Adrenocromo (III)

Se dice, se cuenta, se comenta que el adrenocromo no existe, que existe; que produce efectos psicoactivos, que no los produce; que esto, que aquesto y lo de más allá; que ni lo uno, ni lo otro sino todo lo contrario…. ¿Qué será... será, pues, y qué hará o qué dejará de hacer esta sustancia? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

Habíamos finalizado la entrega precedente exponiendo unos apuntes preliminares sobre los trabajos de Hoffer y Osmond con esta sustancia. En esta ocasión, proseguiremos con la transcripción de parte de sus escritos:

Sumario del relato de un ensayo con adrenocromo (septiembre, 1952), 20-30 horas aproximadamente, condensadas en notas hechas en el momento por el sujeto (Osmond).

Después de que el líquido rojo-púrpura fuese inyectado [0,5 mg] en mi antebrazo derecho sentí un gran dolor. No esperaba que obtuviéramos ningún resultado de un bio-ensayo preliminar, de modo que, a mi juicio, no estaba en un estado de expectativas elevadas. El hecho de que mi presión sanguínea no subiera sugería que no estaba indebida o excesivamente tenso. Después de diez minutos, mientras me encontraba tumbado en un sofá mirando al techo, me di cuenta de que había cambiado de color. Parecía que la iluminación se había vuelto más brillante. Les pregunté a Abe y a Neil si habían notado algo, pero no habían notado nada. Miré alrededor de la habitación y pareció que había cambiado de una forma difícil de definir. Me pregunté si estas cosas no serían más que producto de mi propia sugestión. Cerré los ojos y apareció un brillante patrón de puntos de colores. Los colores no eran tan brillantes como aquellos que había visto con la mescalina, pero eran del mismo tipo. Los patrones de puntos tomaron gradualmente la forma de peces. Sentí que estaba en el fondo del mar o en un acuario entre un banco de peces de colores. En determinado momento, concluí que yo era una anémona en esa piscina. Abe y Neil persistían en preguntarme qué estaba pasando, lo cual me molestaba. Me trajeron un autorretrato de Van Gogh para que lo mirara. Nunca había visto un dibujo tan plástico y vivo. Van Gogh me contemplaba desde el papel, con la cabeza rapada, con dolor y mirada de loco; y parecía tridimensional. Sentía que podía acariciar la tela de su traje y que él se giraría dentro del marco. Neil me enseñó las cartas de Rorschach. Su textura, su apariencia de bajorrelieve, y las extrañas y divertidas formas que nunca antes había visto en las cartas eran extraordinarias.

Mis experiencias en el laboratorio eran, en general, placenteras, pero cuando salí, encontré los pasillos exteriores siniestros y hostiles. Me pregunté qué significaban las grietas en el suelo y por qué había tantas. Cuando salimos por las puertas del hospital, que conocía bien, me resultó hosco y desconocido. Mientras conducíamos por las calles, las casas parecían tener algún significado especial, pero no puedo decir cual era. En una ventana vi una antorcha encendida y me quedé asombrado por su brillo y su gracia. Dirigí la atención de mis amigos hacia ella, pero no les impactó lo más mínimo.

Llegamos a la casa de Abe, donde me sentí desconectado de la gente, pero no infeliz ni triste. Sabía que debía discutir la experiencia con Abe y su mujer, pero no me apetecía. No sentía ningún interés especial hacia nuestro experimento ni satisfacción por nuestro éxito, aunque me dije a mí mismo que era muy importante. Antes de irme a dormir noté que las visiones de colores retornaban cuando cerraba los ojos (normalmente, cuando estoy cansado, tengo visiones hipnagógicas después de estar varios minutos en una habitación oscura). Dormí bien.

A la mañana siguiente, aunque sólo había dormido unas pocas horas, la vida me parecía bonita. Los colores eran brillantes y tenía buen apetito. Era completamente consciente de las posibilidades que se derivaban de nuestro experimento. El color tenía un significado extra para mí. Las voces, el ruido de la máquina de escribir, cualquier sonido era muy claro. Con aquellos que no apreciaban la importancia del nuevo descubrimiento fácilmente me podría haber puesto irritable, pero fui capaz de controlarme.

Segunda experiencia de Osmond con el adrenocromo (1953).

Tomé 5 mg de adrenocromo, esta vez porque pensábamos que se estaba deteriorando.

Únicamente divisé unos pocos patrones visuales con los ojos cerrados. Tenía la sensación de que había algo maravilloso esperando para ser visto, pero no pude verlo de ninguna manera. De todos modos, en el mundo exterior todo parecía más hostil y el Van Gogh era tridimensional. Empecé a sentir que estaba perdiendo contacto con todo. Mi hermana telefoneó y, aunque normalmente me alegra oír su voz, no pude sentir ninguna calidez ni felicidad. Observé a un grupo de pacientes bailando y, aunque me gusta ver bailar a la gente, con el interés y la envidia de quien es torpe con sus pies, no tuve ningún tipo de sentimiento.

Conduciendo de vuelta a casa de Abe, un transeúnte pasó por la carretera enfrente de nosotros. Pensé que podríamos atropellarle y mirarle con curiosidad y desapego. No sentía la menor preocupación por la víctima. No le atropellamos.

Comencé a preguntarme si seguía siendo una persona y pensé que podría ser una planta o una piedra. Mis sentimientos y mi interés hacia los humanos disminuían según aumentaban mis sentimientos hacia los objetos inanimados. Sentía indiferencia hacia las personas y tenía que frenarme para no hacer comentarios desagradables sobre ellas. No me sentía inclinado a decir más que aquello que observaba. Si me preguntaban si me gustaba un dibujo decía lo que sentía y despreciaba el sentimiento del interlocutor.

No quería hablar y me sentía más confortable mirando al suelo o a una lámpara. El tiempo parecía no tener importancia. Dormí bien esa noche y me desperté sintiéndome animado, pero aunque tenía que acudir a un encuentro, no me di la menor prisa en hacerlo. Al final, más o menos tuve que ser sacado de la casa de Abe. Tenía que recoger mi coche en un garaje cercano donde estaba siendo reparado. Hubo algún problema para encontrarlo y, cuando me vi sentado en el asiento del conductor me di cuenta de que no estaba en condiciones de conducir. Sin embargo, no me sentí ansioso o estresado sino que persuadí al propietario del garaje para que me llevara hasta mi destino. Creo que, normalmente, me habría sentido humillado ante una situación así. No me sentí humillado.

Acudí al encuentro científico y, a lo largo del mismo, escribí esta nota: "Querido Abe, esta maldita cosa sigue haciendo efecto. Lo curioso del asunto es que el stress reaviva los efectos, alrededor de 15 minutos. Tengo la sensación de que hubiera un muro de cristal entre mi persona y el mundo exterior. Es una sensación fluctuante, casi intangible, pero sé que está ahí. No estaba ahí hace tres cuartos de hora; el menor stress vino al recoger el coche. Ahora tengo la sensación de que no conozco a nadie aquí; absurda, pero desagradable. También algunas ligeras ideas de referencia, que provienen de mi sensación de excentricidad. Acabo de empezar a preguntarme si mis manos están escribiendo esto, una locura, por supuesto".

Fluctué durante el resto del día. Mientras era llevado a casa por mi colega psicólogo, Mr. B. Stefaniuk, descubrí que no era capaz de relacionar las distancias y el tiempo. Podía ver un vehículo a lo lejos, en la carretera, pero no sabía con certeza si íbamos a colisionar con él. Hicimos una parada en el camino para tomar un café y me sentí molesto y perturbado por las miradas de soslayo y encubiertas de un hombre siniestro. No estaba seguro de si ese hombre me estaba mirando así o no. Salí fuera a ver dos coches destrozados que habían sido traídos hasta un garaje cercano. Me sentí profundamente preocupado por ellos y por el destino de sus ocupantes. Sólo haciendo un esfuerzo pude dejar de mirarlos y marcharme. Parecía que estuviera involucrado de alguna manera con ellos.

Más tarde, avanzado el día, sonó el teléfono cuando llegué a casa. No le presté atención y dejé que sonara sin cogerlo. Normalmente, no importa lo cansado que esté, siempre lo cojo.

Por la mañana sentí que volvía a ser yo mismo.

A continuación, incluiremos unas breves notas de Hoffer al respecto del comportamiento observado en Osmond tras haber tomado adrenocromo:

El cambio en Osmond -que se caracterizó por una fuerte preocupación por los objetos inanimados, por un marcado rechazo a comunicarse con nosotros, y por una fuerte resistencia ante nuestros requerimientos- entraba en llamativo contraste con su habitual comportamiento social.

En el segundo bio-ensayo, el cambio más notable fue su retiro y separación del resto de las personas. Tras la sesión de laboratorio, fuimos a la casa de Hoffer. Osmond entró, encontró una silla y permaneció sentado en ella durante aproximadamente una hora en la que permaneció absorto examinando la alfombra. No saludó al grupo de personas que estaban en la casa ni entró en conversación con ellas.

Osmond estaba ansioso y asustado por retirarse. Por la mañana se distraía con facilidad. Tardó dos horas en vestirse.

Resumiendo, los cambios que notamos fueron: preocupación por los objetos inanimados, negativismo, debilitamiento de los procesos asociativos, ansiedad y distractibilidad.

Más adelante, Hoffer y Osmond comentan lo siguiente:

Taubmann y Jantz razonaron que el adrenocromo administrado vía sublingual llegaría al cerebro habiendo sufrido un menor proceso de deterioro que cuando se administra vía endovenosa. Creían que llegaría al cerebro directamente a través de las venas sublinguales, lo mismo que se cree que la novocaína llega antes al cerebro por esta ruta. Muchos euforizantes son comúnmente absorbidos por la mucosa oral, por ejemplo, la coca, el betel, el hachís. En consecuencia, ellos administraron debajo de la lengua 3 mg de adrenocromo en forma de polvo. El adrenocromo produjo una sensación corrosiva. Pasados 10 minutos, los sujetos notaban una ligera sensación de calidez en la cara y hormigueo en los dedos. Con frecuencia se quejaban de un dolor moderado en la zona del corazón. Todos los síntomas somáticos desaparecían a los 30 minutos. Los cambios psíquicos ocurrieron a partir de los 10 minutos. Variaban de persona en persona e, incluso, en la misma persona entre una administración y otra. La depresión era más frecuente que la euforia.

