El cannabis y las situaciones conflictivas en el día a día

En el artículo de este mes abordamos un tema delicado, el de las situaciones conflictivas que se pueden producir en la vida cotidiana. No pocos usuarios afirman tomar cannabis con el fin de lograr un estado de relajación y distanciamiento ante las diversas piedras que nos vamos encontrando en el camino.


Por Psicotar

 

Caminante son tus huellas, el camino y nada más

Caminante no hay camino, se hace camino al andar

Al andar se hace camino y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar

Caminante no hay camino, sino estelas en la mar

                        Antonio Machado, Caminante.

 

La vida del ser humano está plagada de situaciones muy variopintas, según época histórica, cultura, familia, vecindario, etc. Esto puede suponer una diferencia mayúscula entre las oportunidades a las que tenga acceso una persona. Si nace en Beverly Hills, posiblemente tendrá una vida rodeada de comodidades y lujos, mientras que si nace en Ruanda, el sólo hecho de tener que conseguir comida será un problema constante. Evidentemente, el desarrollo personal y humano en ambos contextos seguirá caminos muy diferentes.

Vamos a pedir a nuestro querido lector, a ti, que pienses en un palo que la vida te haya dado. Porque por muy feliz que hayas vivido la vida, te has llevado algún palo seguro. No tratamos de pillarte en un renuncio, es que sabemos en propia carne que la vida está llena de palos, y que hay para todos. Puede ser un embargo por un problema con la hipoteca, una faena jugada por un amigo, una infidelidad de tu pareja, la pérdida de alguien querido, un rechazo laboral doloroso, etc. Seguro que todos podríamos enumerar algún suceso doloroso, molesto o cuanto menos, desagradable. Es posible que el impacto de esto haya sido variable, pero supongamos un impacto fuerte y alterador. ¿Y ahora qué hacemos?

Le vamos a pedir al lector que, aparte de recordar esas situaciones dolorosas e impactantes, recuerde la forma en cómo las afrontó, qué es lo que hizo cuando le tocó vivir la situación. De nuevo, las respuestas y situaciones serán muy variopintas, dependiendo de muchos factores. Por resumirlo de forma gráfica, una persona responde en base a unos antecedentes de situación, a una biografía que incluye su desarrollo personal, educación, conocimientos, etc… y a unas consecuencias de la conducta determinada. Gráficamente sería un esquema tipo A - B - C.

En no pocas partes de este camino las personas nos hemos visto enredadas con los problemas, lo cual nos puede haber llevado a adoptar soluciones o conductas poco útiles ante el problema. Lo difícil en estos casos es actuar correctamente y hacer las cosas bien, ya que estamos literalmente enganchados en la situación y no podemos pensar fría y objetivamente como podríamos hacerlo en cualquier otro momento menos impactante.

El consumo de cannabis para aplacar estados desagradables es algo que ya hemos comentado antes y que en las encuestas revela el uso como “fármaco” que muchos usuarios le confieren al cannabis.

Esto no es una cuestión baladí, sino que requiere un momento de reflexión por las importantes connotaciones que se pueden derivar de esta situación. Según datos oficiales (1) el cannabis es la tercera sustancia más consumida en la franja de edad de 15 y 64 años, detrás del alcohol y del tabaco.

De las emociones que podemos sentir, una cierta cantidad de ellas son aceptadas e incluso buscadas. Nos referimos, seguro que el lector ya se ha percatado de ello, a las emociones positivas: alegría, orgullo, felicidad, júbilo, etc…

Pero, sin embargo, hay un cierto número de emociones que son vividas de forma muy negativa y que en cierta manera todos nos “entrenamos” a evitar de la mejor manera posible. Me refiero a las emociones consideradas negativas: tristeza, abatimiento, vergüenza, ansiedad, etc… La razón por la que se evitan es simple: constituyen un mecanismo de aviso y con ese malestar, activan patrones de evitación en la persona para que ponga fin rápidamente a la situación. El problema de estas situaciones es que no se van tan fácilmente como nos podría interesar, ya que nuestra mente está preparada para almacenar información y generar contextos mentales, “otros mundos” aparte del exterior.

En esos otros contextos mentales nos podemos ver literalmente atrapados y experimentar una enorme cantidad de sufrimiento que nos lleve a vías muertas en las que podríamos no encontrar salida y sólo conseguiríamos seguir enredándonos. En este punto, es muy probable que una persona recurra a algún recurso que aplaque ese malestar. Puede ser el alcohol, los tranquilizantes o alguna otra sustancia entre la que se encuentra el cannabis.

En este momento, el cannabis podríamos decir que cumple la función de psicofármaco, ya que la persona lo puede utilizar para regular el malestar emocional experimentado ante una situación demasiado negativa para la persona. Este uso es totalmente legítimo y de hecho, se ha realizado desde tiempos inmemoriales, cuando nuestros antepasados descubrieron el potente efecto que ejercía sobre las mentes atormentadas. Pensemos que en otras épocas la supervivencia era más complicada en términos biológicos y era frecuente experimentar la pérdida de seres queridos por ataques, enfermedades, accidentes, etc.

En contextos actuales, ya hemos tratado anteriormente cómo en algunos círculos el consumo de cannabis está plenamente autorizado e incluso es fomentado, como por ejemplo, en el ejército de Israel, donde se suministra cannabis a soldados que han participado en combate con el fin de reducir el impacto emocional y con ello reducir igualmente el riesgo de sufrir estrés postraumático (2)

De igual forma, el uso de cannabis como apaciguador del malestar permite distanciarse del proceso emocional y cognitivo, lo que puede ayudar a algunas personas a controlar la vivencia y reducir el sufrimiento. Pero no todo es de color de rosa. Este uso conlleva un cierto riesgo y es el riesgo derivado de establecer el consumo de cannabis como única estrategia de afrontamiento, o de constituirla como principal recurso.

Por ello, en caso de que usted, estimado lector, recurra al cannabis de forma habitual para manejar los estados emocionales desagradables, le recomendamos que practique e intente mejorar otros recursos alternativos de afrontamiento, de forma que usted pueda elegir de forma libre de malestar cuándo y cómo consumir, con lo que uno rompe el hábito de hacer las cosas por costumbre.

No se confunda nadie, no estamos moralizando ni tomando el discurso prohibicionista harto escuchado desde muchos ámbitos. No es eso. No es lo mismo echarse un día un porro por haber tenido un problema serio que echárselo todos los días porque no se resuelven adecuadamente las cosas. Esto último implica una falta de recursos que es peligrosa y es esa carencia la que recomendamos afrontar.

Para ello, hay que eliminar progresivamente el “colchón” usado y empezar a adoptar otras estrategias más activas de afrontamiento. Teniendo en cuenta que la vida estará llena de palos, que realmente el sufrimiento es lo más cotidiano y extendido en este mundo, tener varios aliados en cuanto al afrontamiento se refiere es una buena idea. Depender de un único recurso no es nada recomendable. Da igual que sea fumar cannabis o hacer ganchillo… ya que si sólo se hacer ganchillo, estoy igualmente limitado porque alguna situación habrá en la que el ganchillo no me ayude, sino que incluso me pueda perjudicar. La diversificación de estrategias implica más seguridad a la hora de afrontar el riesgo con mayores recursos.

Sirva el esquema (3) que presentamos en la imagen para ilustrar lo que queremos decir. Hablamos de tener más capacidad de ver las cosas antes de dar una respuesta, por lo que así valoramos tener más capacidad y recursos. Eso nos da un análisis de la situación más completo y nos permite estar más tranquilos al percibir que tenemos más posibilidades de afrontamiento. Además, al poder abrir la mente a otras alternativas, las respuestas pueden ser más variadas y con ello así experimentar diversas alternativas, lo que redundará en nuestro aprendizaje vital. Aaron Beck, un conocido psicólogo estadounidense tenía un dicho que ilustra muy bien estas líneas: “si vas con un martillo en la mano constantemente, todo lo que verás te parecerán clavos”

Los cinco elementos del esquema presentado serían:

  1. Selección de la situación: Se refiere a la aproximación o evitación de cierta gente, lugares u objetos con el objetivo de influenciar las propias emociones. Esto se produce ante cualquier selección que hacemos en la que está presente un impacto emocional. En el esquema vemos que se selección S1 en vez de S2 (se marca en negrita). Es una buena forma en principio, de afrontar un problema, porque lo evitamos. Sin embargo, si al final hay que entrar en la situación (en el trabajo, por ejemplo), es mejor otra estrategia.
  1. Modificación de la situación: Una vez seleccionada, la persona se puede adaptar para modificar su impacto emocional, lo cual podría verse también como una estrategia de afrontamiento centrada en el problema (S1x, S1y, S1z). Si no se puede modificar la situación de forma externa, al menos podremos percibir y plantear un cambio de estrategia por nuestra parte.
  1. Despliegue atencional: La atención puede ayudar a la persona a elegir en qué aspecto de la situación se centrará (distraernos si la conversación nos aburre o tratar de pensar en otra cosa cuando no preocupa algo) (a1, a2, a3 … representan los diferentes aspectos de la situación a los que podemos atender)
  1. Cambio cognitivo: Se refiere a cual de los posibles significados elegimos de una situación. Esto es lo que podría llevar al “reappraisal” y sería el fundamento de terapias psicológicas como la reestructuración cognitiva. El significado es esencial, ya que determina las tendencias de respuesta.
  1. Modulación de la respuesta: La modulación de la respuesta se refiere a influenciar estas tendencias de acción una vez que se han elicitado, por ejemplo inhibiendo la expresión emocional. En el esquema, se muestran signos – y + para representar la inhibición o excitación de estas respuestas a diferentes niveles.

