Pastillas con heroína

Se dice, se cuenta, se comenta que hay comprimidos vendidos como éxtasis (MDMA) que, en realidad, llevan heroína. ¿Será verdad? ¿Será mentira? ¿Qué será... será? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán

Por Eduardo Hidalgo

¡Horror! Las pastis jakosas, jamarosas o jacarandosas… Con sólo oírlas mentar me salen sarpullidos. Lo lamento, pero no puedo con ellas. Me aburren. Me hastían. Me cargan. ¡Me tienen hasta las mismísimas pelotas! Se ha hablado tanto de ellas… Se ha explicado tantas veces de qué va la historia… ¿y el resultado? Ninguno. ¿Y la repercusión? Inexistente… como si nada hubiera pasado; como si nada hubiese sido dicho: hoy, al igual que ayer, que antes de ayer y que hace quince años te sigues topando con el prototípico enterao de quince, treinta o cincuenta y cinco años que te dice, te cuenta, te jura y te perjura que las pastis –algunas- llevan heroína.

«Pof vale, pof bueno, pof malegro», les respondo –cual haría el Ivá- cuando alguien me viene con estas efemérides y soplapolleces en la calle o en cualquier bar. Tengo 41 tacos; trabajé 10 para Energy Control informando y asesorando a los consumidores –y no consumidores- de drogas; y hace tiempo que aprendí a poner el límite entre mi vida laboral y mi vida personal, de modo que, si alguien me viene con estas movidas mientras me estoy tomando una copa, metiéndome un tiro de speed o charlando con los amigos, me las despacho con la fórmula más efectiva y breve con la que siempre –y mejor- se han zanjado las cosas con brasas de cualquier tipo (madres, padres, parejas y zumbaos en general): «lo que tu digas, querid@».

La putada es que hace meses me encargué de ejecutar la parte práctica referente a la refutación o confirmación de este mito. Así que, habiendo hecho el trabajo de campo, como que, por narices, me corresponde llegar hasta el fondo del asunto y escribir el artículo explicando la película entera –pues, a fin de cuentas, aquí ya estamos hablando de curro-. Y eso es lo que voy a intentar hacer… Lo sé, yo mismo me lo he buscado, nadie me ha obligado a ello; por lo tanto, debería dejar de quejarme y de lloriquear… Pero es que… lo siento, de veras, me cuesta lo que no está escrito entrar al trapo… me arrepiento tanto de haber empezado un trabajo que no me apetece terminar pero que mi moral judeocristiana (ja, ja, ja) hace que me sienta obligado a finiquitar…

En fin, dejemos de darle vueltas al asunto, no hay otra salida: respiremos hondo, mascullemos algún mantra aragonés (¡cagonlavirgenputa!, por ejemplo) y cojamos al toro por los cuernos de una vez.

Un…

Dos…

¡Tres!

Eso mismo es: tres. Tres son, exactamente, los informes objetivos con los que se cuenta al respecto de la presencia de heroína en pastillas vendidas como éxtasis en todo el mundo. Veamos cuales son:

1 – Una rula analizada por Dancesafe en el año 2000 que -en la superficie exterior- presentaba una cantidad pequeña, pero detectable, de diacetilmorfina, que, sin embargo, no fue identificada en el interior de la píldora (en otras palabras: un clarísimo caso de contaminación por contacto con trazas de otras sustancias a la hora de manipular o conservar las drogas por parte del camello o del consumidor de turno).

2 – Una alusión de Nicholas Saunders en referencia a un test realizado a finales de los años 90 en el Reino Unido –sin más datos adicionales- (huelga decir que Saunders hace mención a dicho testado como mera anécdota, y que sus argumentaciones al respecto de este tema vinieron siempre a refutar y a rechazar de plano la adulteración de la MDMA con heroína).

3 – Una pirula analizada por el proyecto EcstasyData compuesta de caballo. No obstante, sus características externas son tan penosas y cochambrosas que, en Erowid, no dudan en considerar que se trata de una pastilla casera, hecha a propósito, con el fin de hacer figurar la heroína como adulterante del éxtasis en la base de datos del proyecto y, así, confirmar, reafirmar y perpetuar el mito (conspiranoia de Earth & Fire, dirán algunos; bendito sentido común, pensamos otros).

Tres, pues… Una contaminación; una vaga y poco concluyente alusión a un test; y un burdo intento de tomadura de pelo. El resto: puras y duras habladurías; rumores infundados; testimonios desinformados; mitología popular del “submundo de la droga”… hablando en plata: gilipolleces.

« ¡Un momento!», saltará cualquier gilipollas ilustrado que se haya dado por aludido, «tal vez, heroína no, pero en Erowid también mencionan la detección de dos pastillas, analizadas por EcstasyData, que contenían fentanilo».

Que si, hijo, que si… que el mercado yanki es absolutamente catastrófico, que en él puedes encontrar pastis adulteradas con cualquier mierda, incluidos los opiáceos, hasta el fentanilo… dos entre miles y miles de pastillas analizadas. Lo mismo que aquí, en España, entre decenas y decenas de miles de muestras examinadas por el Instituto Nacional de Toxicología y demás instituciones e investigadores, se han encontrado, muy ocasionalmente, partidas de comprimidos de supuesto MDMA que, en realidad, contenían codeína; y ocasional, puntual y anecdóticamente (es decir, una pasti suelta por aquí o por allá), alguna que contenía metadona. Si, es bien cierto, a veces, muy, muy pocas, poquísimas veces, se han detectado opioides en las rulas, pero no heroína. La excepción que confirma la regla -y no voy a entrar aquí a abordar las diferencias entre la codeína, la metadona y el jako, porque el tema rebasa los objetivos y posibilidades de este artículo- pero, en última instancia, no deja de ser raro, muy raro, que la detección de opiáceos en los análisis cromatográficos resulte tan anecdótica y que, sin embargo, los efectos jamarosos de la MDMA los hayamos experimentado prácticamente todos los usuarios de éxtasis, de jamaro o de ambas sustancias.

¿Y cuáles son tales efectos… esos que diferencian a las pastillas que contienen heroína de las que contienen éxtasis de verdad?

Pues, a modo de resumen y de ejemplo ilustrativo, éstos que relatan unos de tantos consumidores:

«A Asturias llegaban remesas puntuales de lo que llamábamos "pastilla jamarosa", o sea, cortada con caballo o con sucedáneo. Si te la habías pillado para bailar, mala suerte: pegado al sofá toda la noche».

Ingram.

«El gran problema de las jamarosas, no era que no subieran, era la brutal bajona que provocaban en el minuto 45. Un bicho que te comía por dentro y si no lo matabas pronto te enviaba a la dimensión paposa».

Superwoobinda.

«Las últimas veces las que he conseguido son las llamadas jacosas cuyo efecto odio: piernas temblorosas, sensación de cansancio, párpados caídos.... ¡¡¡qué mierda!!!».

Champion.

Lo sé, hay mejores descripciones de los efectos, pero no las voy a buscar. Ya lo he dicho: el tema en cuestión me aburre hasta la náusea. En cualquier caso, y en última instancia, por pastis jakosas, se entiende aquellas que, en lugar de provocar marcha, estimulación, empatía, buen rollo y esas cosas, provocan apalanque, empane, flojera, desbarajuste del eje de las órbitas oculares y paposismo agudo que, en casos graves, puede llegar al knockout total de la víctima.

Nos ha pasado a todos (ups, perdón, "y a todas, todas", no vaya nadie a pensar que soy un miserable saxofonista, ¡Ay… no!, quería decir…. Vaya, ahora no me viene la palabra… digo, el palabro… Huyyys, joer, vaya puto lío, es decir… puta liada… bueno, ¡coño!, ¡cojones!, mejor vamos a dejarlo/arla, que ustedes ya me entienden, apreciadXs lectrXs…). O casi. En cualquiera de los casos, la cuestión es que no son pocas las personas que, después de haber consumido alguna de estas pastillas jamarosas, las han enviado a analizar a dispositivos como los de Energy Control e, invariablemente, el resultado ha sido que no contenían más que MDMA.

El testimonio de un asiduo al foro Clubbing Spain da buena cuenta de ello:

«El caso es que me pase 7 horas colocadísimo, super tirado, con pocas ganas de hablar y moverme, y no se me parecía al efecto del éxtasis que había experimentado con otras pastillas. Así que, como de costumbre, decidí mandar una a Energy y... premio, el análisis dio un alto contenido de MDMA».

Robo.

                                         

Lo contrario –por el contrario- nunca ha pasado. Es decir, nadie ha enviado jamás a un servicio de análisis autonómico, inter-autonómico o estatal una pastilla jakosa que haya demostrado contener heroína.

La cuestión es así de sencilla: los efectos jamarosos los produce el propio éxtasis. Todo depende de la dosis, el contexto y el estado de la persona. Los efectos de la MDMA no son lineales e invariables sino que fluctúan entre la estimulación, el mimosismo, el paposismo y la iluminación en función de las mencionadas variables.

Por lo demás, los efectos de la heroína tampoco son siempre iguales sino que, en razón de los mismos parámetros, van desde la euforia hasta la sedación absoluta y abarcan, de por medio, todo el posible espectro de sensaciones posibles, desde el mayor y mejor de los buenos rollos hasta la más absoluta indiferencia. De tal manera, que, en caso de que hubiera pastis con heroína, tanto podrían producir apalanque y modorra como todo lo contrario.