Ocurrieron marcados cambios en la percepción visual. El color de los objetos cambió en calidad y apareció peculiar o extraño y desproporcionado. Los objetos distantes parecían estar demasiado cerca. Fue apreciado movimiento en objetos estáticos. No se observaron desórdenes en el área del pensamiento y la consciencia. Todos los cambios cesaron pasada media hora. […] Su adrenocromo, cristalizado muy rápidamente a la temperatura del dióxido del carbón líquido, era menos activo que el adrenocromo precipitado a temperaturas más altas.

En cualquier caso, los mejores estudios psicológicos con humanos fueron llevados a cabo por Grof. S. et al (1963). […] Las dosis de adrenocromo variaron de 15 a 30 mg sublinguales. […] Los autores, finalmente, concluyeron que los cambios en el pensamiento inducidos por el adrenocromo eran similares a los observados en la esquizofrenia.

Referencias:

HOFFER, A. & OSMOND, H. Adrenochrome and some of its derivates. En: The Allucinogens. Academic Press, New York and London; 1967. pp 267-442.

GROF, S et al. (1961). Activitas Nervosa Super. 91: 636.

GROF, S. et al. J. Neuropsychiat. 5:33.

 

Alucinógenos y espiritualidad: estudios científicos

Por Dr. José Carlos Bouso

Wasson y María SabinaWasson y María Sabina

Terminaba el anterior artículo de esta sección comentando los resultados de un estudio realizado con MDA (3,4-metilendioxianfetamina; no confundir con MDMA) en el que se habían estudiado los mecanismos perceptivos que podían estar en la base para explicar las visiones inducidas por alucinógenos y explicando cómo, por diferentes razones, no se había llegado a conclusiones claras, pero que uno de los resultados que se encontró al evaluar los efectos subjetivos inducidos por la sustancia fue que los sujetos puntuaron alto en una escala de misticismo, y adelanté que el siguiente artículo, o sea, éste, versaría sobre las diferentes investigaciones que se están realizando hoy día precisamente para evaluar la capacidad de los alucinógenos para inducir experiencias de tipo espiritual que puedan tener como efecto principal a largo plazo un cambio a mejor en la personalidad de los iniciados. Allá voy, pero antes permítaseme hacer un repaso histórico-antropológico al asunto para que, entendiendo las raíces culturales de este tipo de investigación, el lector pueda formarse una idea propia acerca de las implicaciones sociales que este tipo de investigación tiene, cualesquiera que estas sean. No hace falta recordarle al lector que las ciencias humanas no son neutras, los temas que se investigan necesariamente obedecen al contexto cultural en el que están inmersas, y la ciencia psiconáutica, en cuanto a tal, no se escapa a ese axioma.

Stephan Beyer, en su monumental libro titulado Singing to the plants[1], probablemente la mejor y más actualizada enciclopedia-guía publicada a día de hoy sobre chamanismo vegetalista, explica cómo es el alma, no el espíritu, el verdadero paisaje del chamanismo: "Los chamanes lidian con la enfermedad, la envidia, la malicia, la traición, la pérdida, el conflicto, el fracaso, la mala suerte, el odio, la desesperación y la muerte -incluso la suya propia. El propósito (cursiva del autor) del chamán es morar en el valle del alma -curar lo que se ha roto en el cuerpo y en la comunidad." Sin embargo, nos explica Beyer, el estudio del chamanismo moderno lo inauguró Mircea Eliade con su famoso libro El chamanismo y las técnicas arcaicas de éxtasis, en el que se nos cuenta un chamanismo "esencialmente caracterizado por la ascendencia a los cielos, el éxtasis, el vuelo del alma y los viajes fuera del cuerpo al reino del espíritu", una visión que ha trascendido el trabajo pionero de Eliade llegando hasta nuestros días. Continúa Beyer: "su ampliamente citado tratado sobre chamanismo está lleno de referencias al cielo, a la ascensión, a lo vertical más que a lo horizontal". Pero donde se juega la vida el chamán en realidad en su práctica cotidiana no es en la ascensión, cuando sube al reino del espíritu, sino en el viaje horizontal, cuando se adentra en el terreno del alma. Y en este error es en el que cae el etnomicólogo aficionado Robert Gordon Wasson cuando "descubre" a María Sabina en las montañas mazatecas de Oaxaca. Tal y como nos explica Beyer, los niños santos de María Sabina no se utilizaban para buscar a dios, los niños santos los utilizaban María Sabina y sus congéneres chamanes mazatecos para curar enfermedades, para resolver problemas comunitarios, para, jugándose la vida, lidiar en los mundos del alma. Pero a Wasson el mundo del alma no le interesaba, a él le interesaba, como buen protestante, el mundo del espíritu, por eso cuando desveló el misterio de los hongos su narración versa menos sobre el trabajo de María Sabina y más sobre su experiencia subjetiva con los honguitos en aquella velada que María Sabina le ofrendó. Wasson y sus amigos no tomaron los hongos porque sufrieran una enfermedad, los tomaron porque querían encontrar a dios, pero encontrar a dios no es el propósito del chamanismo, ni el uso del que hacían los mazatecos de los niños santos. “Para encontrarse con dios uno va a la iglesia”, decía María Sabina. Por eso, desde que los hongos fueron profanados, desde que Wasson y sus secuaces les despojaron de su verdadera utilidad, los niños santos dejaron de hablarle a María Sabina, dejaron de funcionar. Nos cuenta Beyer cómo Wasson fue claramente a México buscando una experiencia mística y cuando se encontró a María Sabina, efectivamente la tuvo, al margen del uso tradicional que ella hiciera de los hongos psilocibios.

Maria Sabina y PoloniaMaria Sabina y Polonia

Si el lector me permite abrir un paréntesis, me gustaría, ya dejando a Beyer y antes de entrar definitivamente en temática, explicar la turbación que me produce la incomprensible paradoja de cómo la intelectualidad enteogénica ha tratado de manera tan diferente e injusta la obra y figura de Carlos Castaneda en relación a la de Wasson. Quizás porque el propio Wasson en vida criticó con dureza a Castaneda y quizás porque esas críticas han perdurado en los discípulos de Wasson, obsesionados todos por menospreciar, cuando no claramente despreciar, el trabajo de Castaneda, en relación, eso sí, siempre, al de Wasson. No solo esto es turbador: lo más perturbador de todo es asistir a cómo el término enteógeno, propuesto por Wasson y sus colaboradores de entonces, ha sido tan ciega y acríticamente aceptado. Pereciera como si la contracultura psiconáutica careciera de criterio para juzgar unos hechos de manera racional, quedando tan tergiversados que lo justo es injusto, y viceversa, y lo especulativo rigurosidad, y al revés. Wasson ha pasado a la historia como el gran "descubridor" de una tradición fúngica que se creía perdida en la historia y Castaneda, por su parte, como el gran estafador. No sabemos si la saga de Las enseñanzas de Don Juan es ficción o antropología, pero lo cierto es que están basadas en su tesis doctoral sobre chamanismo mexicano, mientras que Wasson era un simple aficionado; y lo cierto es que Castaneda explica técnicas y rituales que pueden encontrarse en cualquier ritual chamánico, aparte de describir plantas alucinógenas ampliamente usadas en chamanismo. ¿Todo es invención de Castaneda o lo que hizo fue alterar datos, localización de lugares, técnicas y demás información para que no se pudiera localizar ni a Don Juan ni a la comunidad a la que pertenecía? ¿Acaso Castaneda en lugar de jactarse por haber "descubierto" una tradición lo que hizo fue "traicionar", no con el fin de engañar al lector, sino con el de proteger una tradición que, como nos había enseñado Wasson una década antes, es culturalmente frágil? ¿Cómo es posible que el que ha salvaguardado la identidad de sus informantes haya pasado a la historia como un farsante y el que hizo público un "descubrimiento", haciendo gala del más despreocupado colonialismo, haya pasado a la historia como un héroe? Y lo más rocambolesco: el antropólogo profesional, para no causar daño, escribe literatura aún a costa de ser desprestigiado mientras que el aficionado, ávido de reconocimiento, cuenta a sus conciudadanos, aprovechando la enorme tirada de la revista Life[2], no que aún existen prácticas ancestrales, sino que aún existen conquistadores que descubren nuevos mundos, por mucho que esos mundos fueran más viejos que los de los conquistadores. De hecho, después de que Wasson pasara por Huautla, dejó un reguero de envidias que se manifestaron, entre otras cosas, en que a María Sabina le quemaran la casa varias veces y fuera otras tantas despreciada por los miembros de su propia comunidad, sin que Wasson nunca viniera en su ayuda. Esto en cuanto a las personalidades de cada cual y sus respectivas obras científico-literarias. Respecto al término enteógeno, ya roza el cachondeo que un término propuesto por alguien que ejerció el colonialismo cultural y que no describe una realidad cultural sino una visión etnocéntrica de unas prácticas chamánicas, además cargada de ese contenido tan radicalmente protestante, haya calado tan hondo en la comunidad psiconáutica internacional. En el paroxismo del sinsentido se encuentra ya la defensa de que el término enteógeno, según los defensores de este término, no hace referencia a una categoría farmacológica de drogas, sino a un contexto cultural en el que se toman, y ese contexto cultural generalmente es ritual y situado en culturas indígenas. De esta forma, drogas de farmacología tan diferentes como la hoja de coca o la ayahuasca serían enteógenos cuando su uso se produjera dentro de un contexto cultural indígena. El sinsentido viene cuando precisamente en los contextos tradicionales en los que se toman drogas buscan cualquier cosa excepto comunicarse con dios, sea este un dios interior o exterior. Los contextos tradicionales buscan curar, lidiar con males físicos y sociales, no tener experiencias místicas. Los únicos que buscan experiencias místicas con drogas son los occidentales, luego el término enteógeno, de servir para algo, debería quedar circunscrito al uso occidental de drogas con fines místicos, y dejar en paz al resto de los contextos, sobre todo los chamánicos. Después de todo, el principal artífice de la creación del concepto, Wasson, creó un término a la medida de su realidad, no para describir un fenómeno externo a él. Una vez entendido esto, estamos ahora en mejor disposición para entender por qué la ciencia occidental hace estudios con alucinógenos evaluando su acción misticomimética. Esto es, porque obedece una tradición cultural teocéntrica, donde la espiritualidad es la unión con lo divino, y nada más. Asumamos esto tal y como es: nuestras experiencias místicas están culturalmente determinadas, y las drogas simplemente nos permitirán el acceso a esa realidad cultural. Dentro de ninguna droga existe encapsulado ningún dios, igual que no existe dentro de nadie esperando a manifestarse cuando ese alguien se drogue. Lo que existe es una tradición cultural religiosa que condiciona el uso que hacemos de las drogas. Por eso, el término enteógeno sólo es preciso si se aplica occidente, algo contrario a su espíritu, que se pensó para contextos chamánicos. Lo dicho, un sinsentido.

