conciencia, y la realidad social que nos ocupa, las personas fundamentadas que continúan en contacto con una Psiconáutica real rara vez ponen de manifiesto sus impresiones.

Antaño tampoco podía decirse que los Psiconautas occidentales estuvieran en paz con la realidad que los acunaba, precisamente por eso los testimonios de Psiconautas ilustres, mayoritariamente intelectuales, ponen de manifiesto su incomprensión hacia esta realidad.

Entonces, podemos concluir, en la práctica totalidad de los casos, que el testimonio que conservamos del Psiconauta es un manifiesto de protesta con pretensión de cambio, y no tanto una declaración. Incluso en los casos de Alexander Shulgin o Albert Hoffman, ambos más vinculados al mundo de las ciencias experimentales que al del pensamiento, podemos entrever la intención de promover el consumo responsable y, por lo tanto, un cambio.

Continuando con la aproximación terminológica, debemos puntualizar que estudios psicológicos y psiquiátricos, no concluyentes, afirmaron que los individuos sanos, que utilizaban enteógenos con la intención de explorar la psique y mejorar el funcionamiento de ciertas tareas psicológicas, finalmente lo conseguían.

No podemos pasar al siguiente apartado sin resaltar, de nuevo, la idea de que la experimentación descrita, la asociada al Psiconauta, es argumentada, controlada y responsable. Es decir, el uso lúdico de la droga queda excluido o, al menos, pasa a un segundo plano. El Psiconauta, en algunas ocasiones, no deja de experimentar placer cuando usa el enteógeno, pero controla la situación a la que se expone para no reducir su experiencia al placer.

Charles BaudelaireCharles BaudelaireEn casos prácticos, y para ejemplificar estos planteamientos tan teóricos y abstractos, imaginemos al joven medio que experimenta con MDMA. Lo hace por las noches, en discotecas u otros lugares de baile, mezclándolo, casi siempre, con alcohol y sometiéndose a temperaturas extremas, de calor dentro del local, mientras baila durante horas, y frío fuera, mientras permanece estático. Todas las cosas que hace este joven medio son, precisamente, situaciones a combatir por el Psiconauta.

Se sabe que el MDMA puede provocar cierta deshidratación por lo que se debe beber moderadas cantidades de agua y nunca alcohol, que, además de deshidratar al sujeto, provoca un enturbiamiento de la experiencia. Es muy importante, para cualquier sustancia que altere los estados conscientes del individuo, controlar la temperatura corporal, especialmente tratándose del MDMA, de ahí los dichosos “golpes de calor” que tanto ha aprovechado los medios de comunicación para endemoniar a esta sustancia. Según Energy Control el MDMA afecta a la “regulación de la temperatura corporal” y puede provocar episodios graves de hipertemia (el mencionado golpe de calor) e hipotermia.

El Psiconauta nunca tomaría una sustancia que no sabe lo que es, por lo que adquiriría el producto, lo analizaría y luego decidiría si quiere consumirlo o no. Por último, no se limitaría a bailar, e intentaría anotar o grabar ciertas impresiones durante la experiencia, lo que le permitiría juzgar sus estados y comprender su forma de pensar en días posteriores, cuando ya no esté bajo los efectos de esa sustancia.

El MDMA es, quizás, una droga menos visionaria que otras como el LSD, la Mescalina o la Psilocibina, sin embargo, se ha demostrado su efectividad para casos de trastornos afectivos o en personas con problemas de autoestima.

Continuando con el tema que aquí nos ocupa, dejando atrás la fundamentación terminológica y sin ninguna pretensión de hacer un compendio de todos los Psiconautas destacables, me veo en la obligación de hablar de Fitz Hugh Ludlow, un escritor estadounidense, muerto en 1870 a los 34 años. Este predicador, protestante y abolicionista, siguió el ejemplo de Thomas de Quincey y su libro Confesiones de un inglés comedor de opio (Confessions of an English Opium-Eater) y escribió El comedor de hachís (The Hasheesh Eater).

Fitz Hugh LudlowFitz Hugh LudlowSe trata de un libro autobiográfico donde Ludlow relata sus experiencias con grandes cantidades de extracto de cannabis. Lo destacable, y relacionado con lo que aquí estamos tratando, es que este escritor dejó complejas y extensas divagaciones filosóficas sobre y durante el consumo de cannabis.

