Cannabinoides sintéticos (IV): Antagonistas del Sistema Endocannabinoide

Con este capítulo terminamos el repaso a los cannabinoides sintéticos comerciales más significativos. En este número abordaremos los fármacos antagonistas del sistema endocannabinoide deteniéndonos en el representante más importante de la familia: el rimonabant.

Por el Dr. Fernando Caudevilla

Como ya hemos explicado previamente, el Sistema Endocannabinoide está compuesto de un conjunto de receptores (los llamados CB1, que aparecen en el Sistema Nervioso Central y los CB2, que se encuentran en el sistema inmunológico) a los que se unen de forma natural moléculas que producen las propias células (los llamados “ligandos endógenos”: la anandamida y el 2-araquidonilglicerol). Este Sistema se encuentra en todos los vertebrados y constituye la base científica sobre la que se sustentan los efectos psicoactivos del cannabis, así como sus usos terapéuticos. También es uno de los objetivos de investigación de las grandes compañías farmacéuticas al ser un campo nuevo de investigación de inmensas posibilidades.

              Los primeros fármacos sintetizados de forma artificial buscaron imitar los efectos de los principios activos de la marihuana de forma más selectiva o buscando incrementar algunas de sus cualidades (sobre todo en lo que se refiere al dolor, la ganancia de peso o los vómitos) De hecho el primer fármaco comercializado no es más que una versión sintética del THC producido por la planta (el dronabinol, del que hablamos en el capítulo II de esta serie). Pocos años después se patentaron algunos fármacos que buscan estimular determinadas partes del Sistema Endocannabinoide, con el objetivo de maximizar los efectos terapéuticos y a los que ya hemos hecho referencia.

              Se han comercializado otro tipo de fármacos que actúan sobre el Sistema Endocannabinoide. Pero antes de proseguir, es el momento de explicar que en farmacología se distinguen varios tipos diferentes de fármacos según sus efectos. Algunos de ellos se unen a receptores activándolos: es lo que se conoce como “fármaco agonista”. El dronabinol o la nabilona se comportan como agonistas del Sistema Endocannabinoide. Otros fármacos se unen a los receptores pero sin embargo no los activan, no producen sobre ellos ningún tipo de efecto: son los llamados “fármacos antagonistas”. Imaginemos un interruptor de luz conectado a una bombilla. Los fármacos agonistas actuarían activando el interruptor y encendiéndola. Los antagonistas, sin embargo, bloquearían el interruptor evitando su normal funcionamiento.

Los fármacos antagonistas pueden tener muchas aplicaciones en medicina. Imaginemos por ejemplo el caso de una persona que se ha intoxicado por heroína, morfina, codeína o cualquier otro fármaco opiáceo. Sus receptores estarán inundados por estas sustancias, que producen, entre otros efectos, somnolencia y depresión de las funciones respiratorias por lo que pueden ser mortales en sobredosis. Pero existe una sustancia, la naloxona, que se puede unir a los receptores opiáceos del cuerpo sin producir efectos, por lo que, en casos de sobredosis puede revertir los efectos de una intoxicación, ya que se unen a los mismos receptores que los opiáceos pero sin activarlos. Los fármacos antagonistas son de uso muy común, y están presentes en inhaladores contra el asma, antídotos contra sobredosis por fármacos o venenos, antihipertensivos, hormonas…

              Así, sólo sería cuestión de tiempo que los científicos se pusieran a buscar sustancias que se unan a los receptores de los cannabinoides (como lo hacen los principios activos de la planta) pero sin producir efectos sobre ellos. En 1994 se descubrió el primer antagonista del Sistema Endocannabinoide, que tiene el complicado nombre de 5-(4-Clorofenil)-1-(2,4-diclro-fenill)-4-metil-N-(piperidin-1-il)-1H-pirazoli-3-carboxamida. Vamos, como para tener que aprendérselo de memoria…Lógicamente los descubridores le pusieron primero un nombre provisional más manejable (SR141716) y luego lo bautizaron como rimonabant, que es sin duda mucho más bonito.

              Los primeros ensayos clínicos en animales mostraban que el efecto más destacado del rimonabant era la disminución del apetito y la pérdida de peso. El cannabis y los cannabinoides incrementan la sensación de hambre, por lo que parece lógico pensar que un antagonista produzca el efecto contrario. Pero además se piensa que los cannabinoides tienen otros efectos de tipo metabólico (incrementan la resistencia a la insulina, bajan el HDL-colesterol (el conocido como colesterol bueno), además de incrementar el tiempo que los alimentos se encuentran en el intestino). Así, los fármacos antagonistas del Sistema Cannabinoide Endógeno podrían ayudar a perder peso disminuyendo el apetito por un lado, acelerando el tránsito intestinal por otro y actuando sobre la forma en la que el organismo asimila los alimentos. Teniendo en cuenta que la obesidad es una de las epidemias de nuestro tiempo el laboratorio parecía haber encontrado un fármaco realmente interesante que podría hacerles ganar mucho dinero.

              También se llevaron a cabo estudios para comercializar rimonabant con otras aplicaciones. El Sistema Endocannabinoide regula funciones como la motivación y los circuitos de recompensa y se ensayó su utilidad en distintas adicciones. El tabaquismo es una de las adicciones más graves, y la que más mortalidad y daños para la salud produce a nivel global. El laboratorio propietario de la patente (el francés Sanofi-Aventis) comenzó en 2006 un gran ensayo clínico sobre 6.000 fumadores (Studies with Rimonabant and Tobacco Uses:STRATUS) para estudiar su eficacia en la dependencia a tabaco. El fármaco resultaba prometedor, ya que por un lado actúa sobre el sistema biológico que se supone que es el responsable del mantenimento de las adicciones. Y además tendría un efecto para evitar la ganancia de peso, uno de los efectos adversos que aparecen con mayor frecuencia al dejar de fumar. Los resultados fueron satisfactorios y un metaanálisis (un refrito estadístico que actualmente se considera la mejor prueba de la eficacia de un tratamiento) señalaba que rimonabant incrementaba en un 150% las probabilidades de éxito, y encima sin ganar peso.

              La comercialización del fármaco (con el nombre de Acomplia®) fue complicada. La Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos autorizó inicialmente su uso para la obesidad en Febrero de 2006 pero consideraba que no había datos suficientes sobre su seguridad en el tratamiento del tabaquismo. Posteriormente (Junio de 2007) presentó dudas sobre sus efectos adversos en relación con la obesidad y el laboratorio desistió de comercializarlo en aquel país.

En Europa, sin embargo, el proceso fue más sencillo y en Junio de 2006 la Agencia Europea del Medicamento autorizó su aprobación en los entonces 25 Estados de la Unión. El laboratorio no presentó el fármaco como “tratamiento contra la obesidad” sino como “tratamiento contra la obesidad asociada a síndrome metabólico”, es decir, aquellos obesos que tienen además diabetes, cifras altas de colesterol y otros factores de riesgo cardiovascular. Reino Unido fue el primer país en autorizarlo y posteriormente comenzó a venderse en Dinamarca, Irlanda, Alemania, Finlandia y Noruega. España fue uno de los primeros países europeos en aprobar su uso (el 27 de Junio de 2006), con el nombre comercial de Acomplia®.

Las cosas comenzaron a torcerse pocos meses después. Durante la fase de comercialización del producto empezaron a producirse una serie de casos de enfermedad psiquiátrica (episodios de depresión mayor, incluyendo intentos de suicidio). Estos casos ya se habían presentado durante los ensayos clínicos pero no parecían ser suficientemente importantes como para retirar el fármaco. En Junio del 2007, un año después de su aprobación, la Agencia Europea del Medicamento lanzaba una nota de prensa en la que advertía de que este fármaco no se debía recetar a personas con antecedentes de enfermedad psiquiátrica o que estuvieran en tratamiento con antidepresivos. Además, señalaba que había pedido al laboratorio información adicional sobre este aspecto de cara a evaluar la seguridad del fármaco. Estos datos fueron revisados por un comité independiente de expertos que concluyó que el riesgo de enfermedad psiquiátrica al tomar rimonabant se multiplicaba por dos. Entre Junio y Agosto de 2008 se declararon cinco casos de suicidios en personas que estaban en tratamiento con rimomabant, por lo que la Unión Europea decidió su suspensión en Octubre de 2008. Los problemas con rimonabant desanimaron a otros grandes laboratorios que estaban haciendo estudios con moléculas similares. Pfizer estaba desarrollando Otenabant (CP-945,598) también para el tratamiento de la obesidad. Merck había comenzado estudios en humanos con Taranabant (MK-0364) en humanos, pero desistió en 2008 ya que también se encontraron con casos de ansiedad y depresión y, vistos los antecedentes, su comercialización hubiera sido improbable

El caso del rimonabant ilustra la dificultad de separar los efectos físicos de los psicológicos cuando hablamos de los cannabinoides naturales o sintéticos. El Sistema Nervioso Central tiene muchos receptores para cannabinoides, y tanto la planta como los fármacos tienen efectos sobre ellos. La marihuana puede aliviar de forma eficaz las nauseas y vómitos de la quimioterapia pero produce efectos psicológicos potentes. Para algunas personas estos efectos son agradables pero, desde un punto de vista estrictamente farmacológico lo que se buscan son efectos selectivos sobre un síntoma o una enfermedad concreta. Con los antagonistas del Sistema Endocannabinoide parece suceder algo parecido. Bloquear el Sistema puede tener una serie de efectos deseados (disminuir el peso, ayudar a dejar de fumar) pero también tiene efectos sobre los receptores del cerebro que pueden manifestarse de forma peligrosa. El fármaco ideal sería aquel que active o desactive sólo determinadas partes del Sistema Cannabinoide Endógeno (las que tienen que ver con el dolor, el apetito, los vómitos…) y no actúe sobre la esfera psicológica.