Timothy Leary y Richard Alpert (Ram Dass)Timothy Leary y Richard Alpert (Ram Dass)

Huxley definió la experiencia psiquedélica como "gracia gratuita", por eso fue quién mejor supo entender que, debajo de la experiencia en realidad, había un sustrato cultural sobre el que actuaba la sustancia, de ahí que, lejos de caer en explicaciones teológicas respecto al mecanismo de acción de los alucinógenos, propusiera una explicación fisiológica de la que ya hablamos en artículos previos. Huxley fue el padrino psiquedélico de Tim Leary, quien, fascinado por ese estado de "gracia", ideó el primer estudio científico para comprobar que, si se elegía el contexto y las personas adecuadas, el "espíritu encapsulado" de los niños santos de María Sabina, la psilocibina, podía inducir experiencias místicas en los iniciados. Hay que entender que esta obsesión de los americanos por demostrar unas propiedades místicas de una sustancia no se deben a otra cosa que al peso enorme que tiene la religión en ese país, de ahí que haya sido el único país en el que, hasta el momento, la investigación psiquedélica haya estado orientada hacia el misticismo.

El experimento, conocido mundialmente como Experimento del Viernes Santo, formaba parte de la tesis doctoral de un alumno de Leary, el estudiante de teología William Pahnke. Pahnke diseñó un cuestionario que evaluaba las siguientes 9 categorías, pertenecientes a una experiencia mística de acuerdo al conocimiento en misticismo de autores reconocidos en la temática: Sentimientos de unidad interna y externa, Trascendencia de espacio y tiempo, Estado de ánimo profundamente positivo, Sentimiento de sacralidad de la experiencia, Realidad objetiva (la experiencia, objetivamente, es real), Paradojicidad, Inefabilidad, Trascendencia, y Cambios positivos persistentes en las actitudes y la conducta[3]. Durante una ceremonia oficiada la noche de Viernes Santo de 1962 en una iglesia de Boston, a la mitad del grupo de voluntarios se le dio 30 mg de psilocibina y a la otra mitad ácido nicotínico, un placebo activo que imita los síntomas fisiológicos de la psilocibina pero que carece de efecto psicológico. En 8 de las 9 categorías citadas hubo diferencias significativas entre el grupo experimental y el de control (la única similitud fue en la categoría "estado de ánimo positivo", en la que no hubo diferencias entre grupos). Lo más sorprendente de todo es que, a los 6 meses, la diferencia entre grupos no solo se mantuvo, sino que aumentó ligeramente. Sin embargo las cosas no fueron tan bonitas como se reportaron en los informes científicos ya que, un sujeto del grupo psilocibina, tuvo un brote psicótico y tuvo que ser medicado. Si bien los resultados, en términos estadísticos, de este estudio fueron irreprochables, no ocurrió lo mismo con los reportes subjetivos de los voluntarios, donde, aparte del caso ya mencionado, muchos manifestaron haber atravesado experiencias difíciles, reportes que no se publicaron. Un seguimiento, realizado por Rick Doblin 27 años después, encontró que, a pesar de las experiencias difíciles por las que atravesaron los participantes, seguía habiendo diferencias entre los grupos respecto al impacto vital positivo que tuvo el famoso experimento[4].

Más de 40 años después del famoso experimento del viernes santo, el equipo del reputado psicofarmacólogo Roland Griffiths, de la Universidad John Hopkins, reinició la investigación misticomética con psilocibina. Se pretendía replicar el famoso estudio de Pahnke, esta vez con técnicas metodológicamente modernas, y con un cuidado exquisito en el diseño experimental. A día de hoy, se han publicado ya varios artículos científicos con los resultados de estos experimentos. El primero de ellos, en el que se administró una dosis de aproximadamente 30 mg de psilocibina a voluntarios orientados espiritualmente, pues se seleccionaron a personas que estuvieran previamente involucradas en algún tipo de práctica exporitual, y 40 mg de metilfenidato a modo de placebo activo, replicó los resultados de Pahnke de entonces: la psilocibina indujo una experiencia mística a 22 de los 36 voluntarios que participaron en el estudio que calificaron como la experiencia más significativa y espiritual de sus vidas[5], experiencia que se mantuvo como significativa en un seguimiento 14 meses después[6] y que se manifestó en cambios en positivo de personalidad evidenciables con cuestionarios al uso[7]. Un estudio posterior, en el que se administraron diferentes dosis de psilocibina, evidenció, a su vez, que solo las dosis altas inducen experiencias espirituales[8]. Es interesante también constatar que 4 de los 26 voluntarios también tuvieron una experiencia mística con los 40 mg de metilfenidato, algo que dice mucho de lo potente que es el efecto placebo. Por último, si bien fisiológicamente la psilocibina se mostró segura, alrededor del 40% de los voluntarios de estos estudios atravesó por experiencias calificadas como de extrema ansiedad y miedo, que se resolvieron positivamente. Un dato a tener muy en cuenta antes de pregonar a los 4 vientos la inocuidad de estas sustancias. Probablemente el hecho de que el entorno estuviera muy bien cuidado pone de manifiesto que, aún así, las experiencias con psilocibina pueden ser bastante contundentes. También es cierto que ninguno de los voluntarios tenía experiencia previa con ningún enteógeno (término, que para este tipo de estudios concretos, sí parece adecuado). Como se mencionaba al principio de este artículo, el otro estudio en el que se ha evaluado la experiencia mística tras la administración de un alucinógeno ha sido el del grupo de Baggott, donde se administró MDA[9].

En resumen, parece científicamente demostrado que los alucinógenos como la psilocibina o la MDA, inducen experiencias de tipo místico, que promueven cambios positivos en la personalidad y que dichos cambios se mantienen en el tiempo. Los autores de estos estudios discuten el valor de este tipo de experiencias en el tratamiento de algunos trastornos mentales, como son la adicción a drogas o las situaciones de depresión y ansiedad que padecen personas diagnosticadas de enfermedades incurables y que se encuentran en fase terminal. Pareciera como si, debido a nuestro devenir cultural, el sentirse parte de algo más grandioso que nuestra idiosincrásica identidad, redujera nuestra sensación de encapsulamiento, y que ese sentirse unido a todo lo que de vivo nos rodea pudiera aliviar nuestras cargas existenciales y con ello permitirnos vivir una vida más plena. El siguiente artículo de esta sección revisará estos estudios terapéuticos que, hoy día, se están desarrollando con alucinógenos y evaluará críticamente los logros alcanzados, así como los retos que se pretenden alcanzar.

 


[1] http://www.singingtotheplants.com/

[2] http://www.imaginaria.org/wasson/index.htm

[3] http://www.erowid.org/entheogens/journals/entheogens_journal3.shtml

[4] http://www.druglibrary.org/schaffer/lsd/doblin.htm

[5] http://www.erowid.org/references/texts/show/6693docid6202

[6] http://www.erowid.org/references/texts/show/7339docid6508

[7] http://www.maps.org/w3pb/new/2011/2011_Maclean_23187_1.pdf

[8] http://www.maps.org/w3pb/new/2011/2011_Griffiths_23179_1.pdf

[9] http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0014074

 

Adrenocromo (II)

Se dice, se cuenta, se comenta que el adrenocromo no existe, que existe; que produce efectos psicoactivos, que no los produce; que esto, que aquesto y lo de más allá; que ni lo uno, ni lo otro sino todo lo contrario…. ¿Qué será... será, pues, y qué hará o qué dejará de hacer esta sustancia? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

En el artículo anterior nos habíamos quedado con las declaraciones autobiográficas de Arizona Wiler: Escalofriantes… aterradoras… tan sólo que, si Hunter S. Thompson iba y escribía colocado hasta la médula y contaba lo que le venía en gana siguiendo las directrices de un sub-género periodístico y literario que él mismo se había sacado de la manga, la señorita Wilder, más allá de lo accidentada que haya podido ser su vida y de lo mucho, poco o nada que, en realidad, haya podido intervenir como víctima y verdugo en los mencionados rituales, está, lisa y llanamente, como las mismísimas marcas de Machín. Y así viene a demostrarlo el hecho de que las declaraciones que acabamos de transcribir formen parte de un testimonio más extenso y completo en el que la susodicha pretende revelar al mundo los intríngulis, tejemanejes y pormenores de los modos de operar de los Illuminati y reptiloides en el planeta Tierra. En otras palabras: conspiranoia -pura, dura y elevada a su más alto y delirante extremo- que, inexorablemente, invalida el relato al completo, poniendo en tela de juicio cualquier posible hecho, declaración o argumento que pudiera tener el más mínimo viso de ser real, verídico o certero[1].

Una vez más, por lo tanto, mera patraña.

¿O no?

Pues no del todo, ya que, al parecer, las alusiones que, tanto Thompson como Wilder, hacen al respecto del adrenocromo y su vinculación con el satanismo, los rituales, la tortura y el canibalismo, resultan no ser tan gratuitas ni fantasiosas como, en un principio, pudiera pensarse… al menos, si tomamos en consideración que se ven fielmente reflejadas en los datos y argumentaciones que aportan otros individuos cuya reputación, fiabilidad y estabilidad mental está muy lejos de ser puestas en duda por nadie. Veamos, al efecto, la siguiente referencia:

4 –       La sustancias psicoactivas producidas por el cuerpo humano son numerosas y probablemente todavía quedan muchas por descubrir. Son producidas por diversos órganos y tejidos, desde la epífisis a las glándulas suprarrenales, y se distribuyen por todo el cuerpo a través del torrente sanguíneo. En cada momento de la vida de una persona su cuerpo contiene millares de moléculas psicoactivas de efectos sedantes, alucinógenos, euforizantes o estimulantes.