Puede que algunas de sus disertaciones parezcan excesivas o impropias de la experimentación con cannabis, sin embargo, debemos tener en cuenta las altas dosis a las que este escritor se sometía, consumiendo extractos de cannabis con altísimas concentraciones de sustancia psicoactiva.

Ludlow habla del consumidor de marihuana como alguien que está tratando de alcanzar “la plena capacidad del alma para experimentar un amplio bienestar, una visión mucho más profunda, una mejor experimentación de la Belleza, la Verdad y el Bien de lo que lo hacía antes, tras las “rendijas de su celda”. También dejó extensas impresiones sobre sus estados, algunas de difícil comprensión, que recuerdan a intoxicaciones por exceso, como “ahora, pasado un tiempo, el espacio también se expandió… todo el ambiente parece dúctil y gira sin cesar. Gira hacia los grandes espacios que me rodeaban por todas partes”.

Al margen del redescubrimiento actual de este libro, traigo a colación y hago hincapié en este autor por la sustancia, el cannabis, y el impacto cultural y literario que supuso su obra en el mundo intelectual, y, especialmente, en el Psiconáutico.

John Hay, que se convertiría en confidente cercano del presidente Lincoln y más tarde en Secretario de los gigantes y unidos Estados Americanos, recordaba la Universidad de Brown como el lugar “donde solía comer hachís y soñar los sueños” y mencionaba como, después de leer a Ludlow, sintió la necesidad de saber si realmente era un estimulante de la imaginación tan maravilloso. Uno de sus compañeros de universidad sentencia “Cuando Hay tomó por primera vez hachís, marcó un antes y un después para los habitantes del Hope College (residencia oficial de la Universidad de Brown)”.

Theophil GautierTheophil GautierSin embargo, el logro del libro no quedó en estos datos anecdóticos aunque significativos. Durante los veinticinco años posteriores a la publicación del El Comedor de Hachís muchas ciudades de Estados Unidos abrieron salones privados para el consumo de hachís.

Por desgracia, estos hechos colisionaron con la moralina americana, que ha perseguido al cannabis, a lo largo de la historia y a lo ancho del planeta, desde que cobró conciencia de su consumo y sus “alienantes” efectos. Con los clubes de consumidores de cannabis comenzó la controversia sobre la legalidad y el uso.

Contemporáneos a Ludlow, un grupo de artistas y personas de renombre, por ocupación o condición, con interés por las sustancias psicoactivas (especialmente el opio y el hachís), confluyeron en París y formaron el grupo conocido como El Club de los Hachichins (Le Club des Hashishins). Charles Baudelaire, Alejandro Dumas, Theophile Gautier, el Dr. Jacques-Joseph Moreau, Gérard de Nerval o Eugène Delacroix eran algunos de sus prestigiosos miembros. Las reuniones solían llevarse a cabo en el Hôtel de Lauzun (Actualmente el Hôtel Pimodan) en la Île Saint-Louis.

La principal actividad del club se centraba en experimentar con resina de cannabis, charas indio, e intercambiar experiencias con su uso y su abuso. Aunque se cree que la creación artística siempre estaba presente, las actividades del club trascendían estos menesteres y se extrapolaban al estudio científico, el consumo de otras sustancias y la tutela psicodélica.

Ernst JungerErnst JungerSi nos referimos a la aportación del grupo al concreto pensamiento psicodélico, dejando a un lado las obras que pudieron surgir, hipotéticamente, de su consumo, debemos destacar a Moreau y el estudio publicado en 1845 sobre “El Hachís y la alienación mental” donde hace una detallada investigación en la que relaciona el sueño, la alucinación y los efectos del hachís. Suele afirmarse que este es el primer estudio científico no concluyente sobre el cannabis.

Por último debemos destacar, sin lugar a dudas, Las flores del mal (Les Fleurs du mal), de Baudelaire. Esta colección de poemas, oscura e innovadora, donde las declaraciones en contra del orden establecido (la sociedad burguesa) y a favor del consumo de ciertas sustancias se entremezclan con otras muchas cuestiones relacionadas con la condición humana, convirtiéndose en una de las más influyentes e importantes obras de poesía de todos los tiempos.