Y ahora, me dejaré de rollos y les contaré la ejecución del trabajo de campo: Adquirí 4 micras de jako; una cápsula de 100 o 120 mg de MDMA de la mejor calidad; y realicé el experimento por fases, dejando pasar unos cuantos días entre las sucesivas tomas de las sustancias.

Fase 1: Me comí una micra de caballo. Resultado: no noté absolutamente nada, a excepción de una ligera contracción pupilar.

Fase 2: Me fumé una micra de caballo. Resultado: me puse enjamonao, activo, de buen rollito, sin babear ni quedarme tuerto. Tampoco es que fuera la hostia, pero, poner, ponía. Vamos, que era jamaro.

Fase 3: Me comí la cápsula de x y las dos micras de heroína sobrantes. Resultado: a los 50 minutos el M se hizo notar con su típico subidón. Me fui de baretos. Estuve de palique con la peña –conocidos y desconocidos-. Buen rollo total. Ni rastro de los efectos del jako, ni siquiera en las pupilas, que, en todo momento, se mostraron dilatadas en lugar de contraídas.

Conclusión: me zampé el equivalente –en toda regla- a una pasti jakosa y lo que obtuve fue:

1 - Nada, cuando sólo tomé heroína.

2 - Un colocón de MDMA cuando tomé éxtasis y heroína.

Y es que amigos (bueno, venga, vale, y amigas), lo primero que saben y te dicen los entendidos en la materia –hablamos de los yonkis de chándal y poblao- es que el jama no se come. Y no se come porque, con el caballo, la vía oral es, de lejos, la menos provechosa de todas. Tanto que, lo habitual es que, con 50-70 mg, apenas se note otra cosa más que su efecto analgésico. De tal manera que, dadas las purezas medias de la heroína del mercado ilegal (que en España jamás han superado el 50%, ni siquiera en los dorados años 90, no digamos, ya, hoy en día) para obtener un buen colocón de jamaro intuimos que habría que consumir algo así como, por lo menos, tres o cuatro micras, lo cual, a precio de calle vienen a ser 15 o 20 euros, algo que nadie en su sano juicio paga por una pirula. Y, al igual que nadie la paga, tampoco nadie vende por cinco o diez euros un comprimido valorado en 20, ya que, en las leyes que rigen el mercado –de lo que sea- hay cabida para que te den gato por liebre, pero lo que jamás de los jamases sucederá (salvando los casos de milagros y despistes varios) es que te den liebre por gato, y menos aún de forma masiva y generalizada.

 

De hecho, la estupidez de las pastillas adulteradas con heroína queda perfectamente reflejada en las discusiones que, hace un par de años, tenían lugar en los distintos foros sobre drogas de la Red. En dichos foros, podían –y pueden- consultarse hilos donde los usuarios de heroína se quejaban de que su psicoactivo de elección ni siquiera alcanzaba el 1% de pureza; al mismo tiempo que, en otros hilos, los consumidores de MDMA se lamentaban de la cantidad de pastillas y de cristal cortado con jamaro que circulaba por ahí… En resumidas cuentas, que si hacemos caso a estos señores y señoras, los camellos y narcotraficantes se dedicarían en cuerpo y alma a tener a toda su clientela jodida e insatisfecha, suministrando a los pastilleros comprimidos compuestos de una sustancia que ni les gusta ni la quieren y abasteciendo a los yonkis de un jamaro que lleva todo menos lo que ellos mismos buscan y desean. Vamos, que si esto tiene algún sentido, que venga un economista y nos cuente de qué va la movida de la “burbuja jamarosa”, porque, de otro modo, esta historia no hay por donde cogerla ni pillarla, majetes y majetas.

 

¿De dónde vienen las visiones de la ayahuasca y de otros alucinógenos? (II)

Por José Carlos Bouso

En el número anterior, se explicaron las bases neurobiológicas que subyacen a las visiones inducidas por los enteógenos en general, y por la ayahuasca en particular (ya que los estudios presentados se hicieron utilizando ayahuasca), y se prometía, para un artículo siguiente, la explicación más psicológica basada en experimentos realizados en contextos de laboratorio utilizando lo que en psicología se denominan “paradigmas” de investigación; esto es, diseños experimentales específicos desarrollados para estudiar procesos psicológicos concretos, como pueden ser la utilización de ilusiones perceptivas para estudiar el sistema visual, de listas de palabras para estudiar los procesos de codificación de memoria, de juegos de azar para estudiar los sistemas cerebrales encargados del procesamiento de la recompensa o, como veremos a continuación, la realización de tareas visuales bajos los efectos de un alucinógeno para estudiar los mecanismos psicológicos subyacentes a las visiones.

Precisamente, entre la publicación de la primera y la segunda parte de este artículo, se ha publicado un estudio en una de las revistas neurocientíficas más prestigiosas, en el que, utilizando resonancia magnética funcional (fMRI), se implementó uno de estos paradigmas para estudiar qué áreas cerebrales se activan mientras los voluntarios realizaban una tarea visual bajo los efectos de la ayahuasca[1]. Este estudio es muy interesante ya que la fMRI permite “fotografiar” las áreas cerebrales mientras se realizan tareas concretas y así estudiar qué áreas específicas se activan y, por tanto, poder relacionar procesos psicológicos con áreas cerebrales. De ahí que, de alguna manera, este estudio arroje resultados “puente” entre los estudios biológicos puros y duros, como los presentados en la primera parte de este artículo, en el que los voluntarios toman ayahuasca y simplemente se “ve” qué pasa, y los resultados psicológicos puros que se presentarán en este mismo artículo más adelante. Voy a tratar de resumirlo aquí.

La muestra del estudio estuvo compuesta por 9 voluntarios (4 hombres y 5 mujeres) con una amplia experiencia en el uso de ayahuasca. Cada sujeto bebió entre 100-120 mL, conteniendo una concentración de 0,8 mg/mL de DMT y 0,21 mg/mL de harmina. Los sujetos fueron sometidos a dos sesiones de fMRI: la primera en condiciones “normales”, esto es, sin haber tomado nada; tras esta primera sesión tomaron la ayahuasca y 40 minutos después se les volvió a escanear. También se les administró un test de recogida de efectos psiquiátricos en los minutos 0, 40, 80 y 200, tras la toma. En cada sesión de fMRI los sujetos tuvieron que realizar 3 tareas agrupadas por bloques: en cada bloque, se presentaban primero imágenes de personas, animales o árboles y los sujetos lo único que tenían que hacer era mirarlas pasivamente, sin hacer nada. Seguidamente, se les pedía que cerraran los ojos y generaran en su mente la misma imagen que acababan de ver. Finalmente, de nuevo tenían que mirar pasivamente una imagen control que se componía de los mismos píxeles que la imagen anterior, pero desordenados (un ejemplo visual de la tarea puede encontrarse en el artículo original, referenciado en la nota 1). Los resultados fueron, cuando menos, interesantísimos: se encontró que los sujetos activaban las mismas áreas cerebrales cuando miraban pasivamente las imágenes en condiciones normales, que cuando trataban de imaginar esas mismas imágenes bajo los efectos de la ayahuasca. En condiciones “normales”, antes de tomar ayahuasca, el imaginarse las imágenes apenas activaba dichas áreas, como tampoco lo hacía la presentación de las imágenes “despixeladas” cuando se presentaban bajo los efectos. Luego, para el cerebro, es lo mismo mirar una imagen estando en condiciones normales, que imaginársela estando bajo los efectos de la ayahuasca, de ahí, quizás, que los ayahuasqueros consideren que la experiencia con ayahuasca tiene el mismo estatus de realidad que la realidad en sí. No puede ser de otra forma si los mecanismos cerebrales en que se sustentan ambas experiencias son los mismos.

Hay algún resultado interesante más que se encontró en este estudio. Aparte de replicar algunos resultados del único estudio previo realizado con técnicas de neuroimagen y reseñado en la primera parte de este artículo, se encontró algo que previamente no se había visto: la activación de áreas occipitales (situadas en la parte posterior del cerebro y encargadas del procesamiento visual de la información), en concreto, y de manera especialmente intensa, de un área (denominada área BA17) que es la encargada de la visión periférica. De hecho, la activación de esta área es la única que correlacionó con puntuaciones psiquiátricas, lo que sugiere que la aparición de paranoia o de otros síntomas psicopatológicos que aparecen a veces durante el transcurso de la experiencia puede que se originen inicialmente en la activación de esta área y no en el contenido cognitivo de la experiencia. De hecho, el tercer resultado de interés que arrojó este estudio, cuando se sometieron los resultados a un modelo de “conectividad funcional” entre las diferentes áreas activadas, mostró que el efecto global de la ayahuasca era dirigido precisamente por esa área occipital, seguida de áreas parahipocampales y frontales (ver la primera parte de este artículo para una explicación en detalle de las implicaciones de este fenómeno). Según los autores, este patrón peculiar de activación cerebral puede ser el responsable, en el plano psicológico, de que "llevando el recuerdo de las imágenes al nivel de la imagen natural, la ayahuasca, convierta en estatus de realidad experiencias internas". De ahí, quizás también, que para detener una posible cascada de experiencias negativas, simplemente muchas veces baste con abrir los ojos y así interrumpir la predominancia del área BA17 en el proceso psicológico y con ello hacer desaparecer el malestar psicológico subjetivo. O la eficacia de métodos chamánicos como el soplido, o los cantos, los cuales, simplemente reconduciendo la atención hacen que se interrumpa la preponderancia del área BA17 en el curso de la experiencia y se pongan en marcha otros flujos de dirección funcional reconduciendo así la experiencia. Si bien este punto ya es pura especulación, también es cierto que las experiencias de paranoia suelen estar relacionadas con supuestas “cosas” que ocurren en la periferia del individuo, desde sentirse perseguido hasta sentir que se habla a espaldas de uno, luego que áreas relacionadas con la visión periférica puedan ser las responsables de este tipo de síntomas tiene bastante sentido, así como también el hacerlos desaparecer simplemente modulando el entorno, y sin necesidad de entrar a modificar los procesos cognitivos ni del curso del pensamiento. De hecho, probablemente lo más contraproducente para reconducir una mala experiencia sea atosigar al iniciado con palabras y razonamientos que lo único que harán será empeorarla en lugar de reconducirla.