[…]

La adrenalina es la droga simpáticomimética por excelencia, aumenta la presión arterial y el latido cardiaco y es una molécula que con toda probabilidad está involucrada en los efectos psicoactivos de diferentes “preparaciones” caníbales. En la abrumadora mayoría de casos de antropofagia, la víctima humana está cargada de adrenalina, puesto que esta hormona se produce en grandes cantidades en las glándulas suprarrenales precisamente en los momentos de terror como son los momentos que anteceden a la matanza brutal de la víctima. Es por ello que adquiere un sentido la también frecuente tortura de la víctima antes de sacrificarla, pues induce una hiper producción de adrenalina y de sus productos metabólicos. Los ngarrindjeri australianos –por ejemplo- descubrían mediante profundas heridas las glándulas suprarrenales para rascarlas y comérselas teniendo cuidado de mantener a la víctima en vida, habían optimizado el descubrimiento de las propiedades estimulantes de la “grasa renal” potenciándolo con esta técnica, no sólo atroz sino también eficazmente.

Son particularmente interesantes algunas sustancias de la cadena metabólica de la adrenalina, en particular el adrenocromo, producido por la descomposición de la adrenalina y sospechoso de estar involucrado en los mecanismos patológicos de la esquizofrenia. Sus propiedades psicoactivas fueron constatadas en los años 1950, pero acto seguido fueron puestos en duda y actualmente la cuestión está en suspenso. Sin embargo, es difícil ignorar la mole de auto experimentos controlados y de datos anecdóticos sobre el adrenocromo y es bastante probable que en la cadena metabólica adrenalina-adrenocromo-adrenovolutina realmente haya algo psicoactivo.

Glándulas suprarrenalesGlándulas suprarrenales

Palabras de Giorgio Samorini, renombrado etnobotánico italiano, autor, entre otras obras, del libro Animales que se drogan.

Ufff… el temita empieza a ponerse emocionante… de modo que, si les parece, peguémonos un subidón de adrenalina escuchando el post-punk gótico de Sisters of Mercy y luego prosigamos con nuestras diatribas:

5 – Adrenochrome:

We’ll turn away in a passive decision
We’ll take the steps through the unmarked door
A look back for another collision
But the boys of the spires
Are boys no more

Not black and red boys
Frightened by the night
By the catholic monochrome
The catholic girls now
Stark in their dark and white
Dread in monochrome
The sisters of mercy
High tide
Wide eyed
Sped on adrenochrome
For the sisters of mercy
Filled with
Panic in their eyes
Rise
Dead on adrenochrome

We had the power
We had the space
We had a sense of time and place
We knew the words
We knew the score
We knew what we were fighting for
For the freedom
The time to choose
But time to think
Is time to lose
The signals clash
And disappear
The shade too loud
And the sound unclear
For the

High tide
Wide eyed
Dread in monochrome
Denied in spite
Disliked in monochrome
Panic in their eyes
Rise
Dead and monochrome
The sisters of mercy
Spite
On adrenochrome

The way is clear
The road is closed
The damage done
And the course
Imposed you[2]

Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaw… esto nos ha puesto como una puta moto… si, ahora mismo, nos hincara el diente un guerrero mandinga se correría de gusto con la cantidad y la calidad del contenido de nuestras glándulas suprarrenales. ¡Vamos a tope, ja, ja, ja! Pero bueno, venga, ya está bien, vamos a relajarnos, que hay que centrarse, que tenemos un artículo entre manos y a este paso no lo vamos a acabar nunca. Volvamos, pues, sobre nuestros pasos y retomemos las pistas que veníamos siguiendo.

6 – Il caro amico Giorgio se refiere, concretamente, a la “hipótesis del adrenocromo” como causante de los desórdenes psicológicos propios de la esquizofrenia. Dicha teoría fue formulada en los años 50 por Abram Hoffer (psiquiatra y bioquímico canadiense) y Humphry Osmond… Si, han leído bien, Os-mond: nada más y nada menos que el psiquiatra británico que acuñó el término “psiquedélico”; el mismo que dedicara su vida a la investigación médica de las sustancias psicoactivas; aquel que le pasara a Aldous Huxley las dosis de mescalina que llevarían al escritor inglés a redactar Las puertas de la percepción. En otras palabras: en esta ocasión no estamos hablando de ningún freaky, de ningún zumbao… sino de un científico en toda regla y de un auténtico peso pesado en el ámbito de la psiconáutica. Y resulta que esto es, entre muchas otras cosas, lo que viene a decirnos al respecto de esta presunta droga que a tantos nos trae de cabeza:

Nosotros [Hoffer y Osmond] y nuestras esposas fuimos los primeros seres humanos que se administraron adrenocromo. […] El primer sujeto (A. Hoffer) recibió, vía subcutánea, lo que supusimos que era 1 mg en un ml de agua. Esto da lugar a un líquido de color similar a un fino vino de Oporto. La inyección vino acompañada de un penetrante y persistente dolor en la zona de punción. No hubo cambios psicológicos reconocibles. La presión sanguínea y el pulso, tomados cada cinco minutos durante media hora tampoco mostraron cambios.

El segundo sujeto (H. Osmond) recibió lo que creíamos que eran 0,5 mg. De nuevo, no se constataron cambios en la presión sanguínea pero se produjeron marcados cambios psicológicos.

Posteriores bio-ensayos con nuestras mujeres y con nosotros mismos –usando 1 mg subcutáneo- produjeron resultados menores, aunque, en ese momento, parece que nuestro adrenocromo, que es muy inestable[3], estaba empezando a deteriorarse. Cinco miligramos de esta disolución en proceso de deterioro le fueron administrados a H. Osmond y produjeron una reacción desagradablemente prolongada.

En tanto en cuanto las inyecciones subcutáneas eran tan dolorosas, la primera inyección intravenosa le fue administrada a un voluntario, Mr. C. R. Jillings, psicólogo clínico. Pensamos que el adrenocromo administrado por esta vía sería mucho menos doloroso. Así pues, 1 mg de adrenocromo fue diluido en 2 ml de suero fisiológico e inyectado en le vena antecubital derecha. Casi inmediatamente después de la inyección, Jillings sintió un dolor severo que se extendía a lo largo de su brazo hasta llegar a la zona precordial. Esto duró diez minutos y vino acompañado de palidez y sudoración. No hubo efectos psicológicos evidentes aparte de la alarma y la congoja en los investigadores. Más tarde, fue descubierto que, si la solución de adrenocromo se mezcla con sangre de la vena del paciente, el dolor, usualmente, puede ser evitado por completo.

Posteriormente, Hoffer y su mujer tomaron cada uno 10 mg por vía intravenosa y experimentaron marcados cambios, especialmente en el área afectiva y en el comportamiento. Hoffer se volvió hiperactivo, mostró juicio empobrecido y carencia de insight [no era consciente de estar bajo los efectos de una sustancia ni de los cambios que la administración de la droga le había provocado]. La mujer de Hoffer estuvo profundamente deprimida durante cuatro días, en unas condiciones que eran indistinguibles de la depresión endógena. Esta desagradable experiencia se vio agravada por la falta de insight, puesto que era incapaz de relacionar su depresión con la inyección de adrenocromo, aun cuando, el cambio en su estado de ánimo se produjo inmediatamente después de la punción.

Para aquellos que estén familiarizados con la mescalina y la dietilamida del ácido lisérgico, quisiéramos enfatizar que, en razón de la escasa experiencia que tenemos, pareciera que el adrenocromo es más insidioso que estos dos alucinógenos, sus efectos duran más y, posiblemente como consecuencia de ello, su administración viene acompañada de falta de insight. Dado que esto puede traer consigo serios resultados, los experimentadores deben vigilar a sus sujetos experimentales muy cuidadosamente.

Notas:

1 - Para quienes no estén al tanto de estas chorradas les resumiremos la película –a salto de mata- haciéndoles saber que los reptiloides son algo así como una especie inteligente que cohabita el planeta con los humanos, siendo su origen extraterrestre o pre-humano, y siendo su objetivo la dominación del mundo y el sometimiento de nuestra estirpe. Todo ello, viene a entremezclarse, en las modernas teorías conspiranoicas, con la sociedad secreta de los Illuminati, viniendo a afirmarse que el globo terráqueo estaría gobernado, desde hace siglos, por sagas de reptiloides que, bajo apariencia humana, ostentan los más altos cargos de poder en el orbe y bla, bla, bla, bla. En fin… un chocho de cojones, casi tan absurdo, incoherente y ridículo como los autos de fe de católicos, musulmanes, judaitas y toda la puta pléyade de sectas, religiones, hermandades, cofradías y congregaciones a las que -alegre, abnegada, y demasiadas veces, hipócritamente- se adhieren tantos y tantas… humanoides.

 

2 - Ésta no es más que una de las innumerables referencias culturales que existen en torno al adrenocromo: canciones dedicadas a la propia sustancia, grupos musicales que toman su nombre prestado, vías de escalada que se denominan así, infinidad de nicknames en Internet que aluden esta supuesta droga, chicas que la toman como mote para anunciarse en la Web (Adrenochromo, 12 peracings, 15 tatoos, bisexual…), etc., etc., etc.

 

3 - Ha de tenerse en cuenta que, en este punto, los autores se refieren a los primeros experimentos con la sustancia. Posteriormente, según sus propias declaraciones, la inestabilidad del adrenocromo vino a ser un escollo que se consiguió solventar con los avances de la técnica: «Esta preparación era una materia cristalina estable que, en su estado sólido, no se descomponía incluso después de varios meses a temperatura ambiente. Disoluciones de adrenocromo en agua se mantenían estables durante muchas horas, aunque las soluciones muy concentradas formaban precipitados amorfos».

