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¿Por qué no es posible morir de una sobredosis de cannabis?

Por suerte, cada vez es menos común escuchar aquello de que fumar marihuana puede matar. Con el tiempo ocurrirá como ocurre con todo: las evidencias científicas y antropológicas estarán tan legitimadas y aceptadas que esta falsa creencia desaparecerá.
¿Por qué no es posible morir de una sobredosis de cannabis?¿Por qué no es posible morir de una sobredosis de cannabis?

 

A lo largo de la historia reciente se han dicho auténticos atentados a la verdad científica en torno al cannabis. Todas estas campañas de desprestigio mantienen un elemento en común. La falta de rigor, objetividad e independencia en los estudios sobre cannabis lo relegaron a un ostracismo progresista. La conocida “War on Drugs”, acuñada y propiciada por el Gobierno estadounidense de Nixon, logró gran poder, pero al igual que la ONU, obvió partir de que el consumo de cannabis es algo que a todos nos atañe.

Esta es una de las afirmaciones más falaces en torno al cannabis. A continuación, vamos a desmontarla por medio de una explicación más ajustada a un posicionamiento científico riguroso.

Lo dice la química orgánica y la biología

Según el Instituto Nacional del Cáncer:

“Debido a que los receptores cannabinoides, a diferencia de los receptores opioides, no se encuentran en las zonas del tronco encefálico que controla la respiración, no se producen sobredosis letales de cannabis y cannabinoides.”

Es decir, la presencia de cannabinoides herbáceos no va a deprimir o suprimir la respiración porque los receptores de cannabinoides no median en la función respiratoria.

De hecho, ningún registro de muertes asociadas al cannabis en toda la historia. Ahora bien, sí que es posible morir por una intoxicación etílica o una sobredosis de opioides como el fentanilo, Oxycontin, o la heroína. En este sentido y al respecto del mecanismo implicado en las sobredosis por opioides, K.T.S. Pattinson, profesor de anestesiología de la Universidad de Oxford, cree que la principal muerte en drogodependientes de opioides es que literalmente su cuerpo se olvida de respirar. Como explicábamos antes, el tronco encefálico posee una importancia crucial en la función respiratoria. El principio del proceso de la respiración comienza aquí, localizado en el complejo pre-Bötzinger. Los opioides deprimen esta zona del complejo pre-Bötzinger dando como resultado una respiración lenta y arrítmica.

En casos extremos, es decir cuando se produce una sobredosis por opioides, el proceso respiratorio se ve totalmente afectado y el organismo comienza a dejar de recibir oxígeno y ello trae consigo la muerte. Las sobredosis por opioides solamente pueden ser mortales debido a la situación de los receptores opiáceos que se encuentran, entre otros lugares, en el tronco encefálico que se ocupa de la respiración. Como ya hemos dicho, los receptores opioides se encuentran en muchas áreas del cerebro y pueden afectar a más funciones. De hecho, en algunos casos, el sistema circulatorio puede verse afectado por estas depresiones de origen opioide que disminuirían la presión sanguínea.

Por su parte, el alcohol puede llegar a ser mortal. Para ello solamente hay que exceder la capacidad del hígado para metabolizar el alcohol. Además, el alcohol en nuestro organismo produce efectos que deprimen las mismas áreas cerebrales responsables de las funciones respiratoria y circulatoria. Como ya hemos dicho en el caso de los opioides, esto puede llevar a la muerte.

En cambio, los receptores cannabinoides se disponen en torno al hipocampo, los ganglios basales y el cerebelo, en la región del complejo pre-Bötzinger apenas podemos encontrarlos. Estas regiones cerebrales son responsables de la cognición y el movimiento pero no de funciones vitales. Esta es la razón científica de por qué el cannabis no es letal.