La publicación de este compendio se sucedió de una “condena por inmoralidad”. La sentencia obligó al autor a excluir seis poemas de la edición impresa y a pagar 300 francos. No era una época adecuada para llevar la protesta al extremo, pues por menos de nada se cuestionaba la validez de una vida. Sin embargo, Baudelaire protestó moderadamente, afirmando que la obra no podía concebirse de otra forma que no fuese un todo orgánico.

Para despedirnos por ahora, continuando la tarea de la contextualización Psiconáutica en posteriores entregas, reproduzcamos las eternas palabras del mismísimo Baudelaire, versos utilizados para introducir al lector, interpelándolo, en el apasionante universo de Las flores del mal:

AL LECTOR

La necedad, el error, el pecado, la tacañería,

ocupan nuestros espíritus y trabajan nuestros cuerpos,

y alimentamos nuestros amables remordimientos,

como los mendigos nutren su miseria.

 

Nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepentimientos cobardes;

nos hacemos pagar largamente nuestras confesiones,

y entramos alegremente en el camino cenagoso,

creyendo con viles lágrimas lavar todas nuestras manchas.

 

Sobre la almohada del mal está Satán Trismegisto

que mece largamente nuestro espíritu encantado,

y el rico metal de nuestra voluntad

está todo vaporizado por este sabio químico.

 

¡Es el Diablo quien empuña los hilos que nos mueven!

A los objetos repugnantes les encontramos atractivos;

cada día hacia el Infierno descendemos un paso,

sin horror, a través de las tinieblas que hieden.

 

Cual libertino pobre que besa y muerde

el seno martirizado de una vieja ramera,

robamos, al pasar, un placer clandestino

que exprimimos bien fuerte cual vieja naranja.

 

Oprimido, hormigueante, como un millón de hermintos,

en nuestros cerebros bulle un pueblo de Demonios,

y, cuando respiramos, la Muerte a los pulmones

desciende, río invisible, con sordas quejas.

 

Si la violación, el veneno, el puñal, el incendio,

todavía no han bordado con sus placenteros diseños

el canevás banal de nuestros tristes destinos,

es porque nuestra alma, ¡ah! no es bastante osada.

 

Pero, entre los chacales, las panteras, los podencos,

los simios, los escorpiones, los gavilanes, las sierpes,

los monstruos chillones, aullantes, gruñones, rampantes

en la jaula infame de nuestros vicios,

 

¡Hay uno más feo, más malo, más inmundo!

Si bien no produce grandes gestos, ni grandes gritos,

haría complacido de la tierra un despojo

y en un bostezo tragaríase el mundo:

 

¡Es el Tedio! – los ojos preñados del involuntario llanto,

sueña con patíbulos mientras fuma su pipa,

tú conoces, lector, este monstruo delicado,

-hipócrita lector, - mi semejante, - ¡mi hermano!

 

La expansión Psicodélica: Los Hippies

Dejando atrás el literario momento Beat y comenzando la década de los 60 surge una de las etapas más importantes para la Psicodelia, el movimiento Hippie. Fue una rebelión masificada y, para muchos, el momento crucial que pudo llevar a una concienciación generalizada, a un rechazo del imperialismo, del consumismo y los deliberados asesinatos gubernamentales. Un camino hacia la paz mundial, la igualdad, el respeto y ante todo, la libertad.

Texto:Xosé F. Barge

Suele decirse que se trataba de uno más de los movimientos “contraculturales” existentes, refiriéndose con esta palabreja a aquellos movimientos que no aceptaban los valores o formas sociales impuestas por sus contemporáneos. Sin embargo, el movimiento fue mucho más allá de esta limitada definición, los hippies (vamos a permitirnos el lujo de referirnos a ellos como si fueran una sola entidad en cursiva) intentaron superar ese prejuicio que aferra nuestra naturaleza animal, por una parte, y nuestra alma (o nuestra razón, depende del prisma con que se mire), por otra, a un mundo lleno de normas arbitrarias, de leyes injustas, de gobernantes adinerados y soldados que mueren en guerras injustificada sin un céntimo en los bolsillos; de hambre, odio, envidia y dolor.

