Psicoterapia psiquedélica actual: estudios recientes

Por José Carlos Bouso

En el artículo anterior discutimos las evidencias científicas existentes acerca del potencial de sustancias como la psilocibina o la MDA (3,4-Metilendioxianfetamina) para inducir experiencias místico espirituales, que pueden promover cambios positivos en la personalidad de los iniciados y que se mantienen en el tiempo; y cómo los autores de estos estudios consideran este tipo de experiencias de potencial utilidad en el tratamiento de algunos trastornos mentales, como son la adicción a las drogas o las situaciones de depresión y ansiedad que padecen personas diagnosticadas de enfermedades incurables y que se encuentran en fase terminal. En el presente artículo resumiremos los estudios contemporáneos sobre el tema.

El uso terapéutico de las drogas alucinógenas se remonta probablemente a los orígenes de nuestra especie. En un principio, quizás los saberes no estaban compartimentalizados, como lo están hoy, luego era difícil separar recreación de curación, de ahí que probablemente toda medicina, sobre todo, toda medicina psicoactiva, era una forma de recreación, y toda forma de recreación era también una medicina. Sobre todo porque el contexto en el que el binomio recreación/medicina operaba era siempre en un contexto de grupo, donde la comunidad en su conjunto es la que da validez a la integración grupal, que es, después de todo, el mejor indicador de salud. Al menos para aquellos “males” que no responden exclusivamente a una causa física; si bien, incluso para estos, la implicación grupal en el problema individual es ya por sí misma un reductor de angustia.

Los tiempos han cambiado, y quitando los rituales modernos, como pueden ser las raves tranceras en las que se consume MDMA y algún que otro psicodélico, o los rituales religiosos en los que se toma ayahuasca o peyote, la curación hoy día se establece en el ámbito privado en relación terapéutica entre el médico y/o el psicoterapeuta, y el paciente.

Dentro de este contexto es donde nació, a mediados del siglo pasado, la llamada psicoterapia psiquedélica. Ya se había descubierto la LSD y los psiquiatras la utilizaban como fármaco psicotomimético para entender mejor la fenomenología de la esquizofrenia. Humphry Osmond, un psiquiatra británico afincado en Canadá experto en alcoholismo, había observado que muchos alcohólicos dejaban la bebida después de que hubieran experimentado los terrores del delirium tremens, esto es, el síndrome de abstinencia alcohólico. Así que pensó que quizás, induciéndoles un delirium tremens artificial administrándoles altas dosis de LSD, los pacientes podrían experimentar los mismos pavores, ahorrándoles los males fisiológicos y psicológicos intrínsecos al delirium tremens natural, y así quizás podrían abandonar la adicción al alcohol. La sorpresa que se llevó Osmond cuando empezó a administrar LSD a sus pacientes alcohólicos fue que la mayoría de ellos, lejos de tener una experiencia terrorífica como él suponía, atravesaban por una experiencia místico espiritual como consecuencia de los efectos de disolución de los límites de la personalidad que inducen las dosis altas de LSD administradas en un contexto controlado, tal y como vimos en el artículo anterior sobre que puede hacer la psilocibina administrada por manos expertas en el contexto adecuado. Desde entonces, la psicoterapia con LSD y con otros psicodélicos se fue ampliando a un grupo cada vez más numeroso de patologías psiquiátricas y de problemas psicológicos que iban desde los trastornos obsesivos hasta el alivio de la angustia que experimentan muchos pacientes que se encuentran en fases terminales de su enfermedad. Incluso fue utilizada por el famoso psiquiatra holandés Jan Bastiaans para el tratamiento del llamado “síndrome de campo de concentración”, que hoy sería una de las muchas expresiones que adoptaría el Trastorno de Estrés Postraumático[1].

Desde la interrupción más o menos abrupta en los años 70 de la investigación con terapia psiquedélica hasta fechas recientes, no se había vuelto a realizar ningún estudio científico en el que se tratara de probar la eficacia de un psiquedélico para el tratamiento de algún trastorno psiquiátrico o problemática psicológica. De hecho, a día de hoy, tan solo existe un estudio publicado al respecto, si bien hay alguno que otro actualmente en marcha. Casi todos para el tratamiento de la ansiedad y la depresión en enfermos con cáncer terminal. En este estudio[2] se administró psilocibina (0,2 mg/kg) y un placebo activo (niacina, un fármaco que “imita” los síntomas físicos de la psilocibina pero que carece de efecto psicológico) de manera aleatoria y separado cada tratamiento por dos semanas, de tal forma que cada paciente hacía de su propio “control” y, así, poder comparar los efectos de los dos fármacos en términos de seguridad fisiológica, además de la eficacia en el largo plazo sobre los síntomas de ansiedad y depresión, para lo cual se utilizaron cuestionarios psicométricos utilizados habitualmente en clínica y en investigación para evaluar síntomas de depresión y ansiedad. Este artículo se publicó en septiembre de 2010 en una prestigiosa revista psiquiátrica y dio lugar a titulares del tipo: “Hongos alucinógenos son efectivos en el tratamiento del cáncer”[3]. Uno de los autores principales del estudio incluso escribía en la prestigiosa revista de divulgación Scientific America (publicada en España como Investigación y Ciencia): “Aunque el estudio fue demasiado pequeño como para arrojar conclusiones definitivas, fue alentador: los pacientes mostraron disminución de la ansiedad y les incrementó el estado de ánimo, incluso meses después de la sesión con psilocibina. Al igual que ocurrió con estudios realizados hace años, los pacientes también refirieron menos miedo de cara a impedir la muerte” (traducción mía del original)[4]. De hecho, debido a la publicidad mediática que ha recibido este estudio, entre la comunidad psiquedélica ha vuelto a circular la información alentadora de que hay un estudio que demuestra que la psilocibina es eficaz para el tratamiento de la depresión y la ansiedad en enfermedades terminales, tal y como uno mismo puede comprobar si se toma la molestia de bucear un poco por los foros y los facebooks frecuentados por iniciados…

Si bien no se puede decir que nada de esto no sea cierto, también se puede decir que es un poco falso. No es, en definitiva, ni más ni menos, que publicidad, por no decir propaganda, que han lanzado los autores y amigos de los autores al mundo para autopromocionarse ante unos datos que, en el mejor de los casos, lo que se puede decir es que son un poco débiles. Veamos qué es lo que hay publicado exactamente en el artículo en el que se publican los resultados. Como se ha dicho, se administró, a forma de doble ciego, una dosis de 0,2 mg/kg de psilocibina y se compararon los efectos fisiológicos con un placebo activo (niacina). Efectivamente, tal y como han explicado los autores, tanto en su artículo como en los artículos periodísticos y de divulgación que se han hecho eco de este estudio, la psilocibina se mostró segura para los pacientes. Se tomaron medidas de tolerabilidad como fueron presión arterial y frecuencia cardiaca, y si bien hubo incrementos, comparado con placebo, ambas mediciones fueron modesta y transitoriamente incrementadas por la psilocibina, si bien entre parámetros carentes de riesgo. De hecho, la monitorización cardiovascular constante a la que estuvieron sometidos los pacientes no arrojó síntomas de cardiotoxicidad. La divergencia entre lo difundido mediáticamente y lo publicado científicamente aparece en relación a la eficacia para reducir las medidas de ansiedad, de depresión y de estado de ánimo. El estado de ánimo se evaluó con una escala llamada POMS y si uno va a las gráficas publicadas en el artículo, ve que hay una tendencia a la baja entre el día previo a la administración de psilocibina y a las 6 horas, 1 día después, 2 semanas después y los meses 1, 2, 3, 4, 5 y 6, tras la administración. Esto es, que una tendencia es sólo una tendencia: no hay diferencias “reales” (estadísticamente significativas) antes y después de las sucesivas mediciones. Si vamos a las mediciones de ansiedad, sólo hay disminuciones en el mes 1 y 3, y solo de uno de los dos tipos medidos de ansiedad, conocido como “ansiedad rasgo”, esto es, el tipo de ansiedad más estable a lo largo del tiempo y de las situaciones, no encontrándose diferencias en la “ansiedad estado”, esto es, la que depende más de la situación concreta en la que se encuentra la persona. Ni un día después de la sesión con psilocibina, ni en los meses 2, 4, 5 y 6, hay disminución de la ansiedad “rasgo” y la “estado” no disminuye en ningún punto temporal. Estas fluctuaciones en ansiedad “rasgo” son difíciles de interpretar, pero lo que arroja claramente (y como obvia interpretación) es que no hubo una disminución ni permanente ni estable de la ansiedad en los pacientes. Si por fin nos vamos a las mediciones de depresión, nos encontramos que solo hay una disminución estadísticamente significativa al sexto mes después del tratamiento. Por cierto, de los 12 pacientes que iniciaron el estudio, solo 8 completaron los 6 meses de seguimiento, 11 los cuatro primeros meses y los 12 iniciales los 3 primeros meses. En resumen: no hubo disminución objetiva del estado de ánimo desde que se administró la psilocibina hasta los 6 meses de seguimiento, hubo una disminución en los meses 1 y 3 de la ansiedad “rasgo”, la ansiedad “estado” no se modificó a lo largo del tiempo y la depresión solo disminuyó al sexto mes, cuando 4 de 12 pacientes habían tristemente fallecido. No es objeto, ni mucho menos, de este artículo, ensañarse con unos resultados cuando menos modestos de un estudio piloto pionero y valiente en el ámbito de la psicoterapia psiquedélica. Sólo es una advertencia a la moderación para los entusiastas. Si empezamos pronto a promulgar la eficacia contrastada de estudios con resultados más que modestos, de nuevo, como ya ocurrió en el pasado, corremos el riesgo de perder credibilidad frente a la comunidad científica. Los autores del estudio escriben, en su artículo científico, que los resultados modestos encontrados pueden deberse a lo pequeño de la muestra (cosa que puede ser cierta, dadas las tendencias observadas en las mediciones es posible que con una muestra mayor los resultados podrían haber sido más espectaculares, no lo sabemos). También a que se utilizaron dosis bajas. De nuevo, es cierto que de haber utilizado dosis más altas los resultados hubieran sido otros. Tampoco lo sabemos. Lo que sí sabemos es que este estudio estaba diseñado para evaluar seguridad de la psilocibina en enfermos en fase terminal y que eso efectivamente sí se demostró. Lo que no sabemos es por qué se ha querido dar tanta publicidad a una eficacia que no es tal cuando hubiera sido más honesto publicitar lo que se encontró: que es un fármaco que se muestra seguro en una población fisiológicamente muy debilitada, un hallazgo ya lo suficientemente importante por sí mismo. De hecho, al menos hay ahora mismo otros 3 estudios en los que, con dosis más altas, se está investigando la eficacia de la psilocibina para el tratamiento de la ansiedad y de la depresión en enfermos terminales, precisamente por la capacidad demostrada de la psilocibina para inducir experiencias cumbre y poder ayudar a este tipo de pacientes a afrontar las fases finales de su vida. También hay un estudio terminado con los mismos objetivos con LSD, y que actualmente está en fase de análisis estadístico de los resultados. También hay un estudio en marcha con psilocibina para tratar la adicción a la nicotina. A medida que estos estudios se vayan publicando los iremos comentando en esta misma sección.

