Trance al amanecer

El valor terapéutico de los rituales contemporáneos con drogas

Si hay un dogma, tanto dentro como fuera de la academia y la cultura psicodélicas, es que los psicodélicos son herramientas ancestrales cuyo uso se emplea solamente en el contexto de rituales altamente estructurados con fines espirituales y que nunca deberían ser utilizados sin una intención de trascendencia, espiritual o terapéutica y, por supuesto, nunca para fines recreativos o frívolos. Como suele ocurrir con los dogmas idealizados, cuando estos se contrastan con la realidad suelen ser, simplemente, falsos. Hay numerosos ejemplos en la literatura etnográfica y antropológica que nos muestran cómo el dogma de la sacralización es un mito.

por José Carlos Bouso, ICEERS

Por ejemplo, según el antropólogo Napoleón Chagnon, el pueblo Yanomamo, una tribu amazónica que vive en la frontera entre Brasil y Venezuela, exhibe un uso frecuentemente irresponsable del epená, un rapé alucinógeno que contiene triptaminas. Aunque la cosmovisión de los Yanomamo se basa en las visiones proporcionadas por el epená, esto no está en contradicción con otros usos para los cuales el epená es empleado por los hombres Yanomamo (y digo hombres porque el uso del epená está prohibido allí entre las mujeres). Muchos Yanomamo toman epená varias veces al día y los Yanomamo opinan que cuando uno está bajo la influencia del epená, ya no son responsables de sus acciones, excepto cuando es ingerido por un chamán con fines chamánicos. De hecho, muchos Yanomamo se aprovechan de esa falta de responsabilidad para cometer actos reprobables, como atacar a otro miembro de la tribu para vengarse de algún agravio pasado, o golpear a su esposa con la excusa de la sospecha de que le ha sido infiel.

Wade Davis, un autor menos controvertido y mejor aceptado por la comunidad psicodélica, cuenta en un pasaje de su libro El Río que cuando Richard Evan-Schultes le preguntó a un chamán Cofán (de la Amazonia colombiana) con cuánta frecuencia bebía yagé (ayahuasca), su respuesta sugirió que la pregunta no tenía sentido: en caso de enfermedad, cuando alguien muere, en tiempos de adversidad o dificultades, en momentos concretos de la vida como cuando un niño de seis años se corta el pelo o mata por primera vez y, naturalmente, siguió el chamán, un niño bebe yagé en la pubertad, cuando su nariz y sus orejas son perforadas y cuando consigue el derecho de usar las plumas de la cola de un guacamayo. Un joven puede beber en su casa para mejorar su técnica de caza o simplemente para mostrar su destreza física. El mensaje recibido por Schultes, dice Davis, fue que los Cofán bebían yagé cuando les venía en gana, al menos una vez a la semana y ciertamente en cada ocasión justificada. Hay otra anécdota muy divertida en el libro de Davis, cuando Schultes está visitando una aldea y como gesto de buena voluntad se le ofrece una potente bebida hecha por Brugmansias u otras solanáceas deliriogénicas, de manera similar a como aquí uno invitaría a un recién conocido a una cerveza. Gracias a su compañero, que le advierte a tiempo, Schultes probablemente evitó una excursión psíquica de varias horas o incluso días.

También sucede que ser un chamán en la Amazonia es una profesión muy arriesgada. La ayahuasca se usa allí para una serie de propósitos no benévolos tales como hacer la guerra, o para realizar brujería. Según el antropólogo español Josep Maria Fericgla, uno de cada cuatro chamanes de la cultura shuar muere de muerte violenta relacionada con sus prácticas chamánicas, generalmente ocasionada por otro colega chamán. Por lo tanto, la imagen que nosotros, los occidentales, tenemos respecto a cómo las sustancias psicodélicas son utilizadas por las culturas donde las drogas psicodélicas son sancionadas socialmente, está, al menos, no bien ajustada a la realidad.

Electrobeach Music Festival ville de Barcarès (Wikipedia)Electrobeach Music Festival ville de Barcarès (Wikipedia)

Para terminar con esta introducción, si alguien va a algún día a Bogotá recomiendo visitar el Museo del Oro, cuyo nombre más preciso debería ser el Museo del Chamanismo ya que cada pieza de arte que se muestra allí se refiere al uso de drogas y prácticas chamánicas. Allí se pueden ver diferentes objetos geométricos de oro que la gente local solía colgar del techo de las malokas para crear efectos sensoriales cuando la luz se reflejaba en ellos mientras realizaban sus rituales psicodélicos. Esos objetos tenían una función similar a las luces estroboscópicas en nuestras salas de baile. Es interesante notar que el Dr. Rupert Till, profesor de la Universidad de Huddersfield, en el Reino Unido, publicó en la Revista de la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular, en 2010, un artículo titulado: ‘Songs of the Stones: una investigación sobre la historia musical y la cultura de Stonehenge’ cuya tesis es que Stonehenge era un lugar para ejecutar y bailar música trance en festivales ritualísticos.

Cada cultura del planeta ha creado espacios rituales sociales para ejecutar música rítmica, generalmente utilizando tambores, danza y cantos y, en la mayoría de los casos, drogas psicoactivas. El objetivo principal de esos rituales era fortalecer los lazos de la comunidad, induciendo estados alterados de conciencia a través de estados de trance en los participantes. En la mayoría de las antiguas culturas humanas no había una separación entre la curación, la recreación, la expresión creativa y la espiritualidad, y la comunidad era el lugar donde todas esas expresiones humanas solían tener lugar. En este sentido, a lo largo de la historia humana, la curación ha ocurrido en el mundo social real, y cada cultura ha creado sus propios rituales para integrar en la comunidad a las personas que sufren. Los happenings de los años sesenta, las raves de los años noventa y los festivales de trance de hoy en día, como el Boom Festival en Portugal, el festival Ozora en Hungría y tantos otros, pueden ser vistos como expresiones de la necesidad humana de fortalecer los lazos sociales y experimentar el sentido de pertenencia a algo que es mayor que uno mismo, trascendiendo la soledad intrínseca de existir como individuo.

Émile Durkheim, uno de los fundadores de la Sociología como disciplina, describe la "efervescencia colectiva", que los occidentales contemporáneos llaman “ir de fiesta” como: una congregación de personas que se mueven en una experiencia compartida y dirigida, donde una corriente de excitación empieza a palpitar a través de ellos. Según Durkheim, la "efervescencia colectiva" es el fenómeno que crea las religiones y puede observarse en las postraciones de los devotos musulmanes, el canto de los monjes budistas o las "manos de alabanza" compartidas de los evangélicos cristianos. "En la sociedad secular, la efervescencia no se ha extinguido, simplemente ha transmutado", dice Drake Baer en su artículo: "La razón primordial por la que la gente necesita ir de fiesta". En este artículo, Baer cita la investigación del antropólogo griego Dimitris Xygalatas, de la Universidad de Connecticut, que encontró cómo la frecuencia cardíaca se sincroniza entre las personas que están participando juntos en un ritual de danza, lo cual no sucede con los observadores. Emma Cohen, antropóloga que estudia el movimiento colectivo en Oxford, afirma: "La sincronía y la coordinación aumentan el sentido de unión, incluso entre las personas que nunca se habían encontrado".

De hecho, estamos asistiendo a una difusión rapidísima de otras ceremonias, en última instancia más solemnes, donde las sustancias psicodélicas y psicoactivas se usan en rituales de grupo. La ayahuasca escapó de la cuenca amazónica para viajar por todo el mundo llegando a casi todos los rincones del planeta en menos de 100 años. Las ceremonias de ayahuasca se celebran en grupo. Tradicionalmente, la planta de khat ha sido masticada comunalmente, después del trabajo, en encuentros sociales, en espacios públicos o habitaciones dedicadas en casas privadas, igual que la gente se reúnen en el bar al salir del trabajo para tomar unos vinos. Es difícil, en las culturas humanas, encontrar un fármaco que se use en solitario en casa, aparte de los casos de dependencia de drogas. E incluso en estos casos, los adictos buscan a otros adictos con quienes compartir sus drogas, incluso si hablamos de drogas cuyos efectos están más orientados a promover el individualismo. A la gente le gusta tomar drogas con otros, en entornos sociales. Y la mayoría de los comportamientos adictivos relacionados con las drogas pueden explicarse por las políticas de drogas específicas relacionadas con esos fármacos, y menos por sus efectos farmacológicos. De hecho, parece que uno de los pocos lugares del mundo donde la gente usa drogas en solitario es en los laboratorios de los investigadores de drogas.

Burning Man Victorgrigas (Wikipedia)Burning Man Victorgrigas (Wikipedia)

En este sentido, la psicoterapia clásica también se lleva a cabo en espacios separados del mundo social donde dos extraños se reúnen para discutir los problemas de uno de ellos a cambio de dinero. La psicoterapia nació en un contexto médico, cuando el Dr. Sigmund Freud redujo la complejidad de las relaciones entre los sujetos y su mundo circundante a condiciones intrapsíquicas. Desde entonces, los pacientes quedaron constreñidos en su solipsismo donde la curación era la palabra expresada en el diván. Pero la salud mental no es un problema del cuerpo, sino del grupo y sucede en un contexto social. De esta manera, las psicoterapias de grupo fueron la evolución natural de tratar de devolver a los procesos de curación sus raíces sociales, desmedicalizando el sufrimiento humano.

Somos animales sociales. Según el biólogo Edward O. Wilson, los seres humanos somos una especie eusocial. Las especies eusociales evolucionan en una selección multinivel, es decir, operan al mismo tiempo a nivel individual y grupal, siendo tan importantes el parentesco como la selección grupal donde "un grupo puede unirse cuando la cooperación entre miembros no relacionados familiarmente resulta beneficiosa, por simple reciprocidad o por sinergismo mutuo". La eusociabilidad es anecdótica en las especies de vertebrados, y nosotros, los seres humanos, somos una de las pocas especies en exhibirla. La eusociabilidad es una condición hereditaria de nuestros antepasados homínidos. Y los rituales de trance quizás evolucionaron en la selección multinivel propuesta por Wilson, como él explica en su libro: The Social Conquest of Earth.

