Uso terapéutico de plantas mágicas (III)

Seguimos con esta compilación de información sobre la otra cara de las plantas psicoactivas, que además de afectar la mente o espíritu humano modificando su conciencia, también tienen sus efectos curativos muchas veces a dosis sub psicodélicas. Su empleo medicinal está extendido por toda la tierra, salvo los polos y desiertos pedregosos donde no crece ni la hierba.

Por LOA

Mandragora autumnalis: Mandrágora

Apenas hallaríamos otro remedio rodeado de tantos y tan misteriosos encantamientos y supersticiones, y tan interesante para la historia de la cultura, como la raíz de mandrágora. Planta de la familia de las Solanáceas, crece silvestre en la Baja Andalucía, desde Jaén y Málaga hasta el Algarbe portugués y la cuenca inferior del Tajo, sobre terrenos bajos, húmedos o inundados (Font 2000).

En Chipre la mandrágora es conocida desde tiempos remotos y usada como remedio contra la infertilidad femenina, para ayudar a las mujeres a quedar embarazadas (Rätsch 1995; Paskulin 2010).

Según el doctor Leclerc, la tintura alcohólica de raíz de mandrágora actúa como sedante y espasmolítico, incluso cuando el beleño y la belladona se muestran ineficaces (Font 2000).

Un doctor esloveno afirma haber probado el ungüento de mandrágora, sintiendo “una especie de protección energética, como un campo energético alrededor de la piel que protege y aporta una fuerza física, como una potencia interior”. Podría a veces eliminar miedos y pensamientos negativos, “como una limpieza energética de los problemas” (Paskulin 2010). Se ha usado como anestésico y como somnífero, así la he probado con gran éxito aunque al precio de una gran sequedad de boca como efecto secundario.

La raíz seca de mandrágora se macera en vino blanco –unos 25 gramos en una botella de vino de 700 ml- durante al menos una semana y sin filtrar los trozos de raíz. Se bebe un vasito de licor (de 40 a 60 ml), mas cantidad podría provocar alucinaciones (Rätsch 2005). La raíz seca de mandrágora puede comprarse por Internet. Precaución amigo ciber psiconáuta.

Mitragyna speciosa: Kratom

Las hojas de este arbusto del sureste de Asia son usadas por la medicina tailandesa contra la diarrea. Los chóferes de Bangkok mascan hojas de kratom como tónico analgésico y supresor del apetito. La medicina popular malaya se sirve de las hojas de kratom para eliminar las lombrices intestinales.

Excelente como ayuda para conciliar el sueño, el kratom es analgésico, anestésico tópico y potente relajante muscular. Algunos nativos han sustituido la bebida por la infusión de kratom, con gran beneficio para su salud.

Las hojas de este arbusto son ricas en varios alcaloides benéficos, como la inmuno estimulante y antioxidante (retrasa el envejecimiento prematuro), epicatequina, también presente en el cacao puro.

La hoja de kratom se masca mientras se trabaja, para suprimir el apetito, mejorar el sueño nocturno, aliviar dolores, como afrodisíaco, para reducir la ansiedad, prevenir enfermedades, incluso como ayuda para la meditación. Pensamos que el kratom tiene un gran potencial como antidepresivo y planta del buen humor. No hemos sentido ningún tipo de adicción física, que parece ser un falso alarmismo de los “drogabusólogos” para justificar su prohibición (ya presente en Malasia, Tailandia, Australia y algunos países europeos aunque No en España).

Papaver somniferum: Opio

El opio es el jugo seco de adormidera o amapola de opio (Papaver somniferum o Papaver officinale). Descrita ya por los sumerios como “la planta de la felicidad” hace cuatro o cinco mil años, el opio se cultiva desde el Neolítico en toda la cuenca mediterránea desde Andalucía hasta Chipre. En 1998 arqueólogos catalanes encontraron restos de opio en un diente de las excavaciones neolíticas de Gavà, Barcelona (Guerra Doce 2006). Hasta el siglo XIX en casi toda la Península se cultivaba adormidera, y la vendían drogueros, boticarios, herbolarios y hasta perfumistas (Usó 1996), como hoy venden en los mercados marroquíes harshasha, cabezas secas de adormidera que fuman para inducir el sueño. En 1869 entre 50 y 62.000 kilos de cabezas de adormidera fueron cosechados en España y hasta bien entrado el siglo XX la automedicación con opiáceos fue una práctica bastante extendida. Entre finales del XIX y principios de siglo XX el opio (y sus derivados) fue la droga más consumida en España. Las distintas preparaciones opiáceas fueron el equivalente de la aspirina, desde el siglo XVII hasta alrededor de 1930. Opio contra el dolor, la diarrea, la tos y por supuesto el insomnio.

En 1670 el médico inglés Thomas Sydenham inventó el láudano, una tintura de opio, azafrán, canela y clavos de olor, todo ello macerado en vino blanco. Hasta el siglo XX el láudano fue uno de los remedios más efectivos y extendidos y también se bebía por sus efectos embriagantes. Según la normativa española de farmacia, hasta 1977 el láudano era una medicina de las de existencias mínimas obligatorias en todas las boticas. En 1925 costaba 30 céntimos (Usó 1996).

La codeína (= metil-morfina), aislada del opio en 1832, se tomaba y se toma para la tos, afecciones pectorales, diarrea, dolores menstruales, etc. Hoy como en 1932 aún se sigue vendiendo, con o sin receta, CODEISAN, pastillas para la tos a base de 30 mg de codeína clorhidrato. Su consumo diario moderado –y en tratamientos cortos, inferiores a dos meses- regula el sistema corporal, disminuyendo la mucosidad excesiva y las flemas, eliminando la tos, la diarrea, los dolores musculares y artríticos, y actuando como anti-depresivo fomenta la ensoñación y la fantasía. El yonqui que quiere pasar del caballo callejero compra pastis de codeína en las farmacias (sin que le pidan receta en algunas ciudades como Alicante, por ejemplo).

Aunque se necesita más investigación, sin duda el opio con sus 39 alcaloides es la sustancia más parecida al sistema cerebral de más de seis endorfinas (morfinas internas), y ambas sustancias serían inmuno-estimulantes (Hogshire 1994).

“Al contrario de lo que sucede con otras drogas de paz, que actúan reduciendo o aniquilando el sentido crítico, la ebriedad del opio y sus derivados deja básicamente inalteradas las facultades de raciocinio, al menos en dosis leves y medias. Se diría que no apacigua proporcionando alguna forma de embrutecimiento, sino por la vía de amortiguar reflejos emocionales primarios en beneficio de una ensoñación ante todo intelectual. De ahí, también, que puedan irritar más de lo común intromisiones, ruidos y actitudes de otros, cuando bajo los efectos de alcohol o somníferos, por ejemplo, ese tipo de estímulo se pasa por alto, e incluso se agradece. Sin embargo, es rarísimo que la irritación desemboque en conducta agresiva (su elemento es más bien la ironía, o el deseo de aislarse), al revés de lo que acontece con otras drogas de paz, pues además de faltar el nivel habitual de impulsividad falta disposición a moverse, chillar, etc.” (Escohotado 1995).

Aun en 1915 un artículo del periódico de la asociación médica americana decía: “Si toda la materia médica disponible se limitase a una sola droga, estoy seguro de que muchos de nosotros, si no la mayoría, elegiríamos el opio”. ¿Quién compraría las sucias drogas de farmacia si pudieran comprar opio? ¿mercado libre? .

Pausinystalia yohimba: Yohimbe

Este árbol africano es el único afrodisíaco reconocido por la ciencia occidental. En 1984 se publicó un estudio científico en el que se demostró estimulación sexual en animales (Science 1984) y en humanos. Las ratas macho drogadas con yohimbina copularon el doble que las no drogadas. La yohimbina es efectiva en un 62% de los casos (The Lancet 1987). En Francia las pastillas de yohimbina se llamaban “Yohimbine Houdée” y se vendían en las farmacias para aliviar las disfunciones eréctiles y la impotencia. En las farmacias británicas aun se venden las Prowess Plain tablets, pastillas “proeza evidente” con 5 mg de yohimbina y cien pastillas por bote…sangre en vena y a toda erección tanto del pene como del clítoris. Su prospecto dice: “La yohimbina es ampliamente reconocida como un seguro y efectivo afrodisíaco con un largo período de uso establecido”. Como tratamiento contra la ausencia de deseo erótico y fallos eréctiles, el prospecto recomienda una o dos tabletas tres veces al día después de las comidas. Los resultados de los ensayos clínicos tipo doble-ciego, hechos en el hospital de Kingston (Ontario, Canadá), demostraron potenciación sexual en un 62% de los casos. Similares resultados mostraron los estudios británicos en varios centros, supervisados por el St. George´s Hospital, de Londres. Por ello se concluyó que la yohimbina debe ser considerada entre los primeros tratamientos de elección para la impotencia psicogénica. Estos estudios se publicaron en Sexual and Marital Therapy (volumen 4, nº 1, 1989). Además de facilitar, aumentar y favorecer la plena erección, tanto del pene como del clítoris, y producir erecciones espontáneas, amplifica el orgasmo y puede producir orgasmos múltiples, y un aumento del deseo erótico en mujeres y hombres. Por supuesto la yohimbina también se usa en veterinaria, para adelantar el celo de los animales hembra.

Además de su uso como afrodisíaco, un amigo nos contó que su médico le había recomendado una infusión con una cucharadita de corteza de yohimbe, tres veces al día, para regular su tensión arterial, que a veces la tenía muy baja y otras demasiado alta.

En homeopatía se usa yohimbe para estimular la producción de leche de las parturientas (Rätsch 2005).