 

Adrenocromo (I)

Se dice, se cuenta, se comenta que el adrenocromo no existe, que existe; que produce efectos psicoactivos, que no los produce; que esto, que aquesto y lo de más allá; que ni lo uno, ni lo otro sino todo lo contrario…. ¿Qué será... será, pues, y qué hará o qué dejará de hacer esta sustancia? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

El adrenocromo es un producto tan intrigante como inquietante. Su rastro se deja ver en las más variadas ramas de la cultura popular, desde las más freaks y marginales hasta las puramente científicas y académicas; y sus supuestos efectos se asocian, de forma invariable, con los aspectos más perturbadores de nuestra existencia: el delirio, la locura, la violencia extrema, los sacrificios rituales, el canibalismo…

 Sigamos, por tanto, la pista de tales referencias culturales y veamos qué podemos concluir en razón de las mismas:

 1 – ¿Se acuerdan ustedes de La naranja mecánica, aquella anti-utopía ultra-violenta en la que el malo, el verdugo, es reeducado hasta ser convertido en el chico bueno y, al mismo tiempo, en la víctima final del cuento? Pues, lo recuerden o no, les refrescaremos la memoria haciéndoles saber que así es como comienza la celebérrima obra de Anthony Burgess:

 -¿Y ahora qué pasa, eh?

Estábamos yo, Alex, y mis tres drugos, Pete, Georgie y el Lerdo, que realmente era lerdo, sentados en el bar lácteo Korova, exprimiéndonos los rasudoques y decidiendo qué podríamos hacer esa noche, en un invierno oscuro, helado y bastardo aunque seco. El bar lácteo Korova era un mesto donde servían leche-plus, y quizás ustedes, oh hermanos míos, han olvidado cómo eran esos mestos, pues las cosas cambian tan scorro en estos días, y todos olvidan tan rápido, aparte de que tampoco se leen mucho los diarios. Bueno, allí vendían leche con algo más. No tenían permiso para vender alcohol, pero en ese tiempo no había ninguna ley que prohibiese las nuevas vesches que acostumbraban meter en el viejo moloco, de modo que se podía pitearlo con velocet o synthemesco o drencrom o una o dos vesches más que te daban unos buenos, tranquilos y joroschós quince minutos admirando a Bogo y el Coro Celestial de Angeles y Santos en el zapato izquierdo, mientras las luces te estallaban en el mosco. O podías pitear leche con cuchillos como decíamos, que te avivaba y preparaba para una piojosa una-menos-veinte, y eso era lo que estábamos piteando la noche que empieza mi historia[1].

Interesante… ahora bien, el relato sobre las aventuras y desventuras de Alex y sus drugos es pura ficción, de tal manera que de poco más que para abrir boca nos sirve para nuestros propósitos como cazadores de mitos. Pasemos, pues, a la siguiente referencia.

 2 – Aquí está. Sin lugar a dudas, la más conocida y renombrada a cerca de esta sustancia y la que más ha contribuido a avivar la mitología que le rodea en el ámbito de la incultura, subcultura o cultura de las drogas –como más gusten ustedes denominarla-:

 «Toma un poco de lo que hay en esa botella marrón en mi neceser de afeitado».

 « ¿Qué es?»

 «Adrenocromo», dijo. «No necesitarás mucho. Te valdrá con un poquito de nada».

Cogí la botella y mojé la cabeza de una cerilla de papel en ella.

«Así está bien», dijo. «Esa mierda hace que la mescalina pura parezca cerveza sin alcohol. Te volverás completamente loco si tomas demasiado».

Lamí la punta de la cerilla.

« ¿Dónde has conseguido esto?» Pregunté. «No se puede comprar».

«No te preocupes», dijo. «Es absolutamente puro».

Sacudí mi cabeza tristemente. « ¡Jesús! ¿Qué tipo de cliente monstruoso has cogido esta vez? Sólo hay una única fuente para esta mierda».

Él asintió.

«Las glándulas de adrenalina de un ser humano vivo», dije. «No hace efecto si lo consigues de un cadáver».

«Lo sé», contestó. «Pero el tío no tenía dinero en efectivo. Es uno de esos freakies del satanismo. Me ofreció sangre humana –me dijo que me colocaría más de lo que lo haya estado jamás en mi vida», se rió. «Pensé que estaba de coña, así que le dije que preferiría una onza o así de adrenocromo puro o, tal vez, una glándula fresca de adrenalina para mascar».

Ya podía sentir la droga haciendo su efecto. La primera oleada se asemejaba a una combinación de mescalina y methedrina. «Quizá debería darme un baño», pensé.

«Si», decía mi abogado. «Empalaron a ese tío por abusar de menores, pero él juraba que no lo había hecho. "¿Por qué iba a follar con niños?", decía; "Son demasiado pequeños"». Se encogió de hombros. «Cristo, ¿qué podía decir? Incluso un maldito hombre-lobo tiene derecho a representación legal…»

[…]

«Jesús, esa mierda te está pegando fuerte, ¿no?»

Traté de sonreír.

«Bueno… no hay nada peor… no, esto es lo peor…» Me era difícil mover las mandíbulas; sentía mi lengua como magnesio ardiente. «No… nada de lo que preocuparse», dije entre dientes. «Tal vez si pudieras simplemente… meterme en la piscina o algo así…».

«Maldita sea», dijo, «has tomado demasiado. Estás a punto de explotar. Jesús, ¡mira tu cara!»

No podía moverme. Parálisis total. Tenía cada músculo contraído. Ni siquiera podía mover los globos oculares, menos aún girar la cabeza o hablar.

«No durará demasiado», dijo. «El primer subidón es el peor, cabalga al bastardo fuera. Si te meto en la piscina ahora te hundirás como una piedra».

Estaba seguro de ello. Ni siquiera mis pulmones parecían funcionar. Necesitaba respiración artificial, pero no podía abrir la boca para decirlo. Iba a morir. Sentado ahí, en la cama, incapaz de moverme… bueno, al menos no hay dolor. Probablemente pierda el conocimiento en unos segundos y luego ya nada importará.

[…]

Fue después de medianoche cuando, finalmente, fui capaz de hablar y moverme… pero aún no estaba libre de la droga; el voltaje simplemente se había reducido de 220 a 110. Era un manojo de nervios que murmuraba y se agitaba por la habitación como un animal salvaje, vertiendo sudor e incapaz de concentrarme en ningún pensamiento durante más de dos o tres segundos.

[…]

«La acción nunca termina en esta ciudad», dijo mi abogado mientras salía del coche. «Un tío con los contactos adecuados probablemente pueda pillar todo el adrenocromo fresco que quiera si lo busca durante un rato».

Asentí, pero no estaba por la labor en ese momento. No había dormido desde hacía unas ochenta horas, y esa terrible experiencia con la droga me había dejado completamente exhausto…

 

Impactante... aunque, claro, la cita proviene de la novela Miedo y asco en Las Vegas, del escritor Hunter S. Thomson, exponente por antonomasia del periodismo Gonzo, un estilo de reportaje en el que prima, por encima de todo, la subjetividad del narrador, y en el que los hechos reales y los ficticios se mezclan, suceden y combinan según le venga en gana al autor. De tal manera que seguimos sin contar con una pista segura sobre el asunto del adrenocromo, pues, de todos es sabido que la mencionada narración de Thomson no es más que una delirante, fantasiosa y exageradísima versión del viaje a Las Vegas que hizo en el año 1971 con Oscar Zeta Acosta, siendo prácticamente imposible diferenciar y distinguir lo que sucedió realmente de lo que, simplemente, al demencial y genial periodista se le antojó contarnos.

Así que, mejor, busquemos otro testimonio, que, a buen seguro, encontremos lo que encontremos, será infinitamente más centrado y objetivo que el del señor Hunter, porque menos… es imposible.

 3 – ¿O, tal vez, no?

Escuchen las declaraciones autobiográficas de Arizona Wilder y juzguen ustedes mismos:

«Alrededor de la edad de cinco años te empiezan a entrenar para lo que ellos quieren que hagas. Ellos han analizado tus tendencias, estudian tus reacciones y te empiezan a entrenar para el rol que debes cumplir. Entonces, se realiza una pequeña boda para el niño. El niño es casado con este grupo particular o grupo organizado de abusadores –puedes llamarlo así o puedes llamarlo secta-. El niño es casado con ellos y éstos le dan un anillo. En la actualidad, en mi dedo pequeño, en esta mano, tengo ese anillo pequeño. Es un anillo de niño… no sé de nadie más que lo haya conservado. Hay otros que lo dejan y, cuando son viejos, se lo devuelven de nuevo para recordarles, y ellos mismos lo han tirado. Yo decidí guardarlo, porque quiero hablar sobre el anillo y quiero hacerle saber a la gente que estas cosas son reales. Este anillo tiene venas sanguíneas dibujadas en él. Tiene una barra siniestra en la cresta, al lado. Eso es indicativo de linaje. Hay otros que han hecho juramento sobre él».

«Te empiezan a involucrar en sus rituales, comienzan a observarte, observan tus reacciones. Te obligan a participar lo más que puedes en el ritual. Te sujetan la mano cuando hacen sacrificios. Esto es bastante horrible para un niño. Es una profunda confusión que se alberga en los menores involucrados. Yo fui partícipe en todas estas cosas. No fui la única. Hay otros menores, todos niños que están creciendo así. Eso es lo que te hace parte del grupo. Ellos te lo dicen: "eres uno de los nuestros; eres como nosotros". Todo lo establecido en los rituales… los niños están involucrados en ello. Es muy difícil salir del ritual para evitar ver a otras personas siendo heridas. Es más difícil, aún, cuando tú eres el herido, pero puedes considerar que sólo será un momento y morir después. Pero cuando tú ayudas, viendo a otros ser torturados, y ves lo que ellos hacen ahí, es muy doloroso. Y eso… hasta la fecha, no puedo describirlo completamente como se siente. ¡Es terrible!».

[…]

«Hay niños que han sido paridos sólo para ser sacrificados en un momento de sus vidas. Ese es el propósito. Hay muchos niños y sus nacimientos no han sido registrados».

[…]

«Estos niños son utilizados en películas snuff, pornografía, rituales, sacrificios… Son esclavos y desaparecen. Algunos de ellos son llevados bajo tierra, y lo digo de manera literal: son enviados a ciudades subterráneas y jamás regresan. Algunos son comida, son fuente de comida, son fuente de energía. Eso es lo que todos son».