El otro estudio estrella sobre psicoterapia psiquedélica publicado recientemente es el que ha investigado la eficacia y la seguridad de la MDMA en el tratamiento del Trastorno de Estrés Postraumático en personas refractarias a tratamientos convencionales y para las cuales los tratamientos previos han fracasado. Pero esta historia la dejaremos para el próximo número de esta sección. Hasta dentro de dos meses.

 


[1] Una revisión detallada de la historia de la investigación en terapia psiquedélica, así como de las investigaciones modernas realizadas a fecha de 2007 puede encontrarse en: Bouso JC y Gómez-Jarabo G (2007): “Psicoterapia e investigación clínica con drogas psicodélicas: pasado, presente y futuro”. En: J.C. Aguirre: Cartografías de la experiencia enteogénica. Madrid: Amargord, pp:

[2] http://www.maps.org/w3pb/new/2010/2010_Grob_23136_1.pdf

[3] http://pijamasurf.com/2010/09/hongos-alucinogenos-son-efectivos-en-el-tratamiento-del-cancer/

[4] http://www.maps.org/media/ScientificAmerican-2010_copy.pdf

 

El nacimiento de la Psicodelia

Sentar las bases de un movimiento tan generalizado, que abarca tantos ámbitos y materias, y que se prolongó a lo largo de más de tres decenios es, cuanto menos, complicado.

Aunque con la mayoría de palabras pasa que el significado etimológico pierde valor conceptual con el transcurso del tiempo y el uso, en el caso del término Psicodelia (Psychedelia en su originario inglés) conserva gran parte de su esencia. Las palabras griegas que la componen son psyche (ψυχή) que significa “alma” y diloun (δηλοῦν) que podría interpretarse como “manifiesto” o “manifestar”. Humphry Osmond, psicólogo británico, acuño por primera vez el término en 1957, definiéndolo como “aquello que el alma manifiesta”.

Fue el propio Osmond quien proporcionó varias dosis de mescalina a Aldous Huxley en 1953, y este, a su vez, basándose en la experiencia con uno de los alcaloides alucinógenos más potentes del mundo, escribió Las puertas de la percepción en 1954.

Habrá quien describa la Psicodelia como un movimiento contracultural cuyo desenvolvimiento tuvo especial relevancia entre el 1965 y el 1975, lo que nos remitiría al movimiento Hippie y a uno de sus máximos exponentes mediáticos, Timothy Leary. Otros quisieran partir de Albert Hofmann, cuando sintetizó el LSD por primera vez en 1938. Sin embargo, si nos remitimos a la creación del pensamiento, a la argumentación, propiamente dicha, de este movimiento, no existen otros orígenes que los literarios.

Aldous huxleyAldous huxley

En la década de los cincuenta confluyeron un conjunto de pensadores americanos que compartían una visión común, caracterizada por la repulsión hacia su sociedad; el uso de diferentes sustancias psicoactivas para el conocimiento personal y el desarrollo del pensamiento; el libertinaje y la desinhibición sexual como contestación a los valores clásicos y, por último, el concienzudo estudio de las diferentes filosofías orientales para una posterior aplicación mediada en occidente.

La “Generación Beat” nació arropada, de nuevo, por otro concepto, el de la “Beatitud”. Fue Jack Kerouac quien, en 1959, la asoció a esta concepción en relación a la naturaleza de la conciencia, la meditación, el diálogo interno y el pensamiento oriental.

Si tuviéramos que resaltar a sus máximos exponentes estaríamos de nuevo ante una tarea complicada pues el propio Huxley se haya excluido de esta generación por su origen inglés y es quizás uno de los pilares fundamentales del pensamiento Psicodélico. Sin embargo, dejándonos llevar por los puristas, podríamos afirmar que Allen Ginsberg, William S. Burroughs y, especialmente, Jack Kerouac fundamentan los pilares de la “Generación Beat” y a la vez, la semilla que eclosionará a lo largo de esta década y crecerá sin cesar hasta finales de los años setenta, dando lugar al movimiento Hippie y sentando las bases literarias y científicas para autores como Ken Kesey, Carlos Castaneda y Terence McKenna.

Si queremos llegar a algún lugar, dada la extensión, debemos olvidarnos de Huxley por su complejidad y escasa relación con los “Beats”. Hablemos pues del libro que muchos han designado “La Biblia de los Hippies”, el libro que Kerouac tituló En el camino (On the road) y que representa la génesis del pensamiento Psicodélico, que posteriormente se convertirá en el movimiento contracultural más importante de la historia.

Escrita en 1951 y publicada en 1957, es una obra reconocidamente autobiográfica (al menos en parte) que narra los viajes del autor y sus allegados a lo largo de Estados Unidos y México, provocando, con ello, la posterior mitificación de la “Ruta 66”.

Una significativa parte de los lectores del libro afirman que no encuentran ese contenido profundo y trascendental que la convirtió en obra de culto y que continúa promoviendo la reimpresión de más de 100.000 copias al año, sino, más bien, una simple narración de las variopintas andanzas de un grupo de amigos un tanto peculiares.

Precisamente es aquí donde radica su encanto, donde la narración se convierte en el testimonio de una generación despierta, inconformista y revolucionaria, una generación que ya no concibe un mundo planificado, repleto de horarios y obligaciones. Esta contestación no es tan obvia al formularse la obra como un monólogo interior, con una ausencia prácticamente total de críticas directas o divagaciones demagógicas sobre lo que es bueno o no lo es.

La obra, el propio discurso en sí, es la visión desprejuiciada de una realidad muy diferente al habitual de aquella sociedad. En el camino es libertinaje, libre pensamiento, desorden; es drogas, es vivir por el simple hecho de vivir y disfrutar eligiendo cada momento e incluso es ciertas dosis de caos, de ese caos originario, que conforma nuestra propia esencia como seres humanos, como partícipes del universo caótico en el que nos hallamos.

Carlos CastanedaCarlos Castaneda

Solo queda recomendar encarecidamente su lectura, liviana y llena de significado, para que cada cual juzgue y extraiga de ella lo que quiera. Recordad que hasta aquí, la Psicodelia, no ha hecho más que comenzar. Continuaremos argumentándola en los próximos números.