Peganum harmala: Harmel

Por todas partes es muy usada en medicina popular desde Marruecos hasta China. En la India y Pakistán las semillas de harmala se usan por sus propiedades vermífugas, es decir para matar las lombrices intestinales. En Marruecos además se usan como antirreumático y antidiarreico (Ott 2000), esto último suponemos será con cantidades muy pequeñas de semillas, ya que con sólo 5 gramos suelen producir diarrea. Las semillas de hármel se usan entre los beduinos y otros pueblos musulmanes como planta emenagoga: para aliviar los dolores y molestias de la menstruación y la falta de regla. Como abortivo sólo la usan en las primeras semanas del embarazo, porque más tarde podría resultar peligroso abortar al producirse desgarros y hemorragias que, según el caso, podrían llegar a ser mortales, además puede provocar esterilidad (Rätsch 2001). Las propiedades sedantes, emenagogas y abortivas de la harmala han sido confirmadas en animales de experimentación (Ott 2000). En la medicina popular hindú éstas semillas se usan para aliviar el asma. Un té de semillas dicen que alivia el dolor de estómago y los problemas cardíacos y de ciática. En la universidad de Kansas han demostrado que la harmina actúa como un antibiótico, o sea que mata los microbios, por eso no extraña que en Rajastán (India) usen el humo de estas semillas ardiendo como antiséptico para desinfectar heridas (Rätsch 2001).

Las semillas pulverizadas y hervidas en aceite de oliva se usan como aceite de masaje para fortalecer el cabello y combatir su caída (Rivera y Obón 1991).

Un conocido médico y escritor nos relató la siguiente anécdota: viviendo en el pirineo un día le visitó un amigo muy entristecido, al parecer se había muerto su padre, entonces le ofreció una infusión de semillas de Peganum harmala y a la media hora estaba cantando y riendo como si nada hubiera pasado (Mediano 1980). Sin duda estas semillas son un antidepresivo mucho menos tóxico y peligroso -además estimulan la fantasía- que las drogas de farmacia que inhiben la M.A.O. (MonoAminoOxidasa) de forma irreversible (Ott 2006).

El clorhidrato de harmina se ha empleado en casos de encefalitis letárgica (Font 2000).

Puede hacerse un inofensivo té medicinal con 2 a 3 gramos de semillas molidas, se hace una infusión con dos vasitos pequeños de agua (de chupito) y uno de zumo de limón. Se lleva a ebullición revolviendo, al romper a hervir se apaga el fuego, se filtra y se echa el líquido en un vaso. Con el resto vegetal del colador se vuelve a repetir el proceso otra vez y al final se juntan los dos líquidos filtrados y se beben.

La harmina y la harmalina se encuentran en las semillas de Peganum harmala y en los tallos de Banisteriopsis caapi (yajé o ayahuasca). La harmina fue un tratamiento para la enfermedad de Parkinson, hacía disminuir la exagerada excitabilidad del sistema parasimpático, colocando a los pacientes en un estado de euforia que les hacía aceptar mejor su enfermedad (Rätsch 2005).

BIBLIOGRAFIA.

Berger, Markus. 2003. Cactus Enteógenos. Cáñamo. Barcelona.

Escohotado, Antonio. 1995. Aprendiendo de las drogas. Anagrama, Barcelona

Etzel, R. 1996. Special extract of Boswellia serrata in the treatment of rheumatoid arthritis. Phytomedicine 3 (1): 91-94.

Font Quer, Pío. 2000. Plantas Medicinales. El Dioscórides renovado. Ediciones Península. Barcelona.

Guerra Doce, Elisa. 2006. Las drogas en la prehistoria. Bellaterra. Barcelona.

Gottlieb, Adam. 1977. Peyote and other psychoactive cacti. U.S.A.

Hogshire, J. 1994. Opium for the masses. A practical guide to growing poppies and making opium. Loompanics, USA. Esta editorial cerró.

Malpica, Karina. Peyote ¿Medicina tradicional o droga lúdica? Cáñamo nº 156 diciembre 2010 páginas 48 a 50.

Mediano, Lorenzo. 1985. Comunicación personal del autor de "El secreto de la Diosa".

Ott, J. 1998. Pharmacophilia o los paraísos naturales. Phantastica. Barcelona. Página 113.

Ott, J. 2000. Pharmacotheon, 2ª edición, Los libros de la liebre de marzo. Barcelona.

Ott, J. 2006. Análogos de la Ayahuasca. Ediciones Amargord. Madrid. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Paskulin, Roman 2010. Aspectos terapéuticos de la mandrágora y la iboga. Revista Cáñamo nº 156 diciembre. Barcelona. Páginas 118 a 120.

Lancet, The. Nº 22 agosto de 1987.

Rätsch, C. 2001. Peganum Harmala, la ruda de Siria, páginas 182 a 184 del Especial 2001 de la revista Cáñamo: 50 Sustancias psicoactivas. Barcelona.

Rätsch, C. 1995. Las Plantas de Venus. Cáñamo ediciones. Barcelona.

Usó, Juan Carlos. 1996. Drogas y cultura de masas ( España 1855-1995 ). Taurus, Madrid.

 

Jeringuillas en los cines

Se dice, se cuenta, se comenta que, años atrás, había desaprensivos y vengativos yonkis que se dedicaban a dejar jeringuillas en las butacas de los cines con la pérfida intención de transmitir el VIH a inocentes y honrados ciudadanos como usted o como yo mismo. ¿Será verdad? ¿Será mentira? ¿Qué será... será? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

Esta es una vieja historia que escuché por primera vez en los primerísimos años 90 –o puede ser, incluso, que casi al finalizar la década de los 80-. Alguien, no recuerdo quien, me comentó que había peña que dejaba chutas en los asientos de los cines para que los cinéfilos se pincharan inadvertidamente y, con ello, contrajeran el SIDA.

Por aquellos años, lo cierto es que, quien esto escribe, andaba metido de lleno en el mundillo del yonkarreo y tenía contacto habitual con toda una legión de yonkis prototípicos. Muchos de ellos estaban infectados por el temido virus, pero les puedo asegurar que ninguno de ellos perdía el tiempo acudiendo a salas comerciales a ver películas de ningún tipo. Es más, a lo largo de esa época yo mismo fui al cine en una única ocasión, acompañado de mi pareja, los dos previamente enjamonados hasta las trancas. La peli en cuestión era El Cuervo (1994), y ni ella ni yo recordamos absolutamente nada de la trama porque a los 5 minutos nos quedamos dormidos, de modo que no volvimos a repetir la experiencia y hubieron de pasar unos cuantos años hasta que, habiéndome bajado del burro y cambiado de novia, volviese, de nuevo, a entrar en una sala cinematográfica.

Con esto no quiero decir que los adictos a la heroína no vean películas. Claro que las ven, únicamente que, los que yo conocía por aquella época las visionaban en sus casas (los que tenían) o en los Centros de Emergencia Sociosanitaria donde acudían a desayunar, comer y cenar por la patilla y, fundamentalmente, a intercambiar sus jeringas usadas por otras nuevas. En estos sitios, por lo demás, había una salita con una televisión y unas cuantas sillas donde los parroquianos podían deleitarse viendo cosas como El Guardaespaldas o “Pasapalabra”, también por la patilla. De nuevo, la mitad de la concurrencia se quedaba noqueada con ellas, aunque también es cierto que buena parte las disfrutaba efusivamente e, incluso, había alguno que, a la luz de las invariablemente certeras respuestas que profería en voz alta a las preguntas que se planteaban en el celebre concurso televisivo, bien podría haberse presentado al mismo y haberse hecho millonario en menos que canta un gallo.

La cuestión, en cualquier caso, es que, por lo menos a estos yonkis, les salía mucho más rentable acudir a los dispositivos de reducción de daños que ir al cine a dejar chutas abandonadas para putear a la peña. A fin de cuentas, en dichos dispositivos, como ya hemos apuntado anteriormente, entraban por la cara, comían por la cara, veían películas por la cara, recibían jeringuillas nuevas a cambio de las viejas y, además, podían quedarse apalancados (descansando, charloteando o matando el tiempo) durante horas y horas. En el cine, por el contrario, debían pagar la entrada (tan costosa como una micra de heroína por aquellos días), las palomitas o el bocata (más caros, incluso, que un fardo del mejor jako afgano), dejar sus chutas usadas sin que nadie les diese nada a cambio, y encima, no sólo no podían hacer sus comentarios a voz en grito sobre lo macizorra que estaba la prota o lo tonto que era el bueno de la peli sino que, además, quisieran o no quisieran, impepinablemente eran despachados a la calle después de la hora y media que suele durar una película al uso. En resumen: que eso del cine no les merecía para nada, más bien todo eran desventajas, y por eso prescindían de frecuentarlo.

Por otra parte, se da el caso de que, una vez transcurridos los primeros y esparramosos años 80 –y, sobre todo, una vez que la sociedad al completo, incluidos los heroinómanos, fue siendo consciente de los peligros del VIH y de sus formas de transmisión- el colectivo yonki terminó por mostrarse –de forma absolutamente mayoritaria- extremadamente respetuosa y pulcra a la hora de deshacerse de su instrumental de consumo. Tanto es así que, a no ser que fuera en las propias zonas de trapicheo situadas en los descampados de las periferias de las ciudades (en los cuales siguieron y siguen tirando sus chutas usadas sin miramiento alguno, pues, aparte de ellos nadie más va por ahí), lo habitual es que se muestren perfectamente recatados y atentos para no tirar ni abandonar nada que pueda dañar a nadie, y que, incluso, amonesten y reprendan vehementemente a quien ose comportarse de otro modo.