Por otra parte, el riesgo de una droga se puede medir en función del índice terapéutico. Esto es la relación entre la dosis letal de una droga y la dosis a partir de la cual sus efectos se hacen perceptibles. Un estudio de Williamson E. M. y Evans F. J., titulado “Cannabinoids in clinical practice”, afirma que el índice terapéutico del cannabis es de 40.000: 1. Donde 1 es la cantidad de cannabis necesario para colocarse, 40.000 es la cantidad considerada letal. Sencillamente algo imposible.

Falacias como verdades

Algunos profesionales terapéuticos o sanitarios relacionados con drogodependencias creen que, aunque lo anteriormente expuesto sea irrebatible, el consumo de cannabis puede matar por otras vías. Pese a la evidencia científica, algunos sectores se muestran reacios a gestionar esta realidad desde un plano consensuado. De esta manera y, en gran medida, gracias a los políticos se siguen impulsando estas falsas creencias. Un buen ejemplo es el del “Centro terapéutico”, un centro autorizado por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Este centro terapéutico sostiene lo siguiente:

“Al alterar la marihuana el comportamiento y la percepción, se puede producir la pérdida del sentido de la responsabilidad, así los consumidores bajarán la guardia a la hora de tomar precauciones, como lo es la protección sexual, aumentando de esta forma el riesgo de contagio de enfermedades de transmisión sexual, así como de sufrir abusos y violaciones.”

Vemos cómo la construcción falaz se maquilla con términos científicos, pero de dudosa validez. Es muy común encontrarse con posturas que se sostienen por medio del disfraz científico. Utilizan muy habitualmente expresiones como: “en la mayoría de estudios”, “un reciente estudio llevado a cabo por”, “estudios han demostrado que…”. Rara es la vez en que adjuntan esos estudios que mencionan como abales. 

Al respecto de la pregunta ¿por qué no es posible morir de una sobredosis de cannabis?, Centro Terapéutico sostiene:

“Aunque esta idea se centra en el hecho de que no existe un riesgo real de muerte por sobredosis con su consumo, lo cierto es que una persona bajo los efectos de marihuana, tendrá afectada la coordinación motriz y el tiempo de reacción, por ello una vez consumida podrá resultar potencialmente mortal incluso para otras personas, tal es el caso de los miles de accidentes anuales que ocurren como consecuencia de la imprudencia de conducir bajo los efectos de la marihuana.”

Es un problema todavía muy común. No es tolerable que agencias, organismos y demás entidades abaladas por el Estado potencien una imagen distorsionada sobre el cannabis. Algo que se evidencia con suma facilidad por medio de los resultados de autopsias en accidentes de conducción es la incidencia contrastada de los psicofármacos. Sin embargo, se demoniza el cannabis por medio de unos datos de dudosa fiabilidad debido, en gran medida, a la escasa normalización de este.

Sobredosificarse

Sobredosificarse significa consumir una dosis mayor de la necesaria para notar unos efectos determinados. Resulta muy sencillo sobredosificarse con la marihuana, aunque progresivamente será más difícil por habituación. No obstante, el consumo desmedido de cannabis y de forma prolongada en el tiempo, especialmente con variedades ricas en THC, facilita la posibilidad de la aparición de cuadros paranoicos y psicóticos.

El consumo de cannabis no es inocuo. Sencillamente es química. Si se consume de manera habitual durante el tiempo suficiente afectará al modo de interactuar con el mundo. La memoria a corto plazo, los procesos relacionados con la amígdala, algunas taquicardias y desajustes en la interacción social pueden ser resultado de un consumo prolongado y excesivo de cannabis. No obstante, nada que no sea irreversible por medio de la abstinencia.

Ahora bien, un consumo prudente y responsable no solamente no os matará, sino que no tiene porque ocasionar problemas. Esto no significa que uno vaya a la facultad todo colocado o a la oficina por la mañana fumándose un canuto. Esto quiere decir que el cannabis es perfectamente válido para alcanzar un estado de conciencia diferente. Dice Andy Chango “que es interesante para cualquier persona destruir la realidad, al menos un par de veces en la vida”. La realidad no es más que lo que todos creen hasta que alguien descubre lo contrario. 

Fuente Lamota.org

 

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