De hecho esa es la nueva estrategia para la próxima generación de antagonistas del Sistema Endocannabinoide. El cerebro está recubierto de la barrera hematoencefálica, una fina película que impide que muchas sustancias lleguen a él y que constituye una especie de defensa natural contra tóxicos y agresiones externas. Los cannabinoides de la planta y los fármacos sintetizados hasta el momento la pueden atravesar fácilmente (por eso producen efectos psicológicos). Pero si se consiguen moléculas que actúen sobre los receptores de cannabinoides del organismo pero que no sean capaces de atravesar esa barrera es posible que puedan evitarse los efectos adversos de tipo mental. Un pequeño laboratorio danés llamado 7TM ha comenzado recientemente estudios con un cannabinoide de este tipo (otro nombre para un trabalenguas: 1-(2,4-Diclorofenil)-4-etill-5-(5-(2-(4-(trifluorometil)fenil)etinill)tiopen2-til)-N-(piperidin-1-il)-1H-pirazol-3-carboxamida), TM38837 para los amigos. Este fármaco ha demostrado sus efectos in-vitro (en cultivos celulares), en animales y ha comenzado sus primeros ensayos en humanos.

Con este artículo terminamos el repaso de cannabinoides sintéticos que han sido o están siendo utilizados como medicamentos. Pero el tema de los cannabinoides de síntesis tiene otro aspecto mucho más amplio e inquietante de cara a la Salud Pública. Los agonistas y antagonistas del Sistema Endocannabinoide se cuentan por cientos y algunos de ellos comienzan a ser vendidos como “marihuanas legales” o “sustitutos del cannabis” a través de Internet. El problema es que la mayoría de estas sustancias no han sido probadas nunca en humanos ni en animales y no se conocen sus riesgos o peligros. Juntemos esto con unas autoridades sanitarias y antidroga que no tienen ninguna credibilidad delante de los consumidores, añadámosle unas gotitas de sensacionalismo mediático y ya tienen ustedes un cóctel explosivo del que comenzaremos a hablar en el próximo número.

 

Cannabinoides sintéticos (III): Levonantradol y nabilona

En el capítulo anterior repasamos la historia, propiedades, ventajas e inconvenientes del dronabinol, primer cannabinoide sintético utilizado en Medicina. Desde la década de los 80 se han sintetizado otros agonistas cannabinoides empleados en terapéutica humana. En este número revisaremos los dos más importantes: la nabilona y el rimonabant.

                Como señalamos en el último capítulo, el dronabinol fue el primer cannabinoide obtenido en laboratorio, aunque en realidad se trata de una copia exacta del ∆-9-tetrahidrocannabinol (THC) que aparece de forma natural en la planta. Tanto esfuerzo en crear una copia artificial de un compuesto que podría extraerse de un vegetal sólo puede explicarse por los prejuicios hacia esta droga. Ya vimos como la vía de administración del dronabinol condicionaba unos efectos poco previsibles y limitaba sus aplicaciones.

                Pero disponer de una molécula artificial de THC abre la puerta a poder crear “versiones mejoradas” que puedan conseguir mejores efectos terapéuticos. Ésta es una de las propiedades maravillosas de la química y la farmacología: pequeñas modificaciones de uno o unos pocos átomos en una molécula pueden causar diferencias muy grandes de efectos, ya sean terapéuticos, recreativos o tóxicos. Por ejemplo, añadir dos átomos de oxígeno y uno de carbono en una posición concreta transforma a la metanfetamina, un estimulante de duración larga y efectos potentes en la 3,4-metilendioximetanfetamina (MDMA, éxtasis), una sustancia con propiedades selectivas sobre las emociones y el miedo. Y un único átomo de oxígeno es lo que separa al etanol (el alcohol que se encuentra en vino, cerveza o licores) del metanol, compuesto tóxico para el nervio óptico que puede dejar completamente ciega a una persona si se administra a las dosis suficientes. En el campo de la farmacología humana el caso más evidente es el de las insulinas. A partir de la molécula original de la insulina humana y mediante pequeñas modificaciones se han comercializado decenas de derivados con distintas potencias y duración de efectos que han contribuido de forma significativa a incrementar la calidad y esperanza de vida de los pacientes diabéticos.

                A estas “versiones mejoradas” de una determinada molécula se las conoce en química con el nombre de “análogos”. Cuanto más compleja sea una molécula, mayores son las posibilidades de acortar, añadir o sustituir átomos y cadenas en busca de un efecto determinado. Es importante señalar que estos procesos son extraordinariamente complicados desde un punto de vista técnico y económico. En primer lugar, los químicos tienen que idear, muchas veces partiendo desde cero, la ruta de síntesis química de un análogo determinado, lo que no es técnicamente posible en todos los casos. Después estos compuestos experimentales tienen que probarse en cultivos celulares, más tarde en animales de experimentación y, finalmente, en el caso de que todos los pasos anteriores hayan sido satisfactorios, comenzar a ser experimentados en humanos, donde deberán mostrar un beneficio significativo con efectos secundarios aceptables y pocos efectos tóxicos. Todo este proceso implica inversiones astronómicas y mucho tiempo (en bastantes casos más de una década), lo que sólo está al alcance de la potente industria farmacéutica.

                En el caso de la molécula del THC, sus tres anillos dejan catorce posiciones libres, con lo que las posibilidades son casi infinitas. Desde mediados de la década de los 70 del siglo pasado, una vez establecida su estructura química, distintos laboratorios farmacéuticos han investigado en busca de nuevos cannabinoides útiles en terapéutica humana. En 1975 se había descubierto ya que un análogo del THC, el 9-nor-9-beta-hidroxi-hexahidrocannabinol (HHC) era un cannabinoide mucho más selectivo para el dolor que el propio THC. Partiendo de ese modelo, la compañía Pfizer (productora de greatest hits de la farmacología humana como Trankimazin®, Viagra® o la vacuna BCG para la tuberculosis) patentó cientos de cannabinoides sintéticos y, a principios de la década de los 80 se lanzó a estudiar un cannabinoide llamado levonantradol, que iba a ser comercializado con el nombre de Nantrodolum®.

LevonantradolLevonantradol

                Los primeros estudios in vitro y en animales de experimentación fueron satisfactorios. Los científicos se mostraban extrañados, porque el levonantradol producía efectos psicotrópicos y quitaba el dolor en animales, pero no lo hacía de la forma en la que actúan los analgésicos tradicionales y los opiáceos. Hay que tener en cuenta que, entonces, todavía no se conocía que el cannabis y los cannabinoides actúan sobre los receptores específicos que conforman el Sistema Cannabinoide Endógeno, que fue descubierto una década después. El fármaco tenía además la ventaja de poder ser administrado por vía intramuscular, lo que teóricamente supondría que podría alcanzar mejor sus objetivos que el THC. Así, entre 1981 y 1984, el levonantradol fue evaluado en ensayos clínicos en humanos, buscando conocer su eficacia en el dolor postoperatorio y en las nauseas y vómitos asociados a quimioterapia, dos de las utilidades del THC sintético y en las que, partiendo de los resultados en animales, era previsible encontrar éxito. Estos estudios mostraron que el levonantradol era eficaz, es decir, conseguía disminuir el dolor o las náuseas, pero lo hacía en menor medida que otros fármacos disponibles en aquel momento. Además, aparecían otro tipo de problemas inesperados, como dolor intenso en el lugar de la inyección, efectos psicológicos desagradables y bajadas de tensión. En un estudio sobre 22 pacientes, más de la mitad (14) presentaron alguna de estas complicaciones. Para que un fármaco sea aprobado por las autoridades sanitarias no basta con que este sea útil, sino que tiene que aportar mejorías y/o menos efectos adversos que otros ya conocidos. Por estos motivos el levonantradol nunca fue comercializado. Quedó como un fármaco experimental o, como mucho, se usó forma compasiva en enfermos en los que todas las demás opciones posibles habían fallado.

