Cannabis y enfermedades neurodegenerativas (III)

Después de haber repasado los posibles usos terapéuticos en algunas de las enfermedades neurodegenerativas más importantes (la esclerosis múltiple y las enfermedades de Parkinson y Alzheimer) dedicaremos esta última entrega a las posibles aplicaciones del cannabis en otras enfermedades menos frecuentes dentro de este grupo.

por el doctor Fernando Caudevilla

El cerebro expresa abundantes receptores para cannabinoidesEl cerebro expresa abundantes receptores para cannabinoides

Las particularidades del cannabis en la investigación farmacológica y su repercusión en la aplicación directa a pacientes son especialmente importantes dentro del campo que estamos revisando desde hace unos meses, el de las enfermedades neurodegenerativas. Como sabemos, el cannabis no es un fármaco sino una droga prohibida por las Convenciones Internacionales por su “nulo potencial terapéutico”. Da igual que exista un extracto de la planta comercializado y autorizado por las principales agencias médicas de regulación de fármacos del mundo (la FDA estadounidense y la EMA europea); tampoco importan los cientos de artículos de investigación científica publicados desde hace cincuenta años; el cannabis es una droga porque lo han dicho unos políticos y punto.

Lo que sucede es que la realidad, tarde o temprano, se acaba imponiendo a las decisiones políticas sin fundamento. Pero el potencial terapéutico del cannabis se revela antes en enfermedades que sean muy frecuentes y que afecten a población joven (o bien en las que las frecuencias de consumo de cannabis sean elevadas con respecto a la población general).

Un caso paradigmático es el de la mejoría sintomática que experimentaban los enfermos de SIDA a mediados de los 80 con el uso de cannabis. Por motivos epidemiológicos, el consumo de cannabis era muy frecuente entre los grupos más vulnerables a infectarse por el VIH. En aquel tiempo, tanto como consecuencia de la propia enfermedad como por los efectos adversos de las medicaciones los cuadros de pérdida de apetito y delgadez extrema (wasting syndrome) eran muy frecuentes. Así que la observación de que el cannabis mejoraba estos síntomas tardó pocos años en revelarse como un hecho y pasar a ser objeto de ser investigación científica. El uso de dronabinol (THC sintético) para esta indicación fue considerado por primera vez por la FDA en 1991 y la mayoría de los estudios que confirmaron sus propiedades se llevaron a cabo entre 1995 y 1997. Para entonces, al menos en el primer mundo, ya estaban disponibles tratamientos que hacían innecesaria este fármaco en la mayoría de los casos. Mientras los políticos y los integristas antidroga dificultaban la investigación científica con interminables trámites burocráticos, miles de enfermos desahuciados sumaban a la angustia de su enfermedad la de obtener marihuana para aliviar sus dolencias a escondidas y arriesgándose a multas o penas de cárcel.

El caso de la esclerosis múltiple es parecido. Se trata de la enfermedad neurodegenerativa más frecuente entre personas jóvenes, en las que el uso de cannabis es más frecuente que en el resto de la población. Así, el “descubrimiento” de que algunos de sus síntomas (sobre todo la rigidez, el dolor y los de tipo urinario) pueden aliviarse a través del uso de cannabis es más probable al concurrir estos dos factores.

Ya hemos señalado también en las entregas previas cómo los estudios de investigación básica señalan que los cannabinoides tienen, a priori, propiedades muy interesantes que sugieren utilidad en las enfermedades neurodegenerativas. Los principios activos del cannabis son moléculas muy lipofílicas, difunden bien a través de los tejidos grasos y traspasan una barrera física entre la circulación sanguínea y el cerebro (la barrera hematoencefálica), un factor que limita la eficacia de muchos fármacos que actúan sobre el cerebro. Los cannabinoides endógenos (la anandamida y el 2-AG) están directamente implicados en inhibir los procesos de oxidación y facilitar la neurorregeneración en todas las especies animales en las que se han estudiado. También existen evidencias de este efecto neuroprotector del CBD en enfermedades como la encefalopatía hipóxico isquémica (el daño cerebral que se produce por falta de oxigenación suficiente).

