Psiconáutica y Psiconautas (VI)

Alicia en el país de las maravillas

Por Xosé F. Barge

Alicia empezó a sentirse medio dormida y siguió diciéndose como en sueños: «¿Comen murciélagos los gatos? ¿Comen murciélagos los gatos?» Y a veces: «¿Comen gatos los murciélagos?» Porque, como no sabía contestar a ninguna de las dos preguntas, no importaba mucho cual de las dos se formulara.”

Alicia en el país de las maravillas

Antes de retomar lo que comenzamos en el número anterior de El Cultivador recordemos dónde nos hallamos. Atrás ha quedado el origen etimológico y conceptual de la Psiconáutica, su desarrollo científico y sus orígenes históricos, culturales e intelectuales. En los artículos anteriores al que ahora tenéis entre vuestras manos, afrontábamos la placentera tarea de dedicar un exclusivo apartado a aquellos célebres Psiconautas que no cayeron en el saco del articulista aquí firmante*.

Son innumerables los individuos que prefirieron recorrer el camino de la excelencia al margen de grupos o movimientos. Muchos los sujetos que destacaron en el ámbito cultural, que estuvieron directamente relacionados con la Psiconáutica y que, sin embargo, no formaron parte de la Generación Beat, los Hippies y los alocados 60 o el Club des Hashischins*.

He advertido en artículos anteriores* que la pretensión de mis escritos no es detenerme en cada uno de estos sujetos destacados, sino pararme en algunos que considero –enfatizo: desde mi punto de vista– más relevantes.

Debe quedar claro que no es mi intención ensalzar un ámbito cultural más que otro. Pero, esos sí, debo ser franco y advertiros que el rincón del pensamiento que aquí me compete son las palabras, los testimonios escritos.

Creo firmemente que el lenguaje es el único medio que nos permite acercarnos de manera argumentada, de alguna forma “comprensible”, a una interpretación de la Psiconáutica y sus manifestaciones. Cuando digo “acercarnos” advierto, de nuevo, sobre la imposibilidad de captar por completo la esencia atrapada en las acciones y manifiestos de estos seres. La única forma de compartir por completo estas visiones hubiera sido vivir en su época y compartir las vivencias que fundamentaron sus hipótesis.

Una vez esclarecido esto, recordemos que inmediatamente atrás quedaron Conan Doyle, Sherlock Holmes, Aldous Huxley, en el número 7 de El Cultivador, y Charles Lutwidge Dodgson, mejor conocido como Lewis Carroll, en el número 8.

El orden no tiene relación alguna con la relevancia otorgada a cada autor en relación a la Psiconáutica. Esto, una vez más, se convierte en algo sumamente personal. El orden cronológico pierde su valor por completo y el mundo de las ideas, construido por cada uno de nosotros de una forma cada vez más subjetiva, pasa a cobrar toda importancia existente.

Con la elección de Conan Doyle para comenzar esta andadura ya quebrantábamos una norma: él nunca admitió ser un Psiconauta. Sin embargo, la influencia de Holmes en el inconsciente colectivo, su popularidad –en el momento de su creación y en la más rigurosa actualidad– y otros muchos factores que explico con detenimiento en dicho artículo convierten a Doyle en un factor imprescindible para la comprensión del Psiconauta, personificado en su creación, Holmes.

Elegir a Huxley fue algo mucho más sencillo, pues para la mayoría de estudiosos es el mayor exponente intelectual y literario de la Psiconáutica. Como os comentaba en el artículo anterior, ahora me decantaré por Lewis Carroll y, probablemente, transgrediré alguna que otra norma no escrita.

Aquel que diga basarse en un objetivismo radical –una realidad entendible por el hombre pero al margen de él– se sumirá en el fango al intentar conciliarla con la Psicodelia. La individualidad, el subjetivismo, la creatividad y la imaginación son algunos de los pilares que sostienen la relatividad a través de la que debemos observar a estos entes y leer sus escritos.

En otras palabras, la única forma que tenemos de disfrutar plenamente de estos pensadores y sus obras es abrir nuestras mentes por completo e intentar interiorizar aquello que nos cuentan, haciéndolo nuestro. De otra forma podemos sorprendernos a nosotros mismos descartando algo simplemente porque no lo entendemos.

Por ejemplo, no es raro encontrar a alguien que sostiene que la obra de Carroll –especialmente Alicia en el país de las maravillas y, su secuela, Alicia a través del espejo no sólo son obras para infantes sino que carecen de un interés analítico y argumental.

En el artículo inmediatamente anterior tratamos de adentrarnos en la historia personal de Carroll para comprender así la relevancia del autor. Ahora toca detenernos en lo que más nos importa, la obra que le hizo mundialmente famoso y que hace alusiones constantes a sustancias psicotrópicas.

Según los diarios de Dodgson, el 4 de julio de 1862 ideó el argumento de la Alicia en el país de las maravillas. Él y su estrecho amigo Robinson Duckworth llevaron a las hermanas Liddell a pasear en barca por el Támesis. Carroll improvisó un relato para entretener a las niñas y entusiasmó especialmente a Alice, quien le pidió que lo escribiera.

Dodgson pasó toda la noche que acompañó a ese día escribiendo el manuscrito que posteriormente le regalaría a la niña las navidades siguientes. Su primer título fue Alice’s Adventures Under Ground (Las aventuras subterráneas de Alicia). El autor añadió un pequeño poema de siete estrofas en la primera edición, en el que explicaba cómo se gestó dicho escrito.

El cuento, que muchos de vosotros habréis leído, está repleto de alusiones, unas irónicas otras satíricas, a los propios amigos del autor, a la educación inglesa y a todo tipo de temas políticos. De esta forma, la obra, para muchos, fue una fuente de rebelión argumentada, una puesta en ridículo de una sociedad encorsetada.

Los juegos de lógica que fundamentan el El País de las Maravillas han encandilado, generación tras generación, a todo tipo de públicos, desde matemáticos a psiconautas.

Recuperemos entonces algunas partes del cuento y parémonos a entender por qué han tenido tal relevancia en el entorno que aquí nos ocupa.

En el primer capítulo “El descenso por la madriguera”, Alicia tiene su primera “visión”: un conejo blanco de ojos rosados corría exclamando “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Voy a llegar tarde!”. Carroll no espera ni tres párrafos para golpear nuestro consciente y advertirnos de que lo que vamos a leer no debe mirarse desde el prisma de lo cotidiano.

Como sabréis, Alicia persigue al conejo y se mete en una madriguera que pronto se convierte en un profundo porzo por el que cae sin remedio. Poco después, se encuentra en la primera de sus encrucijadas, frente a una pequeña puerta por la que es incapaz de colarse. La habitación que alberga dicha puerta tiene una mesa y sobre esa mesa una botella que pone “BÉBEME”. Cuando, finalmente, Alicia se atreve a beberla, degusta todo tipo de sabores: tarta de cerezas, almíbar, pavo asado, caramelo, tostadas calientes con mantequilla… y no puede dejar de beber hasta que se lo termina por completo.

Debido al mágico líquido, la protagonista de nuestro cuento encoje hasta ser diminuta. Curiosamente, uno de los efectos de ciertas sustancias psicotrópicas es apreciar las cosas más grandes o más pequeñas de lo que realmente son. Curioso ¿verdad?.

Alicia aumenta y encoge debido a otras ingestas y procederes mágicos, para terminar nadando en su propio mar de lágrimas junto a una curiosa variedad de animales (un pato, un dodo, un aguilucho, un loro y un ratón).

Después de disfrutar de diferentes aventuras con estos animales, Alicia termina en la casa del Conejo Blanco tomando, de nuevo, una bebida que la hace crecer. En este caso no había nada escrito en la botella, Alicia bebe “por curiosidad”, haciendo cierta alusión a la capacidad de decisión del ser humano. ¿Desde cuándo tenemos que tomar ciertas sustancias sólo cuándo nos lo indica otra persona? ¿No puede juzgar cada cual el riesgo y disfrute, obrando en consecuencia?.

Al final de este capítulo unos panecillos mágicos la tornan diminuta y se pierde en un bosque cercano. Es en este momentos del cuento cuando se describe una de las circunstancias más psicodélicas, un fragmento visual e inesperado que se convirtió, posteriormente, en uno de los muchos icono de la psicodelia:

“(…) ¡Dios mío! ¡Casi se me había olvidado que tengo que crecer de nuevo! Veamos: ¿qué tengo que hacer para lograrlo? Supongo que tendría que comer o que beber alguna cosa, pero ¿qué? Éste es el gran dilema.

Realmente el gran dilema era ¿qué? Alicia miró a su alrededor hacia las flores y hojas de hierba, pero no vio nada que tuviera aspecto de ser la cosa adecuada para ser comida o bebida en esas circunstancias. Allí cerca se erguía una gran seta, casi de la misma altura que Alicia. Y, cuando hubo mirado debajo de ella, y a ambos lados, y detrás, se le ocurrió que lo mejor sería mirar y ver lo que había encima.

Se puso de puntillas, y miró por encima del borde de la seta, y sus ojos se encontraron de inmediato con los ojos de una gran oruga azul, que estaba sentada encima de la seta con los brazos cruzados, fumando tranquilamente una larga pipa y sin prestar la menor atención a Alicia ni a ninguna otra cosa.

(…)

La Oruga y Alicia se estuvieron mirando un rato en silencio: por fin la Oruga se sacó la pipa de la boca, y se dirigió a la niña en voz lánguida y adormilada.

—¿Quién eres tú? — dijo la Oruga.

No era una forma demasiado alentadora de empezar una conversación. Alicia contestó un poco intimidada:

—Apenas sé, señora, lo que soy en este momento... Sí sé quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó la Oruga con severidad—. ¡A ver si te aclaras contigo misma!

—Temo que no puedo aclarar nada conmigo misma, señora —dijo Alicia—, porque yo no soy yo misma, ya lo ve.

—No veo nada —protestó la Oruga.

—Temo que no podré explicarlo con más claridad —insistió Alicia con voz amable—, porque para empezar ni siquiera lo entiendo yo misma, y eso de cambiar tantas veces de estatura en un solo día resulta bastante desconcertante.

—No resulta nada —replicó la Oruga.

—Bueno, quizás usted no haya sentido hasta ahora nada parecido —dijo Alicia—, pero cuando se convierta en crisálida, cosa que ocurrirá cualquier día, y después en mariposa, me parece que todo le parecerá un poco raro, ¿no cree?

—Ni pizca —declaró la Oruga.

—Bueno, quizá los sentimientos de usted sean distintos a los míos, porque le aseguro que a mi me parecería muy raro.

—¡A ti! —dijo la Oruga con desprecio—. ¿Quién eres tú?

Con lo cual volvían al principio de la conversación. Alicia empezaba a sentirse molesta con la Oruga, por esas observaciones tan secas y cortantes, de modo que se puso tiesa como un rábano y le dijo con severidad:

—Me parece que es usted la que debería decirme primero quién es.

—¿Por qué? —inquirió la Oruga.

Era otra pregunta difícil, y como a Alicia no se le ocurrió ninguna respuesta convincente y como la Oruga parecía seguir en un estado de ánimo de lo más antipático, la niña dio media vuelta para marcharse.

—¡Ven aquí! —la llamó la Oruga a sus espaldas—. ¡Tengo algo importante que decirte!

Estas palabras sonaban prometedoras, y Alicia dio otra media vuelta y volvió atrás.

—¡Vigila este mal genio! —sentenció la Oruga.

—¿Es eso todo? —preguntó Alicia, tragándose la rabia lo mejor que pudo.

—No —dijo la Oruga.

Alicia decidió que sería mejor esperar, ya que no tenía otra cosa que hacer, y ver si la Oruga decía por fin algo que mereciera la pena. Durante unos minutos la Oruga siguió fumando sin decir palabra, pero después abrió los brazos, volvió a sacarse la pipa de la boca y dijo:

—Así que tú crees haber cambiado, ¿no?”

