Cazadores de Mitos: Calcomanías con LSD

Se dice, se cuenta, se comenta que en las puertas de los colegios hay desconocidos que regalan o venden calcomanías que contienen LSD con la perversa intención de enganchar o aficionar a los niños a las sustancias psicoactivas y, de este modo, tener asegurada la clientela del futuro. ¿Será verdad? ¿Será mentira? ¿Qué será... será? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

Corría el año 2001 cuando una compañera de trabajo vino a mostrarme, perpleja, lo que había recibido el día anterior en el buzón de su domicilio, un folio cuyo contenido les resumimos a continuación:

Si Vd. tiene niños de edad escolar, o sabe de alguien que los tenga, por favor ponga atención a la siguiente información. Una forma de calcomanías llamadas "Estrella Azul", "Pirámide Roja" y "Ventana de Cristal" está siendo vendida o regalada a los niños en la escuela. Es un pequeño pedazo de papel que contiene estrellas azules o puntos de colores, del tamaño de un borrador de lápiz, cada estrella está impregnada de LSD. La droga puede ser absorbida a través de la piel con un simple manejo del papel. También hay papeles semejantes a un timbre postal ilustrado con colores muy brillantes que tienen lo siguiente: Bart Simpson, Superman, Mariposas, Payasos, Mickey Mouse y otros personajes semejantes de Walt Disney. Cada uno está empaquetado en bolsas de celofán.

POR FAVOR, ADVIERTA DE ESTO A SUS VECINOS, AMIGOS Y FAMILIARES Y SOBRE TODO A SUS PROPIOS NIÑOS.

Si sucediera que sus niños obtuvieran alguna de estas drogas, sus síntomas serían:

ALUCINACIONES, CAMBIOS DE CARÁCTER, VÓMITO SEVERO, RISA INCOTROLABLE, CAMBIOS DE TEMPERATURA CORPORAL, PODRÍAN CAUSARLES PÉRDIDA DE MEMORIA POR UN LAPSO O POR TIEMPO INDEFINIDO.

Por aquel entonces, ahí quedó la cosa: nos echamos unas buenas risotadas a cuenta de este clásico e imperecedero cuento que siempre habíamos interpretado como un puro y duro mito y dimos el tema por zanjado. Ahora, sin embargo, pasados los años, con dos hijos a nuestras espaldas y embarcados en nuestra consabida labor de desactivar posibles mitos sobre drogas no podemos menos que preguntarnos… ¿qué sabemos realmente de este asunto de primera mano? ¿Alguna vez hemos llevado a cabo personalmente una investigación que trate de corroborar o de refutar los hechos? La respuesta es, sencillamente, que no. De modo que, la haremos ahora mismito y empezaremos por el trabajo de campo, es decir, nos acercaremos a la puerta del colegio al que va mi hijo mayor y, con mirada de investigadores en toxicología, observaremos atentamente lo que ahí se cuece.

23 de marzo de 2011; 14:00 h.; cielo nublado; hace un frío de cojones. Una marabunta de infantes sale escopetada de las aulas y pulula en todas direcciones en torno al patio y a la cancela del centro educativo. Los hay que corren, saltan, suben por aquí, bajan por allá o ruedan y se revuelcan por acá de una forma frenética y desbocada, parece que estuvieran fuera de sí. Muchos sonríen, ríen, se parten a mandíbula batiente o, simple y llanamente, se descojonan vivos. Otros están abatidos, consternados, tristes o llorosos; y los hay, incluso, que se muestran coléricos, furiosos y enrabietados hasta el punto de llegar a desplegar comportamientos inequívocamente violentos contra sus progenitores o contra otros infantes. Por último, para pasmo y asombro de propios y extraños, unos van tiritando, a pesar de ir abrigados hasta las orejas, mientras que otros parecen sofocados aun cuando vayan en mangas de camisa, con el abrigo cogido de la mano y arrastrándolo por el suelo… En otras palabras, que a excepción de las pérdidas de memoria estamos en condiciones de confirmar, uno por uno, todos los síntomas de la intoxicación por LSD descritos en la nota informativa anteriormente mencionada. Vamos, que cualquier observador imparcial podría describir o calificar lo visto como un pequeño Baby-Woodstock y no faltaría a la verdad.

En fin, que recojo a mi hijo, y le pregunto: « ¿Qué tal, cariño, que has hecho hoy en el cole?» A lo que me responde: «No lo sé y no me acuerdo». «Uy, uy, uy», pienso para mis adentros, «esto ya empieza a ser mosqueante de verdad».

«A ver», le digo, «enséñame los brazos».

« ¿Para qué? ¿Qué pasa?» Me dice.

«Te he dicho que me enseñes los brazos y punto. Venga, levántate las mangas de la camisa, que esto es bastante serio, hijo».

Se las levanta y en el antebrazo derecho veo que lleva una calcomanía.

« ¿Y eso qué es?»

«Una estrella azul».

« ¿Y de donde la has sacado?»

«Me la ha regalado Gonzalo».

« ¿Y Gonzalo de donde la ha sacado?»

«Se la ha regalado su hermano».

« ¿Y su hermano de donde las saca?»

«Pues yo qué sé… las colecciona, se las compra, las cambia con otros chavales, se las regalan… ¿a mí qué me importa?»

«Vale, muy bien… ¿tienes más?»

«Si, Gonzalo me ha regalado unas cuantas.»

«Enséñamelas, por favor.»

«Mira, son estas, estrellas azules, rojas, Mickey Mouse, mariposas… ¿a que molan?»

« ¡Ay va, mi madre!», me digo, «que al final esto va a ser más grave de lo que me pensaba…»

«Anda, tira para casa que ya hablaremos tú y yo…»

A continuación le llevo a casa y le someto a observación durante los días siguientes, prohibiéndole taxativamente que mientras tanto se ponga calcomanías de ningún tipo. El chico se comporta con normalidad: come bien, hace sus deberes, ve la tele… Así que, llegado el fin de semana decido poner a prueba el potencial psicoactivo de las dichosas calcomanías usándole como sujeto experimental. Le llevo al cuarto de baño y le coloco una estrella roja, dándose el caso de que el más pequeño, de dos años y medio, ve toda la operación y se pone como loco para que le ponga otra a él. Su insistencia es de tal calibre que, en pos de la ciencia y de la buena convivencia familiar, me decido a ponerle una de Mickey. Acto seguido nos vamos al salón. Yo me siento en el sofá y les observo subrepticiamente mientras hago como si leyera el Cannabis Magazine. Ellos se quedan en el suelo, tranquilitos, obnubilados con sus dibujitos, a su bola. Hasta que, de improviso, les da una súbita ventolera, se ponen en pie y empiezan a correr de un lado a otro, persiguiéndose, partiéndose de risa y gritando desaforadamente cosas como «here we gooo» «okie dokieee» y llevándose las manos a la cabeza mientras exclaman «¡Mamma mía!».

« ¡Joder, joooder!», me digo, «estos van entripados, pero vamos, hasta las mismísimas trancas, sin la menor duda».

De modo que le pido a su madre que se haga cargo de ellos durante el resto del día y, directamente, doy paso a la segunda fase del proceso experimental: me voy al baño y me coloco yo mismo una estrella azul en el brazo. Espero: media hora, una hora, una hora y media… Nada, que no me sube, así que decido aumentar la dosis: otra estrella azul y otro período de espera… con el mismo resultado. Nuevo aumento de dosis: estrella roja… Lo mismo. Sumo, pues, un Mickey Mouse… más de lo mismo… y así hasta que, con los brazos repletos de calcomanías y sin haber obtenido siquiera el más mínimo efecto psicoactivo, caigo en la cuenta de que, como era de esperar, estos artículos para niños no contienen ni han contenido jamás ni un mísero microgramo de LSD.

«Y el desbocado y desconcertante comportamiento de sus hijos y de sus compañeros de colegio que anteriormente tuvo a bien describirnos y que coincidía punto por punto con la alerta con la que se iniciaba este artículo, ¿a qué se debe, entonces?» Dirá usted.

Pues se debe a que son niños y a que ese es su peculiar, particular y prototípico modo de comportarse. Los niños viven en su propio mundo de pompas de colores, en el que pueden tirarse horas jugando con el tapón de una botella como si de un OVNI se tratara. Los niños son completamente bipolares, ahora se parten de risa, dos segundos después están llorando, luego se lían a tortas y a los tres minutos están despatarraos de la risa otra vez. Los niños vomitan y se acuerdan y se olvidan de lo que les da la gana… En definitiva, los niños son unos flipaos, no cabe duda, pero lo son de forma espontánea y natural no porque ingieran LSD… cosas de la edad (suerte la suya).

En cuanto a las calcomanías, cabe decir que jamás se ha documentado caso alguno en el que contuvieran sustancias psicoactivas, de igual manera que tampoco se ha registrado ningún incidente real y concreto en el que un infante haya resultado intoxicado por emplearlas. De lo que si que hay constancia, harto abundante y consabida, es de la presentación de las dosis de LSD en pequeños papeles secantes que llevan impresos los más variados dibujitos, que unas veces reflejan imágenes de la iconografía infantil -los Simpson, Panoramix, etc.- y otras de la iconografía popular adulta -Leary o Hofmann, por ejemplo-.

Y, a nuestro modo de ver, el origen directo del mito de las calcomanías con LSD viene precisamente de este hecho, es decir, del sobresalto que algún o algunos adultos ajenos –o no- al entorno de las drogas y de la psicodelia se habrían llevado en el momento de toparse con un ejemplar de estos secantes con dibujitos infantiles y del miedo atroz que les habría entrado al pensar que, con tal apariencia, deberían estar indefectiblemente destinados al público pre-puber o, al menos, a la posibilidad de que dicho público, en caso de tenerlos a mano por cualquier motivo, pudiera consumirlos despreocupada e inocentemente.