Tras revisar los datos sobre cannabis y las enfermedades neurodegenerativas más frecuentes (esclerosis múltiple y enfermedades de Alzheimer y Parkinson) señalaremos los estudios más relevantes que tienen que ver con otras patologías degenerativas del sistema nervioso central. Hay que tener en cuenta que nos encontramos ante un “cajón de sastre” de enfermedades con causas, frecuencias y pronósticos muy distintos y en el que los datos disponibles son más limitados que en las ya citadas.

En la ELA se afectan las motoneuronas de la médulaEn la ELA se afectan las motoneuronas de la médula

La esclerosis lateral amiotrófica (ELA), por ejemplo, se origina cuando un tipo específico de células del sistema nervioso (motoneuronas) disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, provocando una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal. Aparece entre 1 y 3 personas de cada 100.000 y su causa es desconocida. Mientras las funciones superiores como la inteligencia y la memoria permanecen intactas, la debilidad de los músculos se va manifestando de forma progresiva hasta que los pacientes mueren, en general por fallo respiratorio. Para muchas personas la ELA evoca la imagen del físico teórico Stephen Hawking en su silla de ruedas robotizada, un ejemplo de superación de la mente sobre el cuerpo.

En el caso de la ELA, las evidencias más claras proceden de estudios animales. Existe una línea de ratones transgénicos, hSOD (G93A), diseñados para expresar síntomas similares a los de la ELA y que sirven como modelo para el estudio de fármacos para esta enfermedad. El tratamiento con THC en estos animales, ya sea antes o después del inicio de los síntomas de la enfermedad, mejora los síntomas motores e incrementa su supervivencia en un 5 %. Los estudios han demostrado además que ese efecto neuroprotector no tiene que ver con la acción directa del THC sobre los receptores CB-1 y aparece de igual forma cuando se bloquean estos receptores.1

El efecto protector sobre las neuronas de estos ratones también se ha demostrado al utilizar cannabinol (CBN), un agonista mixto de los receptores CB1 y CB2 (el WIN 55,212-2), y al manipular artificialmente las enzimas que degradan la anandamida, incrementando sus niveles.2 También se ha estudiado el efecto del espray de cannabinoides comercializado para la esclerosis múltiple en estos ratones: este fármaco fue eficaz para retrasar los síntomas en los primeros estadios de la enfermedad pero perdió eficacia durante su progresión.3

Con respecto a los estudios disponibles en humanos, los datos son escasos. En una encuesta realizada a 131 enfermos en el año 2004, únicamente 13 refirieron haber utilizado cannabis durante el último año con fines de automediación. Aunque el pequeño número de usuarios limita la interpretación de los hallazgos de esta encuesta, los resultados indican que el cannabis podría ser moderadamente eficaz para mejorar síntomas como la pérdida de apetito, depresión, dolor, espasticidad o babeo. El cannabis no tuvo eficacia en estos pacientes para disminuir las dificultades en el habla y la deglución o en las disfunciones sexuales asociadas a la enfermedad.4 El único ensayo clínico bien diseñado y controlado con placebo se llevó a cabo en el año 2010 con 27 pacientes a quienes se administró 5 mg de THC oral durante dos semanas. El fármaco fue bien tolerado pero no se encontraron diferencias frente a placebo en los parámetros estudiados: número, intensidad y frecuencia de calambres, calidad de sueño, depresión o apetito.

Otra enfermedad neurodegenerativa poco frecuente es la enfermedad de Huntington. Su base es sobre todo genética, tiene un carácter hereditario y se caracteriza por producir alteraciones psiquiátricas y motoras (movimientos exagerados en las extremidades y muecas repentinas). En las últimas fases la duración de los movimientos se alarga, manteniendo los miembros en posiciones complicadas y dolorosas durante horas.

Como en el caso de la ELA, la mayoría de las evidencias sobre la eficacia de los cannabinoides en el tratamiento de la enfermedad de Huntington proceden de estudios in vitro y sobre animales en los que se han empleado tanto los cannabinoides de la planta como derivados sintéticos. En humanos se ha descrito un efecto beneficioso de la nabilona (un derivado sintético del THC que está aprobado y comercializado con indicaciones limitadas)5 para tratar los movimientos espasmódicos y la irritabilidad. Otras investigaciones han encontrado que moléculas derivadas del cannabis (en este caso el VCE-003.2, derivado del cannabigerol, CGB) actúan de forma específica en los mecanismos implicados en la destrucción de neuronas de esta enfermedad y que, según los autores del estudio, “hacen que este tipo de moléculas tengan un potencial muy elevado para el tratamiento de la enfermedad de Huntington”.6 También existen casos anecdóticos de eficacia de marihuana en humanos.7