El término hippie proviene del inglés hipster, palabra usada previamente para designar a otras subculturas como la existente en torno al mundo del Jazz de los años 40. Y hipster proviene de hip, adjetivo y sinónimo de “moderno”. La palabra se reutiliza, muta y aumenta sus acepciones, en este caso, para referirse a los nuevos beatniks, los que antes fueron herederos de la generación Beat. Para algunos, los beatniks era tan solo la burda visión de la calle, de la gente de a pie que comenzó a vestirse como bohemios e intelectuales, visión, al fin y al cabo, cómica y banalizada del legado beat, y para otros, fue el imprescindible puente hacia la masificación, la popularidad y simpatía que, posteriormente, posibilita el nacimiento del colectivo hippie.

Aunque el movimiento nació, se desarrolló y, prácticamente, murió en Norteamérica, se expandió a lo largo del todo el mundo. Gente de todas partes del planeta viajó a Estados Unidos para sumarse a la corriente o participó en grupos más reducidos y menos numerosos en varios países occidentales. Según transcurría la década, el movimiento se hizo más argumentado, numeroso y variado.

Cierta falta de unificación, abundantes cantidades de caos y un talante que en muchos casos fue tachado de “anarquista”, propiciaron que una gran parte de la población rechazara aquellos valores desprejuiciados y libertinos. Los colectivos conservadores y religiosos desprestigiaban constantemente este movimiento pacifista en los medios de comunicación, en las iglesias, en entornos universitarios y en la calle. Es de sobra conocida la leyenda (que no lo es tanto) de que cuando los hippies viajaban a través de la “Ruta 66” debían tener especial cuidado cuando pasaban por pueblos de Texas y Nuevo México, al sur de los Estados Unidos.

Cierto tipo de sustancias psicoactivas fueron la forma, el medio y el contexto a través del cual el sujeto viajaba a un lugar libre de preconcepciones y dogmas, un lugar carente de miedos grabados a fuego en la cotidianidad de cada una de las personas partícipes de la sociedad; viajaba hacia el encuentro con la esencia natural e incontestable del ser humano. Cuando se regresaba de aquel viaje, el “lúcido” ya nunca volvía a ser el mismo, pues había experimentado “la verdad” y ya no podía continuar engañándose a sí mismo.

Dada la imposibilidad de un acopio histórico y la intención de centrarnos en el pensamiento, en la esencia filosófica de este movimiento, debemos resaltar algunos momentos, lugares, experiencias y personas imprescindibles.

El poeta Allen Ginsberg, el único de la generación Beat del que no hablamos un poco más en profundidad en el anterior artículo sobre el nacimiento psicodélico, es el nexo de unión personificado entre los beats y los hippies. Él fue el único partícipe de ambos movimientos, el único en convertir los intereses existencialistas, los negros y marrones, el negativismo de los beats en la esperanza, los colores y el positivismo de los hippies.

Ken Kesey es el siguiente eslabón esencial de la evolución psicodélica. Como escritor, publicó en 1962 la que fue la más importante de sus obras One flew over the cuckoo’s nest (Alguien voló sobre el nido del cuco), sin embargo, la vital importancia de su existencia radica en las prácticas llevadas a cabo con los Merry Pranksters (Bromistas Alegres). Desde 1964, Kesey y los Bromistas Alegres popularizaron el uso del cannabis y el LSD, recorrieron todo Estados Unidos en una furgoneta llamada Further (más allá), pintada de colores, y llevaron a cabo los Test del Ácido. Estos test consistían en fiestas organizadas por el propio Kesey en la bahía de San Francisco, a mediados de los 60, donde todo giraba en torno al consumo de LSD. De ellos partieron los posteriores y estereotipados comportamientos y estéticas hippies.

Timothy Leary, la postura complementaria y, a la vez, distante de Kesey, fue también la más representativa en cuanto a pensamiento mediatizado. Desde que en 1966 funda “La Liga para el Descubrimiento Espiritual”, una especie de religión que gira en torno al consumo de LSD, y hasta que Nixon lo denominó “el hombre más peligroso de Norteamérica” pasó por variopintas experiencias y fue la cabeza más visible y problemática del movimiento hippie.