De hecho, hay quienes sitúan el origen de este mito en 1980 (si bien otros han logrado detectar variantes similares circulantes ya en los años 60), cuando la Oficina de Narcóticos de Nueva Jersey incluyó en su Memoria imágenes de tripis con la figura de Mickey Mouse, alertando de la posibilidad de que los más pequeños pudieran confundirlos con calcomanías. Posteriormente, la advertencia se difundiría por todo el mundo, desde entonces acompañada con membretes falsos de las más variadas instituciones públicas (hospitales, cuerpos policiales, etc.).

Lo cierto, en cualquier caso, es que los camelletes no se dedican ni se han dedicado nunca a regalar ácidos a la puerta de los colegios ni han tratado jamás de hacer clientela entre posibles compradores con un poder adquisitivo como el que tienen los alumnos de la escuela infantil. Lo cual, sin embargo, no significa que nuestros niños no estén expuestos a los “regalos envenenados” que algunos pérfidos desconocidos pueden llegar a darles con la intención de contaminar su conciencia y su pensamiento. Vean, si no, el caso que nos cuenta una tal Mª Ángeles en el libro Leyendas Urbanas:

«Muchas veces he oído hablar de los caramelos envenenados en las puertas de los colegios. Yo estaba en 3º, salíamos del colegio y un señor muy simpático te daba un caramelo y te pegaba una pegatina del PSOE en el pecho. Una mujer que se encontraba allí comenzó a gritar como loca diciendo que esos caramelos contenían droga. Nadie se atrevió a cogerlos, menos los que siempre aprovechaban las buenas ocasiones y decían "eso no es verdad, la droga no existe" (hay que matizar, teníamos nueve años). Más tarde me di cuenta, con el paso del tiempo, de que esa mujer era del PP».

Por último, como señala J. Sampere, el uso de imaginería relacionada con los dibujos animados en los secantes de LSD probablemente tenga su origen en el sentido contra-cultural que se dio a la película Fantasía, de Walt Disney, en la que muchos supieron apreciar un alto contenido psicodélico y cuyo protagonista principal era, precisamente, el ratón Mickey. Del mismo modo que este mito en concreto no sería sino una variante más de las mil y una leyendas populares que, desde el albor de los tiempos, aluden a venenos ocultos en objetos inocentes destinados a los niños (como la mismísima manzana de Blancanieves, sin ir más lejos). Rumores infundados, propagados, todos ellos, con el objetivo de proteger a los menores, aunque sea a costa de angustiarles y atemorizarles –a ellos y a sus padres y tutores- con cuentos chinos absurdos y rocambolescos.

Referencias:

Sampere & Ortí. Leyendas Urbanas.

Usó, J. Leyendas sin desperdicio.

Lycaeum. The Blue Star tattoo Page.

 

Uso terapéutico de plantas mágicas (I)

Además del uso con fines recreativos o placenteros, y del uso mágico-religioso de las plantas de poder, hay también un uso curativo similar a cualquier otra planta medicinal. A veces, como ocurre entre los nativos mexicanos, el uso mágico-religioso es de competencia exclusiva de curanderos y chamanas, mientras el uso medicinal de setas y cactus está abierto al empleo por el común de la población, eso si, a dosis sub psicodélicas o por otras vías de administración como por ejemplo la pomada de peyote, muy útil para dolores y heridas. En los últimos años se están haciendo muchas investigaciones médicas sobre terapéutica con peyote, ayahuasca, LSD, MDMA (éxtasis), etc.
 Amanita muscaria: Hongo Matamoscas

Amanita muscaria Amanita muscaria

La seta roja con motas blancas es usada como medicina por los Khanty de Siberia, para la fatiga psicofísica y contra la mordedura de serpientes venenosas. Rusos y ucranianos rurales empleaban Amanita muscaria por vía externa, sobre la piel, para aliviar problemas de las articulaciones (Ott 2000).

Esta seta fue usada como anti-depresivo y sustituto del vino en la Italia de los años 1860 a 1890, cuando la mayor parte de los viñedos europeos fueron dañados por un parásito, desapareciendo muchos vinos. El médico italiano Grassi fabricó unas bolitas con Amanita seca prensada, que pesaban uno, dos o tres gramos, según se desease un efecto leve, medio o fuerte, y recetaba dos o tres ingestas diarias espaciadas de tres a cuatro horas. Grassi concluyó que la Amanita muscaria, en esta dosificación, produce una ebriedad no tóxica y que es utilizable como sustituto del vino.

En el siglo XIX la Amanita muscaria era un remedio casero y una medicina recetada por los médicos para la epilepsia y la fiebre, por vía externa se aplicaba para las fístulas ulcerosas (Rätsch 2005).

En época reciente un famoso activista cannábico dio a conocer que se curó de una parálisis facial tomando una pequeña cantidad diaria de Amanita muscaria.

Las farmacias homeopáticas venden tintura madre de Amanita con el nombre de Agaricus muscarius T.M. como remedio para la depresión, los tics, la epilepsia, menopausia, sobreexcitación, y problemas intestinales. Se trata de una tintura de 35 gramos de setas en cien mililitros de agua. También se ha usado con tintura de raíz de Mandrágora para la enfermedad de Parkinson (Ott 2000; Rätsch 2005).

Anadenanthera colubrina: Cébil, Villca

A peregrinaA peregrina

Las visionarias semillas triptamínicas de este árbol sudamericano son usadas por los nativos Mataco en sus ceremonias mágico-religiosas. Un té hecho de semillas de cébil y raíz de Polypodium se usa para aliviar problemas digestivos. Las semillas también se añaden a la cerveza local como remedio para la fiebre, melancolía, y otros males misteriosos. Semillas mezcladas con azúcar se usan como diuréticas (para promover la orina), y para potenciar la fertilidad femenina aunque al mismo tiempo se consideran abortivas. Habría que saber la dosificación exacta para ambos usos.

La resina de la variedad colubrina se usa como la goma arábica, y se dice que suprime la tos. La Anadenanthera colubrina tiene dos variedades: Cébil y colubrina. Esta última parece que nunca ha sido usada con propósitos psicodélicos, en cambio sus semillas secadas al sol se esnifan para remediar constipados, catarros crónicos y dolores de cabeza. Los Mataco usan un cocimiento de vainas verdes de Cébil para lavarse la cabeza cuando les duele.

Atropa belladonna: Belladona

Atropa belladonnaAtropa belladonna

La reina de las Solanáceas ha sido usada desde tiempos inmemoriales como analgésico (para aliviar dolores), y contra la depresión, psicosis, y otras enfermedades mentales. Algo de este uso psiquiátrico de la belladonna se ha mantenido en el norte de África. En Marruecos las bayas secas se hacen en forma de té, con agua y azúcar, para “ayudar a producir un buen estado mental”. Dicen que este té es afrodisíaco para los hombres y que “una pequeña dosis de belladona clarifica la mente potenciando la actividad intelectual”. Un par de bayas frescas dicen que aumenta la memoria. Recordad que la sobredosis de belladona es mortal de necesidad, lo que no impidió que durante el primer tercio del siglo XX se vendiese una pomada de belladona al precio de cinco pesetas, fabricada por el laboratorio madrileño “Labol”. Hoy día sólo puede comprarse Atropa belladona T.M. (Tintura Madre) en farmacias homeopáticas, para numerosas dolencias.

En el siglo XIX extractos de belladona (raíces y hojas) fueron usados para tratar la ictericia, hidropesía, toses irritantes y convulsivas, enfermedades nerviosas, escarlatina, epilepsia, neurosis, cólicos renales, enfermedades de la piel, inflamaciones oculares, y enfermedades de los tractos urinarios y respiratorios, garganta y esófago.

Boswellia carteri: Franquincienso

franquinciensofranquincienso

La resina de un arbusto africano es el verdadero y primigenio incienso, la droga de los curas. Raphael Mechoulan y su equipo, de la Universidad de Jerusalén, inyectaron en ratones acetato de inceol, uno de los componentes de la resina de Boswellia. Esta resina es el llamado franquincienso, el más utilizado en el Medio Oriente. El incesol redujo la ansiedad y los síntomas de depresión en los ratones. Así, en el test de ansiedad, los animales inyectados se mostraban menos asustados que los ratones inyectados con un placebo.

El acetato de incesol, una droga suave, ha resultado diez veces menos potente que el Valium en cuanto a reducción de la ansiedad, afirma Mechoulam. Pero añade que es probable que durante las ceremonias religiosas sean los curas que lo queman quienes más inhalan su humo, los únicos que sientan sus efectos. El acetato de incesol podría ser una nueva medicina de la ansiedad y la depresión si pudiese sintetizarse en formas más potentes y si mejorase el estado de ánimo en ensayos con humanos (http://cienciaeninternet.blogspot.com/2008_12_01_archive.html). En Etiopía el franquincienso es quemado como fumigante para bajar la fiebre y como tranquilizante. En los años 90 un extracto estandarizado de resina de Boswellia serrata ha sido usado con éxito en casos de artritis reumatoide (Etzel 1996).

Datura stramonium: Estramonio

Datura stramoniumDatura stramonium

Cigarrillos hechos con hojas de estramonio se fumaban como hipnótico y para aliviar el asma y las insanias mentales hasta bien entrado el siglo XX, en herboristerías españolas se vendían cigarrillos de un gramo de hojas secas picadas de estramonio, solas o mezcladas con tabaco. Para favorecer su combustión las hojas de estramonio se bañaban en una disolución de nitrato potásico y se ponían a secar. La fumación de estramonio debe ser suspendida si se notan náuseas, sequedad de garganta o perturbaciones visuales (Font 2000).