Las cuatro primeras estrategias abordan los antecedentes. La última, actúa sobre los consecuentes.

Las estrategias de reapreciación (reappraisal) son más eficaces que suprimir la emoción, supresión que puede derivar del uso de cannabis, ya que esa supresión se ha relacionado con daños a la salud a largo plazo como por ejemplo, depresión del sistema inmune, mayor riesgo coronario, progresión del cáncer, etc (4)

Por ello, animamos al lector a plantearse las cuestiones anteriores de forma seria y consecuente. Sin renunciar a nada, por supuesto, pero permitiendo la entrada a otras cosas y a otras alternativas aparte de las que actualmente están ahí.

Nos despedimos hasta la próxima… salud y ¡buen viaje!

 

NOTAS:

 1-      Encuesta Plan Nacional sobre Drogas:

http://www.mspsi.es/gabinetePrensa/notaPrensa/pdf/presentacionEdades200910.ppt

 2-      http://www.psiquiatria.com/noticias/ansiedad/estres/tratamiento450/18425/

 3-      http://www.psicologia-online.com/colaboradores/nacho/emocional.shtml

 4-      http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-92272005000300004&script=sci_arttext

 

 

 

Marihuana tratada con LSD

 Cazadores de Mitos

Se dice, se cuenta, se comenta que algunos traficantes y cultivadores tratan la marihuana con LSD para aportarle potentes efectos psicodélicos. ¿Será verdad? ¿Será mentira? ¿Qué será... será? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

En un artículo anterior de ésta misma serie les estuvimos hablando del Jenkem y concluimos que la cantidad de metano obtenible mediante este sistema resultaba insuficiente para producir efectos asfixiantes y, por consiguiente, para dar lugar a estados alterados de consciencia mínimamente significativos y apreciables. Es posible, sin embargo, que algunos de los lectores dudaran de nuestro veredicto, en tanto en cuanto las noticias sobre esta particular droga venían avaladas por numerosas menciones aparecidas en los más diversos medios de comunicación (desde el New York Times hasta el último periodicucho de Zambia) y habían sido corroboradas por reputados reporteros e, incluso, por las autoridades locales anti-droga y por alguna que otra ONG.

No obstante, decirles que no sería la primera ni la última vez que los medios de comunicación y las instituciones preventológicas alertan masivamente sobre hechos inexistentes, haciendo circular universalmente bulos absurdos y sin base real alguna, sería quedarse corto. El kioskero de mi calle, que vive, precisamente, de vender periódicos, lo explica muy bien: «No me los leo. Nunca. Ninguno. ¿Te vas a creer algo de lo que dicen?»

Pues, desde luego que, si hablan de drogas, NO, ya que, lo habitual es que lo que se cuente sobre ellas en los medios al uso sea una absoluta patraña. Para muestra: un eslabón, el último (a la hora de escribir estas líneas) de esta infinita cadena de soplapolleces que, en lo que a nosotros nos ocupa, se vierten, día sí, semana también, en la radio, en la tele y en la prensa nacionales.

En su edición del 16 de febrero de 2011, el Diario Las Provincias incluía una noticia con el siguiente titular: «Manipulan cannabis con alucinógenos para incrementar sus efectos.» Es decir, la chorrada que todos llevamos escuchando desde hace años de boca de los chavales de 15 tacos y ante la que todos nos hemos despollado y hemos zanjado el asunto con un «espabila, guapín, que a lo que le echan LSD es a las calcomanías, que la marihuana ya coloca por sí sola». Únicamente que, esta vez, quien escuchó la mamarrachada fue el señor Agustín Durán, psicólogo del Plan Municipal de Drogodependencias de Valencia, todo un experto en el asunto (a la vista está), que no dudó en ponerse en contacto con el rotativo levantino para alertarle del novedoso y terrorífico descubrimiento, y, con ello, cubrirse de fama y de gloria para el resto de sus días y los que después vendrán.

El preventólogo en cuestión, anunciaba que, actualmente, hay quienes se dedican a abonar las matujas con setas alucinógenas, LSD y otros productos con la finalidad de «conseguir una mayor cantidad de THC», y llegaba a puntualizar que «se pretenden alcanzar niveles del 200% de THC cuando un canuto adulterado tiene entre un 50 y un 60%».

¡Joooooder con el experto! Lo dicho, machote, te has cubierto de gloria (y si no tú -que también es posible que hayan desvirtuado tus palabras, algo harto frecuente en la prensa-, la mema que redactó el informe, una tal Beatriz Lledó, quien, en caso de ser usted inocente, es la que debería darse por aludida por nuestros próximos comentarios; de otro modo, vayan para los dos por partes iguales).

Y es que, en apenas un par de frases no sabe uno ni por donde empezar a meter mano… Comencemos, pues, por el principio: ¿Quiere usted decirnos que si abonamos una planta de cannabis con LSD o psilocibes producirá más THC? Pues la verdad, no sé si es que es usted tonto de remate o un absoluto genio de la química orgánica…

Pasemos, ahora, al segundo punto: ¿Dice usted que, en un canuto o en una planta de maría se pueden –o se pretenden- alcanzar niveles de THC del 200%? Es decir, que, según usted, por cada parte de cannabis habría o podría llegar a haber dos partes de THC… Asunto aclarado: definitivamente, es usted tonto de remate.

Tercer y último punto: Afirma que un peta adulterado contiene entre un 50 y un 60% de THC. ¡Virgen Santa! ¿Pero qué narices se pincha usted? -Páseme aunque sea una puntilla, se lo ruego, que debe de ser brutal- ¿Cree, acaso, que con unas concentraciones de tal calibre haría falta alguna abonar las plantas con alucinógenos? ¡Pero, tío, si eso tumbaría de un plumazo hasta al mismísimo Bob Marley!

Vamos a ver, majete… Tradicionalmente, los especialistas en la materia han considerado que el contenido de THC prototípico y característico del hachís va del 10-15% (Iversen) al 10-20% (Cabrera), mientras que, en el caso de la marihuana, el rango iría del 1-3% para el kiff, bagga y bhang; el 3-6% para las sinsemilla; y el 4-8% para la ganja (Iversen). El aceite de hachís tendría, según Cabrera, una concentración típica del 15-30%, y del 20-60% según Iversen.

Por su parte, en el año 2004, el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías publicó un riguroso estudio en el que atestiguaba que la concentración media de THC del cannabis que se consumía en Europa era del 6 al 8%, aunque en casos como el de Holanda había aumentado, en los últimos lustros, hasta el 18%.

En lo que a España se refiere, las Memorias de la Sección de Drogas del Instituto Nacional de Toxicología constatan y demuestran que la concentración media de THC del hachís hispano había aumentado desde el 5,5% del año 1992 hasta el 11,8% en 2005 (7,2% en el caso de la marihuana).

Por último, en el año 2003, el colectivo Energy Control, en colaboración con el Instituto de Investigaciones Médicas de Barcelona, realizó un análisis exhaustivo a un pequeño número de muestras de hachís, marihuana y aceite de hachís procedentes del mercado ilegal o donadas por selectos cultivadores. Resultado: la concentración media del hachís comercial fue del 15% de THC, la del hachís de autocultivo del 28,25%, la de la marihuana de autocultivo del 13,32%, y la del aceite de hachís del 57,2%.

En resumidas cuentas, que si quiere usted fumarse un porro con una cantidad de tetrahidrocannabinol del 50-60% tendrá que hacérselo con aceite de hachís, un material que el 99% de los usuarios de cannabis no lo ha visto ni lo verá en su vida. Si se fuma usted un porro corriente y moliente, lo habitual es que, con suerte, tenga una concentración entre el 10 y el 15%; y si fuma un material proveniente de un cuidadoso cultivador podrá llegar a alcanzar concentraciones del 10 a -tirando por lo alto- el 40% en el caso del hachís; y del 5 al –siendo muy optimistas- 25% en el caso de la marihuana.

Se lo resumiremos para que lo entienda mejor:

  • Los porros provenientes del mercado ilícito marroquí (“canutos adulterados”, como dice usted), es decir, lo que fuma toda la basca: 10-15% de THC.
  • El material más exquisito obtenido por los mejores cultivadores: 10-40% si se trata de hachís; 5-25% si se trata de marihuana.

En otras palabras, que eso de que el «canuto adulterado tiene entre un 50 y un 60% de THC» no lo verá usted ni en sus mejores sueños de preventólogo; y lo del porro abonado con LSD y con un contenido de THC del 200% no es ya que no lo vaya a ver, es que ni existe en el universo cuántico paralelo en el que parecen vivir usted, la tal Beatriz Lledó, o ambos.

Otra cosa es que, efectivamente, el contenido en tetrahidrocannabinol de las distintas presentaciones del cannabis que se consumen hoy en día haya aumentado considerablemente en comparación con lo que circulaba años atrás. Ya lo dijimos antes: en 1992, el contenido medio era del 5%, y en 2005 del 11%. De hecho, en los análisis realizados por Energy Control se encontraron muestras de resina con un 36,9% de THC, y marihuana con un 22,1% (ambas procedentes del autocultivo). Ahora bien, junto a estos ejemplares, había otros con un 4,9% (marihuana) y con un 18,8% (hachís), aparte de las muestras comerciales con contenidos que iban del 5 al 21%.