Un último apunte en relación a la diferencia entre este estudio y el reseñado en la primera parte de este artículo, es la activación de áreas visuales en este estudio respecto a su no activación en el anterior. La razón puede deberse a que en el estudio recién comentado a los voluntarios se les pide que realicen una tarea visual (bien en “real” mirando imágenes, bien en “imaginación” tratando de verlas con el ojo de la mente), mientras que en el estudio previo los voluntarios simplemente estaban tumbados en reposo sin ninguna instrucción concreta. Es posible, entonces, que todo el proceso psicológico, al que se refiere el estudio aquí comentado, se ponga en marcha cuando la persona trae a la memoria imágenes internas relacionadas con eventos significativos de su vida y, ahí, se inicie todo un proceso en cascada en el que lo que trae a la memoria pasa a ser tan significativo como la realidad misma. Si bien las áreas cerebrales activadas en ambos estudios eran las mismas, a excepción de las áreas occipitales, el hecho de traer experiencias internas a la memoria es lo que puede verse reflejado con la activación de dichas áreas, luego que el área B17 sea una de las áreas responsables de que el ojo de la mente pueda ver, algo que se conocía ya, por otra parte, en estudios de imaginería mental. Lo interesante del asunto, en resumen, sea como fuere, es que para el cerebro lo que el ojo de la mente ve bajo los efectos de un enteógeno es igual de real que lo que ve sin él, y ahora podamos comprender a qué se debe este fenómeno de implicaciones ontológicas inconmensurables. Después de todo, ¿qué es la realidad?

Si hasta aquí hemos explicado primero los mecanismos neurobiológicos y psicobiológicos que están en la base de las visiones de los alucinógenos, faltaría por explicar la tercera pata, es decir, cuáles son los mecanismos psicológicos subyacentes.

De nuevo, al igual que ocurre con las bases neurobiológicas y psicobiológicas de las visiones inducidas por alucinógenos, a la hora de buscar bibliografía referente a las explicaciones psicológicas (basadas en la psicología experimental, se entiende, y no en teorías psicológicas psicodinámicas ni de otro tipo), nos encontramos con una sequía de estudios. Bueno, básicamente nos encontramos con un único estudio[2], que pasaré a resumir a continuación.

Según los autores de este artículo, las alucinaciones (en el sentido clínico de la palabra) suelen explicarse mediante una combinación de 3 tipos de fenómenos que no tienen por qué ser mutuamente excluyentes: 1) una pérdida de habilidad perceptiva o sensorial; 2) un incremento anormal de actividad neural; 3) o por alteraciones cognitivas. Según la primera explicación, y ya para el caso concreto de las visiones inducidas por alucinógenos, es posible que una visión más pobre o las dificultades perceptivas que inducen los alucinógenos puedan explicar la aparición de alucinaciones. En el segundo caso, como ocurre en algunos tipos de migrañas, como son las migrañas con aura, o en algunas epilepsias, una actividad anormal del córtex cerebral puede estar explicando las alucinaciones debido a una anormal interacción entre áreas cerebrales. Para el tercer caso, puede que ocurra alguna interferencia en el procesamiento de la información o en las inferencias perceptivas que puedan explicar las modificaciones visuales. En este estudio, los autores utilizaron paradigmas experimentales para poner a prueba cada una de estas posibles causas utilizando como fármaco modelo para inducir alteraciones visuales la MDA (3,4-Metilenedioxianfetamina), de tal modo que cuando los sujetos estaban en la fase álgida de los efectos, les sometieron a pruebas perceptivas, cada una evaluando una de las 3 posibles explicaciones mencionadas.

La MDA no tiene un perfil visionario tan marcado como los alucinógenos clásicos tipo ayahuasca, psilocibina o LSD. Sin embargo, a la vez, está bien descrito que es un fármaco psicológicamente más manejable. Elegir qué fármaco se va a utilizar en este tipo de estudios, así como las dosis a administrar, tiene sus pros y sus contras: se puede trabajar, por ejemplo, con psilocibina porque el efecto visionario es claro, pero puede que los voluntarios no puedan realizar bien las tareas porque el efecto sea demasiado contundente. O se pueden elegir fármacos menos visionarios, pero más manejables, como es el caso de la MDA, asegurando así que los sujetos podrán realizar las tareas pero arriesgando más el dar respuesta a lo que se pretende estudiar. Lo mismo respecto a las dosis. En artículos futuros, cuando expliquemos estudios de procesamiento de información utilizando psilocibina se expondrán mejor, utilizando ejemplos reales sacados de dichos estudios, algunas de estas dificultades. En cualquier caso, sí está bien descrito que la MDA produce alteraciones perceptivas, y, en definitiva, para bien o para mal, fue el fármaco que se utilizó en este estudio (que era un estudio en el que se midieron también otras variables farmacológicas que aún no se han publicado).

El estudio fue a doble ciego y comparado con placebo (ni sujetos ni investigadores sabían qué habían tomado exactamente los primeros, si una dosis de 98 mg/70 kg de MDA o un placebo) y participaron 12 sujetos con experiencia previa en el consumo de MDA. Se les administraron escalas de efectos subjetivos para asegurarse que los sujetos habían tenido efectos evidenciables, y la mitad de ellos refirió tener visiones con los ojos cerrados bajo los efectos de la MDA, pero no con el placebo (excepto un sujeto, que refirió ver “seres” bajo los efectos del placebo, cosas que pasan cuando se administra una droga en forma de doble ciego). Se utilizaron 3 pruebas para estudiar cada una de las hipótesis mencionadas: para la primera hipótesis se utilizó una prueba en la que se presentaba una ilusión óptica y se medía el grado de distorsión de la ilusión; para la segunda hipótesis, se presentó una prueba en la que había que detectar el contorno de una figura camuflada; y para la tercera hipótesis, se presentaba una figura difuminada por gradientes y los sujetos tenían que determinar de qué figura se trataba. El lector interesado en profundizar en las pruebas utilizadas en este estudio puede irse al artículo original (referenciado en la nota 2), donde vienen expuestas en detalle con imágenes, a modo de ejemplos que las ilustran. Se encontró que la magnitud de las visiones con ojos cerrados, bajo los efectos de la MDA, estaba asociada con un peor rendimiento en dos de las tres pruebas de organización perceptiva administradas a los voluntarios, concretamente en las pruebas de integración de contraste y de reconocimiento de objetos. Sin embargo, para frustración de los lectores, tampoco se puede concluir gran cosa de este hallazgo, ya que no se encontró una relación específica entre los efectos subjetivos globales recogidos en los cuestionarios y la peor ejecución en las pruebas realizadas. Es decir, aunque todos los sujetos tuvieron efectos evidentes, sólo la mitad tuvo visiones con ojos cerrados y lo máximo que se pudo establecer fue que la intensidad de las visiones con ojos cerrados se relacionaba con un peor rendimiento en las pruebas perceptivas. En definitiva, lo máximo que se puede concluir de este estudio es que quizás las personas que tienen una más pobre capacidad de organización perceptiva pueden ser más sensibles a tener visiones cuando toman un alucinógeno, y no tanto explicar los mecanismos subyacentes. La investigación es frustrante, no siempre da respuestas claras y, por lo general, cada estudio tiende a concluir que se necesitan más estudios para concluir algo. Aún así, lo interesante de este estudio es que parece que, utilizando una droga más visionaria, quizás se podrían llegar a resultados más concluyentes, en el caso de que los voluntarios pudieran realizarlas; y utilizando también quizás otros paradigmas de investigación, como son las técnicas que reconocen como “enmascaramiento” y la “teoría de detección de señales”. El valor de este estudio radica pues en que es pionero en el ámbito de la investigación de los mecanismos psicológicos subyacentes a las visiones inducidas por alucinógenos, y, sobre todo, en su utilidad para redirigir la atención hacia el diseño de futuras investigaciones que permitan estudiar mejor este fenómeno.

Un último resultado interesante que se encontró en este estudio es que los sujetos puntuaron alto en una escala de experiencias místicas, algo que también se ha encontrado recientemente en estudios realizados con psilocibina. Sobre estos estudios versará el próximo artículo de esta serie.