No obstante, también nos consta que, tanto antes como probablemente ahora, las jeringuillas han sido utilizadas por los yonkis como arma a la hora de cometer sus atracos. De hecho, a finales de los 80, enfrente del que era mi colegio hubo un yoni que intentó atracar a un viandante intimidándole con una chuta que creo que llegó a clavarle, con la mala fortuna de que el transeúnte en cuestión era un experto en artes marciales y le dio tal somanta de hostias que casi lo mata; hasta el punto que tuvo que acudir una ambulancia para llevárselo inmediatamente a la UVI. El asunto salió incluso en el periódico, aunque no se mencionaba si la jeringuilla en cuestión contenía el virus del SIDA ni si la desafortunada victima había quedado infectada.

De igual manera que, a título personal, podemos atestiguar que hay otras formas, aparte de los atracos, mediante las cuales los heroinómanos han tratado –y seguramente logrado- transmitir el virus a otras personas. A modo de ejemplo ilustrativo les contaremos que, una vez, intentando conseguir una jeringuilla en un poblado, un parroquiano me dijo: «yo tengo una, te la vendo, está usada, pero tranqui, que, aunque tenga el SIDA, te juro por mis hijos que el médico me ha dicho que no puedo contagiarlo». A lo que, lógicamente, no tuve más remedio que contestarle: «gracias, majete, pero no; y dile de mi parte a tu médico que, si algún día necesita una transfusión de sangre, no dude en pedírtela».

Es decir, que no negamos en modo alguno que haya habido, hay y habrá usuarios de drogas por vía endovenosa que han intentado transmitir –y transmitido- el VIH de forma premeditada e intencionada a otras personas que no eran seropositivas. Sin embargo, en estos casos, la voluntad y la finalidad del acto de intimidar a alguien con una jeringuilla, de pincharle en medio de la trifulca de un atraco o de dársela para que esa otra persona se inyecte a sí misma poco tiene que ver con la maléfica intención de dañar al prójimo gratuitamente, sin otra motivación que la de “sentenciar a muerte” a desconocidos e inocentes ciudadanos, de martirizarlos, de “vengarse de la sociedad”, o de contribuir a la extensión del virus entre la población por el simple y perverso gusto de hacerlo. No, los casos a los que hemos aludido, por muy deplorables y mezquinos que sean, se rigen, primordialmente, por el objetivo de obtener un beneficio económico –el necesario para poder cubrir su acuciante necesidad de heroína-. En otras palabras, el daño que traen consigo –sin dejar de ser gravísimo e inadmisible- vendría a ser el ignominioso efecto colateral que traerían aparejadas las igualmente ignominiosas y viles prácticas que algunos drogodependientes han llevado y llevan a cabo para conseguir su suministro de droga; lo cual es muy diferente a abandonar una jeringuilla infectada en una butaca con la única intención de joderle la vida al primero que tenga la mala suerte de sentarse en ella.

Sea como fuere, somos conscientes de que nuestra experiencia personal no es más que eso, nuestra experiencia, y que lo que les hemos contado hasta ahora no son más que meras “batallitas del abuelo” que en nada esclarecen la verosimilitud o la falsedad del asunto de las agujas, el cine y el VIH.

Aun así, no se apuren, puesto que, una vez llegada la era de Internet, resulta que aquel comentario que alguien nos hiciera sobre este asunto hará ya un par de décadas, pasó a convertirse en un mail en cadena que circuló durante años por todas partes y en todos los idiomas, incluido el castellano.

De tal forma que, el hecho de que esta historia haya pasado a circular masivamente por el ciberespacio, nos concede la posibilidad de contrastar nuestra experiencia y opinión personal con la de millones de personas en todo el planeta, especialmente con las de aquellas que se dedican “profesional” y concienzudamente a desmontar bulos, mitos y hoax, como por ejemplo: Snopes.com y Allabout.com. Y resulta que, como no podía ser de otra manera, basta con consultar las mencionadas Webs para confirmar que el asunto de las jeringas en los cines no es más que un bulo.

Al parecer, tras años de seguir y estudiar de cerca el asunto, éstas vendrían a ser las únicas evidencias claras que tales reputados cazadores de mitos han podido encontrar al respecto:

  • El caso de un hombre de Louisiana y el de una mujer en Georgia que se pincharon con una aguja al sentarse en las butacas de unas salas de cine de aquellas ciudades (en 1996 y en 2001 respectivamente). Los entendidos en la materia aducen que no había ningún indicio en razón del cual pudiera determinarse que dichas jeringuillas hubiesen sido depositadas ahí premeditadamente con la voluntad de infectar o asustar a nadie (no había notas de «bienvenido al mundo del SIDA» ni nada por el estilo) y, de hecho, tampoco hubo evidencia de que ninguna de las dos personas hubiese quedado infectada. Lo más probable, por tanto, es que la presencia de las agujas y los pinchazos no fuesen más que hechos fortuitos, como pasa cuando alguien pierde –o se encuentra- un móvil, una cartera o unas llaves en el asiento del cine (pues, huelga decirlo, a pesar de nuestros comentarios iniciales –verídicos pero parciales-, no se nos escapa que muchos inyectores van al cine, al teatro, al fútbol y a cualquier otra parte donde puedan ir el resto de los mortales). De hecho, hace unos años, yo mismo me encontré una chuta, limpia y sin usar, entre los cojines de un chill-out de Lavapies, y no lo interpreté más que como eso: una casualidad… «se le habrá caído a alguien, a una distraída enfermera, probablemente», pensé, «igual que a otros se les caen las gafas o las lentillas».
  • El caso de un preso que pinchó e infectó intencionadamente a un funcionario de prisiones en Australia; y el de una mujer que fue asaltada en una gasolinera de Maryland y pinchada con una jeringa mientras el asaltante (posteriormente detenido y encarcelado) le decía «bienvenida a la realidad: tienes el SIDA» (no obstante, la victima continuó siendo seronegativa).
  • Numerosos casos, acaecidos en los más dispares lugares desde finales de los años 90, en los que aparecieron agujas en los bancos de los parques, en los cajetines de las cabinas telefónicas y en sitios similares; así como incidentes en los que uno o varios chavales se dedicaron a pinchar a otros con jeringuillas. En ninguna de las ocasiones las agujas estaban contaminadas ni hubo nadie que contrajera virus ni enfermedad alguna. De tal manera que, dichos sucesos (que, por lo demás, solían coincidir temporalmente con la mención a este tema en la prensa o con los momentos de mayor apogeo en la difusión de los correos en cadena) no vendría a ser más que una nueva versión –aunque más retorcida y desagradable- de esa vieja broma pesada que acostumbraba a hacerse hace décadas con esos timbres que se vendían en las tiendas de petardos y artículos de broma (tal vez aún los comercialicen, no lo sé…). Eran redondos y de color negro, en el centro tenían un círculo blanco con un minúsculo y casi imperceptible agujerito en el medio. Dentro venía incrustada una pequeña aguja que, al apretar el inmaculado redondel que hacía las veces de timbre, se te clavaba lastimosamente en el dedo. ¡No veas tú que gracia!

Todo lo demás, cuentos chinos. No lo duden.

Referencias:

SNOPES: Pin Prick Attacks.

Disponible en: http://www.snopes.com/horrors/madmen/pinprick.asp

 

Uso terapéutico de plantas mágicas (II)

Finalizamos con esta tercera parte la revisión del uso etnomedicinal de las plantas consideradas sagradas por diversos pueblos y culturas de todo el orbe

Piper methysticum: Kawa (raíz de Kava-Kava).

Piper methysticumPiper methysticum

En Oceanía la raíz de este arbusto se usa como analgésico interno y externo (anestésico tópico), excelente como ayuda para conciliar el sueño (puede inducir sueños vívidos), y potente relajante muscular. La consideran un tranquilizante en casos de desgracias. Se mantiene el conocimiento y el sentido común. Es muy eficaz para disminuir la ansiedad y como un destensador de los músculos, anticonvulsivo, antiespasmódico y analgésico. Con una dosis aumentada parece que el kava produce un sueño profundo y reparador sin interferir en los ciclos naturales del sueño (Cass y Mcnally 1998). De 1 a 1,5 gramos de kavalactonas provocan sueño profundo en menos de media hora, un efecto comparable a los somníferos químicos de farmacia. La diferencia es que con el kava al día siguiente NO hay amodorramiento o escasa energía, como si pasa a veces con las drogas de síntesis farmacéuticas que además con frecuencia suprimen el sueño profundo y la fase REM (Rapid Eye Mouvements, movimientos rápidos de los ojos es la fase en la que se producen los sueños). La kavaína tiene un efecto anestésico local comparable a la cocaína, tanto en duración como en intensidad, además la kavaína NO es tóxica para los tejidos.

La dihidrometisticina (DHM) resultó ser más analgésica que la aspirina, con sólo 120 mg por kilo de peso del paciente que sufría dolores, se consiguieron aliviar o eliminar, mientras con aspirina se necesitaron 200 mg./kg de peso corporal (Lebot 1997). Como relajantes musculares tanto la DHM como la DHK se mostraron más potentes que las benzodiacepinas y otras drogas de síntesis química-farmacéutica. Además inhiben las convulsiones y contracciones musculares y nerviosas.

La dosis mortal en humanos de raíz de Kawa es desconocida (Rätsch 2005), ¿Cuántas drogas de farmacia pueden decir lo mismo?.

Psilocybe mexicana: Teonanácatl.