Ahora se venden diluciones homeopáticas de Datura stramonium contra la tos irritante, el asma, las neuralgias, la excitación nerviosa y los desórdenes mentales. La planta entera contiene alcaloides tropánicos: hiosciamina, escopolamina, etc.

Ephedra gerardiana: Ma-huang, efedra

Ephedra gerardianaEphedra gerardiana

En medicina ayurvédica (la medicina tradicional hindú), seis gramos de efedra se hierven en agua diez minutos. El líquido filtrado se bebe para aliviar resfriados, toses, jadeos, bronquitis, asma, artritis e hidropesía. Según Laza Palacios, en su libro sobre plantas medicinales de Málaga, una de las especies ibéricas de efedra, la Ephedra fragilis, “se emplean en cocimiento los tallos jóvenes, como antiasmático, antirreumática, sudorífica y estimulante, gozando de gran prestigio en la Medicina popular” (Font 2000). Esta cita es de un libro de 1939 y al menos hasta 1998 podían comprarse bolsas de tallos de efedra en algunas herboristerías españolas, avitualladas por PLAMECA (Plantas Medicinales de Cataluña) y otros grandes almacenes de herboristería. El catálogo de Amorós S.A. ofrecía el kilo de efedra a 610 pesetas en enero de 1998. Hoy aun pueden comprarse pastillas de EFEDRINA LEVEL, de 50 miligramos de clorhidrato de efedrina, en farmacias. Dependerá del boticario si hay que presentar o no la preceptiva receta médica. En caso de que su consumo se dispare volverán a ser retiradas de las farmacias, como ya lo fueron en los años noventa tras el escándalo mediático del llamado “herbal éxtasis”.

Erythroxylum coca: Coca

La hoja de coca es la “aspirina de los Andes” porque se usa para todo tipo de dolores. Neuralgias, reuma, catarros, gripe, problemas digestivos, cólicos, dolor de tripas, mal de altura, agotamiento, etc. Las hojas de coca se fuman para combatir la bronquitis, el asma, y las toses.

El té de coca (mate de coca) está recomendado para la diabetes, la digestión, la diarrea, estados de agotamiento, y para suprimir el apetito como ayuda en dietas de adelgazamiento. El té es efectivo tanto para curar como para prevenir el mal de altura, que sobreviene cuando uno camina por alta montaña, con escasez de oxígeno.

Varias tribus amazónicas beben té de hoja de coca variedad Ipadú para aliviar dolores en la región cardiaca.

Cocaína de la casa Merck, conocida como “la insuperable”, se vendía en las farmacias españolas de los años veinte a 4 pesetas el gramo. La Tónica Kola (más tarde Nuez de Kola Coca) se hacía con nueces de Kola y hojas de coca del Perú, y se anunciaba como el “más higiénico y exquisito de los licores”. Recomendado por eminencias médicas como tónico, digestivo y reconstituyente (Usó 1996). Hoy la hoja de coca se vende por Internet, desde webs seguras del Perú, país donde es legal, a unos cien euros el kilo.

Unos cien gramos de hojas de coca son suficientes para aportar la cantidad diaria recomendada de las principales vitaminas y minerales, según J.A. Duke, 1975, Universidad de Harvard (Ott 1998)

Humulus lupulus: Lúpulo

Humulus lupulusHumulus lupulus

Esta trepadora de la familia del Cannabis (Cannabaceae o Cannabinácea) fue llamada Cannabis lupulus. Un té calmante se prepara con dos cucharaditas de flores femeninas en un cuarto de litro de agua hirviendo, se deja reposar tapado un cuarto de hora y se filtra. El lúpulo se vende en herbolarios, su efecto sedante es suave, aunque hay extractos potentes, tanto en farmacias como en herboristerías. El departamento de salud alemán ha recomendado el té de lúpulo como sedante contra la ansiedad y el insomnio. La lupulona tiene propiedades antibióticas y es la responsable de darle el sabor amargo a la cerveza. También retrasa la eyaculación precoz (Rätsch 2005).

El lúpulo crece silvestre en el norte de la Península ibérica, lo hemos visto trepando por las laderas del monte Urgull, en San Sebastián-Donostia. Además de los efectos sedantes la tisana de lúpulo es diurética y estomacal y en la antigüedad se rellenaban almohadas con flores de lúpulo, contra el insomnio y las pesadillas (Font 2000).

Hyoscyamus niger: Beleño

Hyoscyamus nigerHyoscyamus niger

Las virtudes del beleño son parecidas a las de la belladona. Se combatían los dolores de muelas y el asma. En Sikim (India) se usa además para enfermedades nerviosas. En medicina tradicional china se fuman las semillas del beleño para la tos, asma bronquial, reuma y dolores de estómago.

En Europa el beleño se ha usado desde antiguo como analgésico y antiespasmódico, contra los dolores de tripas, la tos irritante, el dolor de muelas, neuralgias, inflamaciones del bajo vientre, y en forma de cigarrillos contra el asma.

En algunos países las farmacias venden parches adhesivos de beleño, que se ponen detrás de las orejas para evitar el mareo mientras se viaja. Si las mujeres incineradas como “brujas” en la Edad Media levantaran la cabeza y vieran el uso actual de su beleño alucinógeno…¡alucinarían!.

Lophophora williamsii: Peyote, jíkuri

PeyotePeyote

Para los nativos norteamericanos y mexicanos este cactus sagrado es la medicina por excelencia, su nombre en dakota es peyuta (pejuta) que significa medicina: ayuda al parto (Ott 2000), tratamientos de infertilidad, para revigorizar a los ancianos; en México se venden pomadas de peyote contra la artritis, reuma, pleuresía, resfriados, gripe, espasmos nerviosos, parálisis, ceguera, desórdenes del oído, dolores diversos; el cactus quita el hambre y la fatiga, alivia desórdenes intestinales, diabetes, picaduras de serpiente y escorpión, envenenamientos de Datura (Gottlieb 1977), fiebre, tuberculosis, insolación (Berger 2004), antibiótico eficaz contra bacterias resistentes a la penicilina (Ott 2000). Rodajas frescas del cactus se colocan en la cabeza para aliviar el dolor o la insolación. Cocimientos del cactus se aplican en forma de enemas para bajar la fiebre alta. Una tintura de peyote se hace con 50 gramos de cactus seco pulverizado. Se humedece con un poco de agua y se le añaden 100 ml de licor de alta graduación (ron, vodka,…), se echa en una botella cerrada y se deja reposar dos días. Se filtra y del líquido filtrado se toman 30 gotas tres veces al día, por ejemplo para enfermedades cardíacas.

La pomada de peyote se puede comprar en México, a unos 40 pesos el frasco.

Ya se sabía que el consumo ritual periódico del cactus sagrado había conseguido apartar a miles de nativos del alcohol, ahora además hay constancia científica gracias a la investigación médica del doctor John Halpern, de la Universidad de Harvard, que demuestra que los consumidores de este sacramento abandonaron el alcoholismo y recuperaron facultades perdidas por la bebida, gracias al consumo habitual de peyote en sus ceremonias (http://mind-surf.net/drogas/peyote/).

 

El cannabis y la meditación (IV)

En el artículo de este mes finalizamos la serie dedicada a reflexionar sobre el concepto, el proceso y los resultados de la meditación. En las líneas que tenemos por delante abordaremos aspectos muy interesantes centrados en la alteración de la consciencia y en los posibles resultados del proceso meditativo.

Por Psicotar

Habiendo tratado el proceso de meditación, queda por responder una sencilla cuestión: ¿para qué o por qué se medita?

La respuesta a esta cuestión no es unívoca, cada cual podría responder de una determinada manera, según sus intereses, apetencias, etc… pero lo que es cierto es que, dados los potenciales beneficios de una práctica meditativa seria y disciplinada, la respuesta se genera por sí misma: se medita para estar más despierto, para estar centrado y para disciplinar la mente.

El proceso de meditación es muy sencillo, apenas implica unos pocos pasos, pero resulta muy difícil el mantenerlo a través del tiempo debido a la tendencia de la mente a dispersarse en un ciclo de pensamientos encadenados que es conocido como “cháchara”.

Meditar exige perseverancia y entrega ecuánime, es decir, liberar la mente de todo contenido para así alcanzar el estado adecuado en el cual se producirán los fenómenos que la práctica conlleva.

De la misma manera, al consumir cannabis se producen una serie de cambios en los procesos mentales del individuo, algunos de los cuales pueden resultar muy similares a los cambios producidos durante el proceso meditativo. Un cambio puede ser, por ejemplo, el centrarse en pequeños detalles y percibir matices de algo que nunca antes se había percibido.

La meditación y el cannabis son métodos para permitir el abandono de las cadenas de pensamientos, el primero mediante un abandono activo y centrado, el segundo mediante la modificación de los procesos cerebrales de atención y memoria a corto plazo.

La meditación llevada al extremo de la práctica y desarrollo, debería generar un estado de absoluta calma y tranquilidad, donde nada inmute y nada duela a la persona.

El cannabis ha demostrado generar un estado de distanciamiento emocional y efectos atenuadores del estrés físico y mental, con lo que es un interesante recurso a investigar.

Ahora bien, estamos siempre pensando y articulando secuencias con contenidos en nuestra mente. ¿Cómo es el no tener nada en la consciencia? ¿Cómo se consigue este estado?