 


[1] http://www.scribd.com/doc/66375574/Seeing-With-Eyes-Shut-2011

[2] http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0014074

 


[1] Para un defensa del término alucinógeno ver, por ejemplo: http://psychonautdocs.com/docs/Metzner%20-%20Hallucinogenic%20Plants.pdf

[2] La última versión de este modelo puede encontrarse aquí: http://www.maps.org/w3pb/new/2008/2008_Geyer_23106_1.pdf

[3] Si alguien mientras tiene curiosidad por este tema en concreto puede leer cualquiera de los libros de Antonio Damasio publicados en español pero, sobre todo, el esclarecedor libro, tristemente descatalogado, de Joseph LeDoux titulado El cerebro emocional o su más reciente libro no traducido Synaptic self.

[4] Ver: http://www.investigacionyciencia.es/Archivos/MYC_44_MAESO.pdf

[5] http://www.maps.org/w3pb/new/2006/2006_Riba_22766_2.pdf

 

Calendario del recolector de plantas mágicas (II)

Continuamos con esta segunda parte del Calendario del recolector de plantas psicoactivas. En esta ocasión veremos como la península Ibérica es una unidad geográfica y climática que nos ofrece: Amanita muscaria, media docena de especies de setas que contienen psilocibina, y por último dos especies o variedades de cactus san Pedro de alto contenido en mescalina.

Amanita muscaria. Photo by Raúl del PinoAmanita muscaria. Photo by Raúl del Pino

AMANITA MUSCARIA EN OTOÑO.

La inconfundible seta roja con verrugas blancas es recolectada en octubre o noviembre para fumar su piel seca, en pipa o en cigarrillo, y deleitarse así con su placentero efecto. Fumar sombreros secos carece de efectos indeseados mientras que comerlos o beber el líquido filtrado de su infusión puede producir en algunos casos náuseas, vómitos, diarrea, tics y pequeños espasmos musculares. Ingerir más de 5 gramos de setas secas puede provocar caídas en un ataque de semisueño con delirios o de sueño profundo repentino en forma comatosa. Esto significa que es difícil o imposible despertar hasta pasadas ocho horas o más.

Crece en todos los bosques otoñales de Eurasia y América, aunque prefiere asociarse a las raíces del abedul y el pino negro, también crece a veces bajo robles, hayas, avellanos, abetos y jaras. Antes salía durante el mes de octubre, ahora con el calentamiento del clima salen en noviembre. Aunque perdura el mito de que las mejores Amanitas son las de abedul y montes de gran altura, las mejores que hemos probado crecían bajo avellanos en un monte bajo cercano al mar. Los mitos y leyendas siberianos son muy ricos, pero de escasa aplicación en nuestra Ibérica península.

Tanto en los montes vascos como en el Pirineo, hemos recolectado kilos de Amanita muscaria, pero hay más localizaciones. Hay una comarca en León, Laciana, con catorce mil hectáreas de abedules, una extensión similar a catorce mil campos de balompié. Josep M. Fericgla, en su libro sobre la Amanita muscaria: “El hongo y la génesis de las culturas” habla de uno de los pocos abedulares catalanes en un lugar de la Cerdanya llamado Martinet (municipio de Montellá), donde salen con gran abundancia. El problema es el imprescindible secado rápido de los sombreros; de lo contrario se pudrirán en pocas horas. Además durante el secado el ácido iboténico se transforma en muscimol, mucho más potente y psicodélico.

Psilocybe semilanceataPsilocybe semilanceata

SETAS CON PSILOCIBINA EN OTOÑO.

En todos los montes vascos y montes Pirineos crecen dos especies muy similares, con un alto contenido de psilocibina: Psilocybe semilanceata (sin nombre común castellano pero si en vasco: Sorgin zorrotz, bruja aguda), y Psilocybe hispanica, descubierto en 1998 por nuestro amigo Ignacio Seral en el pirenaico valle del Tena (Huesca). Crece desde primeros de octubre hasta finales de noviembre en montañas de 1700 metros de altura o más.

El semilanceata comienza ahora a cultivarse de forma casera con éxito, y es el más ubicuo: muy abundante en prados y campos de toda Europa, Norteamérica, Sudáfrica y Tasmania (Australia). Este psilocybe cosmopolita crece sobre todo en las pistas de esquí, y donde la hierba está más verde, cerca pero no sobre las boñigas de caballo. Sólo dos micólogos afirman haberlo visto en Galicia.

Es un hongo muy pequeño, su sombrero es muy puntiagudo y mide 1 cm de diámetro y 1,5 de altura. La punta del sombrero es como un pezón o pico. El semilanceata es de color amarillo pálido, diminuto y uniforme. Como el sombrero es del todo vertical, las laminillas también lo son y aunque de color blanco crema, se vuelven ahumado purpúreas (Becker 1989).

El pié (“tallo”) es delgado y alto, unos 2 o tres mm de grosor y 8 a 12 cm de altura. Es primero macizo, después hueco, ondulado, tenaz y amarillo pálido con una cortina muy débil del mismo color y fugaz. En España es escasa en las llanuras pero muy abundante en los prados de montes y montañas

El Psilocybe strictipes es tan parecido al semilanceata que antes se le llamaba Psilocybe semilanceata variedad obtusa o microspora. Sólo se diferencian al microscopio, ambos son equipotentes e igual de abundantes. También se le llama Psilocybe callosa y azulea tras ser cortado, como todos los psilocibios.

El Psilocybe gallaeciae, muy potente, es parecido a varias especies mexicanas del género Psilocybe, y muy abundante en la zona litoral de Galicia y norte de Portugal, sobre suelos arenosos. Azulea por abajo, sabe amargo y es más oscuro que el semilanceata, con un sombrero más extendido y un pezoncillo chato.

El Psilocybe cyanescens contiene un 0,81 a 2% de psilocibina (hongos secos), pero es muy raro y sólo ha sido visto una vez en España. Es nativo de Norteamérica y Europa central y con toda probabilidad habrá llegado hasta aquí por accidente o contaminación. Es fácil de reconocer por sus sombreros ondulados, pero cuidado con su hábitat: crece en suelos llenos de hojas, y trozos de madera podrida, como la mortal Galerina marginata, que afortunadamente no se le parece en nada. El cyanescens azulea mucho.

El Panaeolus subbalteatus es común y contiene un 1,16% de psilocibina, pero es coprófilo (se alimenta de madera en descomposición), y su imagen puede recordar a la venenosa Galerina rebordeada, también coprófila. Así que es mejor no enredar con esta especie si no vais acompañados por un experto micólogo. Recordad que entre las pequeñas setas de pradera No hay ninguna venenosa, en cambio entre las coprófilas hay setas mortales como la Galerina marginata (galerina rebordeada). ¡Al lorito, recolectores!.

Cortes de peruvianusCortes de peruvianus

CACTUS SAN PEDRO AL FINAL DEL VERANO EN EL MEDITERRÁNEO.

Si, este cactus de origen sudamericano (Perú, Bolivia, Ecuador, norte de Argentina) se ha naturalizado en las zonas costeras del Mediterráneo, desde Gerona hasta Cádiz, y puede verse creciendo asilvestrado en baldíos y secarrales pedregosos. El primero en escribir esta observación fue el profesor Antonio Escohotado en su Historia General de las Drogas, donde señalaba que tras ser plantado en huertas y campos mediterráneos, el san Pedro se había extendido ampliamente. Mucha gente cree, de forma equivocada, que los cactus cultivados en Europa carecen de mescalina o tienen niveles muy bajos (véase por ejemplo Berger 2004). Este falso bulo viene motivado por análisis hechos en cultivos de san Pedro al aire libre en el centro y norte de Europa, lugares muy lluviosos que diluyen la mescalina. Pero los cactus cultivados en el sur de Europa, y sobre todo los asilvestrados que crecen sin riego ni abono a pleno sol, son tan potentes como los sudamericanos. No lo decimos nosotros, es el mayor especialista en cactus mescalínicos quien lo afirma. Según Anthony Henman: “un cactus san Pedro recolectado en La Torrassa (Barcelona), resultó tan potente como cualquiera de los que había probado en Perú”. La clave parece estar en que tras su florecimiento a los siete años el cactus tenga un año de sequía completa, sin agua ni abono y a pleno sol, en situación de estrés (Henman 2007).

DESCRIPCIÓN BOTÁNICA: PACHANOI Y PERUVIANUS.

Trichocereus pachanoi (= Echinopsis pachanoi) es un cactus columnar grande, de color verde azulado, ramificado, de 3 a 6 metros de altura. Aproximadamente a los siete años madura, si es cultivado pierde las espinas, y desarrolla capullos alargados que se abren por la noche en lo más alto de los tallos, ofreciendo grandes y fragantes flores de 19 a 24 cms de diámetro y forma de embudo, cuyos segmentos internos son blancos y sus segmentos externos son color café rojizo; los filamentos de los estambres son verdes. Tanto el delicioso y rojo fruto como las escamas que rodean el tubo floral tienen pelos largos y negros (Schultes y Hofmann 2000). Los brazos del cactus, que pueden tener de 6 a 8 y hasta 12 costillas o nervaduras, llegan a tener diez centímetros de diámetro cuando el san Pedro es adulto. Una leyenda nativa habla de un san Pedro de sólo cuatro costillas, “el cactus de los cuatro vientos”, pero nunca ha sido visto.

