Nueva visita a Ámsterdam

Los derroteros de la vida me han llevado a visitar estas tierras cinco veces, contando la que estoy a punto de narraros. Esta ha sido, sin lugar a dudas, la más lúcida de todas ellas, en parte porque ya tenía en mente realizar este artículo antes de partir hacia esos parajes.

Panorámica de los canalesPanorámica de los canalesLos derroteros de la vida me han llevado a visitar estas tierras cinco veces, contando la que estoy a punto de narraros. Esta ha sido, sin lugar a dudas, la más lúcida de todas ellas, en parte porque ya tenía en mente realizar este artículo antes de partir hacia esos parajes.

La cultura neerlandesa, tan permisiva y antiprohibicionista, liberal y progresista a veces, como clasista y condescendiente en otros casos, te acoge como ninguna otra en Europa. En cuanto llegas a la estación central de su capital, Ámsterdam, los estímulos te acorralan: bicicletas, tranvías y personas por todas partes. Los altísimos y numerosísimos holandeses, trajeados, eficientes y siempre ocupados, son cordiales y acogedores. Siempre habrá alguno cerca para deleitaros con indicaciones o ayuda para llegar a cualquier paraje de la ciudad.

Los que hayáis estado allí sabréis de lo que hablo. Sin embargo, también nos encontramos con el contrario, el holandés que no empatiza con el “turismo del porro” y se niega a entrar por el aro que infla la economía de su país. Muchos de estos últimos han hecho que el “Partido Popular por la Libertad y la Democracia”, un liberalismo conservador declarado, de derecha, gobierne actualmente el país.

Centro de ÁmsterdamCentro de ÁmsterdamHace unos ocho años, la primera vez que pisé tierras holandesas, llegué a Rotterdam con un dolor de muelas insoportable, proveniente de Luxemburgo y a mitad de inter-rail, y preguntamos a unas diez personas dónde podíamos encontrar una farmacia. De todas estas personas, no hubo ni una sola que pensara que realmente quería ir a una farmacia y nos indicaban smartshops o coffeeshops, o simplemente hacían caso omiso de nuestras peticiones y continuaban su camino hacia ninguna parte, pensando que solicitábamos alguna sustancia extraña cuando lo único que quería era un antiinflamatorio.

Ahora, con la ley que, supuestamente y desde hace meses, se pondrá en marcha inminentemente y la creada controversia que existe en torno a ella, canalicé empeño e insistencia en hablar con empleados de coffeeshops, smartshops y autóctonos.

Es sorprendente, con la lluvia de información que está cayendo en España, la visión unificada que tiene el holandés, incluso el postizo, que lleva años viviendo allí pero procede de otros lugares.

Me sorprendió especialmente un italiano que trabajaba en un coffee cercano al mercado de flores, el Bloemenmarkt, llamado DrampKring. Este hombre generoso en palabras, me deleitó con una visión extrema y acertada de la realidad holandesa. Se reía a carcajadas mientras me explicaba que algunos de los ciudadanos holandeses afirman no necesitar del turismo del cannabis para vivir cuando es una de las inyecciones de dinero más importantes que posee el país. Y se preguntaba a sí mismo quién iría a Ámsterdam si no fuera por la marihuana. Literalmente dijo “No creo que nadie venga a ver el enorme símbolo fálico de Dam Square”. Es comprensible que un italiano (además florentino) tenga dificultades para apreciar los atractivos turísticos de una ciudad como Ámsterdam.

Dam SquareDam SquareUn juicio más moderado y racional me lo proporcionó el hombre de unos cincuenta años que nos alquiló una de las habitaciones de su casa, en la periferia de Ámsterdam. Sakshim también se reía cuando le pregunté sobre la realidad, entristecida por pretensiones prohibicionista, que viven los Países Bajos en la actualidad y afirmaba rotundamente que nunca podrán condicionar el consumo extranjero de marihuana en el país. Lo afirmaba un poco molesto y defraudado, a mi parecer, por las medidas que se estaban tomando. Dijo algo sobre la influencia alemana en las medidas gubernamentales y zanjó, rápida y contundentemente, el tema por considerarlo “inconsistente”.