Por otra parte, el panorama musical, unido de nuevo al pensamiento y el arte, estaba plagado de músicos activistas, de grupos alternativos, de canciones de denuncia, de esperanza y rebelión. Woodstock del 69 fue el momento culmen del movimiento y la mayor reunión de hippies del mundo, unas 500.000 personas. Mientras Nixon luchaba con todas sus fuerzas contra el movimiento hippie, la gente alzaba la voz y protestaba más fuerte y con más ganas que nunca.

El gran Richie Havens, Sweetwater, Santana, The Who, Janis Joplin, La Creedence, Johnny Winter, “Crosby, Stills, Nash & Young”, Hendrix y otros muchos definieron el panorama psicodélico en la música de los 60 sobre el escenario de Woodstock. Tampoco debemos olvidar a otros muchos que no participaron en el festival como The Doors, Moody Blues, The Byrds, Joni Mitchell, The Beatles, Bob Dylan, Led Zeppelin, Moody Blues, Spirit o King Crimson. Sin embargo, si tuviéramos que elegir de entre todos ellos al que mejor encarnó los preceptos psicodélicos, serían los Grateful Dead.

Grateful Dead confraternizó y compartió su visión del mundo con los arriba mencionados Merry Pranksters y con el propio Kesey. A finales de los 60, Tom Wolfe popularizó las andanzas de Grateful Dead con los bromistas en su libro Ponche de Ácido Lisérgico, publicación que nunca fue aprobada por Kesey.

En el terreno de la Antropología, la Psicodelia encontró a su máximo exponente en Carlos Castaneda. Este autor plasmó en una tetralogía, de la que hemos hablado profundamente, su experiencia con ciertas sustancias psicotrópicas, a través de la relación con un chamán indio yaqui llamado Don Juan. Se ha especulado abundantemente al respecto de esta publicación, relacionándolos con la ciencia ficción, poniendo en duda cualquier validez científica en su ámbito e incluso afirmando que muchas de las prácticas no coinciden con rituales reales de estos indígenas. Otras personas piensan que es un estudio de campo subjetivo y válido, la única forma real y antropológica de acercarse a los enteógenos, a las plantas mágicas y a la cultura yaqui.

Lo que aquí importa es que se trata de un testimonio, de una perspectiva cultural y respetable de lo que representan las plantas mágicas en ciertas tradiciones o formas de interpretar el mundo y, de nuevo, un componente básico para el posterior desarrollo de la Psicodelia, convirtiéndose en lectura básica del movimiento.

La experiencia psicodélica cobra una nueva perspectiva a finales de los 60 y muchos de los consumidores habituales buscan en ella, recurrentemente, un tipo de “conexión espiritual con el entorno”. La Psicología muestra una atracción incontrolable ante la posibilidad de una “terapia o psicoterapia psicodélica” que permita a sus pacientes explorar sus psiquis partiendo de esta sensación agradable y productiva.

Stanislav Grof es uno de los pocos exponentes reales de estas prácticas que, posteriormente, fueron suprimidas por la prohibición del LSD a finales de los 60. Es difícil concluir que el uso del LSD puede traer consigo un camino hacia la curación de una patología psicológica, pero se han descrito moderados efectos positivos con el uso de psilocibina y LSD en pacientes con indicios de depresión o ansiedad avanzada, y se ha demostrado de forma no concluyente, que pueden ser efectivos y sustitutivos de otros fármacos, que conllevan graves efectos secundarios o adicciones.

Grof descubrió, con la prohibición, que podían inducirse estos estados mediante la práctica de un tipo de respiración, la “respiración holotrópica”, que permitía, según su creador, adentrarse en estados de conciencia ampliada. Esta no es la única práctica con la que se describen efectos muy similares a las experiencias psicodélicas, desde el Budismo hasta las prácticas de los mencionados yaquis (dado que las plantas mágicas sólo se usaban como forma de descubrir “la realidad aparte”, posteriormente, se adquieren conocimientos y prácticas que permiten viajar allí sin el uso de ninguna sustancia), describen estados de la conciencia muy similares.

El 6 de diciembre de 1969, se llevó a cabo el concierto Altamont Speedway Free Festival, al norte de California y organizado por los Rolling Stones. Este fue uno de los primeros hechos que propició la posterior decadencia hippie, aunque sólo cuatro meses antes estaba celebrándose la mayor concentración pacífica hippie de todos los tiempos en Woodstock.