Como solo se usan los ejemplares florecidos que ya han perdido sus espinas, hay que fijarse en éstas: en los pachanoi jóvenes hay grupos de 3 a 7 espinas cortas de hasta dos centímetros de longitud insertas en areolas deprimidas. Las espinas son de color amarillo claro o marrón.

El pachanoi y el peruvianus son indistinguibles, la única diferencia es que el pachanoi tiene espinas cortas y en la variedad cultivada (o escapada de un cultivo) carece de espinas; mientras el peruvianus se defiende con unas largas, duras, puntiagudas espinas que dificultan su recolección sin guantes. Los nativos distinguen entre “san Pedro macho” (de largas espinas) y “san Pedro hembra” (con espinas cortas o incluso sin espinas). Esta clasificación podría ser el equivalente de nuestros nombres botánicos latinos: pachanoi y peruvianus.

Trichocereus peruvianus y Trichocereus bridgesii son muy similares. Este último es consumido de forma tradicional y también con fines recreativos psiquedélicos en La Paz, Bolivia (Rätsch 2005).

Peruvianus. Photo by Raúl del PinoPeruvianus. Photo by Raúl del Pino

Según Henman, pachanoi, peruvianus y cuzcoensis (= schoenii) serían equipotentes, y alcanzarían mayores porcentajes de mescalina si son expuestos a pleno sol y un año completo de sequía antes de su cosecha.

Cuidadosos bioensayos psiconaúticos demostraron que los “san Pedro” tienen más mescalina cuando son jóvenes pero ya han florecido (unos siete años de edad), y que solo con dos a cuatro gramos de piel verde desecada y pulverizada, producen efectos estimulantes suaves durante seis u ocho horas (Rätsch 2005).

PRECAUCIÓN, AMIGO RECOLECTOR.

La familia Trichocereus la forman más de 80 especies distintas de cactus, y sólo 30 dieron positivo en mescalina, de las cuales solo 5 contienen cantidades apreciables: pachanoi, peruvianus, puquiensis, cuzcoensis y bridgesii. Salvo los probados y archiconocidos pachanoi y peruvianus, las demás especies podrían contener alguna sustancia venenosa, muchas especies no han sido aun estudiadas. Por otra parte, distinguir el pachanoi de cualquiera de las otras especies de Trichocereus cultivadas en el mediterráneo por aficionados a los cactus, requerirá de la asistencia de un experto en cactáceas o de un manual taxonómico. Si no estas seguro de la identidad del presunto cactus san Pedro, es mejor dejarlo que crezca y consultar con alguien de la zona que lo haya probado con éxito. Para colmo ahora hay híbridos de varias especies diferentes de Trichocereus, y desconocemos cuantas de estas cactáceas han sido plantadas en nuestras costas mediterráneas.

BIBLIOGRAFÍA.

Becker, G. 1989. El gran libro de las setas. Hongos y setas de Europa. Susaeta. Madrid.

Berger, Markus. 2004. Cactus enteógenos. Ediciones Cáñamo. Barcelona, página 222.

DeKorne, Jim. 1994. Psychedelic Shamanism. Loompanics. Washington, U.S.A.

Font Quer, Pío. 2000. Plantas Medicinales. El Dioscórides renovado. Península. Barcelona.

Fericgla, J. M. El hongo y la génesis de las culturas. Libros de la liebre de marzo. Barcelona.

Henman, A. 2007. Anthony Henman y el San Pedro bendito. Cáñamo nº 120 diciembre. Barna.

Moreno, G. & al. (1986). Guía INCAFO de los árboles y arbustos de la Península Ibérica. INCAFO. Madrid.

Obón de Castro, C. y Diego Rivera. 1991. La Guía Incafo de las plantas útiles y venenosas de la Península ibérica y Baleares. Madrid. Incafo.

Oria, Juan A. et al. 1996. Guía de las plantas silvestres de Palencia. Ediciones Cálamo. Palencia.

Otero, J. 1984. Nuestras hierbas medicinales, Caja insular de Ahorros, Santa Cruz de Tenerife.

Rätsch, Christian. 2005. The encyclopedia of psychoactive plants. U.S.A.

Schultes, R.E. y Hofmann, A. 2000. Plantas de los dioses. F.C.E. México. Nueva edición revisada por Christian Rätsch.

 

El cannabis y las situaciones conflictivas en el día a día (III)

LA EMOCIÓN DE ANSIEDAD
En el artículo de este mes seguimos con la serie dedicada al abordaje de situaciones complicadas que nos pueden hacer pasar un mal rato. En concreto, este mes trataremos sobre los mecanismos de la emoción de ansiedad.

Por Psicotar

La ansiedad (1) tiene una estrecha relación con la emoción de miedo, siendo el miedo una emoción primaria que se halla en la base de la ansiedad. Pero es preciso realizar una diferenciación: mientras que el miedo es una reacción a una situación de peligro real y presente, la ansiedad es una proacción, una anticipación ante una situación que se considera peligrosa.

Por ello, al tener como base al miedo, es una respuesta que en general acaba por movilizar a todo el organismo con el fin de realizar el adecuado afrontamiento de la situación que la genera.

La ansiedad se considera como una actitud emocional/cognitiva, que es lo mismo que decir que es un “programa automático” que está en nuestra mente y que cuando se activa, desencadena una cascada de reacciones que siguen un orden y unos objetivos.

Un problema esencial de esta situación de ansiedad, es la capacidad de ésta de reclutar (y casi de secuestrar) a la persona ante nuevas condiciones y situaciones asociadas al entorno habitual de la persona; integrando dentro del sistema de análisis emocional nuevas capacidades, lo que permite anticiparse a situaciones de amenaza y peligro, posibilitando de este modo dar respuestas con mayor eficacia al adelantarse a los propios acontecimientos.

Este “adelantarse” es la base de la ansiedad, ya que ésta se genera sobre la posibilidad de que “vaya a pasar algo”, pero realmente no hay objeto o situación real que genere la respuesta. Es la persona la que con su pensamiento va generando un nivel cada vez mayor de activación mental y fisiológica y por ello va acrecentando la ansiedad.

La ansiedad toma prestados del miedo todos sus elementos emocionales, del estrés su sistema de movilización del organismo y afrontamiento, además puntualmente también recluta recursos de los restantes procesos psicológicos y los optimiza para desarrollar sus intereses. Es, por lo tanto, un sistema “superior” de detección y procesamiento de información, para la organización de recursos ajenos, con un objetivo único que es preservar a la persona de posibles daños.

En la actualidad, parece adecuado entender la ansiedad como un sistema de procesamiento de informaciones amenazantes que permite movilizar anticipadamente acciones preventivas, ya que las dos principales características definitorias de este proceso son su capacidad para seleccionar y procesar información significativa, y su capacidad de proacción.

La ansiedad es un proceso que se produce en todas las personas y que, bajo condiciones normales, mejora el rendimiento y la capacidad de adaptación. Así, pues, tiene la importante función de movilizar recursos frente a situaciones de posible amenaza o preocupantes. Esta movilización de recursos tiene unos límites y un punto más o menos óptimo. Mientras el nivel de activación esté dentro de esos límites “óptimos”, la persona podrá funcionar más o menos adecuadamente. Si estamos por debajo de ese límite, la persona no tendrá suficiente activación para actuar adecuadamente; imaginemos que ante un perro furioso no sintiéramos ningún tipo de miedo… eso podría resultar muy peligroso porque no actuaríamos para evitar un posible ataque. Ahora imaginemos que la ansiedad ha sobrepasado un nivel determinado y estamos en un estado altamente ansioso, posiblemente estaremos con la cabeza constantemente preocupada en las posibles situaciones que podemos llegar a vivir en el futuro y con ello nuestra vida se verá drásticamente limitada. Por ello, se dice que la ansiedad sigue una curva en “U” invertida.

El modo de funcionamiento que genera la ansiedad, implica nuevas capacidades de análisis mediante una vía rápida pero imprecisa que configura la evaluación de la situación para dotarla de mayor precisión, sin perder su automatismo e inmediatez. Esto se logra de dos maneras: priorizando el procesamiento de la información relevante; y mediante el mecanismo de compensación, destinado a contrarrestar los efectos de interferencia que causa el tener que procesar información neutra no significativa. Esto supone que la ansiedad genera una especie de “efecto túnel” que hace que sólo prestemos atención a una serie de detalles que están más o menos relacionados con la situación, lo que implica una mayor percepción de la situación amenazante y un mayor riesgo de que aumente la ansiedad, al no prestar atención a información que podría contribuir a quitar tensión de la situación. Esta modificación de los programas emocionales que realiza la ansiedad tiene una importante consecuencia ya que los hace pasar de la reacción afectiva ante algo que está, a la proacción y a los actos intencionales ante algo que todavía no está, pero puede estar. Es decir, con la ansiedad existe el riesgo y problema de que acabemos atrapados en un trastorno por algo que todavía no ha aparecido y a lo que nuestra mente se ha adelantado “para prevenir”.