“Al fin y al cabo, somos nosotros los herederos de este gigante del pensamiento que no consiguió exterminar por completo la sociedad imperialista, asesina y cruel en la que nos hayamos inmersos, por haberse silenciado, cayendo poco a poco en el olvido de las obligaciones y las preocupaciones impuestas.”

 

Adrenocromo (IV)

Se dice, se cuenta, se comenta que el adrenocromo no existe, que existe; que produce efectos psicoactivos, que no los produce; que esto, que aquesto y lo de más allá; que ni lo uno, ni lo otro sino todo lo contrario…. ¿Qué será... será, pues, y qué hará o qué dejará de hacer esta sustancia? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

En esta cuarta entrega, transcribiremos unos últimos apuntes de la obra de Hoffer y Osmond para, acto seguido, dar paso a los testimonios de otros autores e individuos. Al efecto, empezaremos mencionando que los susodichos investigadores ofrecen un informe pormenorizado de las reacciones de un experimentado psiquiatra –el doctor A. B.- ante la administración de 10 mg de adrenocromo vía sublingual y una cantidad indeterminada vía oral. El relato ocupa varias páginas, de modo que, por no extendernos demasiado, seleccionaremos únicamente unos pocos comentarios sobre la misma.

Su reacción se produjo 10 minutos después de la administración, lo cual es típico cuando el adrenocromo se ingiere vía sublingual; y se mantuvo bajo su efecto hasta que 1 gramo de ácido nicotínico le restituyó a su estado normal, pero realmente no recupero la normalidad hasta pasadas semanas o meses[1].

Su experiencia se caracterizó por los siguientes cambios:

Percepción: cambios en las imágenes consecutivas, en la iluminación, en juzgar las distancias, en la visión de lejos, y algunas sensaciones de irrealidad. Los objetos mostraban pulsaciones y la relación entre tamaño y distancia estaba distorsionada. No hubo alucinaciones[2]. El tiempo se volvió inconstante.

Pensamiento-Contenido: Se mostraba irritable, abrupto, con falta de juicio y no se daba cuenta de los efectos que le había provocado la sustancia. De hecho, había concluido que le había sido administrado un placebo.

Procesamiento de la información: No pudo resolver adecuadamente los test más sencillos.

Estado de ánimo: Irritable, abrupto y hostil. A todas aquellas personas que le conocían o que habían tenido contacto previo con él, les resultaba evidente que nunca le habían visto así. […] Sólo después del adrenocromo, su personalidad cambió tanto que no pudo ser reconocido por sus colegas y amigos.

Por último, pondremos el punto y final al relato de las investigaciones y argumentaciones de Hoffer y Osmond con dos breves comentarios que realizan en su libro The allucinogens.

La experiencia psicotomimética inducida por el adrenocromo y la adrenolutina no se parece a la típica de la LSD o la mescalina. Los cambios ocurren primariamente en el pensamiento y en el estado de ánimo. Los cambios perceptivos son sutiles y no obvios. Esto entra en marcado contraste con los cambios visuales que frecuentemente se suceden a la administración de LSD.

Algunos de los cambios producidos por el adrenocromo pueden persistir varios días, y en algunos casos los efectos pueden llevar a resultados casi desastrosos. Estas experiencias con el adrenocromo nos ha llevado a ser muy cautelosos con esta droga, que parece ser tan suave en su acción pero que puede resultar muy peligrosa debido a la falta de insight que produce en algunos sujetos.

                                                                            

Boquiabiertos nos hemos quedado… sobre todo, viniendo estos informes y comentarios de quien vienen. Ahora bien, como ya señalara Samorini, la “teoría del adrenocromo” como explicación de los desórdenes psicológicos de la esquizofrenia, y el tratamiento de este trastorno a base de mega-dosis de vitaminas (que era lo que Hoffer proponía), terminaron por quedarse en el baúl de los recuerdos de la psiquiatría o, directamente, fueron refutados y rechazados por el stablishment psiquiátrico en ulteriores publicaciones. Con ello, cayó también en el olvido –o fue negado- el posible potencial psicoactivo del adrenocromo. Así viene a atestiguarlo otro “capo dei capi” de la drogología, el mismísimo Alexander Shulgin, que, en su celebradísima e imprescindible obra, PIHKAL, declara lo siguiente:

…hubo interés sobre algunos informes que afirmaban que la adrenalina que se había vuelto vieja y descolorida parecía producir efectos en el sistema nervioso central del ser humano. Los productos de la oxidación de la adrenalina fueron identificados como el profundamente colorado compuesto indólico adrenocromo y su descolorido análogo, la adrenolutina. La controversia que crearon estos informes terminó apagándose con el tiempo, y jamás ha sido aceptado que la familia del adrenocromo sea psicoactiva. A día de hoy, nadie en la comunidad científica está investigando sobre éste tema; y, en el presente, se considera tan sólo como una interesante nota al pie de la historia.

Desconcertantes estas controversias y contradicciones entre los científicos y maestros de la psiconáutica… Verdaderamente, nos dejan en punto muerto: si ellos mismos han decidido olvidarse del asunto y dar el tema por zanjado, ¿a quién podemos recurrir ahora para solventar las dudas que aún nos quedan?

Efectivamente, a los consumidores recreativos, a los drogófilos ilustrados, a quienes participan en los diversos foros online contando y compartiendo sus conocimientos, impresiones y experiencias con las drogas. Veamos, pues, qué es lo que nos cuentan.

7 – Ante todo, hemos de empezar diciendo que, en líneas generales, los consumidores de drogas suelen considerar que el adrenocromo es una sustancia perteneciente a la mitología drogológica, una sustancia ficticia o, al menos, una exageración y licencia literaria de Hunter S. Thomson. Hay quien, sin embargo, jura y perjura haberlo catado. En el foro sobre drogas más activo de todos los que hay en habla hispana (el Cannabis Café) podemos encontrar, por ejemplo, dos testimonios. Esto es lo que dicen y así es como lo dicen y lo escriben:

En El Caso Del Adrenocromo Solo Lo Hice Una Ves Y Con Eso Tuve Para Decir ¡ya No Mas! Ya Que Es Una Substancia Que Se Saca De La Glandula Pineal Del Ser Humano Y Es La Descomposicion De La Adrenalina Y Un Amigo Que Conoci En Canada Fue El Que Me Regalo Y De Verdad No Se Ni De Que Pinche Muerto La Saco Por Que Para Conseguir Eso El Muerto Tiene Que Estar Casi Fresquesito.
Mi Experiencia Fue Lo Bastante Como Para Hacer Un Libro De Ella, Recuerdo Que Me Dio Un Pequeño Palillito Para Los Dientes Y Lo Sumergio En Una Substancia Negroide Grisasea Y Me Lo Metio En La Boca Por Que Yo Le Había Preguntado Que Si No Tenia Alguna De Esas Substancias Que Nos Gustan Lsd Y Todo Eso.
Una Ves Habiéndolo Probado Como Una Hora Después Comencé A Sentir Una Tremenda Inquietud Y Un Severísimo Mareo Y Termine Wacareando No Lo Creía Pero Bajé De Ese Trip Como A Los Dos Dias Y Lo Que Me Parecio Increible Fue La Pequeña Cantidad Con La Que Me Puse Hasta El Re-culo Dos Dias Alucinando Cosas Que De Verdad Ni Siquiera Existian Y Termine Trastornado Es Como Ver Tu Muerte En Vida De Una Manera Obviamente Mucho Mas Torcida. Pero Aun Asi Se Lo Agradesco Por Que Me Sirvio De Experiencia Para No Volver A Hacerlo Es El Psychedelico Que Jamás Halla Probado Después De La Dmt

Kaleidoscope, 01/09/2006.

para mi fue una experiencia demasiado fuerte de hecho neta después de hacerlo estoy casi seguro que no lo vas a querer hacer otra ves al menos no en un buen rato y no tanto por que la experiencia sea infernal si no por que es demasiado cansado , tu espalda termina hecha mierda y el dolor es demasiado como si te hubieras aventado 4 gotas de lsd pero bueno en si los visuales son muy diferentes por que con esta madre ves cosas que salen de tu imaginación, cosas que ni siquiera existen es como estar dentro de un videojuego y ver como todo lo que esta a tu alrededor es como de plastilina que respira y al menos yo lo que veía es que a mi compa le salían unos tentáculos larguísimos del pecho que se dirigían hacia arriba y finalizaban en un destello enorme de luz blanca deslumbrante que no podía ver directamente y aparte lo que a mi no me pareció del adreno es que todo el tiempo estas como que nervioso con mucha inquietud como si te hubieras dado unas líneas de coca

Kaleidoscope, 02/09/2006

El 4 de septiembre de 2006 le responde Aland Alejand (un miembro que, curiosa o sospechosamente, se ha registrado y estrenado en el foro ese mismo día).

ver carnal, yo la neta no te creo pero tengo la mente abierta y vivo cerca de donde tu vives, vivo en azcapo y estoy dispuesto a citarte a ver k pedo. Si es k la consigues (k la verdad lo dudo), me escribes a mi mail y nos kedamos de ver donde tu digas, me regalas una poca y la cheko.