PsilocybesPsilocybes

Los aztecas usaban este hongo sagrado para aliviar la fiebre y la gota. Hoy día en México se sigue usando para muchas dolencias: molestias estomacales e intestinales, migrañas y dolores de cabeza (en Erowid hay un artículo sobre uso actual de dosis bajas de psilocybes para aliviar dolores de cabeza), hinchazón, fractura craneal, daños epilépticos, y enfermedades agudas y crónicas. Sin ser chamanes muchos nativos emplean dosis sub psicodélicas de setas, sólo en caso de enfermedad (Rätsch 2005).

Albert Hofmann encontró un 0,25% de psilocibina y 0,15% de psilocina en hongos secos de la especie Psilocybe mexicana.

Psychotria viridis: Chacruna.

Psychotria viridisPsychotria viridis

Las hojas de este arbusto amazónico suelen contener DMT (Dimetil Triptamina), y se usan como ingrediente principal en la elaboración de pócimas visionarias tipo yajé o ayahuasca. No tiene reputación como planta medicinal, aunque también es cierto que está poco estudiada.

Los nativos Machiguenga usan el jugo fresco de hojas de P. viridis como colirio ocular contra los dolores fuertes de cabeza (migrañas). También el LSD y la psilocibina, en dosis bajas, se han usado para aliviar estos dolores con éxito.

Salvia divinorum: Salvia de los adivinos.

salviasalvia

Chamanes y chamanas mazatecos de Oaxaca (México), usan hojas de esta especie de Salvia en sus rituales sagrados, curativos y adivinatorios. Generalmente como sustituto de los hongos en la temporada seca, sólo unos pocos chamanes prefieren la Salvia.

Los nativos usan preparados No psicoactivos para tratar desórdenes de la orina y la defecación, dolores de cabeza, reuma, anemia, y como reconstituyente para convalecientes o para revigorizar a los ancianos (Rätsch 2005).

Sceletium tortuosum: Canna, Kanna, Kougoed.

Sceletium tortuosumSceletium tortuosum

Los nativos de Namaqualand y Queenstown, en Sudáfrica, beben un té hecho con hojas de esta plana herbácea de aspecto suculento, como analgésico y para suprimir la sensación de hambre. Las hojas frescas carecen de psicoactividad, solo la planta fermentada es psicoactiva. Las hojas y tallos contienen de 0,3 a 0,86% de mesembrina junto a algo de mesembrinina y tortuosamina (Rätsch 2005). La Mesembrina es un Inhibidor Selectivo de la Recaptación de la Serotonina, por lo que se emplea como antidepresivo. En pequeñas dosis la kanna da un efecto meditativo, en dosis mayores produciría una tonificación eufórica. Después de una hora cambia a una sedación cercana al estado de trance. Se nota un aumento de la sensualidad y sensibilidad al contacto e insensibilidad al dolor. Otros efectos experimentados han sido la liberación del miedo o el estrés, un más elevado estado de consciencia y un aumento de la concentración. En un estudio hecho con una docena de experimentadores que consumieron kanna preparado según la fórmula tradicional, la mayoría destacó sus propiedades relajantes, euforizantes, reductoras de la ansiedad y empatógenas (muchos dijeron que el kanna sólo o mezclado con alcohol reducía la timidez y facilitaba la charla con desconocidos). Kanna podría clasificarse como hipnótico-sedante opiáceo.

Tabernanthe iboga: Iboga.

 ibogaiboga

La raíz de Iboga, y la de Voacanga africana, se usan en la medicina popular de África Occidental como estimulante, tónico, afrodisíaco; en casos de debilidad nerviosa, fiebre e hipertensión sanguínea. Por sus propiedades anestésicas también se usa para aliviar el dolor de muelas. Algunos chamanes prefieren la raíz de Voacanga africana, que contiene carbometoxi-ibogaína y sustancias relacionadas con la ibogaína.

En el Congo usan iboga para curar la enfermedad tropical del sueño (Rätsch 2005).

En la época colonial los franceses del África Ecuatorial comercializaron un extracto de iboga llamado lambarence, un curalotodo recomendado especialmente para tratar la neurastenia y la sífilis. Hoy las farmacias homeopáticas venden tintura madre de raíz fresca como “Tabernanthe iboga T.M.”

Algunos doctores emplean iboga para deshabituar a los enganchados a coca o heroína, pero expertos como Jonathan Ott niegan la mayor: Es imposible “curar” porque el hábito de consumir drogas es natural y consustancial al ser humano. Se trata de que nuestros hábitos se mantengan en un nivel saludable, empleando drogas puras o vegetales NO adulterados, y en dosis moderadas compatibles con la salud. Aunque experimentos con primates han demostrado que la ibogaína reduce la habituación (“adicción”) a opiáceos y bloquea parcialmente el síndrome de abstinencia, al abandonar el consumo de iboga la mayoría de los habituados a opiáceos retoman su hábito. Las criaturas humanas somos animales de costumbres fijas…

Si parece claro que la estimulación que da la iboga es de un tipo diferente a la estimulación anfetamínica. La investigación del doctor R. Paskulin muestra que la ibogaína modifica el metabolismo energético, potenciando la energía dentro de las células y en todo el organismo mediante una transformación en los hidratos de carbono. Todo el organismo esta mas sano, fuerte y enérgico. La iboga sería útil en convalecencias, acortando el tiempo de recuperación tras una infección o enfermedad debilitante (Paskulin 2010). Varios autores coinciden en que tras tomar iboga sintieron más energía y un mejor estado mental durante semanas e incluso meses. La ibogaína ha demostrado interactuar con muchos neuroreceptores diferentes, y esta sería la razón de su efectividad.

Trichocereus pachanoi (y T. peruvianus): Cactus San Pedro.

Trichocereus PachanoiTrichocereus Pachanoi

Este conocido cactus mescalínico, además de ser el sacramento ritual de los chamanes, se usa en medicina popular peruana como tónico y afrodisíaco. Las dosis sub psicodélicas irían de solo 2 gramos a 6 gramos de tejido verde seco de cactus jóvenes florecidos y cultivados en secano, recolectados tras una prolongada sequía. Tanto el pachanoi como el peruvianus tienen una piel externa dura de aspecto plástico que debe retirarse, tras el secado se pela el cacto como si fuera un pepino, guardándose la parte verde y desechando la pulpa blanquecina interior. Hay pocos análisis químicos como para asegurar que especie de cactus es más potente, pero como dijo Anthony Henman en el número 120 de la revista Cáñamo: cactus encontrados en secarrales de Barcelona resultaron tan potentes como los del Perú. Según varios testimonios que hemos recogido, el cactus San Pedro se ha extendido por todo el Mediterráneo, y es un fabuloso anti depresivo a dosis inferiores a diez gramos de tejido verde seco. En altas dosis puede proporcionar la necesaria catarsis que muchas personas necesitan para su liberación emocional. Si además de una agradable estimulación de 6 a 8 horas, se desea un efecto empatógeno (para relacionarse con los demás) harán falta 5 o 6 gramos de tejido verde seco o su equivalente en extracto acuoso de aspecto alquitranado.

Turbina corymbosa: Ololiuqui, badoh blanco, semillas de la virgen.

hawaiian baby hawaiian baby

Las semillas de esta trepadora se usan de forma ritual y medicinal en México desde épocas pre hispánicas, entre los Aztecas y otros pueblos mesoamericanos.

Los Mayas de Yucatán usan la planta como diurético y para tratar lesiones y contusiones. En Tecún Umán (Guatemala), las hojas de esta enredadera se usan para eliminar tumores. En Cuba le llaman aguinaldo y se emplea en medicina popular como ayuda en los partos, igual que en algunas zonas de México.

Las semillas contienen de 0,012 a 0,07% de amida del ácido lisérgico y otros alcaloides relacionados. Las semillas de la trepadora asiática Argyreia nervosa contienen un 0,3% y son las más potentes, muchos psiconaútas nos han asegurado que los efectos de cuatro a ocho semillas son iguales a un cuarto de tripi (dosis callejera de L.S.D.), informando de visiones coloridas de tipo místico y efectos psicodélicos durante seis a ocho horas o incluso más. La Argyreia también se considera un afrodisíaco y tiene efectos sedantes, hipnóticos.

Virola sp.: Cumala, épena, …

Virola sebiferaVirola sebifera

Los chamanes venezolanos fuman la corteza interior seca de Virola sebifera para bajar la fiebre. Los nativos venezolanos Warao usan la sabia de Virola surinamensis para aliviar las inflamaciones bucales (Ott 2000).

Una especie de Virola no identificada se dice que es usada como contraceptivo.

Varias especies de Virola son consideradas como estimulantes cerebrales y se piensa que potencian la memoria y la inteligencia.

Algunas especies de Virola (elongata, melinonii, sebifera, surinamensis), se emplean en medicina popular para tratar enfermedades de la piel (Rätsch 2005).

Las farmacias homeopáticas venden Virola sebifera con el nombre de Myristica sebifera T.M. (Tintura Madre), para las supuraciones. Se considera un gran antiséptico.

Voacanga africana: Voacanga.

Voacanga africanaVoacanga africana

La raíz de este vegetal es de composición y efectos similares a la iboga. Algunas sustancias extraidas de la Voacanga han demostrado cierto valor terapéutico.

La tabernamontanina se usa en geriatría: arterioesclerosis, trauma cerebral, dolor de cabeza, vértigo, falta de memoria, irregularidades en la circulación periférica, etc.