Por lo demás, a la variación en las cantidades de THC hay que añadir la variabilidad en el contenido de otros cannabinoides y terpenos presentes en el cannabis, especialmente (por ser los más conocidos), del CBD y del CBN, sobre los que hay claros indicios de que pueden modular los efectos del THC. De tal manera que, por ejemplo, una muestra con altas concentraciones de THC y bajas de CBD sería mucho más psicoactiva que esa misma muestra con altas concentraciones de CBD.

Y esto, estimado señor Durán (y su aplicada reportera) es lo que explica la existencia de hachís y marihuana de potentes efectos que rayan con la psicodelia pura y dura y que muchos, en razón de ello (sobre todo si carecen de tolerancia al cannabis), denominan “marihuanas triposas”.

Las marihuanas triposas no son, pues, más que eso: marihuanas potentes, variedades y ejemplares con altos contenidos de THC (normalmente inferiores al 20%) y bajos de CBD (generalmente inferiores al 1-2%). Lo cual viene a ser precisamente lo contrario que lo que circulaba por el mercado hispano hasta hace apenas unos años: hachís marroquí con concentraciones bajas de THC y altas de CBD.

A su vez, este incremento en la psicoactividad, el rendimiento y la concentración de THC de las plantas vino dado por la mejora en los cuidados y en las técnicas de cultivo; así como por una concienzuda labor de ingeniería botánica llevada a cabo, principalmente, por los grandes bancos de semillas holandeses y norteamericanos. Los cuales, por lo demás, se limitan, básicamente, a realizar lo que desde siempre se ha venido haciendo en la botánica y en la jardinería: hibridar unas plantas con otras con la intención de obtener variedades con los atributos buscados y deseados (florecer antes, resistir mejor a las plagas, ser más frondosas, producir más lo que sea, etc., etc.). De este modo es como se han obtenido ejemplares de cannabis más potentes. Así, y estudiando y utilizando los abonos y substratos que aporten, de la manera más eficiente posible, los nutrientes que necesita la planta: potasio, manganeso, hierro, fósforo…

Lo de abonarlas con setas alucinógenas o con tripis, lo de inyectarlas LSD líquido o lo de injertarlas secantes en los tallos no son más que estupideces que cuentan los chavales en el parque y en los talleres sobre drogas que les dan en el cole. Alguno le dirá que lo ha probado y le funcionó –en Internet hay testimonios a patadas de personas que dicen colocarse con pasta de dientes, telarañas y coca-cola con aspirina…-, pero créame, las cosas no son tan sencillas como regar con paracetamol los tomates y luego tomártelos para quitarte el dolor de cabeza o, como dice alguno por ahí, con darle chocolate a las gallinas y obtener huevos de hash doble-cero o Kinder sorpresa en función del tipo de chocolate con las que hayan sido alimentadas.

En fin, dejemos la teoría y pasemos a la práctica… fumemos LSD y veamos qué pasa. Cojamos un secante, mezclémoslo con tabaco de liar y hagámonos un porrete lisérgico. Primero nos fumaremos medio blotter cortado en pedacitos. Acto seguido nos fumaremos el otro medio cortado en dos cuartos.

Dicho y hecho

Hmmm… la verdad es que no es como fumarse un cigarrillo normal. Se percibe un ligero pitido de oídos y un lejano bullir neuronal. La percepción se trastoca sutilmente, muy, muy, muy sutilmente, como si el tripi estuviese apunto de subir…. Y ahí se acaba la cosa. En definitiva, un ácido tirado a la basura. Cualquier canuto con un 5% de THC coloca infinitamente más que esto. Es decir, que aún en el más que improbable supuesto de que regando, abonando, espolvoreando, injertando o inyectando LSD a una planta de marihuana se lograse que dicha planta contuviese dietilamida del ácido lisérgico entre sus componentes, a la hora de fumarlo se echaría a perder en su práctica totalidad, hasta el punto de no aportar nada o apenas nada, en términos psicoactivos, a la experiencia en sí de fumar cannabis. Tanto que, puede concluirse que, a la hora de emplear la vía fumada, resulta más efectivo echarle marihuana al LSD (tripis marihuanosos) que LSD a la marihuana (marihuana triposa).

 

 

Trance al amanecer

El valor terapéutico de los rituales contemporáneos con drogas

Si hay un dogma, tanto dentro como fuera de la academia y la cultura psicodélicas, es que los psicodélicos son herramientas ancestrales cuyo uso se emplea solamente en el contexto de rituales altamente estructurados con fines espirituales y que nunca deberían ser utilizados sin una intención de trascendencia, espiritual o terapéutica y, por supuesto, nunca para fines recreativos o frívolos. Como suele ocurrir con los dogmas idealizados, cuando estos se contrastan con la realidad suelen ser, simplemente, falsos. Hay numerosos ejemplos en la literatura etnográfica y antropológica que nos muestran cómo el dogma de la sacralización es un mito.

por José Carlos Bouso, ICEERS

Por ejemplo, según el antropólogo Napoleón Chagnon, el pueblo Yanomamo, una tribu amazónica que vive en la frontera entre Brasil y Venezuela, exhibe un uso frecuentemente irresponsable del epená, un rapé alucinógeno que contiene triptaminas. Aunque la cosmovisión de los Yanomamo se basa en las visiones proporcionadas por el epená, esto no está en contradicción con otros usos para los cuales el epená es empleado por los hombres Yanomamo (y digo hombres porque el uso del epená está prohibido allí entre las mujeres). Muchos Yanomamo toman epená varias veces al día y los Yanomamo opinan que cuando uno está bajo la influencia del epená, ya no son responsables de sus acciones, excepto cuando es ingerido por un chamán con fines chamánicos. De hecho, muchos Yanomamo se aprovechan de esa falta de responsabilidad para cometer actos reprobables, como atacar a otro miembro de la tribu para vengarse de algún agravio pasado, o golpear a su esposa con la excusa de la sospecha de que le ha sido infiel.

Wade Davis, un autor menos controvertido y mejor aceptado por la comunidad psicodélica, cuenta en un pasaje de su libro El Río que cuando Richard Evan-Schultes le preguntó a un chamán Cofán (de la Amazonia colombiana) con cuánta frecuencia bebía yagé (ayahuasca), su respuesta sugirió que la pregunta no tenía sentido: en caso de enfermedad, cuando alguien muere, en tiempos de adversidad o dificultades, en momentos concretos de la vida como cuando un niño de seis años se corta el pelo o mata por primera vez y, naturalmente, siguió el chamán, un niño bebe yagé en la pubertad, cuando su nariz y sus orejas son perforadas y cuando consigue el derecho de usar las plumas de la cola de un guacamayo. Un joven puede beber en su casa para mejorar su técnica de caza o simplemente para mostrar su destreza física. El mensaje recibido por Schultes, dice Davis, fue que los Cofán bebían yagé cuando les venía en gana, al menos una vez a la semana y ciertamente en cada ocasión justificada. Hay otra anécdota muy divertida en el libro de Davis, cuando Schultes está visitando una aldea y como gesto de buena voluntad se le ofrece una potente bebida hecha por Brugmansias u otras solanáceas deliriogénicas, de manera similar a como aquí uno invitaría a un recién conocido a una cerveza. Gracias a su compañero, que le advierte a tiempo, Schultes probablemente evitó una excursión psíquica de varias horas o incluso días.

También sucede que ser un chamán en la Amazonia es una profesión muy arriesgada. La ayahuasca se usa allí para una serie de propósitos no benévolos tales como hacer la guerra, o para realizar brujería. Según el antropólogo español Josep Maria Fericgla, uno de cada cuatro chamanes de la cultura shuar muere de muerte violenta relacionada con sus prácticas chamánicas, generalmente ocasionada por otro colega chamán. Por lo tanto, la imagen que nosotros, los occidentales, tenemos respecto a cómo las sustancias psicodélicas son utilizadas por las culturas donde las drogas psicodélicas son sancionadas socialmente, está, al menos, no bien ajustada a la realidad.

Electrobeach Music Festival ville de Barcarès (Wikipedia)Electrobeach Music Festival ville de Barcarès (Wikipedia)

Para terminar con esta introducción, si alguien va a algún día a Bogotá recomiendo visitar el Museo del Oro, cuyo nombre más preciso debería ser el Museo del Chamanismo ya que cada pieza de arte que se muestra allí se refiere al uso de drogas y prácticas chamánicas. Allí se pueden ver diferentes objetos geométricos de oro que la gente local solía colgar del techo de las malokas para crear efectos sensoriales cuando la luz se reflejaba en ellos mientras realizaban sus rituales psicodélicos. Esos objetos tenían una función similar a las luces estroboscópicas en nuestras salas de baile. Es interesante notar que el Dr. Rupert Till, profesor de la Universidad de Huddersfield, en el Reino Unido, publicó en la Revista de la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular, en 2010, un artículo titulado: ‘Songs of the Stones: una investigación sobre la historia musical y la cultura de Stonehenge’ cuya tesis es que Stonehenge era un lugar para ejecutar y bailar música trance en festivales ritualísticos.