Como se expuso en artículos anteriores, el proceso de consciencia tiene lugar en un determinado momento y se produce la sensación subjetiva de que “algo sucede” y que eso “me sucede” a mí. De alguna manera hay que conectar dos procesos diferentes, por un lado, la percepción de algo interno o externo y por otro lado, la percepción de mí mismo. Todo esto, obviamente, al producirse en un soporte como es el cerebro, sucede entre diversos circuitos de neuronas que se comunican entre sí.

Ahora bien, imaginemos que vamos avanzando en la práctica meditativa y que además se apoya esa profundización mediante el cannabis, ¿qué es lo que se puede llegar a alcanzar? La respuesta es: nada. Pero ojo, ese es el objetivo de la meditación, el lograr un estado mental donde la nada lo sea todo. Sin contenido sobre el que discurrir, la autoconciencia se multiplica, porque puede revolverse contra sí misma y así potenciar la percepción del yo… “yo soy yo y mi circunstancia, y si la cambio a ella, me cambio yo” decía Ortega y Gasset.

Sin un contenido concreto en la pantalla mental, cualquier cosa puede aparecer en ella. Si disciplinamos la mente para permanecer sin contenido, tendremos potenciada la capacidad de evitar enredarnos con las cosas, con las situaciones, con las respuestas, y así construiremos una capacidad de repuesta mejorada, ya que no nos veremos arrastrados por las circunstancias y podremos obrar con mayor calma.

En cannabis entra en escena generando una mayor capacidad de encadenar historias, de estimular el pensamiento, de aumentar las cadenas, pero a la vez deteriorando la fijación de la atención y, si lo trabajamos explícitamente, eso podría favorecer que poco a poco profundicemos en un estado de mente libre de cadenas de pensamiento. Sería como agitar la botella de gaseosa para que así, al abrirla, saliera el gas con más fuerza y mucho antes. Por ello, si queremos eliminar un pensamiento, lo mejor es no luchar contra él, sino dedicarle el espacio mental adecuado, prestarle atención y así, cuando llegue el momento, se irá por sí mismo.

A este respecto, en ocasiones se utilizan “mantras”, que no son más que palabras sin sentido que permiten liberar de significado a la mente al concentrarnos en algo que atrae la atención pero no permite el discurrir lógico que la mente suele tener. A este respecto, en ocasiones podremos haber vivido una situación en la que se ha perdido el sentido o significado de alguna palabra, por ejemplo nuestro propio nombre, y hemos experimentado extrañeza o perplejidad al pensar en ello. Esto es parecido al uso de los mantras. Repitiendo muchas veces una misma palabra, deja de tener sentido y pasa a vivirse subjetivamente la palabra de otra forma. Pruébenlo repitiendo durante varios minutos la misma palabra… llegará un momento en el que tendrá un significado diferente y puede que notemos algo extraño.

Una de las propiedades más curiosas y a la vez más problemáticas de la mente es la incontrolabilidad. Uno puede decidir saltar o levantar un brazo… o no hacerlo. Pero uno no puede decidir evitar el pensamiento o no tener contenidos en la mente. Eso es inevitable. Traten de hacerlo si pueden. Intenten, por un espacio de diez segundos, no pensar en nada. ¿Lo lograron? ¿No? Bueno, es algo normal que no puedan hacer lo que les hemos propuesto. ¿Por qué?

La respuesta ya la apuntamos anteriormente en otros artículos, el cerebro debe mantener unas conexiones neuronales en unos circuitos y para que eso suceda, esos circuitos siempre están descargando y alimentándose mutuamente. De ahí que al dejar la mente en blanco tengamos múltiples pensamientos abordando el campo de consciencia, ya que se libera el acceso y así cualquier cosa nos puede llegar a la atención.

El problema es que las cadenas mentales de pensamiento vienen además asociadas con las emociones que se vivieron o sintieron cuando se produjo el fenómeno, por lo que nos podemos encontrar con malestar al recordar algo que nos dolió en el pasado, con tristeza al recordar una pérdida afectiva, o con cierta alegría al recordar un buen momento. Vistos desde la perspectiva de la meditación zen, esto es basura, cháchara, ya que no está ni aquí ni ahora, están sólo siendo representados en una mente distraída, siendo, por ello, factor de distracción del aquí y ahora.

Ojo, no decimos que tener recuerdos sea malo, sino que es malo cuando esos recuerdos o problemas del pasado nos impiden vivir libremente en el presente. Por eso la meditación es útil, porque permite liberar esas cadenas y tratar a los pensamientos como lo que son: simples pensamientos, a los que no se les debe prestar atención si uno no lo desea, y son fenómenos que no existen más que en nuestra cabeza, por lo que sólo deberían perturbarnos si nosotros lo permitimos.

Por ello, al meditar debemos tener cuidado y tratar todo lo que pensemos, sintamos o hagamos como simples pensamientos y siendo conscientes en todo momento de que pueden convertirse en trampas con las que podemos enredarnos.

Si practicamos con disciplina, iremos desarrollando un mayor sentido de la liberación de las cadenas de pensamiento y esto es un importante entrenamiento para el manejo de experiencias de la vida cotidiana. No significa que a través de la meditación o el uso de cannabis se busque la indiferencia más absoluta, sino que se trata de lograr un estado de mente más neutro y ecuánime ante los problemas que se presentan en la vida, sin vernos arrastrados por respuestas emocionales exageradas, sin perder el punto de referencia de la calma y concentración necesarios para afrontar las situaciones.

Desarrollar la percepción de calma absoluta es importante para tener siempre presente el efecto diferencial entre los momentos de meditación y los momentos de afrontamiento cotidianos: por la diferencia entre un estado y otro accedemos a la consciencia del grado de activación y afectación que estamos experimentando, pudiendo por ello, a partir de ahí, poner remedio y buscar un punto de relajación y autocontrol.

Con la meditación o el cannabis no buscaremos tampoco el desapego absoluto, ni la eliminación del pensamiento, ya que eso es imposible. Sólo es posible no tener pensamientos cuando morimos, ya que en todo momento uno de los referentes del estado vital del cerebro es, precisamente, la continua sucesión de pensamientos procedentes de las descargas neuronales de sus circuitos. Por ello, nos entrenaremos en recibir la vivencia simplemente, y quedarnos con ella, sin hacer nada más. Esto es una forma de entrar en contacto con el mundo, de manera que entrenamos a la mente para permanecer en calma, sin necesidad ni obligación de responder. Sólo recibir la vivencia y dejarla estar, sea lo que sea, guste o no, duela o no.

Ya que nos entrenamos desde la cuna para dar respuesta a casi todo, el permitir que algo se produzca sin tener que responder o actuar permite un respiro, una nueva forma de vivir la vida. Así, nos iremos acostumbrando a responder sólo cuando sea preciso y además en el grado preciso, ni más ni menos. Esto, aplicado a múltiples contextos, nos puede ayudar a captar otros matices y grados más profundos de relación con las vivencias.

Así, también nos iremos entrenando en la realización de una recomendable actitud de separar la percepción de la acción. Imaginemos que un amigo siempre se está quejando de sus problemas, de lo mal que le va todo, de lo mala que es la gente, etc. Si nosotros tratamos de hacerle cambiar de idea, tratamos de rebatirle, consumiremos muchísimo tiempo, energía y probablemente no consigamos más que enfadarnos con él. Ahora bien, si recibimos esas quejas, las acogemos sin cuestionarlas y las validamos, permitiendo que hagan su trabajo, podremos llegar al punto clave de las mismas, es decir, qué función tienen y para qué se emiten. Podemos llegar a concluir que las quejas podrían tener un carácter de evitación, ya que la persona se queja para así construir una cháchara acerca de su situación y así evitar tener que hacer algo para cambiar las situaciones por las que se está quejando. De ahí que las posibles soluciones que propongamos nunca sean bien aceptadas o surtan los efectos que pretendemos.

Igualmente se puede llegar a desarrollar mediante meditación (y en niveles avanzados de práctica, con ayuda de algunas sustancias) una actitud de contemplación sin más, de forma que la experimentación de un sentimiento, el vivir una situación, etc… no vaya aparejado a la necesidad de tener que actuar y hacer algo de forma automática. Haremos algo o no, pero eso es algo que debe decidirse y hacerse de forma completamente voluntaria.

Así pues, puede decirse que la práctica de meditación con la ayuda de un guía serio y experimentado es una buena manera de potenciar nuestra vivencia del mundo y de hacernos más sanos día a día.

Deseamos a los lectores una fructífera práctica.

Nos despedimos hasta la próxima… salud y ¡buen viaje!

 

El cannabis y la meditación (III)

En el artículo de este mes seguimos tratando el tema de la meditación, abordando esta vez en la profundización de los estados alterados de consciencia hasta niveles poco habituales.

Por Psicotar

En el artículo del mes pasado (CM nº 79), se recalcó la importancia que tiene el disponer de una cierta práctica meditativa antes de incluir cualquier sustancia como coadyuvante. De hecho, el uso de sustancias a la hora de meditar es un tema un poco complicado de abordar.

El cannabis produce como efecto agudo un deterioro en la memorización a corto plazo (1), aunque en los estudios no se especifique si esto es por una alteración neurológica en los circuitos de la memoria o se debe simplemente a la alteración en la concentración. Sea como sea, el cannabis genera una alteración del normal estado de mente y cerebro que podría servir para entender el uso que se le ha dado en algunos contextos budistas como coadyuvante para la meditación.