Los fenómenos que desencadenan la ansiedad en su mayoría suelen ser reacciones aprendidas y anticipadas de amenaza. El tipo de estímulos, internos o externos, capaces de desatar las respuestas de ansiedad están en gran parte determinados por características de la historia personal. Las situaciones son sólo potencialmente ansiógenas, porque no siempre producen reacciones de ansiedad. Lo que genera la reacción de ansiedad es el significado personal o, más exactamente, la interpretación anticipatoria de la situación que hace la persona.

La condición desencadenante es simplemente un cambio en las condiciones estimulares externas o internas, que es interpretado y con ello moviliza el proceso de estrés, siendo este último el que pone en marcha el proceso de análisis emocional de la situación y, por lo tanto, actúa como desencadenante del mismo. La reacción de estrés se convierte en estado de ansiedad cuando la valoración conlleva la anticipación de peligro, con un componente de experiencia subjetiva, y otro de activación del sistema nervioso autónomo, lo que genera una respuesta importante a nivel hormonal.

El procesamiento a nivel cognitivo (mental) de la ansiedad se inicia habitualmente ante la detección de situaciones que se presentan o tienen su aparición lentamente y que, por lo tanto, son situaciones que pueden ser previstas con antelación. Estas situaciones se evalúan como muy importantes para el bienestar tanto físico como psíquico de la persona. Aunque su evaluación a nivel anímico es sólo moderadamente negativa. Se valora que ante esta situación es necesario un cierto grado de urgencia en actuar, percibiendo la persona una escasa capacidad para afrontar o actuar ante el suceso. No se trata de una emoción con carga moral.

Los sesgos o modos automáticos de procesamiento de la información congruente con las emociones, son los que toman rápidamente la decisión de qué es lo que debe ser procesado, en función del significado emocional de las situaciones.

La activación del sistema de procesamiento de información emocional ante señales de condiciones amenazantes se lleva a cabo a través de la facilitación que la ansiedad ejerce sobre el funcionamiento de los procesos de evaluación valorativa y la movilización de recursos del sistema cognitivo, que se realiza mediante el reclutamiento de las siguientes facultades cognitivas:

-      Mediante el sesgo de la atención el aumento en la activación de una de las representaciones mentales inhibe a las otras, hasta que la representación dominante tenga éxito en capturar toda la información y logre el acceso a la conciencia. Se trata de un sistema de evaluación que se supone trabaja con bajos niveles de conciencia y de forma automática. Implica en un primer momento una fase de hipervigilancia, que lleva a un constante rastreo de los estímulos ambientales, con el objeto de detectar cualquier posible amenaza o indicio de peligro. Este es el conocido como efecto túnel y supone en muchas ocasiones un problema, porque impide valorar otras informaciones que ayudarían a reducir el impacto de la ansiedad.

-      Hay que acceder a determinados recursos y hay que hacerlo lo más rápido posible, mediante el sesgo de memoria o memoria preferencial. Se ha propuesto la existencia de un sesgo característico de la ansiedad, relativo a su procesamiento automático (memoria implícita) que hace que cada vez sea más fácil generar esa respuesta de ansiedad, permaneciendo inalterados los mecanismos de procesamiento controlado (memoria explícita), dándose la paradoja de que la persona, pese a tener el sistema de procesamiento consciente perfectamente, acaba procesando la información de manera casi inconsciente y es arrastrado por ello a la respuesta de ansiedad antes casi de poder darse cuenta y hacer algo.

El cannabis actúa en situaciones de ansiedad a una gran variedad de niveles, ya que modifica la entrada y recepción de información, modifica el procesamiento de la misma y modifica las respuestas que pueden darse. Es por ello que no es nada raro encontrarse a personas que utilizan el cannabis como mecanismo farmacológico para combatir un tono de base ansioso. Habría que plantear los pros y contras de este uso como fármaco, debido a efectos potencialmente beneficiosos y efectos no tan benignos que nos podemos encontrar (2) Esto lo abordaremos en siguientes artículos.

Es importante también considerar el papel de las expectativas en los sesgos de memoria. El sistema de expectativas se basa en la organización que tienen las emociones en la memoria, aportando información para el sistema consciente de percepción, lo cual a su vez mantiene el sistema de expectativas en una continua actividad, sesgándolo en la dirección de descubrir amenazas. La persona puede perder su bienestar y el control de su vida persiguiendo fantasmas inexistentes.

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A menudo los estímulos y las situaciones son ambiguas, con varios significados posibles. El sesgo interpretativo consiste en procesar esos estímulos ambiguos dando preferencia al significado de peligro sobre el neutro. El efecto túnel impide valorar otras informaciones que podrían ayudar a eliminar en gran medida la sensación de amenaza anticipada.

Un concepto clave en el sesgo interpretativo es el de preocupación, entendiéndose por preocupación una cadena de pensamientos e imágenes, relativamente incontrolables, acompañadas de un estado afectivo negativo. La preocupación constituye una tentativa de solucionar un problema, cuyo resultado es incierto y que contiene la posibilidad de una o más consecuencias negativas. De manera que la preocupación contribuye a cerrar el ciclo iniciado por el miedo. Estas preocupaciones cumplen tres funciones críticas en el procesamiento de la ansiedad: de alarma, de impronta y de preparación.

El mecanismo de movilización de recursos para afrontar las demandas: la presencia de pensamientos, sentimientos, etc, de contenido negativo y amenazante activadas exigirá, dada su prioridad para la supervivencia, un análisis extenso en la memoria operativa, para determinar la naturaleza peligrosa de las demandas. Pero tales representaciones ocuparían parte de los recursos limitados de esa memoria operativa, produciendo interferencia en el procesamiento de información que no es prioritaria. En estas circunstancias el propio sistema cognitivo necesita la ayuda de recursos auxiliares compensadores de la reducción transitoria de capacidad. El estado de preocupación proporciona la base motivacional para incrementar los recursos auxiliares, a expensas de quedarnos “enganchados” a la preocupación y que ésta parasite nuestros pensamientos y nos dificulte realizar nuestras actividades con normalidad.

El resultado de los sesgos en el procesamiento de la información es la aparición de los fenómenos de priorización y compensación. El sistema cognitivo tiene que ser activo en la búsqueda de información y en la utilización de sus recursos. Por un lado, de entre la multiplicidad de informaciones que le llegan, debe dar prioridad al procesamiento de las más relevantes, para lograr la mejor adaptación posible. Esta priorización resulta crítica en el caso de las informaciones indicadoras de peligro, por lo que necesitará de los sesgos anteriores.

Mediante la priorización del procesamiento de información externa y de la recuperación de información almacenada relevante a beneficios y peligros se facilita la percepción de las demandas del entorno en relación con las propias necesidades, metas y recursos, así como no sólo se evita la sobrecarga o interferencia interna en el propio sistema, sino también se dirige la acción externa en el afrontamiento de las demandas.

Nos despedimos hasta la próxima… salud y ¡buen viaje!

 

NOTAS:

1-      Fernández Abascal, E. G. et als (2003) Emoción y motivación, la adaptación humana, Vol. I. Madrid: Centro de estudios Ramón Areces.

http://www.madrid.org/cs/Satellite?blobcol=urldata&blobheader=application%2Fpdf&blobheadername1=Content-disposition&blobheadername2=cadena&blobheadervalue1=filename%3DCap4-ansiedadCANNABIS+CASOS+CLINICOS-7.pdf&blobheadervalue2=language%3Des%26site%3DPortalSalud&blobkey=id&blobtable=MungoBlobs&blobwhere=1202789709872&ssbinary=true

 

 

¿De dónde vienen las visiones de la ayahuasca y de otros alucinógenos?

Por José Carlos Bouso

Querido lector, antes de que el título de este artículo le lleve a crearse falsas expectativas, quiero aclararle que la respuesta a tan publicitaria pregunta no la sabe nadie: ni místicos, ni chamanes, ni, por supuesto, científicos. Lo que voy a tratar de explicar es, simplemente, el mecanismo biológico subyacente al efecto psicológico de las drogas llamadas alucinógenas, con la modesta intención no de iluminarle, sino tan solo de entretenerle. Discúlpeme si el título le resulta engañoso, o lo que es aún peor, capcioso; nada más lejos, en cualquier caso, de mi intención, que no ha sido otra, proponiendo este título, que la de llamar su atención sobre mi artículo. Espero, en cualquier caso, no decepcionarle.

Primero de todo, decirle que no voy a entrar a discutir en exceso si la palabra apropiada a utilizar para referirse a este tipo de sustancias como son la LSD, la psilocibina, la mescalina o la DMT, entre otras muchas, es la de alucinógeno, visionario, psiquedélico, cosmodélico, enteógeno, enteodélico o cualquier otra de entre las más de 100 palabras que se han propuesto para clasificar a estas drogas de efectos tan impresionantes. El núcleo central de la experiencia con cualquiera de estas drogas es su radical transformación del entendimiento de la realidad, de ahí que el término alucinógeno me parezca el más apropiado, sin que ello implique una subestimación ni mucho menos una desvalorización hacia la experiencia alucinatoria. Dado el mundo alucinado en el que vivimos, donde el simple hecho de abrir un periódico cualquiera un día cualquiera es más impactante e incognoscible que la más intensa de las experiencias psiquedélicas, creo que una alucinación, en un contexto determinado, puede corresponderse con la realidad de una forma más unívoca que muchas de las experiencias cotidianas, luego hablar de alucinógenos no implica necesariamente un término despectivo y si lo llevamos a su radical expresión puede que los alucinógenos, lejos de transportarnos a experimentar realidades que no existen, nos permitan realmente experimentarlas en su más desnuda y real expresión[1]. En cualquier caso, utilizaré indistintamente cualquiera de los términos previamente mencionados si considero que, al margen de perder precisión semántica, el texto gana en estética narrativa.