Cada cultura del planeta ha creado espacios rituales sociales para ejecutar música rítmica, generalmente utilizando tambores, danza y cantos y, en la mayoría de los casos, drogas psicoactivas. El objetivo principal de esos rituales era fortalecer los lazos de la comunidad, induciendo estados alterados de conciencia a través de estados de trance en los participantes. En la mayoría de las antiguas culturas humanas no había una separación entre la curación, la recreación, la expresión creativa y la espiritualidad, y la comunidad era el lugar donde todas esas expresiones humanas solían tener lugar. En este sentido, a lo largo de la historia humana, la curación ha ocurrido en el mundo social real, y cada cultura ha creado sus propios rituales para integrar en la comunidad a las personas que sufren. Los happenings de los años sesenta, las raves de los años noventa y los festivales de trance de hoy en día, como el Boom Festival en Portugal, el festival Ozora en Hungría y tantos otros, pueden ser vistos como expresiones de la necesidad humana de fortalecer los lazos sociales y experimentar el sentido de pertenencia a algo que es mayor que uno mismo, trascendiendo la soledad intrínseca de existir como individuo.

Émile Durkheim, uno de los fundadores de la Sociología como disciplina, describe la "efervescencia colectiva", que los occidentales contemporáneos llaman “ir de fiesta” como: una congregación de personas que se mueven en una experiencia compartida y dirigida, donde una corriente de excitación empieza a palpitar a través de ellos. Según Durkheim, la "efervescencia colectiva" es el fenómeno que crea las religiones y puede observarse en las postraciones de los devotos musulmanes, el canto de los monjes budistas o las "manos de alabanza" compartidas de los evangélicos cristianos. "En la sociedad secular, la efervescencia no se ha extinguido, simplemente ha transmutado", dice Drake Baer en su artículo: "La razón primordial por la que la gente necesita ir de fiesta". En este artículo, Baer cita la investigación del antropólogo griego Dimitris Xygalatas, de la Universidad de Connecticut, que encontró cómo la frecuencia cardíaca se sincroniza entre las personas que están participando juntos en un ritual de danza, lo cual no sucede con los observadores. Emma Cohen, antropóloga que estudia el movimiento colectivo en Oxford, afirma: "La sincronía y la coordinación aumentan el sentido de unión, incluso entre las personas que nunca se habían encontrado".

De hecho, estamos asistiendo a una difusión rapidísima de otras ceremonias, en última instancia más solemnes, donde las sustancias psicodélicas y psicoactivas se usan en rituales de grupo. La ayahuasca escapó de la cuenca amazónica para viajar por todo el mundo llegando a casi todos los rincones del planeta en menos de 100 años. Las ceremonias de ayahuasca se celebran en grupo. Tradicionalmente, la planta de khat ha sido masticada comunalmente, después del trabajo, en encuentros sociales, en espacios públicos o habitaciones dedicadas en casas privadas, igual que la gente se reúnen en el bar al salir del trabajo para tomar unos vinos. Es difícil, en las culturas humanas, encontrar un fármaco que se use en solitario en casa, aparte de los casos de dependencia de drogas. E incluso en estos casos, los adictos buscan a otros adictos con quienes compartir sus drogas, incluso si hablamos de drogas cuyos efectos están más orientados a promover el individualismo. A la gente le gusta tomar drogas con otros, en entornos sociales. Y la mayoría de los comportamientos adictivos relacionados con las drogas pueden explicarse por las políticas de drogas específicas relacionadas con esos fármacos, y menos por sus efectos farmacológicos. De hecho, parece que uno de los pocos lugares del mundo donde la gente usa drogas en solitario es en los laboratorios de los investigadores de drogas.

Burning Man Victorgrigas (Wikipedia)Burning Man Victorgrigas (Wikipedia)

En este sentido, la psicoterapia clásica también se lleva a cabo en espacios separados del mundo social donde dos extraños se reúnen para discutir los problemas de uno de ellos a cambio de dinero. La psicoterapia nació en un contexto médico, cuando el Dr. Sigmund Freud redujo la complejidad de las relaciones entre los sujetos y su mundo circundante a condiciones intrapsíquicas. Desde entonces, los pacientes quedaron constreñidos en su solipsismo donde la curación era la palabra expresada en el diván. Pero la salud mental no es un problema del cuerpo, sino del grupo y sucede en un contexto social. De esta manera, las psicoterapias de grupo fueron la evolución natural de tratar de devolver a los procesos de curación sus raíces sociales, desmedicalizando el sufrimiento humano.

Somos animales sociales. Según el biólogo Edward O. Wilson, los seres humanos somos una especie eusocial. Las especies eusociales evolucionan en una selección multinivel, es decir, operan al mismo tiempo a nivel individual y grupal, siendo tan importantes el parentesco como la selección grupal donde "un grupo puede unirse cuando la cooperación entre miembros no relacionados familiarmente resulta beneficiosa, por simple reciprocidad o por sinergismo mutuo". La eusociabilidad es anecdótica en las especies de vertebrados, y nosotros, los seres humanos, somos una de las pocas especies en exhibirla. La eusociabilidad es una condición hereditaria de nuestros antepasados homínidos. Y los rituales de trance quizás evolucionaron en la selección multinivel propuesta por Wilson, como él explica en su libro: The Social Conquest of Earth.

Algunos neurocientíficos postulan hoy en día que la danza puede ser la clave para entender la evolución de habilidades sociales complejas e incluso del lenguaje. Danza implica coreografía, y la coreografía puede ser entendida como una especie de sintaxis. En su libro: El canto de los neandertales. Los orígenes de la música, del lenguaje, de la mente y del cuerpo, Steven Mithen explora profundamente la evidencia de que los gestos utilizados por nuestros antepasados ​​homínidos para comunicarse condujeron a la formación del ritmo, que se convirtió en música y luego en lenguaje. La neurociencia ha demostrado que las áreas premotoras están implicadas en la coreografía del baile, las áreas que se localizan muy cerca de las áreas del lenguaje. Las áreas premotoras son donde las neuronas espejo parecen estar también localizadas, en el caso de que tales neuronas existan. Como ya he mencionado, la danza también parece ser un antiguo mecanismo de fortalecimiento de los lazos entre las personas. Con el lenguaje corporal, la gente envía mensajes. Las neuronas espejo podrían servir para permitir que la gente entienda y comparta esos mensajes. Es por eso que experimentar trance en el contexto social es un sentimiento compartido de que todos somos parte de uno, que todos pertenecemos a algo mayor que cualquiera de nosotros por separado, y así la ansiedad individual se disipa. La curación es desencadenada por el grupo que comparte un lenguaje antiguo que va más allá de las palabras, pero el mensaje es la aceptación. Cuando una antigua lengua compartida es "hablada", la integración, la expresión del arte y la redención nos conectan de nuevo y la curación personal y social se vuelve real. Así que tal vez el desarrollo de rituales de trance ofrecen la forma más directa y eficaz de curar los trastornos arraigados en el mundo social. Tal vez por eso los grupos que basan sus rituales en la combinación de cánticos, danza y drogas psicotrópicas nunca han desaparecido y son cada vez más prominentes en las sociedades modernas: desde las religiones ayahuasqueras hasta las raves tranceras.

Así, los seres humanos son capaces de crear en cada momento y lugar contextos donde los rituales extáticos tienen lugar, y los rituales contemporáneos son expresiones de ese impulso natural para reproducir la mencionada "efervescencia colectiva" a la que se refirió Durkheim. Ejemplos de estos fenómenos son los rituales contemporáneos de éxtasis/trance, cuya profundidad y significado son comparables a los rituales arcaicos que se celebraban para dar sentido a la identidad personal a través del grupo. De hecho, encontramos ejemplos de esto otra vez en la Amazonia. La institución para la que trabajo, la Fundación ICEERS, organizó el pasado octubre en Río Branco, Brasil, una conferencia a la que asistieron cientos de representantes indígenas de casi 20 grupos étnicos diferentes. Algunos de estos grupos étnicos no tienen un uso tradicional de ayahuasca, pero lo han incorporado en sus rituales recientemente tras la expansión contemporánea de la ayahuasca por todo el mundo. Parece que para algunos de estos grupos, la ayahuasca ha regresado de fuera de la Amazonia para incorporarse donde no estaba previamente instalada. Algunos de estos grupos conocieron la ayahuasca en las ceremonias de las llamadas “iglesias ayahuasqueras”, cerrando de alguna manera un círculo que comenzó hace 100 años cuando la ayahuasca salió de la selva precisamente con quienes crearon luego dichas religiones. ¿Son estos nuevos rituales menos puros o menos frívolos que los que han estado sucediendo durante los mismos años en los rituales paganos occidentales con drogas psicodélicas sintéticas? En mi opinión, este no es el caso. Son simplemente rituales extáticos que cumplen la función de "efervescencia colectiva".

Burning Man Victorgrigas (Wikipedia)Burning Man Victorgrigas (Wikipedia)

Por último, quiero mencionar el estudio de Winberg y Joseph, de la Universidad de Deakin, Australia, y publicado en la revista Psychology of Music, en el que estudiaron los beneficios potenciales de la concepción contemporánea de las "efervescencias colectivas", es decir, del ir de fiesta. El estudio utilizó datos reunidos en 2014 como parte de la 31ª encuesta del Índice de Bienestar de la Unidad Australiana para proporcionar información sobre la relación entre la participación musical y el Bienestar Subjetivo. Se entrevistó por teléfono a una muestra aleatoria estratificada de 1.000 participantes. Los hallazgos revelaron que la participación en la música al bailar o asistir a eventos musicales se asoció con un mayor bienestar subjetivo que para aquellos que no se involucraron con la música en estas formas. Los hallazgos también enfatizaron el importante rol de involucrarse con la música en la compañía de otros con respecto al bienestar subjetivo, destacando una característica interpersonal de la música. Por último, las personas que bailaron refirieron puntuaciones más altas en cuatro de los dominios del Índice de Bienestar Personal en comparación con los que no bailaban: la satisfacción con la salud, el logro en la vida, las relaciones y la conexión con la comunidad.