El uso del cannabis a la hora de meditar tiene un fundamento enlazado con el propio hecho buscado en la meditación, que no es otro que el “dejar ir” las cadenas de pensamientos sin enredarse con ellos y, con esto, permitir que el estado de consciencia alcance una liberación de contenidos. Es algo así como dejar en blanco la pantalla mental donde se proyecta lo que estamos pensando.

El cannabis genera una activación diferente en el cerebro que estimula otras vías de representación alternativas a las habituales. Esto ha sido utilizado como medio por algunas escuelas budistas (2) y otras corrientes religiosas y de pensamiento, como en ciertas culturas de Oriente Medio, y Asia Central (3)

Técnicamente, meditar es posar la atención. Se medita posando la atención en algo sencillo que permita mantener una concentración constante, de forma que se entrena a la mente a entrar en un estado de máxima atención y claridad, permitiendo no enredarse con cualquier cosa y disponiendo así conscientemente de un “espacio mental de maniobra” antes de responder al mundo.

Por ello, personas que mediten y usen sustancias como el cannabis, deben tener claro el objetivo principal, que no es otro que el de liberar a los procesos mentales y liberar la mente de la cháchara. Hay que permanecer atento y perseverar, sobre todo al principio, ya que es muy fácil despistarse y perderse en las enredadas sendas del pensamiento.

Meditar parece fácil, y he ahí la trampa. Estamos habituados en la sociedad actual a funcionar de modo reactivo, es decir, actuando para solucionar todo tipo de situaciones y en bastantes ocasiones, de forma rápida. Esto genera una actitud respondiente, donde se establece que para cualquier estimulación se puede emitir una respuesta, entrando así de lleno en la tendencia a elaborar juicios, establecer opiniones, solucionar problemas, etc. Esto supone una adaptación al entorno por lo que, al menos en principio, parece ser un mecanismo adaptativo.

Pero sin embargo, esta forma de funcionar no parece estar más que trayendo constantemente problemas al ser humano, sobre todo observando las cifras de personas que padecen de malestar emocional y sobre todo, las cifras de supuestos trastornos aún por diagnosticar y tratar (4)

Este exceso de actuación supone una exigencia para el organismo y eso, mantenido de forma crónica, genera un grupo de problemas denominados en psicología “del espectro del exceso de activación”, que no es otra cosa que problemas por un desgaste psicofisiológico. Realmente hay que parar y preguntarse realmente de qué estamos hablando.

El estrés, cuando es excesivo en intensidad y duración, está directamente relacionado con muchos problemas de salud física, tales como enfermedades cardiovasculares, enfermedades digestivas, enfermedades autoinmunes, enfermedades metabólicas, etc (5)

No es casualidad que la gente pretenda tomarse las cosas con más calma entre otras cosas, porque uno mismo tiene mucho que decir y hacer ante las demandas del entorno, ya que el estrés no es un proceso automático que genere una reacción automática en el sujeto, sino que es un proceso transaccional que requiere de una interpretación y una valoración. Si el valora contar con recursos, es posible que no se active una respuesta negativa, pero si el resultado de la valoración es la percepción de que se carece de recursos u opciones de enfrentamiento, es bastante probable que se active un proceso negativo de estrés (6)

La meditación supone liberar la mente de las cadenas de pensamiento de forma que, eliminando temporalmente el contenido de la conciencia, se aprende a evitar también las activaciones emocionales que generan alteraciones en lo fisiológico y mental. Estas activaciones emocionales están asociadas a determinados contenidos mentales y suelen ser automáticas. Es decir, meditando logramos que ese automatismo que supone el pensar no vaya asociado a activaciones desagradables. Estas activaciones corporales experimentadas como sentimientos es lo que se denomina “marcador somático” y tiene una gran influencia en las decisiones y planteamientos que realizamos a diario.

Es por ello que resulta muy útil la práctica de alguna técnica que permita establecer un proceso de relajación y control del exceso de activación. Bien puede ser la meditación, respiración diafragmática, relajación muscular progresiva, entrenamiento autógeno, etc… lo importante es que la persona pueda controlar en un primer momento el exceso de activación, aunque lo ideal es que la persona desarrolle un nivel tal que no experimente exceso de activación ante las demandas del medio.

Para observar la dificultad de mantener la concentración en algo monótono, tal y como se propone al meditar, baste hacer este simple ejercicio:

-       Sentarse cómodamente en una silla, con los pies apoyados en el suelo y las manos descansando en el regazo. Cerrar los ojos.

-       Ir respirando con normalidad, sin tratar de modificar este proceso.

-       Prestar la máxima atención y contar las exhalaciones, hasta llegar a 5 y comenzar de nuevo, repitiendo el ciclo. Si uno se pierde, vuelve a empezar desde el 1.

-       Si se consigue no perderse, pasar a contar 8 respiraciones, comenzando de nuevo si nos perdemos.

Con este simple ejercicio nos podremos dar cuenta de lo complicado que es hacer de forma sostenida algo tan sencillo, ya que estamos habituados a mantener la concentración sobre algo cambiante, es decir, a mantener la concentración con un desarrollo. El mantener esta concentración ahí, en ese aparentemente simple proceso, permite a la mente liberarse de contenido, ya que la “pantalla mental de la conciencia” queda ocupada por un contenido determinado. Contenido, además, que no está asociado a otra respuesta del cuerpo que la relajación, con lo que además se está trabajando así mismo el proceso de desactivación de la respuesta emocional, el antes comentado “marcador somático”

El cannabis puede generar una alteración en ciertos circuitos y una elevada cantidad de descargas neuronales en determinados contextos, por lo que al usarse en la práctica meditativa se está buscando el favorecer la posibilidad de acceder al fondo del pensamiento. Recordemos que el pensamiento discurre a saltos, producidos por las intermitentes descargas de múltiples circuitos de neuronas, pero que se produce un fenómeno que favorece la sensación subjetiva de continuidad de pensamiento. El cannabis podría permitir acceder a la vivencia subjetiva de pensamiento de una manera diferente.

Como consecuencia de la alteración del proceso de la atención, el cannabis puede favorecer el “desenganche” de los pensamientos del foco de la consciencia. Se tendrían pensamientos, pero sería más fácil dejarlos ir, con lo que el beneficio de la meditación estaría actuando de manera facilitada. Además, esto anterior unido a la alteración producida en la concentración iría en la línea de evitar la ilación de pensamientos y así, la cháchara mental consecuente con éstos. No es casualidad que los meditadores budistas de algunas escuelas hagan uso del cannabis en sus prácticas meditativas.

Ahora bien, nosotros no recomendamos el uso de ninguna sustancia para practicar la meditación en fases iniciales de práctica. En este sentido, es más lógico el aprender primero a disciplinar la mente para permanecer en un punto concreto y, una vez logrado esto, si la persona desea probar de motu propio, trabajar siempre desde la referencia a la metodología antes señalada. Si no se ha desarrollado bien el método y adquirido una férrea capacidad de concentración el uso de cannabis es más probable que distorsione a que ayude. Y para el desarrollo de la adecuada capacidad de concentración necesaria para meditar sólo hay una vía: práctica, práctica y más práctica.

La diversidad de estados mentales a los que se puede llegar practicando la meditación asistida o no con cannabis es infinita. Es importante tener presente el necesario desapego y ecuanimidad respecto a estas vivencias, ya que lo que importa realmente no es acceder a tal o cual estado mental, sino trascenderlo y desapegarnos de él. Eliminando todo pensamiento de la mente alcanzaremos el estado en el que están todos los pensamientos. Al no tener forma podremos adquirir cualquier forma, al no establecer una etiqueta, podremos disponer de todas las etiquetas, al no tener nada que perder, nada perderemos y por ello, tendremos todo.

Insistimos en la necesidad de práctica, recuérdese el ejercicio de contar exhalaciones y la dificultad que plantea. El momento del día para meditar debe escogerse según el estado de activación de cada uno, aunque un buen momento puede ser por la mañana o a última hora del día. Es importante evitar momentos inmediatamente posteriores a comidas copiosas para evitar así la somnolencia.

El tiempo dedicado a practicar es algo variable, pero cuanto más, mejor. Se suele meditar en periodos de 20 – 30 minutos. La postura recomendada es sentado en una silla con el trasero en el borde del asiento, como si nos fuéramos a caer, para favorecer la postura de la espalda completamente recta.

Respecto al uso del cannabis, sería ideal que cuando comiencen sus efectos, la persona ya se halle meditando y en estado de profunda concentración, para así favorecer la transferencia y permitir la fluidez del proceso sin interrupciones.

Toda distracción que aborde la conciencia debe ser tomada como una llamada de aviso para volver a posar la atención sobre el ejercicio que tengamos en ese momento en desarrollo. Debe establecerse un círculo asociativo: concentración en el ejercicio à distracción à vuelta a la concentración.

No debemos preocuparnos si nos asalta la cháchara, lo que debe ser nuestro objetivo es practicar la vuelta al foco de atención, de forma que es posible que al principio pasemos casi todo el tiempo volviendo a posar la atención en el ejercicio ante las constantes distracciones. Cuando más practiquemos este volver a posar la atención, mejor lo haremos en las sucesivas ocasiones y por ello mejoraremos.

Cuando podamos establecer la concentración máxima sin distracción, haciendo simplemente lo que estamos tratando de hacer, podremos decir que la práctica empieza a arrojar resultados… pues la meditación sólo es andar cuando se pretende andar, cantar cuando se pretende cantar, sentir cuando se pretende sentir…

Deseamos a los lectores una fructífera práctica.

Nos despedimos hasta la próxima… salud y ¡buen viaje!