La voacamina es un buen tónico cardíaco, como también lo es la corteza de la ráiz de Voacanga. La vincamina aumenta el riego sanguíneo cerebral y se usa en forma de comprimidos, en la farmacopea occidental. En erowid.org citaban un estudio científico publicado en una revista de investigación cerebral: Kombian y su equipo publicó:

“Ibogaine and a total alkaloidal extract of Voacanga africana modulate neuronal excitability and synaptic transmission in the rat parabrachial nucleus in vitro”. 

Brain Res Bull. 1997;44(5):603-10.

BIBLIOGRAFIA.

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www.erowid.org

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Guerra Doce, Elisa. 2006. Las drogas en la prehistoria. Bellaterra. Barcelona.

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Malpica, Karina. Peyote ¿Medicina tradicional o droga lúdica? Cáñamo nº 156 diciembre 2010 páginas 48 a 50.

Mediano, Lorenzo. 1985. Comunicación personal del autor de "El secreto de la Diosa".

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Paskulin, Roman 2010. Aspectos terapéuticos de la mandrágora y la iboga. Revista Cáñamo nº 156 diciembre. Barcelona. Páginas 118 a 120.

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Usó, Juan Carlos. 1996. Drogas y cultura de masas ( España 1855-1995 ). Taurus, Madrid.

 

Cazadores de Mitos: Calcomanías con LSD

Se dice, se cuenta, se comenta que en las puertas de los colegios hay desconocidos que regalan o venden calcomanías que contienen LSD con la perversa intención de enganchar o aficionar a los niños a las sustancias psicoactivas y, de este modo, tener asegurada la clientela del futuro. ¿Será verdad? ¿Será mentira? ¿Qué será... será? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

Corría el año 2001 cuando una compañera de trabajo vino a mostrarme, perpleja, lo que había recibido el día anterior en el buzón de su domicilio, un folio cuyo contenido les resumimos a continuación:

Si Vd. tiene niños de edad escolar, o sabe de alguien que los tenga, por favor ponga atención a la siguiente información. Una forma de calcomanías llamadas "Estrella Azul", "Pirámide Roja" y "Ventana de Cristal" está siendo vendida o regalada a los niños en la escuela. Es un pequeño pedazo de papel que contiene estrellas azules o puntos de colores, del tamaño de un borrador de lápiz, cada estrella está impregnada de LSD. La droga puede ser absorbida a través de la piel con un simple manejo del papel. También hay papeles semejantes a un timbre postal ilustrado con colores muy brillantes que tienen lo siguiente: Bart Simpson, Superman, Mariposas, Payasos, Mickey Mouse y otros personajes semejantes de Walt Disney. Cada uno está empaquetado en bolsas de celofán.

POR FAVOR, ADVIERTA DE ESTO A SUS VECINOS, AMIGOS Y FAMILIARES Y SOBRE TODO A SUS PROPIOS NIÑOS.

Si sucediera que sus niños obtuvieran alguna de estas drogas, sus síntomas serían:

ALUCINACIONES, CAMBIOS DE CARÁCTER, VÓMITO SEVERO, RISA INCOTROLABLE, CAMBIOS DE TEMPERATURA CORPORAL, PODRÍAN CAUSARLES PÉRDIDA DE MEMORIA POR UN LAPSO O POR TIEMPO INDEFINIDO.

Por aquel entonces, ahí quedó la cosa: nos echamos unas buenas risotadas a cuenta de este clásico e imperecedero cuento que siempre habíamos interpretado como un puro y duro mito y dimos el tema por zanjado. Ahora, sin embargo, pasados los años, con dos hijos a nuestras espaldas y embarcados en nuestra consabida labor de desactivar posibles mitos sobre drogas no podemos menos que preguntarnos… ¿qué sabemos realmente de este asunto de primera mano? ¿Alguna vez hemos llevado a cabo personalmente una investigación que trate de corroborar o de refutar los hechos? La respuesta es, sencillamente, que no. De modo que, la haremos ahora mismito y empezaremos por el trabajo de campo, es decir, nos acercaremos a la puerta del colegio al que va mi hijo mayor y, con mirada de investigadores en toxicología, observaremos atentamente lo que ahí se cuece.

23 de marzo de 2011; 14:00 h.; cielo nublado; hace un frío de cojones. Una marabunta de infantes sale escopetada de las aulas y pulula en todas direcciones en torno al patio y a la cancela del centro educativo. Los hay que corren, saltan, suben por aquí, bajan por allá o ruedan y se revuelcan por acá de una forma frenética y desbocada, parece que estuvieran fuera de sí. Muchos sonríen, ríen, se parten a mandíbula batiente o, simple y llanamente, se descojonan vivos. Otros están abatidos, consternados, tristes o llorosos; y los hay, incluso, que se muestran coléricos, furiosos y enrabietados hasta el punto de llegar a desplegar comportamientos inequívocamente violentos contra sus progenitores o contra otros infantes. Por último, para pasmo y asombro de propios y extraños, unos van tiritando, a pesar de ir abrigados hasta las orejas, mientras que otros parecen sofocados aun cuando vayan en mangas de camisa, con el abrigo cogido de la mano y arrastrándolo por el suelo… En otras palabras, que a excepción de las pérdidas de memoria estamos en condiciones de confirmar, uno por uno, todos los síntomas de la intoxicación por LSD descritos en la nota informativa anteriormente mencionada. Vamos, que cualquier observador imparcial podría describir o calificar lo visto como un pequeño Baby-Woodstock y no faltaría a la verdad.

En fin, que recojo a mi hijo, y le pregunto: « ¿Qué tal, cariño, que has hecho hoy en el cole?» A lo que me responde: «No lo sé y no me acuerdo». «Uy, uy, uy», pienso para mis adentros, «esto ya empieza a ser mosqueante de verdad».

«A ver», le digo, «enséñame los brazos».

« ¿Para qué? ¿Qué pasa?» Me dice.

«Te he dicho que me enseñes los brazos y punto. Venga, levántate las mangas de la camisa, que esto es bastante serio, hijo».

Se las levanta y en el antebrazo derecho veo que lleva una calcomanía.

« ¿Y eso qué es?»

«Una estrella azul».

« ¿Y de donde la has sacado?»

«Me la ha regalado Gonzalo».

« ¿Y Gonzalo de donde la ha sacado?»

«Se la ha regalado su hermano».

« ¿Y su hermano de donde las saca?»

«Pues yo qué sé… las colecciona, se las compra, las cambia con otros chavales, se las regalan… ¿a mí qué me importa?»

«Vale, muy bien… ¿tienes más?»

«Si, Gonzalo me ha regalado unas cuantas.»

«Enséñamelas, por favor.»

«Mira, son estas, estrellas azules, rojas, Mickey Mouse, mariposas… ¿a que molan?»

« ¡Ay va, mi madre!», me digo, «que al final esto va a ser más grave de lo que me pensaba…»

«Anda, tira para casa que ya hablaremos tú y yo…»

A continuación le llevo a casa y le someto a observación durante los días siguientes, prohibiéndole taxativamente que mientras tanto se ponga calcomanías de ningún tipo. El chico se comporta con normalidad: come bien, hace sus deberes, ve la tele… Así que, llegado el fin de semana decido poner a prueba el potencial psicoactivo de las dichosas calcomanías usándole como sujeto experimental. Le llevo al cuarto de baño y le coloco una estrella roja, dándose el caso de que el más pequeño, de dos años y medio, ve toda la operación y se pone como loco para que le ponga otra a él. Su insistencia es de tal calibre que, en pos de la ciencia y de la buena convivencia familiar, me decido a ponerle una de Mickey. Acto seguido nos vamos al salón. Yo me siento en el sofá y les observo subrepticiamente mientras hago como si leyera el Cannabis Magazine. Ellos se quedan en el suelo, tranquilitos, obnubilados con sus dibujitos, a su bola. Hasta que, de improviso, les da una súbita ventolera, se ponen en pie y empiezan a correr de un lado a otro, persiguiéndose, partiéndose de risa y gritando desaforadamente cosas como «here we gooo» «okie dokieee» y llevándose las manos a la cabeza mientras exclaman «¡Mamma mía!».

« ¡Joder, joooder!», me digo, «estos van entripados, pero vamos, hasta las mismísimas trancas, sin la menor duda».

De modo que le pido a su madre que se haga cargo de ellos durante el resto del día y, directamente, doy paso a la segunda fase del proceso experimental: me voy al baño y me coloco yo mismo una estrella azul en el brazo. Espero: media hora, una hora, una hora y media… Nada, que no me sube, así que decido aumentar la dosis: otra estrella azul y otro período de espera… con el mismo resultado. Nuevo aumento de dosis: estrella roja… Lo mismo. Sumo, pues, un Mickey Mouse… más de lo mismo… y así hasta que, con los brazos repletos de calcomanías y sin haber obtenido siquiera el más mínimo efecto psicoactivo, caigo en la cuenta de que, como era de esperar, estos artículos para niños no contienen ni han contenido jamás ni un mísero microgramo de LSD.

«Y el desbocado y desconcertante comportamiento de sus hijos y de sus compañeros de colegio que anteriormente tuvo a bien describirnos y que coincidía punto por punto con la alerta con la que se iniciaba este artículo, ¿a qué se debe, entonces?» Dirá usted.

Pues se debe a que son niños y a que ese es su peculiar, particular y prototípico modo de comportarse. Los niños viven en su propio mundo de pompas de colores, en el que pueden tirarse horas jugando con el tapón de una botella como si de un OVNI se tratara. Los niños son completamente bipolares, ahora se parten de risa, dos segundos después están llorando, luego se lían a tortas y a los tres minutos están despatarraos de la risa otra vez. Los niños vomitan y se acuerdan y se olvidan de lo que les da la gana… En definitiva, los niños son unos flipaos, no cabe duda, pero lo son de forma espontánea y natural no porque ingieran LSD… cosas de la edad (suerte la suya).