En definitiva, si queremos que las fiestas funcionen como espacios de experiencias transformadoras, deberían ser sancionados socialmente, favoreciendo lugares donde las personas puedan expresarse, bailar y disfrutar libremente, conocer la composición precisa de los materiales químicos que utilizan y crear espacios seguros de asistencias para las personas que pueden experimentar dificultades. Como siempre ha sido el caso en la historia humana.

 

 

Cannabis y Psicosis

Algunos breves apuntes sobre la relación del cannabis con la psicosis

Por Rafael Guimarães dos Santos

1. Introducción: Las sustancias psicoactivas y la psicosis

Existen varias teorías sobre la posible influencia de algunas sustancias psicoactivas en la causalidad de algunas formas de psicosis, sobretodo la esquizofrenia.

La LSD, en los años 1940-1960 y hasta los días de hoy, por ejemplo, fue una sustancia que, por su similitud química con el neurotransmisor serotonina – involucrado en las percepciones, emociones, sueño y humor, entre otras actividades – y también por los efectos que producía – cambios en la percepción, cognición, y emociones –, ha estado involucrada en el que se ha conocido como modelo psicotomimético, o sea, que imitaba la psicosis, de forma aguda.

Muchos investigadores de aquella época postulaban que los efectos producidos por la LSD era similares a la psicosis, y, incluso, muchos investigadores ingerían esta sustancia para intentar experimentar por si mismos lo que sería la psicosis. Incluso el prospecto de la LSD venía con instrucciones para que los investigadores fuesen los primeros en probar la sustancia.

Después, entre los años 1960-1970, y también hasta hoy, la DMT, presente en la ayahuasca, pero también en nuestro organismo y en otras formas naturales, fue otra sustancia candidata a posible causadora de psicosis. Además de producir efectos alucinógenos, como la LSD, fue encontrada en nuestro organismo y también su molécula se parece a la serotonina. En algunos estudios se ha encontrado en mayores concentraciones en pacientes esquizofrénicos, pero en otros estudios no, y el tema no se ha resuelto hasta hoy.

A día de hoy, el interés sigue en la LSD y en la DMT, pero también en la psilocibina, encontrada en los hongos alucinógenos, que produce efectos similares y tiene una molécula también parecida a la serotonina. Por otro lado, el enfoque actual se caracteriza por el modelo en que estas sustancias producen cambios en la consciencia que son similares a algunas manifestaciones agudas de las psicosis, y no son característicos de la forma crónica de esta enfermedad.

Por otro lado, entre los años 1950-1970, algunos investigadores han observado que, entre otras cosas, los efectos de los alucinógenos como la LSD, DMT y psilocibina producían efectos más visuales que auditivos, diferentes de la esquizofrenia, que tiene como característica, entre otros síntomas, las alucinaciones auditivas. Además, los investigadores han observado que la anfetamina podría también producir efectos similares a la psicosis, especialmente la paranoia. Ahí empezó el modelo de la dopamina, ya que la anfetamina actúa en el sistema de este neurotransmisor, involucrado, entre otras cosas, en los circuitos de recompensa y motivación.

Este modelo parecía explicar los síntomas como la paranoia (conocidos como síntomas positivos), pero no explicaba los síntomas como la apatía, problemas de atención, cognitivos y psicomotores (síntomas negativos), por ejemplo. Desde ahí, también en los años 1950-1960, pero también a día de hoy, sustancias como el PCP y la ketamina, que actúan en el sistema del neurotransmisor glutamato, pasarán a incorporarse en las teorías de las causas de la psicosis. Estas sustancias, además de producir alucinaciones, producen disociación y otras manifestaciones similares a los síntomas negativos y, a día de hoy, están siendo muy estudiadas como modelos de psicosis.

2. Cannabis y psicosis

2.1. Antecedentes

            Por otro lado, existen evidencias muy antiguas de que el uso de cannabis podría estar asociado a la producción de algunos efectos similares o que mimetiza algunos síntomas de la psicosis.

El la medicina de China, por ejemplo, hay relatos de casi 5 mil años de antigüedad de que el uso, en exceso, de cannabis, podría producir visiones y comunicaciones con espíritus.

Claro, uno siempre puede cuestionar que estos efectos son culturalmente determinados, y que hablar o ver espíritus no son, necesariamente, síntomas de psicosis o de cualquier otra psicopatología. Muy bien. Pero también hay que reconocer que en determinadas personas y en determinados contextos culturales, tener visiones, oír voces, y otros tipos de efectos que se podrían caracterizarse como alucinógenos, pueden caracterizar una enfermedad, como la psicosis.

            Ya en el siglo diecinueve, el psiquiatra francés Moreau de Tour ya había observado la similitud entre los efectos del cannabis y algunos síntomas de la psicosis. O sea, un siglo antes del modelo psicotomimético de la LSD ya se postulaba que el cannabis podría estar relacionado con la psicosis.

2.2. Efectos agudos

            Tanto los relatos de consumidores, como en los estudios controlados, existen evidencias y pruebas de que el cannabis puede producir efectos agudos, o sea, que duran minutos u horas, que podrían ser caracterizados como similares a algunos aspectos de la psicosis.

            Paranoia, ilusiones, alucinaciones, delirios, confusión mental y otros efectos pueden ser experimentados por consumidores de cannabis, especialmente si son usuarios novatos o si se utilizan dosis altas y, además, si tienen alguna predisposición. Además, estos efectos pueden ser producidos en condiciones de laboratorio, con cannabis o con THC puro, el principal principio activo del cannabis. También pueden producirse tras el consumo algunos derivados de cannabis que son utilizados de manera medicinal (Sativex, Marinol, nabilona, por ejemplo). En el prospecto de estas sustancias, y también en los ensayos clínicos con ellas, la ocurrencia de síntomas psicóticos es relatada como una posibilidad real.

            Hay que dejar claro que estos efectos agudos son temporales y que, aunque sean similares a algunos síntomas de psicosis, no son psicosis en si mismos. Por otro lado, hay que dejar claro también que existen casos de personas que, o por ser consumidores novatos, o por consumir dosis muy altas de cannabis, o por poseer alguna predisposición, pueden experimentar estos síntomas por largos períodos de tiempo (semanas, por ejemplo) y llegar a necesitar tratamiento psiquiátrico y/o psicológico. En estos casos, un diagnóstico de brote psicótico producido o desencadenado por cannabis podría ser una explicación bastante razonable.

            Otro aspecto que hay que tener en cuenta es que el uso de derivados del cannabis por esquizofrénicos es algo bastante común, pero que puede exacerbar algunos de sus síntomas. Existen evidencias de laboratorio donde se fue administrado THC puro para pacientes esquizofrénicos y estos tuvieron sus síntomas exacerbados, aunque ha sido de manera temporal. Además, es interesante destacar que muchos pacientes esquizofrénicos consumen cannabis. Una posibilidad es que, aunque el consumo pueda aumentar algunos síntomas y empeorar el tratamiento, el uso de cannabis podría mejorar otros síntomas. Existen evidencias clínicas y de laboratorio, por ejemplo, de que algunos derivados del cannabis (CBD y mismo el THC) pueden servir como tratamiento para síntomas de la psicosis. Por otro lado, muchos estudios aún deben ser realizados antes de que estas sustancias sean aprobadas para uso terapéutico en pacientes esquizofrénicos.

 

2.3. Efectos a largo plazo

            Considerando efectos a largo plazo, o sea, si el consumo de cannabis puede realmente causar psicosis/esquizofrenia, la verdad es que hasta hoy la evidencia es muy controvertida, aunque apunte en la dirección de que el cannabis realmente podrís causar psicosis.

Aunque sea un hecho de que algunas personas sufren síntomas de psicosis mientras están bajo los efectos agudos del cannabis y que, también, algunos pocos individuos pueden experimentar estos síntomas por periodos largos de tiempo, mismo sin estar bajo los efectos de la sustancia, lo que caracterizaría un brote psicótico causado o desencadenado por cannabis, siempre se podrá explicar estos casos como alguien que tenía una predisposición a la psicosis, o que ha consumido una dosis muy alta, o que no tenía experiencia, o que vendría a tener un brote psicótico por cualquier otra razón/ componente ambiental (el estrés, por ejemplo), etc. Pero la cuestión de si el cannabis, por si mismo, en una persona sana, sin antecedentes familiares o personales de psicosis, podría causar una psicosis/esquizofrenia, aún es tema de debate científico.

            Algunas de las principales evidencias que apuntan en la dirección de que el cannabis puede causar psicosis vienen de estudios epidemiológicos. Según algunos de estos estudios, individuos que han consumido cannabis tienen más probabilidad de ser diagnosticados con esquizofrenia que los no consumidores de cannabis en los años posteriores. Después de controlar para posibles efectos de otras variables, que podrían haber influenciado el resultado, pues también podrían ser causas posibles de psicosis, el efecto disminuye, pero puede existir.

Además, parece existir un efecto de la cantidad de cannabis consumida (dosis-dependiente) y de la edad, o sea, consumir cannabis en la adolescencia y consumir mayores cantidades parece aumentar las probabilidades de ser diagnosticado con psicosis/esquizofrenia en los años posteriores.

También existen datos provenientes de revisiones recientes que apuntan la evidencia de que el uso de cannabis hace que el desarrollo de psicosis/esquizofrenia se produzca en una edad más temprana que en la población no consumidora.