He elegido este título como el primero de mis artículos para esta revista, en la que tan amablemente me ha acogido como nuevo colaborador mi estimable amigo Raúl del Pino, el de la píldora azul, por radicar en él la gran pregunta de la historia de todo el pensamiento occidental: ¿de dónde viene la conciencia? En Filosofía, a este problema se le conoce como el problema de los qualia, esto es, ¿qué le otorga, por ejemplo, la rojeidad al rojo o la amargura a lo amargo? Y por extensión: ¿qué le otorga la felicidad a la risa o el amor a las relaciones entre personas? El mismo problema subyace a la pregunta de por qué una moleculita imposible de ver a simple vista despliega todo un abanico de efectos psicológicos muchas veces sobrecogedores. Es el problema de las relaciones entre la materia y el espíritu, entre el cerebro y la mente. El gran problema que le acecha al hombre singular a diario, el problema mismo de la existencia.

Quizás otras culturas, las chamánicas, no se planteen este problema por no establecer diferencias entre los estados ordinarios y los no ordinarios de conciencia y vivan instalados en un monismo ontológico radical permanente. Quizás, en la medida en que las civilizaciones se desnaturalizan dejando de formar parte de sus ecosistemas naturales para construir ecosistemas urbanos, las pajas mentales afloran llegando al absurdo de, a día de hoy, gastarse miles de millones de euros en investigaciones que solo resuelven problemas construidos, siendo todo, en el fondo, mucho más fácil que todo eso: simplemente los problemas no existen fuera de nuestro embrollo mental. Aunque no lo creo: en el momento en el que hay reflexión sobre uno mismo, esto es, en el momento en el que uno se proyecta en el futuro aparece el dualismo, luego cualquier miembro de cualquier cultura, por tener un cerebro de Homo sapiens, necesariamente se plantea los mismos problemas, de ahí que todas las culturas tengan, en última instancia, religiones. Y que las religiones sean lo único que tiene el ser humano que los animales no tienen, o al menos no hay pruebas de que ello ocurra.

Pero vayamos al grano: haciendo un recorrido histórico podemos situarnos en Aldous Huxley y en su seminal obra Las puertas de la perceción. Allí Huxley retoma el concepto de Bergson de que en nuestro cerebro debía haber una especie de “válvula reductora” que cuando se relaja permite un afloramiento de estímulos tanto provenientes del mundo externo, como del mundo interno, que daría lugar a la experiencia psiquedélica. “Si las puertas de la percepción se limpiaran” era la forma poética que Huxley encontró en los versos de William Blake para referirse al proceso fisiológico según el cual si la válvula reductora del cerebro se relajara “el mundo aparecería tal cual es, infinito”. Según Huxley, las mescalina y otras sustancias afines reducirían la presión de la válvula reductora, encargada de filtrar la estimulación sensorial proveniente tanto del medio externo como del interno, de tal forma que la experiencia psiquedélica era resultado de la relajación del filtro, y su contenido el resultante de la penetración en el organismo de mayor cantidad de estímulos sensoriales.

Debido quizás a la belleza narrativa de esta obra de Huxley y sobre todo a su original propuesta de explicación fisiológica, esta explicación traspasó las fronteras de la literatura llegando a instalarse en el corazón mismo de la ciencia. Hoy día se sabe que una estructura cerebral llamada tálamo es la responsable de filtrar la información sensorial, siendo un candidato excelente a válvula reductora. De ahí que algunos científicos, guiados más por la belleza aparente del modelo que por los datos que lo sustentan, modernizaron dicho modelo para hacer radicar precisamente la válvula reductora de Huxley en el tálamo y explicar de hecho la experiencia psiquedélica como una modulación de dicha estructura causada por este tipo de sustancias[2].

La investigación animal, tan justamente denostada tantas veces, ha aportado sin embargo un cuerpo empírico de conocimiento muy interesante sobre este fenómeno. Así, se sabe que cuando un receptor cerebral llamado 5-HT2A -pero si el nombre no les gusta pónganle el que quieran: Osama Bin Laden, Obama, Pepito Grillo, lo que quieran- se activa, y los únicos fármacos a día de hoy que se conocen que activan este receptor con consecuencias comportamentales son los psiquedélicos (hay al menos un fármaco que activa los receptores 5-HT2A sin que pase nada, pero dejaremos el análisis de este misterio para números futuros)… bien, cuando un psiquedélico se une a ese receptor, se produce una liberación de un neurotransmisor clave en el procesamiento de la información: el glutamato. El glutamato es el principal neurotransmisor excitatorio de la corteza cerebral, la estructura más moderna, de aparición más tardía y de enorme extensión, comparada con otros animales sociales, de nuestro cerebro. La corteza, sin embargo, no está superpuesta a las otras estructuras cerebrales (llamadas subcorticales), sino que se entrelazan con ella; esto es a la vez una ventaja, pues permite tomar decisiones rápidas sin pensar mucho y además generalmente acertar, pero también es fuente de, por quitármelo ya y no darle más vueltas, neurosis. Pero, de nuevo, esto es algo que dejo para futuros artículos[3].

La cosa es que el glutamato se encarga de transmitir información por toda la corteza cerebral, es un factor clave en el aprendizaje y en la plasticidad cerebral y es el químico endógeno responsable de que nos mantengamos alerta cuando afrontamos retos comprehensivos en relación a algún aspecto de la realidad. Bien, cuando se toma un psiquedélico y se activa el receptor Osama, se produce una liberación de glutamato en un área más precisa todavía: en la capa V de la corteza preferontal. La corteza prefrontal es donde residen nuestras habilidades cognitivas más sofisticadas y está conectada con estructuras subcorticales de tal forma que es una estructura esencial tanto en la toma de decisiones como en la gestión de las emociones. Y las neuronas de la capa V conectan la corteza prefrontal con áreas distales de la corteza, es decir, son las que transmiten al resto de la corteza información respecto a lo que pasa “ahí adentro”. En resumidas cuentas: cuando se toma un psiquedélico se produce una liberación de glutamato en la corteza cerebral de tal forma que se crea un circuito reverberante prefrontal que se traduce en un vertiginoso procesamiento de la información sin que tengan nada que ver supuestas válvulas reductoras, filtros talámicos, ni ningún otro tipo de filtrado sensorial. La experiencia de hecho, más que sensorial, sobre todo es cognitiva, es de procesamiento de la realidad y de cualidad cognoscitiva, no de inundación sensorial por apertura de filtros. Esta diatriba, lejos de representar una discusión escolástica, es de suma importancia clínica, ya que las drogas alucinógenas son modelos heurísticos útiles para la investigación en el tratamiento de las enfermedades mentales, luego lo certero del modelo puede diferenciar, al margen de interpretaciones fenomenológias, entre buscar errónea o acertadamente tratamientos eficaces[4]

Las modernas técnicas de neuroimagen permiten mirar qué estructuras cerebrales están activadas cuando está ocurriendo un proceso cognitivo y/o emocional concreto, o también cuando se quiere ver qué áreas cerebrales son afectadas por un fármaco. En el laboratorio de Neuropsicofarmacología Humana Experimental, del Instituto de Investigaciones Biomédicas-Sant Pau, en Barcelona, el Dr. Jordi Riba administró a voluntarios sanos ayahuasca liofilizada (de tal forma que se mantienen todas las propiedades del brebaje ya que lo único que se retira es el agua, permitiendo así hacer placebos con los que poder comparar) y utilizando una técnica de neuroimagen llamada SPECT (tomografía por emisión de fotones) vio qué áreas cerebrales se activaban. Para sorpresa de muchos, efectivamente, tras la administración de ayahuasca no se activan áreas subcorticales, incluyendo el tálamo, sino áreas de la corteza cerebral, concretamente áreas prefrontales y en concreto la ínsula y el cingulado (ahora explicaré qué es eso), así como áreas parahipocampales, es decir, áreas corticales relacionadas con procesos emocionales y de memoria[5]. A la ínsula y al cingulado se los relaciona con la experiencia de toma de conciencia de las cosas que le ocurren a uno por dentro (tales como la percepción de emociones o de sensaciones corporales internas) e incluso hay quien propone a dichas estructuras como la sede de la conciencia. La ínsula, por ejemplo, se ha visto que está aumentada en meditadores experimentados. Y el hipocampo y áreas circundantes están implicados en los proceso de memoria. Bueno, para ser precisos, son estructuras que sirven para codificar los estímulos que vienen de afuera (no confundir con el tálamo, que solamente los filtra) para lanzarlos a los depósitos de memoria a largo plazo de tal forma que cuanto mejor codificados estén más fácilmente puedan luego recuperarse. Si a este cuadro le añadimos que la liberación de glutamato implica un aumento en la tasa de impulsos sinápticos (potenciales de acción, en jerga) creo que el lector no necesita más explicaciones para hacerse una idea de lo que ocurre en la cabeza de uno cuando toma, para bien o para mal, un alucinógeno.