Stephen Hawking, el más famoso enfermo de ELAStephen Hawking, el más famoso enfermo de ELA

Para terminar esta revisión sobre el papel de los cannabinoides en las enfermedades neurodegenerativas haremos mención a las enfermedades producidas por priones. Los priones son agentes infecciosos distintos a las bacterias, los virus o los hongos que se caracterizan por no contener ningún material genético (ADN o ARN) y estar formados únicamente por proteínas.

Los priones son los responsables de las encefalopatías espongiformes transmisibles en una variedad de mamíferos, incluyendo la encefalopatía espongiforme bovina (“enfermedad de las vacas locas”) y su variante en humanos, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ). Un incremento de casos de esta enfermedad en humanos durante el periodo comprendido entre 2005 y 2010 causó gran alarma social al relacionarse con métodos poco éticos de alimentación del ganado. Aunque la polémica se alimentó sobre todo de noticias alarmistas y sensacionalistas en los medios de comunicación de masas, es cierto que los priones y sus medios de transmisión siguen siendo en gran parte una incógnita. El periodo de incubación de estas enfermedades es muy largo (hasta 30 años) y los priones pueden transmitirse a través de transfusiones sanguíneas, por lo que los sistemas de vigilancia epidemiológica están alerta ante esta potencial amenaza. El CBD parece ser uno de los pocos fármacos que ralentizan o impiden el desarrollo de síntomas de este tipo de enfermedades en distintos mamíferos según al menos tres estudios publicados en los últimos diez años.8

Para casi todo el resto de enfermedades neurodegenerativas poco frecuentes (parálisis supranuclear progresiva, demencia por cuerpos de Lewy, demencia de Pick, mielinosis pontina, adrenoleucodistrofia…) se repite el mismo esquema de datos de investigación básica crecientes junto a limitadas evidencias en humanos y escasos ensayos clínicos. Las propiedades neuroprotectoras y neurorregenetivas de los cannabinoides estimulan el interés científico y la investigación en células y modelos animales. Pero, por otra parte, el hecho de que se trate de “enfermedades raras” supone una dificultad añadida al estudio de estas patologías.

REFERENCIAS

1.- Raman C, Mcallister SD, Rizvi G, Patel SG, Moore DH, Abood ME. Amyotrophic lateral sclerosis: delayed disease progression in mice by treatment with a cannabinoid. Amyotroph Lateral Scler Other Motor Neuron Disord. 2004;5(1):33-9.

2.- Bilsland LG, Dick JR, Pryce G, et al. Increasing cannabinoid levels by pharmacological and genetic manipulation delay disease progression in SOD1 mice. FASEB J. 2006;20(7):1003-5.

3.- Moreno-martet M, Espejo-Porras F, Fernández-Ruiz J, De Lago E. Changes in endocannabinoid receptors and enzymes in the spinal cord of SOD1(G93A) transgenic mice and evaluation of a Sativex(®) -like combination of phytocannabinoids: interest for future therapies in amyotrophic lateral sclerosis. CNS Neurosci Ther. 2014;20(9):809-15.5.

4.- Amtmann D, Weydt P, Johnson KL, Jensen MP, Carter GT. Survey of cannabis use in patients with amyotrophic lateral sclerosis. Am J Hosp Palliat Care. 2004;21(2):95-104.6.

5.- Curtis A, Rickards H. Nabilone could treat chorea and irritability in Huntington's disease. J Neuropsychiatry Clin Neurosci. 2006;18(4):553-4.

6.- Díaz-alonso J, Paraíso-luna J, Navarrete C, et al. VCE-003.2, a novel cannabigerol derivative, enhances neuronal progenitor cell survival and alleviates symptomatology in murine models of Huntington's disease. Sci Rep. 2016;6:29789.

7.- Meisel K, Friedman JH. Medical marijuana in Huntington's disease: report of two cases. Med Health R I. 2012;95(6):178-9.

8.- Iuvone T, Esposito G, De filippis D, Scuderi C, Steardo L. Cannabidiol: a promising drug for neurodegenerative disorders?. CNS Neurosci Ther. 2009;15(1):65-75.