«Yo llevé todo este entrenamiento. Cuando tenía doce años comencé a ser entrenada de nuevo para ser una “Diosa Madre”. Hay sólo tres vivas en el planeta en este momento».

[…]

«En estos rituales, por supuesto, hubo quien fue asesinado al ser sacrificado. Fueron asesinadas personas. Leí, de aquellos que tienen argumentos de lo que digo, que cualquier sacrificio sangriento es símbolo de servicial sirviente. Y, si. Es cierto. Esos que son serviciales no saben que serán sacrificados. Ellos creen y les dicen que lo que hacen es un honor. Y son honorados para obtener el adrenocromo al salir de su sangre, que es lo que los reptiloides necesitan. Aquellos que tienen forma humana necesitan el adrenocromo para mantenerla. Para desarrollar más aún sus habilidades psíquicas, ellos necesitan el adrenocromo. La única manera en que el adrenocromo puede venir por la sangre, en la forma en que ellos lo necesitan, es por medio de alguien que ha sido torturado y traumatizado de forma larga y dolorosa; y eso es lo que necesitan. Cuando eso sucede, hay, aproximadamente, 10 cc de adrenocromo que saldrán al torrente sanguíneo. Y a la persona que le sucede esto no le mencionan nada… gente ajena, que morirá… por eso están dispuestos».

Nota:

1 - La naranja mecánica incluye infinidad de neologismos -inventados por el propio autor- que conforman la jerga juvenil nadsat mediante la cual se comunican los protagonistas de la novela. El significado de aquellos que aparecen en el texto que acabamos de transcribir es el siguiente: rasudoque: cerebro; mesto: lugar; scorro: rápido; vesches: cosas; velocet: nombre de una droga ficticia; synthemesco: idem; joroschós: buenos; mosco: cerebro; pitear: beber; drenocrom: pónganle una "a" delante y una "o" al final e, inmediatamente, sabrán de qué se trata.

 


 

 

Pastillas con heroína

Se dice, se cuenta, se comenta que hay comprimidos vendidos como éxtasis (MDMA) que, en realidad, llevan heroína. ¿Será verdad? ¿Será mentira? ¿Qué será... será? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán

Por Eduardo Hidalgo

¡Horror! Las pastis jakosas, jamarosas o jacarandosas… Con sólo oírlas mentar me salen sarpullidos. Lo lamento, pero no puedo con ellas. Me aburren. Me hastían. Me cargan. ¡Me tienen hasta las mismísimas pelotas! Se ha hablado tanto de ellas… Se ha explicado tantas veces de qué va la historia… ¿y el resultado? Ninguno. ¿Y la repercusión? Inexistente… como si nada hubiera pasado; como si nada hubiese sido dicho: hoy, al igual que ayer, que antes de ayer y que hace quince años te sigues topando con el prototípico enterao de quince, treinta o cincuenta y cinco años que te dice, te cuenta, te jura y te perjura que las pastis –algunas- llevan heroína.

«Pof vale, pof bueno, pof malegro», les respondo –cual haría el Ivá- cuando alguien me viene con estas efemérides y soplapolleces en la calle o en cualquier bar. Tengo 41 tacos; trabajé 10 para Energy Control informando y asesorando a los consumidores –y no consumidores- de drogas; y hace tiempo que aprendí a poner el límite entre mi vida laboral y mi vida personal, de modo que, si alguien me viene con estas movidas mientras me estoy tomando una copa, metiéndome un tiro de speed o charlando con los amigos, me las despacho con la fórmula más efectiva y breve con la que siempre –y mejor- se han zanjado las cosas con brasas de cualquier tipo (madres, padres, parejas y zumbaos en general): «lo que tu digas, querid@».

La putada es que hace meses me encargué de ejecutar la parte práctica referente a la refutación o confirmación de este mito. Así que, habiendo hecho el trabajo de campo, como que, por narices, me corresponde llegar hasta el fondo del asunto y escribir el artículo explicando la película entera –pues, a fin de cuentas, aquí ya estamos hablando de curro-. Y eso es lo que voy a intentar hacer… Lo sé, yo mismo me lo he buscado, nadie me ha obligado a ello; por lo tanto, debería dejar de quejarme y de lloriquear… Pero es que… lo siento, de veras, me cuesta lo que no está escrito entrar al trapo… me arrepiento tanto de haber empezado un trabajo que no me apetece terminar pero que mi moral judeocristiana (ja, ja, ja) hace que me sienta obligado a finiquitar…

En fin, dejemos de darle vueltas al asunto, no hay otra salida: respiremos hondo, mascullemos algún mantra aragonés (¡cagonlavirgenputa!, por ejemplo) y cojamos al toro por los cuernos de una vez.

Un…

Dos…

¡Tres!

Eso mismo es: tres. Tres son, exactamente, los informes objetivos con los que se cuenta al respecto de la presencia de heroína en pastillas vendidas como éxtasis en todo el mundo. Veamos cuales son:

1 – Una rula analizada por Dancesafe en el año 2000 que -en la superficie exterior- presentaba una cantidad pequeña, pero detectable, de diacetilmorfina, que, sin embargo, no fue identificada en el interior de la píldora (en otras palabras: un clarísimo caso de contaminación por contacto con trazas de otras sustancias a la hora de manipular o conservar las drogas por parte del camello o del consumidor de turno).

2 – Una alusión de Nicholas Saunders en referencia a un test realizado a finales de los años 90 en el Reino Unido –sin más datos adicionales- (huelga decir que Saunders hace mención a dicho testado como mera anécdota, y que sus argumentaciones al respecto de este tema vinieron siempre a refutar y a rechazar de plano la adulteración de la MDMA con heroína).

3 – Una pirula analizada por el proyecto EcstasyData compuesta de caballo. No obstante, sus características externas son tan penosas y cochambrosas que, en Erowid, no dudan en considerar que se trata de una pastilla casera, hecha a propósito, con el fin de hacer figurar la heroína como adulterante del éxtasis en la base de datos del proyecto y, así, confirmar, reafirmar y perpetuar el mito (conspiranoia de Earth & Fire, dirán algunos; bendito sentido común, pensamos otros).

Tres, pues… Una contaminación; una vaga y poco concluyente alusión a un test; y un burdo intento de tomadura de pelo. El resto: puras y duras habladurías; rumores infundados; testimonios desinformados; mitología popular del “submundo de la droga”… hablando en plata: gilipolleces.

« ¡Un momento!», saltará cualquier gilipollas ilustrado que se haya dado por aludido, «tal vez, heroína no, pero en Erowid también mencionan la detección de dos pastillas, analizadas por EcstasyData, que contenían fentanilo».

Que si, hijo, que si… que el mercado yanki es absolutamente catastrófico, que en él puedes encontrar pastis adulteradas con cualquier mierda, incluidos los opiáceos, hasta el fentanilo… dos entre miles y miles de pastillas analizadas. Lo mismo que aquí, en España, entre decenas y decenas de miles de muestras examinadas por el Instituto Nacional de Toxicología y demás instituciones e investigadores, se han encontrado, muy ocasionalmente, partidas de comprimidos de supuesto MDMA que, en realidad, contenían codeína; y ocasional, puntual y anecdóticamente (es decir, una pasti suelta por aquí o por allá), alguna que contenía metadona. Si, es bien cierto, a veces, muy, muy pocas, poquísimas veces, se han detectado opioides en las rulas, pero no heroína. La excepción que confirma la regla -y no voy a entrar aquí a abordar las diferencias entre la codeína, la metadona y el jako, porque el tema rebasa los objetivos y posibilidades de este artículo- pero, en última instancia, no deja de ser raro, muy raro, que la detección de opiáceos en los análisis cromatográficos resulte tan anecdótica y que, sin embargo, los efectos jamarosos de la MDMA los hayamos experimentado prácticamente todos los usuarios de éxtasis, de jamaro o de ambas sustancias.

¿Y cuáles son tales efectos… esos que diferencian a las pastillas que contienen heroína de las que contienen éxtasis de verdad?

Pues, a modo de resumen y de ejemplo ilustrativo, éstos que relatan unos de tantos consumidores:

«A Asturias llegaban remesas puntuales de lo que llamábamos "pastilla jamarosa", o sea, cortada con caballo o con sucedáneo. Si te la habías pillado para bailar, mala suerte: pegado al sofá toda la noche».

Ingram.

«El gran problema de las jamarosas, no era que no subieran, era la brutal bajona que provocaban en el minuto 45. Un bicho que te comía por dentro y si no lo matabas pronto te enviaba a la dimensión paposa».

Superwoobinda.

«Las últimas veces las que he conseguido son las llamadas jacosas cuyo efecto odio: piernas temblorosas, sensación de cansancio, párpados caídos.... ¡¡¡qué mierda!!!».

Champion.

Lo sé, hay mejores descripciones de los efectos, pero no las voy a buscar. Ya lo he dicho: el tema en cuestión me aburre hasta la náusea. En cualquier caso, y en última instancia, por pastis jakosas, se entiende aquellas que, en lugar de provocar marcha, estimulación, empatía, buen rollo y esas cosas, provocan apalanque, empane, flojera, desbarajuste del eje de las órbitas oculares y paposismo agudo que, en casos graves, puede llegar al knockout total de la víctima.

Nos ha pasado a todos (ups, perdón, "y a todas, todas", no vaya nadie a pensar que soy un miserable saxofonista, ¡Ay… no!, quería decir…. Vaya, ahora no me viene la palabra… digo, el palabro… Huyyys, joer, vaya puto lío, es decir… puta liada… bueno, ¡coño!, ¡cojones!, mejor vamos a dejarlo/arla, que ustedes ya me entienden, apreciadXs lectrXs…). O casi. En cualquiera de los casos, la cuestión es que no son pocas las personas que, después de haber consumido alguna de estas pastillas jamarosas, las han enviado a analizar a dispositivos como los de Energy Control e, invariablemente, el resultado ha sido que no contenían más que MDMA.

El testimonio de un asiduo al foro Clubbing Spain da buena cuenta de ello:

«El caso es que me pase 7 horas colocadísimo, super tirado, con pocas ganas de hablar y moverme, y no se me parecía al efecto del éxtasis que había experimentado con otras pastillas. Así que, como de costumbre, decidí mandar una a Energy y... premio, el análisis dio un alto contenido de MDMA».