Existen tantas interpretaciones de este pasaje del cuento que tampoco quisiera condicionarlo a una sola visión del mismo, la mía. Simplemente insinuar algunas de los argumentos que se ponen sobre la mesa.

La oruga interpela a Alicia de formas aséptica y sencilla, es nuestra protagonista quien se pierde en explicaciones innecesarias y paralelajes propios de las relaciones interpersonales. Se pone en evidencia el exceso de subjetividad y egoísmo que sufría el ser social de aquella época y que se prolonga hasta la actualidad.

Lo que a Alicia le parecen contestaciones antipáticas son una forma, como cualquier otra, de intercambiar información. La observadora y objetiva oruga fuma su pipa con calma y lanza una de las preguntas (fundamentada en previos juicios de Alicia) más importantes de la psiconáutica “¿crees haber cambiado?”.

Como os explicábamos en artículos anteriores*, la psiconáutica se fundamenta en el estudio de las percepciones ocasionadas por el consumo de ciertas sustancias psicoactivas. Cualquier persona que piense volver de este viaje siendo el mismo que era antes de emprender la travesía se distancia esencialmente de los pilares que fundamentan este conocimiento.

Curiosamente, es Alicia quien ofende a la oruga cuando afirma no estar conforme con su tamaño, que es el mismo del insecto. A regañadientes, la oruga informa a Alicia de que la seta sobre la que está apoyada puede hacerla crecer o menguar según que zona de la misma coma. Es entonces cuando Alicia come de una parte y de otra hasta conseguir el tamaño que considera perfecto. Peculiar, una vez más, que la ingesta de una sustancia se haga para encontrar “la mejor forma de ser” o, al menos, la que más le gusta a Alicia.

Aunque no de una forma tan explícita, existen innumerables momentos del cuento que nos recuerda a la psiconáutica. No mediante la ingesta de sustancias sino a través de la necesidad de embrollar el pensamiento, de des-aprender ciertos comportamientos y formas de actuar socialmente aceptadas, de dar rienda suelta al insconsciente, al instinto, a la creatividad, para así recordar algo más importante, más fundamental que ninguna otra cosa: el único fin que existe tras todo nuestro esfuerzo, nuestro trabajo, es hallar un poco de felicidad en mundo errado, alejado de cualquier tipo de identidad natural.

Para despedirnos por este mes, os dejamos un buen ejemplo de ello, que no se diga que todo es divagación. En parte de la conversación bautizada con el nombre “Una merienda de locos”, en el capítulo 7 del cuento, veréis como se materializa lo abstracto de una forma magistral.

Si hace un tiempo que no la joya de Carroll no cae en vuestras manos, no dejéis de releerla. La sencillez que envuelve a este libro es su mayor virtud y esconde un secreto que sólo algunos son capaces de desvelar.

“Habían puesto la mesa debajo de un árbol, delante de la casa, y la Liebre de Marzo y el Sombrerero estaban tomando el té. Sentado entre ellos había un Lirón, que dormía profundamente, y los otros dos lo hacían servir de almohada, apoyando los codos sobre él, y hablando por encima de su cabeza. «Muy incómodo para el Lirón», pensó Alicia. «Pero como está dormido, supongo que no le importa».

La mesa era muy grande, pero los tres se apretujaban muy juntos en uno de los extremos.

—¡No hay sitio! —se pusieron a gritar, cuando vieron que se acercaba Alicia.

—¡Hay un montón de sitio! —protestó Alicia indignada, y se sentó en un gran sillón a un extremo de la mesa.

—Toma un poco de vino —la animó la Liebre de Marzo.

Alicia miró por toda la mesa, pero allí sólo había té.

—No veo ni rastro de vino —observó.

—Claro. No lo hay —dijo la Liebre de Marzo.

—En tal caso, no es muy correcto por su parte andar ofreciéndolo —dijo Alicia enfadada.

—Tampoco es muy correcto por tu parte sentarte con nosotros sin haber sido invitada —dijo la Liebre de Marzo.

—No sabía que la mesa era suya —dijo Alicia—. Está puesta para muchas más de tres personas.

—Necesitas un buen corte de pelo —dijo el Sombrerero.

Había estado observando a Alicia con mucha curiosidad, y estas eran sus primeras palabras.

—Debería aprender usted a no hacer observaciones tan personales —dijo Alicia con acritud—. Es de muy mala educación.

Al oír esto, el Sombrerero abrió unos ojos como naranjas, pero lo único que dijo fue:

—¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?

«¡Vaya, parece que nos vamos a divertir!», pensó Alicia. «Me encanta que hayan empezado a jugar a las adivinanzas.» Y añadió en voz alta:

—Creo que sé la solución.

—¿Quieres decir que crees que puedes encontrar la solución? —preguntó la Liebre de Marzo.

—Exactamente —contestó Alicia.

—Entonces debes decir lo que piensas —siguió la Liebre de Marzo.

—Ya lo hago —se apresuró a replicar Alicia—. O al menos... al menos pienso lo que digo... Viene a ser lo mismo, ¿no?

—¿Lo mismo? ¡De ninguna manera! —dijo el Sombrerero—. ¡En tal caso, sería lo mismo decir «veo lo que como» que «como lo que veo»!

—¡Y sería lo mismo decir —añadió la Liebre de Marzo— «me gusta lo que tengo» que «tengo lo que me gusta»!

—¡Y sería lo mismo decir —añadió el Lirón, que parecía hablar en medio de sus sueños—

«respiro cuando duermo» que «duermo cuando respiro»!

—Es lo mismo en tu caso —dijo el Sombrerero.

Y aquí la conversación se interrumpió, y el pequeño grupo se mantuvo en silencio unos instantes, mientras Alicia intentaba recordar todo lo que sabía de cuervos y de escritorios, que no era demasiado.

(…)

—¿Has encontrado la solución a la adivinanza? —preguntó el Sombrerero, dirigiéndose de nuevo a Alicia.

—No. Me doy por vencida. ¿Cuál es la solución?

—No tengo la menor idea —dijo el Sombrerero.

—Ni yo —dijo la Liebre de Marzo.

Alicia suspiró fastidiada.

—Creo que ustedes podrían encontrar mejor manera de matar el tiempo —dijo— que ir proponiendo adivinanzas sin solución.

—Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo —dijo el Sombrerero—, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!

—No sé lo que usted quiere decir —protestó Alicia.

—¡Claro que no lo sabes! —dijo el Sombrerero, arrugando la nariz en un gesto de desprecio—. ¡Estoy seguro de que ni siquiera has hablado nunca con el Tiempo!

—Creo que no —respondió Alicia con cautela—. Pero en la clase de música tengo que marcar el tiempo con palmadas.

—¡Ah, eso lo explica todo! —dijo el Sombrerero—. El Tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj. Por ejemplo, supón que son las nueve de la mañana, justo la hora de empezar las clases, pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj.”

 

 

Dalí y la búsqueda de estados alternos

por Guadalupe Casillas

Con anterioridad, nos habíamos aproximado en esta serie de artículos, al pensamiento psicodélico a través de la literatura, terreno en que la explícita expresión de intenciones de sus autores daba buena cuenta de la naturaleza de esta corriente de pensamiento. Retomo aquí el testigo de mi predecesor, encargado de adentrarnos en este mundo, para continuar su viaje por los derroteros de las artes visuales.

Salvador Dali A Dali AtomicusSalvador Dali A Dali Atomicus

 La esencia del pensamiento psicodélico reside en la búsqueda de conocimiento (espiritualidad, exploración de la identidad…), exteriorizando aquello encerrado en la psique. Este “método de investigación” está totalmente marcado por la exigencia de generar estados de conciencia alternos, para superar las barreras perceptivas convencionales. El uso de sustancias enteógenas facilita este proceso, ayudando a originar esos estados de consciencia paralelos. Por tanto, aunque hay quien no cree que el consumo tenga que ir obligatoriamente asociado al pensamiento psicodélico, sí es cierto que popularmente psicodelia y enteógenos comparten paquete.

La literatura, por su parte, había sido un soporte perfecto para expresar los anhelos y experiencias fruto de las andanzas por los terrenos más oscuros de la mente. Anteriormente, en esta misma publicación, se repasaban los escritos de Carlos Castaneda, por ejemplo, −acerca de su aprendizaje de formas y rituales que incluían peyote y otros enteógenos, con un indio yaqui en el desierto mexicano− o de Lewis Carroll –autor de Alicia en el País de las Maravillas, obra de referencia de la Psicodelia en la cual se desarrolla un viaje a un lugar paralelo e ilógico en el que se incluye el consumo de sustancias transformadoras−. Comprenderéis así, que las artes visuales se configuran también como soporte idóneo para representar aquello que los enteógenos revelan.

No es la primera vez que la cultura popular se hace eco de estas inquietudes. En una afamada serie norteamericana, uno de sus protagonistas entraba en trance cuando consumía heroína, vislumbrando el futuro y representándolo en sus cuadros. En inicio, sin heroína y sin trance, no había clarividencia. Sin embargo, con el desarrollo de la trama, llegaba a concluirse que ese estado clarividente del artista podía ser autoinducido sin necesidad de ninguna sustancia, siendo esta un simple pero potente detonador.

Gran Masturbador de DalíGran Masturbador de Dalí

El caso de nuestro protagonista de hoy es un tanto peculiar. Salvador Dalí, a pesar de negar consumir sustancia alguna, fue bautizado por Timothy Leary −el sacerdote del LSD− y los hippies de San Francisco: primer pintor del LSD sin LSD. Aunque Dalí pronto se desvinculó de aquellos psiconautas americanos, lo cierto es que su obra demuestra compartir su interés con ellos: investigar, trabajar y expresarse en función de sus estados alternos.

Dalí era afamado representante del Surrealismo. André Breton, precursor de este estilo, publicó en 1924 El Manifiesto surrealista. En él afirmaba las máximas que perseguían:

“se propone expresar verbalmente, por escrito, o bien de otra manera, el funcionamiento real del pensamiento, en ausencia de todo control ejercido por la razón , fuera de cualquier preocupación estética o moral"

La obra de Salvador Dalí no puede encuadrarse en el arte psicodélico que se desarrolló desde mediados del siglo XX pero, como se hace obvio, el Surrealismo y el arte psicodélico parecen compartir inquietudes, como la intención de sortear las barreras de la razón. En esta línea, comentó Dalí a propósito de su obra:

“El hecho de que yo en el momento de pintarlas, no entienda el significado de mis cuadros no quiere decir que no lo tengan; al contrario su significado es tan profundo, complejo, coherente e involuntario que escapa al simple análisis de la intuición lógica". (Conquista de lo irracional)

Como se puede observar Salvador Dalí era otro “navegante de la mente” más en su búsqueda de superar límites perceptivos. Un psiconauta más, si hacemos caso a aquellos que no creen que el pintor se abstuviera de enteógenos; o si comprendemos, como el psicólogo Dr. Ellot Cohen del Instituto británico de Psicosomanáutica, que para serlo no es necesario consumir ninguna sustancia.

Mae WestMae West

Todo el espíritu surrealista estaba imbuido de esta máxima. Ahondar en el inconsciente y sacar a la luz lo más recóndito de la mente humana era el objetivo. Para ello, comentaban que era el automatismo, la guía del pensamiento sin mediación de la razón, su vía, su origen. Esta idea coincidía, y no casualmente, con el desarrollo de la psicología en el siglo XX. En 1922, Dalí había descubierto y devorado los estudios e investigaciones que Sigmund Freud iba publicando. Para entonces, el psicoanalista austriaco se había convertido en ídolo de los surrealistas.