 

Cannabis y enfermedades neurodegenerativas (II)

En el número anterior de Cannabis Magazine repasamos las novedades que se han producido en los últimos años sobre la enfermedad neurodegenerativa en la que el cannabis terapéutico ha demostrado un efecto más claro: la esclerosis múltiple. En esta segunda entrega repasaremos las investigaciones más recientes sobre cannabis en la enfermedad de Alzheimer y en la de Parkinson.

por el doctor Fernando Caudevilla

Imágenes que muestran la evolución de la demencia en un pacienteImágenes que muestran la evolución de la demencia en un paciente

                Como señalábamos en la primera entrega de esta serie, las enfermedades neurodegenerativas constituyen un grupo muy amplio de patologías cuyas frecuencias de aparición, causas, mecanismos, diagnósticos y tratamientos son muy variables. El conocimiento actual es limitado en relación con otras áreas de la medicina, en las que se han producido avances espectaculares.

                Antes de los antibióticos, las enfermedades infecciosas eran una de las principales causas de mortalidad, incluso en población joven. Morir de neumonía, tuberculosis o por una herida infectada era algo relativamente común a principios del siglo pasado. En el siglo XXI casi todas las enfermedades infecciosas (incluyendo la infección por VIH o las hepatitis víricas) pueden tratarse o controlarse con la medicación adecuada. Los trasplantes de órganos o los avances en cirugía son otros ejemplos del desarrollo tecnológico y científico de la medicina.

                Pero en el campo de las enfermedades neurodegenerativas los avances han sido escasos. En algunas patologías se han hecho avances sobre el conocimiento de sus causas o se han encontrado técnicas que permiten un diagnóstico precoz más o menos específico. Pero en pocos casos se han encontrado tratamientos claramente eficaces o que supongan un avance significativo.

                Aunque ya hemos señalado que las causas de estas enfermedades son casi siempre desconocidas o multifactoriales existen algunos elementos comunes en sus mecanismos. En general, la destrucción de las neuronas se produce por un exceso de actividad inflamatoria y un incremento de los procesos de oxidación. Además, los mecanismos del cuerpo para regenerar los componentes del sistema nervioso se encuentran también alterados.

                El sistema endocannabinoide presenta posibilidades muy interesantes en este sentido y es una de las más prometedoras líneas de investigación. Los cannabinoides endógenos (y algunos de la planta, como el CBD) actúan sobre la mayoría de los procesos implicados en la destrucción y regeneración de neuronas. Aunque no pretendemos entrar en detalle en complejidades neurobioquímicas, su acción sobre el metabolismo del glutamato, su capacidad para incrementar las enzimas antioxidantes, inhibir otras oxidantes, mejorar el aporte sanguíneo y facilitar la neurorregeneración está fuera de toda duda desde un punto de vista científico. Otra ventaja de los cannabinoides es que sabemos con certeza que pueden actuar de forma directa en el cerebro, algo que no es tan sencillo en el caso de otros fármacos.

Placas amiloideas en el cerebro de un enfermo de AlzheimerPlacas amiloideas en el cerebro de un enfermo de Alzheimer

                En el caso de la esclerosis múltiple (EM), que abordamos con detalle en el capítulo anterior, las indicaciones, potenciales ventajas y limitaciones del uso de cannabinoides están ya claramente establecidas. En el resto de los casos los datos proceden sobre todo de investigación básica y de casos anecdóticos, pero son lo suficientemente prometedores como para esperar algún tipo de resultado similar al obtenido en el caso de la EM.

                La enfermedad de Alzheimer (EA) es el trastorno neurodegenerativo, progresivo y crónico más frecuente en todo el mundo. Hasta donde sabemos, el origen tiene mucho que ver con alteraciones genéticas. Hay tres genes alterados que codifican unas proteínas llamadas APP, PSEN1 y PSEN2 que aparecen en casi todos los enfermos, aunque el hecho de ser portador de estos no implica que la enfermedad se desarrolle. Además, hay otros “genes de riesgo” (Apo-E, SORL1, CLU…) que parecen dar más o menos probabilidades de desarrollar el trastorno.