Una tras otra, las opiniones de holandeses y extranjeros afincados allí, especialmente los relacionados directamente con este tipo de turismo, iban confirmando esta unificada forma de ver las cosas, y es que la gente está completamente convencida de que las cosas no van a cambiar al margen de los cambios que ya se han llevado a cabo. Como el cierre, hace ya un tiempo, de los coffees cercanos a Bélgica, la prohibición de marihuana con altos contenidos de THC o la inminente medida que el gobierno ha anunciado sobre la prohibición de venta a extranjeros.

Sólo el tiempo les dará la razón o se la quitará, ahora es mejor ser cautos y esperar. Por lo pronto, no existen indicios de prohibición ni en Amsterdam ni en Utrech, y las cosas transcurren exactamente igual que en mi primera visita a la región holandesa (si no fuera por los desorbitados precios).

Cuando llegamos nos alojamos en el Bulldog Hotel, en el Barrio Rojo, puesto que para los primeros dos días íbamos un grupo de ocho personas. El precio, en estas condiciones y dado el emplazamiento, es muy bueno aunque el servicio y la atención al cliente dejan bastante que desear.

Por proximidad, visitamos el coffee de GreenHouse. Yo, como buen pesado que soy, olí y observé (a veces, incluso toqué) mucho más de lo que fumé, y es que con los precios que ofertan, ¡qué menos!. Nos decantamos por Jack Herer y Bubble Gum de 10 y 12,5 € el gramo, respectivamente, hierbas de las más baratas del menú pero con aspectos y olores ciertamente atractivos, y de una calidad media.

Visitamos uno de los dos The Doors que podemos encontrar en la ciudad, el único establecimiento que vendía alcohol y cannabis (según el otro The Doors, de forma ilegal) en la calle Nieuwezijds Voorburgwal. Aquí adquirimos Power Plant por 10 € el gramo, también de una calidad media. Disfrutamos de muy buena música (rock de los 70) y una cerveza. En el otro The Doors adquirimos una Power Afghan por 10 € / 1,8 gr de una calidad destacable, olor terroso y efectos claramente sedantes.

Cerca de Vondelpark, entramos en un coffee llamado Easy Times. Aquí adquirimos Chocolate Haze y Bio Outdoor, por 8 € el gramo cada una. Ambas de una calidad mediocre y la primera de ellas de un color marrón oscuro, quizás por el exceso de curado o quizás por cualquier proceso para provocar su secado precipitadamente. También compramos Vanilla Haze por 20 € el gramo, de una altísima calidad, un olor dulce y unos efectos claramente psicoactivos, llegando a experimentar cierta excitación; y New York Diesel, por 15 € el gramo, de olor penetrante y sabor contundente.

En este coffee tuve una peculiar conversación con la dependienta, puesto que tenían un tipo de marihuana que se llamaba Pure Haze y la designaban como índica. Ante la incongruencia le pregunté cómo era posible que una marihuana denominada Pure Haze pudiese ser una índica, a lo que ella me contestó que era de exterior, de donde no salió aunque la interpelara con que eso no tenía nada que ver.

Podría extenderme mucho más con clases de marihuana y lugares visitados pero voy a ceñirme a los que creo imprescindibles para todos aquellos que visiten la ciudad. Partiendo de los juicios bien argumentados (de personas cercanas y del mío propio) la calle Warmoesstraat, transitada, céntrica y turística, es, peculiarmente, uno de los mejores lugares para subastecerse durante los últimos años. Desde el clásico y electrónico Baba al menos conocido Sheeba, pasando, inevitablemente por el Coffeeshop 36 y el420 cafe, aquí es donde hemos encontrado la mejor hierba y, a veces, el mejor trato y ambiente.