Sin embargo, parece que el icono al que tanto se habían aferrado les había proporcionado falsas ideas. La lectura de La interpretación de los sueños (1900), de Freud, fue un gran hito en la vida de Dalí e impactó a todos los surrealistas. Adoptaron sus ideas y comenzaron a componer sus obras en base a sus sueños. Sus cuadros se plagaron de imágenes oníricas. Pero no se dieron cuenta de que habían caído en la trampa de la razón. Si bien los sueños eran manifestaciones inconscientes, el mero hecho de recurrir a la memoria o el recuerdo para plasmarlos suponía racionalizarlos, obligarlos a pasar por el filtro de la razón. Este parecía el error del Surrealismo: habían basado su trayectoria como movimiento en la anulación de la lógica, para finalmente verse perdidos en ella.

Ldalídalía obra de Dalí se vio plagada rápidamente de imágenes simbólicas que expresaban sus traumas, temores, anhelos y esperanzas más profundas. Movido por la influencia de las teorías freudianas, el pintor no tuvo remilgos en exhibir en su obra la problemática principal de su vida. La muerte de su hermano mayor −llamado también Salvador, antes de que el pintor naciera le generó una crisis de identidad, confundido desde niño con el fantasma de su hermano del cual se consideraba copia o incluso reencarnación−, la muerte de su madre, la ruptura de la relación con su padre, su visión de la sexualidad…

Hormigas, langostas, cajones, huevos, elefantes o caracoles, todo en su obra tenía significado. Las langostas, por ejemplo, aluden al miedo, quizá porque le recordaban el modo en que una mantis devora a su pareja tras copular; los huevos son amor y esperanza, apuntando su relación con el bienestar de la vida en el útero materno; y las hormigas, por su parte, simbolizan la muerte, debido a sus recuerdos infantiles acerca del modo en que este insecto ingiere los cadáveres de otros insectos muertos.

En El gran masturbador (1929), sin ir más lejos, ya se ven estos símbolos. Un rostro deformado que nos recuerda a Dalí, la representación de los genitales masculinos, a los que se aproxima una cara femenina con un lirio –que encarna la pureza− son el tema principal del cuadro. Simbolizan la visión del artista sobre la masturbación, considerada por él como la manifestación sexual más pura. Tenía pánico a las relaciones sexuales que, comentan, le provocó impotencia, reduciendo sus contactos físicos al onanismo. La langosta –con forma obviamente fálica− con hormigas sobre su rostro indica sus temores al sexo. Se señala su relación con la que fue su mujer, Gala, en las figuras abrazadas, la alusión al pasado con las piedras, al deseo sexual con la cabeza de león, a las ataduras familiares con el anzuelo, o a la esperanza de cumplir un sueño, con las pestañas alargadas.

Dalí se desnuda en esta obra, sin tener escrúpulos para mostrar lo más íntimo, lo más personal. No parece escatimar en detalles ni tener reparos en expresar los conflictos más inconscientes.

NarcisoNarcisoAunque Dalí obedeció a los mismos errores que el común de sus surrealistas compañeros –utilizando los símbolos en su pintura con el mismo significado que Freud les diera en los sueños−, parecía haber algo que le había hecho granjearse su admiración: decía haber creado un método para liberarse del consciente en su creación, el método paranoico-crítico. Fue descrito como método espontáneo de conocimiento irracional basado en la objetividad crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones de fenómenos delirantes. Decía extraer de su inconsciente, imágenes que se superponían a las que observaba.

Buen ejemplo de ello son sus imágenes dobles, con las que crea ilusiones ópticas. Es muy popular el Retrato de Mae West que puede utilizarse como apartamento surrealista (1934-35), pieza en la que el artista ha superpuesto los distintos elementos de modo que bien parecen una sala decorada con sofá y cuadros o la cara de la afamada actriz Mae West; o Bailarina en una calavera (1939), en la que, como su título indica pueden observarse una calavera o una bailarina; o alguno de sus diseños para Destino (1947) –película que programaba elaborar con Walt Disney− en que pueden verse dos caras muy próximas o una bailarina de ballet.

El método paranoico-crítico, del que se valía para crear sus imágenes dobles, lo alejaba del automatismo más puramente surrealista y le daba una coartada para evadir las acusaciones de haber caído en las redes de la evitada razón, que sí se ciernen sobre sus compañeros de equipo, como André Breton. De hecho, así afirmaba cuando lo echaron públicamente del Surrealismo: ¡No podéis expulsarme, porque Yo soy el Surrealismo!

Quizá había sido más agudo, pero lo cierto es que eso del método paranoico-crítico resultaba un tanto dudoso. Este proceso parece paralelo a la respiración holotrópica o el uso de enteógenos, utilizados por la Psicodelia. Pero, ¿qué era? ¿Acaso un trance? ¿Un estado alterno autoinducido? ¿Qué experimentaba? ¿Cuánto duraba?

El pintor defendía prácticamente convivir con el método paranoico-crítico, en un incesante estado de interpretación y expresión de imágenes, que realizaba sin quererlo incluso. Mas, supongo que ustedes, como yo, encuentran estas afirmaciones un tanto descabelladas.

Sea como fuere, lo cierto es que Dalí, ante todo, fue excéntrico. No sólo sus compañeros le expulsaron del movimiento surrealista sino que se aseguró las críticas de muchos. Poco a poco, extendió su arte a otros soportes, creando joyas, interviniendo en cine, elaborando carteles, escribiendo…Se hizo eco de avances en medicina y ciencias naturales tales como los que se realizaban en física nuclear, el descubrimiento del ADN, la Teoría de la Relatividad de Einstein o la Teoría de la Incertidumbre de Heisenberg. Sin duda sus intereses eran más que variados, habiendo llegado a realizar un escrito con afán científico acerca de la paranoia, que entregó a Sigmund Freud en una ansiada entrevista. Por lo que cuentan, el padre del psicoanálisis, no se prestó a leerlo y el encuentro acabó siendo un tanto decepcionante para Dalí.

Salvador Dalí, sobre todo, es una figura de la Historia del Arte controvertida. Fue públicamente acusado de convertir su arte más en un negocio que en una simple expresión artística. Conocedor del mercado artístico, así como de las élites culturales y artísticas que poblaban el panorama internacional, pronto sus obras se cotizaron a altos precios. La barrera en su producción entre arte y bienes de consumo resulta poco visible, de ahí que la visión popular del artista sea un tanto negativa. Este fue el motivo de su expulsión del círculo surrealista, censurado por generar espectáculo. Como en una ocasión, en que se presentó en una exposición, a dar una conferencia, ataviado con un traje de buzo y acompañado de dos perros. Una última cita, de Georges Orwell, parece expresar lo que muchos pensaban:

Uno debería ser capaz de conservar en la cabeza simultáneamente las ideas de que Dalí era al mismo tiempo un excelente dibujante y un irritante ser humano. La una no invalida, o efectivamente, no afecta a la otra.

Su excentricidad y megalomanía son más que sonados, pero quedémonos con lo que nos interesa aquí del pintor: su interés por transgredir las fronteras de la convencionalidad de la razón.

 

 

 

Psiconáutica y Psiconautas (V)

Lewis Carroll

Por Xosé F. Barge

 

Para quedarte donde estás tienes que correr lo más rápido que puedas y si quieres ir a otro sitio, deberás correr, por lo menos, dos veces más rápido.

Lewis Carroll

Hemos dejado atrás el origen etimológico y conceptual de la Psiconáutica, hemos explicado su desarrollo científico, nos hemos remontado a sus orígenes históricos, culturales e intelectuales y, en los dos artículos inmediatamente anteriores, afrontábamos la placentera tarea de dedicar un exclusivo apartado a aquellos célebres Psiconautas que no cayeron en el saco del articulista aquí firmante*.

Son muchos los individuos que prefirieron recorrer el camino de la genialidad conservando su condición de individuos –unidad independiente frente a otras unidades- y evitando la adhesión a grupos o movimientos. Incontables los sujetos que destacaron en ámbitos cultural y estuvieron directamente relacionados con la Psiconáutica y que, sin embargo, no formaron parte de la Generación Beat, los Hippies y los alocados 60 o el Club des Hashischins*.

Como advertí con anterioridad* la pretensión de estos artículos no es detenerse en cada uno de ellos sino destacar algunos de los que considero –enfatizo: personalmente- más relevantes. También debe quedar claro que no procuro valorar un ámbito cultural más que ningún otro. Sin embargo, el rincón del pensamiento que aquí me compete me remite, inevitablemente, a las palabras, a los testimonios escritos y no tanto a las imágenes, pues son estas palabras las que me permiten transmitiros una pequeña parte de lo que la Psicodelia provocó en mí. Y son las palabras, también, el ámbito de mi estudio, aquello a lo que dedico la mayor parte de mi tiempo.

La familia RossettiLa familia Rossetti

Lo cierto es que el lenguaje es el único medio que nos permite acercarnos de manera argumentada, de alguna forma “comprensible”, a una interpretación de la Psiconáutica y sus manifestaciones. Las imágenes, la pintura, la música u otros tipos de arte, por lo tanto, no serán objeto de reflexión.

Inmediatamente atrás quedaron Conan Doyle y Sherlock Holmes, en el número 6 de El Cultivador, y Aldous Huxley, en el número 7. Resulta imposible llevar a cabo una clasificación basándonos en su importancia, pues la relevancia otorgada a cada autor en relación a la Psiconáutica se convierte en algo sumamente personal. El orden cronológico pierde su valor, por completo, y el mundo de las ideas, construido por cada uno de nosotros de una forma cada vez más subjetiva, pasa a cobrar toda importancia existente.

Lewis Carroll con objetivo en 1863Lewis Carroll con objetivo en 1863Con la elección de Conan Doyle para comenzar esta andadura ya quebrantábamos una norma: él nunca admitió ser un Psiconauta. Sin embargo, la influencia de Holmes en el inconsciente colectivo, su popularidad –en el momento de su creación y en la más rigurosa actualidad- y otros muchos factores que explico con detenimiento en dicho artículo convierten a Doyle en un factor imprescindible para la comprensión del Psiconauta, personificado en su creación, Holmes.

Elegir a Huxley fue algo mucho más sencillo, pues para la mayoría de estudiosos es el mayor exponente intelectual y literario de la Psiconáutica. Ahora, probablemente transgrediendo alguna otra norma no escrita, me decantaré por Lewis Carroll para proseguir. Aquel que diga basarse en un objetivismo radical -una realidad entendible por el hombre pero al margen de él- se sumirá en el fango al intentar conciliarla con la Psicodelia. La individualidad, el subjetivismo y la imaginación son algunos de los pilares que sostienen la relatividad a través de la que debemos observar a estos seres y leer sus escritos.

En otras palabras, la única forma que tenemos de disfrutar plenamente de estos pensadores y sus obras es abrir nuestras mentes por completo e intentar interiorizar aquello que nos cuentan, haciéndolo nuestro. De otra forma podemos sorprendernos a nosotros mismos descartando algo simplemente porque no lo entendemos.

No es raro encontrar a alguien que sostiene que la obra de Carroll -especialmente Alicia en el país de las maravillas y, su secuela, Alicia a través del espejo- no sólo son obras para infantes sino que carecen de un interés analítico y argumental.

Antes de rebatir esta errónea concepción parémonos a comprender la relevancia del autor. Charles Lutwidge Dodgson, mejor conocido como Lewis Carroll, nació en Daresbury, condado de Cheshire, Reino Unido, en el 1832. Además de ser conocido por sus largos relatos sobre Alicia, Carroll fue diácono, matemático, lógico y -sobre todo y casi tanto como escritor- fotógrafo.

Carroll, el tercero de los hijos del matrimonio Dodgson y el primer varón, tuvo un total de diez hermanos y, curiosamente, todos ellos alcanzaron edades adultas, algo sumamente extraño en aquellos tiempos.