            Una importante y reciente revisión de los principales estudios que han investigado el tema de la psicosis/esquizofrenia y el consumo de cannabis relata que existe un riesgo aumentado de un 40% o que personas que consuman cannabis sean diagnosticadas con psicosis en los años posteriores.

Por otro lado, según algunos investigadores, este riesgo apenas sería moderado, y aún hay evidencias de que, aunque el uso de cannabis viene expandiéndose en las últimas décadas en casi todo el Occidente, el porcentaje de casos de esquizofrenia no ha sufrido un aumento tan intenso, o mismo se ha estabilizado.

3. Conclusiones      

El cannabis y sus derivados pueden producir efectos similares a los síntomas de la psicosis/esquizofrenia de manera pasajera y temporal, incluido paranoia, alucinaciones, ilusiones y delirios. Además, pacientes esquizofrénicos o que tienen una tendencia-predisposición a la psicosis experimentan efectos psicóticos más intensos y de mayor durabilidad que personas que no tienen estas características. Los pacientes psicóticos también parecen presentar mayores tasas de recaídas tras el consumo de cannabis.

A la larga, cada vez hay más evidencias de que el consumo de cannabis, por si mismo, podría causar psicosis/esquizofrenia. Por otro lado, la causalidad aún es un tema de debate, porque aunque la relación entre cannabis y psicosis cumpla algunos de los requisitos de causalidad, no cumple todos, ya que la mayoría de las personas que consumen cannabis en todo el mundo no desarrollan psicosis/esquizofrenia, y la mayoría de los pacientes esquizofrénicos nunca han utilizado cannabis.

En conclusión, la exposición al cannabis no parece ser una causa ni necesaria ni suficiente de la psicosis/esquizofrenia. Muy probablemente, la exposición al cannabis es un factor componente, entre otros (genéticos, ambientales o desconocidos), que, juntos, causan la psicosis/esquizofrenia.

4. Referencias

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Uso terapéutico de plantas mágicas (III)

Seguimos con esta compilación de información sobre la otra cara de las plantas psicoactivas, que además de afectar la mente o espíritu humano modificando su conciencia, también tienen sus efectos curativos muchas veces a dosis sub psicodélicas. Su empleo medicinal está extendido por toda la tierra, salvo los polos y desiertos pedregosos donde no crece ni la hierba.

Por LOA

Mandragora autumnalis: Mandrágora

Apenas hallaríamos otro remedio rodeado de tantos y tan misteriosos encantamientos y supersticiones, y tan interesante para la historia de la cultura, como la raíz de mandrágora. Planta de la familia de las Solanáceas, crece silvestre en la Baja Andalucía, desde Jaén y Málaga hasta el Algarbe portugués y la cuenca inferior del Tajo, sobre terrenos bajos, húmedos o inundados (Font 2000).

En Chipre la mandrágora es conocida desde tiempos remotos y usada como remedio contra la infertilidad femenina, para ayudar a las mujeres a quedar embarazadas (Rätsch 1995; Paskulin 2010).

Según el doctor Leclerc, la tintura alcohólica de raíz de mandrágora actúa como sedante y espasmolítico, incluso cuando el beleño y la belladona se muestran ineficaces (Font 2000).

Un doctor esloveno afirma haber probado el ungüento de mandrágora, sintiendo “una especie de protección energética, como un campo energético alrededor de la piel que protege y aporta una fuerza física, como una potencia interior”. Podría a veces eliminar miedos y pensamientos negativos, “como una limpieza energética de los problemas” (Paskulin 2010). Se ha usado como anestésico y como somnífero, así la he probado con gran éxito aunque al precio de una gran sequedad de boca como efecto secundario.

La raíz seca de mandrágora se macera en vino blanco –unos 25 gramos en una botella de vino de 700 ml- durante al menos una semana y sin filtrar los trozos de raíz. Se bebe un vasito de licor (de 40 a 60 ml), mas cantidad podría provocar alucinaciones (Rätsch 2005). La raíz seca de mandrágora puede comprarse por Internet. Precaución amigo ciber psiconáuta.

Mitragyna speciosa: Kratom

Las hojas de este arbusto del sureste de Asia son usadas por la medicina tailandesa contra la diarrea. Los chóferes de Bangkok mascan hojas de kratom como tónico analgésico y supresor del apetito. La medicina popular malaya se sirve de las hojas de kratom para eliminar las lombrices intestinales.

Excelente como ayuda para conciliar el sueño, el kratom es analgésico, anestésico tópico y potente relajante muscular. Algunos nativos han sustituido la bebida por la infusión de kratom, con gran beneficio para su salud.

Las hojas de este arbusto son ricas en varios alcaloides benéficos, como la inmuno estimulante y antioxidante (retrasa el envejecimiento prematuro), epicatequina, también presente en el cacao puro.

La hoja de kratom se masca mientras se trabaja, para suprimir el apetito, mejorar el sueño nocturno, aliviar dolores, como afrodisíaco, para reducir la ansiedad, prevenir enfermedades, incluso como ayuda para la meditación. Pensamos que el kratom tiene un gran potencial como antidepresivo y planta del buen humor. No hemos sentido ningún tipo de adicción física, que parece ser un falso alarmismo de los “drogabusólogos” para justificar su prohibición (ya presente en Malasia, Tailandia, Australia y algunos países europeos aunque No en España).

Papaver somniferum: Opio

El opio es el jugo seco de adormidera o amapola de opio (Papaver somniferum o Papaver officinale). Descrita ya por los sumerios como “la planta de la felicidad” hace cuatro o cinco mil años, el opio se cultiva desde el Neolítico en toda la cuenca mediterránea desde Andalucía hasta Chipre. En 1998 arqueólogos catalanes encontraron restos de opio en un diente de las excavaciones neolíticas de Gavà, Barcelona (Guerra Doce 2006). Hasta el siglo XIX en casi toda la Península se cultivaba adormidera, y la vendían drogueros, boticarios, herbolarios y hasta perfumistas (Usó 1996), como hoy venden en los mercados marroquíes harshasha, cabezas secas de adormidera que fuman para inducir el sueño. En 1869 entre 50 y 62.000 kilos de cabezas de adormidera fueron cosechados en España y hasta bien entrado el siglo XX la automedicación con opiáceos fue una práctica bastante extendida. Entre finales del XIX y principios de siglo XX el opio (y sus derivados) fue la droga más consumida en España. Las distintas preparaciones opiáceas fueron el equivalente de la aspirina, desde el siglo XVII hasta alrededor de 1930. Opio contra el dolor, la diarrea, la tos y por supuesto el insomnio.

En 1670 el médico inglés Thomas Sydenham inventó el láudano, una tintura de opio, azafrán, canela y clavos de olor, todo ello macerado en vino blanco. Hasta el siglo XX el láudano fue uno de los remedios más efectivos y extendidos y también se bebía por sus efectos embriagantes. Según la normativa española de farmacia, hasta 1977 el láudano era una medicina de las de existencias mínimas obligatorias en todas las boticas. En 1925 costaba 30 céntimos (Usó 1996).

La codeína (= metil-morfina), aislada del opio en 1832, se tomaba y se toma para la tos, afecciones pectorales, diarrea, dolores menstruales, etc. Hoy como en 1932 aún se sigue vendiendo, con o sin receta, CODEISAN, pastillas para la tos a base de 30 mg de codeína clorhidrato. Su consumo diario moderado –y en tratamientos cortos, inferiores a dos meses- regula el sistema corporal, disminuyendo la mucosidad excesiva y las flemas, eliminando la tos, la diarrea, los dolores musculares y artríticos, y actuando como anti-depresivo fomenta la ensoñación y la fantasía. El yonqui que quiere pasar del caballo callejero compra pastis de codeína en las farmacias (sin que le pidan receta en algunas ciudades como Alicante, por ejemplo).

Aunque se necesita más investigación, sin duda el opio con sus 39 alcaloides es la sustancia más parecida al sistema cerebral de más de seis endorfinas (morfinas internas), y ambas sustancias serían inmuno-estimulantes (Hogshire 1994).

“Al contrario de lo que sucede con otras drogas de paz, que actúan reduciendo o aniquilando el sentido crítico, la ebriedad del opio y sus derivados deja básicamente inalteradas las facultades de raciocinio, al menos en dosis leves y medias. Se diría que no apacigua proporcionando alguna forma de embrutecimiento, sino por la vía de amortiguar reflejos emocionales primarios en beneficio de una ensoñación ante todo intelectual. De ahí, también, que puedan irritar más de lo común intromisiones, ruidos y actitudes de otros, cuando bajo los efectos de alcohol o somníferos, por ejemplo, ese tipo de estímulo se pasa por alto, e incluso se agradece. Sin embargo, es rarísimo que la irritación desemboque en conducta agresiva (su elemento es más bien la ironía, o el deseo de aislarse), al revés de lo que acontece con otras drogas de paz, pues además de faltar el nivel habitual de impulsividad falta disposición a moverse, chillar, etc.” (Escohotado 1995).

Aun en 1915 un artículo del periódico de la asociación médica americana decía: “Si toda la materia médica disponible se limitase a una sola droga, estoy seguro de que muchos de nosotros, si no la mayoría, elegiríamos el opio”. ¿Quién compraría las sucias drogas de farmacia si pudieran comprar opio? ¿mercado libre? .