Lista de precios de CoffeeShopLista de precios de CoffeeShopEn Sheeba, un lugar pequeño y grafiteado con bustos de famosos, hemos encontrado, quizás, la hierba más potente de nuestros viajes a los Países Bajos. Mango Haze, por 14 € el gramo, hace las delicias de cualquier amante de las sativas. La caracterizan unos efectos muy elevados, a veces excesivamente, y un olor dulce y penetrante. Para alguno de mis más allegados se convirtió en la única hierba que consume en sus habituales viajes a Ámsterdam. Uno de los dependientes le confesó que se trata de un cruce propio del que no se pueden adquirir semillas.

Aquí también podemos encontrar hachís de alta calidad como Nepalí, Charras Malana yRojo Libanés por unos 13 € el gramo. Sería un pecado no mencionar Cheese Haze, por 12 € el gramo, hierba peculiar donde las haya, que conservaba el olor de Cheese proporcionándote un estado activo, despierto, con cogollos grandes y compactos.

Coffeeshop 36ofrece unas vistas al canal, al fondo del establecimiento, que son muy recomendables, especialmente si os coincide la visita en fechas calurosas y tiene abiertas de par en par sus ventanas. Aquí adquirimos un Doble Cero por 7 € el gramo, de una calidad mediocre y una Bubble Gum, por 10, ciertamente agradable por sus medicinales efectos y su suave sabor.

En Oudebrugsteeg, calle perpendicular a la anterior mencionada, justo después del coffeeshop Baba, está el 420 cafe, en el pudimos utilizar un Volcano y disfrutar de agradable música y un trato exquisito. Aquí adquirimos una de las mejores hierbas en cuestión calidad precio, Blueberry por 8 € el gramo, probamos una de las mejores sativas, Neville Haze, por 16 € el gramo y nos peleamos con un gato malhumorado e irascible, que cada cierto tiempo venía a encontrarse con nosotros e intentar echarnos la zarpa.

Bulldog CoffeeshopBulldog CoffeeshopNo debemos descartar el perdernos por las periferias y arriesgarnos a probar algún coffee que nos llame la atención pues probablemente encontremos hierba a mejor precio, menos aglomeración y un trato agradable, aunque debemos tener en cuenta que suelen ser lugares de clientes habituales y no están tan acostumbrar a lidiar con las exigencias de los turistas.

En los smartshops podemos seguir adquiriendo las mismas sustancias que hace unos años aunque hayan variado algunas de sus presentaciones. Hongos, salvia, sustancias energéticas o productos para aumentar la libido es a lo que más protagonismo se le da, aunque el Kratom ha cobrado importancia en los últimos años. Las semillas de opio y diferentes tipos de cactus son otros de sus productos estrella, además de todo tipo de parafernalia.

Pues bien, me resta instaros a viajar a Ámsterdam y a hacerlo antes de que las cosas cambien dado que, de una forma u otra, cambiarán, porque los derroteros que están tomando ciertos dirigentes europeos parecen encarrilarnos, a todos los demás, hacia la incomprensión y la prohibición. Es decir, parecen querer continuar con la reciente tradición histórica de intransigencia y sinrazón, obviando una vez más el potencial industrial y económico del cannabis e ignorando un posible salvavidas en medio de la crisis actual.

A pesar de estar de acuerdo, parcialmente, con el italiano arriba mencionado, sigue siendo muy placentero pasear por los canales de Ámsterdam, charlar con algún desprejuiciado transeúnte, ir al FOAM o a Rembrant Plein, a Vondelpark o, simplemente, sentarse en la terraza de algún coffee en el Barrio Rojo, e inhalar con fuerza, profunda y despreocupadamente, disfrutando de la ausencia de cualquier amenaza que pueda condicionar nuestro estado.

 

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