Algunos neurocientíficos postulan hoy en día que la danza puede ser la clave para entender la evolución de habilidades sociales complejas e incluso del lenguaje. Danza implica coreografía, y la coreografía puede ser entendida como una especie de sintaxis. En su libro: El canto de los neandertales. Los orígenes de la música, del lenguaje, de la mente y del cuerpo, Steven Mithen explora profundamente la evidencia de que los gestos utilizados por nuestros antepasados ​​homínidos para comunicarse condujeron a la formación del ritmo, que se convirtió en música y luego en lenguaje. La neurociencia ha demostrado que las áreas premotoras están implicadas en la coreografía del baile, las áreas que se localizan muy cerca de las áreas del lenguaje. Las áreas premotoras son donde las neuronas espejo parecen estar también localizadas, en el caso de que tales neuronas existan. Como ya he mencionado, la danza también parece ser un antiguo mecanismo de fortalecimiento de los lazos entre las personas. Con el lenguaje corporal, la gente envía mensajes. Las neuronas espejo podrían servir para permitir que la gente entienda y comparta esos mensajes. Es por eso que experimentar trance en el contexto social es un sentimiento compartido de que todos somos parte de uno, que todos pertenecemos a algo mayor que cualquiera de nosotros por separado, y así la ansiedad individual se disipa. La curación es desencadenada por el grupo que comparte un lenguaje antiguo que va más allá de las palabras, pero el mensaje es la aceptación. Cuando una antigua lengua compartida es "hablada", la integración, la expresión del arte y la redención nos conectan de nuevo y la curación personal y social se vuelve real. Así que tal vez el desarrollo de rituales de trance ofrecen la forma más directa y eficaz de curar los trastornos arraigados en el mundo social. Tal vez por eso los grupos que basan sus rituales en la combinación de cánticos, danza y drogas psicotrópicas nunca han desaparecido y son cada vez más prominentes en las sociedades modernas: desde las religiones ayahuasqueras hasta las raves tranceras.

Así, los seres humanos son capaces de crear en cada momento y lugar contextos donde los rituales extáticos tienen lugar, y los rituales contemporáneos son expresiones de ese impulso natural para reproducir la mencionada "efervescencia colectiva" a la que se refirió Durkheim. Ejemplos de estos fenómenos son los rituales contemporáneos de éxtasis/trance, cuya profundidad y significado son comparables a los rituales arcaicos que se celebraban para dar sentido a la identidad personal a través del grupo. De hecho, encontramos ejemplos de esto otra vez en la Amazonia. La institución para la que trabajo, la Fundación ICEERS, organizó el pasado octubre en Río Branco, Brasil, una conferencia a la que asistieron cientos de representantes indígenas de casi 20 grupos étnicos diferentes. Algunos de estos grupos étnicos no tienen un uso tradicional de ayahuasca, pero lo han incorporado en sus rituales recientemente tras la expansión contemporánea de la ayahuasca por todo el mundo. Parece que para algunos de estos grupos, la ayahuasca ha regresado de fuera de la Amazonia para incorporarse donde no estaba previamente instalada. Algunos de estos grupos conocieron la ayahuasca en las ceremonias de las llamadas “iglesias ayahuasqueras”, cerrando de alguna manera un círculo que comenzó hace 100 años cuando la ayahuasca salió de la selva precisamente con quienes crearon luego dichas religiones. ¿Son estos nuevos rituales menos puros o menos frívolos que los que han estado sucediendo durante los mismos años en los rituales paganos occidentales con drogas psicodélicas sintéticas? En mi opinión, este no es el caso. Son simplemente rituales extáticos que cumplen la función de "efervescencia colectiva".

Burning Man Victorgrigas (Wikipedia)Burning Man Victorgrigas (Wikipedia)

Por último, quiero mencionar el estudio de Winberg y Joseph, de la Universidad de Deakin, Australia, y publicado en la revista Psychology of Music, en el que estudiaron los beneficios potenciales de la concepción contemporánea de las "efervescencias colectivas", es decir, del ir de fiesta. El estudio utilizó datos reunidos en 2014 como parte de la 31ª encuesta del Índice de Bienestar de la Unidad Australiana para proporcionar información sobre la relación entre la participación musical y el Bienestar Subjetivo. Se entrevistó por teléfono a una muestra aleatoria estratificada de 1.000 participantes. Los hallazgos revelaron que la participación en la música al bailar o asistir a eventos musicales se asoció con un mayor bienestar subjetivo que para aquellos que no se involucraron con la música en estas formas. Los hallazgos también enfatizaron el importante rol de involucrarse con la música en la compañía de otros con respecto al bienestar subjetivo, destacando una característica interpersonal de la música. Por último, las personas que bailaron refirieron puntuaciones más altas en cuatro de los dominios del Índice de Bienestar Personal en comparación con los que no bailaban: la satisfacción con la salud, el logro en la vida, las relaciones y la conexión con la comunidad.

En definitiva, si queremos que las fiestas funcionen como espacios de experiencias transformadoras, deberían ser sancionados socialmente, favoreciendo lugares donde las personas puedan expresarse, bailar y disfrutar libremente, conocer la composición precisa de los materiales químicos que utilizan y crear espacios seguros de asistencias para las personas que pueden experimentar dificultades. Como siempre ha sido el caso en la historia humana.

 

 

Cannabis y Psicosis

Algunos breves apuntes sobre la relación del cannabis con la psicosis

Por Rafael Guimarães dos Santos

1. Introducción: Las sustancias psicoactivas y la psicosis

Existen varias teorías sobre la posible influencia de algunas sustancias psicoactivas en la causalidad de algunas formas de psicosis, sobretodo la esquizofrenia.

La LSD, en los años 1940-1960 y hasta los días de hoy, por ejemplo, fue una sustancia que, por su similitud química con el neurotransmisor serotonina – involucrado en las percepciones, emociones, sueño y humor, entre otras actividades – y también por los efectos que producía – cambios en la percepción, cognición, y emociones –, ha estado involucrada en el que se ha conocido como modelo psicotomimético, o sea, que imitaba la psicosis, de forma aguda.

Muchos investigadores de aquella época postulaban que los efectos producidos por la LSD era similares a la psicosis, y, incluso, muchos investigadores ingerían esta sustancia para intentar experimentar por si mismos lo que sería la psicosis. Incluso el prospecto de la LSD venía con instrucciones para que los investigadores fuesen los primeros en probar la sustancia.

Después, entre los años 1960-1970, y también hasta hoy, la DMT, presente en la ayahuasca, pero también en nuestro organismo y en otras formas naturales, fue otra sustancia candidata a posible causadora de psicosis. Además de producir efectos alucinógenos, como la LSD, fue encontrada en nuestro organismo y también su molécula se parece a la serotonina. En algunos estudios se ha encontrado en mayores concentraciones en pacientes esquizofrénicos, pero en otros estudios no, y el tema no se ha resuelto hasta hoy.

A día de hoy, el interés sigue en la LSD y en la DMT, pero también en la psilocibina, encontrada en los hongos alucinógenos, que produce efectos similares y tiene una molécula también parecida a la serotonina. Por otro lado, el enfoque actual se caracteriza por el modelo en que estas sustancias producen cambios en la consciencia que son similares a algunas manifestaciones agudas de las psicosis, y no son característicos de la forma crónica de esta enfermedad.

Por otro lado, entre los años 1950-1970, algunos investigadores han observado que, entre otras cosas, los efectos de los alucinógenos como la LSD, DMT y psilocibina producían efectos más visuales que auditivos, diferentes de la esquizofrenia, que tiene como característica, entre otros síntomas, las alucinaciones auditivas. Además, los investigadores han observado que la anfetamina podría también producir efectos similares a la psicosis, especialmente la paranoia. Ahí empezó el modelo de la dopamina, ya que la anfetamina actúa en el sistema de este neurotransmisor, involucrado, entre otras cosas, en los circuitos de recompensa y motivación.

Este modelo parecía explicar los síntomas como la paranoia (conocidos como síntomas positivos), pero no explicaba los síntomas como la apatía, problemas de atención, cognitivos y psicomotores (síntomas negativos), por ejemplo. Desde ahí, también en los años 1950-1960, pero también a día de hoy, sustancias como el PCP y la ketamina, que actúan en el sistema del neurotransmisor glutamato, pasarán a incorporarse en las teorías de las causas de la psicosis. Estas sustancias, además de producir alucinaciones, producen disociación y otras manifestaciones similares a los síntomas negativos y, a día de hoy, están siendo muy estudiadas como modelos de psicosis.

2. Cannabis y psicosis

2.1. Antecedentes

            Por otro lado, existen evidencias muy antiguas de que el uso de cannabis podría estar asociado a la producción de algunos efectos similares o que mimetiza algunos síntomas de la psicosis.

El la medicina de China, por ejemplo, hay relatos de casi 5 mil años de antigüedad de que el uso, en exceso, de cannabis, podría producir visiones y comunicaciones con espíritus.

Claro, uno siempre puede cuestionar que estos efectos son culturalmente determinados, y que hablar o ver espíritus no son, necesariamente, síntomas de psicosis o de cualquier otra psicopatología. Muy bien. Pero también hay que reconocer que en determinadas personas y en determinados contextos culturales, tener visiones, oír voces, y otros tipos de efectos que se podrían caracterizarse como alucinógenos, pueden caracterizar una enfermedad, como la psicosis.

            Ya en el siglo diecinueve, el psiquiatra francés Moreau de Tour ya había observado la similitud entre los efectos del cannabis y algunos síntomas de la psicosis. O sea, un siglo antes del modelo psicotomimético de la LSD ya se postulaba que el cannabis podría estar relacionado con la psicosis.