                Por las mismas fechas, otro científico, Louis Lemberger, trabajaba para Lilly (otro gigante de la industria farmacéutica) en un programa de investigación sobre cannabinoides sintéticos. Éste científico había descubierto que, en los humanos, el ∆-9-THC sufre una modificación en el hígado después de su administración, dando lugar a otro compuesto (que básicamente es el mismo THC, con un átomo de oxígeno e hidrógeno agregados), que tiene mayores efectos en el organismo. Siguiendo esta línea de investigación, pronto se descubrió que un cannabinoide sintético, muy similar al THC con dos pequeñas modificaciones, tendría efectos más potentes que el propio THC y se podría administrar mejor por vía oral.

                Este cannabinoide, llamado nabilona, superó los estudios en animales y comenzó a administrarse a humanos de forma experimental. Se descubrió que era activo por vía oral en voluntarios sanos a dosis de 0.5-1mg (dos o tres veces más potente que el THC) y que algunos de sus efectos adversos (bajadas de tensión arterial y efectos psicológicos) cedían al administrarla durante varios días seguidos. El efecto adverso de “euforia” se presentaba con menos frecuencia que con el THC, lo que según el punto de vista de los investigadores era una ventaja sobre el principio activo del cannabis. Podríamos discutir por qué los médicos tendemos a considerar la euforia, que etimológicamente significa “sentirse bien”, como un efecto negativo de los fármacos, pero eso nos llevaría a salirnos del tema, por lo que lo dejaremos para otra ocasión. Como decíamos, estos resultados llevaron a probar el fármaco en distintas enfermedades, y nuevamente las nauseas y vómitos asociados a quimioterapia fueron el primer objetivo, puesto que tanto el THC como el cannabis son eficaces en este sentido. Los investigadores en este caso tuvieron más suerte que los de Pfizer, y en 1979 la prestigiosa revista médica New England Journal of Medicine publicaba el primer estudio en el que se mostraba que la nabilona era más eficaz que los tratamientos previos para el control de estos síntomas. Dos investigaciones posteriores con más pacientes corroboraron, en 1980 y 1982, estos resultados.

TetrahydrocannabinolTetrahydrocannabinol

                La nabilona fue inicialmente estudiada en algunas indicaciones más con menor éxito. El cannabis produce efectos broncodilatadores (“abre los pulmones”) pero la vía de administración fumada imposibilita su uso en el tratamiento del asma o la bronquitis crónica. La nabilona era eficaz por vía oral por lo que evitaría este inconveniente, pero, en la práctica, se demostró que el efecto era menor que el de los inhaladores habituales y que, incluso en algunos casos, producía un efecto contrario al esperado. También se sabía que el cannabis disminuye la presión dentro de una de las cavidades del ojo humano, cuyo incremento da lugar a una enfermedad llamada glaucoma. La nabilona también producía este efecto, pero para la mayoría de los pacientes (fundamentalmente gente anciana) los efectos psicológicos eran demasiado rotundos y el tratamiento en forma de colirios resultaba menos sobrecogedor.

                A mediados de los 80 el laboratorio presentó todos estos informes a las autoridades sanitarias norteamericanas (la FDA, Food And Drug Administration), canadienses y del Reino Unido, con la idea de comercializar el fármaco. En Estados Unidos la FDA dio pronto su visto bueno, pero se topó con la oposición de la DEA (Drug Enforcment Agency, agencia antidroga norteamericana). Los informes científicos demostraban claramente que el potencial de abuso y dependencia de la nabilona era bajo, pero los chicos de la DEA decidieron pasarse los datos objetivos por alto y mantuvieron sin argumentos que la nabilona era muy adictiva. En general, los organismos antidroga están compuestos de políticos, agentes del orden y de la moral a sueldo y presentan una tendencia innata a meter sus hocicos en los asuntos estrictamente sanitarios, que en la mayoría de los casos no están capacitados para comprender. Así, cualquier dato de investigación científica que huela, aunque sea lejanamente a “la droga” tiene muchas posibilidades de ser anulado por esta especie de modernos Tribunales de la Inquisición.

                En el Reino Unido, Canadá y México, sin embargo, las autoridades fueron más sensatas. A la vista de los datos científicos decidieron autorizar la comercialización del fármaco (con el nombre de Cesamet®), aunque lo sometieron a una vigilancia especial en espera de la aparición de casos de abuso, dependencia o problemas psiquiátricos. Tres décadas después estos problemas no se han presentado y la nabilona es una opción terapéutica más entre las disponibles.

                El hecho de que la nabilona sea un fármaco como cualquier otro en ciertos países, ha facilitado su investigación para otras indicaciones. En México, por ejemplo, está aprobado para el tratamiento del dolor crónico, basándose en investigaciones científicas validadas. Existen ensayos clínicos que muestran su utilidad en síntomas del cáncer distintos a las nauseas, como la pérdida de peso, el dolor o los síntomas de ansiedad y depresión. Otros estudios han mostrado que puede ser eficaz en el alivio de los efectos secundarios que producen las medicaciones para la enfermedad de Parkinson, los síntomas de la esclerosis múltiple o las pesadillas que se presentan en personas con trastorno por stress postraumático.

Nabilon EnantiomereNabilon Enantiomere

                A pesar de que en Estados Unidos la nabilona sigue clasificada en la restrictiva “Lista II”, en 2006 se comenzó su comercialización con 20 años de retraso. En España sólo es accesible como medicación extranjera con informe de especialista. Es muy probable que todas estas restricciones no existieran si la molécula no estuviera emparentada con la planta del cannabis. Aunque objetivamente y en el momento actual la nabilona es un fármaco de utilidad limitada, no debemos olvidar que los medicamentos van encaminados a mejorar la salud o aliviar el sufrimiento de las personas. Poner por delante condicionamientos de tipo moral es, sencillamente, una actitud repugnante.

               

               

 

 

Cannabinoides sintéticos (II): THC sintético

En el capítulo anterior describimos las generalidades sobre el Sistema Cannabinoide Endógeno (SCE) y los cannabinoides naturales y sintéticos. En esta entrega comenzaremos el repaso sobre éstos últimos, utilizando como ejemplo el primer cannabinoide que fue sintetizado de forma artificial: el tetrahidrocannabinol (THC), discutiendo sobre las ventajas e inconvenientes que tiene este compuesto sobre la propia planta.

                Aunque para nosotros sea algo cotidiano, el uso de fármacos tal y como lo entendemos en la actualidad es, desde un punto de vista histórico, una novedad muy reciente. Desde el principio de los tiempos hasta mediados del siglo XIX el tratamiento de las enfermedades se basaba en el uso de plantas y remedios naturales, cuya eficacia es incierta y muy variable en la mayoría de los casos. Es cierto que los principios activos de muchas plantas tienen propiedades terapéuticas, pero las plantas presentan varios inconvenientes para ser utilizadas como fármacos. Las variedades distintas de una misma especie pueden presentar concentraciones diferentes de los productos activos. Dentro de una misma planta pueden encontrarse, junto al compuesto deseado, otros que no tengan eficacia o que produzcan toxicidad. La disponibilidad de una planta puede depender de la climatología, existen dificultades para el transporte y la conservación, se presentan variaciones a lo largo del tiempo…). El desarrollo de la química industrial a principios del siglo XX permitió ir aislando los distintos principios activos que proceden del mundo vegetal, producirlos a gran escala, distribuirlos en la concentración más adecuada para que tengan efectos beneficiosos y conservarlos durante tiempo suficiente. El ejemplo más significativo lo tenemos en el uso de la corteza del sauce blanco, que fue descrito por Hipócrates en el siglo V a.C. como remedio para la fiebre y el dolor. Pero su principio activo (el ácido acetilsalicílico) no fue aislado hasta 1828 y su comercialización a gran escala (con el nombre de Aspirina® ) se produjo a principios del siglo XX. Y no fue hasta 1971 cuando se comprendió a nivel científico su mecanismo de acción: la inhibición de unas moléculas llamadas prostaglandinas y tromboxanos, responsables de la inflamación. Posteriormente y partiendo del modelo de las moléculas procedentes de los vegetales, la síntesis química puede producir productos derivados de éstos que sean más eficaces, menos tóxicos o más baratos.