Le contesta Kaleidoscope:

a huevo que te parece si nos vemos mañana en viveros floresta a las 3:00 pm? en la glorieta

El 10 de septiembre vuelve a escribir Aland Alejand:

vaya, escribo hasta hoy pork me he topado con este carnal del (kaleidoscope o como se escriba) y es chido la verdad me cayo bien despues de un rato de cotorrearlo, pero vamos a lo k les interesa, este wey me dio veneno, la madre k probe es horrible y lejos de un buen viaje me trajo lokeando por 2 dias y 2 noches, con las experiencias mas horribles k jamas haya porbado enserio. mis papas siguen preguntadome k k fue lo k hice y me kieren hacer estudios. he mandado la otra prueba a un laboratorio hoy y pasado mañana me dan los resultados, pero independientemente de lo k sea no creo k sea para el consumo humano, es algo muy muy fuerte y sigo muy confundido aparte de los problemas k me he buscado con mi padres. Nunca lo prueben, no tiene caso sentirse tan fuera de control, pero yo por kuriosito neta hice unas de las peores pendejadas.
Tengo miedo de ir por los resultados, k tal si me detienen a hacer preguntas, k hago? es seguro ir? k tal si si es, es ilegal sacarlo de humanos no? respondan porfavor!!!

El día 13, Alan escribe lo siguiente:

NNNOOOO MAMEEEEEN esta madre si es adrenocromo bueno eso creo por que en el analisis dice aparte de las estrusturas moleculares que tiene que la neta no entiendoy unos porcentajes de cada uno que tampoco entiende en conclusion dice que es una oxidacion u/o descomposicion de la adrenalina y un leve contenido de cromo pero casi nada no se pero esto pa mi si es adrenocromo

A continuación, hay quien pone en duda la veracidad o el sentido de tales análisis. Los foreros quedan a la espera de que Kaleidoscope cumpla su promesa de enviar unas muestras de la sustancia a uno de los miembros del Cannabis Café… y ahí acaba la historia (como suele pasar en estos casos).

Notas:

1- En otro punto, los autores mencionan lo siguiente: «El 31 de octubre de 1959, cuando regresé a mi casa, A. B. me llevó en coche hasta el tren. Me dijo que ya estaba normal, pero que no lo había estado el día anterior [en el que había tomado el adrenocromo]. Muchos meses más tarde, me dijo que no se recuperó por completo hasta que hubieron pasado dos semanas, pero su mujer sentía que, realmente, le llevó varios meses volver a la normalidad».

2 - Hoffer y Osmond parecen olvidar que el sujeto experimental, A. B., refiere, en diversas ocasiones, sentirse molesto por la «sensación de que los árboles explotaban súbitamente ante sus ojos», lo cual, si bien, pudiera no ser una alucinación en toda regla, probablemente podría definirse como una pseudoalucinación, una ilusión o un claro trastorno de la percepción.

 


 

 

 

Adrenocromo (III)

Se dice, se cuenta, se comenta que el adrenocromo no existe, que existe; que produce efectos psicoactivos, que no los produce; que esto, que aquesto y lo de más allá; que ni lo uno, ni lo otro sino todo lo contrario…. ¿Qué será... será, pues, y qué hará o qué dejará de hacer esta sustancia? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

Habíamos finalizado la entrega precedente exponiendo unos apuntes preliminares sobre los trabajos de Hoffer y Osmond con esta sustancia. En esta ocasión, proseguiremos con la transcripción de parte de sus escritos:

Sumario del relato de un ensayo con adrenocromo (septiembre, 1952), 20-30 horas aproximadamente, condensadas en notas hechas en el momento por el sujeto (Osmond).

Después de que el líquido rojo-púrpura fuese inyectado [0,5 mg] en mi antebrazo derecho sentí un gran dolor. No esperaba que obtuviéramos ningún resultado de un bio-ensayo preliminar, de modo que, a mi juicio, no estaba en un estado de expectativas elevadas. El hecho de que mi presión sanguínea no subiera sugería que no estaba indebida o excesivamente tenso. Después de diez minutos, mientras me encontraba tumbado en un sofá mirando al techo, me di cuenta de que había cambiado de color. Parecía que la iluminación se había vuelto más brillante. Les pregunté a Abe y a Neil si habían notado algo, pero no habían notado nada. Miré alrededor de la habitación y pareció que había cambiado de una forma difícil de definir. Me pregunté si estas cosas no serían más que producto de mi propia sugestión. Cerré los ojos y apareció un brillante patrón de puntos de colores. Los colores no eran tan brillantes como aquellos que había visto con la mescalina, pero eran del mismo tipo. Los patrones de puntos tomaron gradualmente la forma de peces. Sentí que estaba en el fondo del mar o en un acuario entre un banco de peces de colores. En determinado momento, concluí que yo era una anémona en esa piscina. Abe y Neil persistían en preguntarme qué estaba pasando, lo cual me molestaba. Me trajeron un autorretrato de Van Gogh para que lo mirara. Nunca había visto un dibujo tan plástico y vivo. Van Gogh me contemplaba desde el papel, con la cabeza rapada, con dolor y mirada de loco; y parecía tridimensional. Sentía que podía acariciar la tela de su traje y que él se giraría dentro del marco. Neil me enseñó las cartas de Rorschach. Su textura, su apariencia de bajorrelieve, y las extrañas y divertidas formas que nunca antes había visto en las cartas eran extraordinarias.

Mis experiencias en el laboratorio eran, en general, placenteras, pero cuando salí, encontré los pasillos exteriores siniestros y hostiles. Me pregunté qué significaban las grietas en el suelo y por qué había tantas. Cuando salimos por las puertas del hospital, que conocía bien, me resultó hosco y desconocido. Mientras conducíamos por las calles, las casas parecían tener algún significado especial, pero no puedo decir cual era. En una ventana vi una antorcha encendida y me quedé asombrado por su brillo y su gracia. Dirigí la atención de mis amigos hacia ella, pero no les impactó lo más mínimo.

Llegamos a la casa de Abe, donde me sentí desconectado de la gente, pero no infeliz ni triste. Sabía que debía discutir la experiencia con Abe y su mujer, pero no me apetecía. No sentía ningún interés especial hacia nuestro experimento ni satisfacción por nuestro éxito, aunque me dije a mí mismo que era muy importante. Antes de irme a dormir noté que las visiones de colores retornaban cuando cerraba los ojos (normalmente, cuando estoy cansado, tengo visiones hipnagógicas después de estar varios minutos en una habitación oscura). Dormí bien.

A la mañana siguiente, aunque sólo había dormido unas pocas horas, la vida me parecía bonita. Los colores eran brillantes y tenía buen apetito. Era completamente consciente de las posibilidades que se derivaban de nuestro experimento. El color tenía un significado extra para mí. Las voces, el ruido de la máquina de escribir, cualquier sonido era muy claro. Con aquellos que no apreciaban la importancia del nuevo descubrimiento fácilmente me podría haber puesto irritable, pero fui capaz de controlarme.

Segunda experiencia de Osmond con el adrenocromo (1953).

Tomé 5 mg de adrenocromo, esta vez porque pensábamos que se estaba deteriorando.

Únicamente divisé unos pocos patrones visuales con los ojos cerrados. Tenía la sensación de que había algo maravilloso esperando para ser visto, pero no pude verlo de ninguna manera. De todos modos, en el mundo exterior todo parecía más hostil y el Van Gogh era tridimensional. Empecé a sentir que estaba perdiendo contacto con todo. Mi hermana telefoneó y, aunque normalmente me alegra oír su voz, no pude sentir ninguna calidez ni felicidad. Observé a un grupo de pacientes bailando y, aunque me gusta ver bailar a la gente, con el interés y la envidia de quien es torpe con sus pies, no tuve ningún tipo de sentimiento.

Conduciendo de vuelta a casa de Abe, un transeúnte pasó por la carretera enfrente de nosotros. Pensé que podríamos atropellarle y mirarle con curiosidad y desapego. No sentía la menor preocupación por la víctima. No le atropellamos.

Comencé a preguntarme si seguía siendo una persona y pensé que podría ser una planta o una piedra. Mis sentimientos y mi interés hacia los humanos disminuían según aumentaban mis sentimientos hacia los objetos inanimados. Sentía indiferencia hacia las personas y tenía que frenarme para no hacer comentarios desagradables sobre ellas. No me sentía inclinado a decir más que aquello que observaba. Si me preguntaban si me gustaba un dibujo decía lo que sentía y despreciaba el sentimiento del interlocutor.