Pausinystalia yohimba: Yohimbe

Este árbol africano es el único afrodisíaco reconocido por la ciencia occidental. En 1984 se publicó un estudio científico en el que se demostró estimulación sexual en animales (Science 1984) y en humanos. Las ratas macho drogadas con yohimbina copularon el doble que las no drogadas. La yohimbina es efectiva en un 62% de los casos (The Lancet 1987). En Francia las pastillas de yohimbina se llamaban “Yohimbine Houdée” y se vendían en las farmacias para aliviar las disfunciones eréctiles y la impotencia. En las farmacias británicas aun se venden las Prowess Plain tablets, pastillas “proeza evidente” con 5 mg de yohimbina y cien pastillas por bote…sangre en vena y a toda erección tanto del pene como del clítoris. Su prospecto dice: “La yohimbina es ampliamente reconocida como un seguro y efectivo afrodisíaco con un largo período de uso establecido”. Como tratamiento contra la ausencia de deseo erótico y fallos eréctiles, el prospecto recomienda una o dos tabletas tres veces al día después de las comidas. Los resultados de los ensayos clínicos tipo doble-ciego, hechos en el hospital de Kingston (Ontario, Canadá), demostraron potenciación sexual en un 62% de los casos. Similares resultados mostraron los estudios británicos en varios centros, supervisados por el St. George´s Hospital, de Londres. Por ello se concluyó que la yohimbina debe ser considerada entre los primeros tratamientos de elección para la impotencia psicogénica. Estos estudios se publicaron en Sexual and Marital Therapy (volumen 4, nº 1, 1989). Además de facilitar, aumentar y favorecer la plena erección, tanto del pene como del clítoris, y producir erecciones espontáneas, amplifica el orgasmo y puede producir orgasmos múltiples, y un aumento del deseo erótico en mujeres y hombres. Por supuesto la yohimbina también se usa en veterinaria, para adelantar el celo de los animales hembra.

Además de su uso como afrodisíaco, un amigo nos contó que su médico le había recomendado una infusión con una cucharadita de corteza de yohimbe, tres veces al día, para regular su tensión arterial, que a veces la tenía muy baja y otras demasiado alta.

En homeopatía se usa yohimbe para estimular la producción de leche de las parturientas (Rätsch 2005).

Peganum harmala: Harmel

Por todas partes es muy usada en medicina popular desde Marruecos hasta China. En la India y Pakistán las semillas de harmala se usan por sus propiedades vermífugas, es decir para matar las lombrices intestinales. En Marruecos además se usan como antirreumático y antidiarreico (Ott 2000), esto último suponemos será con cantidades muy pequeñas de semillas, ya que con sólo 5 gramos suelen producir diarrea. Las semillas de hármel se usan entre los beduinos y otros pueblos musulmanes como planta emenagoga: para aliviar los dolores y molestias de la menstruación y la falta de regla. Como abortivo sólo la usan en las primeras semanas del embarazo, porque más tarde podría resultar peligroso abortar al producirse desgarros y hemorragias que, según el caso, podrían llegar a ser mortales, además puede provocar esterilidad (Rätsch 2001). Las propiedades sedantes, emenagogas y abortivas de la harmala han sido confirmadas en animales de experimentación (Ott 2000). En la medicina popular hindú éstas semillas se usan para aliviar el asma. Un té de semillas dicen que alivia el dolor de estómago y los problemas cardíacos y de ciática. En la universidad de Kansas han demostrado que la harmina actúa como un antibiótico, o sea que mata los microbios, por eso no extraña que en Rajastán (India) usen el humo de estas semillas ardiendo como antiséptico para desinfectar heridas (Rätsch 2001).

Las semillas pulverizadas y hervidas en aceite de oliva se usan como aceite de masaje para fortalecer el cabello y combatir su caída (Rivera y Obón 1991).

Un conocido médico y escritor nos relató la siguiente anécdota: viviendo en el pirineo un día le visitó un amigo muy entristecido, al parecer se había muerto su padre, entonces le ofreció una infusión de semillas de Peganum harmala y a la media hora estaba cantando y riendo como si nada hubiera pasado (Mediano 1980). Sin duda estas semillas son un antidepresivo mucho menos tóxico y peligroso -además estimulan la fantasía- que las drogas de farmacia que inhiben la M.A.O. (MonoAminoOxidasa) de forma irreversible (Ott 2006).

El clorhidrato de harmina se ha empleado en casos de encefalitis letárgica (Font 2000).

Puede hacerse un inofensivo té medicinal con 2 a 3 gramos de semillas molidas, se hace una infusión con dos vasitos pequeños de agua (de chupito) y uno de zumo de limón. Se lleva a ebullición revolviendo, al romper a hervir se apaga el fuego, se filtra y se echa el líquido en un vaso. Con el resto vegetal del colador se vuelve a repetir el proceso otra vez y al final se juntan los dos líquidos filtrados y se beben.

La harmina y la harmalina se encuentran en las semillas de Peganum harmala y en los tallos de Banisteriopsis caapi (yajé o ayahuasca). La harmina fue un tratamiento para la enfermedad de Parkinson, hacía disminuir la exagerada excitabilidad del sistema parasimpático, colocando a los pacientes en un estado de euforia que les hacía aceptar mejor su enfermedad (Rätsch 2005).

BIBLIOGRAFIA.

Berger, Markus. 2003. Cactus Enteógenos. Cáñamo. Barcelona.

Escohotado, Antonio. 1995. Aprendiendo de las drogas. Anagrama, Barcelona

Etzel, R. 1996. Special extract of Boswellia serrata in the treatment of rheumatoid arthritis. Phytomedicine 3 (1): 91-94.

Font Quer, Pío. 2000. Plantas Medicinales. El Dioscórides renovado. Ediciones Península. Barcelona.

Guerra Doce, Elisa. 2006. Las drogas en la prehistoria. Bellaterra. Barcelona.

Gottlieb, Adam. 1977. Peyote and other psychoactive cacti. U.S.A.

Hogshire, J. 1994. Opium for the masses. A practical guide to growing poppies and making opium. Loompanics, USA. Esta editorial cerró.

Malpica, Karina. Peyote ¿Medicina tradicional o droga lúdica? Cáñamo nº 156 diciembre 2010 páginas 48 a 50.

Mediano, Lorenzo. 1985. Comunicación personal del autor de "El secreto de la Diosa".

Ott, J. 1998. Pharmacophilia o los paraísos naturales. Phantastica. Barcelona. Página 113.

Ott, J. 2000. Pharmacotheon, 2ª edición, Los libros de la liebre de marzo. Barcelona.

Ott, J. 2006. Análogos de la Ayahuasca. Ediciones Amargord. Madrid. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Paskulin, Roman 2010. Aspectos terapéuticos de la mandrágora y la iboga. Revista Cáñamo nº 156 diciembre. Barcelona. Páginas 118 a 120.

Lancet, The. Nº 22 agosto de 1987.

Rätsch, C. 2001. Peganum Harmala, la ruda de Siria, páginas 182 a 184 del Especial 2001 de la revista Cáñamo: 50 Sustancias psicoactivas. Barcelona.

Rätsch, C. 1995. Las Plantas de Venus. Cáñamo ediciones. Barcelona.

Usó, Juan Carlos. 1996. Drogas y cultura de masas ( España 1855-1995 ). Taurus, Madrid.

 

Jeringuillas en los cines

Se dice, se cuenta, se comenta que, años atrás, había desaprensivos y vengativos yonkis que se dedicaban a dejar jeringuillas en las butacas de los cines con la pérfida intención de transmitir el VIH a inocentes y honrados ciudadanos como usted o como yo mismo. ¿Será verdad? ¿Será mentira? ¿Qué será... será? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

Esta es una vieja historia que escuché por primera vez en los primerísimos años 90 –o puede ser, incluso, que casi al finalizar la década de los 80-. Alguien, no recuerdo quien, me comentó que había peña que dejaba chutas en los asientos de los cines para que los cinéfilos se pincharan inadvertidamente y, con ello, contrajeran el SIDA.

Por aquellos años, lo cierto es que, quien esto escribe, andaba metido de lleno en el mundillo del yonkarreo y tenía contacto habitual con toda una legión de yonkis prototípicos. Muchos de ellos estaban infectados por el temido virus, pero les puedo asegurar que ninguno de ellos perdía el tiempo acudiendo a salas comerciales a ver películas de ningún tipo. Es más, a lo largo de esa época yo mismo fui al cine en una única ocasión, acompañado de mi pareja, los dos previamente enjamonados hasta las trancas. La peli en cuestión era El Cuervo (1994), y ni ella ni yo recordamos absolutamente nada de la trama porque a los 5 minutos nos quedamos dormidos, de modo que no volvimos a repetir la experiencia y hubieron de pasar unos cuantos años hasta que, habiéndome bajado del burro y cambiado de novia, volviese, de nuevo, a entrar en una sala cinematográfica.

Con esto no quiero decir que los adictos a la heroína no vean películas. Claro que las ven, únicamente que, los que yo conocía por aquella época las visionaban en sus casas (los que tenían) o en los Centros de Emergencia Sociosanitaria donde acudían a desayunar, comer y cenar por la patilla y, fundamentalmente, a intercambiar sus jeringas usadas por otras nuevas. En estos sitios, por lo demás, había una salita con una televisión y unas cuantas sillas donde los parroquianos podían deleitarse viendo cosas como El Guardaespaldas o “Pasapalabra”, también por la patilla. De nuevo, la mitad de la concurrencia se quedaba noqueada con ellas, aunque también es cierto que buena parte las disfrutaba efusivamente e, incluso, había alguno que, a la luz de las invariablemente certeras respuestas que profería en voz alta a las preguntas que se planteaban en el celebre concurso televisivo, bien podría haberse presentado al mismo y haberse hecho millonario en menos que canta un gallo.