Carroll descansandoCarroll descansandoCuando Charles tenía once años, su padre, también llamado Charles, fue nombrado párroco de la localidad de Croft-on-Tees, en North Yorkshire, lo que le permitió vivir en una espaciosa rectoría. Posteriormente, Charles Sr. hizo considerables progresos en el escalafón eclesiástico: publicó sermones, tradujo a varios autores católicos, lo nombraron archidiácono de la catedral de Ripon y se decantó por el anglo-catolicismo.

Carroll sufrió muchos de los conservadores valores que quiso inculcarle su padre. Además, fue forzado a contrarrestar su condición de zurdo y padeció un tartamudeo que perjudicó seriamente a sus relaciones sociales durante su niñez.

En la adolescencia, Dodgson fue enviado a la prestigiosa Rugby School. Existen ciertas declaraciones del autor que hicieron pensar en la posibilidad de que hubiera sido sometido a algún tipo de abuso sexual en aquella época:

“Puedo decir, honestamente, que si hubiese estado a salvo de la molestia nocturna, la dureza de la vida diurna se me hubiera hecho, en comparación, muchísimo más soportable.”

Sin embargo, siguen siendo especulaciones puesto que el propio Carroll sólo habla de “molestia nocturna”, denominación que puede referirse a otras muchas cosas. Lo que sí demostró en estos años de dura adolescencia fue estar en posesión de una mente privilegiada. Su profesor de matemáticas, R. B. Mayor, afirmó no haber conocido a un chico más prometedor en sus años largos años de docencia.

Una vez terminada su preparación en Rugby se trasladó a la Universidad de Oxford y, sobrellevando como pudo la temprana muerte de su madre, obtuvo siempre resultados excelentes. Carroll se confesó una persona perezosa y perdió una importante beca debido a ello. Sin embargo, su brillantez le permitió ganar un puesto de profesor de matemáticas en Christ Church. Dedicación profesional que conservaría durante 26 años.

Mientras residía en Oxford, se le diagnosticó epilepsia y –aunque en la actualidad se ha sabido que pudo ser un error de diagnóstico- esto, por aquel entonces, suponía un considerable estigma social. Un obstáculo más que sumar a una vida que nunca había sido fácil.

Sin embargo, Carroll mostró un elogiable espíritu de superación y siempre canalizó fuerza y ahínco en cultivarse, proyectando sus inquietudes a través del arte.

Por los motivos que mencionamos anteriormente, no nos detendremos excesivamente en la actividad fotográfica del autor, pero sí daremos unas pinceladas debido a su importancia en el ámbito literario. Resulta desconocido para muchos que Carroll es considerado uno de los fotógrafos victorianos más importantes y, para muchos estudiosos, el más influyente en la fotografía artística contemporánea.

Por su estudio, en el barrio de Tom Quad, pasaron personalidades como John Everett Millais, Alfred Tennyson, Julia Margaret Cameron, Dante Gabriel Rossetti o Ellen Terry. Se supone que Carroll creó un total de 3.000 fotografías pero sólo 1.000 han sobrevivido a las desavenencias de las personas y el tiempo.

Alice LiddellAlice LiddellEs fundamental resaltar que, según algunos especialistas, la mitad de la obra Dodgson se focaliza en el retrato de niñas. Es mundialmente famosa la foto que podéis observar en este artículo, de Alice Liddel, puesto que su protagonista se convirtió en musa al escuchar las primeras narraciones orales de Alicia en el país de las maravillas y estimular al escritor a que lo plasmara en el papel. Debemos especificar que, aunque comparten nombre, Carroll aclaró en numerosas ocasiones que en personaje ficticio no se inspira en ninguna persona real.

En algunos casos, Carroll retrató a niñas desnudas lo que, inevitablemente, llevó a la suposición de que tenía tendencias pedófilas. Sin embargo, aquellos que mejor conocen al autor, que dedicaron parte de su vida a entender y estudiar a Dodgson, afirman que la elección de estos motivos se debían, solamente, a la expresión personal de su filosofía interior, la creencia en la divinidad de la belleza, un estado de perfección moral, física y estética que se encarnaba en estas niñas desnudas.

Estudios psicológicos, menos alentadores pero poseedores, probablemente, de una perspectiva más realista, evidencian estas prácticas como la expresión de un trauma infantil, un intento frustrado de recobrar su inocencia perdida.

Sea como fuere, la obra fotográfica de Carroll es bellísima y no debéis dejar pasar la oportunidad de googlearla. Algunas de sus fotos os recordarán a las obras pictóricas más exquisitas del universo victoriano.

En lo que se refiere a su consumo de estupefacientes pasa un poco lo que con Conan Doyle, debido al momento histórico en el que nos encontramos es sumamente difícil que el autor dedique tiempo a analizar su uso de ciertas sustancias o se conserven declaraciones que lo relacionen de forma directa con la Psiconáutica. Sin embargo, existen especulaciones fundamentadas sobre el uso de drogas psicoactivas.

Gran parte de los historiadores asumen que Carroll tomaba láudano para paliar sus dolores de cabeza y artritis. No se trata de una idea en absoluto descabellada puesto que esta sustancia se consideraba un analgésico de uso común en aquella época. El láudano proviene del opio y, si es usado en dosis lo suficientemente grandes, produce efectos psicotrópicos.

Muchos de los ejemplos que fundamentan estas especulaciones se esconden entre las páginas de sus obras. Aunque nos detendremos posteriormente en ello, recordemos un dato anecdótico que ejemplifica a la perfección esta idea. Seguro que todos vosotros conserváis en vuestro haber el recuerdo de Alicia (su protagonista) tomando trozos de seta y sufriendo variaciones de tamaño. La Amanita Muscaria, consumida por aquel entonces en ciertos círculos intelectuales, provoca macropsio y micropsia, desórdenes neurológicos que afectan a la percepción visual haciendo que los objetos sean percibidos más grandes o más pequeños de lo que son en realidad. Curioso ¿verdad?.

Lewis-Carroll-en-el-Henry-HolidayLewis-Carroll-en-el-Henry-HolidayPues bien, esto nos lleva a adentrarnos en aquello que más nos interesa, su obra escrita. Las ficciones literarias son, más aún que sus diarios, la mejor forma que tenemos de conocer al autor. Debido a la ingente cantidad de información que poseen los singularmente escuetos libros Alicia en el país de las maravillas y Alicia través del espejo, dedicaremos un artículo, exclusivamente, para dilucidar aquellas incógnitas que surgen en muchos de sus lectores en el próximo número de El Cultivador.

Por lo pronto, avecinamos que Dodgson se aventuró con la poesía y los cuentos a través de diversas publicaciones. Sus primeras apariciones datan de 1854, en medios de cierta relevancia como el The Comic Times o The Train. Aunque dichos escritos se fundamentaban en un humor satírico y encomiablemente bien narrado, en 1855 afirmó no haber escrito nada digno de ser publicado. Eso sí, tras esta sentencia aseveraba “(…) pero no desespero de hacerlo algún día.”

Su obstinación le llevó a escribir, en 1856, un poema romántico y predecible, pero de gran calidad: Solitude. Esta fue la primera vez que Dodgson utilizó el pseudónimo que le haría mundialmente famoso. El remoquete proviene de la latinización del nombre y apellido de su madre, Charles Lutwidge. Primero lo convirtió en Ludovicus Carolus para regresarlo de nuevo al inglés como Lewis Carroll.

Ese mismo año, Henry Liddell llegó a Christ Church junto a su joven esposa y sus tres hijas: Alice, Lorina y Edith. La relación entre Carroll y la familia fue cada vez más estrecha. Tanto fue así que, con el tiempo, Dodgson convirtió en tradición llevar a las niñas al río, en Godstow o Nuneham.

Según los diarios de Dodgson, concretamente el 4 de julio de 1862 ideó el argumento de la historia que más tarde llegaría a ser su primer y más grande éxito. Él y su estrecho amigo Robinson Duckworth llevaron a las hermanas Liddell a pasear en barca por el Támesis. Carroll improvisó un relato para entretener a las niñas y entusiasmó especialmente a Alice, quien le pidió que lo escribiera.

Dodgson pasó toda la noche que acompañó a ese día escribiendo el manuscrito que posteriormente le regalaría a la niña las navidades siguientes. Su primer título fue Alice’s Adventures Under Ground (Las aventuras subterráneas de Alicia). Y lo demás, como suele decirse, es historia. Un historia que os contaré en la próxima entrega de esta serie.

*ARTÍCULOS:

-       “El nacimiento de la Psicodelia” Xosé F. Barge, El Cultivador, número 2.

-       “La expansión psicodélica. Los Hippies” Xosé F. Barge, El Cultivador, número 3.

-       “Psiconáutica y Psiconautas” Xosé F. Barge, El Cultivador, números 4, 5, 6 y 7.

 

 

N-Dimetiltriptamina (DMT). 2ª parte

Por Javi - Growland.org

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DMT por todas partes

Químicamente simple, el DMT permite sin embargo a nuestra consciencia acceder a las más increíbles e inesperadas visiones, pensamientos y sensaciones, abriendo la puerta a mundos fuera del alcance de nuestra imaginación.

El DMT existe en nuestro cuerpo y en el reino animal y vegetal. Forma parte de la constitución ordinaria de humanos y otros mamíferos, animales marinos, hierbas y semillas, sapos y ranas, hongos y moho, corteza, flores y raíces.

El alquimista psicodélico Alexander Shulgin dedica todo un capítulo al DMT en su extenso compendio Tikhal: Tryptamines I Have Known and Loved. En este capítulo titulado “DMT en todas partes”, subraya: “El DMT está… en esa flor, en aquel árbol, en ese otro animal… está presente prácticamente en cualquier lugar donde miremos”. Pero donde más abunda el DMT es en ciertas plantas de América Latina. Lugares donde el hombre conoce sus sorprendentes propiedades desde hace docenas de miles de años.

Viaja a nuevas y exóticas dimensiones!Viaja a nuevas y exóticas dimensiones!

A mediados del S.XIX, dos exploradores amazónicos, el inglés Richard Spruce y el alemán Alexander von Humboldt, describieron por primera vez los efectos de tomas y brebajes exóticos psicotrópicos elaborados a partir de plantas por tribus indígenas. Los indígenas de América Latina siguen realizando estas tomas, denominadas yopo, epena, jurema. Consisten en enormes dosis, hasta de 30gr. o más. Existe una técnica espectacular, que consiste en que un ayudante del consumidor insufla la mezcla en la nariz de éste mediante un tubo. La fuerza del soplo ha de ser suficientemente fuerte como para tumbar al receptor. Spruce y Von Humboldt relatan cómo los indígenas se sumergen de forma inmediata en un estado delirante acompañado de vómitos, sudores y contorsiones incoherentes. Estos primeros exploradores escucharon historias de visiones fantásticas, “viajes fuera del cuerpo”, predicciones, localización de objetos perdidos, y contacto con ancestros y demás entidades etéreas.

Otro preparado vegetal, consumido en forma de brebaje, parecía producir efectos similares, aunque no de forma tan espontánea. La Ayahuasca o Yagé es fuente de inspiración de infinidad de obras artísticas rupestres y pinturas presentes en construcciones indígenas, lo cual denominaríamos en nuestros días “arte psicodélico”.

Mientras las muestras de plantas traídas por estos dos exploradores languidecían en los archivos de algún museo de historia natural, el químico canadiense R. Manske, en una investigación independiente, sintetizó una nueva droga llamada N,N-dimetiltriptamina, o DMT, a partir de la fresa arborescente, un arbusto presente en el continente norteamericano. Por lo que se sabe, Manske sintetizó el DMT, tomó nota de su estructura, y guardó el producto en algún cajón olvidado de su laboratorio. Nadie conocía entonces la existencia del DMT en las plantas psicotrópicas, sus propiedades psicodélicas o su presencia en el cuerpo humano. El interés de los científicos no se despertó hasta bien acabada la Segunda Guerra Mundial.