No quería hablar y me sentía más confortable mirando al suelo o a una lámpara. El tiempo parecía no tener importancia. Dormí bien esa noche y me desperté sintiéndome animado, pero aunque tenía que acudir a un encuentro, no me di la menor prisa en hacerlo. Al final, más o menos tuve que ser sacado de la casa de Abe. Tenía que recoger mi coche en un garaje cercano donde estaba siendo reparado. Hubo algún problema para encontrarlo y, cuando me vi sentado en el asiento del conductor me di cuenta de que no estaba en condiciones de conducir. Sin embargo, no me sentí ansioso o estresado sino que persuadí al propietario del garaje para que me llevara hasta mi destino. Creo que, normalmente, me habría sentido humillado ante una situación así. No me sentí humillado.

Acudí al encuentro científico y, a lo largo del mismo, escribí esta nota: "Querido Abe, esta maldita cosa sigue haciendo efecto. Lo curioso del asunto es que el stress reaviva los efectos, alrededor de 15 minutos. Tengo la sensación de que hubiera un muro de cristal entre mi persona y el mundo exterior. Es una sensación fluctuante, casi intangible, pero sé que está ahí. No estaba ahí hace tres cuartos de hora; el menor stress vino al recoger el coche. Ahora tengo la sensación de que no conozco a nadie aquí; absurda, pero desagradable. También algunas ligeras ideas de referencia, que provienen de mi sensación de excentricidad. Acabo de empezar a preguntarme si mis manos están escribiendo esto, una locura, por supuesto".

Fluctué durante el resto del día. Mientras era llevado a casa por mi colega psicólogo, Mr. B. Stefaniuk, descubrí que no era capaz de relacionar las distancias y el tiempo. Podía ver un vehículo a lo lejos, en la carretera, pero no sabía con certeza si íbamos a colisionar con él. Hicimos una parada en el camino para tomar un café y me sentí molesto y perturbado por las miradas de soslayo y encubiertas de un hombre siniestro. No estaba seguro de si ese hombre me estaba mirando así o no. Salí fuera a ver dos coches destrozados que habían sido traídos hasta un garaje cercano. Me sentí profundamente preocupado por ellos y por el destino de sus ocupantes. Sólo haciendo un esfuerzo pude dejar de mirarlos y marcharme. Parecía que estuviera involucrado de alguna manera con ellos.

Más tarde, avanzado el día, sonó el teléfono cuando llegué a casa. No le presté atención y dejé que sonara sin cogerlo. Normalmente, no importa lo cansado que esté, siempre lo cojo.

Por la mañana sentí que volvía a ser yo mismo.

A continuación, incluiremos unas breves notas de Hoffer al respecto del comportamiento observado en Osmond tras haber tomado adrenocromo:

El cambio en Osmond -que se caracterizó por una fuerte preocupación por los objetos inanimados, por un marcado rechazo a comunicarse con nosotros, y por una fuerte resistencia ante nuestros requerimientos- entraba en llamativo contraste con su habitual comportamiento social.

En el segundo bio-ensayo, el cambio más notable fue su retiro y separación del resto de las personas. Tras la sesión de laboratorio, fuimos a la casa de Hoffer. Osmond entró, encontró una silla y permaneció sentado en ella durante aproximadamente una hora en la que permaneció absorto examinando la alfombra. No saludó al grupo de personas que estaban en la casa ni entró en conversación con ellas.

Osmond estaba ansioso y asustado por retirarse. Por la mañana se distraía con facilidad. Tardó dos horas en vestirse.

Resumiendo, los cambios que notamos fueron: preocupación por los objetos inanimados, negativismo, debilitamiento de los procesos asociativos, ansiedad y distractibilidad.

Más adelante, Hoffer y Osmond comentan lo siguiente:

Taubmann y Jantz razonaron que el adrenocromo administrado vía sublingual llegaría al cerebro habiendo sufrido un menor proceso de deterioro que cuando se administra vía endovenosa. Creían que llegaría al cerebro directamente a través de las venas sublinguales, lo mismo que se cree que la novocaína llega antes al cerebro por esta ruta. Muchos euforizantes son comúnmente absorbidos por la mucosa oral, por ejemplo, la coca, el betel, el hachís. En consecuencia, ellos administraron debajo de la lengua 3 mg de adrenocromo en forma de polvo. El adrenocromo produjo una sensación corrosiva. Pasados 10 minutos, los sujetos notaban una ligera sensación de calidez en la cara y hormigueo en los dedos. Con frecuencia se quejaban de un dolor moderado en la zona del corazón. Todos los síntomas somáticos desaparecían a los 30 minutos. Los cambios psíquicos ocurrieron a partir de los 10 minutos. Variaban de persona en persona e, incluso, en la misma persona entre una administración y otra. La depresión era más frecuente que la euforia.

Ocurrieron marcados cambios en la percepción visual. El color de los objetos cambió en calidad y apareció peculiar o extraño y desproporcionado. Los objetos distantes parecían estar demasiado cerca. Fue apreciado movimiento en objetos estáticos. No se observaron desórdenes en el área del pensamiento y la consciencia. Todos los cambios cesaron pasada media hora. […] Su adrenocromo, cristalizado muy rápidamente a la temperatura del dióxido del carbón líquido, era menos activo que el adrenocromo precipitado a temperaturas más altas.

En cualquier caso, los mejores estudios psicológicos con humanos fueron llevados a cabo por Grof. S. et al (1963). […] Las dosis de adrenocromo variaron de 15 a 30 mg sublinguales. […] Los autores, finalmente, concluyeron que los cambios en el pensamiento inducidos por el adrenocromo eran similares a los observados en la esquizofrenia.

Referencias:

HOFFER, A. & OSMOND, H. Adrenochrome and some of its derivates. En: The Allucinogens. Academic Press, New York and London; 1967. pp 267-442.

GROF, S et al. (1961). Activitas Nervosa Super. 91: 636.

GROF, S. et al. J. Neuropsychiat. 5:33.

 

Alucinógenos y espiritualidad: estudios científicos

Por Dr. José Carlos Bouso

Wasson y María SabinaWasson y María Sabina

Terminaba el anterior artículo de esta sección comentando los resultados de un estudio realizado con MDA (3,4-metilendioxianfetamina; no confundir con MDMA) en el que se habían estudiado los mecanismos perceptivos que podían estar en la base para explicar las visiones inducidas por alucinógenos y explicando cómo, por diferentes razones, no se había llegado a conclusiones claras, pero que uno de los resultados que se encontró al evaluar los efectos subjetivos inducidos por la sustancia fue que los sujetos puntuaron alto en una escala de misticismo, y adelanté que el siguiente artículo, o sea, éste, versaría sobre las diferentes investigaciones que se están realizando hoy día precisamente para evaluar la capacidad de los alucinógenos para inducir experiencias de tipo espiritual que puedan tener como efecto principal a largo plazo un cambio a mejor en la personalidad de los iniciados. Allá voy, pero antes permítaseme hacer un repaso histórico-antropológico al asunto para que, entendiendo las raíces culturales de este tipo de investigación, el lector pueda formarse una idea propia acerca de las implicaciones sociales que este tipo de investigación tiene, cualesquiera que estas sean. No hace falta recordarle al lector que las ciencias humanas no son neutras, los temas que se investigan necesariamente obedecen al contexto cultural en el que están inmersas, y la ciencia psiconáutica, en cuanto a tal, no se escapa a ese axioma.