En cuanto a las calcomanías, cabe decir que jamás se ha documentado caso alguno en el que contuvieran sustancias psicoactivas, de igual manera que tampoco se ha registrado ningún incidente real y concreto en el que un infante haya resultado intoxicado por emplearlas. De lo que si que hay constancia, harto abundante y consabida, es de la presentación de las dosis de LSD en pequeños papeles secantes que llevan impresos los más variados dibujitos, que unas veces reflejan imágenes de la iconografía infantil -los Simpson, Panoramix, etc.- y otras de la iconografía popular adulta -Leary o Hofmann, por ejemplo-.

Y, a nuestro modo de ver, el origen directo del mito de las calcomanías con LSD viene precisamente de este hecho, es decir, del sobresalto que algún o algunos adultos ajenos –o no- al entorno de las drogas y de la psicodelia se habrían llevado en el momento de toparse con un ejemplar de estos secantes con dibujitos infantiles y del miedo atroz que les habría entrado al pensar que, con tal apariencia, deberían estar indefectiblemente destinados al público pre-puber o, al menos, a la posibilidad de que dicho público, en caso de tenerlos a mano por cualquier motivo, pudiera consumirlos despreocupada e inocentemente.

De hecho, hay quienes sitúan el origen de este mito en 1980 (si bien otros han logrado detectar variantes similares circulantes ya en los años 60), cuando la Oficina de Narcóticos de Nueva Jersey incluyó en su Memoria imágenes de tripis con la figura de Mickey Mouse, alertando de la posibilidad de que los más pequeños pudieran confundirlos con calcomanías. Posteriormente, la advertencia se difundiría por todo el mundo, desde entonces acompañada con membretes falsos de las más variadas instituciones públicas (hospitales, cuerpos policiales, etc.).

Lo cierto, en cualquier caso, es que los camelletes no se dedican ni se han dedicado nunca a regalar ácidos a la puerta de los colegios ni han tratado jamás de hacer clientela entre posibles compradores con un poder adquisitivo como el que tienen los alumnos de la escuela infantil. Lo cual, sin embargo, no significa que nuestros niños no estén expuestos a los “regalos envenenados” que algunos pérfidos desconocidos pueden llegar a darles con la intención de contaminar su conciencia y su pensamiento. Vean, si no, el caso que nos cuenta una tal Mª Ángeles en el libro Leyendas Urbanas:

«Muchas veces he oído hablar de los caramelos envenenados en las puertas de los colegios. Yo estaba en 3º, salíamos del colegio y un señor muy simpático te daba un caramelo y te pegaba una pegatina del PSOE en el pecho. Una mujer que se encontraba allí comenzó a gritar como loca diciendo que esos caramelos contenían droga. Nadie se atrevió a cogerlos, menos los que siempre aprovechaban las buenas ocasiones y decían "eso no es verdad, la droga no existe" (hay que matizar, teníamos nueve años). Más tarde me di cuenta, con el paso del tiempo, de que esa mujer era del PP».

Por último, como señala J. Sampere, el uso de imaginería relacionada con los dibujos animados en los secantes de LSD probablemente tenga su origen en el sentido contra-cultural que se dio a la película Fantasía, de Walt Disney, en la que muchos supieron apreciar un alto contenido psicodélico y cuyo protagonista principal era, precisamente, el ratón Mickey. Del mismo modo que este mito en concreto no sería sino una variante más de las mil y una leyendas populares que, desde el albor de los tiempos, aluden a venenos ocultos en objetos inocentes destinados a los niños (como la mismísima manzana de Blancanieves, sin ir más lejos). Rumores infundados, propagados, todos ellos, con el objetivo de proteger a los menores, aunque sea a costa de angustiarles y atemorizarles –a ellos y a sus padres y tutores- con cuentos chinos absurdos y rocambolescos.

Referencias:

Sampere & Ortí. Leyendas Urbanas.

Usó, J. Leyendas sin desperdicio.

Lycaeum. The Blue Star tattoo Page.

 

Uso terapéutico de plantas mágicas (I)

Además del uso con fines recreativos o placenteros, y del uso mágico-religioso de las plantas de poder, hay también un uso curativo similar a cualquier otra planta medicinal. A veces, como ocurre entre los nativos mexicanos, el uso mágico-religioso es de competencia exclusiva de curanderos y chamanas, mientras el uso medicinal de setas y cactus está abierto al empleo por el común de la población, eso si, a dosis sub psicodélicas o por otras vías de administración como por ejemplo la pomada de peyote, muy útil para dolores y heridas. En los últimos años se están haciendo muchas investigaciones médicas sobre terapéutica con peyote, ayahuasca, LSD, MDMA (éxtasis), etc.
 Amanita muscaria: Hongo Matamoscas

Amanita muscaria Amanita muscaria

La seta roja con motas blancas es usada como medicina por los Khanty de Siberia, para la fatiga psicofísica y contra la mordedura de serpientes venenosas. Rusos y ucranianos rurales empleaban Amanita muscaria por vía externa, sobre la piel, para aliviar problemas de las articulaciones (Ott 2000).

Esta seta fue usada como anti-depresivo y sustituto del vino en la Italia de los años 1860 a 1890, cuando la mayor parte de los viñedos europeos fueron dañados por un parásito, desapareciendo muchos vinos. El médico italiano Grassi fabricó unas bolitas con Amanita seca prensada, que pesaban uno, dos o tres gramos, según se desease un efecto leve, medio o fuerte, y recetaba dos o tres ingestas diarias espaciadas de tres a cuatro horas. Grassi concluyó que la Amanita muscaria, en esta dosificación, produce una ebriedad no tóxica y que es utilizable como sustituto del vino.

En el siglo XIX la Amanita muscaria era un remedio casero y una medicina recetada por los médicos para la epilepsia y la fiebre, por vía externa se aplicaba para las fístulas ulcerosas (Rätsch 2005).

En época reciente un famoso activista cannábico dio a conocer que se curó de una parálisis facial tomando una pequeña cantidad diaria de Amanita muscaria.

Las farmacias homeopáticas venden tintura madre de Amanita con el nombre de Agaricus muscarius T.M. como remedio para la depresión, los tics, la epilepsia, menopausia, sobreexcitación, y problemas intestinales. Se trata de una tintura de 35 gramos de setas en cien mililitros de agua. También se ha usado con tintura de raíz de Mandrágora para la enfermedad de Parkinson (Ott 2000; Rätsch 2005).

Anadenanthera colubrina: Cébil, Villca

A peregrinaA peregrina

Las visionarias semillas triptamínicas de este árbol sudamericano son usadas por los nativos Mataco en sus ceremonias mágico-religiosas. Un té hecho de semillas de cébil y raíz de Polypodium se usa para aliviar problemas digestivos. Las semillas también se añaden a la cerveza local como remedio para la fiebre, melancolía, y otros males misteriosos. Semillas mezcladas con azúcar se usan como diuréticas (para promover la orina), y para potenciar la fertilidad femenina aunque al mismo tiempo se consideran abortivas. Habría que saber la dosificación exacta para ambos usos.

La resina de la variedad colubrina se usa como la goma arábica, y se dice que suprime la tos. La Anadenanthera colubrina tiene dos variedades: Cébil y colubrina. Esta última parece que nunca ha sido usada con propósitos psicodélicos, en cambio sus semillas secadas al sol se esnifan para remediar constipados, catarros crónicos y dolores de cabeza. Los Mataco usan un cocimiento de vainas verdes de Cébil para lavarse la cabeza cuando les duele.

Atropa belladonna: Belladona

Atropa belladonnaAtropa belladonna

La reina de las Solanáceas ha sido usada desde tiempos inmemoriales como analgésico (para aliviar dolores), y contra la depresión, psicosis, y otras enfermedades mentales. Algo de este uso psiquiátrico de la belladonna se ha mantenido en el norte de África. En Marruecos las bayas secas se hacen en forma de té, con agua y azúcar, para “ayudar a producir un buen estado mental”. Dicen que este té es afrodisíaco para los hombres y que “una pequeña dosis de belladona clarifica la mente potenciando la actividad intelectual”. Un par de bayas frescas dicen que aumenta la memoria. Recordad que la sobredosis de belladona es mortal de necesidad, lo que no impidió que durante el primer tercio del siglo XX se vendiese una pomada de belladona al precio de cinco pesetas, fabricada por el laboratorio madrileño “Labol”. Hoy día sólo puede comprarse Atropa belladona T.M. (Tintura Madre) en farmacias homeopáticas, para numerosas dolencias.

En el siglo XIX extractos de belladona (raíces y hojas) fueron usados para tratar la ictericia, hidropesía, toses irritantes y convulsivas, enfermedades nerviosas, escarlatina, epilepsia, neurosis, cólicos renales, enfermedades de la piel, inflamaciones oculares, y enfermedades de los tractos urinarios y respiratorios, garganta y esófago.

Boswellia carteri: Franquincienso

franquinciensofranquincienso

La resina de un arbusto africano es el verdadero y primigenio incienso, la droga de los curas. Raphael Mechoulan y su equipo, de la Universidad de Jerusalén, inyectaron en ratones acetato de inceol, uno de los componentes de la resina de Boswellia. Esta resina es el llamado franquincienso, el más utilizado en el Medio Oriente. El incesol redujo la ansiedad y los síntomas de depresión en los ratones. Así, en el test de ansiedad, los animales inyectados se mostraban menos asustados que los ratones inyectados con un placebo.