                En su forma más típica, se manifiesta como una pérdida progresiva de la memoria y de otras capacidades mentales a medida que las neuronas de diferentes zonas del cerebro mueren. Suele aparecer en edades avanzadas de la vida y la mayoría de los diagnósticos se hacen a partir de los 65-70 años. La memoria reciente y la capacidad de adquirir nuevos conocimientos es la función que se altera de forma más precoz, que progresivamente se acompaña de confusión, agresividad, trastornos del lenguaje y pérdida de la memoria a largo plazo.

                A nivel celular, el hallazgo más típico de la EA es la aparición de unas placas (llamadas de beta-amiloide) que aparecen en el cerebro de las personas afectadas. En el año 2014, un equipo de investigadores del Instituto de Neurociencia y Fisiología de la Universidad de Göteborg, en Suecia, demostró por primera vez y describió de forma detallada los efectos de los endocannabinoides naturales (anandamida y 2-AG), cannabinoides de la planta (THC y CBD) y varios cannabinoides sintéticos sobre estas placas, sugiriendo un efecto neuroprotector en los modelos celulares que estudiaron los autores1.

                Pero los experimentos con animales y cannabinoides ya habían dado resultados positivos unos años antes. Los primeros ensayos animales consistieron en inyectar directamente en el cerebro de las ratas placas de beta amiloide procedentes de humanos y observar el efecto del tratamiento de dosis inyectadas de CBD. En al menos dos estudios2 y 3 se consiguieron efectos positivos tras inyecciones diarias de entre 10 y 200 mg/kg de peso durante 7-30 días.

Las funciones cerebrales superiores suelen afectarse en el Alzheimer y el ParkinsonLas funciones cerebrales superiores suelen afectarse en el Alzheimer y el Parkinson

                El siguiente paso consistió en buscar un modelo que se pareciera más a lo que sucede en el hombre. Para ello se utilizaron ratones genéticamente manipulados para producir una enfermedad relativamente parecida al Alzheimer humano. En estos estudios, la inyección de CBD ha demostrado mejorías en la memoria, el reconocimiento de objetos y las habilidades sociales tanto a corto como a largo plazo4 y 5. Otro estudio con este tipo de animales ha utilizado CBD, THC y la combinación THC y CBD, siendo esta última la que parece más eficaz a nivel de los síntomas6.

                La segunda enfermedad neurodegenerativa por importancia y frecuencia es la Enfermedad de Parkinson (EP). La EP se produce por la muerte de las células de una parte del cerebro llamada sustancia negra que coordina el control de los movimientos del cuerpo. Los síntomas más típicos de esta enfermedad son la lentitud de los movimientos voluntarios, la dificultad para el movimiento, rigidez muscular y temblor. Su causa es desconocida, se cree que puede estar en relación con toxinas no identificadas que actúan sobre el cerebro, así como factores de tipo genético o de envejecimiento acelerado. En este caso sí existen distintos fármacos que contribuyen a aliviar la enfermedad. La mayoría de ellos compensan la falta de dopamina, neurotransmisor que se encuentra disminuido.

                En el año 2004 se publicó un estudio sobre 339 pacientes afectados de esta enfermedad a los que se envió un cuestionario de forma anónima. El 25 % de estos pacientes decían haber fumado cannabis para aliviar los efectos de la enfermedad y un 45,9 % de ellos referían algún tipo de mejoría (menos temblor, menos rigidez, mayor facilidad para moverse…). El primer ensayo clínico se publicó en 2005, sobre 19 pacientes afectados de EP a quienes se administró un extracto de cannabis oral o placebo. El estudio no encontró diferencias entre el cannabis y el placebo, aunque el cannabis fue bien tolerado y no empeoró la sintomatología de los pacientes7. El hecho de que el cannabis se administrara por vía oral es un dato importante a la hora de evaluar las conclusiones, ya que la cantidad de cannabinoides disponibles al utilizar la vía fumada es mucho más elevada.