2.2. Efectos agudos

            Tanto los relatos de consumidores, como en los estudios controlados, existen evidencias y pruebas de que el cannabis puede producir efectos agudos, o sea, que duran minutos u horas, que podrían ser caracterizados como similares a algunos aspectos de la psicosis.

            Paranoia, ilusiones, alucinaciones, delirios, confusión mental y otros efectos pueden ser experimentados por consumidores de cannabis, especialmente si son usuarios novatos o si se utilizan dosis altas y, además, si tienen alguna predisposición. Además, estos efectos pueden ser producidos en condiciones de laboratorio, con cannabis o con THC puro, el principal principio activo del cannabis. También pueden producirse tras el consumo algunos derivados de cannabis que son utilizados de manera medicinal (Sativex, Marinol, nabilona, por ejemplo). En el prospecto de estas sustancias, y también en los ensayos clínicos con ellas, la ocurrencia de síntomas psicóticos es relatada como una posibilidad real.

            Hay que dejar claro que estos efectos agudos son temporales y que, aunque sean similares a algunos síntomas de psicosis, no son psicosis en si mismos. Por otro lado, hay que dejar claro también que existen casos de personas que, o por ser consumidores novatos, o por consumir dosis muy altas de cannabis, o por poseer alguna predisposición, pueden experimentar estos síntomas por largos períodos de tiempo (semanas, por ejemplo) y llegar a necesitar tratamiento psiquiátrico y/o psicológico. En estos casos, un diagnóstico de brote psicótico producido o desencadenado por cannabis podría ser una explicación bastante razonable.

            Otro aspecto que hay que tener en cuenta es que el uso de derivados del cannabis por esquizofrénicos es algo bastante común, pero que puede exacerbar algunos de sus síntomas. Existen evidencias de laboratorio donde se fue administrado THC puro para pacientes esquizofrénicos y estos tuvieron sus síntomas exacerbados, aunque ha sido de manera temporal. Además, es interesante destacar que muchos pacientes esquizofrénicos consumen cannabis. Una posibilidad es que, aunque el consumo pueda aumentar algunos síntomas y empeorar el tratamiento, el uso de cannabis podría mejorar otros síntomas. Existen evidencias clínicas y de laboratorio, por ejemplo, de que algunos derivados del cannabis (CBD y mismo el THC) pueden servir como tratamiento para síntomas de la psicosis. Por otro lado, muchos estudios aún deben ser realizados antes de que estas sustancias sean aprobadas para uso terapéutico en pacientes esquizofrénicos.

 

2.3. Efectos a largo plazo

            Considerando efectos a largo plazo, o sea, si el consumo de cannabis puede realmente causar psicosis/esquizofrenia, la verdad es que hasta hoy la evidencia es muy controvertida, aunque apunte en la dirección de que el cannabis realmente podrís causar psicosis.

Aunque sea un hecho de que algunas personas sufren síntomas de psicosis mientras están bajo los efectos agudos del cannabis y que, también, algunos pocos individuos pueden experimentar estos síntomas por periodos largos de tiempo, mismo sin estar bajo los efectos de la sustancia, lo que caracterizaría un brote psicótico causado o desencadenado por cannabis, siempre se podrá explicar estos casos como alguien que tenía una predisposición a la psicosis, o que ha consumido una dosis muy alta, o que no tenía experiencia, o que vendría a tener un brote psicótico por cualquier otra razón/ componente ambiental (el estrés, por ejemplo), etc. Pero la cuestión de si el cannabis, por si mismo, en una persona sana, sin antecedentes familiares o personales de psicosis, podría causar una psicosis/esquizofrenia, aún es tema de debate científico.

            Algunas de las principales evidencias que apuntan en la dirección de que el cannabis puede causar psicosis vienen de estudios epidemiológicos. Según algunos de estos estudios, individuos que han consumido cannabis tienen más probabilidad de ser diagnosticados con esquizofrenia que los no consumidores de cannabis en los años posteriores. Después de controlar para posibles efectos de otras variables, que podrían haber influenciado el resultado, pues también podrían ser causas posibles de psicosis, el efecto disminuye, pero puede existir.

Además, parece existir un efecto de la cantidad de cannabis consumida (dosis-dependiente) y de la edad, o sea, consumir cannabis en la adolescencia y consumir mayores cantidades parece aumentar las probabilidades de ser diagnosticado con psicosis/esquizofrenia en los años posteriores.

También existen datos provenientes de revisiones recientes que apuntan la evidencia de que el uso de cannabis hace que el desarrollo de psicosis/esquizofrenia se produzca en una edad más temprana que en la población no consumidora.

            Una importante y reciente revisión de los principales estudios que han investigado el tema de la psicosis/esquizofrenia y el consumo de cannabis relata que existe un riesgo aumentado de un 40% o que personas que consuman cannabis sean diagnosticadas con psicosis en los años posteriores.

Por otro lado, según algunos investigadores, este riesgo apenas sería moderado, y aún hay evidencias de que, aunque el uso de cannabis viene expandiéndose en las últimas décadas en casi todo el Occidente, el porcentaje de casos de esquizofrenia no ha sufrido un aumento tan intenso, o mismo se ha estabilizado.

3. Conclusiones      

El cannabis y sus derivados pueden producir efectos similares a los síntomas de la psicosis/esquizofrenia de manera pasajera y temporal, incluido paranoia, alucinaciones, ilusiones y delirios. Además, pacientes esquizofrénicos o que tienen una tendencia-predisposición a la psicosis experimentan efectos psicóticos más intensos y de mayor durabilidad que personas que no tienen estas características. Los pacientes psicóticos también parecen presentar mayores tasas de recaídas tras el consumo de cannabis.

A la larga, cada vez hay más evidencias de que el consumo de cannabis, por si mismo, podría causar psicosis/esquizofrenia. Por otro lado, la causalidad aún es un tema de debate, porque aunque la relación entre cannabis y psicosis cumpla algunos de los requisitos de causalidad, no cumple todos, ya que la mayoría de las personas que consumen cannabis en todo el mundo no desarrollan psicosis/esquizofrenia, y la mayoría de los pacientes esquizofrénicos nunca han utilizado cannabis.

En conclusión, la exposición al cannabis no parece ser una causa ni necesaria ni suficiente de la psicosis/esquizofrenia. Muy probablemente, la exposición al cannabis es un factor componente, entre otros (genéticos, ambientales o desconocidos), que, juntos, causan la psicosis/esquizofrenia.

4. Referencias

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Uso terapéutico de plantas mágicas (III)

Seguimos con esta compilación de información sobre la otra cara de las plantas psicoactivas, que además de afectar la mente o espíritu humano modificando su conciencia, también tienen sus efectos curativos muchas veces a dosis sub psicodélicas. Su empleo medicinal está extendido por toda la tierra, salvo los polos y desiertos pedregosos donde no crece ni la hierba.

Por LOA

Mandragora autumnalis: Mandrágora

Apenas hallaríamos otro remedio rodeado de tantos y tan misteriosos encantamientos y supersticiones, y tan interesante para la historia de la cultura, como la raíz de mandrágora. Planta de la familia de las Solanáceas, crece silvestre en la Baja Andalucía, desde Jaén y Málaga hasta el Algarbe portugués y la cuenca inferior del Tajo, sobre terrenos bajos, húmedos o inundados (Font 2000).

En Chipre la mandrágora es conocida desde tiempos remotos y usada como remedio contra la infertilidad femenina, para ayudar a las mujeres a quedar embarazadas (Rätsch 1995; Paskulin 2010).

Según el doctor Leclerc, la tintura alcohólica de raíz de mandrágora actúa como sedante y espasmolítico, incluso cuando el beleño y la belladona se muestran ineficaces (Font 2000).

Un doctor esloveno afirma haber probado el ungüento de mandrágora, sintiendo “una especie de protección energética, como un campo energético alrededor de la piel que protege y aporta una fuerza física, como una potencia interior”. Podría a veces eliminar miedos y pensamientos negativos, “como una limpieza energética de los problemas” (Paskulin 2010). Se ha usado como anestésico y como somnífero, así la he probado con gran éxito aunque al precio de una gran sequedad de boca como efecto secundario.

La raíz seca de mandrágora se macera en vino blanco –unos 25 gramos en una botella de vino de 700 ml- durante al menos una semana y sin filtrar los trozos de raíz. Se bebe un vasito de licor (de 40 a 60 ml), mas cantidad podría provocar alucinaciones (Rätsch 2005). La raíz seca de mandrágora puede comprarse por Internet. Precaución amigo ciber psiconáuta.

Mitragyna speciosa: Kratom

Las hojas de este arbusto del sureste de Asia son usadas por la medicina tailandesa contra la diarrea. Los chóferes de Bangkok mascan hojas de kratom como tónico analgésico y supresor del apetito. La medicina popular malaya se sirve de las hojas de kratom para eliminar las lombrices intestinales.

Excelente como ayuda para conciliar el sueño, el kratom es analgésico, anestésico tópico y potente relajante muscular. Algunos nativos han sustituido la bebida por la infusión de kratom, con gran beneficio para su salud.

Las hojas de este arbusto son ricas en varios alcaloides benéficos, como la inmuno estimulante y antioxidante (retrasa el envejecimiento prematuro), epicatequina, también presente en el cacao puro.

La hoja de kratom se masca mientras se trabaja, para suprimir el apetito, mejorar el sueño nocturno, aliviar dolores, como afrodisíaco, para reducir la ansiedad, prevenir enfermedades, incluso como ayuda para la meditación. Pensamos que el kratom tiene un gran potencial como antidepresivo y planta del buen humor. No hemos sentido ningún tipo de adicción física, que parece ser un falso alarmismo de los “drogabusólogos” para justificar su prohibición (ya presente en Malasia, Tailandia, Australia y algunos países europeos aunque No en España).