Stephan Beyer, en su monumental libro titulado Singing to the plants[1], probablemente la mejor y más actualizada enciclopedia-guía publicada a día de hoy sobre chamanismo vegetalista, explica cómo es el alma, no el espíritu, el verdadero paisaje del chamanismo: "Los chamanes lidian con la enfermedad, la envidia, la malicia, la traición, la pérdida, el conflicto, el fracaso, la mala suerte, el odio, la desesperación y la muerte -incluso la suya propia. El propósito (cursiva del autor) del chamán es morar en el valle del alma -curar lo que se ha roto en el cuerpo y en la comunidad." Sin embargo, nos explica Beyer, el estudio del chamanismo moderno lo inauguró Mircea Eliade con su famoso libro El chamanismo y las técnicas arcaicas de éxtasis, en el que se nos cuenta un chamanismo "esencialmente caracterizado por la ascendencia a los cielos, el éxtasis, el vuelo del alma y los viajes fuera del cuerpo al reino del espíritu", una visión que ha trascendido el trabajo pionero de Eliade llegando hasta nuestros días. Continúa Beyer: "su ampliamente citado tratado sobre chamanismo está lleno de referencias al cielo, a la ascensión, a lo vertical más que a lo horizontal". Pero donde se juega la vida el chamán en realidad en su práctica cotidiana no es en la ascensión, cuando sube al reino del espíritu, sino en el viaje horizontal, cuando se adentra en el terreno del alma. Y en este error es en el que cae el etnomicólogo aficionado Robert Gordon Wasson cuando "descubre" a María Sabina en las montañas mazatecas de Oaxaca. Tal y como nos explica Beyer, los niños santos de María Sabina no se utilizaban para buscar a dios, los niños santos los utilizaban María Sabina y sus congéneres chamanes mazatecos para curar enfermedades, para resolver problemas comunitarios, para, jugándose la vida, lidiar en los mundos del alma. Pero a Wasson el mundo del alma no le interesaba, a él le interesaba, como buen protestante, el mundo del espíritu, por eso cuando desveló el misterio de los hongos su narración versa menos sobre el trabajo de María Sabina y más sobre su experiencia subjetiva con los honguitos en aquella velada que María Sabina le ofrendó. Wasson y sus amigos no tomaron los hongos porque sufrieran una enfermedad, los tomaron porque querían encontrar a dios, pero encontrar a dios no es el propósito del chamanismo, ni el uso del que hacían los mazatecos de los niños santos. “Para encontrarse con dios uno va a la iglesia”, decía María Sabina. Por eso, desde que los hongos fueron profanados, desde que Wasson y sus secuaces les despojaron de su verdadera utilidad, los niños santos dejaron de hablarle a María Sabina, dejaron de funcionar. Nos cuenta Beyer cómo Wasson fue claramente a México buscando una experiencia mística y cuando se encontró a María Sabina, efectivamente la tuvo, al margen del uso tradicional que ella hiciera de los hongos psilocibios.

Maria Sabina y PoloniaMaria Sabina y Polonia

Si el lector me permite abrir un paréntesis, me gustaría, ya dejando a Beyer y antes de entrar definitivamente en temática, explicar la turbación que me produce la incomprensible paradoja de cómo la intelectualidad enteogénica ha tratado de manera tan diferente e injusta la obra y figura de Carlos Castaneda en relación a la de Wasson. Quizás porque el propio Wasson en vida criticó con dureza a Castaneda y quizás porque esas críticas han perdurado en los discípulos de Wasson, obsesionados todos por menospreciar, cuando no claramente despreciar, el trabajo de Castaneda, en relación, eso sí, siempre, al de Wasson. No solo esto es turbador: lo más perturbador de todo es asistir a cómo el término enteógeno, propuesto por Wasson y sus colaboradores de entonces, ha sido tan ciega y acríticamente aceptado. Pereciera como si la contracultura psiconáutica careciera de criterio para juzgar unos hechos de manera racional, quedando tan tergiversados que lo justo es injusto, y viceversa, y lo especulativo rigurosidad, y al revés. Wasson ha pasado a la historia como el gran "descubridor" de una tradición fúngica que se creía perdida en la historia y Castaneda, por su parte, como el gran estafador. No sabemos si la saga de Las enseñanzas de Don Juan es ficción o antropología, pero lo cierto es que están basadas en su tesis doctoral sobre chamanismo mexicano, mientras que Wasson era un simple aficionado; y lo cierto es que Castaneda explica técnicas y rituales que pueden encontrarse en cualquier ritual chamánico, aparte de describir plantas alucinógenas ampliamente usadas en chamanismo. ¿Todo es invención de Castaneda o lo que hizo fue alterar datos, localización de lugares, técnicas y demás información para que no se pudiera localizar ni a Don Juan ni a la comunidad a la que pertenecía? ¿Acaso Castaneda en lugar de jactarse por haber "descubierto" una tradición lo que hizo fue "traicionar", no con el fin de engañar al lector, sino con el de proteger una tradición que, como nos había enseñado Wasson una década antes, es culturalmente frágil? ¿Cómo es posible que el que ha salvaguardado la identidad de sus informantes haya pasado a la historia como un farsante y el que hizo público un "descubrimiento", haciendo gala del más despreocupado colonialismo, haya pasado a la historia como un héroe? Y lo más rocambolesco: el antropólogo profesional, para no causar daño, escribe literatura aún a costa de ser desprestigiado mientras que el aficionado, ávido de reconocimiento, cuenta a sus conciudadanos, aprovechando la enorme tirada de la revista Life[2], no que aún existen prácticas ancestrales, sino que aún existen conquistadores que descubren nuevos mundos, por mucho que esos mundos fueran más viejos que los de los conquistadores. De hecho, después de que Wasson pasara por Huautla, dejó un reguero de envidias que se manifestaron, entre otras cosas, en que a María Sabina le quemaran la casa varias veces y fuera otras tantas despreciada por los miembros de su propia comunidad, sin que Wasson nunca viniera en su ayuda. Esto en cuanto a las personalidades de cada cual y sus respectivas obras científico-literarias. Respecto al término enteógeno, ya roza el cachondeo que un término propuesto por alguien que ejerció el colonialismo cultural y que no describe una realidad cultural sino una visión etnocéntrica de unas prácticas chamánicas, además cargada de ese contenido tan radicalmente protestante, haya calado tan hondo en la comunidad psiconáutica internacional. En el paroxismo del sinsentido se encuentra ya la defensa de que el término enteógeno, según los defensores de este término, no hace referencia a una categoría farmacológica de drogas, sino a un contexto cultural en el que se toman, y ese contexto cultural generalmente es ritual y situado en culturas indígenas. De esta forma, drogas de farmacología tan diferentes como la hoja de coca o la ayahuasca serían enteógenos cuando su uso se produjera dentro de un contexto cultural indígena. El sinsentido viene cuando precisamente en los contextos tradicionales en los que se toman drogas buscan cualquier cosa excepto comunicarse con dios, sea este un dios interior o exterior. Los contextos tradicionales buscan curar, lidiar con males físicos y sociales, no tener experiencias místicas. Los únicos que buscan experiencias místicas con drogas son los occidentales, luego el término enteógeno, de servir para algo, debería quedar circunscrito al uso occidental de drogas con fines místicos, y dejar en paz al resto de los contextos, sobre todo los chamánicos. Después de todo, el principal artífice de la creación del concepto, Wasson, creó un término a la medida de su realidad, no para describir un fenómeno externo a él. Una vez entendido esto, estamos ahora en mejor disposición para entender por qué la ciencia occidental hace estudios con alucinógenos evaluando su acción misticomimética. Esto es, porque obedece una tradición cultural teocéntrica, donde la espiritualidad es la unión con lo divino, y nada más. Asumamos esto tal y como es: nuestras experiencias místicas están culturalmente determinadas, y las drogas simplemente nos permitirán el acceso a esa realidad cultural. Dentro de ninguna droga existe encapsulado ningún dios, igual que no existe dentro de nadie esperando a manifestarse cuando ese alguien se drogue. Lo que existe es una tradición cultural religiosa que condiciona el uso que hacemos de las drogas. Por eso, el término enteógeno sólo es preciso si se aplica occidente, algo contrario a su espíritu, que se pensó para contextos chamánicos. Lo dicho, un sinsentido.

Timothy Leary y Richard Alpert (Ram Dass)Timothy Leary y Richard Alpert (Ram Dass)

Huxley definió la experiencia psiquedélica como "gracia gratuita", por eso fue quién mejor supo entender que, debajo de la experiencia en realidad, había un sustrato cultural sobre el que actuaba la sustancia, de ahí que, lejos de caer en explicaciones teológicas respecto al mecanismo de acción de los alucinógenos, propusiera una explicación fisiológica de la que ya hablamos en artículos previos. Huxley fue el padrino psiquedélico de Tim Leary, quien, fascinado por ese estado de "gracia", ideó el primer estudio científico para comprobar que, si se elegía el contexto y las personas adecuadas, el "espíritu encapsulado" de los niños santos de María Sabina, la psilocibina, podía inducir experiencias místicas en los iniciados. Hay que entender que esta obsesión de los americanos por demostrar unas propiedades místicas de una sustancia no se deben a otra cosa que al peso enorme que tiene la religión en ese país, de ahí que haya sido el único país en el que, hasta el momento, la investigación psiquedélica haya estado orientada hacia el misticismo.