                Estudios más recientes han demostrado que el CBD puede ser eficaz en el tratamiento de los síntomas de algunos pacientes con EP. Uno de los síntomas que aparece el trastorno del comportamiento del sueño REM. En esta fase del sueño, el tono de los músculos del cuerpo cambia y se produce mucha actividad motora y pesadillas en algunos enfermos de Parkinson. En el estudio se presentan los casos anecdóticos de cuatro pacientes en los cuales estos síntomas se trataron con CBD por vía oral8. En el ensayo clínico más completo sobre el tema llevado hasta el momento, se seleccionaron a 21 pacientes de una clínica especializada que padecían EP sin otras enfermedades mentales o psiquiátricas y se dividieron en tres grupos. A uno se les administró placebo, a otros 75 mg de CBD y a otros 300 mg de CBD durante una semana. No se encontraron diferencias en los síntomas de movimiento entre ningún grupo, pero el grupo tratado con CBD a dosis elevadas demostró un incremento en las escalas que miden calidad de vida9.

Un famoso enfermo de Parkinson, del que no consta que utilizara cannabinoidesUn famoso enfermo de Parkinson, del que no consta que utilizara cannabinoides

               Los estudios en animales y cultivos celulares han tardado algo más en llegar a conclusiones interesantes. Una toxina llamada MPP(+) es la más característica de esta enfermedad. Los efectos neuroporotectores y neurorregenerativos del CBD en modelos celulares quedaron por primera vez claramente demostrados en un estudio publicado en el año 201510. Este tipo de estudios abren la puerta al desarrollo de nuevos fármacos basados en el sistema endocannabinoide que, además de paliar o mejorar síntomas puedan llegar a tener un efecto en la evolución de la enfermedad.

                Así que las propiedades de los cannabinoides pueden abrir nuevas estrategias en el tratamiento de algunas de las enfermedades neurodegenerativas más importantes. Conviene destacar que el cannabis no es necesariamente la mejor opción en todos los casos: cuando la enfermedad se acompaña de trastornos cognitivos o afectivos graves, la respuesta a los efectos psicológicos del cannabis puede ser imprevisible. Y ya que la mayoría de estos pacientes son ancianos con problemas de coordinación y equilibrio, los cuadros de hipotensión pueden facilitar la aparición de caídas. Estos dos inconvenientes no están presentes en el caso del CBD (que no es psicoactivo ni facilita la aparición de hipotensión).

                La investigación en humanos parece estar más avanzada en el caso de la EP que de la EA. Al fin y al cabo, valorar la memoria, las habilidades sociales o la capacidad de reconocer objetos en animales de experimentación es muy distinto de hacerlo en humanos. En la mayoría de los casos, la inteligencia y las capacidades del ser humano son mayores a la de las ratas o los conejillos de indias.

Los experimentos en ratones con CBD y Alzheimer son esperanzadoresLos experimentos en ratones con CBD y Alzheimer son esperanzadores

REFERENCIAS

  1. Janefjord E., Mååg J. L., Harvey B. S., Smid S. D. (2014). Cannabinoid effects on β amyloid fibril and aggregate formation, neuronal and microglial-activated neurotoxicity in vitro. Cell. Mol. Neurobiol. 34, 31–42.
  2. Esposito G., Scuderi C., Savani C., Steardo L., Filippis D., Cottone P., et al. (2007). Cannabidiol in vivo blunts β-amyloid induced neuroinflammation by suppressing IL-1β and iNOS expression. Br. J. Pharmacol. 151, 1272–1279.
  3. Martín-Moreno A. M., Reigada D., Ramírez B. G., Mechoulam R., Innamorato N., Cuadrado A., et al. (2011). Cannabidiol and other cannabinoids reduce microglial activation in vitro and in vivo: relevance to Alzheimer's disease. Mol. Pharmacol. 79, 964–973
  4. Cheng D., Low J. K., Logge W., Garner B., Karl T. (2014a). Chronic cannabidiol treatment improves social and object recognition in double transgenic APPswe/PS1Δ E9 mice. Psychopharmacology (Berl). 231, 3009–3017.
  5. Cheng D., Spiro A. S., Jenner A. M., Garner B., Karl T. (2014b). Long-term cannabidiol treatment prevents the development of social recognition memory deficits in Alzheimer's disease transgenic mice. J. Alzheimer's Dis. 42, 1383–1396
  6. Aso E., Sánchez-Pla A., Vegas-Lozano E., Maldonado R., Ferrer I. (2015). Cannabis-based medicine reduces multiple pathological processes in AβPP/PS1 mice. J. Alzheimer's Dis. 43, 977–991.
  7. Carroll CB, Bain PG, Teare L. (2004) Cannabis for dyskinesia in Parkinson disease: a randomized double-blind crossover study. Neurology.63:1245-50.
  8. Chagas MH, Eckeli AL, Zuardi AW. J Cl Pharm Ther 39:564-6.
  9. Chagas MH, Zuardi AW, Tumas V. (2014) Effects of cannabidiol in the treatment of patients with Parkinson's disease: an exploratory double-blind trial. J Psychopharm; 28:1088-98.
  10. Santos NA, Martins NM, Sisti FM. (2015) The neuroprotection of cannabidiol against MPP⁺-induced toxicity in PC12 cells involves trkA receptors, upregulation of axonal and synaptic proteins, neuritogenesis, and might be relevant to Parkinson's disease. Tox in vitro; BIBRA.; 30:231-40.