Papaver somniferum: Opio

El opio es el jugo seco de adormidera o amapola de opio (Papaver somniferum o Papaver officinale). Descrita ya por los sumerios como “la planta de la felicidad” hace cuatro o cinco mil años, el opio se cultiva desde el Neolítico en toda la cuenca mediterránea desde Andalucía hasta Chipre. En 1998 arqueólogos catalanes encontraron restos de opio en un diente de las excavaciones neolíticas de Gavà, Barcelona (Guerra Doce 2006). Hasta el siglo XIX en casi toda la Península se cultivaba adormidera, y la vendían drogueros, boticarios, herbolarios y hasta perfumistas (Usó 1996), como hoy venden en los mercados marroquíes harshasha, cabezas secas de adormidera que fuman para inducir el sueño. En 1869 entre 50 y 62.000 kilos de cabezas de adormidera fueron cosechados en España y hasta bien entrado el siglo XX la automedicación con opiáceos fue una práctica bastante extendida. Entre finales del XIX y principios de siglo XX el opio (y sus derivados) fue la droga más consumida en España. Las distintas preparaciones opiáceas fueron el equivalente de la aspirina, desde el siglo XVII hasta alrededor de 1930. Opio contra el dolor, la diarrea, la tos y por supuesto el insomnio.

En 1670 el médico inglés Thomas Sydenham inventó el láudano, una tintura de opio, azafrán, canela y clavos de olor, todo ello macerado en vino blanco. Hasta el siglo XX el láudano fue uno de los remedios más efectivos y extendidos y también se bebía por sus efectos embriagantes. Según la normativa española de farmacia, hasta 1977 el láudano era una medicina de las de existencias mínimas obligatorias en todas las boticas. En 1925 costaba 30 céntimos (Usó 1996).

La codeína (= metil-morfina), aislada del opio en 1832, se tomaba y se toma para la tos, afecciones pectorales, diarrea, dolores menstruales, etc. Hoy como en 1932 aún se sigue vendiendo, con o sin receta, CODEISAN, pastillas para la tos a base de 30 mg de codeína clorhidrato. Su consumo diario moderado –y en tratamientos cortos, inferiores a dos meses- regula el sistema corporal, disminuyendo la mucosidad excesiva y las flemas, eliminando la tos, la diarrea, los dolores musculares y artríticos, y actuando como anti-depresivo fomenta la ensoñación y la fantasía. El yonqui que quiere pasar del caballo callejero compra pastis de codeína en las farmacias (sin que le pidan receta en algunas ciudades como Alicante, por ejemplo).

Aunque se necesita más investigación, sin duda el opio con sus 39 alcaloides es la sustancia más parecida al sistema cerebral de más de seis endorfinas (morfinas internas), y ambas sustancias serían inmuno-estimulantes (Hogshire 1994).

“Al contrario de lo que sucede con otras drogas de paz, que actúan reduciendo o aniquilando el sentido crítico, la ebriedad del opio y sus derivados deja básicamente inalteradas las facultades de raciocinio, al menos en dosis leves y medias. Se diría que no apacigua proporcionando alguna forma de embrutecimiento, sino por la vía de amortiguar reflejos emocionales primarios en beneficio de una ensoñación ante todo intelectual. De ahí, también, que puedan irritar más de lo común intromisiones, ruidos y actitudes de otros, cuando bajo los efectos de alcohol o somníferos, por ejemplo, ese tipo de estímulo se pasa por alto, e incluso se agradece. Sin embargo, es rarísimo que la irritación desemboque en conducta agresiva (su elemento es más bien la ironía, o el deseo de aislarse), al revés de lo que acontece con otras drogas de paz, pues además de faltar el nivel habitual de impulsividad falta disposición a moverse, chillar, etc.” (Escohotado 1995).

Aun en 1915 un artículo del periódico de la asociación médica americana decía: “Si toda la materia médica disponible se limitase a una sola droga, estoy seguro de que muchos de nosotros, si no la mayoría, elegiríamos el opio”. ¿Quién compraría las sucias drogas de farmacia si pudieran comprar opio? ¿mercado libre? .

Pausinystalia yohimba: Yohimbe

Este árbol africano es el único afrodisíaco reconocido por la ciencia occidental. En 1984 se publicó un estudio científico en el que se demostró estimulación sexual en animales (Science 1984) y en humanos. Las ratas macho drogadas con yohimbina copularon el doble que las no drogadas. La yohimbina es efectiva en un 62% de los casos (The Lancet 1987). En Francia las pastillas de yohimbina se llamaban “Yohimbine Houdée” y se vendían en las farmacias para aliviar las disfunciones eréctiles y la impotencia. En las farmacias británicas aun se venden las Prowess Plain tablets, pastillas “proeza evidente” con 5 mg de yohimbina y cien pastillas por bote…sangre en vena y a toda erección tanto del pene como del clítoris. Su prospecto dice: “La yohimbina es ampliamente reconocida como un seguro y efectivo afrodisíaco con un largo período de uso establecido”. Como tratamiento contra la ausencia de deseo erótico y fallos eréctiles, el prospecto recomienda una o dos tabletas tres veces al día después de las comidas. Los resultados de los ensayos clínicos tipo doble-ciego, hechos en el hospital de Kingston (Ontario, Canadá), demostraron potenciación sexual en un 62% de los casos. Similares resultados mostraron los estudios británicos en varios centros, supervisados por el St. George´s Hospital, de Londres. Por ello se concluyó que la yohimbina debe ser considerada entre los primeros tratamientos de elección para la impotencia psicogénica. Estos estudios se publicaron en Sexual and Marital Therapy (volumen 4, nº 1, 1989). Además de facilitar, aumentar y favorecer la plena erección, tanto del pene como del clítoris, y producir erecciones espontáneas, amplifica el orgasmo y puede producir orgasmos múltiples, y un aumento del deseo erótico en mujeres y hombres. Por supuesto la yohimbina también se usa en veterinaria, para adelantar el celo de los animales hembra.

Además de su uso como afrodisíaco, un amigo nos contó que su médico le había recomendado una infusión con una cucharadita de corteza de yohimbe, tres veces al día, para regular su tensión arterial, que a veces la tenía muy baja y otras demasiado alta.

En homeopatía se usa yohimbe para estimular la producción de leche de las parturientas (Rätsch 2005).

Peganum harmala: Harmel

Por todas partes es muy usada en medicina popular desde Marruecos hasta China. En la India y Pakistán las semillas de harmala se usan por sus propiedades vermífugas, es decir para matar las lombrices intestinales. En Marruecos además se usan como antirreumático y antidiarreico (Ott 2000), esto último suponemos será con cantidades muy pequeñas de semillas, ya que con sólo 5 gramos suelen producir diarrea. Las semillas de hármel se usan entre los beduinos y otros pueblos musulmanes como planta emenagoga: para aliviar los dolores y molestias de la menstruación y la falta de regla. Como abortivo sólo la usan en las primeras semanas del embarazo, porque más tarde podría resultar peligroso abortar al producirse desgarros y hemorragias que, según el caso, podrían llegar a ser mortales, además puede provocar esterilidad (Rätsch 2001). Las propiedades sedantes, emenagogas y abortivas de la harmala han sido confirmadas en animales de experimentación (Ott 2000). En la medicina popular hindú éstas semillas se usan para aliviar el asma. Un té de semillas dicen que alivia el dolor de estómago y los problemas cardíacos y de ciática. En la universidad de Kansas han demostrado que la harmina actúa como un antibiótico, o sea que mata los microbios, por eso no extraña que en Rajastán (India) usen el humo de estas semillas ardiendo como antiséptico para desinfectar heridas (Rätsch 2001).

Las semillas pulverizadas y hervidas en aceite de oliva se usan como aceite de masaje para fortalecer el cabello y combatir su caída (Rivera y Obón 1991).

Un conocido médico y escritor nos relató la siguiente anécdota: viviendo en el pirineo un día le visitó un amigo muy entristecido, al parecer se había muerto su padre, entonces le ofreció una infusión de semillas de Peganum harmala y a la media hora estaba cantando y riendo como si nada hubiera pasado (Mediano 1980). Sin duda estas semillas son un antidepresivo mucho menos tóxico y peligroso -además estimulan la fantasía- que las drogas de farmacia que inhiben la M.A.O. (MonoAminoOxidasa) de forma irreversible (Ott 2006).

El clorhidrato de harmina se ha empleado en casos de encefalitis letárgica (Font 2000).

Puede hacerse un inofensivo té medicinal con 2 a 3 gramos de semillas molidas, se hace una infusión con dos vasitos pequeños de agua (de chupito) y uno de zumo de limón. Se lleva a ebullición revolviendo, al romper a hervir se apaga el fuego, se filtra y se echa el líquido en un vaso. Con el resto vegetal del colador se vuelve a repetir el proceso otra vez y al final se juntan los dos líquidos filtrados y se beben.

La harmina y la harmalina se encuentran en las semillas de Peganum harmala y en los tallos de Banisteriopsis caapi (yajé o ayahuasca). La harmina fue un tratamiento para la enfermedad de Parkinson, hacía disminuir la exagerada excitabilidad del sistema parasimpático, colocando a los pacientes en un estado de euforia que les hacía aceptar mejor su enfermedad (Rätsch 2005).

BIBLIOGRAFIA.

Berger, Markus. 2003. Cactus Enteógenos. Cáñamo. Barcelona.

Escohotado, Antonio. 1995. Aprendiendo de las drogas. Anagrama, Barcelona

Etzel, R. 1996. Special extract of Boswellia serrata in the treatment of rheumatoid arthritis. Phytomedicine 3 (1): 91-94.

Font Quer, Pío. 2000. Plantas Medicinales. El Dioscórides renovado. Ediciones Península. Barcelona.

Guerra Doce, Elisa. 2006. Las drogas en la prehistoria. Bellaterra. Barcelona.

Gottlieb, Adam. 1977. Peyote and other psychoactive cacti. U.S.A.

Hogshire, J. 1994. Opium for the masses. A practical guide to growing poppies and making opium. Loompanics, USA. Esta editorial cerró.