La cuestión, en cualquier caso, es que, por lo menos a estos yonkis, les salía mucho más rentable acudir a los dispositivos de reducción de daños que ir al cine a dejar chutas abandonadas para putear a la peña. A fin de cuentas, en dichos dispositivos, como ya hemos apuntado anteriormente, entraban por la cara, comían por la cara, veían películas por la cara, recibían jeringuillas nuevas a cambio de las viejas y, además, podían quedarse apalancados (descansando, charloteando o matando el tiempo) durante horas y horas. En el cine, por el contrario, debían pagar la entrada (tan costosa como una micra de heroína por aquellos días), las palomitas o el bocata (más caros, incluso, que un fardo del mejor jako afgano), dejar sus chutas usadas sin que nadie les diese nada a cambio, y encima, no sólo no podían hacer sus comentarios a voz en grito sobre lo macizorra que estaba la prota o lo tonto que era el bueno de la peli sino que, además, quisieran o no quisieran, impepinablemente eran despachados a la calle después de la hora y media que suele durar una película al uso. En resumen: que eso del cine no les merecía para nada, más bien todo eran desventajas, y por eso prescindían de frecuentarlo.

Por otra parte, se da el caso de que, una vez transcurridos los primeros y esparramosos años 80 –y, sobre todo, una vez que la sociedad al completo, incluidos los heroinómanos, fue siendo consciente de los peligros del VIH y de sus formas de transmisión- el colectivo yonki terminó por mostrarse –de forma absolutamente mayoritaria- extremadamente respetuosa y pulcra a la hora de deshacerse de su instrumental de consumo. Tanto es así que, a no ser que fuera en las propias zonas de trapicheo situadas en los descampados de las periferias de las ciudades (en los cuales siguieron y siguen tirando sus chutas usadas sin miramiento alguno, pues, aparte de ellos nadie más va por ahí), lo habitual es que se muestren perfectamente recatados y atentos para no tirar ni abandonar nada que pueda dañar a nadie, y que, incluso, amonesten y reprendan vehementemente a quien ose comportarse de otro modo.

No obstante, también nos consta que, tanto antes como probablemente ahora, las jeringuillas han sido utilizadas por los yonkis como arma a la hora de cometer sus atracos. De hecho, a finales de los 80, enfrente del que era mi colegio hubo un yoni que intentó atracar a un viandante intimidándole con una chuta que creo que llegó a clavarle, con la mala fortuna de que el transeúnte en cuestión era un experto en artes marciales y le dio tal somanta de hostias que casi lo mata; hasta el punto que tuvo que acudir una ambulancia para llevárselo inmediatamente a la UVI. El asunto salió incluso en el periódico, aunque no se mencionaba si la jeringuilla en cuestión contenía el virus del SIDA ni si la desafortunada victima había quedado infectada.

De igual manera que, a título personal, podemos atestiguar que hay otras formas, aparte de los atracos, mediante las cuales los heroinómanos han tratado –y seguramente logrado- transmitir el virus a otras personas. A modo de ejemplo ilustrativo les contaremos que, una vez, intentando conseguir una jeringuilla en un poblado, un parroquiano me dijo: «yo tengo una, te la vendo, está usada, pero tranqui, que, aunque tenga el SIDA, te juro por mis hijos que el médico me ha dicho que no puedo contagiarlo». A lo que, lógicamente, no tuve más remedio que contestarle: «gracias, majete, pero no; y dile de mi parte a tu médico que, si algún día necesita una transfusión de sangre, no dude en pedírtela».

Es decir, que no negamos en modo alguno que haya habido, hay y habrá usuarios de drogas por vía endovenosa que han intentado transmitir –y transmitido- el VIH de forma premeditada e intencionada a otras personas que no eran seropositivas. Sin embargo, en estos casos, la voluntad y la finalidad del acto de intimidar a alguien con una jeringuilla, de pincharle en medio de la trifulca de un atraco o de dársela para que esa otra persona se inyecte a sí misma poco tiene que ver con la maléfica intención de dañar al prójimo gratuitamente, sin otra motivación que la de “sentenciar a muerte” a desconocidos e inocentes ciudadanos, de martirizarlos, de “vengarse de la sociedad”, o de contribuir a la extensión del virus entre la población por el simple y perverso gusto de hacerlo. No, los casos a los que hemos aludido, por muy deplorables y mezquinos que sean, se rigen, primordialmente, por el objetivo de obtener un beneficio económico –el necesario para poder cubrir su acuciante necesidad de heroína-. En otras palabras, el daño que traen consigo –sin dejar de ser gravísimo e inadmisible- vendría a ser el ignominioso efecto colateral que traerían aparejadas las igualmente ignominiosas y viles prácticas que algunos drogodependientes han llevado y llevan a cabo para conseguir su suministro de droga; lo cual es muy diferente a abandonar una jeringuilla infectada en una butaca con la única intención de joderle la vida al primero que tenga la mala suerte de sentarse en ella.

Sea como fuere, somos conscientes de que nuestra experiencia personal no es más que eso, nuestra experiencia, y que lo que les hemos contado hasta ahora no son más que meras “batallitas del abuelo” que en nada esclarecen la verosimilitud o la falsedad del asunto de las agujas, el cine y el VIH.

Aun así, no se apuren, puesto que, una vez llegada la era de Internet, resulta que aquel comentario que alguien nos hiciera sobre este asunto hará ya un par de décadas, pasó a convertirse en un mail en cadena que circuló durante años por todas partes y en todos los idiomas, incluido el castellano.

De tal forma que, el hecho de que esta historia haya pasado a circular masivamente por el ciberespacio, nos concede la posibilidad de contrastar nuestra experiencia y opinión personal con la de millones de personas en todo el planeta, especialmente con las de aquellas que se dedican “profesional” y concienzudamente a desmontar bulos, mitos y hoax, como por ejemplo: Snopes.com y Allabout.com. Y resulta que, como no podía ser de otra manera, basta con consultar las mencionadas Webs para confirmar que el asunto de las jeringas en los cines no es más que un bulo.

Al parecer, tras años de seguir y estudiar de cerca el asunto, éstas vendrían a ser las únicas evidencias claras que tales reputados cazadores de mitos han podido encontrar al respecto:

  • El caso de un hombre de Louisiana y el de una mujer en Georgia que se pincharon con una aguja al sentarse en las butacas de unas salas de cine de aquellas ciudades (en 1996 y en 2001 respectivamente). Los entendidos en la materia aducen que no había ningún indicio en razón del cual pudiera determinarse que dichas jeringuillas hubiesen sido depositadas ahí premeditadamente con la voluntad de infectar o asustar a nadie (no había notas de «bienvenido al mundo del SIDA» ni nada por el estilo) y, de hecho, tampoco hubo evidencia de que ninguna de las dos personas hubiese quedado infectada. Lo más probable, por tanto, es que la presencia de las agujas y los pinchazos no fuesen más que hechos fortuitos, como pasa cuando alguien pierde –o se encuentra- un móvil, una cartera o unas llaves en el asiento del cine (pues, huelga decirlo, a pesar de nuestros comentarios iniciales –verídicos pero parciales-, no se nos escapa que muchos inyectores van al cine, al teatro, al fútbol y a cualquier otra parte donde puedan ir el resto de los mortales). De hecho, hace unos años, yo mismo me encontré una chuta, limpia y sin usar, entre los cojines de un chill-out de Lavapies, y no lo interpreté más que como eso: una casualidad… «se le habrá caído a alguien, a una distraída enfermera, probablemente», pensé, «igual que a otros se les caen las gafas o las lentillas».
  • El caso de un preso que pinchó e infectó intencionadamente a un funcionario de prisiones en Australia; y el de una mujer que fue asaltada en una gasolinera de Maryland y pinchada con una jeringa mientras el asaltante (posteriormente detenido y encarcelado) le decía «bienvenida a la realidad: tienes el SIDA» (no obstante, la victima continuó siendo seronegativa).
  • Numerosos casos, acaecidos en los más dispares lugares desde finales de los años 90, en los que aparecieron agujas en los bancos de los parques, en los cajetines de las cabinas telefónicas y en sitios similares; así como incidentes en los que uno o varios chavales se dedicaron a pinchar a otros con jeringuillas. En ninguna de las ocasiones las agujas estaban contaminadas ni hubo nadie que contrajera virus ni enfermedad alguna. De tal manera que, dichos sucesos (que, por lo demás, solían coincidir temporalmente con la mención a este tema en la prensa o con los momentos de mayor apogeo en la difusión de los correos en cadena) no vendría a ser más que una nueva versión –aunque más retorcida y desagradable- de esa vieja broma pesada que acostumbraba a hacerse hace décadas con esos timbres que se vendían en las tiendas de petardos y artículos de broma (tal vez aún los comercialicen, no lo sé…). Eran redondos y de color negro, en el centro tenían un círculo blanco con un minúsculo y casi imperceptible agujerito en el medio. Dentro venía incrustada una pequeña aguja que, al apretar el inmaculado redondel que hacía las veces de timbre, se te clavaba lastimosamente en el dedo. ¡No veas tú que gracia!

Todo lo demás, cuentos chinos. No lo duden.

Referencias:

SNOPES: Pin Prick Attacks.

Disponible en: http://www.snopes.com/horrors/madmen/pinprick.asp

 

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