Así, el desarrollo paralelo del conocimiento sobre cómo funciona el organismo y cuales son las causas de las enfermedades por un lado, y el de la química industrial aplicada a la farmacéutica por otro ha dado lugar a la aparición de los medicamentos tal y cómo los entendemos hoy en día. Desde luego la industria farmacéutica no es un negocio inocente y como cualquier otra empresa destinada a producir beneficios económicos tiene sus puntos oscuros. Pero el incremento radical en la esperanza de vida durante el s.XX, la drástica disminución de la mortalidad producida por las enfermedades infecciosas (incluyendo el SIDA) o de la mortalidad infantil se explica (entre otros factores) como la consecuencia de este tipo de avances.

La mayoría de las personas consideramos que para tratar la fiebre o una inflamación, es más eficaz tomar un antiinflamatorio que chupar la corteza de un sauce. Pero algunas corrientes sociales sostienen que “lo natural” es, por definición, más sano o asimilable por el organismo que “lo artificial o lo sintético”. La simpleza de esta argumentación es fácilmente desmontable si pensamos en las solanáceas, la Amanita phalloides o la estricnina, ejemplos más evidentes de la letalidad que puede encontrarse en el aparentemente idílico mundo vegetal. Lo natural es simplemente distinto de lo sintético y uno u otro serán preferibles dependiendo de múltiples factores. La preferencia de lo natural sobre lo sintético es una creencia, no un hecho científico demostrable.

Centrándonos en el cannabis, ya sabemos que su uso como fármaco está documentado desde hace más de 4000 años. El tratado medicinal chino Pên-Tsao Ching (2237 aC) lo describía como remedio contra el paludismo o el dolor, fue ingrediente común de las tríacas medicinales griegas y romanas y, en 1889, el clásico Manual de Medicina Merck recomendaba su uso en el tratamiento de la histeria, el delirio, la epilepsia, el insomnio nervioso, la migraña, la dismenorrea (dolor menstrual) o el dolor crónico. Si el cannabis hubiera sido una planta más, a lo largo del siglo XX hubiera experimentado el mismo proceso que otras plantas medicinales tradicionales: aislamiento y comercialización de sus principios activos, comprensión e investigación sobre sus mecanismos de acción y ajuste de sus indicaciones clínicas según la evidencia científica. Pero, en el caso de la planta del cáñamo, este proceso se vio truncado por la Prohibición. Por motivos más morales que médicos, el cannabis dejó de ser un vegetal como el resto desde los años 30 del siglo pasado para transformarse en “una droga”: sustancia muy tóxica, que crea adicción y que no tiene ningún interés terapéutico, por lo que, oficialmente, no merecía ser investigada. Pero la realidad ha resultado ser más tozuda que el afán legislativo prohibicionista. El cannabis ha seguido empleándose con fines terapéuticos y, a pesar de los retrasos y las dificultades, la investigación sobre los cannabinoides se ha ido abriendo paso. Probablemente el factor decisivo ha sido el interés de la industria farmacéutica en un mercado sin explorar pero lleno de aplicaciones potenciales, al menos desde un punto de vista teórico.

Aunque ya señalamos que en la planta del cannabis hay más de 400 principios activos distintos, muchos de ellos con actividad biológica comprobada, el delta-9-tetrahidrocannabinol (∆-9-THC) es el más característico de la planta y el responsable de muchos de sus efectos. Pues no fue hasta el año 1964 (hace un ratito desde una perspectiva histórica) cuando dos científicos israelíes, Yechiel Gaoni y Raphael Mechoulam del Instituto Weizmann de Ciencias en Rejovot, aislaron y describieron por primera vez la fórmula química de este compuesto de la planta. Hacia 1970 ya se había demostrado, a partir de experimentos en monos, que los efectos de la planta estaban producidos en gran parte por la acción del THC.

El paso siguiente fue la síntesis artificial del THC. La molécula tiene tres anillos de carbono entrelazados entre sí, lo que hace que su síntesis química sea muy compleja, requiera de múltiples precursores y trabajar con aparatos que utilizan presiones y temperaturas muy elevadas. Durante los años 70 se desarrollaron distintas rutas de síntesis para la molécula del THC y a finales de esa década el proceso fue técnicamente posible.. A esta forma sintética de THC, patentado y comercializado, se la conoce con el nombre de dronabinol.

Así, el dronabinol es una forma purificada y artificial del mismo THC que aparece de forma natural en la planta. Este compuesto químico está registrado con el nombre comercial de Marinol ® por un laboratorio belga (Solvay Pharmaceuticals) y en 1985 fue aprobada como tratamiento en las nauseas y vómitos producidos por quimioterapia por la FDA estadounidense y en el síndrome de caquexia-anorexia (delgadez extrema y falta de apetito) asociados al SIDA. Para ello tuvieron que hacerse varias modificaciones legales. El cannabis en Estados Unidos en una droga en Lista I, que es la calificación legal más restrictiva y prohibe su cultivo, compra, posesión y distribución. Pero su principio activo más importante, cuando se obtiene de forma artificial y se encapsula, se clasifica en “Lista III”, lo que permite su uso como fármaco. Se trata de una más de las situaciones surrealistas de una legislación antidroga absurda e ineficaz.

Aparte de las dos indicaciones ya señaladas (nauseas por quimioterapia y caquexia por SIDA), posteriormente se han encontrado otras utilidades para este fármaco. En 2007 un ensayo clínico sobre 30 pacientes demostró que, en pacientes con dolor crónico no tumoral en tratamiento con opiáceos (morfina o fentanilo), la adición de dronabinol mostraba mejores resultados en el alivio del dolor. También existen evidencias sobre su eficacia en el alivio de algunos síntomas de la esclerosis múltiple (rigidez, dolor y síntomas urinarios), así como en otros problemas neurológicos (esclerosis lateral amiotrófica, dolor después de traumatismo medular…). Además existen estudios científicos que han explorado los problemas de abuso, dependencia, cambio de personalidad o funcionamiento social en pacientes en tratamiento con dronabinol, y hay unanimidad en que éstos son excepcionales.

El THC sintético está disponible en forma de cápsulas de 2.5, 5 y 10 mg. Las cápsulas tienen una base gelatinosa y están recubiertas de una película de aceite de sésamo, con el objetivo de evitar que el fármaco se destruya si alguien pretende fumarlo. Esta forma de presentación y el elevado coste de la síntesis del THC sintético hacen que se trate de un fármaco muy caro: el coste de un tratamiento mensual puede oscilar entre los 200-800 euros dependiendo de la dosis. En realidad, el coste económico hace que la protección con aceite de sésamo sea innecesaria: nadie debería ser tan tonto como para fumarse una cápsula de dronabinol cuando un porro resulta muchísimo más barato, así que lo asumiremos como otra manifestación más del surrealismo antidroga ya comentado.

Además del precio, el inconveniente fundamental del THC sintético es que su administración se realiza por vía oral. Los cannabinoides son moléculas que no se diluyen bien en agua, y la cantidad de producto que se absorbe por el cuerpo varía dependiendo de muchos factores (sexo, edad, proporción de grasa corporal, si se han comido antes alimentos o no…) Esto da lugar a que existan muchas diferencias entre individuos para estimar la dosis correcta e incluso que una misma persona necesite dosis diferentes a lo largo del tiempo. Por otra parte, es frecuente la aparición de efectos adversos (cambios en el latido del corazón, mareo, incremento en el apetito, bajadas de tensión, sofocos, dolores musculares, conjuntivitis…) además de los propios efectos psicoactivos del cannabis. Es importante darse cuenta de que “lo deseado” en el uso recreativo del cannabis (sus efectos mentales) puede ser “no deseado” cuando nos referimos a la esfera de lo terapéutico. Teniendo en cuenta que los efectos psicoactivos del cannabis son de difícil control al utilizar la vía oral, la incidencia de episodios de ansiedad, desorientación, angustia, reacciones paranoides…al utilizar el dronabinol puede ser importante.

Todos estos inconvenientes hacen que las aplicaciones del dronabinol sean limitadas. De hecho no está aprobado en la Unión Europea, aunque podría accederse a él a través de un programa de uso compasivo de medicación extranjera, debidamente justificado ante las autoridades sanitarias. En ese caso, el médico debería rellenar unos formularios explicando que el dronabinol es la mejor opción disponible para el tratamiento de un paciente en el que el resto de recursos han fallado. Teniendo en cuenta sus limitadas aplicaciones, esta situación puede darse pero en la práctica parece muy poco frecuente..

El ejemplo del dronabinol nos muestra que, en este caso concreto, la forma sintética de un producto vegetal puede aportar pocas ventajas frente a la planta. La síntesis química consigue un producto puro y estandarizado, pero con un precio varios cientos de veces superior al de la planta, con una vía de administración que dificulta la dosificación, facilita la aparición de efectos adversos, y con unas aplicaciones prácticas muy limitadas para las que existen otros fármacos disponibles en el mercado. El mercado farmacéutico ha aprendido de estos errores. El fármaco más reciente derivado del cannabis es un extracto vegetal de plantas clonadas que se administra por vía sublingual. Así por un lado el coste de producción es mucho menor (aunque sigue siendo un fármaco caro) y por otro la vía de administración facilita una dosificación correcta.