El experimento, conocido mundialmente como Experimento del Viernes Santo, formaba parte de la tesis doctoral de un alumno de Leary, el estudiante de teología William Pahnke. Pahnke diseñó un cuestionario que evaluaba las siguientes 9 categorías, pertenecientes a una experiencia mística de acuerdo al conocimiento en misticismo de autores reconocidos en la temática: Sentimientos de unidad interna y externa, Trascendencia de espacio y tiempo, Estado de ánimo profundamente positivo, Sentimiento de sacralidad de la experiencia, Realidad objetiva (la experiencia, objetivamente, es real), Paradojicidad, Inefabilidad, Trascendencia, y Cambios positivos persistentes en las actitudes y la conducta[3]. Durante una ceremonia oficiada la noche de Viernes Santo de 1962 en una iglesia de Boston, a la mitad del grupo de voluntarios se le dio 30 mg de psilocibina y a la otra mitad ácido nicotínico, un placebo activo que imita los síntomas fisiológicos de la psilocibina pero que carece de efecto psicológico. En 8 de las 9 categorías citadas hubo diferencias significativas entre el grupo experimental y el de control (la única similitud fue en la categoría "estado de ánimo positivo", en la que no hubo diferencias entre grupos). Lo más sorprendente de todo es que, a los 6 meses, la diferencia entre grupos no solo se mantuvo, sino que aumentó ligeramente. Sin embargo las cosas no fueron tan bonitas como se reportaron en los informes científicos ya que, un sujeto del grupo psilocibina, tuvo un brote psicótico y tuvo que ser medicado. Si bien los resultados, en términos estadísticos, de este estudio fueron irreprochables, no ocurrió lo mismo con los reportes subjetivos de los voluntarios, donde, aparte del caso ya mencionado, muchos manifestaron haber atravesado experiencias difíciles, reportes que no se publicaron. Un seguimiento, realizado por Rick Doblin 27 años después, encontró que, a pesar de las experiencias difíciles por las que atravesaron los participantes, seguía habiendo diferencias entre los grupos respecto al impacto vital positivo que tuvo el famoso experimento[4].

Más de 40 años después del famoso experimento del viernes santo, el equipo del reputado psicofarmacólogo Roland Griffiths, de la Universidad John Hopkins, reinició la investigación misticomética con psilocibina. Se pretendía replicar el famoso estudio de Pahnke, esta vez con técnicas metodológicamente modernas, y con un cuidado exquisito en el diseño experimental. A día de hoy, se han publicado ya varios artículos científicos con los resultados de estos experimentos. El primero de ellos, en el que se administró una dosis de aproximadamente 30 mg de psilocibina a voluntarios orientados espiritualmente, pues se seleccionaron a personas que estuvieran previamente involucradas en algún tipo de práctica exporitual, y 40 mg de metilfenidato a modo de placebo activo, replicó los resultados de Pahnke de entonces: la psilocibina indujo una experiencia mística a 22 de los 36 voluntarios que participaron en el estudio que calificaron como la experiencia más significativa y espiritual de sus vidas[5], experiencia que se mantuvo como significativa en un seguimiento 14 meses después[6] y que se manifestó en cambios en positivo de personalidad evidenciables con cuestionarios al uso[7]. Un estudio posterior, en el que se administraron diferentes dosis de psilocibina, evidenció, a su vez, que solo las dosis altas inducen experiencias espirituales[8]. Es interesante también constatar que 4 de los 26 voluntarios también tuvieron una experiencia mística con los 40 mg de metilfenidato, algo que dice mucho de lo potente que es el efecto placebo. Por último, si bien fisiológicamente la psilocibina se mostró segura, alrededor del 40% de los voluntarios de estos estudios atravesó por experiencias calificadas como de extrema ansiedad y miedo, que se resolvieron positivamente. Un dato a tener muy en cuenta antes de pregonar a los 4 vientos la inocuidad de estas sustancias. Probablemente el hecho de que el entorno estuviera muy bien cuidado pone de manifiesto que, aún así, las experiencias con psilocibina pueden ser bastante contundentes. También es cierto que ninguno de los voluntarios tenía experiencia previa con ningún enteógeno (término, que para este tipo de estudios concretos, sí parece adecuado). Como se mencionaba al principio de este artículo, el otro estudio en el que se ha evaluado la experiencia mística tras la administración de un alucinógeno ha sido el del grupo de Baggott, donde se administró MDA[9].

En resumen, parece científicamente demostrado que los alucinógenos como la psilocibina o la MDA, inducen experiencias de tipo místico, que promueven cambios positivos en la personalidad y que dichos cambios se mantienen en el tiempo. Los autores de estos estudios discuten el valor de este tipo de experiencias en el tratamiento de algunos trastornos mentales, como son la adicción a drogas o las situaciones de depresión y ansiedad que padecen personas diagnosticadas de enfermedades incurables y que se encuentran en fase terminal. Pareciera como si, debido a nuestro devenir cultural, el sentirse parte de algo más grandioso que nuestra idiosincrásica identidad, redujera nuestra sensación de encapsulamiento, y que ese sentirse unido a todo lo que de vivo nos rodea pudiera aliviar nuestras cargas existenciales y con ello permitirnos vivir una vida más plena. El siguiente artículo de esta sección revisará estos estudios terapéuticos que, hoy día, se están desarrollando con alucinógenos y evaluará críticamente los logros alcanzados, así como los retos que se pretenden alcanzar.

 


[1] http://www.singingtotheplants.com/

[2] http://www.imaginaria.org/wasson/index.htm

[3] http://www.erowid.org/entheogens/journals/entheogens_journal3.shtml

[4] http://www.druglibrary.org/schaffer/lsd/doblin.htm

[5] http://www.erowid.org/references/texts/show/6693docid6202

[6] http://www.erowid.org/references/texts/show/7339docid6508

[7] http://www.maps.org/w3pb/new/2011/2011_Maclean_23187_1.pdf

[8] http://www.maps.org/w3pb/new/2011/2011_Griffiths_23179_1.pdf

[9] http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0014074

 

Adrenocromo (II)

Se dice, se cuenta, se comenta que el adrenocromo no existe, que existe; que produce efectos psicoactivos, que no los produce; que esto, que aquesto y lo de más allá; que ni lo uno, ni lo otro sino todo lo contrario…. ¿Qué será... será, pues, y qué hará o qué dejará de hacer esta sustancia? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

En el artículo anterior nos habíamos quedado con las declaraciones autobiográficas de Arizona Wiler: Escalofriantes… aterradoras… tan sólo que, si Hunter S. Thompson iba y escribía colocado hasta la médula y contaba lo que le venía en gana siguiendo las directrices de un sub-género periodístico y literario que él mismo se había sacado de la manga, la señorita Wilder, más allá de lo accidentada que haya podido ser su vida y de lo mucho, poco o nada que, en realidad, haya podido intervenir como víctima y verdugo en los mencionados rituales, está, lisa y llanamente, como las mismísimas marcas de Machín. Y así viene a demostrarlo el hecho de que las declaraciones que acabamos de transcribir formen parte de un testimonio más extenso y completo en el que la susodicha pretende revelar al mundo los intríngulis, tejemanejes y pormenores de los modos de operar de los Illuminati y reptiloides en el planeta Tierra. En otras palabras: conspiranoia -pura, dura y elevada a su más alto y delirante extremo- que, inexorablemente, invalida el relato al completo, poniendo en tela de juicio cualquier posible hecho, declaración o argumento que pudiera tener el más mínimo viso de ser real, verídico o certero[1].

Una vez más, por lo tanto, mera patraña.

¿O no?

Pues no del todo, ya que, al parecer, las alusiones que, tanto Thompson como Wilder, hacen al respecto del adrenocromo y su vinculación con el satanismo, los rituales, la tortura y el canibalismo, resultan no ser tan gratuitas ni fantasiosas como, en un principio, pudiera pensarse… al menos, si tomamos en consideración que se ven fielmente reflejadas en los datos y argumentaciones que aportan otros individuos cuya reputación, fiabilidad y estabilidad mental está muy lejos de ser puestas en duda por nadie. Veamos, al efecto, la siguiente referencia:

4 –       La sustancias psicoactivas producidas por el cuerpo humano son numerosas y probablemente todavía quedan muchas por descubrir. Son producidas por diversos órganos y tejidos, desde la epífisis a las glándulas suprarrenales, y se distribuyen por todo el cuerpo a través del torrente sanguíneo. En cada momento de la vida de una persona su cuerpo contiene millares de moléculas psicoactivas de efectos sedantes, alucinógenos, euforizantes o estimulantes.

[…]

La adrenalina es la droga simpáticomimética por excelencia, aumenta la presión arterial y el latido cardiaco y es una molécula que con toda probabilidad está involucrada en los efectos psicoactivos de diferentes “preparaciones” caníbales. En la abrumadora mayoría de casos de antropofagia, la víctima humana está cargada de adrenalina, puesto que esta hormona se produce en grandes cantidades en las glándulas suprarrenales precisamente en los momentos de terror como son los momentos que anteceden a la matanza brutal de la víctima. Es por ello que adquiere un sentido la también frecuente tortura de la víctima antes de sacrificarla, pues induce una hiper producción de adrenalina y de sus productos metabólicos. Los ngarrindjeri australianos –por ejemplo- descubrían mediante profundas heridas las glándulas suprarrenales para rascarlas y comérselas teniendo cuidado de mantener a la víctima en vida, habían optimizado el descubrimiento de las propiedades estimulantes de la “grasa renal” potenciándolo con esta técnica, no sólo atroz sino también eficazmente.