Robo.

                                         

Lo contrario –por el contrario- nunca ha pasado. Es decir, nadie ha enviado jamás a un servicio de análisis autonómico, inter-autonómico o estatal una pastilla jakosa que haya demostrado contener heroína.

La cuestión es así de sencilla: los efectos jamarosos los produce el propio éxtasis. Todo depende de la dosis, el contexto y el estado de la persona. Los efectos de la MDMA no son lineales e invariables sino que fluctúan entre la estimulación, el mimosismo, el paposismo y la iluminación en función de las mencionadas variables.

Por lo demás, los efectos de la heroína tampoco son siempre iguales sino que, en razón de los mismos parámetros, van desde la euforia hasta la sedación absoluta y abarcan, de por medio, todo el posible espectro de sensaciones posibles, desde el mayor y mejor de los buenos rollos hasta la más absoluta indiferencia. De tal manera, que, en caso de que hubiera pastis con heroína, tanto podrían producir apalanque y modorra como todo lo contrario.

Y ahora, me dejaré de rollos y les contaré la ejecución del trabajo de campo: Adquirí 4 micras de jako; una cápsula de 100 o 120 mg de MDMA de la mejor calidad; y realicé el experimento por fases, dejando pasar unos cuantos días entre las sucesivas tomas de las sustancias.

Fase 1: Me comí una micra de caballo. Resultado: no noté absolutamente nada, a excepción de una ligera contracción pupilar.

Fase 2: Me fumé una micra de caballo. Resultado: me puse enjamonao, activo, de buen rollito, sin babear ni quedarme tuerto. Tampoco es que fuera la hostia, pero, poner, ponía. Vamos, que era jamaro.

Fase 3: Me comí la cápsula de x y las dos micras de heroína sobrantes. Resultado: a los 50 minutos el M se hizo notar con su típico subidón. Me fui de baretos. Estuve de palique con la peña –conocidos y desconocidos-. Buen rollo total. Ni rastro de los efectos del jako, ni siquiera en las pupilas, que, en todo momento, se mostraron dilatadas en lugar de contraídas.

Conclusión: me zampé el equivalente –en toda regla- a una pasti jakosa y lo que obtuve fue:

1 - Nada, cuando sólo tomé heroína.

2 - Un colocón de MDMA cuando tomé éxtasis y heroína.

Y es que amigos (bueno, venga, vale, y amigas), lo primero que saben y te dicen los entendidos en la materia –hablamos de los yonkis de chándal y poblao- es que el jama no se come. Y no se come porque, con el caballo, la vía oral es, de lejos, la menos provechosa de todas. Tanto que, lo habitual es que, con 50-70 mg, apenas se note otra cosa más que su efecto analgésico. De tal manera que, dadas las purezas medias de la heroína del mercado ilegal (que en España jamás han superado el 50%, ni siquiera en los dorados años 90, no digamos, ya, hoy en día) para obtener un buen colocón de jamaro intuimos que habría que consumir algo así como, por lo menos, tres o cuatro micras, lo cual, a precio de calle vienen a ser 15 o 20 euros, algo que nadie en su sano juicio paga por una pirula. Y, al igual que nadie la paga, tampoco nadie vende por cinco o diez euros un comprimido valorado en 20, ya que, en las leyes que rigen el mercado –de lo que sea- hay cabida para que te den gato por liebre, pero lo que jamás de los jamases sucederá (salvando los casos de milagros y despistes varios) es que te den liebre por gato, y menos aún de forma masiva y generalizada.

 

De hecho, la estupidez de las pastillas adulteradas con heroína queda perfectamente reflejada en las discusiones que, hace un par de años, tenían lugar en los distintos foros sobre drogas de la Red. En dichos foros, podían –y pueden- consultarse hilos donde los usuarios de heroína se quejaban de que su psicoactivo de elección ni siquiera alcanzaba el 1% de pureza; al mismo tiempo que, en otros hilos, los consumidores de MDMA se lamentaban de la cantidad de pastillas y de cristal cortado con jamaro que circulaba por ahí… En resumidas cuentas, que si hacemos caso a estos señores y señoras, los camellos y narcotraficantes se dedicarían en cuerpo y alma a tener a toda su clientela jodida e insatisfecha, suministrando a los pastilleros comprimidos compuestos de una sustancia que ni les gusta ni la quieren y abasteciendo a los yonkis de un jamaro que lleva todo menos lo que ellos mismos buscan y desean. Vamos, que si esto tiene algún sentido, que venga un economista y nos cuente de qué va la movida de la “burbuja jamarosa”, porque, de otro modo, esta historia no hay por donde cogerla ni pillarla, majetes y majetas.

 

¿De dónde vienen las visiones de la ayahuasca y de otros alucinógenos? (II)

Por José Carlos Bouso

En el número anterior, se explicaron las bases neurobiológicas que subyacen a las visiones inducidas por los enteógenos en general, y por la ayahuasca en particular (ya que los estudios presentados se hicieron utilizando ayahuasca), y se prometía, para un artículo siguiente, la explicación más psicológica basada en experimentos realizados en contextos de laboratorio utilizando lo que en psicología se denominan “paradigmas” de investigación; esto es, diseños experimentales específicos desarrollados para estudiar procesos psicológicos concretos, como pueden ser la utilización de ilusiones perceptivas para estudiar el sistema visual, de listas de palabras para estudiar los procesos de codificación de memoria, de juegos de azar para estudiar los sistemas cerebrales encargados del procesamiento de la recompensa o, como veremos a continuación, la realización de tareas visuales bajos los efectos de un alucinógeno para estudiar los mecanismos psicológicos subyacentes a las visiones.

Precisamente, entre la publicación de la primera y la segunda parte de este artículo, se ha publicado un estudio en una de las revistas neurocientíficas más prestigiosas, en el que, utilizando resonancia magnética funcional (fMRI), se implementó uno de estos paradigmas para estudiar qué áreas cerebrales se activan mientras los voluntarios realizaban una tarea visual bajo los efectos de la ayahuasca[1]. Este estudio es muy interesante ya que la fMRI permite “fotografiar” las áreas cerebrales mientras se realizan tareas concretas y así estudiar qué áreas específicas se activan y, por tanto, poder relacionar procesos psicológicos con áreas cerebrales. De ahí que, de alguna manera, este estudio arroje resultados “puente” entre los estudios biológicos puros y duros, como los presentados en la primera parte de este artículo, en el que los voluntarios toman ayahuasca y simplemente se “ve” qué pasa, y los resultados psicológicos puros que se presentarán en este mismo artículo más adelante. Voy a tratar de resumirlo aquí.

La muestra del estudio estuvo compuesta por 9 voluntarios (4 hombres y 5 mujeres) con una amplia experiencia en el uso de ayahuasca. Cada sujeto bebió entre 100-120 mL, conteniendo una concentración de 0,8 mg/mL de DMT y 0,21 mg/mL de harmina. Los sujetos fueron sometidos a dos sesiones de fMRI: la primera en condiciones “normales”, esto es, sin haber tomado nada; tras esta primera sesión tomaron la ayahuasca y 40 minutos después se les volvió a escanear. También se les administró un test de recogida de efectos psiquiátricos en los minutos 0, 40, 80 y 200, tras la toma. En cada sesión de fMRI los sujetos tuvieron que realizar 3 tareas agrupadas por bloques: en cada bloque, se presentaban primero imágenes de personas, animales o árboles y los sujetos lo único que tenían que hacer era mirarlas pasivamente, sin hacer nada. Seguidamente, se les pedía que cerraran los ojos y generaran en su mente la misma imagen que acababan de ver. Finalmente, de nuevo tenían que mirar pasivamente una imagen control que se componía de los mismos píxeles que la imagen anterior, pero desordenados (un ejemplo visual de la tarea puede encontrarse en el artículo original, referenciado en la nota 1). Los resultados fueron, cuando menos, interesantísimos: se encontró que los sujetos activaban las mismas áreas cerebrales cuando miraban pasivamente las imágenes en condiciones normales, que cuando trataban de imaginar esas mismas imágenes bajo los efectos de la ayahuasca. En condiciones “normales”, antes de tomar ayahuasca, el imaginarse las imágenes apenas activaba dichas áreas, como tampoco lo hacía la presentación de las imágenes “despixeladas” cuando se presentaban bajo los efectos. Luego, para el cerebro, es lo mismo mirar una imagen estando en condiciones normales, que imaginársela estando bajo los efectos de la ayahuasca, de ahí, quizás, que los ayahuasqueros consideren que la experiencia con ayahuasca tiene el mismo estatus de realidad que la realidad en sí. No puede ser de otra forma si los mecanismos cerebrales en que se sustentan ambas experiencias son los mismos.

Hay algún resultado interesante más que se encontró en este estudio. Aparte de replicar algunos resultados del único estudio previo realizado con técnicas de neuroimagen y reseñado en la primera parte de este artículo, se encontró algo que previamente no se había visto: la activación de áreas occipitales (situadas en la parte posterior del cerebro y encargadas del procesamiento visual de la información), en concreto, y de manera especialmente intensa, de un área (denominada área BA17) que es la encargada de la visión periférica. De hecho, la activación de esta área es la única que correlacionó con puntuaciones psiquiátricas, lo que sugiere que la aparición de paranoia o de otros síntomas psicopatológicos que aparecen a veces durante el transcurso de la experiencia puede que se originen inicialmente en la activación de esta área y no en el contenido cognitivo de la experiencia. De hecho, el tercer resultado de interés que arrojó este estudio, cuando se sometieron los resultados a un modelo de “conectividad funcional” entre las diferentes áreas activadas, mostró que el efecto global de la ayahuasca era dirigido precisamente por esa área occipital, seguida de áreas parahipocampales y frontales (ver la primera parte de este artículo para una explicación en detalle de las implicaciones de este fenómeno). Según los autores, este patrón peculiar de activación cerebral puede ser el responsable, en el plano psicológico, de que "llevando el recuerdo de las imágenes al nivel de la imagen natural, la ayahuasca, convierta en estatus de realidad experiencias internas". De ahí, quizás también, que para detener una posible cascada de experiencias negativas, simplemente muchas veces baste con abrir los ojos y así interrumpir la predominancia del área BA17 en el proceso psicológico y con ello hacer desaparecer el malestar psicológico subjetivo. O la eficacia de métodos chamánicos como el soplido, o los cantos, los cuales, simplemente reconduciendo la atención hacen que se interrumpa la preponderancia del área BA17 en el curso de la experiencia y se pongan en marcha otros flujos de dirección funcional reconduciendo así la experiencia. Si bien este punto ya es pura especulación, también es cierto que las experiencias de paranoia suelen estar relacionadas con supuestas “cosas” que ocurren en la periferia del individuo, desde sentirse perseguido hasta sentir que se habla a espaldas de uno, luego que áreas relacionadas con la visión periférica puedan ser las responsables de este tipo de síntomas tiene bastante sentido, así como también el hacerlos desaparecer simplemente modulando el entorno, y sin necesidad de entrar a modificar los procesos cognitivos ni del curso del pensamiento. De hecho, probablemente lo más contraproducente para reconducir una mala experiencia sea atosigar al iniciado con palabras y razonamientos que lo único que harán será empeorarla en lugar de reconducirla.