 

 

NOTAS

  1. http://www.psiquiatria.com/congreso_old/mesas/mesa3/conferencias/3_ci_c.htm
  1. http://200.21.104.25/culturaydroga/downloads/culturaydroga13(15)_7.pdf
  1. http://revistas.ucm.es/ghi/02130181/articulos/GERI8484110031A.PDF
  1. http://www.eleconomista.es/economia/noticias/200149/04/07/Las-enfermedades-mentales-le-salen-caras-a-la-Union-Europea-295000-millones.html
  1. http://en.scientificcommons.org/6912983
  1. Nota Técnica de Prevención nº 355: Fisiología del estrés à

http://www.insht.es/InshtWeb/Contenidos/Documentacion/FichasTecnicas/NTP/Ficheros/301a400/ntp_355.pdf

 

El cannabis y la meditación (II)

En el artículo de este mes continuamos tratando el interesante uso que nos permite el cannabis para la práctica de la meditación, abordando una metodología sencilla para la práctica.

Por Psicotar

La meditación es una práctica muy extendida y practicada hoy día en todo el mundo. Sin embargo, pese a su difusión, es una práctica en ocasiones mal entendida y rodeada de un misticismo que, desde la óptica que supone comprender su base cerebral, resulta totalmente innecesario y prescindible.

La meditación ha ocupado durante decenios la atención de estudiosos de la mente y del cerebro, ya que no son ajenos a la ciencia los cambios y fenómenos que se producen con la práctica meditativa.

El tratar de comprender el proceso de la meditación es complicado, ya que poner palabras concretas a algo que se produce en un nivel tan subjetivo y profundo de la persona es difícil. Sentarse con los ojos cerrados puede hacerlo cualquiera, pero lograr el estado adecuado y el efecto deseable ya no es tan fácil y es muy frecuente que el practicante de meditación se acabe enredando consigo mismo ante una actividad mental desatada sin posibilidad de control.

La meditación, como muchas actividades en esta vida, precisa de un periodo de práctica guiada y orientada por alguien experimentado, aparte de ser un procedimiento que requiere tiempo y muchas repeticiones para poder dar sus frutos. Que nadie espere iluminarse en un fin de semana… pese a lo mucho que le puedan decir algunos maestros y gurús…

El porqué la meditación resulta positiva para la mente y el cuerpo aún es un misterio, pues se han estudiado los cambios objetivables en variables orgánicas (pulso, constantes bioquímicas, células inmunitarias, etc) pero aún no se ha determinado el mecanismo que los produce (1)

¿Cómo puede ser que el poner la mente el blanco pueda resultar beneficioso para el organismo? ¿Qué mecanismo puede estar actuando y cual es su fundamento biológico? Si nos vamos a las teorías sobre la plasticidad neuronal, encontramos un fenómeno que resulta bastante plausible y lógico.

La plasticidad neuronal es un fenómeno ampliamente conocido y estudiado. Es la propiedad que tienen las células del sistema nervioso de establecer y restablecer contacto entre sí, así como la posibilidad de mejorar la eficiencia en el funcionamiento de todo el sistema (2)

Las neuronas se estructuran formando redes neuronales, que no son más que la conexión entre millones de neuronas entre sí. Aquí, lo importante no es la neurona, sino la capacidad de establecer miles de conexiones con las células adyacentes, de manera que el resultado final es más que la suma de las partes.

La comunicación en estas redes se realiza de forma masiva, estando el conocimiento representado de varias formas, pero reducible a dos formas conceptuales diferentes: representación en serie y en paralelo. Un enorme número de procesos suceden en paralelo en nuestro cerebro, ya que todos ocurren de forma simultánea, como puede ser el control del equilibrio, la deambulación, la regulación del latido cardiaco, los pensamientos automáticos, etc… y a la par otros procesos suceden en serie, es decir, sólo pueden producirse unos pocos procesos a la vez, ya que consumen recursos atencionales y la capacidad de esta atención es muy limitada.

Puestos a hipotetizar, nuestra capacidad consciente, es decir, la propiedad de nuestra mente de percibir y ser consciente de lo que percibe, es un fenómeno que sucede claramente en una tipología de fenómeno en serie. Mientras que lo inconsciente parece suceder en una suerte de circuito en paralelo.

Las redes neuronales requieren para su buen funcionamiento y mantenimiento un uso regular, de forma que, al generarse el impulso neuronal, se sintetizan una serie de sustancias (como el BDNF o factor neurotrófico del cerebro) que “alimentan” las conexiones y permiten que las neuronas funcionen óptimamente (3)

La meditación es una práctica que busca activamente la quietud mental, la desaparición de pensamientos y la desaparición de cualquier contenido mental. Es de importancia hacer notar que el contenido mental siempre está ahí, no se borra, y que es la proyección de ese contenido, su acceso a la consciencia lo que llamamos pensar conscientemente. Por ello es tan difícil tratar de permanecer en silencio meditando sin que nos asalten cientos de pensamientos a la vez y acabemos enredándonos con ellos.

Que el contenido mental no se elimine cuando no le prestamos atención no es casualidad y, ni muchísimo menos, tampoco es recomendable, ya que nos impediría la vida tal y como la conocemos.

Pero ¿cómo se mantienen los recuerdos y los procesos activos aún cuando no los estamos reforzando conscientemente? Pues mediante la activación en paralelo y de forma subconsciente de los circuitos que forman las redes neuronales. De esta forma, se mantiene lo que somos, recuerdos, personalidad, etc… ya que esos circuitos están reforzándose silenciosamente.

La atención consciente es un proceso en serie, es decir, que sólo pueden realizarse algunas cosas a la vez porque el procesamiento simultáneo provoca interferencias.

Ambos tipos de procesamiento pueden llegar a interferirse mutuamente durante la práctica de meditación. Al poner la mente en un estado de calma, en un entorno silencioso, la consciencia, proceso que funciona en serie, se queda sin contenido sobre el que fijarse, de manera que es relativamente sencillo que otros contenidos, que están reverberando en circuitos neuronales que funcionan en paralelo, accedan a la consciencia, dificultando el proceso y el objetivo de la meditación, ya que ésta se basa en la ausencia de contenidos para alcanzar un estado mental donde no hay nada consciente en la “pantalla mental” de la consciencia…

Por ello es tan necesaria una práctica continua y regular, generalmente supervisada por algún experto, para que se pueda llegar a alcanzar gradualmente un mayor estado de vacío mental. Pero cuidado, no se malinterprete el significado de la palabra “vacío”. Aquí, esta palabra está siendo utilizada para expresar el estado mental en el que no hay contenido en la consciencia, lo cual no significa para nada que no haya una enorme cantidad de procesos neuronales en marcha al mismo tiempo.

Lo que pasa es que mediante la meditación, se busca mantener la consciencia, como proceso atencional en serie que es, libre de trabajo, de manera que no se produzca ninguna inhibición sobre otros circuitos y así se permita que todos los circuitos se autorregulen. Quizás por esto pueda resultar tan útil la práctica de la meditación. La atención consciente recluta energía y centra el proceso biológico sobre una serie de circuitos muy concretos, mientras que la meditación, al no realizarse sobre ningún contenido, permite que cualquier circuito se refuerce, resultando así en una mejora general del funcionamiento del cerebro, suceso que ha sido demostrado en cientos de estudios científicos realizados.

Metodología de meditación simplificada.

La metodología que exponemos en estas líneas no suple la guía de una persona con experiencia, sólo pretende un efecto ilustrativo sobre el proceso de la meditación, por lo que se recomienda a las personas que puedan estar interesadas en esta práctica, acudan a un centro de reconocida dedicación

El primer paso para poder abordar la meditación es la postura. Hay escuelas de meditación que no le dan mucha importancia, abogando por una postura cómoda. Desde estas líneas recomendamos la postura del zen, especialmente una variación que se realiza sentándose al borde de una silla, como si nos fuéramos a caer, de forma que la espalda quedaría perfectamente colocada en posición recta y de tal forma que la barbilla esté ligeramente inclinada hacia delante. De esta forma, la postura favorece la concentración y evita la somnolencia.

Comenzamos a meditar con los ojos cerrados y respirando con normalidad, proyectando nuestra atención sobre el proceso de respirar, tanto cuando inhalamos como cuando exhalamos. El ir y venir del proceso respiratorio es el foco de atención.

Tras unas respiraciones, pasamos a posar la atención sobre el momento de la exhalación del aire, es decir, al inhalar tratamos ya de no concentrar nuestra atención en nada, mientras que posamos toda nuestra atención en el proceso de expulsar el aire de los pulmones, prestando atención a cómo se desarrolla este proceso.

Es bastante probable que, al tratar de aquietar la mente y desprenderse de pensamientos, nos asalten multitud de ideas, siendo muy posible que nos acabemos enredando. En este caso, esto debe tomarse como una señal para volver al proceso de concentración con mayor energía. Esos pensamientos e ideas que nos abordan en la consciencia al meditar se podrían considerar como la “cháchara” que normalmente nuestro cerebro mantiene consigo mismo como mecanismo de mantenimiento y plasticidad de sus circuitos. Que tengamos pensamientos no significa que debamos prestarles atención, ya que la atención es un proceso consciente y valioso y deberíamos ser nosotros quien decidiéramos a qué atendemos y a qué no.

Esta cháchara es indicativa para volver al estado de concentración en el proceso de exhalar. De aparecer, no debemos enredarnos tampoco en nada que tenga que ver con ella, tratando de aplicar una regla mental denominada “no R, no R”, no resistirse, no rendirse. De esta forma y con la práctica, podremos entrenar a nuestra mente a cultivar un espacio de tranquilidad y quietud.