Malpica, Karina. Peyote ¿Medicina tradicional o droga lúdica? Cáñamo nº 156 diciembre 2010 páginas 48 a 50.

Mediano, Lorenzo. 1985. Comunicación personal del autor de "El secreto de la Diosa".

Ott, J. 1998. Pharmacophilia o los paraísos naturales. Phantastica. Barcelona. Página 113.

Ott, J. 2000. Pharmacotheon, 2ª edición, Los libros de la liebre de marzo. Barcelona.

Ott, J. 2006. Análogos de la Ayahuasca. Ediciones Amargord. Madrid. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Paskulin, Roman 2010. Aspectos terapéuticos de la mandrágora y la iboga. Revista Cáñamo nº 156 diciembre. Barcelona. Páginas 118 a 120.

Lancet, The. Nº 22 agosto de 1987.

Rätsch, C. 2001. Peganum Harmala, la ruda de Siria, páginas 182 a 184 del Especial 2001 de la revista Cáñamo: 50 Sustancias psicoactivas. Barcelona.

Rätsch, C. 1995. Las Plantas de Venus. Cáñamo ediciones. Barcelona.

Usó, Juan Carlos. 1996. Drogas y cultura de masas ( España 1855-1995 ). Taurus, Madrid.

 

Jeringuillas en los cines

Se dice, se cuenta, se comenta que, años atrás, había desaprensivos y vengativos yonkis que se dedicaban a dejar jeringuillas en las butacas de los cines con la pérfida intención de transmitir el VIH a inocentes y honrados ciudadanos como usted o como yo mismo. ¿Será verdad? ¿Será mentira? ¿Qué será... será? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

Esta es una vieja historia que escuché por primera vez en los primerísimos años 90 –o puede ser, incluso, que casi al finalizar la década de los 80-. Alguien, no recuerdo quien, me comentó que había peña que dejaba chutas en los asientos de los cines para que los cinéfilos se pincharan inadvertidamente y, con ello, contrajeran el SIDA.

Por aquellos años, lo cierto es que, quien esto escribe, andaba metido de lleno en el mundillo del yonkarreo y tenía contacto habitual con toda una legión de yonkis prototípicos. Muchos de ellos estaban infectados por el temido virus, pero les puedo asegurar que ninguno de ellos perdía el tiempo acudiendo a salas comerciales a ver películas de ningún tipo. Es más, a lo largo de esa época yo mismo fui al cine en una única ocasión, acompañado de mi pareja, los dos previamente enjamonados hasta las trancas. La peli en cuestión era El Cuervo (1994), y ni ella ni yo recordamos absolutamente nada de la trama porque a los 5 minutos nos quedamos dormidos, de modo que no volvimos a repetir la experiencia y hubieron de pasar unos cuantos años hasta que, habiéndome bajado del burro y cambiado de novia, volviese, de nuevo, a entrar en una sala cinematográfica.

Con esto no quiero decir que los adictos a la heroína no vean películas. Claro que las ven, únicamente que, los que yo conocía por aquella época las visionaban en sus casas (los que tenían) o en los Centros de Emergencia Sociosanitaria donde acudían a desayunar, comer y cenar por la patilla y, fundamentalmente, a intercambiar sus jeringas usadas por otras nuevas. En estos sitios, por lo demás, había una salita con una televisión y unas cuantas sillas donde los parroquianos podían deleitarse viendo cosas como El Guardaespaldas o “Pasapalabra”, también por la patilla. De nuevo, la mitad de la concurrencia se quedaba noqueada con ellas, aunque también es cierto que buena parte las disfrutaba efusivamente e, incluso, había alguno que, a la luz de las invariablemente certeras respuestas que profería en voz alta a las preguntas que se planteaban en el celebre concurso televisivo, bien podría haberse presentado al mismo y haberse hecho millonario en menos que canta un gallo.

La cuestión, en cualquier caso, es que, por lo menos a estos yonkis, les salía mucho más rentable acudir a los dispositivos de reducción de daños que ir al cine a dejar chutas abandonadas para putear a la peña. A fin de cuentas, en dichos dispositivos, como ya hemos apuntado anteriormente, entraban por la cara, comían por la cara, veían películas por la cara, recibían jeringuillas nuevas a cambio de las viejas y, además, podían quedarse apalancados (descansando, charloteando o matando el tiempo) durante horas y horas. En el cine, por el contrario, debían pagar la entrada (tan costosa como una micra de heroína por aquellos días), las palomitas o el bocata (más caros, incluso, que un fardo del mejor jako afgano), dejar sus chutas usadas sin que nadie les diese nada a cambio, y encima, no sólo no podían hacer sus comentarios a voz en grito sobre lo macizorra que estaba la prota o lo tonto que era el bueno de la peli sino que, además, quisieran o no quisieran, impepinablemente eran despachados a la calle después de la hora y media que suele durar una película al uso. En resumen: que eso del cine no les merecía para nada, más bien todo eran desventajas, y por eso prescindían de frecuentarlo.

Por otra parte, se da el caso de que, una vez transcurridos los primeros y esparramosos años 80 –y, sobre todo, una vez que la sociedad al completo, incluidos los heroinómanos, fue siendo consciente de los peligros del VIH y de sus formas de transmisión- el colectivo yonki terminó por mostrarse –de forma absolutamente mayoritaria- extremadamente respetuosa y pulcra a la hora de deshacerse de su instrumental de consumo. Tanto es así que, a no ser que fuera en las propias zonas de trapicheo situadas en los descampados de las periferias de las ciudades (en los cuales siguieron y siguen tirando sus chutas usadas sin miramiento alguno, pues, aparte de ellos nadie más va por ahí), lo habitual es que se muestren perfectamente recatados y atentos para no tirar ni abandonar nada que pueda dañar a nadie, y que, incluso, amonesten y reprendan vehementemente a quien ose comportarse de otro modo.

No obstante, también nos consta que, tanto antes como probablemente ahora, las jeringuillas han sido utilizadas por los yonkis como arma a la hora de cometer sus atracos. De hecho, a finales de los 80, enfrente del que era mi colegio hubo un yoni que intentó atracar a un viandante intimidándole con una chuta que creo que llegó a clavarle, con la mala fortuna de que el transeúnte en cuestión era un experto en artes marciales y le dio tal somanta de hostias que casi lo mata; hasta el punto que tuvo que acudir una ambulancia para llevárselo inmediatamente a la UVI. El asunto salió incluso en el periódico, aunque no se mencionaba si la jeringuilla en cuestión contenía el virus del SIDA ni si la desafortunada victima había quedado infectada.

De igual manera que, a título personal, podemos atestiguar que hay otras formas, aparte de los atracos, mediante las cuales los heroinómanos han tratado –y seguramente logrado- transmitir el virus a otras personas. A modo de ejemplo ilustrativo les contaremos que, una vez, intentando conseguir una jeringuilla en un poblado, un parroquiano me dijo: «yo tengo una, te la vendo, está usada, pero tranqui, que, aunque tenga el SIDA, te juro por mis hijos que el médico me ha dicho que no puedo contagiarlo». A lo que, lógicamente, no tuve más remedio que contestarle: «gracias, majete, pero no; y dile de mi parte a tu médico que, si algún día necesita una transfusión de sangre, no dude en pedírtela».

Es decir, que no negamos en modo alguno que haya habido, hay y habrá usuarios de drogas por vía endovenosa que han intentado transmitir –y transmitido- el VIH de forma premeditada e intencionada a otras personas que no eran seropositivas. Sin embargo, en estos casos, la voluntad y la finalidad del acto de intimidar a alguien con una jeringuilla, de pincharle en medio de la trifulca de un atraco o de dársela para que esa otra persona se inyecte a sí misma poco tiene que ver con la maléfica intención de dañar al prójimo gratuitamente, sin otra motivación que la de “sentenciar a muerte” a desconocidos e inocentes ciudadanos, de martirizarlos, de “vengarse de la sociedad”, o de contribuir a la extensión del virus entre la población por el simple y perverso gusto de hacerlo. No, los casos a los que hemos aludido, por muy deplorables y mezquinos que sean, se rigen, primordialmente, por el objetivo de obtener un beneficio económico –el necesario para poder cubrir su acuciante necesidad de heroína-. En otras palabras, el daño que traen consigo –sin dejar de ser gravísimo e inadmisible- vendría a ser el ignominioso efecto colateral que traerían aparejadas las igualmente ignominiosas y viles prácticas que algunos drogodependientes han llevado y llevan a cabo para conseguir su suministro de droga; lo cual es muy diferente a abandonar una jeringuilla infectada en una butaca con la única intención de joderle la vida al primero que tenga la mala suerte de sentarse en ella.

Sea como fuere, somos conscientes de que nuestra experiencia personal no es más que eso, nuestra experiencia, y que lo que les hemos contado hasta ahora no son más que meras “batallitas del abuelo” que en nada esclarecen la verosimilitud o la falsedad del asunto de las agujas, el cine y el VIH.

Aun así, no se apuren, puesto que, una vez llegada la era de Internet, resulta que aquel comentario que alguien nos hiciera sobre este asunto hará ya un par de décadas, pasó a convertirse en un mail en cadena que circuló durante años por todas partes y en todos los idiomas, incluido el castellano.

De tal forma que, el hecho de que esta historia haya pasado a circular masivamente por el ciberespacio, nos concede la posibilidad de contrastar nuestra experiencia y opinión personal con la de millones de personas en todo el planeta, especialmente con las de aquellas que se dedican “profesional” y concienzudamente a desmontar bulos, mitos y hoax, como por ejemplo: Snopes.com y Allabout.com. Y resulta que, como no podía ser de otra manera, basta con consultar las mencionadas Webs para confirmar que el asunto de las jeringas en los cines no es más que un bulo.