Un último apunte en relación a la diferencia entre este estudio y el reseñado en la primera parte de este artículo, es la activación de áreas visuales en este estudio respecto a su no activación en el anterior. La razón puede deberse a que en el estudio recién comentado a los voluntarios se les pide que realicen una tarea visual (bien en “real” mirando imágenes, bien en “imaginación” tratando de verlas con el ojo de la mente), mientras que en el estudio previo los voluntarios simplemente estaban tumbados en reposo sin ninguna instrucción concreta. Es posible, entonces, que todo el proceso psicológico, al que se refiere el estudio aquí comentado, se ponga en marcha cuando la persona trae a la memoria imágenes internas relacionadas con eventos significativos de su vida y, ahí, se inicie todo un proceso en cascada en el que lo que trae a la memoria pasa a ser tan significativo como la realidad misma. Si bien las áreas cerebrales activadas en ambos estudios eran las mismas, a excepción de las áreas occipitales, el hecho de traer experiencias internas a la memoria es lo que puede verse reflejado con la activación de dichas áreas, luego que el área B17 sea una de las áreas responsables de que el ojo de la mente pueda ver, algo que se conocía ya, por otra parte, en estudios de imaginería mental. Lo interesante del asunto, en resumen, sea como fuere, es que para el cerebro lo que el ojo de la mente ve bajo los efectos de un enteógeno es igual de real que lo que ve sin él, y ahora podamos comprender a qué se debe este fenómeno de implicaciones ontológicas inconmensurables. Después de todo, ¿qué es la realidad?

Si hasta aquí hemos explicado primero los mecanismos neurobiológicos y psicobiológicos que están en la base de las visiones de los alucinógenos, faltaría por explicar la tercera pata, es decir, cuáles son los mecanismos psicológicos subyacentes.

De nuevo, al igual que ocurre con las bases neurobiológicas y psicobiológicas de las visiones inducidas por alucinógenos, a la hora de buscar bibliografía referente a las explicaciones psicológicas (basadas en la psicología experimental, se entiende, y no en teorías psicológicas psicodinámicas ni de otro tipo), nos encontramos con una sequía de estudios. Bueno, básicamente nos encontramos con un único estudio[2], que pasaré a resumir a continuación.

Según los autores de este artículo, las alucinaciones (en el sentido clínico de la palabra) suelen explicarse mediante una combinación de 3 tipos de fenómenos que no tienen por qué ser mutuamente excluyentes: 1) una pérdida de habilidad perceptiva o sensorial; 2) un incremento anormal de actividad neural; 3) o por alteraciones cognitivas. Según la primera explicación, y ya para el caso concreto de las visiones inducidas por alucinógenos, es posible que una visión más pobre o las dificultades perceptivas que inducen los alucinógenos puedan explicar la aparición de alucinaciones. En el segundo caso, como ocurre en algunos tipos de migrañas, como son las migrañas con aura, o en algunas epilepsias, una actividad anormal del córtex cerebral puede estar explicando las alucinaciones debido a una anormal interacción entre áreas cerebrales. Para el tercer caso, puede que ocurra alguna interferencia en el procesamiento de la información o en las inferencias perceptivas que puedan explicar las modificaciones visuales. En este estudio, los autores utilizaron paradigmas experimentales para poner a prueba cada una de estas posibles causas utilizando como fármaco modelo para inducir alteraciones visuales la MDA (3,4-Metilenedioxianfetamina), de tal modo que cuando los sujetos estaban en la fase álgida de los efectos, les sometieron a pruebas perceptivas, cada una evaluando una de las 3 posibles explicaciones mencionadas.

La MDA no tiene un perfil visionario tan marcado como los alucinógenos clásicos tipo ayahuasca, psilocibina o LSD. Sin embargo, a la vez, está bien descrito que es un fármaco psicológicamente más manejable. Elegir qué fármaco se va a utilizar en este tipo de estudios, así como las dosis a administrar, tiene sus pros y sus contras: se puede trabajar, por ejemplo, con psilocibina porque el efecto visionario es claro, pero puede que los voluntarios no puedan realizar bien las tareas porque el efecto sea demasiado contundente. O se pueden elegir fármacos menos visionarios, pero más manejables, como es el caso de la MDA, asegurando así que los sujetos podrán realizar las tareas pero arriesgando más el dar respuesta a lo que se pretende estudiar. Lo mismo respecto a las dosis. En artículos futuros, cuando expliquemos estudios de procesamiento de información utilizando psilocibina se expondrán mejor, utilizando ejemplos reales sacados de dichos estudios, algunas de estas dificultades. En cualquier caso, sí está bien descrito que la MDA produce alteraciones perceptivas, y, en definitiva, para bien o para mal, fue el fármaco que se utilizó en este estudio (que era un estudio en el que se midieron también otras variables farmacológicas que aún no se han publicado).

El estudio fue a doble ciego y comparado con placebo (ni sujetos ni investigadores sabían qué habían tomado exactamente los primeros, si una dosis de 98 mg/70 kg de MDA o un placebo) y participaron 12 sujetos con experiencia previa en el consumo de MDA. Se les administraron escalas de efectos subjetivos para asegurarse que los sujetos habían tenido efectos evidenciables, y la mitad de ellos refirió tener visiones con los ojos cerrados bajo los efectos de la MDA, pero no con el placebo (excepto un sujeto, que refirió ver “seres” bajo los efectos del placebo, cosas que pasan cuando se administra una droga en forma de doble ciego). Se utilizaron 3 pruebas para estudiar cada una de las hipótesis mencionadas: para la primera hipótesis se utilizó una prueba en la que se presentaba una ilusión óptica y se medía el grado de distorsión de la ilusión; para la segunda hipótesis, se presentó una prueba en la que había que detectar el contorno de una figura camuflada; y para la tercera hipótesis, se presentaba una figura difuminada por gradientes y los sujetos tenían que determinar de qué figura se trataba. El lector interesado en profundizar en las pruebas utilizadas en este estudio puede irse al artículo original (referenciado en la nota 2), donde vienen expuestas en detalle con imágenes, a modo de ejemplos que las ilustran. Se encontró que la magnitud de las visiones con ojos cerrados, bajo los efectos de la MDA, estaba asociada con un peor rendimiento en dos de las tres pruebas de organización perceptiva administradas a los voluntarios, concretamente en las pruebas de integración de contraste y de reconocimiento de objetos. Sin embargo, para frustración de los lectores, tampoco se puede concluir gran cosa de este hallazgo, ya que no se encontró una relación específica entre los efectos subjetivos globales recogidos en los cuestionarios y la peor ejecución en las pruebas realizadas. Es decir, aunque todos los sujetos tuvieron efectos evidentes, sólo la mitad tuvo visiones con ojos cerrados y lo máximo que se pudo establecer fue que la intensidad de las visiones con ojos cerrados se relacionaba con un peor rendimiento en las pruebas perceptivas. En definitiva, lo máximo que se puede concluir de este estudio es que quizás las personas que tienen una más pobre capacidad de organización perceptiva pueden ser más sensibles a tener visiones cuando toman un alucinógeno, y no tanto explicar los mecanismos subyacentes. La investigación es frustrante, no siempre da respuestas claras y, por lo general, cada estudio tiende a concluir que se necesitan más estudios para concluir algo. Aún así, lo interesante de este estudio es que parece que, utilizando una droga más visionaria, quizás se podrían llegar a resultados más concluyentes, en el caso de que los voluntarios pudieran realizarlas; y utilizando también quizás otros paradigmas de investigación, como son las técnicas que reconocen como “enmascaramiento” y la “teoría de detección de señales”. El valor de este estudio radica pues en que es pionero en el ámbito de la investigación de los mecanismos psicológicos subyacentes a las visiones inducidas por alucinógenos, y, sobre todo, en su utilidad para redirigir la atención hacia el diseño de futuras investigaciones que permitan estudiar mejor este fenómeno.

Un último resultado interesante que se encontró en este estudio es que los sujetos puntuaron alto en una escala de experiencias místicas, algo que también se ha encontrado recientemente en estudios realizados con psilocibina. Sobre estos estudios versará el próximo artículo de esta serie.

 


[1] http://www.scribd.com/doc/66375574/Seeing-With-Eyes-Shut-2011

[2] http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0014074

 


[1] Para un defensa del término alucinógeno ver, por ejemplo: http://psychonautdocs.com/docs/Metzner%20-%20Hallucinogenic%20Plants.pdf

[2] La última versión de este modelo puede encontrarse aquí: http://www.maps.org/w3pb/new/2008/2008_Geyer_23106_1.pdf

[3] Si alguien mientras tiene curiosidad por este tema en concreto puede leer cualquiera de los libros de Antonio Damasio publicados en español pero, sobre todo, el esclarecedor libro, tristemente descatalogado, de Joseph LeDoux titulado El cerebro emocional o su más reciente libro no traducido Synaptic self.

[4] Ver: http://www.investigacionyciencia.es/Archivos/MYC_44_MAESO.pdf

[5] http://www.maps.org/w3pb/new/2006/2006_Riba_22766_2.pdf

 

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