Tras haber logrado la plena concentración en la exhalación, pasaremos a concentrar nuestra atención en el instante que se produce cuando hemos terminado de expulsar el aire de nuestros pulmones, es decir, en el momento que transcurre entre el final de la exhalación y el comienzo de la inhalación. Este proceso es complicado, ya que el momento entre el fin de una respiración y el comienzo de otra es de milésimas de segundo, de ahí que “colarse” en ese pequeño intervalo de tiempo puede resultar difícil al neófito. Una vez más, práctica y más práctica es la receta para poco a poco lograr aquietar y afinar la mente y poder entrar en ese estado de profunda quietud y concentración.

Seguimos concentrando la atención en el proceso de meditación mediante la focalización en el momento previo a la inhalación. De aparecer algún pensamiento en la consciencia, nos paramos y nos preguntamos mentalmente “¿Y tú… de dónde has salido?”, de forma que, al final de esta pregunta, tenemos otro momento de quietud sobre el que volver a posar la atención. Prestamos atención a los puntos suspensivos que surgen después de formular esa cuestión. Ahí está el silencio interior. No tratar de responder la pregunta, porque eso activaría el proceso lógico y anularía el discurrir automático de la meditación.

El silencio interior son los verdaderos segundos perdidos, ya que en la sucesión de periodos donde no hay efectivamente una descarga neuronal, se suspende fisiológicamente la función mental… y es la sensación fenomenológica de que hay continuidad la que nos hace creer en la ilusión de un continuo. Sumados al final de la vida, estos periodos de silencio interior, percibidos o no, suponen segundos de tiempo sustraídos a nuestra experiencia y camuflados bajo la engañosa sensación de continuidad.

Mediante la práctica de la meditación podemos aprehender estos segundos que se perderán invariablemente, los vivenciemos o no. Estos segundos perdidos tienen una similitud al proceso de escribir… ya que se escribe mediante una sucesión de palabras sobre un fondo y entre las palabras se dejan espacios en los que se puede contemplar el fondo, que siempre está ahí, que siempre permanece.

Este fondo es un estado mental primigenio, previo a la aparición del contenido mental y conceptual, previo al esfuerzo que nuestra mente constantemente desarrolla en su relación con el mundo, sea interno o externo. Previo al proceso de organizar y etiquetar en categorías. Por ello es deseable la meditación, porque permite mejorar el proceso de calma y ecuanimidad, al incidir en procesos mentales previos a la acción, creando una suerte de “espacio mental” de maniobra.

Tras esta fase, podemos pasar a una concentración en una sílaba como puede ser la sílaba “ah”, pronunciada mentalmente mientras exhalamos el aire. De esta forma, pasamos a concentrar la atención en una sílaba sin sentido, permitiendo al resto de procesos mentales automáticos que se puedan desarrollar sin atraer nuestra consciencia.

En caso de enredarnos con pensamientos, ideas, etc, aplicaremos la regla “no R, no R” (no resistirse, no rendirse) y volvemos al ejercicio.

Todo el proceso anterior puede seguir indefinidamente, cuanto más tiempo meditemos, mejor, ya que podremos lograr estados mentales cada vez más adecuados y ecuánimes. Como ya hemos expresado, todo esto requiere mucha práctica y atención plena.

Para usar sustancias con las que apoyar este proceso, debemos ir probando niveles de profundidad mediante niveles de dosis diferentes, hasta lograr descubrir el equilibrio que nos permite profundizar en la meditación sin perdernos ni divagar.

El cannabis es un excelente catalizador de los procesos mentales. Pero debido a la complejidad del proceso meditativo, recomendamos una mínima práctica sin apoyo de sustancias, para aprender a “pilotar” y, una vez hayamos aprendido el mecanismo de la meditación, ir añadiendo en momentos determinados las sustancias que se estimen. Ojo, hay que prestar mucha atención y no desviarse del objetivo de la meditación, aquietar la mente mediante la liberación de la consciencia de contenido, no llenarla de fantasías ni discursos vanos e inútiles. No es fácil meditar con ayuda farmacológica pero, de lograrse un proceso adecuado, las posibilidades se multiplican sobremanera.

Nos despedimos hasta la próxima… salud y ¡buen viaje!

 

 

NOTAS

  1. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20960557
  1. http://www.sld.cu/galerias/pdf/sitios/rehabilitacion-equino/plasticidad_neuronal.pdf
  1. http://www.tesisenxarxa.net/TDX-0523106-085109/
  1. Sirva como ejemplo: http://www.ramirocalle.com/

 

El cannabis y la meditación (I)

En el artículo de este mes trataremos el potencial uso del cannabis en prácticas de meditación y los posibles efectos interactivos que pueden producirse. Nos adentraremos en el proceso mental de la autoconciencia y el desapego ecuánime.

Por Psicotar

La meditación es una práctica muy antigua en la historia de la humanidad (1), cuyo origen y nacimiento resulta difícil de datar.

La palabra “meditación” significa, según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE): “acción y efecto de meditar” y “meditar” es Aplicar con profunda atención el pensamiento a la consideración de algo, o discurrir sobre los medios de conocerlo o conseguirlo (2)

Por lo tanto, lejos de ciertas corrientes o interpretaciones místicas, hablaremos de la meditación y del meditar desde una perspectiva lo más científica posible, es decir, ajustándonos a todo lo que la actual investigación realizada nos pueda aportar. Huelga decir que esto no debe empañar o anular otras interpretaciones del acto de meditar, ya que éstas no son mutuamente excluyentes, sino complementarias unas con otras. Pero para poder ofrecer una mayor claridad y rigor explicativos abordaremos el asunto desde la psicología actual (3)

Meditar es enfocar la atención. Enfocar la atención significa destinar en la medida de lo posible toda la energía mental y todos los procesos mentales sobre algo, el objeto de la atención y meditación.

Hay variedad de técnicas de meditación, que alternan diversas instrucciones con rituales y pautas para conseguir el foco de atención. Hay técnicas que enfocan la mente a través de un mantra (sílaba sin sentido que se repite), a través de contar respiraciones en ciclos, concentrarse en la respiración, etc…

Nosotros haremos referencia a una técnica de meditación derivada del zen muy simplificada y con unas instrucciones muy concretas.

El objetivo de la meditación es generar un estado de ecuanimidad en la persona ante los acontecimientos del mundo, sea éste el mundo exterior o el interior del individuo. La ecuanimidad hace referencia a un juicio imparcial de los acontecimientos, sin polaridades de ninguna clase.

Por el propio modo de funcionar de la mente, es complicada la práctica ecuánime sin un cierto entrenamiento en la misma. La ecuanimidad permite no dejarse arrastrar por los acontecimientos que debe afrontar una persona y supone disponer de un cierto “espacio mental de maniobra” en el cual se puede vivenciar aquí y ahora una situación manteniendo un equilibrio mental antes de emitir una respuesta.

La ecuanimidad no es eliminar las emociones, no es la total indiferencia ante las cosas, sino que es un estado de relativa calma y aceptación de lo que pueda acontecer, así como un relativo estado de calma y automanejo en la respuesta que se produzca ante las situaciones.

El consumo de cannabis es coloquialmente considerado como agente generador del mal llamado “síndrome amotivacional” (4), un constructo psicológico tan difuso como global y que prácticamente podría ser aplicado a cualquier persona que se encontrara ante una situación vital que cursara con bajo estado de ánimo y motivación. Si este síndrome realmente existiera -como pretenden los cruzados del antiprohibicionismo- nos encontraríamos con una clara situación análoga al summum de la meditación, y es la referente a la indiferencia ante los acontecimientos que acaece en ambos estados, el del avanzado meditador y el del consumidor de cannabis enfermizo.

Hasta hace relativamente poco tiempo, los desórdenes mentales no eran ni tan numerosos ni tan truculentos como hoy día resultan ser. Esto no es coincidencia, sino que depende de la propia cultura y de los propios grupos de presión que abogan por imponer las modas y definir las normas sociales. En la era actual, sin duda dominada por potentes lobbies en pro de la farmacocracia (5), disponemos de un infame arsenal diagnóstico y terapéutico para cientos de enfermedades mentales… e incluso sufrimos el bombardeo sistemático con la propaganda que nos avisa de que realmente hay más enfermedades mentales no diagnosticadas y, por lo tanto, no tratadas.

Llama la atención poderosamente que ante semejante situación las personas no tengan el menor reparo ni asomo de duda en ponerse bajo tratamiento de un señor con una bata blanca, así como tampoco resulta conflictivo seguir a rajatabla sus indicaciones en la toma de la medicación adecuada. Se tiene una absoluta y ciega fe en el tratamiento de trastornos mentales cuando realmente no se han determinado hipótesis causa-efecto para ninguna de ellas y, por lo tanto, el tratamiento no es realmente una solución completa, siendo quizás una solución parcial en ciertas situaciones y momentos puntuales (6)

Se ha hecho este inciso para exponer una situación complicada de abordar: el aceptado consumo de psicofármacos que no siempre están adecuadamente indicados ni adecuadamente prescritos, pero que son recetados por un médico… y el denostado consumo de sustancias de origen natural o sintético que, pudiendo ejercer los mismos e incluso mejores efectos en la mente de las personas, son considerados drogas y los consumidores, por tanto, drogadictos.

El uso (que no abuso ni mal uso) del cannabis, al igual que el de otras sustancias psicoactivas como pueden ser la psilocibina, la MDMA o la LSD, puede resultar en una serie de interesantes elementos para alcanzar un estado mental más ecuánime, de forma similar a como acontece con una rigurosa y seria práctica de la meditación.