Al parecer, tras años de seguir y estudiar de cerca el asunto, éstas vendrían a ser las únicas evidencias claras que tales reputados cazadores de mitos han podido encontrar al respecto:

  • El caso de un hombre de Louisiana y el de una mujer en Georgia que se pincharon con una aguja al sentarse en las butacas de unas salas de cine de aquellas ciudades (en 1996 y en 2001 respectivamente). Los entendidos en la materia aducen que no había ningún indicio en razón del cual pudiera determinarse que dichas jeringuillas hubiesen sido depositadas ahí premeditadamente con la voluntad de infectar o asustar a nadie (no había notas de «bienvenido al mundo del SIDA» ni nada por el estilo) y, de hecho, tampoco hubo evidencia de que ninguna de las dos personas hubiese quedado infectada. Lo más probable, por tanto, es que la presencia de las agujas y los pinchazos no fuesen más que hechos fortuitos, como pasa cuando alguien pierde –o se encuentra- un móvil, una cartera o unas llaves en el asiento del cine (pues, huelga decirlo, a pesar de nuestros comentarios iniciales –verídicos pero parciales-, no se nos escapa que muchos inyectores van al cine, al teatro, al fútbol y a cualquier otra parte donde puedan ir el resto de los mortales). De hecho, hace unos años, yo mismo me encontré una chuta, limpia y sin usar, entre los cojines de un chill-out de Lavapies, y no lo interpreté más que como eso: una casualidad… «se le habrá caído a alguien, a una distraída enfermera, probablemente», pensé, «igual que a otros se les caen las gafas o las lentillas».
  • El caso de un preso que pinchó e infectó intencionadamente a un funcionario de prisiones en Australia; y el de una mujer que fue asaltada en una gasolinera de Maryland y pinchada con una jeringa mientras el asaltante (posteriormente detenido y encarcelado) le decía «bienvenida a la realidad: tienes el SIDA» (no obstante, la victima continuó siendo seronegativa).
  • Numerosos casos, acaecidos en los más dispares lugares desde finales de los años 90, en los que aparecieron agujas en los bancos de los parques, en los cajetines de las cabinas telefónicas y en sitios similares; así como incidentes en los que uno o varios chavales se dedicaron a pinchar a otros con jeringuillas. En ninguna de las ocasiones las agujas estaban contaminadas ni hubo nadie que contrajera virus ni enfermedad alguna. De tal manera que, dichos sucesos (que, por lo demás, solían coincidir temporalmente con la mención a este tema en la prensa o con los momentos de mayor apogeo en la difusión de los correos en cadena) no vendría a ser más que una nueva versión –aunque más retorcida y desagradable- de esa vieja broma pesada que acostumbraba a hacerse hace décadas con esos timbres que se vendían en las tiendas de petardos y artículos de broma (tal vez aún los comercialicen, no lo sé…). Eran redondos y de color negro, en el centro tenían un círculo blanco con un minúsculo y casi imperceptible agujerito en el medio. Dentro venía incrustada una pequeña aguja que, al apretar el inmaculado redondel que hacía las veces de timbre, se te clavaba lastimosamente en el dedo. ¡No veas tú que gracia!

Todo lo demás, cuentos chinos. No lo duden.

Referencias:

SNOPES: Pin Prick Attacks.

Disponible en: http://www.snopes.com/horrors/madmen/pinprick.asp

 

Uso terapéutico de plantas mágicas (II)

Finalizamos con esta tercera parte la revisión del uso etnomedicinal de las plantas consideradas sagradas por diversos pueblos y culturas de todo el orbe

Piper methysticum: Kawa (raíz de Kava-Kava).

Piper methysticumPiper methysticum

En Oceanía la raíz de este arbusto se usa como analgésico interno y externo (anestésico tópico), excelente como ayuda para conciliar el sueño (puede inducir sueños vívidos), y potente relajante muscular. La consideran un tranquilizante en casos de desgracias. Se mantiene el conocimiento y el sentido común. Es muy eficaz para disminuir la ansiedad y como un destensador de los músculos, anticonvulsivo, antiespasmódico y analgésico. Con una dosis aumentada parece que el kava produce un sueño profundo y reparador sin interferir en los ciclos naturales del sueño (Cass y Mcnally 1998). De 1 a 1,5 gramos de kavalactonas provocan sueño profundo en menos de media hora, un efecto comparable a los somníferos químicos de farmacia. La diferencia es que con el kava al día siguiente NO hay amodorramiento o escasa energía, como si pasa a veces con las drogas de síntesis farmacéuticas que además con frecuencia suprimen el sueño profundo y la fase REM (Rapid Eye Mouvements, movimientos rápidos de los ojos es la fase en la que se producen los sueños). La kavaína tiene un efecto anestésico local comparable a la cocaína, tanto en duración como en intensidad, además la kavaína NO es tóxica para los tejidos.

La dihidrometisticina (DHM) resultó ser más analgésica que la aspirina, con sólo 120 mg por kilo de peso del paciente que sufría dolores, se consiguieron aliviar o eliminar, mientras con aspirina se necesitaron 200 mg./kg de peso corporal (Lebot 1997). Como relajantes musculares tanto la DHM como la DHK se mostraron más potentes que las benzodiacepinas y otras drogas de síntesis química-farmacéutica. Además inhiben las convulsiones y contracciones musculares y nerviosas.

La dosis mortal en humanos de raíz de Kawa es desconocida (Rätsch 2005), ¿Cuántas drogas de farmacia pueden decir lo mismo?.

Psilocybe mexicana: Teonanácatl.

PsilocybesPsilocybes

Los aztecas usaban este hongo sagrado para aliviar la fiebre y la gota. Hoy día en México se sigue usando para muchas dolencias: molestias estomacales e intestinales, migrañas y dolores de cabeza (en Erowid hay un artículo sobre uso actual de dosis bajas de psilocybes para aliviar dolores de cabeza), hinchazón, fractura craneal, daños epilépticos, y enfermedades agudas y crónicas. Sin ser chamanes muchos nativos emplean dosis sub psicodélicas de setas, sólo en caso de enfermedad (Rätsch 2005).

Albert Hofmann encontró un 0,25% de psilocibina y 0,15% de psilocina en hongos secos de la especie Psilocybe mexicana.

Psychotria viridis: Chacruna.

Psychotria viridisPsychotria viridis

Las hojas de este arbusto amazónico suelen contener DMT (Dimetil Triptamina), y se usan como ingrediente principal en la elaboración de pócimas visionarias tipo yajé o ayahuasca. No tiene reputación como planta medicinal, aunque también es cierto que está poco estudiada.

Los nativos Machiguenga usan el jugo fresco de hojas de P. viridis como colirio ocular contra los dolores fuertes de cabeza (migrañas). También el LSD y la psilocibina, en dosis bajas, se han usado para aliviar estos dolores con éxito.

Salvia divinorum: Salvia de los adivinos.

salviasalvia

Chamanes y chamanas mazatecos de Oaxaca (México), usan hojas de esta especie de Salvia en sus rituales sagrados, curativos y adivinatorios. Generalmente como sustituto de los hongos en la temporada seca, sólo unos pocos chamanes prefieren la Salvia.

Los nativos usan preparados No psicoactivos para tratar desórdenes de la orina y la defecación, dolores de cabeza, reuma, anemia, y como reconstituyente para convalecientes o para revigorizar a los ancianos (Rätsch 2005).

Sceletium tortuosum: Canna, Kanna, Kougoed.

Sceletium tortuosumSceletium tortuosum

Los nativos de Namaqualand y Queenstown, en Sudáfrica, beben un té hecho con hojas de esta plana herbácea de aspecto suculento, como analgésico y para suprimir la sensación de hambre. Las hojas frescas carecen de psicoactividad, solo la planta fermentada es psicoactiva. Las hojas y tallos contienen de 0,3 a 0,86% de mesembrina junto a algo de mesembrinina y tortuosamina (Rätsch 2005). La Mesembrina es un Inhibidor Selectivo de la Recaptación de la Serotonina, por lo que se emplea como antidepresivo. En pequeñas dosis la kanna da un efecto meditativo, en dosis mayores produciría una tonificación eufórica. Después de una hora cambia a una sedación cercana al estado de trance. Se nota un aumento de la sensualidad y sensibilidad al contacto e insensibilidad al dolor. Otros efectos experimentados han sido la liberación del miedo o el estrés, un más elevado estado de consciencia y un aumento de la concentración. En un estudio hecho con una docena de experimentadores que consumieron kanna preparado según la fórmula tradicional, la mayoría destacó sus propiedades relajantes, euforizantes, reductoras de la ansiedad y empatógenas (muchos dijeron que el kanna sólo o mezclado con alcohol reducía la timidez y facilitaba la charla con desconocidos). Kanna podría clasificarse como hipnótico-sedante opiáceo.

Tabernanthe iboga: Iboga.

 ibogaiboga

La raíz de Iboga, y la de Voacanga africana, se usan en la medicina popular de África Occidental como estimulante, tónico, afrodisíaco; en casos de debilidad nerviosa, fiebre e hipertensión sanguínea. Por sus propiedades anestésicas también se usa para aliviar el dolor de muelas. Algunos chamanes prefieren la raíz de Voacanga africana, que contiene carbometoxi-ibogaína y sustancias relacionadas con la ibogaína.

En el Congo usan iboga para curar la enfermedad tropical del sueño (Rätsch 2005).

En la época colonial los franceses del África Ecuatorial comercializaron un extracto de iboga llamado lambarence, un curalotodo recomendado especialmente para tratar la neurastenia y la sífilis. Hoy las farmacias homeopáticas venden tintura madre de raíz fresca como “Tabernanthe iboga T.M.”