 

El triptófano y la depresión (3ª parte)

Continuamos hablando sobre el aminoácido triptófano y sus aplicaciones. En esta entrega seguimos tratando el tema de los intereses comerciales de las compañías farmacéuticas.


Por J. C. Ruiz Franco

¿Intereses comerciales o preocupación por nuestra salud?

Durante varios años, millones de personas utilizaron triptófano en todo el mundo sin que surgiera ningún problema de salud debido a su consumo. Sin embargo, a finales de los ochenta, la compañía japonesa Showa Denko —el principal fabricante de este aminoácido— modificó el proceso de elaboración. Por un lado —según consta en ciertos documentos—, en 1988 la propia compañía había detectado que el producto que suministraba a todo el mundo —especialmente a Estados Unidos— contenía cuerpos extraños no identificados. Por otra parte, en aquel momento comenzaron a utilizar en la síntesis una nueva cepa de bacterias modificadas por ingeniería genética. Showa Denko no informó sobre las impurezas ni sobre la modificación de la producción; tampoco comprobó la seguridad del producto para el consumo humano, aunque la FDA estadounidense (Food and Drug Administration) había advertido de que los artículos obtenidos por biotecnología debían probarse antes de distribuirlos. Según parece, en lugar de potenciar la fase de filtrado —en la que se eliminan parte de las impurezas—, la compañía incrementó el ritmo de producción para cubrir la creciente demanda de triptófano, en un momento en que un número cada vez mayor de consumidores tomaba este aminoácido.

El resultado fue que varios lotes presentaron impurezas que causaron en cientos de usuarios un problema de salud llamado síndrome de eosinofilia-mialgia, caracterizado por fiebre, un recuento muy elevado de eosinófilos en sangre —con todo lo que eso implica—, un dolor muscular fuerte e incapacitante y unos efectos muy graves que consistían en daños sobre varios órganos; entre ellos el corazón, los pulmones, los músculos, el hígado, la piel y el sistema nervioso. Podía llegar a causar la muerte o el padecimiento crónico de dolor muscular y articular, calambres musculares, fatiga severa y trastornos en el sistema nervioso. En la actualidad, más de veinte años después, aún no se ha encontrado una solución terapéutica. Se calcula que hubo unos 1.500 afectados graves —de los cuales murieron unos cuarenta—, y alrededor de 5.000 personas con secuelas en distinto grado.

A pesar de las evidencias en contra, y de que todos los estudios indicaron claramente que el triptófano no era el responsable, se achacó el problema al aminoácido, en lugar de a su adulteración o a algún tipo de negligencia por parte del fabricante, y la FDA prohibió su venta en 1991. Poco después de detectarse los primeros casos, en agosto de 1989, un grupo de investigadores dirigido por Edward Belongia, del Centro para el Control de Enfermedades (CDC, en Atlanta, EEUU) había publicado un estudio en el que se afirmaba que “los datos indican que el síndrome no se ha producido por el triptófano en sí mismo”. El doctor Gerald Gleich, del Departamento de Inmunología de la Clínica Mayo resumió la situación de este modo: 1) El triptófano no es la causa del síndrome de eosinofilia-mialgia, ya que quienes consumieron triptófano procedente de otras compañías no desarrollaron la enfermedad; 2) Todos los datos apuntan al producto de Showa Denko como el culpable, y a su contaminación como la causa.