DMT por todas partesDMT por todas partes

El descubrimiento del LSD y de la serotonina quebrantó a principios de los años 50 los cimientos de la psiquiatría freudiana, sentando a la vez las bases de la neurociencia. El interés de los científicos por los psicodélicos , que empezaron a llamarse a sí mismos “psicofarmacólogos”, les llevó buscar los ingredientes activos mediante el análisis de cortezas, hojas, raíces y semillas de plantas descritas como psicodélicas 100 años atrás. La familia de las triptaminas fue un centro de interés evidente por ser el LSD y la serotonina ellas mismas triptaminas.

Viaja con los laboratorios Sandoz!Viaja con los laboratorios Sandoz!

El precursor: Stefan Szára

En los años 50, el químico y psiquiatra húngaro Stefan Szára conoció en profundidad y se interesó por el efecto psicotrópico del LSD y de la mescalina, por lo que decidió encargar un poco de LSD a los laboratorios Sandoz con el fin de llevar a cabo sus propios estudios sobre la química de la consciencia. Puesto que Szára vivía detrás del telón de acero, la sociedad farmacéutica suiza no accedió a mandarle el pedido, por temor a que el potente LSD cayese en manos de los comunistas. Tal rechazo no le desanimó sino que le incitó a estudiar todo lo relativo al DMT, que sintetizó en su laboratorio de Budapest en 1955.

Szára ingirió dosis crecientes de DMT sin sentir efecto alguno, lo cual le llevó a preguntarse si algo en el sistema gastrointestinal impedía la absorción del DMT, planteándose la inyección por vía intramuscular del mismo. Tal presentimiento precedió el descubrimiento del mecanismo intestinal que disuelve el DMT ingerido por vía oral –mecanismo que los indígenas sudamericanos habían aprendido a esquivar hace miles de años. Decidido a ir el primero, en 1956, Szára se inyectó una intramuscular de DMT, de aproximadamente la mitad de una dosis “completa”: “Al cabo de 3 o 4 minutos, empezaron las sensaciones visuales, similares a las descripciones de Hofmann y Huxley sobre el LSD y la mescalina. Era apasionante. Estaba claro que había descubierto el secreto.” Tras multiplicar la dosis por dos: “Los síntomas físicos hicieron su aparición. Ligero picor, temblores y náuseas, dilatación de las pupilas, aumento de la tensión y del ritmo cardiaco. Todo acompañado de fenómenos eidéticos, claras representaciones alucinatorias, imágenes o trazas de objetos percibidos visualmente, ilusiones ópticas y alucinaciones que consistían en motivos orientales de vivos colores en movimiento. Más adelante vi maravillosas escenas alterándose rápidamente. Los rostros de las personas parecían máscaras. Mi estado emocional llegaba hasta la euforia. Mi conciencia estaba disuelta en alucinaciones y mi atención quedaba firmemente ligada a ellas. Al cabo de ¾ de hora los síntomas desaparecieron y pude describir estos efectos.”

SzáraSzáraTrabajo de campo: DMT versus LSD

Szára reclutó rápidamente a 30 voluntarios, la mayor parte jóvenes colegas médicos de Hungría. Todos recibieron dosis psicodélicas. La experiencia de uno de esos jóvenes: “El mundo entero brilla… la estancia está repleta de espíritus. Causa vértigo… Ahora, es lo más! Tengo la sensación de volar… por encima de la tierra, por encima de todo. Me reconforta saber que estoy de vuelta. Todo tiene un tinte espiritual, pero muy real… siento que por fin aterrizo.

Otra joven médico transcribió: “Todo es tan sencillo. Ante mí se encuentran dos dioses en calma, bajo la luz del sol… y pienso que me acogen en este nuevo mundo. El silencio es tan profundo como en el desierto… Por fin estoy en casa… Juego peligroso... Sería tan fácil no regresar. Apenas tengo consciencia de ser médico, pero esto no es importante: lazos familiares, estudios, proyectos y recuerdos se hallan ya demasiado lejos y sólo este mundo es importante, soy libre y estoy totalmente sola.”

Occidente había descubierto el DMT. Y el DMT había entrado en su consciencia.

Disolución de conscienciasDisolución de conscienciasA pesar de algún “mal viaje” provocado ocasionalmente en alguno de sus voluntarios, a Szára le gustaba particularmente el DMT por su corta acción. Era relativamente fácil utilizarlo, totalmente psicodélico, y las experiencias podían llevarse a cabo en pocas horas. Tras escapar de Hungría con una buena cantidad de DMT a finales de los años 50, se encontró en Berlín con otro colega que le introdujo a su vez en sus estudios sobre el LSD. Szára pudo por fin sumergirse en el estudio de tan fabuloso psicodélico. Los efectos fueron de su interés. Pero las 24h. de duración de los efectos del LSD le parecieron demasiado largos para su gusto.

Cuando emigró a los Estados Unidos, el principal interés de Szára en materia de investigación siguió siendo el DMT, desarrollando su labor en el Instituto Nacional de Salud de Bethesda, Maryland, donde trabajó más de 30 años llegando a ocupar el puesto de Director de Investigación Clínica en el National Institute on Drug Abuse, antes de jubilarse en 1991.

Otros grupos confirmaron y ampliaron los descubrimientos de Szára, incluyendo el hecho de que el DMT ha debía ser inyectado para hacer notar sus efectos. Sin embargo, sorprende constatar que ningún investigador aparte de Szára diese información detallada de sus propiedades psicológicas.

Un mundo de placer y sensacionesUn mundo de placer y sensacionesPor ejemplo, su antiguo laboratorio de Budapest declaró que el DMT provocaba en voluntarios normales “un estado psicótico dominado por alucinaciones coloridas, pérdida del sentido de la realidad temporal y espacial, euforia, experiencias fantasmales y en ocasiones ansiedad”. El Public Health Service Hospital de Lexington, Kentucky, uno de los centros americanos más activos en materia de investigación se limitó a constatar en sus ensayos con presos que los efectos del DMT conllevaba “ansiedad, halucinaciones y distorsiones perceptivas”. Aún menos reveladores fueron los estudios del U.S. National Institute of Mental Health, donde un grupo de aguerridos voluntarios habituados a los psicodélicos se limitaron a evaluar mediante un número “a qué altura habían llegado” con una dosis completa de DMT, constatando el estudio que la mayor parte de los voluntarios no habían llegado tan lejos en su vida.

¿Qué es el DMT?

A pesar de la sólida producción de artículos de investigación sobre el DMT por parte de Szára y otros, éste permaneció como una curiosidad farmacológica: intenso, de corta duración, presente en las plantas. El LSD quedó en ventaja frente al DMT pero todo esto cambió cuando se descubrió la presencia de DMT en el cerebro de ratones y ratas y el modo en que los cuerpos fabricaban dicha substancia. En 1965, científicos alemanes publicaron en Nature, importante publicación científica británica, que habían aislado DMT en la sangre humana. En 1972, el premio Nobel J. Axelrod, destacó su presencia en en tejido cerebral humano. Otro estudio demostró que también podía hallarse presente en la orina y el fluido cerebroespinal que baña el cerebro. No pasó mucho tiempo hasta que se descubrió los modos, los mismos a los de los animales, en que el cuerpo humano fabricaba DMT. El DMT pasó a ser el primer psicodélico humano endógeno (generado dentro del cuerpo). Hay otros compuestos endógenos con los cuales nos hemos familiarizado desde esta época. Por ejemplo, los compuestos morfinoformes endógenos son las endorfinas. Sin embargo, el descubrimiento del DMT en el cuerpo humano hizo mucho menos ruido que el de las endorfinas. La creciente ola antipsicodélica que barrió EE.UU. desde aquella época adiestró a los investigadores contrael estudio del DMT endógeno. Los descubridores de las endorfinas, en revancha, obtuvieron un Premio Nobel.

Arte espiritualArte espiritual“¿Qué hace el DMT en nuestro cuerpo?”

La pregunta se convirtió en una cuestión crucial que la psiquiatría se limitó a zanjar de la manera más burda: “Provocar enfermedades mentales”. El DMT se relacionó entonces estrechamente con la esquizofrenia. Se encontraba en el mal lugar en el mal momento.

El DMT está estrechamente emparentado con la serotonina, el neurotransmisor asignado a los psicodélicos. Afecta a los receptores de la serotonina de un modo similar al del LSD, psilocibina y mescalina. Dichos receptores se hallan en todo el cuerpo, en los vasos sanguíneos, músculos, glándulas y piel. Sin embargo, el cerebro, con infinidad de receptores de serotonina sensibles al DMT, ligados al humor, la percepción y al pensamiento, es el lugar donde el DMT ejerce sus efectos más interesantes. El cerebro rechaza la entrada de la mayor parte de las drogas y productos químicos, haciendo una más que curiosa excepción con el DMT. Escudo prácticamente impenetrable, la barrera de sangre cerebral impide a los agentes indeseados dejar la sangre para penetrar el tejido cerebral. Tal defensa se extiende incluso hacia los hidratos de carbono y grasas que los demás tejidos utilizan para crear energía. El cerebro no quema más que la forma de combustible más pura: el azúcar o glucosa. Sin embargo, ciertas moléculas son objeto de un transporte activo a través de la barrera de la sangre cerebral. Pequeñas moléculas especializadas las conducen al cerebro, proceso que requiere una enorme cantidad de preciosa energía. La razón por la cual el cerebro transporta estos compuestos a esta “zona sagrada” es evidente: los aminoácidos necesarios para el sostenimiento de proteínas cerebrales tienen el paso autorizado.

Secante de LSD firmado por Tim Leary.Secante de LSD firmado por Tim Leary.En 1976, científicos japoneses descubrieron que el cerebro transporta activamente el DMT a través de la barrera sanguínea. No existe otra substancia psicodélica por la que el cerebro demuestre tal interés. Si el DMT fuera simplemente un subproducto derivado de nuestro metabolismo, tal y como venían afirmando los psiquiatras, ¿porqué el cerebro se comporta de un modo tan inusual para adentrarlo en sus confines?

Allí donde el DMT hace su aparición, el cuerpo hace lo posible para utilizarlo rápidamente. Una vez que el cuerpo ha producido o recibido DMT, ciertas enzimas llamadas monoaminas-oxidasas (MAO), cuya concentración es especialmente alta en la sangre, hígado, estómago, cerebro e intestinos, lo disuelven en pocos segundos. Su presencia explica que el efecto del DMT sea tan corto.

Se puede decir que el DMT es un alimento para el cerebro. Nada más entrar, es utilizado. El cerebro transporta activamente el DMT a través de su sistema de defensa pero igual de rápido, lo deshace, dando lugar a pensar que la substancia es necesario para mantener una función vital cerebral normal. Sólo cuando el nivel de DMT es demasiado elevado podemos acceder a experiencias extraordinarias.

¿Porqué nuestro cuerpo fabrica DMT?

La respuesta del Dr. Strassman es clara: “Porque es la molécula del espíritu.” Una molécula del espíritu debe provocar, con una fiabilidad razonable, ciertos estados psicológicos que consideramos “espirituales”. Estos son sentimientos de alegría extraordinaria, de intemporalidad y la certeza que lo que experimentamos es “más real que la realidad”. Tal substancia puede conducirnos a una visión de coexistencia de opuestos, como la vida y la muerte, el bien y el mal; un conocimiento de que la consciencia continúa después de la muerte; una profunda comprensión de la unidad de base de todos los fenómenos; y un sentimiento de sabiduría o amor que ataña a todo campo de la existencia.