Algunos doctores emplean iboga para deshabituar a los enganchados a coca o heroína, pero expertos como Jonathan Ott niegan la mayor: Es imposible “curar” porque el hábito de consumir drogas es natural y consustancial al ser humano. Se trata de que nuestros hábitos se mantengan en un nivel saludable, empleando drogas puras o vegetales NO adulterados, y en dosis moderadas compatibles con la salud. Aunque experimentos con primates han demostrado que la ibogaína reduce la habituación (“adicción”) a opiáceos y bloquea parcialmente el síndrome de abstinencia, al abandonar el consumo de iboga la mayoría de los habituados a opiáceos retoman su hábito. Las criaturas humanas somos animales de costumbres fijas…

Si parece claro que la estimulación que da la iboga es de un tipo diferente a la estimulación anfetamínica. La investigación del doctor R. Paskulin muestra que la ibogaína modifica el metabolismo energético, potenciando la energía dentro de las células y en todo el organismo mediante una transformación en los hidratos de carbono. Todo el organismo esta mas sano, fuerte y enérgico. La iboga sería útil en convalecencias, acortando el tiempo de recuperación tras una infección o enfermedad debilitante (Paskulin 2010). Varios autores coinciden en que tras tomar iboga sintieron más energía y un mejor estado mental durante semanas e incluso meses. La ibogaína ha demostrado interactuar con muchos neuroreceptores diferentes, y esta sería la razón de su efectividad.

Trichocereus pachanoi (y T. peruvianus): Cactus San Pedro.

Trichocereus PachanoiTrichocereus Pachanoi

Este conocido cactus mescalínico, además de ser el sacramento ritual de los chamanes, se usa en medicina popular peruana como tónico y afrodisíaco. Las dosis sub psicodélicas irían de solo 2 gramos a 6 gramos de tejido verde seco de cactus jóvenes florecidos y cultivados en secano, recolectados tras una prolongada sequía. Tanto el pachanoi como el peruvianus tienen una piel externa dura de aspecto plástico que debe retirarse, tras el secado se pela el cacto como si fuera un pepino, guardándose la parte verde y desechando la pulpa blanquecina interior. Hay pocos análisis químicos como para asegurar que especie de cactus es más potente, pero como dijo Anthony Henman en el número 120 de la revista Cáñamo: cactus encontrados en secarrales de Barcelona resultaron tan potentes como los del Perú. Según varios testimonios que hemos recogido, el cactus San Pedro se ha extendido por todo el Mediterráneo, y es un fabuloso anti depresivo a dosis inferiores a diez gramos de tejido verde seco. En altas dosis puede proporcionar la necesaria catarsis que muchas personas necesitan para su liberación emocional. Si además de una agradable estimulación de 6 a 8 horas, se desea un efecto empatógeno (para relacionarse con los demás) harán falta 5 o 6 gramos de tejido verde seco o su equivalente en extracto acuoso de aspecto alquitranado.

Turbina corymbosa: Ololiuqui, badoh blanco, semillas de la virgen.

hawaiian baby hawaiian baby

Las semillas de esta trepadora se usan de forma ritual y medicinal en México desde épocas pre hispánicas, entre los Aztecas y otros pueblos mesoamericanos.

Los Mayas de Yucatán usan la planta como diurético y para tratar lesiones y contusiones. En Tecún Umán (Guatemala), las hojas de esta enredadera se usan para eliminar tumores. En Cuba le llaman aguinaldo y se emplea en medicina popular como ayuda en los partos, igual que en algunas zonas de México.

Las semillas contienen de 0,012 a 0,07% de amida del ácido lisérgico y otros alcaloides relacionados. Las semillas de la trepadora asiática Argyreia nervosa contienen un 0,3% y son las más potentes, muchos psiconaútas nos han asegurado que los efectos de cuatro a ocho semillas son iguales a un cuarto de tripi (dosis callejera de L.S.D.), informando de visiones coloridas de tipo místico y efectos psicodélicos durante seis a ocho horas o incluso más. La Argyreia también se considera un afrodisíaco y tiene efectos sedantes, hipnóticos.

Virola sp.: Cumala, épena, …

Virola sebiferaVirola sebifera

Los chamanes venezolanos fuman la corteza interior seca de Virola sebifera para bajar la fiebre. Los nativos venezolanos Warao usan la sabia de Virola surinamensis para aliviar las inflamaciones bucales (Ott 2000).

Una especie de Virola no identificada se dice que es usada como contraceptivo.

Varias especies de Virola son consideradas como estimulantes cerebrales y se piensa que potencian la memoria y la inteligencia.

Algunas especies de Virola (elongata, melinonii, sebifera, surinamensis), se emplean en medicina popular para tratar enfermedades de la piel (Rätsch 2005).

Las farmacias homeopáticas venden Virola sebifera con el nombre de Myristica sebifera T.M. (Tintura Madre), para las supuraciones. Se considera un gran antiséptico.

Voacanga africana: Voacanga.

Voacanga africanaVoacanga africana

La raíz de este vegetal es de composición y efectos similares a la iboga. Algunas sustancias extraidas de la Voacanga han demostrado cierto valor terapéutico.

La tabernamontanina se usa en geriatría: arterioesclerosis, trauma cerebral, dolor de cabeza, vértigo, falta de memoria, irregularidades en la circulación periférica, etc.

La voacamina es un buen tónico cardíaco, como también lo es la corteza de la ráiz de Voacanga. La vincamina aumenta el riego sanguíneo cerebral y se usa en forma de comprimidos, en la farmacopea occidental. En erowid.org citaban un estudio científico publicado en una revista de investigación cerebral: Kombian y su equipo publicó:

“Ibogaine and a total alkaloidal extract of Voacanga africana modulate neuronal excitability and synaptic transmission in the rat parabrachial nucleus in vitro”. 

Brain Res Bull. 1997;44(5):603-10.

BIBLIOGRAFIA.

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www.erowid.org

Escohotado, Antonio. 1995. Aprendiendo de las drogas. Anagrama, Barcelona

Etzel, R. 1996. Special extract of Boswellia serrata in the treatment of rheumatoid arthritis. Phytomedicine 3 (1): 91-94.

Font Quer, Pío. 2000. Plantas Medicinales. El Dioscórides renovado. Ediciones Península. Barcelona.

Guerra Doce, Elisa. 2006. Las drogas en la prehistoria. Bellaterra. Barcelona.

Gottlieb, Adam. 1977. Peyote and other psychoactive cacti. U.S.A.

Hogshire, J. 1994. Opium for the masses. A practical guide to growing poppies and making opium. Loompanics, USA. Esta editorial cerró.

Malpica, Karina. Peyote ¿Medicina tradicional o droga lúdica? Cáñamo nº 156 diciembre 2010 páginas 48 a 50.

Mediano, Lorenzo. 1985. Comunicación personal del autor de "El secreto de la Diosa".

Ott, J. 1998. Pharmacophilia o los paraísos naturales. Phantastica. Barcelona. Página 113.

Ott, J. 2000. Pharmacotheon, 2ª edición, Los libros de la liebre de marzo. Barcelona.

Ott, J. 2006. Análogos de la Ayahuasca. Ediciones Amargord. Madrid. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Paskulin, Roman 2010. Aspectos terapéuticos de la mandrágora y la iboga. Revista Cáñamo nº 156 diciembre. Barcelona. Páginas 118 a 120.

Lancet, The. Nº 22 agosto de 1987.

Rätsch, C. 2001. Peganum Harmala, la ruda de Siria, páginas 182 a 184 del Especial 2001 de la revista Cáñamo: 50 Sustancias psicoactivas. Barcelona.

Rätsch, C. 1995. Las Plantas de Venus. Cáñamo ediciones. Barcelona.

Usó, Juan Carlos. 1996. Drogas y cultura de masas ( España 1855-1995 ). Taurus, Madrid.

 

Cazadores de Mitos: Calcomanías con LSD

Se dice, se cuenta, se comenta que en las puertas de los colegios hay desconocidos que regalan o venden calcomanías que contienen LSD con la perversa intención de enganchar o aficionar a los niños a las sustancias psicoactivas y, de este modo, tener asegurada la clientela del futuro. ¿Será verdad? ¿Será mentira? ¿Qué será... será? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

Corría el año 2001 cuando una compañera de trabajo vino a mostrarme, perpleja, lo que había recibido el día anterior en el buzón de su domicilio, un folio cuyo contenido les resumimos a continuación:

Si Vd. tiene niños de edad escolar, o sabe de alguien que los tenga, por favor ponga atención a la siguiente información. Una forma de calcomanías llamadas "Estrella Azul", "Pirámide Roja" y "Ventana de Cristal" está siendo vendida o regalada a los niños en la escuela. Es un pequeño pedazo de papel que contiene estrellas azules o puntos de colores, del tamaño de un borrador de lápiz, cada estrella está impregnada de LSD. La droga puede ser absorbida a través de la piel con un simple manejo del papel. También hay papeles semejantes a un timbre postal ilustrado con colores muy brillantes que tienen lo siguiente: Bart Simpson, Superman, Mariposas, Payasos, Mickey Mouse y otros personajes semejantes de Walt Disney. Cada uno está empaquetado en bolsas de celofán.

POR FAVOR, ADVIERTA DE ESTO A SUS VECINOS, AMIGOS Y FAMILIARES Y SOBRE TODO A SUS PROPIOS NIÑOS.

Si sucediera que sus niños obtuvieran alguna de estas drogas, sus síntomas serían:

ALUCINACIONES, CAMBIOS DE CARÁCTER, VÓMITO SEVERO, RISA INCOTROLABLE, CAMBIOS DE TEMPERATURA CORPORAL, PODRÍAN CAUSARLES PÉRDIDA DE MEMORIA POR UN LAPSO O POR TIEMPO INDEFINIDO.

Por aquel entonces, ahí quedó la cosa: nos echamos unas buenas risotadas a cuenta de este clásico e imperecedero cuento que siempre habíamos interpretado como un puro y duro mito y dimos el tema por zanjado. Ahora, sin embargo, pasados los años, con dos hijos a nuestras espaldas y embarcados en nuestra consabida labor de desactivar posibles mitos sobre drogas no podemos menos que preguntarnos… ¿qué sabemos realmente de este asunto de primera mano? ¿Alguna vez hemos llevado a cabo personalmente una investigación que trate de corroborar o de refutar los hechos? La respuesta es, sencillamente, que no. De modo que, la haremos ahora mismito y empezaremos por el trabajo de campo, es decir, nos acercaremos a la puerta del colegio al que va mi hijo mayor y, con mirada de investigadores en toxicología, observaremos atentamente lo que ahí se cuece.