En el próximo número seguiremos abordando los cannabinoides sintéticos en su vertiente terapéutica, centrándonos en dos moléculas que actúan sobre el sistema cannabinoide endógeno y que se han comercializado (con distinto éxito) en los últimos años: la nabilona y el rimonabant.

 

Cannabinoides

En las dos últimas décadas se han creado compuestos artificiales que actúan de forma parecida al cannabis. Algunos tienen propiedades como fármacos, otros se han usado como drogas recreativas… En la era de Internet, en la que tanto los productos como la información son fácilmente accesibles, conviene saber en profundidad acerca de estas sustancias. La serie de artículos que comenzamos en este número abordará diversos aspectos sobre los cannabinoides sintéticos.

En el cannabis se encuentran de forma natural más de 400 sustancias diferentes. Los cannabinoides son los más conocidos: el tetrahidrocannabinol (THC) , el cannabidiol (CBD)y cannabinol (CBN) son los tres más conocidos y los que se expresan en mayor cantidad en las plantas, aunque la lista de cannabinoides que pueden aislarse en la planta del cannabis no para de crecer. Si en el año 2000 se habían descrito 15 cannabinoides, en 2018 son ya más de 80 sustancias diferentes: cannabicromeno(CBC), cannabiciclol (CBL), cannabigerol (CBG), monometileter del cannabigerol (CBGM), cannabielsoina (CBE), cannabinodiol (CBND), cannabitriol (CBT)…) las que se encuentran en la planta.

Pero además de los cannabinoides en la planta del cannabis pueden encontrarse una gran cantidad de sustancias diferentes. Los terpenoides y flavonoides son más de cien moléculas distintas que componen el aceite esencial de cannabis y son las responsables de sus propiedades olfativas y gustativas. El citroneol o el terpinol tienen efectos relajantes y se cree que podrían atenuar algunos de los efectos del THC. Otros como el alfa-terpineno o el 1,8-cineol parecen tener efectos psicoactivos que son independientes de los efectos de los cannabinoides. El limoneno tiene actividad antiinflamatoria y está presente en suficiente concentración en el cannabis como para suponer que tenga algún efecto. Existe mucho interés sobre todas estas sustancias, ya que pueden tener múltiples aplicaciones en campos como cosmética o la alimentación. Además, algunos científicos piensan que estas moléculas (que tienen un tamaño muy pequeño) pueden hacer efecto por vía olfativa, lo que abre interesantes perspectivas desde un punto de vista de la administración de fármacos. Además pueden encontrarse polifenoles, aceites esenciales y distintas grasas que tienen efectos biológicos comprobados.

En el mundo de los entendidos del cannabis es conocido que, distintas variedades de plantas, dan lugar a efectos psicoactivos y/o terapéuticos muy diferentes. Desde un punto de vista biológico, este hecho, se explica porque en cada variedad de planta los componentes aparecen en concentraciones distintas. Así, existen marihuanas que tienen una proporción muy elevada de THC (que producirá efectos potentes de tipo psicoactivo/alucinógeno, e inducirá cuadros de ansiedad con frecuencia) y otras con una proporción THC/CBD 1:1 más adecuadas para un uso terapéutico. Pero, como acabamos de explicar, el efecto del cannabis es mucho más que el efecto de los cannabinoides ya que la presencia de decenas de sustancias modula, matiza, potencia o reduce estas propiedades. Todos estos sutiles detalles pueden no ser apreciables para aquellos que no están entrenados pero, como sucede con el vino, los paladares más refinados (en este caso los cerebros más entrenados) pueden percibir la diferencia entre distintas variedades.

Así, una de las características más peculiares del cannabis es que, más que de una droga, se trata de una mezcla de drogas. El principio activo del éxtasis es la MDMA y el del speed el sulfato de anfetamina. Pero en el caso del cannabis nos encontramos con varias drogas distintas que, combinadas, producen efectos característicos. Además de ésta, otra de las peculiaridades de la planta del cannabis es el mecanismo por el cual produce sus efectos sobre el organismo. Hasta principios de la década de los 90 se pensaba que los cannabinoides se difundían de forma pasiva a través de las membranas de los tejidos del organismo, produciendo efectos inespecíficos. Desde entonces las ideas han cambiado radicalmente, aunque hay que explicar algunos conceptos mínimos de farmacología para poder entenderlo bien.

Los seres vivos están compuestos de complejísimos sistemas de señales de mensajeros y receptores, interrelacionados entre sí. Muchos fármacos y drogas producen sus efectos al unirse a receptores que se encuentran en las células de los órganos. Podríamos imaginar que los fármacos y las drogas pueden encender o apagar distintos “interruptores” celulares que dan lugar a sus efectos. Así, por ejemplo, podríamos decir que el omeprazol apaga temporalmente los interruptores que son responsables de la producción de ácidos en el estómago. Los antiinflamatorios como el ibuprofeno o el diclofenaco interfieren en la síntesis de moléculas que producen inflamación. Las benzodiacepinas (fármacos para dormir, tipo Valium, Orfidal…) actúan en receptores cerebrales del sistema límbico facilitando la aparición del sueño…

Muchos fármacos y drogas utilizan receptores (recordemos…”interruptores”) que el organismo utiliza de forma natural para otras funciones. La MDMA (éxtasis) actúa sobre el sistema de la serotonina de una forma parecida a como lo hacen algunos antidepresivos (los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, como ejemplo fluoxetina/Prozac) y es precisamente éste sistema uno de los encargados de regular el estado de ánimo. La cocaína actúa sobre el sistema de dopamina mesocórtico-límbico, que se encarga de regular el placer, lo que explica, según muchos científicos, las propiedades adictivas de esta sustancia.

Otras sustancias disponen de sistemas específicos, “interruptores propios” a los que se unen como una llave a una cerradura de forma definida y concreta. El más conocido es el sistema opioide. En los animales existen de forma natural unos receptores opioides que, al ser estimulados por los derivados de la planta del opio, dan lugar a un grupo de efectos: desaparición del dolor, euforia, estreñimiento, náuseas, contracción de las pupilas, picor, depresión respiratoria….Este sistema se descubrió a principios de la década de los 70 del siglo pasado y su conocimiento fue ampliándose en pocos años hasta descubrir los distintos tipos de subreceptores que están implicados, los órganos exactos en los que se encuentran y cómo activarlos o desactivarlos de forma específica. La síntesis de distintos derivados artificiales (buprenorfina, fentanilo, oxicodona…) busca activar o desactivar estos receptores de forma más específica para conseguir más efectos terapéuticos (sobre todocontrol del dolor) y menos efectos no deseados (dependencia, depresión respiratoria, estreñimiento…)

El ejemplo del sistema opioide nos servirá para entender el sistema biológico relacionado con el cannabis: el sistema cannabinoide endógeno (SCE). A mediados de los ochenta comenzaron a descubrirse receptores (“interruptores”) que se activan de forma específica por acción del cannabis. Los primeros receptores en encontrarse (CB1) se describieron en el cerebro de todos los vertebrados, sobre todo en zonas de la corteza, en áreas implicadas en el control del movimiento y en otras áreas que regulan procesos vegetativos y de asociación. La parte más profunda del cerebro, la que controla procesos vitales como la respiración o la circulación no tiene receptores CB1, lo que explica el hecho de que el cannabis sea una droga segura a nivel físico en sobredosis. Los receptores CB1 también se encuentran, en menor cantidad, en la retina y el testículo de los machos.

Posteriormente se descubrió la existencia de otro tipo de receptores (CB2), que se encuentran de forma específica en el sistema inmunológico. Se sabe que los CB2 tienen propiedades antiinflamatorias aunque muchos investigadores creen que su importancia de estos receptores es mayor. Las teorías más recientes sobre la formación de tumores sostienen que, a lo largo de la vida de una persona, se desarrollan decenas o cientos de tumores en distintas partes del organismo. La aparición de tumores sería algo “normal” y cuando el sistema inmune funciona correctamente es capaz de detectar y eliminar esas células cancerígenas. El cáncer surgiría cuando el sistema inmune está deteriorado y es incapaz de mantener su capacidad de control sobre los tumores. Estas teorías, ampliamente aceptadas en el momento actual por la comunidad científica, sostienen también que los receptores CB2 tienen un papel crucial en la regulación de esta actividad y son la base teórica de las propiedades antitumorales de los cannabinoides.