La concentración de la atención buscada a través de la meditación supone el manifestar la capacidad del cerebro para abstraerse del resto del entorno y concentrarse en una sola cosa o pensamiento, de forma que todo lo demás no importa. Cuando se medita, se centra la atención en un estado ideal de vacío o no-mente, que no es otra cosa que concentrarse sobre el proceso de atención. Esto requiere una pequeña explicación.

Una de las cualidades más importantes con las que contamos los humanos es con la capacidad metacognitiva, es decir, con la capacidad de pensar sobre lo que estamos pensando y mediante la cual podemos volver la atención sobre lo que pensamos y sentimos, llegando a ser posible incluso el asistir como meros espectadores a nuestro propio mundo interior. Imaginemos que nuestra mente es un enorme cine que sólo tiene una butaca, en la cual estamos sentados. Imaginemos que en una pantalla se proyectan unas imágenes, que no son otra cosa que nuestros contenidos mentales, originados en el exterior (imágenes, sonidos, olores, etc) o bien en el interior de la mente (pensamientos, ideas, etc). Ambos contenidos, independientemente de su origen, son proyectados en la pantalla de nuestra mente, es decir, en aquella parte de la mente donde la representación del conocimiento, sea del tipo que sea, ejerce contacto con nuestra consciencia.

La meditación buscaría el observar la pantalla vacía de contenido, es decir, sería deseable alcanzar el estado en el cual podríamos ser capaces de ver la pantalla antes de que los contenidos se proyecten sobre ella, logrando así ser conscientes de la presencia de una consciencia testigo o del vigilante. Estos conceptos de consciencia testigo y del vigilante hacen referencia a un proceso mental previo a la consciencia ordinaria, quizás expresado en el procesamiento inconsciente de la información (7)

Lograr ese estado es complicado y requiere de larga práctica. No es fácil separar el contenido del continente, máxime cuando nuestro cerebro constantemente está recibiendo, procesando, emitiendo y generando información.

La biología ha comprobado que nuestro cerebro funciona a pulsos, es decir, nuestras neuronas funcionan mediante impulsos intermitentes, ya que tras la activación neuronal se produce un periodo refractario que impide una nueva estimulación hasta pasado un tiempo. Por ello, podemos afirmar que la consciencia humana es una falacia, una construcción psicológica, ya que se produce una ilusoria sensación de constancia y continuidad de la mente cuando realmente lo único que hay es una serie de pulsos neuronales correlativos que dan la apariencia de continuidad sin que realmente exista la misma (8)

Sin embargo, el individuo experiencia y vive su consciencia como algo continuo y no como algo intermitente. ¿Qué pasa entonces con nuestra vida mental? ¿Por qué tenemos la sensación de que todo sucede de manera ininterrumpida? Realmente, tratar de aprehender la consciencia es una tarea que nos llevará mucho tiempo a la especie humana, si es que algún día llega a lograrse (9)

La meditación y el uso dirigido de sustancias podrían orientarse a lograr eliminar el contenido mental de forma transitoria y lograr el estado de no-mente o vacío. Un servidor, psicólogo, practicante de meditación y psiconauta con experiencia, ha logrado alcanzar un estado mental mediante el uso de psilocibina bastante interesante, como se detallará unas líneas más abajo.

Sea como sea, el objetivo es “colar” la atención y la actividad de la consciencia justo entre las diversas secuencias de activación mental de los contenidos. De alguna forma, sería como ralentizar una película para poder concentrarse en el espacio vacío que existe entre los diversos fotogramas y así poder ver el fondo de la pantalla sin contenido.

De poder lograr esto, tendríamos un logro importante, que sería el de ser capaces de abstraerse del contenido de la mente y, por ello, quedar a salvo del alcance del impacto que nos pueda generar ese contenido. Esto, claro está, sólo tendría utilidad como método personal de crecimiento, ya que en el mundo exterior es necesario mantener una cierta capacidad de reacción por cuestiones de supervivencia, aunque no está de más el cultivar un funcionamiento mental tranquilo y desapegado.

Realmente, ante el vasto elenco de enfermedades mentales existentes en el mundo de hoy, cabe preguntarse ¿quién es el enfermo? ¿Las personas o las formas de vivir la vida?

Nos quieren hacer creer que si tienes pelo en el cuerpo, si no compras ese champú, si no tienes ese coche, si no hueles a esta fragancia, si no vas a mi centro comercial, si no profesas mi credo, si no tomas mi pastilla, si no cultivas tu músculo, si no tienes un buen trabajo, si no eres un triunfador, no puedes ser feliz… realmente, creo que aquel que tratase de cumplir con todo esto sería realmente una persona perdida… Por lo tanto, no es que ahora haya más enfermedades mentales, sino que nos estamos inventando etiquetas diagnósticas para catalogar los problemas que aparecen al tratar de que la gente haga cosas contra natura como si fueran cosas normales y sanas… no es la gente la que enferma, es la forma de relacionarse con el mundo lo que está enfermando.

La meditación y el uso dirigido de sustancias, correctamente utilizados y orientados, podrían ayudar a generar ese estado ecuánime que nos permitiría acceder a un lugar único en nuestra mente, aquel en el cual aún no hay emoción, ni dolor, ni apego, ni apetencia, y así poder elegir de una forma más libre la respuesta ante el mundo. Buscando una evasión del mundo podremos llegar a él de forma más sana, ya que nos evitaremos caer en el exceso de reactividad que este alocado mundo provoca y podremos abordar nuestra realidad desde una reflexividad ecuánime.

El desapego mental es difícil de lograr mediante la meditación. Al menos esa es mi experiencia. Sin embargo, ayudado por sustancias, he logrado en más de una ocasión un estado ecuánime y desapegado de la realidad material. El modo en que adquirí esta consciencia es difícil de plasmar en palabras, pues vino de una forma intuitiva y global. Tratando de dirimir la dicotomía entre mente y cerebro, adquirí consciencia de mi propio proceso verbal y de la categorización absoluta que éste ejerce sobre todo el contenido de los sentidos y del pensamiento.

Al pararme a ver el proceso verbal, tuve la sensación de que había algo debajo del mismo, algo inaprehensible desde el lenguaje… ese algo era yo. Y ese al que yo creí poder llamar yo resultó ser algo construído desde la referencia de los demás… ante lo cual seguí “tirando del hilo” porque adquirí la consciencia en ese instante de que eso no era yo… a final llegué a un punto del camino en el que no había pensamiento, en el que todo era “previo” al pensamiento. No había el más mínimo atisbo de dolor, alegría, tristeza, miedo, etc… sólo una calma absoluta y una absoluta sensación de comprensión de todo. Al comprender todo, adquirí la consciencia de que realmente no comprendía nada, porque no había nada en la mente, y en ese instante apareció una reflexión… a través del vacío llega el todo… y el todo es la nada, la madre de todo. Sentí cómo me alejaba de la realidad exterior, sumergiéndome de lleno en un universo de formas multicolores imposibles de describir, en un infierno de verbos y etiquetas verbales donde las cosas no eran lo que parecían… en un espacio mental donde todo era absoluta comprensión…

Esa comprensión se transmutó en libertad de elección… llegué a la conclusión de que uno puede elegir las etiquetas verbales con las que vive el mundo y los acontecimientos que se suceden y que por ello, la reflexión sobre lo verbal permite trascender el propio lenguaje y superar así las limitaciones de la propia mente. Es decir, como soy consciente de las capacidades y limitaciones de lo verbal, del lenguaje, puedo prescindir de usar ese sistema de representación y no poner etiquetas a lo vivido, simplemente permanecer ahí. No puedo elegir no vivir una mala experiencia, pero sí puedo elegir lo que me digo a mí mismo, puedo elegir cómo pensar y cómo actuar a raíz del suceso. No es fácil, sin duda es un camino duro y debe recorrerse de forma sincera y desapegada.

Todo esto, claro está, debe entenderse desde el punto de vista de la experiencia totalmente subjetiva del que escribe estas líneas y, claro está, desde la comprensión necesaria al proceso farmacológico que en esos instantes se estaba desarrollando febrilmente en un cerebro pensante… aun aplicando posteriormente el filtro de la racionalidad y la metodología, experiencias como la descrita constituyen puntos de referencia de inestimable valor para el afianzamiento de la autoconsciencia y desarrollo personal.

El próximo número abordaremos la forma de proceder en la meditación y el uso de sustancias para apoyar, acelerar y mejorar el proceso de autoconsciencia y desapego ecuánime.

Nos despedimos hasta la próxima… salud y ¡buen viaje!

 

 

NOTAS

  1. http://www.cannabismedicinal.com.ar/historiadelamarihuana/04.php
  2. Diccionario de la Real Academia de la Lengua en Internet: http://buscon.rae.es/draeI/
  3. Algunos resúmenes de estudios científicos sobre la meditación:

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20835972

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20681336

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20670413

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20667262

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20633581

  1. Sobre el síndrome amotivacional:

http://www.cannabismagazine.es/digital/index.php?option=com_content&task=view&id=510&Itemid=91

  1. http://www.escohotado.com/articulosdirectos/magiafarmaciareligion.htm
  1. Sobre este tema:

http://www.casadellibro.com/libro-la-invencion-de-trastornos-mentales-escuchando-al-farmaco-o-al-paciente/1164338/2900001212457

http://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Szasz

  1. http://www.ucm.es/info/especulo/numero8/froufe.htm
  2. http://www.guiasdeneuro.com.ar/propiedades-electricas-de-las-neuronas/
  3. http://www.tendencias21.net/La-consciencia-es-el-mayor-enigma-de-la-ciencia-y-la-filosofia_a4026.html

 

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