El acetato de incesol, una droga suave, ha resultado diez veces menos potente que el Valium en cuanto a reducción de la ansiedad, afirma Mechoulam. Pero añade que es probable que durante las ceremonias religiosas sean los curas que lo queman quienes más inhalan su humo, los únicos que sientan sus efectos. El acetato de incesol podría ser una nueva medicina de la ansiedad y la depresión si pudiese sintetizarse en formas más potentes y si mejorase el estado de ánimo en ensayos con humanos (http://cienciaeninternet.blogspot.com/2008_12_01_archive.html). En Etiopía el franquincienso es quemado como fumigante para bajar la fiebre y como tranquilizante. En los años 90 un extracto estandarizado de resina de Boswellia serrata ha sido usado con éxito en casos de artritis reumatoide (Etzel 1996).

Datura stramonium: Estramonio

Datura stramoniumDatura stramonium

Cigarrillos hechos con hojas de estramonio se fumaban como hipnótico y para aliviar el asma y las insanias mentales hasta bien entrado el siglo XX, en herboristerías españolas se vendían cigarrillos de un gramo de hojas secas picadas de estramonio, solas o mezcladas con tabaco. Para favorecer su combustión las hojas de estramonio se bañaban en una disolución de nitrato potásico y se ponían a secar. La fumación de estramonio debe ser suspendida si se notan náuseas, sequedad de garganta o perturbaciones visuales (Font 2000).

Ahora se venden diluciones homeopáticas de Datura stramonium contra la tos irritante, el asma, las neuralgias, la excitación nerviosa y los desórdenes mentales. La planta entera contiene alcaloides tropánicos: hiosciamina, escopolamina, etc.

Ephedra gerardiana: Ma-huang, efedra

Ephedra gerardianaEphedra gerardiana

En medicina ayurvédica (la medicina tradicional hindú), seis gramos de efedra se hierven en agua diez minutos. El líquido filtrado se bebe para aliviar resfriados, toses, jadeos, bronquitis, asma, artritis e hidropesía. Según Laza Palacios, en su libro sobre plantas medicinales de Málaga, una de las especies ibéricas de efedra, la Ephedra fragilis, “se emplean en cocimiento los tallos jóvenes, como antiasmático, antirreumática, sudorífica y estimulante, gozando de gran prestigio en la Medicina popular” (Font 2000). Esta cita es de un libro de 1939 y al menos hasta 1998 podían comprarse bolsas de tallos de efedra en algunas herboristerías españolas, avitualladas por PLAMECA (Plantas Medicinales de Cataluña) y otros grandes almacenes de herboristería. El catálogo de Amorós S.A. ofrecía el kilo de efedra a 610 pesetas en enero de 1998. Hoy aun pueden comprarse pastillas de EFEDRINA LEVEL, de 50 miligramos de clorhidrato de efedrina, en farmacias. Dependerá del boticario si hay que presentar o no la preceptiva receta médica. En caso de que su consumo se dispare volverán a ser retiradas de las farmacias, como ya lo fueron en los años noventa tras el escándalo mediático del llamado “herbal éxtasis”.

Erythroxylum coca: Coca

La hoja de coca es la “aspirina de los Andes” porque se usa para todo tipo de dolores. Neuralgias, reuma, catarros, gripe, problemas digestivos, cólicos, dolor de tripas, mal de altura, agotamiento, etc. Las hojas de coca se fuman para combatir la bronquitis, el asma, y las toses.

El té de coca (mate de coca) está recomendado para la diabetes, la digestión, la diarrea, estados de agotamiento, y para suprimir el apetito como ayuda en dietas de adelgazamiento. El té es efectivo tanto para curar como para prevenir el mal de altura, que sobreviene cuando uno camina por alta montaña, con escasez de oxígeno.

Varias tribus amazónicas beben té de hoja de coca variedad Ipadú para aliviar dolores en la región cardiaca.

Cocaína de la casa Merck, conocida como “la insuperable”, se vendía en las farmacias españolas de los años veinte a 4 pesetas el gramo. La Tónica Kola (más tarde Nuez de Kola Coca) se hacía con nueces de Kola y hojas de coca del Perú, y se anunciaba como el “más higiénico y exquisito de los licores”. Recomendado por eminencias médicas como tónico, digestivo y reconstituyente (Usó 1996). Hoy la hoja de coca se vende por Internet, desde webs seguras del Perú, país donde es legal, a unos cien euros el kilo.

Unos cien gramos de hojas de coca son suficientes para aportar la cantidad diaria recomendada de las principales vitaminas y minerales, según J.A. Duke, 1975, Universidad de Harvard (Ott 1998)

Humulus lupulus: Lúpulo

Humulus lupulusHumulus lupulus

Esta trepadora de la familia del Cannabis (Cannabaceae o Cannabinácea) fue llamada Cannabis lupulus. Un té calmante se prepara con dos cucharaditas de flores femeninas en un cuarto de litro de agua hirviendo, se deja reposar tapado un cuarto de hora y se filtra. El lúpulo se vende en herbolarios, su efecto sedante es suave, aunque hay extractos potentes, tanto en farmacias como en herboristerías. El departamento de salud alemán ha recomendado el té de lúpulo como sedante contra la ansiedad y el insomnio. La lupulona tiene propiedades antibióticas y es la responsable de darle el sabor amargo a la cerveza. También retrasa la eyaculación precoz (Rätsch 2005).

El lúpulo crece silvestre en el norte de la Península ibérica, lo hemos visto trepando por las laderas del monte Urgull, en San Sebastián-Donostia. Además de los efectos sedantes la tisana de lúpulo es diurética y estomacal y en la antigüedad se rellenaban almohadas con flores de lúpulo, contra el insomnio y las pesadillas (Font 2000).

Hyoscyamus niger: Beleño

Hyoscyamus nigerHyoscyamus niger

Las virtudes del beleño son parecidas a las de la belladona. Se combatían los dolores de muelas y el asma. En Sikim (India) se usa además para enfermedades nerviosas. En medicina tradicional china se fuman las semillas del beleño para la tos, asma bronquial, reuma y dolores de estómago.

En Europa el beleño se ha usado desde antiguo como analgésico y antiespasmódico, contra los dolores de tripas, la tos irritante, el dolor de muelas, neuralgias, inflamaciones del bajo vientre, y en forma de cigarrillos contra el asma.

En algunos países las farmacias venden parches adhesivos de beleño, que se ponen detrás de las orejas para evitar el mareo mientras se viaja. Si las mujeres incineradas como “brujas” en la Edad Media levantaran la cabeza y vieran el uso actual de su beleño alucinógeno…¡alucinarían!.

Lophophora williamsii: Peyote, jíkuri

PeyotePeyote

Para los nativos norteamericanos y mexicanos este cactus sagrado es la medicina por excelencia, su nombre en dakota es peyuta (pejuta) que significa medicina: ayuda al parto (Ott 2000), tratamientos de infertilidad, para revigorizar a los ancianos; en México se venden pomadas de peyote contra la artritis, reuma, pleuresía, resfriados, gripe, espasmos nerviosos, parálisis, ceguera, desórdenes del oído, dolores diversos; el cactus quita el hambre y la fatiga, alivia desórdenes intestinales, diabetes, picaduras de serpiente y escorpión, envenenamientos de Datura (Gottlieb 1977), fiebre, tuberculosis, insolación (Berger 2004), antibiótico eficaz contra bacterias resistentes a la penicilina (Ott 2000). Rodajas frescas del cactus se colocan en la cabeza para aliviar el dolor o la insolación. Cocimientos del cactus se aplican en forma de enemas para bajar la fiebre alta. Una tintura de peyote se hace con 50 gramos de cactus seco pulverizado. Se humedece con un poco de agua y se le añaden 100 ml de licor de alta graduación (ron, vodka,…), se echa en una botella cerrada y se deja reposar dos días. Se filtra y del líquido filtrado se toman 30 gotas tres veces al día, por ejemplo para enfermedades cardíacas.

La pomada de peyote se puede comprar en México, a unos 40 pesos el frasco.

Ya se sabía que el consumo ritual periódico del cactus sagrado había conseguido apartar a miles de nativos del alcohol, ahora además hay constancia científica gracias a la investigación médica del doctor John Halpern, de la Universidad de Harvard, que demuestra que los consumidores de este sacramento abandonaron el alcoholismo y recuperaron facultades perdidas por la bebida, gracias al consumo habitual de peyote en sus ceremonias (http://mind-surf.net/drogas/peyote/).

 

El cannabis y la meditación (IV)

En el artículo de este mes finalizamos la serie dedicada a reflexionar sobre el concepto, el proceso y los resultados de la meditación. En las líneas que tenemos por delante abordaremos aspectos muy interesantes centrados en la alteración de la consciencia y en los posibles resultados del proceso meditativo.

Por Psicotar

Habiendo tratado el proceso de meditación, queda por responder una sencilla cuestión: ¿para qué o por qué se medita?

La respuesta a esta cuestión no es unívoca, cada cual podría responder de una determinada manera, según sus intereses, apetencias, etc… pero lo que es cierto es que, dados los potenciales beneficios de una práctica meditativa seria y disciplinada, la respuesta se genera por sí misma: se medita para estar más despierto, para estar centrado y para disciplinar la mente.

El proceso de meditación es muy sencillo, apenas implica unos pocos pasos, pero resulta muy difícil el mantenerlo a través del tiempo debido a la tendencia de la mente a dispersarse en un ciclo de pensamientos encadenados que es conocido como “cháchara”.

Meditar exige perseverancia y entrega ecuánime, es decir, liberar la mente de todo contenido para así alcanzar el estado adecuado en el cual se producirán los fenómenos que la práctica conlleva.