Altamont se convirtió en un festival violento, registrando cuatro muertes y numerosísimos altercados. Los Ángeles del Infierno, un grupo de motoristas que también participó en los Test de Ácido de Kesey, fueron supuestamente contratados para controlar la seguridad de un escenario que se situó a unos palmos del suelo. Cuando el gentío se alteró y los “Ángeles” comenzaron a marcar los límites con sus motocicletas, dañando a los espectadores, los ánimos comenzaron a cambiar. Una joven de 18 años fue apuñalada cinco veces y pisoteada hasta la muerte a mitad de concierto de los Rolling Stones, que terminaron por cancelarlo. Grateful Dead se negaron a actuar y los altercados aparecieron en la prensa y en la televisión como una nueva perspectiva de los “pacíficos” hippies. Estos hechos tuvieron una increíble repercusión mediática e, inevitablemente, social, creando multitud de nuevos detractores.

A comienzos de los 70, los hippies comenzaron a verse como una moda pasajera, como cualquier otro movimiento estético, dado que muchas personas que vestían o se comportaban así no eran partidarios de las formas o el ideario hippie y cambiaron en cuanto la moda cambió. Otros escándalos mediáticos y la necesidad de que muchos de esos hippies abnegaran para subsistir, formando parte de la sociedad consumista que antes criticaban, promovió un decrecimiento drástico de los simpatizantes y de los que abiertamente mostraban prácticas hippies.

Existe la idea de que los realmente concienciados desaparecieron, haciéndose conscientes del fracaso de llevar el movimiento a una filosofía vital (al margen de las vertientes o interpretaciones) generalizada y sabemos que hoy día existen numerosas “ecoaldeas” que son los legados de las generaciones fundadoras de las comunas, formas de vivir alternativas, comunitarias y en contacto con la naturaleza.

Quedan en el tintero muchos de los que lucharon, y otros que se pronunciaron a favor de la psicodelia, algunos indecisos que pasaron de un lugar al otro casi sin percatarse y muchos de los grandes mentirosos, de los delatores sin fundamento, de los prohibicionistas y los que vendieron sus valores al peso, porque estos no tienen porque ser necesariamente mencionados, aún siendo en gran parte culpables del “fracaso” del movimiento psicodélico más importante de la historia.

Espero, sin embargo, que haya sido grato el viaje y el recuerdo del pensamiento nos lleve, esta vez, a preguntarnos si ahora no está en nuestras manos llevar la Psicodelia a un nuevo contexto histórico, mucho más complejo y brutal que el de hace 40 años.

 

El nacimiento de la Psicodelia

Sentar las bases de un movimiento tan generalizado, que abarca tantos ámbitos y materias, y que se prolongó a lo largo de más de tres decenios es, cuanto menos, complicado.

Aunque con la mayoría de palabras pasa que el significado etimológico pierde valor conceptual con el transcurso del tiempo y el uso, en el caso del término Psicodelia (Psychedelia en su originario inglés) conserva gran parte de su esencia. Las palabras griegas que la componen son psyche (ψυχή) que significa “alma” y diloun (δηλοῦν) que podría interpretarse como “manifiesto” o “manifestar”. Humphry Osmond, psicólogo británico, acuño por primera vez el término en 1957, definiéndolo como “aquello que el alma manifiesta”.

Fue el propio Osmond quien proporcionó varias dosis de mescalina a Aldous Huxley en 1953,y este, a su vez, basándose en la experiencia con uno de los alcaloides alucinógenos más potentes del mundo, escribió Las puertas de la percepción en 1954.

Habrá quien describa la Psicodelia como un movimiento contracultural cuyo desenvolvimiento tuvo especial relevancia entre el 1965 y el 1975, lo que nos remitiría al movimiento Hippie y a uno de sus máximos exponentes mediáticos, Timothy Leary. Otros quisieran partir de Albert Hofmann, cuando sintetizó el LSD por primera vez en 1938. Sin embargo, si nos remitimos a la creación del pensamiento, a la argumentación, propiamente dicha, de este movimiento, no existen otros orígenes que los literarios.