La vista no vale de nada si la mente está ciega.La vista no vale de nada si la mente está ciega.Una molécula del espíritu conduce también a reinos espirituales. Mundos que nos son de costumbre invisibles y no son accesibles en un estado ordinario de consciencia. Sin embargo, tan verosímil como es la teoría según la cual estos mundos existen tan solo en el campo mental, es la que establece que son, en realidad, “exteriores” a nosotros, y dotados de una existencia propia. Si cambiamos simplemente nuestras facultades receptoras cerebrales, podemos no solo comprenderlos sino también interactuar con ellos.

Hay que recordar que una molécula del espíritu no es espiritual en sí misma. Es un instrumento, un vehículo al que amarrar nuestra consciencia para ser remolcado a otros planos. Se necesita firmeza y preparación, puesto que cielo e infierno, sueño y pesadilla, forman los planos espirituales. El papel de la molécula del espíritu parece angelical, pero esto no garantiza que podamos adentrarnos en un mundo demoniaco.

El hecho de que el DMT se encuentre en todo el cuerpo es relevante. El cerebro lo busca, lo atrae y lo asimila sin demora. Como psicodélico endógeno, el DMT puede estar implicado en estados psicodélicos no provocados, que nada tienen que ver con la absorción de drogas, pero con una similitud asombrosa con los estados inducidos por algunas de éstas. Es posible que bajo la tutela del DMT endógeno seamos capaces de experimentar estados de ánimo transformadores, asociados a las experiencias de nacimiento, muerte, umbral de la muerte, contacto con entidades y a una consciencia mística / espiritual.

No se distorsiona la realidad al afirmar que el cerebro está hambriento de DMT.

Bibliografía:

“Psychonautica: Dmt”. Mister Strange. 2012.

“The DMT Chronicles”. Terence Turner. 2010.

“DMT. The Spirit Molecule”. R. Strassman”. 2001.

“Heavenly Highs: Ayahuasca, Kava-Kava, Dmt, and Other Plants of the Gods”. Peter Stafford. 2005.

http://www.erowid.org/

https://www.dmt-nexus.me/forum/default.aspx?g=forum

 

 

Psiconáutica y Psiconautas (IV)

Aldous Huxley

Por Xosé F. Barge

“Si las puertas de la percepción quedaran depuradas, todo se le habría de mostrar al hombre tal cual es, infinito”

El matrimonio del cielo y el infierno

William Blake

Esta es la cuarta entrega de una serie que reúne a todos aquellos psiconautas relevantes que aún no cayeron en el saco del articulista aquí firmante*. Ya hemos fundamentado el origen etimológico y conceptual de la Psiconáutica, hemos insinuado su desarrollo científico y nos hemos remontado a sus orígenes culturales, históricos e intelectuales*.

Como avecinábamos en el artículo anterior, que dedicamos a Conan Doylye y Sherlock Holmes*, ha llegado el momento de detenerse en aquellos creadores literarios, almas solitarias, que nunca llegaron a integrarse en tendencias o corrientes generalizadas. Son muchos los individuos que destacaron en el entorno de la psicodelia y no formaron parte de los movimientos descritos con anterioridad*.

Cuando se hace la concreción “creadores literarios” se aísla a este de otros entornos. Aunque ya se explicó con detenimiento en el artículo anterior, no es una cuestión de ensalzar un ámbito sobre otro, sino remitirse concretamente al pensamiento, las palabras y los testimonios escritos.

Lo cierto es que el lenguaje es el único medio que nos permite acercarnos de manera argumentada, de alguna forma “comprensible”, a una interpretación de la Psiconáutica y sus manifestaciones. Las imágenes, la pintura, la música u otros tipos de arte, por lo tanto, no serán objeto de reflexión.

Algunos ejemplos de paradas obligatorias en el transcurso de nuestro viaje hacia el congnoscible entorno de la literatura Psiconáutica serán Poe, Carroll, Jünger, Alan Watts y determinados habituales del alcohol, como Shakespeare o London. Intentaré transmitiros una parte inteligible de lo que ellos significaron, tanto para mí como en lo que a su importancia histórica e intelectual se refiere.

El apeadero inmediato, que se insinúa inevitable, es Aldous Huxley. Hace unos meses, cuando nos detuvimos en los inicios de la Psicodelia Literaria, el movimiento Beat y sus promotores, mencionábamos a este autor y los motivos por los que se relacionaba literariamente con Jack Kerouac o William Burroughs. Sin embargo, su origen inglés y sus periplos por todo el mundo, previos a su emigración al gigante estadounidense, impedían que hubiera una conexión directa entre él y el mencionado grupo. Huxley, además, podría considerarse “precursor” del modus operandi de la generación Beat y nunca al contrario, por una mera cuestión cronológica.

Pero, como suele decirse, comencemos por el principio. Aldous Leonard Huxley nace en 1894 en Godalming, condado de Surrey, Inglaterra. Es miembro de una reconocida familia de intelectuales. A modo de ejemplo, podemos destacar a su padre y a su abuelo, ambos reconocidos biólogos, o a su madre, una de las primeras mujeres que estudiaron en Oxford, nieta del poeta Matthew Arnold y hermana del novelista Humphrey Ward.

Como veis, es probable que el factor familiar ayudara a que Huxley encaminara sus pasos hacia los ámbitos del pensamiento. Su biografía advierte que la acotación literaria fue algo accidental, puesto que Huxley quería estudiar medicina. Sin embargo, a los 16 años padece queratitis punctata, una enfermedad que lo deja ciego durante 18 meses.

Es en este momento de su vida, en plena adolescencia, cuando el autor demuestra por primera vez de lo que es capaz: ensólo unos meses aprende a leer en braille y a tocar el piano.

Debido a la deficiencia visual que derivó de la enfermedad padecida, Huxley abandona la idea de estudiar medicina y se gradúa en literatura inglesa. A la temprana edad de veintidós años publica su primer libro y una colección de poemas.

Después de ejercer como profesor pasa a formar parte del equipo de redactores de la revista Athenaeum y a ejercer como crítico de teatro en la Westminster Gazzette.

Posteriormente, Huxley se traslada, junto a su mujer, a Florencia, Italia, y se adentra en el mundo de la prosa a través de la creación de cuentos. Es allí donde escribe su primera novela, Chrome Yellow (Los escándalos de Crome, 1921), y cuando se consolida como escritor. Se consagra así como hostigador de la burguesía británica y sus costumbres, y se le bautiza como el enfant terrible de las letras inglesas.

Después de la publicación de varias novelas, se traslada a Túnez para emprender un viaje alrededor del mundo y recoge las impresiones del periplo en el libro Jesting Pilate: An Intellectual Holiday, 1926.

La pareja se establece posteriormente en Francia. Primero, se afincan de forma temporal en París y luego se van al sur, a la ciudad de Tolon, donde compran una casa junto a la playa. Desde allí viajan habitualmente a Inglaterra, Italia y España.

Poco después de comenzar sus colaboraciones con el Chicago Herald, publica Brave New World (Un mundo feliz, 1932), novela que lo hará mundialmente famoso. Es en este momento cuando la rebeldía expresada en anteriores escritos se materializa como algo más. El ímpetu del británico trasciende cualquier manifestación distópica anterior y se convierte en un referente del pensamiento del S.XX.

Huxley es capaz de predecir situaciones que ocurrirán en unas décadas con una precisión inexplicable. Un mundo feliz se convierte en una obra profética y de concienciación social.

A continuación os mostramos un pequeño fragmento de la misma, que ejemplifica estas características, podéis denotar en él, un curioso y a la vez terrorífico parecido con la situación que actualmente nos ocupa:

“Me interesa la verdad. Amo la ciencia. Pero la verdad es una amenaza, y la ciencia un peligro público. Tan peligroso como benéfico ha sido. Nos ha proporcionado el equilibrio más estable de la historia. El equilibrio de China fue ridículamente inseguro en comparación con el nuestro; ni siquiera el de los antiguos matriarcados fue tan firme como el nuestro. Gracias, repito, a la ciencia. Pero no podemos permitir que la ciencia destruya su propia obra. Por esto limitamos tan escrupulosamente el alcance de sus investigaciones; por esto estuve a punto de ser enviado a una isla. Sólo le permitimos tratar de los problemas más inmediatos del momento. Todas las demás investigaciones son condenadas a morir en ciernes.

Es curioso -prosiguió tras breve pausa- leer lo que la gente que vivía en los tiempos de Nuestro Ford escribía acerca del progreso científico. Al parecer, creían que se podía permitir que siguiera desarrollándose indefinidamente, sin tener en cuenta nada más. El conocimiento era el bien supremo, la verdad el máximo valor; todo lo demás era secundario y subordinado. Cierto que las ideas ya empezaban a cambiar aun entonces. Nuestro Ford mismo hizo mucho por trasladar el énfasis de la verdad y la belleza a la comodidad y la felicidad. La producción en masa exigía este cambio fundamental de ideas. La felicidad universal mantiene en marcha constante las ruedas, los engranajes; la verdad y la belleza, no. Y, desde luego, siempre que las masas alcanzaban el poder político, lo que importaba era más la felicidad que la verdad y la belleza.

A pesar de todo, todavía se permitía la investigación científica sin restricciones. La gente seguía hablando de la verdad y la belleza como si fueran los bienes supremos. Hasta que llegó la Guerra de los Nueve Años. Esto les hizo cambiar de estribillo. ¿De qué sirven la verdad, la belleza o el conocimiento cuando las bombas de ántrax llueven del cielo? Después de la Guerra de los Nueve Años se empezó a poner coto a la ciencia. A la sazón, la gente ya estaba dispuesta hasta a que pusieran coto y regularan sus apetitos. Cualquier cosa con tal de tener paz. Y desde entonces no ha cesado el control. La verdad ha salido perjudicada, desde luego. Pero no la felicidad. Las cosas hay que pagarlas. La felicidad tenía su precio. Y usted tendrá que pagarlo, Mr. Watson; tendrá que pagar porque le interesaba demasiado la belleza. A mí me interesaba demasiado la verdad; y tuve que pagar también.”

Después de varios años de viajes y numerosas publicaciones, Huxley alcanza una etapa de su vida que es de especial importancia en lo que a la Psiconáutica se refiere. En 1941 se establece en Los Ángeles y descubre la literatura mística de la India. Mediante su amigo Christopher Isherwood, conoce a Swami Prabhavanada, filósofo y maestro espiritual.

Es en este momento cuando el escritor se detiene por primera vez y de manera profunda en el significado del alma y su relación con el entorno. Lo espiritual cobra relevancia e interactúa con la denuncia social, sin necesidad de aislarse de ella.

Poco después, en 1942, se retira a vivir en Llano, una pequeña localidad situada al borde del desierto de Mojave. Allí escribe Time must have a stop (El tiempo debe detenerse, 1944) novela inspirada en el Libro tibetano de los muertos o Bardol Thödol.

De nuevo se suceden publicaciones y viajes por todo el mundo, hasta que en enero de 1952 operan a su mujer, Marie, de un quiste maligno en un pecho. Esta es la primera manifestación del cáncer que provocará su fallecimiento en 1955.

Durante estos años de lucha, Huxley lee un artículo sobre el uso de mescalina como tratamiento para la esquizofrénica y se interesa notablemente en algunos apartados del mismo. Decide buscar a su autor principal, el Dr. Humphry Osmond, con el que entabla una consistente amistad.

Meses después y bajo la supervisión del propio Osmond y Marie, Huxley toma cuatro decigramos de mescalina. Esta es la primera experiencia del autor con una sustancia psicodélica y queda reflejada en un breve escrito titulado The Doors of Perception (Las puertas de la percepción, 1954), donde explica todo lo ocurrido durante aquella jornada.

Estel ensayo se convierte en el más relevante del autor sobre una sustancia psicodélica. Insinúa un modelo que permite llevar a cabo un estudio “formal” sobre una experiencia bajo los efectos de un enteógeno. También se convirtió en el precedente del que partieron muchos otros psiconautas, la piedra angular desde la que se fundamentó el estudio de las experiencias con sustancias psicodélicas en la actualidad.