Un hecho sorprendente es que los receptores de cannabinoides no se encuentran sólo en los mamíferos, sino en todos los vertebrados (aves, reptiles, peces…). Desde un punto de vista biológico-evolutivo, resulta sorprendente que se haya seleccionado un sistema biológico a lo largo de millones de años que se activa de forma selectiva por un vegetal. Y que ese sistema biológico aparezca además en muchas especies animales que no tienen contacto con las plantas. Dicho de otra forma…si las sardinas, los periquitos y las ranas tienen receptores de cannabinoides, éstos están allí para algo más que disfrutar de los efectos del cannabis, ya que es extraordinariamente improbable que estos animales entren en contacto con la planta a lo largo de su vida. Con este planteamiento los científicos se pusieron a buscar qué sustancias producen los vertebrados que, de forma natural, se unan a los receptores CB1 y CB2. Durante la década de los noventa se descubrieron los dos más importantes: la araquidonoiletanolamina o Anandamida y el 2-araquidonilglicerol (2-AG), y en la última década se han caracterizado otros dos (N-Araquidonoil-dopamina, NADA) y virodamina. Estos compuestos aparecen de forma natural en una enorme variedad de especies animales, así como en semillas y moluscos.

Teniendo ya todas las “piezas del puzle” del SCE, la siguiente cuestión sería conocer para qué sirve. Siguiendo con el razonamiento evolutivo-filosóficas, un sistema que se encuentra en todos los vertebrados y que se distribuye en zonas primordiales de los organismos (cerebro e inmunidad) debe tener funciones igual de importantes. Acabamos de mencionar el control de los tumores, pero el SCE parece estar implicado en muchas más funciones: la actividad y la coordinación de los movimientos, el control del dolor, procesos de memoria y aprendizaje, regulación de la secreción de hormonas, control del vómito, la temperatura y el apetito, regulación de la tensión arterial y de la dilatación de los bronquios…

El cannabis activa el SCE de forma específica. Pero hemos visto al principio de este artículo que la planta contiene decenas de componentes distintos y que cada variedad de planta expresa estos componentes en concentraciones distintas. Por lo menos, desde un punto de vista teórico, disponer de cada uno de los cannabinoides por separado puede permitir manejar mejor sus efectos (tanto desde un punto de vista terapéutico como recreativo). Pero, aún más allá, abre la puerta a la síntesis de nuevas moléculas que actúen de forma distinta. Se pueden diseñar sustancias que activen el SCE con más potencia, o que activen algunas de sus partes específicas pero desactiven otras, o que tengan efectos contrarios a los que producen los cannabinoides naturales…

En las próximas entregas de esta serie repasaremos los distintos cannabinoides sintéticos que han aparecido durante los últimos años y describiremos sus efectos, riesgos, usos recreativos y terapéuticos. Comenzaremos por algunos de los distintos fármacos que se han comercializado en la última década (dronabinol, nabilona, rimonabant…) y revisaremos después las familias más importantes de cannabinoides sintéticos (ciclohexilfenoles, naftoilindoles, fenilacetilindoles…). Haremos referencia explícita a aquellas sustancias que han recibido atención por parte de los medios de comunicación en tiempos recientes, como el fenómeno Spice: mezclas herbales que contienen cannabinoides sintéticos y que hasta hace poco tiempo podían adquirirse de forma legal a través de Internet o en algunas smart y grow shops. Teniendo en cuenta la actualidad del fenómeno y la rapidez con la que se suceden las novedades en este terreno, es más que probable que la actualidad nos obligue a incidir en aspectos no previstos.

 

 

Aceite de cannabis para la piel de la embarazada

Si se estira se rompe

“Se le hinchan los pies al cuarto mes, le pesa en el vientre”

Hay algunas redondeces que a las mujeres, que lo eligen, las hace muy felices.

Esa redondez del abdomen, que las mujeres portan con un orgullo y una impunidad insuperable.

Esa redondez erótica, vital, a punto de explotar,

Ese breve lapso, aunque pareciera interminable, de la vida, que según los fieles seguidores de Freud, la mujer esta completa.

Completa, no sé, pero que, se entra en un estado anímico, que pareciera que te hubieras fumado la mejor flor del mundo, absolutamente nada te perturba.

Como en la vida, todo lo bueno acaba, y después del noveno mes, todo vuelve a su normalidad, pero peor.

Al menos lo que se deteriora es el cuerpo, es el precio que las mujeres pagan por la maternidad, obviamente, no es regla, pero sí es cierto que se sufre un cambio corporal y emocional importante.

Según versa el dicho popular, que los niños vienen con un pan debajo del brazo, cierto o no, junto con la hermosa criatura, que ya no tiene devolución, aparecen esas marcas tan temidas. Las estrías, el flagelo femenino por excelencia.

¿Qué son esos surcos de arado que aparecen el la piel?

Las estrías son básicamente, atrofias cutáneas, del tejido conjuntivo. Este es un tejido de sostén, sostiene a los órganos internos, como una faja, para que las vísceras y órganos no se desparramen. Arriba del cual se halla la epidermis.

En rigor de verdad, no es la piel quien sufre una rotura sino que hay una alteración del tejido conjuntivo, que se observa por transparencia a través de la dermis, la capa externa de la piel.

Quien se rompe son las fibras, entre ellas las de colágeno, que forman parte de ese tejido conjuntivo.

Cuando hay un daño tisular, se produce un proceso inflamatorio, que hace más factible que se rompan también vasos sanguíneos, razón por la cual las estrías aparecen de un color violáceo.

Si no hay destrucción de vasos sanguíneos, las estrías suelen ser de color rosado o nacarado o se hacen visibles por tener una pigmentación más clara que la piel.

Para mal de las mujeres, las estrías suelen encontrarse preferentemente en la pared del vientre, caderas, glúteos, piernas, muslos, brazos, espalda y senos.

Entre un 50% y un 90% de las gestantes tiene estrías en torno a la semana 25 (es más habitual en mujeres de piel oscura).

Los genes, son los genes, la aparición de estrías en el embarazo, se debe a una predisposición genética, influyen los cambios hormonales, hay elevados niveles de estrógenos y progesterona.

Otro tipo de hormonas que se encuentran en gran cantidad, durante el embarazo son: los glucocorticoides cortisol, la cortisona y la corticosterona.

Enfermedades como el síndrome de Cushing, o largos periodos de toma de medicación que contenga corticoides, también van a hacer que aparezcan estos molestos.

La verdad verdadera, es que las estrías, no desaparecen, sí se puede mejorar y mucho el aspecto de la piel.

Tal vez se logren hacer, casi, desaparecer, con tratamientos bastante invasivos, como el láser, micro dermoabración con punta de diamante, o una combinación de ambas.

En los cuales, hay que tener las ganas de exponerse, el tiempo, porque generalmente, cambios significativos se logran en varias sesiones, y lógicamente la plata.

Básicamente lo que hacen estos tratamientos es una renovación de células viejas, por nuevas.

Se produce una descamación celular, esto activa la formación de nuevas fibras de colágeno, que son justamente unas de las fibras que se rompen, dando lugar a la aparición de la estría.

Si se tiene la filosofía de vida, que lo natural, siempre es mejor, que es como aceptar la vida tal cual es, sin querer cambiar la realidad, hay alternativas muy eficaces y económicas para borrar los surcos. Al final de cuentas unos es quien es, de principio al fin, un buen canuto, es buen compañero de reflexión acerca del tema.

Para regenerar fibras sin recurrir a un consultorio de estética, un buen aliado es la vitamina E, y los ácidos grasos esenciales, como el acido alfa linoleico, Omega3 y el acido linoleico, omega6.

Quien tiene estos componentes, en forma abundante y proveniente de la naturaleza, es nuestro nunca bien ponderado, aceite de Cannabis Sativa.

El cual contiene una cantidad importante de Vitamina E, 3 miligramos cada cien gramos de aceite de Cannabis.

Los aceites que aportan las semillas de esta planta, que tanto bien hace a la humanidad, actúan como un potente anti-inflamatorio, evitando que haya rotura de vasos sanguíneos.

He aquí unas sencillas recetas que se pueden hacer de forma casera:

Mezcla de Aceites:

Aceite de Cannabis 5ml.

Aceite de castor 5ml

Aceite esencial de lavanda 5 ml.

Colocar en un recipiente oscuro y al abrigo de la luz, agitar antes de usar.

Esparcir el aceite en la zona afectada, una o dos veces al día.

Se pueden aplicar en formas de compresas tibias, embebiendo un paño en la mezcla de aceites, colocarlo en la zona afectada y envolver la compresa con film, dejando actuar unos quince minutos.

Para aumentar la efectividad y la absorción de los aceites, es conveniente, antes de la aplicación realizar un peeling natural, con miel o azúcar empapada en una solución de partes iguales de agua y vinagre blanco.