En la década de los cincuenta confluyeron un conjunto de pensadores americanos que compartían una visión común, caracterizada por la repulsión hacia su sociedad; el uso de diferentes sustancias psicoactivas para el conocimiento personal y el desarrollo del pensamiento; el libertinaje y la desinhibición sexual como contestación a los valores clásicos y, por último, el concienzudo estudio de las diferentes filosofías orientales para una posterior aplicación mediada en occidente.

La “Generación Beat” nació arropada, de nuevo, por otro concepto, el de la “Beatitud”. Fue Jack Kerouac quien, en 1959, la asoció a esta concepción en relación a la naturaleza de la conciencia, la meditación, el diálogo interno y el pensamiento oriental.

Si tuviéramos que resaltar a sus máximos exponentes estaríamos de nuevo ante una tarea complicada pues el propio Huxley se haya excluido de esta generación por su origen inglés y es quizás uno de los pilares fundamentales del pensamiento Psicodélico. Sin embargo, dejándonos llevar por los puristas, podríamos afirmar que Allen Ginsberg, William S. Burroughs y, especialmente, Jack Kerouac fundamentan los pilares de la “Generación Beat” y a la vez, la semilla que eclosionará a lo largo de esta década y crecerá sin cesar hasta finales de los años setenta, dando lugar al movimiento Hippie y sentando las bases literarias y científicas para autores como Ken Kesey, Carlos Castaneda y Terence McKenna.

Si queremos llegar a algún lugar, dada la extensión, debemos olvidarnos de Huxley por su complejidad y escasa relación con los “Beats”. Hablemos pues del libro que muchos han designado “La Biblia de los Hippies”, el libro que Kerouac tituló En el camino (On the road) y que representa la génesis del pensamiento Psicodélico, que posteriormente se convertirá en el movimiento contracultural más importante de la historia.

Escrita en 1951 y publicada en 1957, es una obra reconocidamente autobiográfica (al menos en parte) que narra los viajes del autor y sus allegados a lo largo de Estados Unidos y México, provocando, con ello, la posterior mitificación de la “Ruta 66”.

Una significativa parte de los lectores del libro afirman que no encuentran ese contenido profundo y trascendental que la convirtió en obra de culto y que continúa promoviendo la reimpresión de más de 100.000 copias al año, sino, más bien, una simple narración de las variopintas andanzas de un grupo de amigos un tanto peculiares.

Precisamente es aquí donde radica su encanto, donde la narración se convierte en el testimonio de una generación despierta, inconformista y revolucionaria, una generación que ya no concibe un mundo planificado, repleto de horarios y obligaciones. Esta contestación no es tan obvia al formularse la obra como un monólogo interior, con una ausencia prácticamente total de críticas directas o divagaciones demagógicas sobre lo que es bueno o no lo es.

La obra, el propio discurso en sí, es la visión desprejuiciada de una realidad muy diferente al habitual de aquella sociedad. En el camino es libertinaje, libre pensamiento, desorden; es drogas, es vivir por el simple hecho de vivir y disfrutar eligiendo cada momento e incluso es ciertas dosis de caos, de ese caos originario, que conforma nuestra propia esencia como seres humanos, como partícipes del universo caótico en el que nos hallamos.

Solo queda recomendar encarecidamente su lectura, liviana y llena de significado, para que cada cual juzgue y extraiga de ella lo que quiera. Recordad que hasta aquí, la Psicodelia, no ha hecho más que comenzar. Continuaremos argumentándola en los próximos números.

“Al fin y al cabo, somos nosotros los herederos de este gigante del pensamiento que no consiguió exterminar por completo la sociedad imperialista, asesina y cruel en la que nos hayamos inmersos, por haberse silenciado, cayendo poco a poco en el olvido de las obligaciones y las preocupaciones impuestas.”

 

¿Quieres colaborar en Cannabis Magazine?

colabora con Cannabis MagazineLeer más

 

Se acabó el miedo: fumiga a tope hasta el último día de floración con acaricida biológico

Foto 3 Superkukulus aplicacion final de floracion foliarDesde hace muchos años se han utilizado productos muy agresivos y tóxicos para tratar las plagas en el cannabis...
Leer más

 

Consejos Legales

Consejos legales para el cultivador de cannabis.

Artículo que ofrece una serie de consejos para quienes cultiven, en caso de tener problemas legales. Una Guía para saber qué hacer y que no ante una posible intervención policial.       Leer más...

 

 

 

Música y Media