Si en este artículo hemos abordado las bases neurobiológicas de la experiencia psiquedélica, en el siguiente trataremos de explicar cómo se ven alterados procesos psicológicos y perceptivos concretos utilizando paradigmas de investigación experimental en laboratorio.

 


[1] Para un defensa del término alucinógeno ver, por ejemplo: http://psychonautdocs.com/docs/Metzner%20-%20Hallucinogenic%20Plants.pdf

[2] La última versión de este modelo puede encontrarse aquí: http://www.maps.org/w3pb/new/2008/2008_Geyer_23106_1.pdf

[3] Si alguien mientras tiene curiosidad por este tema en concreto puede leer cualquiera de los libros de Antonio Damasio publicados en español pero, sobre todo, el esclarecedor libro, tristemente descatalogado, de Joseph LeDoux titulado El cerebro emocional o su más reciente libro no traducido Synaptic self.

[4] Ver: http://www.investigacionyciencia.es/Archivos/MYC_44_MAESO.pdf

[5] http://www.maps.org/w3pb/new/2006/2006_Riba_22766_2.pdf

 

El cannabis y las situaciones conflictivas en el día a día (II)

En el artículo de este mes continuamos con el abordaje de las situaciones conflictivas que nos acechan a cada momento, con el objeto de valorar un enriquecimiento de las estrategias de afrontamiento que nos ayude a ser más felices

Por Psicotar

 

Paso las horas sin hablar,
menos a veces que me vuelvo loco
y mi cabeza ¿dónde está?
la voy perdiendo de poquito en poco…
y al sonreír, me has hecho otra vez soñar
no podía resistir esta puta realidad…
y harto ya de vivir, por dentro empezó a gritar
y ya nadie le oyó decir ni una palabra más…

“Posado en un nenúfar”, Álbum: ¿Dónde están mis amigos? Extremoduro (1993)

Antonio es un administrativo en una empresa. Un día, ante un problema serio relativo a unos asuntos contables, decide comentarle su opinión a un compañero de trabajo que él sabe que tiene buena relación con el jefe. Él pensaba estar actuando correctamente, por lo que no comprendió la razón por la que comenzó el acoso laboral por parte de varios compañeros y el jefe… al cabo de un tiempo de dormir mal, de perder el buen humor y de sentirse verdaderamente mal, solicitó la baja voluntaria en la empresa.

La historia que acabamos de leer es algo harto frecuente en muchos contextos. A veces actuamos con la mejor intención sin darnos cuenta de estar metiéndonos en un barrizal. Esto puede acarrearnos no pocos problemas si no actuamos de la forma adecuada, lo cual no es nada fácil.

Ante una situación que percibimos como conflictiva nuestro cerebro se pone inmediatamente a trabajar para resolver cuanto antes la amenaza. Hay que tener en cuenta que una situación percibida como problemática puede llegar a activar todos los recursos del organismo, lo cual puede ser bueno porque nos llevará al afrontamiento inmediato pero, si la situación se enreda y se prolonga durante mucho tiempo, estamos corriendo un elevado riesgo de padecer alguna alteración que puede ser más o menos grave.

Por ello, resulta de importancia vital el conocer todas las posibles fases por las que se puede pasar en estos casos para poder disponer de alternativas en todo momento para afrontar de la mejor manera posible el problema.

El primer paso que debemos plantearnos es preguntarnos si realmente tenemos un problema o nuestra percepción está siendo exagerada. Esto, que parece algo sencillo, no lo es realmente. Piense el lector alguna ocasión en la que, estando en una determinada situación aparentemente normal, luego resultó que algo vino de forma inesperada y anuló toda la calma y tranquilidad percibida anteriormente. Por ello, prestar atención a cambios es fundamental para percibir posibles problemas.

Muchas veces, los caminos de la comunicación humana son difícilmente perceptibles y es ahí donde podemos tocar alguna tecla que nos origine quedarnos fuera del juego o que se nos cuelgue la etiqueta. El observar atentamente las relaciones entre las personas y los procesos es fundamental para aprender los flujos de comunicación e información y por ello, para valorar la mejor forma de actuación.

Otro proceso que puede resultar muy útil en este momento es prestar atención a mis reacciones ante las situaciones y las personas, ya que muchas veces se reacciona automáticamente. Esto es un hecho constatado ampliamente, existe una importante parte de información que nuestro procesa sin que nosotros nos demos cuenta de ello y eso genera respuestas emocionales por las cuales podemos vernos realmente sorprendidos porque racionalmente no tenemos una explicación para ello. ¿Ha sentido alguna ve la sensación de estar hablando con alguien y darte cuenta de que “algo raro pasa” en la conversación sin saber decir exactamente por qué? Esto es algo muy frecuente y tiene que ver con el “acoplamiento emocional”, que es un término que hace referencia a que cuando existe una comunicación entre dos personas, dependiendo del tema de conversación o del contexto, se produce un “acoplamiento” en las respuestas emocionales de los implicados en la comunicación. Cuando ese acoplamiento no se produce, nuestro cerebro detecta la situación y nos avisa de que algo no va como estaba esperado. Esto origina no pocos problemas y conflictos.

Este acoplamiento es la base de la empatía, del saber ponerse en el lugar del otro y ver así, desde su patrón de referencia y su punto de vista la situación. El cannabis es un elemento muy curioso en estos casos, ya que permite la apertura de los filtros que normalmente usamos para percibir la realidad y eso hace que tengamos más posibilidad de “sintonizar” con la persona. Esto hay que hacerlo con mucho tiento y sobre todo, no dando demasiada importancia a esa empatía hasta que el efecto haya desaparecido y tengamos la mente despejada. El por qué de este consejo es simple, en un estado de euforia o de buen rollo es frecuente ser demasiado benévolo con ideas o cosas que normalmente no aceptaríamos, por lo que debemos darnos un tiempo de valoración de las cosas antes de actuar.

El siguiente paso es valorar las opciones que tenemos para afrontar el problema, es decir, plantearnos las posibles soluciones que se le pueden dar a la situación. En este caso, es notorio el uso que el cannabis tiene como apaciguador de estados emocionales negativos que pueden estar influyendo sobre la persona. No pocos usan el cannabis como “fármaco” para reducir ese malestar provocado por las situaciones.

Esto, que es bastante habitual es recomendable cambiarlo, adoptando una actitud activa hacia el problema y tratando de desarrollar al máximo toda una amplia gama de recursos que nos pueden resultar útiles. Entre estos recursos, podríamos tener: formación específica sobre control del estrés, leer sobre el problema o situación conflictiva, compartir los problemas con personas de confianza, asesoramiento y consejo de un profesional de la psicología, etc.

Un aspecto importante es lograr afrontar adecuadamente el malestar experimentado porque éste puede ser precursor de muchos problemas adicionales. Por ello, el conocer cómo abordar el malestar es cuestión fundamental. Las emociones (1) afectan a nuestra capacidad de recibir información, procesarla y emitir respuestas, por lo que a veces nos podemos ver arrastrados por ellas. La emoción es un proceso automático y que conlleva una serie de manifestaciones preestablecidas y ante las cuales poco se puede hacer si uno no se ha “entrenado” en observar y alterar este proceso más o menos automático… de ahí que recalquemos lo importante de abordar este aspecto.

Para el abordaje de la emoción hace falta tener una cosa muy clara: algunas de las emociones pueden ser desagradables y puede que queramos evitarlas a toda costa pero todas las emociones están programadas en nuestro organismo y tienen una función vital, de ahí que todas tienen que ser adecuadamente atendidas, procesadas y operativizadas para que no causen conflicto y cumplan con su misión.

Tradicionalmente, las emociones sirven a unas funciones muy concretas con un claro valor útil para la supervivencia:

Función adaptativa: preparar al organismo para la acción. Las funciones adaptativas de las emociones primarias son: sorpresa à exploración; asco à rechazo; alegría à afiliación; miedo à protección; ira à autodefensa; tristeza à reintegración.

Función social: comunican nuestro estado de ánimo. Ello mediante varios sistemas de comunicación diferentes: la comunicación verbal, o información a los demás de nuestros sentimientos, la comunicación artística y la comunicación no verbal. Dentro de la función social, se pueden destacar varias subfunciones: la de facilitar la interacción social, la de controlar la conducta de los demás, la de permitir la comunicación de los estados afectivos o la de promover la conducta prosocial.

Función motivacional: facilitan las conductas motivadas. Las emociones tienen su aportación más importante en la posibilidad de desacoplar la motivación de la percepción del estímulo, para hacer de esta manera posible su reconsideración.

Es preciso conocer a qué funciones sirven cada una de las emociones, por lo que dedicaremos los próximos números a abordar cada una de las emociones y la forma de manejarlas de manera beneficiosa.

Nos despedimos hasta la próxima… salud y ¡buen viaje!

 

NOTAS:

1-    Fernández Abascal, E. G. et als (2003) Emoción y motivación, la adaptación humana, Vol. I. Madrid: Centro de estudios Ramón Areces.

 

 

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