Enjuagar y luego colocar las compresas.

Crema de Aceite de Cannabis y Vitamina E.

Agregar a una crema base, asegurarse que la misma sea hipoalergénica y no tenga perfume, 3 mililitros de aceite de Cannabis, incorporar el aceite a la crema, mezclando.

Una vez incorporado el Aceite de Cannabis, se puede enriquecer la crema agregando una capsula de Aceite de vitamina E, que se puede conseguir en la farmacia.

Si se tiene tiempo y voluntad se puede hacer en casa la crema base, lo que asegurará la calidad de la misma.

 

Formula Crema Base:

Procedimiento:

Fase A:
Calentar a baño maría, con la llama del fuego baja:

Una cucharada y media de té de Cera de abejas.
Una cucharadita de té de lanolina.
Agregar lentamente 3 mililitros de Aceite de almendras dulces.

Fase B:
Calentar 30 mililitros de agua, y disolver en ella, una cucharada de té de Bórax, hasta que se disuelva totalmente. El Bórax actúa como emulsificante entre la fase A y la Fase B.

Agregar a la solución del Bórax disuelto, 30 mililitros de agua, que puede ser también agua de rozas o de azahar.

Para lograr que la preparación dure más tiempo, se le agrega a la fase B unas gotas de tintura de Benjuí, (conservante absolutamente natural, extraído de la planta, Benjuí de Siam), que actúa como conservante.

Asegurarse, que ambas fase, A y B, estén a la misma temperatura, luego mezclar ambas fases y batir hasta que la mezcla llegue a temperatura ambiente.

Una vez obtenida la crema, agregarle a la misma, una vez que esta a temperatura ambiente, de 3 a 5 mililitros de Aceite Cannabis Sativa y una capsula de Vitamina E.

Batir nuevamente para incorporar el aceite y la vitamina.

Guardar preferentemente en la heladera y en un envase oscuro.

Los tratamientos para las estrías son convenientes comenzarlos antes que las mismas se tornen de un color violáceo.

En el estado de gravidez, lo más aconsejable es hacerlo en forma preventiva antes del tercer mes.

Antes que la panza comience a explotar, masajearse el abdomen, muslos y senos con una manopla de fibra Cannabis embebida en el aceite de Cannabis.

Otro momento crítico para el cuerpo femenino, la pubertad, es esa edad donde comienzan a parecer las curvas, hay una explosión de hormonas y es ahí donde existe la probabilidad que aparezcan unas muy adolescentes estrías.

Además, de explicarles a las futuras adultas de que se trata todos estos cambios, no esta nada de más, enseñarles a cuidar su piel, masajeando las posibles zonas afectadas con Aceite de Cannabis.

Un signo de su inminente aparición es que, a menudo, la piel de la zona pica y esta algo seca y tirante…y ahí empezar a tratarse, como si ya estuvieran¡¡¡¡

Los hombres no escapan a este mal, sobretodo cuando suben mucho de peso, o hacen pesas, la piel de ellos también se estira, y se rompen las fibras de colágeno.

A ellos las estrías le aparecen en: el sector bajo de la espalda, cara interna de brazos y en los hombros.

En los hombres, para mejorar el aspecto de las estrías, también se han de utilizar cremas ricas en Vitamina E y Aceite de Cannabis, solo que la crema base, tiene que ser un poco más grasa.

Los hombres tienen una ventaja sobre las féminas y es que, si bien, también la aparición, tiene un origen genético, la incidencia es mucho menos.

Y ellos, si son un poco coquetos, las pueden evitar, no engordando, ni fanatizándose con hacer crecer los músculos.

No solo con los cuidados externos se mejoran o evitan las estrías, de adentro hacia fuera también podemos hacer algo.

Tomar mucho agua, comer alimentos ricos en vitamina E, Aceites vegetales (como los aceites de germen de trigo, de Cannabis Sativa, maíz y soya). Nueces (como las almendras, el maní y las avellanas). Semillas (como las semillas de girasol) Hortalizas de hoja verde (como las espinacas y el brócoli), sin cocción; Cereales para el desayuno, jugos de frutas, margarinas y productos para untar enriquecidos.

Aceite para la madre y para el hijo

Una vez que ya está la criaturita en casa, ahora también hay que ocuparse de su delicada piel.

Los bebes, al no tener absolutamente maduro el aparato digestivo, les suele costar la digestión de la leche, esto se traduce en eczemas, o como depósitos de grasa principalmente en la cabeza.

La otra zona conflictiva, es la fina y tersa piel de la cola, que sufren de dermatitis del pañal, enrojecimiento de la piel por el roce, además de paspaduras.

Si bien hay publicidades con blanquísimas colitas de bebés promocionando mágicos aceites elaborados con aceite de petróleo, sin duda alguna el Aceite de Cannabis, es lo que más rápido, barato y seguro, hará desaparecer estas molestias en la dermis del recién llegado.

Aquí una receta caserísima, mezclas de aceites para los bebés.

5 gotas de aceite de girasol

5 gotas de Aceite de almendras dulces

5 gotas de Aceite de Cannabis.

5 gotas de aceite de Jojoba.

Este aceite además de ser curativo, puede ser muy placentero, hacerle masajes en los pies de los bebes, después de un baño, les va a relajar, les dará placer y dormirán mejor, ellos y la madre.

Qué ternura¡¡¡¡

Nada más tierno que ver dar de amamantar a un bebé, pero pobres pezones de la progenitora, que tienen la sensación que ya no le pertenecen, que nunca mas obtendrá goce con ellos, y como hay que cuidarlos¡¡¡

Aquí unos consejos, para esa parte del cuerpo, tan erótica y dual.

Durante los meses de gestación, masajear los pezones, con una crema, que puede ser la crema base a la cual además de agregarle 5 mililitros de Aceite de Cannabis, se le agrega 5 gotas de aceite esencial de Caléndula.

El aceite esencial de caléndula tiene la gran capacidad de ser un poderoso re epitilizante, regenera epiletios dañados.

La preparación del aceite de calendula es muy sencillo, colocar las flores, secas, no secarlas por medios artificiales.

Colocar las flores secas en un recipiente de vidrio y cubrirlas con aceite de oliva, dejar macerar al menos treinta días.

Luego guardar en un gotero oscuro y al abrigo de la luz.

 

Lo cierto es que tanto la adolescencia, como la llegada de un hijo es un viaje de ida, así que a disfrutar y a gozar de cada etapa con estrías o sin ellas.

 

Cuidar la piel agrietada con cannabis

Como la tierra yerma, la piel también se agrieta

 

La Piel

La piel de no rozarla con la piel,
se va agrietando.
Los labios de no tocarlos con los labios,
se van secando.
Los ojos de no cruzarlos con los ojos,
se van cerrando.
El cuerpo de no sentirlo con el cuerpo,
se va olvidando.
El alma de no entregarla con el alma,
se va muriendo.

Bertol Brecht

En el tórrido verano o en el inhóspito inverno, quien primero sufre los extremos es nuestra piel.

El órgano más extenso del cuerpo humano es la barrera, encargada de regular el equilibrio que debe existir entre nuestra preciada osamenta y el medio ambiente que lo rodea.

La armonía tanto interna como la que debe existir con el exterior es la definición de salud en la medicina tradicional china, en la ayurvédica, y hasta en la medicina antroposófica.

Esta última es una ampliación de la práctica médica contemporánea, desarrollada sobre la base de una comprensión científico-espiritual del hombre y del mundo.

La medicina de orientación antroposófica, que se basa en una investigación científico-espiritual, fue desarrollada a comienzos del siglo XX por el Dr. Rudolf Steiner con la colaboración de la Dra. Ita Wegman y alberga el más amplio concepto de salud y enfermedad.

Para nuestra sociedad occidental y cristiana, atravesada por el consumismo, donde todo tiene que ser bello, exitoso y rápido, la cosmética, no es más que el arte de embellecer cutis y cabello.

Paradójicamente, lucir bello, no es sinónimo de estar sano. El correcto balance del adentro y el afuera es lo que nos va a ubicar en una condición de salubridad, principal fuente de belleza. Esto no es una cuestión meramente cosmética. Cuando la piel de alguna parte del cuerpo, sufre alguna alteración, es una señal de alarma que algo adentro no anda bien.

Hay zonas de la epidermis que reaccionan, antes que otras a la falta de consonancia entre lo interno y lo externo.

Cuando las diferencias de temperaturas, entre el cuerpo, que en los mortales es alrededor de los treinta y siete grados Celsius, y la ambiente es mucho más alta o más baja, aquí estamos en un problema. La primera en quejarse es la piel que recubre los labios, empiezan a ponerse muy secos, para luego ir agrietándose. Cuando la piel se agrieta, se rompe la capa más externa, que es la epidermis, situación que se torna más compleja, porque es una vía de acceso a microorganismos.