De la misma manera, al consumir cannabis se producen una serie de cambios en los procesos mentales del individuo, algunos de los cuales pueden resultar muy similares a los cambios producidos durante el proceso meditativo. Un cambio puede ser, por ejemplo, el centrarse en pequeños detalles y percibir matices de algo que nunca antes se había percibido.

La meditación y el cannabis son métodos para permitir el abandono de las cadenas de pensamientos, el primero mediante un abandono activo y centrado, el segundo mediante la modificación de los procesos cerebrales de atención y memoria a corto plazo.

La meditación llevada al extremo de la práctica y desarrollo, debería generar un estado de absoluta calma y tranquilidad, donde nada inmute y nada duela a la persona.

El cannabis ha demostrado generar un estado de distanciamiento emocional y efectos atenuadores del estrés físico y mental, con lo que es un interesante recurso a investigar.

Ahora bien, estamos siempre pensando y articulando secuencias con contenidos en nuestra mente. ¿Cómo es el no tener nada en la consciencia? ¿Cómo se consigue este estado?

Como se expuso en artículos anteriores, el proceso de consciencia tiene lugar en un determinado momento y se produce la sensación subjetiva de que “algo sucede” y que eso “me sucede” a mí. De alguna manera hay que conectar dos procesos diferentes, por un lado, la percepción de algo interno o externo y por otro lado, la percepción de mí mismo. Todo esto, obviamente, al producirse en un soporte como es el cerebro, sucede entre diversos circuitos de neuronas que se comunican entre sí.

Ahora bien, imaginemos que vamos avanzando en la práctica meditativa y que además se apoya esa profundización mediante el cannabis, ¿qué es lo que se puede llegar a alcanzar? La respuesta es: nada. Pero ojo, ese es el objetivo de la meditación, el lograr un estado mental donde la nada lo sea todo. Sin contenido sobre el que discurrir, la autoconciencia se multiplica, porque puede revolverse contra sí misma y así potenciar la percepción del yo… “yo soy yo y mi circunstancia, y si la cambio a ella, me cambio yo” decía Ortega y Gasset.

Sin un contenido concreto en la pantalla mental, cualquier cosa puede aparecer en ella. Si disciplinamos la mente para permanecer sin contenido, tendremos potenciada la capacidad de evitar enredarnos con las cosas, con las situaciones, con las respuestas, y así construiremos una capacidad de repuesta mejorada, ya que no nos veremos arrastrados por las circunstancias y podremos obrar con mayor calma.

En cannabis entra en escena generando una mayor capacidad de encadenar historias, de estimular el pensamiento, de aumentar las cadenas, pero a la vez deteriorando la fijación de la atención y, si lo trabajamos explícitamente, eso podría favorecer que poco a poco profundicemos en un estado de mente libre de cadenas de pensamiento. Sería como agitar la botella de gaseosa para que así, al abrirla, saliera el gas con más fuerza y mucho antes. Por ello, si queremos eliminar un pensamiento, lo mejor es no luchar contra él, sino dedicarle el espacio mental adecuado, prestarle atención y así, cuando llegue el momento, se irá por sí mismo.

A este respecto, en ocasiones se utilizan “mantras”, que no son más que palabras sin sentido que permiten liberar de significado a la mente al concentrarnos en algo que atrae la atención pero no permite el discurrir lógico que la mente suele tener. A este respecto, en ocasiones podremos haber vivido una situación en la que se ha perdido el sentido o significado de alguna palabra, por ejemplo nuestro propio nombre, y hemos experimentado extrañeza o perplejidad al pensar en ello. Esto es parecido al uso de los mantras. Repitiendo muchas veces una misma palabra, deja de tener sentido y pasa a vivirse subjetivamente la palabra de otra forma. Pruébenlo repitiendo durante varios minutos la misma palabra… llegará un momento en el que tendrá un significado diferente y puede que notemos algo extraño.

Una de las propiedades más curiosas y a la vez más problemáticas de la mente es la incontrolabilidad. Uno puede decidir saltar o levantar un brazo… o no hacerlo. Pero uno no puede decidir evitar el pensamiento o no tener contenidos en la mente. Eso es inevitable. Traten de hacerlo si pueden. Intenten, por un espacio de diez segundos, no pensar en nada. ¿Lo lograron? ¿No? Bueno, es algo normal que no puedan hacer lo que les hemos propuesto. ¿Por qué?

La respuesta ya la apuntamos anteriormente en otros artículos, el cerebro debe mantener unas conexiones neuronales en unos circuitos y para que eso suceda, esos circuitos siempre están descargando y alimentándose mutuamente. De ahí que al dejar la mente en blanco tengamos múltiples pensamientos abordando el campo de consciencia, ya que se libera el acceso y así cualquier cosa nos puede llegar a la atención.

El problema es que las cadenas mentales de pensamiento vienen además asociadas con las emociones que se vivieron o sintieron cuando se produjo el fenómeno, por lo que nos podemos encontrar con malestar al recordar algo que nos dolió en el pasado, con tristeza al recordar una pérdida afectiva, o con cierta alegría al recordar un buen momento. Vistos desde la perspectiva de la meditación zen, esto es basura, cháchara, ya que no está ni aquí ni ahora, están sólo siendo representados en una mente distraída, siendo, por ello, factor de distracción del aquí y ahora.

Ojo, no decimos que tener recuerdos sea malo, sino que es malo cuando esos recuerdos o problemas del pasado nos impiden vivir libremente en el presente. Por eso la meditación es útil, porque permite liberar esas cadenas y tratar a los pensamientos como lo que son: simples pensamientos, a los que no se les debe prestar atención si uno no lo desea, y son fenómenos que no existen más que en nuestra cabeza, por lo que sólo deberían perturbarnos si nosotros lo permitimos.

Por ello, al meditar debemos tener cuidado y tratar todo lo que pensemos, sintamos o hagamos como simples pensamientos y siendo conscientes en todo momento de que pueden convertirse en trampas con las que podemos enredarnos.

Si practicamos con disciplina, iremos desarrollando un mayor sentido de la liberación de las cadenas de pensamiento y esto es un importante entrenamiento para el manejo de experiencias de la vida cotidiana. No significa que a través de la meditación o el uso de cannabis se busque la indiferencia más absoluta, sino que se trata de lograr un estado de mente más neutro y ecuánime ante los problemas que se presentan en la vida, sin vernos arrastrados por respuestas emocionales exageradas, sin perder el punto de referencia de la calma y concentración necesarios para afrontar las situaciones.

Desarrollar la percepción de calma absoluta es importante para tener siempre presente el efecto diferencial entre los momentos de meditación y los momentos de afrontamiento cotidianos: por la diferencia entre un estado y otro accedemos a la consciencia del grado de activación y afectación que estamos experimentando, pudiendo por ello, a partir de ahí, poner remedio y buscar un punto de relajación y autocontrol.

Con la meditación o el cannabis no buscaremos tampoco el desapego absoluto, ni la eliminación del pensamiento, ya que eso es imposible. Sólo es posible no tener pensamientos cuando morimos, ya que en todo momento uno de los referentes del estado vital del cerebro es, precisamente, la continua sucesión de pensamientos procedentes de las descargas neuronales de sus circuitos. Por ello, nos entrenaremos en recibir la vivencia simplemente, y quedarnos con ella, sin hacer nada más. Esto es una forma de entrar en contacto con el mundo, de manera que entrenamos a la mente para permanecer en calma, sin necesidad ni obligación de responder. Sólo recibir la vivencia y dejarla estar, sea lo que sea, guste o no, duela o no.

Ya que nos entrenamos desde la cuna para dar respuesta a casi todo, el permitir que algo se produzca sin tener que responder o actuar permite un respiro, una nueva forma de vivir la vida. Así, nos iremos acostumbrando a responder sólo cuando sea preciso y además en el grado preciso, ni más ni menos. Esto, aplicado a múltiples contextos, nos puede ayudar a captar otros matices y grados más profundos de relación con las vivencias.

Así, también nos iremos entrenando en la realización de una recomendable actitud de separar la percepción de la acción. Imaginemos que un amigo siempre se está quejando de sus problemas, de lo mal que le va todo, de lo mala que es la gente, etc. Si nosotros tratamos de hacerle cambiar de idea, tratamos de rebatirle, consumiremos muchísimo tiempo, energía y probablemente no consigamos más que enfadarnos con él. Ahora bien, si recibimos esas quejas, las acogemos sin cuestionarlas y las validamos, permitiendo que hagan su trabajo, podremos llegar al punto clave de las mismas, es decir, qué función tienen y para qué se emiten. Podemos llegar a concluir que las quejas podrían tener un carácter de evitación, ya que la persona se queja para así construir una cháchara acerca de su situación y así evitar tener que hacer algo para cambiar las situaciones por las que se está quejando. De ahí que las posibles soluciones que propongamos nunca sean bien aceptadas o surtan los efectos que pretendemos.

Igualmente se puede llegar a desarrollar mediante meditación (y en niveles avanzados de práctica, con ayuda de algunas sustancias) una actitud de contemplación sin más, de forma que la experimentación de un sentimiento, el vivir una situación, etc… no vaya aparejado a la necesidad de tener que actuar y hacer algo de forma automática. Haremos algo o no, pero eso es algo que debe decidirse y hacerse de forma completamente voluntaria.

Así pues, puede decirse que la práctica de meditación con la ayuda de un guía serio y experimentado es una buena manera de potenciar nuestra vivencia del mundo y de hacernos más sanos día a día.

Deseamos a los lectores una fructífera práctica.

Nos despedimos hasta la próxima… salud y ¡buen viaje!

 

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