23 de marzo de 2011; 14:00 h.; cielo nublado; hace un frío de cojones. Una marabunta de infantes sale escopetada de las aulas y pulula en todas direcciones en torno al patio y a la cancela del centro educativo. Los hay que corren, saltan, suben por aquí, bajan por allá o ruedan y se revuelcan por acá de una forma frenética y desbocada, parece que estuvieran fuera de sí. Muchos sonríen, ríen, se parten a mandíbula batiente o, simple y llanamente, se descojonan vivos. Otros están abatidos, consternados, tristes o llorosos; y los hay, incluso, que se muestran coléricos, furiosos y enrabietados hasta el punto de llegar a desplegar comportamientos inequívocamente violentos contra sus progenitores o contra otros infantes. Por último, para pasmo y asombro de propios y extraños, unos van tiritando, a pesar de ir abrigados hasta las orejas, mientras que otros parecen sofocados aun cuando vayan en mangas de camisa, con el abrigo cogido de la mano y arrastrándolo por el suelo… En otras palabras, que a excepción de las pérdidas de memoria estamos en condiciones de confirmar, uno por uno, todos los síntomas de la intoxicación por LSD descritos en la nota informativa anteriormente mencionada. Vamos, que cualquier observador imparcial podría describir o calificar lo visto como un pequeño Baby-Woodstock y no faltaría a la verdad.

En fin, que recojo a mi hijo, y le pregunto: « ¿Qué tal, cariño, que has hecho hoy en el cole?» A lo que me responde: «No lo sé y no me acuerdo». «Uy, uy, uy», pienso para mis adentros, «esto ya empieza a ser mosqueante de verdad».

«A ver», le digo, «enséñame los brazos».

« ¿Para qué? ¿Qué pasa?» Me dice.

«Te he dicho que me enseñes los brazos y punto. Venga, levántate las mangas de la camisa, que esto es bastante serio, hijo».

Se las levanta y en el antebrazo derecho veo que lleva una calcomanía.

« ¿Y eso qué es?»

«Una estrella azul».

« ¿Y de donde la has sacado?»

«Me la ha regalado Gonzalo».

« ¿Y Gonzalo de donde la ha sacado?»

«Se la ha regalado su hermano».

« ¿Y su hermano de donde las saca?»

«Pues yo qué sé… las colecciona, se las compra, las cambia con otros chavales, se las regalan… ¿a mí qué me importa?»

«Vale, muy bien… ¿tienes más?»

«Si, Gonzalo me ha regalado unas cuantas.»

«Enséñamelas, por favor.»

«Mira, son estas, estrellas azules, rojas, Mickey Mouse, mariposas… ¿a que molan?»

« ¡Ay va, mi madre!», me digo, «que al final esto va a ser más grave de lo que me pensaba…»

«Anda, tira para casa que ya hablaremos tú y yo…»

A continuación le llevo a casa y le someto a observación durante los días siguientes, prohibiéndole taxativamente que mientras tanto se ponga calcomanías de ningún tipo. El chico se comporta con normalidad: come bien, hace sus deberes, ve la tele… Así que, llegado el fin de semana decido poner a prueba el potencial psicoactivo de las dichosas calcomanías usándole como sujeto experimental. Le llevo al cuarto de baño y le coloco una estrella roja, dándose el caso de que el más pequeño, de dos años y medio, ve toda la operación y se pone como loco para que le ponga otra a él. Su insistencia es de tal calibre que, en pos de la ciencia y de la buena convivencia familiar, me decido a ponerle una de Mickey. Acto seguido nos vamos al salón. Yo me siento en el sofá y les observo subrepticiamente mientras hago como si leyera el Cannabis Magazine. Ellos se quedan en el suelo, tranquilitos, obnubilados con sus dibujitos, a su bola. Hasta que, de improviso, les da una súbita ventolera, se ponen en pie y empiezan a correr de un lado a otro, persiguiéndose, partiéndose de risa y gritando desaforadamente cosas como «here we gooo» «okie dokieee» y llevándose las manos a la cabeza mientras exclaman «¡Mamma mía!».

« ¡Joder, joooder!», me digo, «estos van entripados, pero vamos, hasta las mismísimas trancas, sin la menor duda».

De modo que le pido a su madre que se haga cargo de ellos durante el resto del día y, directamente, doy paso a la segunda fase del proceso experimental: me voy al baño y me coloco yo mismo una estrella azul en el brazo. Espero: media hora, una hora, una hora y media… Nada, que no me sube, así que decido aumentar la dosis: otra estrella azul y otro período de espera… con el mismo resultado. Nuevo aumento de dosis: estrella roja… Lo mismo. Sumo, pues, un Mickey Mouse… más de lo mismo… y así hasta que, con los brazos repletos de calcomanías y sin haber obtenido siquiera el más mínimo efecto psicoactivo, caigo en la cuenta de que, como era de esperar, estos artículos para niños no contienen ni han contenido jamás ni un mísero microgramo de LSD.

«Y el desbocado y desconcertante comportamiento de sus hijos y de sus compañeros de colegio que anteriormente tuvo a bien describirnos y que coincidía punto por punto con la alerta con la que se iniciaba este artículo, ¿a qué se debe, entonces?» Dirá usted.

Pues se debe a que son niños y a que ese es su peculiar, particular y prototípico modo de comportarse. Los niños viven en su propio mundo de pompas de colores, en el que pueden tirarse horas jugando con el tapón de una botella como si de un OVNI se tratara. Los niños son completamente bipolares, ahora se parten de risa, dos segundos después están llorando, luego se lían a tortas y a los tres minutos están despatarraos de la risa otra vez. Los niños vomitan y se acuerdan y se olvidan de lo que les da la gana… En definitiva, los niños son unos flipaos, no cabe duda, pero lo son de forma espontánea y natural no porque ingieran LSD… cosas de la edad (suerte la suya).

En cuanto a las calcomanías, cabe decir que jamás se ha documentado caso alguno en el que contuvieran sustancias psicoactivas, de igual manera que tampoco se ha registrado ningún incidente real y concreto en el que un infante haya resultado intoxicado por emplearlas. De lo que si que hay constancia, harto abundante y consabida, es de la presentación de las dosis de LSD en pequeños papeles secantes que llevan impresos los más variados dibujitos, que unas veces reflejan imágenes de la iconografía infantil -los Simpson, Panoramix, etc.- y otras de la iconografía popular adulta -Leary o Hofmann, por ejemplo-.

Y, a nuestro modo de ver, el origen directo del mito de las calcomanías con LSD viene precisamente de este hecho, es decir, del sobresalto que algún o algunos adultos ajenos –o no- al entorno de las drogas y de la psicodelia se habrían llevado en el momento de toparse con un ejemplar de estos secantes con dibujitos infantiles y del miedo atroz que les habría entrado al pensar que, con tal apariencia, deberían estar indefectiblemente destinados al público pre-puber o, al menos, a la posibilidad de que dicho público, en caso de tenerlos a mano por cualquier motivo, pudiera consumirlos despreocupada e inocentemente.

De hecho, hay quienes sitúan el origen de este mito en 1980 (si bien otros han logrado detectar variantes similares circulantes ya en los años 60), cuando la Oficina de Narcóticos de Nueva Jersey incluyó en su Memoria imágenes de tripis con la figura de Mickey Mouse, alertando de la posibilidad de que los más pequeños pudieran confundirlos con calcomanías. Posteriormente, la advertencia se difundiría por todo el mundo, desde entonces acompañada con membretes falsos de las más variadas instituciones públicas (hospitales, cuerpos policiales, etc.).

Lo cierto, en cualquier caso, es que los camelletes no se dedican ni se han dedicado nunca a regalar ácidos a la puerta de los colegios ni han tratado jamás de hacer clientela entre posibles compradores con un poder adquisitivo como el que tienen los alumnos de la escuela infantil. Lo cual, sin embargo, no significa que nuestros niños no estén expuestos a los “regalos envenenados” que algunos pérfidos desconocidos pueden llegar a darles con la intención de contaminar su conciencia y su pensamiento. Vean, si no, el caso que nos cuenta una tal Mª Ángeles en el libro Leyendas Urbanas:

«Muchas veces he oído hablar de los caramelos envenenados en las puertas de los colegios. Yo estaba en 3º, salíamos del colegio y un señor muy simpático te daba un caramelo y te pegaba una pegatina del PSOE en el pecho. Una mujer que se encontraba allí comenzó a gritar como loca diciendo que esos caramelos contenían droga. Nadie se atrevió a cogerlos, menos los que siempre aprovechaban las buenas ocasiones y decían "eso no es verdad, la droga no existe" (hay que matizar, teníamos nueve años). Más tarde me di cuenta, con el paso del tiempo, de que esa mujer era del PP».

Por último, como señala J. Sampere, el uso de imaginería relacionada con los dibujos animados en los secantes de LSD probablemente tenga su origen en el sentido contra-cultural que se dio a la película Fantasía, de Walt Disney, en la que muchos supieron apreciar un alto contenido psicodélico y cuyo protagonista principal era, precisamente, el ratón Mickey. Del mismo modo que este mito en concreto no sería sino una variante más de las mil y una leyendas populares que, desde el albor de los tiempos, aluden a venenos ocultos en objetos inocentes destinados a los niños (como la mismísima manzana de Blancanieves, sin ir más lejos). Rumores infundados, propagados, todos ellos, con el objetivo de proteger a los menores, aunque sea a costa de angustiarles y atemorizarles –a ellos y a sus padres y tutores- con cuentos chinos absurdos y rocambolescos.

Referencias:

Sampere & Ortí. Leyendas Urbanas.

Usó, J. Leyendas sin desperdicio.

Lycaeum. The Blue Star tattoo Page.

 

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