 Los más vulnerables reaccionan primero

La piel de los labios corre con algunas desventajas, no tiene glándulas sebáceas, glándulas sudoríparas, ni folículos pilosos, (órganos que secretan grasa o agua, respectivamente, que van a retardar la perdida de humedad extrema) que sí están en el resto de la piel.

Por estas razones hay que untarlos con un bálsamo grasoso, rico en vitamina E, y qué mejor que un bálsamo hecho con manteca de cacao y aceite de Cannabis Sativa.

 Al andar se hace camino y al volver la vista a nuestros pies, ohh sorpresa

Si, nos olvidamos de nuestros pies, los descuidamos, y son los que solidariamente soportan toda nuestra osamenta.

Tienen una función, no menor por agradable, que es la de calentar los pies de otro, y no rallarle los pies al partenaire. Los talones agrietados son un signo de falta de atención al pie más que solo sobre exposición o falta de humectación. Médicamente, los talones agrietados son también conocidos como fisuras de talones. Las fisuras son heridas de corte regulares y mayormente afectan la superficie que comprende la epidermis. A veces puede entrar profundamente en la dermis y volverse doloroso.

La presión excesiva en las plantas de los pies hace que el pie se quiera expandir lateralmente. La piel que rodea los lados de los pies está seca y se agrieta.

El área más común que esto ocurra es el borde de los talones y la membrana de los dedos de los pies, que son el área de uso más frecuente.

Una de las principales razones son los callos alrededor del borde de los talones.

Cuando no hay una patología de base, los talones agrietados son debido a que un día nos acordamos, que hay una parte del cuerpo que nos sostienen, generalmente cuando molesta estéticamente, o duelen.

Los pies rasgados no son dañinos en ninguna manera, excepto cuando las fisuras o rasgaduras son profundas, y tienden a convertirse dolorosas y la piel empieza a sangrar.

Distinto es el caso en aquellos que sufren de deficiencias crónicas como diabetes o un sistema inmunitario débil debido a la vejez o enfermedad que puede retardar el tratamiento de los talones agrietados.

Los talones agrietados son comunes en ancianos y personas que están constantemente de pie, por lo tanto, ejerciendo presión en la planta del pie.

Puede afectar ambos talones o uno solo; mayormente, los talones agrietados afectan ambos pies.

Evitemos lo evitable, ya sea por desatención o porque es la manifestación de que algo adentro de nuestro ser, físico, psíquico, no anda bien.


Los síntomas más comunes de talones y pies secos y agrietados incluyen:

-Manchas rojas o escamosas
-Piel rasgada y pelada
-Piel con picazón
-Sangre o desechos de las grietas

 Lo cierto es que el agrietamiento en los talones, no solo es por una conducta desidiosa hacia ellos. Hay patologías, que especialmente se ensañan con los pies. Este es el caso de la diabetes Mellitus. Enfermedad que se caracteriza básicamente en que el páncreas, encargado de metabolizar la glucosa, no lo hace en forma correcta. Esto se evidencia en la alta cantidad de glucosa en sangre, este suceso es el responsable, que haya en el cuerpo menos agua disponible. La consecuencia es el grave resecamiento de la piel, en especial la de los pies, llegando incluso a producirse fístulas sangrantes, muy dolorosas y peligrosas por la alta probabilidad de infección.

Una forma de paliar, a menos en la piel esta silenciosa dolencia, ya que al aparecer la diabetes Mellitus, no tiene síntomas muy claros; es nuestro bendito Aceite de Cannabis Sativa.

Es importante mantener la piel limpia, aplicar loción a piel reseca, prestar atención especial a piel reseca debajo de los senos, entremedio de los dedos de los pies y donde la piel se dobla.

Se deben aplicar cremas que contengan aceite de Cannabis y que cumplan las siguientes condiciones:

  • Acción emoliente (que alivia y suaviza la piel).
  • Acción protectora: Extendiéndose sobre la epidermis, como un velo cubritivo
  • Baja conductividad térmica, los cuerpos grasos mantienen constante la temperatura local.
  •  

Además, modifican el cutis de las causas externas de la irritación y reducen la posibilidad de agresión por parte de los agentes infecciosos.

He aquí una muy sencilla receta casera, para ahorrarse unas pelas:

100 g de Vaselina Sólida

5 Ml de Aceite de Cannabis Sativa

5 Ml de Aceite de Coco.

Preparación:

Agregar a la vaselina sólida los aceites, en pequeñas porciones, mezclar estas pequeñas porciones de aceite a la vaselina hasta que estén completamente incorporadas a la misma.

Guardar en un envase oscuro y al abrigo de la luz.

Al resguardo del maléfico cangrejo¡¡¡

Otra situación patogénica, que puede dañar mucho la piel es la quimioterapia.

La quimioterapia destruye las células de la piel. Cuando las personas reciben radiación casi todos los días, las células de la piel no tienen tiempo suficiente para crecer de nuevo entre cada tratamiento. Los cambios en la piel pueden suceder en cualquier parte del cuerpo que reciba radiación, los cambios pueden ser:

  • Enrojecimiento. Es posible que la piel en el área de tratamiento se vea como si tuviera una quemadura solar (de leve a grave) o un bronceado. Esto puede ocurrir en cualquier parte de su cuerpo donde reciba radiación.
  • Prurito. Si tiene prurito, la piel en el área de tratamiento tal vez le pique tanto que siempre tendrá ganas de rascarse. Rascarse demasiado puede causarle rompimiento de la piel e infecciones.
  • Piel seca y pelada. Esto sucede cuando la piel del área de tratamiento se seca demasiado, es decir, mucho más de lo normal. De hecho, la piel puede estar tan seca que se pela al igual que después de una quemadura de sol.
  • Reacción húmeda ("moist reaction" en inglés). La radiación destruye células de la piel del área de tratamiento. Esto hace que la piel se pele más rápidamente de lo que vuelve a crecer. Cuando esto pasa, pueden presentarse llagas o úlceras. La piel del área de tratamiento también se puede humedecer o infectar, o le puede causar dolor. Esto es más común en los lugares donde hay pliegues (dobleces) de la piel, como los glúteos, detrás de las orejas y bajo los senos (mamas o pechos). También puede ocurrir donde la piel es muy delgada, como en el cuello.
  • Piel inflamada. Es posible que la piel del área de tratamiento hinche.

No cabe duda que para que este tipo de afecciones de la piel, tan particulares y sensibles, lo mejor es el aceite de Cannabis.

A una crema hipoalergénica y sin perfume se le puede agregar cinco mililitros de aceite de Cannabis.

Una buena manera y natural de aliviar estos molestos efectos secundarios de quien tiene que someterse a una quimioterapia.

Manos a la Obra

Que reconfortante, estimulante y sanador es recibir una aterciopelada caricia.

Cuantas cosas dicen las manos, cuanto amor pueden demostrar, cuanto mejor si ellas están preparadas para las más diversas faenas amorosas.

A pesar de su importancia, es una de las partes del cuerpo que menos cuidamos y que más exponemos a la acción de los detergentes, jabones, radiaciones del Sol, suciedad y del movimiento constante al apretar, empujar, entre otros.

Debido a la intensa actividad que ejercen, no es de extrañar que las manos queden enrojecidas, resecas, agrietadas y doloridas e inclusive aparezcan manchas, durezas y hasta callos.

En el caso específico de las manos agrietadas, existen varios factores que favorecen esta condición.

El clima seco reseca e irrita la piel y el proceso de envejecimiento del organismo hace que se genere menos aceites y por ello, la piel va perdiendo su suavidad.

Para prevenir y aliviar las manos agrietadas, existen remedios caseros y naturales como los siguientes:

Hervir un puñado de apio en tres tazas de agua durante 5 minutos. Retirar del fuego, sacar el apio y dejar que se enfríe. Sumergir las manos durante 4 minutos y luego aplicar unos cinco mililitros de Aceite de Cannabis.

Otra receta, para aquel que no le gusta el apio.

Derretir un trozo de manteca de cacao en baño maría. Añadir 3 gotas de glicerina, 3 de miel y 10 gotas de Aceite de Cannabis Sativa.

Dejar refrescar y aplicar directamente sobre las zonas afectadas.

 

Remedios, soluciones, cremas y pomadas para el agrietamiento de la piel, hay a montones.

Nada se pudo encontrar aún para el agrietamiento del corazón, cuando se recuerdan las manos, ajadas por el tiempo y el trabajo duro de esa abuela que daba chirlos, cocinaba y amaba.

 

 

 

 

 





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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