Dice el autor a cerca de la mescalina:

La mayor parte de quienes consumen mescalina experimentan tan sólo la parte paradisíaca de la esquizofrenia. La droga trae el infierno y el purgatorio tan sólo a aquellos que han padecido recientemente ictericia, o a quienes sufren de depresiones periódicas o ansiedad crónica. Si, como las otras drogas de poder remotamente comparable, la mescalina era notablemente tóxica, tomarla sería suficiente en sí mismo como para causar ansiedad. Pero la persona razonablemente sana sabe de antemano que la mescalina es completamente inocua, que sus efectos se pasarán después de ocho o diez horas, sin dejar deseo alguno de renovar la dosis. Fortificada por este conocimiento, se embarca en el experimento sin miedo -en otras palabras, sin disposición alguna para convertir una experiencia extraña que no tiene precedentes en algo espantoso, en algo realmente diabólico.

A través del aparentemente caótico discurrir de este ensayo el autor define el interés investigador, la verdadera fundamentación de la Psiconáutica, una y otra vez:

Mientras tanto, había empezado a centrar la atención a petición del investigador en lo que estaba sucediendo dentro de mi cabeza; entonces, cerré los ojos. Esta vez, el paisaje interior era curiosamente aburrido. El campo de visión estaba lleno con estructuras de colores brillantes en constante cambio que parecían estar hechas de plástico o de estaño esmaltado...

- Barato - comenté. - Trivial, como las cosas en un todo a cien.

Y toda esta vulgaridad existía en un universo cerrado, apretado.

- Es como si uno estuviera bajo la cubierta de un barco - dije, - en un barco de todo a cien.

Y según miraba, me quedó muy claro que esta nave de todo a cien estaba conectada de alguna manera con las pretensiones humanas, con el retrato de Cézanne, con A.B. entre los Dolomitas sobreactuando a su personaje favorito de ficción. Este interior sofocante de barco trivial era mi propio yo personal; estas fruslerías móviles de hojalata y plástico eran mis contribuciones personales al universo.

Un fragmento esclarecedor, que nos permite identificarnos y empatizar con la experiencia del autor o intuir a dónde nos lleva este psicodélico, reza:

En tiempos ordinarios, el ojo se dedica a problemas como ¿Dónde?, ¿A qué distancia?, ¿Cuál es la situación respecto a tal o cual cosa? En la experiencia de la mescalina, las preguntas implícitas a las que el ojo responde son de otro orden. El lugar y la distancia dejan de tener mucho interés. La mente obtiene su percepción en función a la intensidad de existencia, de profundidad de significado, de relaciones dentro de un sistema.

Veía los libros, pero no estaba interesado en las posiciones que ocupaban en el espacio. Lo que advertía, lo que se grababa en mi mente, era que todos ellos brillaban con una luz viva y que la gloria era en algunos de ellos más manifiesta que en otros. En relación con esto la posición y las tres dimensiones quedaban al margen. Ello no significaba, desde luego, la abolición de la categoría del espacio. Cuando me levanté y caminé pude hacerlo con absoluta normalidad, sin equivocarme en cuanto al paradero de los objetos. El espacio seguía allí. Pero había perdido su predominio. La mente se interesaba primordialmente no en las medidas y las colocaciones, sino en el ser y el significado. Y junto a la indiferencia por el espacio, había una indiferencia igualmente completa por el tiempo.

-Se diría que hay tiempo de sobra. –

Era todo lo que me contestaba cuando el investigador me pedía que le dijera lo que yo sentía acerca del tiempo.

Otras partes del escrito responden a percepciones íntimas y no tan relacionadas con los efectos directamente derivados de la sustancia, véase la siguiente:

Vivimos juntos y actuamos y reaccionamos los unos sobre los otros, pero siempre, en todas las circunstancias, estamos solos. Los mártires entran en el circo tomados de la mano, pero son crucificados aisladamente. Abrazados, los amantes tratan desesperadamente de fusionar sus aislados éxtasis en una sola autotrascendencia, pero es en vano. Por su misma naturaleza, cada espíritu con una encarnación está condenado a padecer y gozar en la soledad. Las sensaciones, los sentimientos, las intuiciones, imaginaciones y fantasías son siempre cosas privadas y, salvo por medio de símbolos y de segunda mano, incomunicables. Podemos formar un fondo común de información sobre experiencias, pero no de las experiencias mismas. De la familia de la nación, cada grupo humano es una sociedad de universos islas.

Así podríamos continuar sin cesar, sin embargo, es recomendable que digiráisla obra en su totalidad si queréis comprender el mensaje que Huxley quiso transmitir.

Entre 1953 y 1963, el escritor experimenta una docena de veces con diversas sustancias, siempre haciendo primar un interés intelectual. Basándose en sus experiencias con el LSD, la psilocibina y la mescalina escribe una obra complementaria a la arriba mencionada, Heaven and Hell (Cielo e infierno, 1956).

Desde este momento, Huxley muestra un notable cambio en su actitud. Pasa de una vida de ermitaño, distanciada de la ciudad y las aglomeraciones de gente, a aparecer constantemente en público y dar conferencias universitarias por todo el territorio estadounidense. San Francisco, Stanford, Massachusetts, Nueva York, Santa Bárbara o Berkeley son sólo algunas de las charlas que han quedado registradas.

Queda constancia de un interés por “despertar” la consciencia de jóvenes universitarios, cierto ímpetu o intención de cambiar las cosas, no sólo a través de sus escritos sino de una forma más directa, pudiendo mirar a los ojos de aquellos a quien quiere explicar una visión sobre el mundo y las “cosas” que nos rodean.

En 1960 se le diagnostica un tumor en la lengua que logra contener mediante radioterapia. Finalmente, el 22 de noviembre de 1963 muere en Los Ángeles, California, a los sesenta y nueve años de edad.

Pidió, como es tradición para los lamaístas, que le fuera leído El Libro tibetano de los muertos al oído, poco después de registrar su fallecimiento.

Huxley fue, ante todo, el padre de la Psiconáutica actual y el precursor del pensamiento psicodélico como hoy lo entendemos. Él supo sobreponerse a la modernidad y la industrialización. Dejó que su alma congeniara con su intelecto y nos deleitó con algunas de las obras más significativas de la literatura universal.

*ARTÍCULOS:

-       “El nacimiento de la Psicodelia” Xosé F. Barge, El Cultivador, número 2.

-       “La expansión psicodélica. Los Hippies” Xosé F. Barge, El Cultivador, número 3.

-       “Psiconáutica y Psiconautas” Xosé F. Barge, El Cultivador, números 4, 5 y 6.

 

N-Dimetiltriptamina (DMT). 1ªparte

Texto: Growland.org

No tenemos imaginación suficiente para hacernos una idea de lo que nos perdemos. (Jean Toomer)

Introducción. Ciencia y sociedad.

La historia del uso de plantas, hongos y animales por el hombre, por su efecto psicodélico, es muy anterior a la historia escrita, y precede la aparición de la moderna especie humana. Ronald Siegel y Terence McKenna proponen incluso que nuestros ancestros simiescos imitaron otros animales comiendo cosas que causaban un comportamiento inhabitual. De este modo descubrieron las primeras substancias causantes de alteraciones mentales.

Cada vez son más los estudios que afirman la utilización de psicodélicos por parte de antiguas culturas por su efecto sobre la conciencia. Arqueólogos han descubierto antiguas representaciones africanas de hongos creciendo en un cuerpo humano, y recientes descubrimientos en arte rupestre prehistórico en Europa Septentrional sugieren la notable influencia de una consciencia psicodélicamente alterada.

Ciertos autores han emitido la hipótesis de que el lenguaje se desarrolló a partir de una comprensión y asociación psicodélica derivadas de los sonidos bucales emitidos por los primeros homínidos. Otros aseveran que son los estados psicodélicos los que han proporcionado las bases de la conciencia humana más antigua en materia espiritual y por tanto religiosa.

Las visiones, estados extáticos, y el despegue de la imaginación posibilitados por las drogas psicodélicas dieron a dichas substancias un papel importante en las más antiguas culturas. Varios siglos de investigación antropológica han demostrado que esas sociedades hacían uso de psicodélicos para mantener una cohesión y solidaridad social, contribuir en las artes curativas y e inspirar la creatividad artística y espiritual.

Los indígenas del “Nuevo Mundo” utilizaban, y continúan utilizando, una amplia gama de hongos y plantas psicotrópicas. La mayor parte de cuanto sabemos sobre psicodélicos procede del análisis químico de substancias químicas encontradas en materiales del hemisferio occidental: DMT, psilocibina, mescalina, y diversos compuestos similares al LSD.

“Cristales ultrapuros de DMT”“Cristales ultrapuros de DMT”

La profundidad y amplitud de los usos de plantas psicodélicas por los habitantes del “Nuevo Mundo” sorprendió y alarmó a los colonos europeos. Esta reacción puede ser explicada en parte a la relativa falta de plantas y hongos alucinógenos en Europa, aunque también se explica por la asociación de estas substancias con la brujería. La iglesia reprimió eficazmente toda información relativa al empleo de estas substancias en el Viejo y Nuevo Mundo, persiguiendo a los practicantes y transmisores de tales enseñanzas. Tan sólo a lo largo de los últimos cincuenta años se tuvo conocimiento que la práctica de rituales con hongos sagrados por los indios de México no desapareció en el S.XVI.

En Europa, el interés por las plantas o drogas psicodélicas y el acceso a ellas fue muy limitado hasta finales del S. XIX., cuando ciertos autores describieron los efectos psicodélicos del opio y el hachís (C. Baudelaire y Th. De Quincey), pero la dosis requerida para llegar a tales efectos fue considerada difícil de consumir, excesiva y peligrosa.

Mescalina

Peyote (Lophophora Williamsii)Peyote (Lophophora Williamsii)

La situación empezó a cambiar con el descubrimiento de la mescalina en el peyote, un cactus del nuevo mundo. En la última década del S.XIX, varios químicos alemanes aislaron mescalina a partir del peyote. Los primeros que la probaron alabaron la capacidad de éste para abrir “paraísos artificiales”. Sin embargo, las desagradables nauseas producidas por la substancia podrían relacionarse con la consiguiente falta de interés, no dando lugar en los medios psiquiátricos y médicos más que a un limitado número de artículos sobre ella hasta finales de los años 30. Otro motivo de tal falta de interés por la mescalina fue la predominancia en aquella época del psicoanálisis freudiano en el campo de la psiquiatría. Si Freud tuvo interés por drogas causantes de alteraciones mentales como la cocaína y tabaco, ya no fue el caso de sus discípulos. Freud rechazó la religión, y creyó que la espiritualidad y religiosidad no eran sino defensas contra miedos y deseos pueriles. Tal actitud no favoreció la investigación de la mescalina, substancia inherente a connotaciones de espiritualidad india.

LSD

En 1938, el químico suizo Albert Hofmann desarrolló un estudio sobre el cornezuelo del centeno para la división de productos naturales de Laboratorios Sandoz, importante grupo farmacéutico. Pretendía descubrir una substancia que pudiera contribuir a paliar el sangrado uterino tras el parto. Uno de los compuestos del cornezuelo era el LSD-25 (lysergic acid dyethylamide). Las pruebas realizadas con úteros animales dieron pocos resultados y Hofmann pronto lo dejó de lado. Sin embargo, cinco años más tarde “un curioso presentimiento” incitó a Hofmann a volver a examinar el LSD, y fue entonces cuando descubrió de forma accidental sus potentes propiedades psicodélicas.