Son particularmente interesantes algunas sustancias de la cadena metabólica de la adrenalina, en particular el adrenocromo, producido por la descomposición de la adrenalina y sospechoso de estar involucrado en los mecanismos patológicos de la esquizofrenia. Sus propiedades psicoactivas fueron constatadas en los años 1950, pero acto seguido fueron puestos en duda y actualmente la cuestión está en suspenso. Sin embargo, es difícil ignorar la mole de auto experimentos controlados y de datos anecdóticos sobre el adrenocromo y es bastante probable que en la cadena metabólica adrenalina-adrenocromo-adrenovolutina realmente haya algo psicoactivo.

Glándulas suprarrenalesGlándulas suprarrenales

Palabras de Giorgio Samorini, renombrado etnobotánico italiano, autor, entre otras obras, del libro Animales que se drogan.

Ufff… el temita empieza a ponerse emocionante… de modo que, si les parece, peguémonos un subidón de adrenalina escuchando el post-punk gótico de Sisters of Mercy y luego prosigamos con nuestras diatribas:

5 – Adrenochrome:

We’ll turn away in a passive decision
We’ll take the steps through the unmarked door
A look back for another collision
But the boys of the spires
Are boys no more

Not black and red boys
Frightened by the night
By the catholic monochrome
The catholic girls now
Stark in their dark and white
Dread in monochrome
The sisters of mercy
High tide
Wide eyed
Sped on adrenochrome
For the sisters of mercy
Filled with
Panic in their eyes
Rise
Dead on adrenochrome

We had the power
We had the space
We had a sense of time and place
We knew the words
We knew the score
We knew what we were fighting for
For the freedom
The time to choose
But time to think
Is time to lose
The signals clash
And disappear
The shade too loud
And the sound unclear
For the

High tide
Wide eyed
Dread in monochrome
Denied in spite
Disliked in monochrome
Panic in their eyes
Rise
Dead and monochrome
The sisters of mercy
Spite
On adrenochrome

The way is clear
The road is closed
The damage done
And the course
Imposed you[2]

Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaw… esto nos ha puesto como una puta moto… si, ahora mismo, nos hincara el diente un guerrero mandinga se correría de gusto con la cantidad y la calidad del contenido de nuestras glándulas suprarrenales. ¡Vamos a tope, ja, ja, ja! Pero bueno, venga, ya está bien, vamos a relajarnos, que hay que centrarse, que tenemos un artículo entre manos y a este paso no lo vamos a acabar nunca. Volvamos, pues, sobre nuestros pasos y retomemos las pistas que veníamos siguiendo.

6 – Il caro amico Giorgio se refiere, concretamente, a la “hipótesis del adrenocromo” como causante de los desórdenes psicológicos propios de la esquizofrenia. Dicha teoría fue formulada en los años 50 por Abram Hoffer (psiquiatra y bioquímico canadiense) y Humphry Osmond… Si, han leído bien, Os-mond: nada más y nada menos que el psiquiatra británico que acuñó el término “psiquedélico”; el mismo que dedicara su vida a la investigación médica de las sustancias psicoactivas; aquel que le pasara a Aldous Huxley las dosis de mescalina que llevarían al escritor inglés a redactar Las puertas de la percepción. En otras palabras: en esta ocasión no estamos hablando de ningún freaky, de ningún zumbao… sino de un científico en toda regla y de un auténtico peso pesado en el ámbito de la psiconáutica. Y resulta que esto es, entre muchas otras cosas, lo que viene a decirnos al respecto de esta presunta droga que a tantos nos trae de cabeza:

Nosotros [Hoffer y Osmond] y nuestras esposas fuimos los primeros seres humanos que se administraron adrenocromo. […] El primer sujeto (A. Hoffer) recibió, vía subcutánea, lo que supusimos que era 1 mg en un ml de agua. Esto da lugar a un líquido de color similar a un fino vino de Oporto. La inyección vino acompañada de un penetrante y persistente dolor en la zona de punción. No hubo cambios psicológicos reconocibles. La presión sanguínea y el pulso, tomados cada cinco minutos durante media hora tampoco mostraron cambios.

El segundo sujeto (H. Osmond) recibió lo que creíamos que eran 0,5 mg. De nuevo, no se constataron cambios en la presión sanguínea pero se produjeron marcados cambios psicológicos.

Posteriores bio-ensayos con nuestras mujeres y con nosotros mismos –usando 1 mg subcutáneo- produjeron resultados menores, aunque, en ese momento, parece que nuestro adrenocromo, que es muy inestable[3], estaba empezando a deteriorarse. Cinco miligramos de esta disolución en proceso de deterioro le fueron administrados a H. Osmond y produjeron una reacción desagradablemente prolongada.

En tanto en cuanto las inyecciones subcutáneas eran tan dolorosas, la primera inyección intravenosa le fue administrada a un voluntario, Mr. C. R. Jillings, psicólogo clínico. Pensamos que el adrenocromo administrado por esta vía sería mucho menos doloroso. Así pues, 1 mg de adrenocromo fue diluido en 2 ml de suero fisiológico e inyectado en le vena antecubital derecha. Casi inmediatamente después de la inyección, Jillings sintió un dolor severo que se extendía a lo largo de su brazo hasta llegar a la zona precordial. Esto duró diez minutos y vino acompañado de palidez y sudoración. No hubo efectos psicológicos evidentes aparte de la alarma y la congoja en los investigadores. Más tarde, fue descubierto que, si la solución de adrenocromo se mezcla con sangre de la vena del paciente, el dolor, usualmente, puede ser evitado por completo.

Posteriormente, Hoffer y su mujer tomaron cada uno 10 mg por vía intravenosa y experimentaron marcados cambios, especialmente en el área afectiva y en el comportamiento. Hoffer se volvió hiperactivo, mostró juicio empobrecido y carencia de insight [no era consciente de estar bajo los efectos de una sustancia ni de los cambios que la administración de la droga le había provocado]. La mujer de Hoffer estuvo profundamente deprimida durante cuatro días, en unas condiciones que eran indistinguibles de la depresión endógena. Esta desagradable experiencia se vio agravada por la falta de insight, puesto que era incapaz de relacionar su depresión con la inyección de adrenocromo, aun cuando, el cambio en su estado de ánimo se produjo inmediatamente después de la punción.

Para aquellos que estén familiarizados con la mescalina y la dietilamida del ácido lisérgico, quisiéramos enfatizar que, en razón de la escasa experiencia que tenemos, pareciera que el adrenocromo es más insidioso que estos dos alucinógenos, sus efectos duran más y, posiblemente como consecuencia de ello, su administración viene acompañada de falta de insight. Dado que esto puede traer consigo serios resultados, los experimentadores deben vigilar a sus sujetos experimentales muy cuidadosamente.

Notas:

1 - Para quienes no estén al tanto de estas chorradas les resumiremos la película –a salto de mata- haciéndoles saber que los reptiloides son algo así como una especie inteligente que cohabita el planeta con los humanos, siendo su origen extraterrestre o pre-humano, y siendo su objetivo la dominación del mundo y el sometimiento de nuestra estirpe. Todo ello, viene a entremezclarse, en las modernas teorías conspiranoicas, con la sociedad secreta de los Illuminati, viniendo a afirmarse que el globo terráqueo estaría gobernado, desde hace siglos, por sagas de reptiloides que, bajo apariencia humana, ostentan los más altos cargos de poder en el orbe y bla, bla, bla, bla. En fin… un chocho de cojones, casi tan absurdo, incoherente y ridículo como los autos de fe de católicos, musulmanes, judaitas y toda la puta pléyade de sectas, religiones, hermandades, cofradías y congregaciones a las que -alegre, abnegada, y demasiadas veces, hipócritamente- se adhieren tantos y tantas… humanoides.

 

2 - Ésta no es más que una de las innumerables referencias culturales que existen en torno al adrenocromo: canciones dedicadas a la propia sustancia, grupos musicales que toman su nombre prestado, vías de escalada que se denominan así, infinidad de nicknames en Internet que aluden esta supuesta droga, chicas que la toman como mote para anunciarse en la Web (Adrenochromo, 12 peracings, 15 tatoos, bisexual…), etc., etc., etc.

 

3 - Ha de tenerse en cuenta que, en este punto, los autores se refieren a los primeros experimentos con la sustancia. Posteriormente, según sus propias declaraciones, la inestabilidad del adrenocromo vino a ser un escollo que se consiguió solventar con los avances de la técnica: «Esta preparación era una materia cristalina estable que, en su estado sólido, no se descomponía incluso después de varios meses a temperatura ambiente. Disoluciones de adrenocromo en agua se mantenían estables durante muchas horas, aunque las soluciones muy concentradas formaban precipitados amorfos».

 

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