Lo más destacable del LSD es que provoca efectos psicodélicos en dosis de millonésimas de gramo, lo cual significa que tiene mil veces la fuerza de la mescalina. De hecho, Hofmann se provocó a sí mismo prácticamente una sobredosis con una cantidad que el mismo juzgó demasiado pequeña para poder alterar la mente: ¼ de mg. Hofmann y sus colegas suizos no tardaron en publicar sus descubrimientos a principios de los años 40. A causa de las tremendas alteraciones mentales producidas por el LSD, los científicos decidieron subrayar sus propiedades “psicóticas”.

Los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial fueron apasionantes para la psiquiatría. Además del LSD, los científicos descubrieron las propiedades antipsicóticas de la torazina. El empleo de dicho neuroléptico mejoró sorprendentemente el estado de numerosos pacientes afectados por graves enfermedades mentales. El dominio contemporáneo de la “psiquiatría biológica” nació pues estos años. Esta disciplina, que estudia la relación entre el estado mental humano y la química cerebral fue hija de esta extraña pareja, el LSD y la torazina. Siendo el intermediario de ambas la serotonina.

En 1948, un grupo de investigadores descubrieron que la serotonina presente en la sangre estaba ligada a la construcción de los músculos de las paredes de arterias y venas, lo cual fue de una importancia capital para la comprensión de la forma en que el proceso hemorrágico podía ser controlado. “Serotonina” procede del latín serum, suero,y tonus, tensión.

Durante los años 50, otro grupo de investigadores repararon en la presencia de serotonina en el cerebro de diversos animales, mostrando su precisa localización y efectos sobre las funciones eléctricas y químicas de las células nerviosas. Las drogas o cirugía que modifican las regiones que contienen serotonina en el cerebro alteran profundamente el comportamiento sexual y agresivo, así como el sueño, vigilia y todo un abanico de funciones básicas. La presencia y función de la serotonina en el cerebro y el comportamiento la confirmó como el primero neurotransmisor conocido.

Así mismo, los científicos repararon en la similitud de las moléculas de LSD y serotonina, rivalizando ambas en muchas zonas cerebrales. En muchas casos, el LSD bloquea los efectos de la serotonina, en otros, imita su efecto. Tales descubrimientos hicieron del LSD la herramienta disponible más eficaz para establecer una relación cerebro-mente.

Investigaciones de campo

Decenas de científicos administraron en todo el mundo una amplia gama de psicodélicos a millares de voluntarios sanos y pacientes psiquiátricos. Durante dos decenios, dichos experimentos fueron subvencionados generosamente por fondos gubernamentales o privados, dando lugar a la publicación de infinidad de artículos y libros, así como a conferencias y encuentros internacionales en los que se debatían los últimos descubrimientos de la investigación en materia psicodélica.

Los laboratorios Sandoz distribuyeron LSD a diversos investigadores para poder provocar un estado psicótico controlado a voluntarios sanos. Los científicos confiaban en que tales experimentos pudieran dar luz a los desarreglos psicóticos naturales como la esquizofrenia. También recomendaron proporcionar dosis de LSD a trabajadores de servicios psiquiátricos, para ayudarles a sentir empatía hacia sus pacientes psicóticos. Estos jóvenes médicos quedaron marcados por tal acercamiento temporal con la locura. El abrupto encuentro con recuerdos y sentimientos inconscientes llevaron a los psiquiatras a creer que las propiedades relajantes para la mente podrían mejorar la psicoterapia.

“Tabletas azules de gel de LSD”“Tabletas azules de gel de LSD”

Numerosos estudios sugirieron entonces que los mecanismos ordinarios de terapia mediante discusión podrían ser más eficaces mediante el empleo de psicodélicos. Decenas de artículos científicos mencionan el tremendo éxito en prácticas con enfermos incurables con síntomas obsesivo-compulsivos, estrés pos-traumático, trastornos alimenticios, angustia, depresión, alcoholismo y otras dependencias químicas como a la heroína y cocaína.

El rápido avance descrito por los investigadores que llevaron a cabo “psicoterapias psicodélicas” incitó a otros investigadores al estudio de los efectos benéficos de tales drogas en pacientes en fase terminal, consumidos por el dolor y la enfermedad. La psicoterapia psicodélica, aunque con pocos efectos sobre los estados patológicos subyacentes, dio lugar notables efectos psicológicos. La depresión se disipaba, la demanda de fármacos contra el dolor disminuía considerablemente, y la aceptación de los pacientes hacia su y enfermedad y pronóstico fue mayor. Además, pacientes y familias parecían adquirir capacidad para hacer frente a profundos problemas emocionales de un modo desconocido hasta entonces. Ciertos terapeutas creyeron entonces que una experiencia transformadora, mística o espiritual era la que daba origen a tales reacciones milagrosas a la psicoterapia psicodélica.

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Pronto se reparó en que las experiencias descritas por voluntarios bajo la potente influencia de psicodélicos eran sorprendentemente similares a las vivencias de los practicantes de formas orientales de meditación. Los puntos en común entre alteración de la conciencia inducida por drogas psicodélicas y la provocada por meditación, llamó la atención de escritores y filósofos como Huxley, que hizo sus propios experimentos con LSD y mescalina, extremadamente ricos y positivos, bajo la tutela del psiquiatra canadiense H. Osmond durante las sucesivas visitas que le hizo a su residencia de Los Angeles durante los años 50. Huxley no se demoró en describir tales experiencias y las fantasías que le inspiraron. Sus escritos sobre la naturaleza y valor de la vivencia psicodélica fueron cautivadores y elocuentes e inspiraron a un buen número de investigadores para llevar a cabo experimentos destinados a acceder a la iluminación espiritual mediante el empleo de psicodélicos. Si bien sus ideas provocaron un movimiento masivo a favor de los psicodélicos, Huxley era un firme partidario de la limitación a su acceso, no debiendo reservar su uso más que a una élite de intelectuales y artistas, lejos de creer en que la población común pudiera estar preparada para sacar provecho de tales experiencias sin riesgo alguno.

Prohibición

Sin embargo, los estudios sobre enfermedades incurables, y la comparación de los efectos de las drogas psicodélicas con los de determinadas experiencias místicas, enredaron de un modo nefasto ciencia y religión. La investigación comenzó a alejarse demasiado del programa original de los Laboratorios Sandoz.

Para complicar aún más las cosas, durante los años 60 el LSD se fugó de los laboratorios. Un sin fin de noticias sobre suicidios, urgencias, asesinatos, malformaciones de fetos, alteraciones cromosómicas, invadió los medios de comunicación, lo cual, añadido al abandono total de principios por Timothy Leary y su equipo de investigadores en la Universidad de Harvard reforzó la sospecha de que ni siquiera los científicos podían controlar tan poderosas substancias.

“Nixon vs. LSD”“Nixon vs. LSD”

Los medios de comunicación exageraron las consecuencias negativas fisiológicas y psicológicas de las drogas psicodélicas. Numerosos artículos fueron fruto de investigaciones superficiales, otros no eran más que pura invención. Posteriores publicaciones desmintieron las acusaciones de alta toxicidad y deterioro cromosómico de los psicodélicos pero estos estudios apenas tuvieron eco después de tanta mentira. Una ola de artículos con descripciones de “malos viajes”, reacciones negativas a los psicodélicos empezaron a invadir la literatura psiquiátrica. Pero estaba claro que el índice de complicaciones psiquiátricas era extraordinariamente bajo en sesiones controladas, ya sea con voluntarios normales o pacientes. Sin embargo, cuando personas inestables o con problemas psiquiátricos tomaban psicodélicos impuros o desconocidos, combinados con alcohol y otras drogas de modo descontrolado y sin una vigilancia adecuada, los problemas era evidentes.

Como reacción a la ansiedad del público norteamericano por el uso descontrolado del LSD, y dejando de lado toda objeción procedente del medio científico, el congreso de EE.UU. promulgó en 1970 la ley que ilegalizó el LSD y demás psicodélicos. El gobierno provocó que la comunidad científica dejara de lado sus proyectos, poniendo todo tipo de trabas para conseguir una partida de substancias con las cuales llevar a cabo cualquier investigación al respecto y hacer florecer nuevos estudios. Los fondos se vivieron inexistentes y los investigadores abandonaron sus experimentos. Con la nueva ley sobre estas substancias, el interés por la investigación desapareció tan rápidamente como la forma en que se inició. Era como si tales substancias jamás se hubieran descubierto.

Evolución

Si se tiene en cuenta el intenso ritmo de investigación en materia de psicodélicos hasta hace apenas 40 años, no se puede uno más que sorprender por la total inexistencia que se les reserva en el actual panorama médico y psiquiátrico. Los psicodélicos constituyeron el pilar del desarrollo de la psiquiatría durante más de veinte años. Hoy en día, el desconocimiento de las nuevas generaciones de médicos y psiquiatras sobre la materia es total.

La evolución del estudio científico en materia de psicodélicos ha seguido un proceso muy poco natural. Comenzaron su carrera como “remedios milagrosos” para pasar a ser al poco tiempo “drogas abominables”, no dando lugar a más.

Si los estudiantes de medicina y psiquiatría saben tan poco acerca de las drogas psicodélicas, esto no se debe a las conclusiones de la investigación en la materia, sino a la manera en que acaba dicha investigación, que desmoralizó profundamente a la psiquiatría universitaria, que tuvo que dar completamente la espalda a los psicodélicos.

La investigación psicodélica fue un capítulo hiriente y humillante en la vida de tantos científicos eminentes, los más brillantes y mejores psiquiatras de su generación. Los investigadores psiquiátricos europeos y norteamericanos más respetados en la actualidad, tanto en medios universitarios como por la industria farmacológica, forjaron su vida profesional en la investigación de psicodélicos. Los miembros más influyentes de la profesión descubrieron que la ciencia, el trabajo y la razón eran incapaces de defender sus estudios ante la promulgación de leyes represivas alimentadas por la opinión pública, la emoción y los medios de comunicación.

Desde el preciso instante en que tales leyes se aprobaron, el control gubernamental así como la financiación pública y privada retiraron rápidamente autorizaciones, suministro de drogas y dinero para el estudio. Las drogas psicodélicas, que los investigadores estimaban como claves excepcionales para la curación de enfermedades mentales y tomas de conciencia se convirtieron en objeto de temor y de odio.

Un problema más se añadió. Los psicodélicos se convirtieron en objeto de disputa en el seno de la psiquiatría misma. Los psiquiatras puristas de la biología como una fuente dejaron de tolerar a todos sus colegas “atrapados por la religiosidad” y que ensalzaban los poderes curativos y espirituales de estas drogas. Éstos últimos consideraron a los partidarios del “todo cerebral” como estrechos de mente y limitados. La psiquiatría nunca estuvo de hecho a gusto con ninguna cuestión espiritual, y esto dio lugar a que toda una nueva cohorte de profesionales se centrara en poner en tela de juicio cualquier resultado de investigaciones sobre psicodélicos, dando lugar a la “teoría y práctica transpersonal”. De este modo, ciertos investigadores en materia de psicodélicos encontraron el modo de deshacerse de los complejos y contradictorios efectos que tales drogas causaban en sus pacientes y ellos mismos.

La falta de interés actual en el medio universitario puede comprenderse por la total ausencia de continuidad en materia de investigación con voluntarios. Sin embargo, es común que en la formación de futuros médicos se hable de teorías y técnicas pasadas, inclusive de todas aquellas caídas en desuso… desde los años 70, parece que las drogas psicodélicas nunca hubieran existido en el ámbito universitario y médico. Esto hasta mediados de los años 90, momento en que el Dr. Strassman organiza un seminario de investigación sobre drogas psicodélicas para internos en psiquiatría en la Universidad de Nuevo México. Probablemente la única desde hacía décadas.

Documentación

“DMT. The Spirit Molecule” R. Strassman. 2001.

http://www.erowid.org/

https://www.dmt-nexus.me/forum/default.aspx?g=forum

Extracción casera de mescalina:

http://www.cannarias.com/foros/showthread.php?t=8913

 

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