Sin embargo, la FDA ignoró todos estos datos y prohibió la comercialización del aminoácido, sin importarle que había otros cinco proveedores sin relación alguna con la adulteración. La empresa responsable nunca ha informado sobre las características de las cepas de bacterias que causaron el problema, y por ello los investigadores interesados en el tema no han podido estudiar su origen. El fabricante asegura que las destruyó cuando comenzaron a aparecer los primeros casos de toxicidad. Sin duda, haber contado con ellas habría sido muy útil para los afectados. Las víctimas y sus familias demandaron a la empresa, que entre decisiones por mutuo acuerdo y juicios en tribunales tuvo que pagar más de dos mil millones de dólares por indemnizaciones.

Los Estados Unidos prohibieron la venta de triptófano y otros países hicieron lo mismo, tal como suele suceder cuando el Gran Hermano toma alguna decisión importante. A partir de ese momento sólo se permitió la distribución a una empresa para la elaboración de alimentos para bebés. Al decretar la prohibición, la FDA no informó de que la eosinofilia-mialgia había sido causada por la contaminación que hemos descrito (tengamos en cuenta que aún no existía Internet), y cuando el asunto se hizo público siguió asegurando que no era seguro consumir el aminoácido triptófano.

Muchos otros países siguieron el ejemplo, también sin tener en cuenta que el problema no radicaba en el triptófano (¿cómo va a ser tóxico un aminoácido que forma parte de las proteínas que comemos normalmente y de nuestros tejidos?), sino en algún fallo de producción: en lugar de culpar a los métodos empleados por el fabricante se culpó a la sustancia. Personalmente, recuerdo que, cuando comprábamos suplementos alimenticios de aminoácidos a comienzos y mediados de los noventa, éstos no incluían este aminoácido esencial, sin el cual de nada sirve ingerir los demás. En cuanto a los suplementos de proteínas, solían llevar el aviso de “No triptófano añadido” para dejar bien claro que, si lo incluían, era sólo la cantidad presente de forma natural en las proteínas.

Aún tuvieron que pasar diez años para que la FDA suavizara su postura, pero en el año 2001 todavía expresaba de esta forma sus reservas: “Basándonos en la evidencia científica disponible en la actualidad, no podemos determinar con total certeza si la aparición del síndrome de eosinofilia-mialgia en personas susceptibles que consumen suplementos de L-triptófano se debe al aminoácido, a alguna impureza que pueda contener, o a una combinación de estos dos factores junto a otros factores externos aún desconocidos”.

¿La píldora de la felicidad?

Casualmente (o tal vez causalmente, o al menos correlacionalmente), acababa de salir al mercado el Prozac®, uno de los primeros ISRS (principio activo: fluoxetina, un inhibidor selectivo de la recaptación de la serotonina; ver la primera entrega de este artículo) y muy pronto el antidepresivo por antonomasia. La prohibición del triptófano creó un vacío —en lo que respecta a la optimización de la serotonina— que el Prozac® podía llenar, lo cual contribuyó a sus espectaculares cifras de ventas. No menos importante fue todo el ruido mediático generado por lo que lo que se presentó como la píldora de la felicidad, un fármaco que todo el mundo podía tomar para elevar su estado de ánimo y que parecía no tener efectos secundarios. La compañía farmacéutica Eli Lilly llevaba tiempo investigando y sabía muy bien que el lanzamiento de un producto que aliviara la depresión —una supuesta enfermedad que, igual que el estrés y la ansiedad, comenzaba a ponerse de moda a finales de los ochenta— y que no tuviera los efectos adversos de los antidepresivos antiguos, los IMAOs y los tricíclicos, sería todo un éxito.

Ya en 1974 David Wong había publicado el primer artículo sobre la sustancia en cuestión. El año siguiente recibió el nombre de fluoxetina y la empresa le dio el nombre comercial de Prozac®. En 1977 la compañía solicitó la licencia para el nuevo fármaco, que salió al mercado por primera vez en Bélgica en 1986, y en Estados Unidos el año siguiente. A pesar de que no fue el primer antidepresivo de este tipo en ponerse a la venta, la fuerte campaña publicitaria de Eli Lilly hizo creer que así era y que su aparición marcaba un hito en el campo de la psicofarmacología. El Prozac® ha llegado a formar parte de la cultura moderna y a representar uno de sus símbolos, el de un producto al alcance de todos y que puede tomarse como si de un complejo vitamínico se tratara, con el objetivo de adaptarse a las exigencias de la vida moderna y sin efectos secundarios apreciables. En 1993, el psiquiatra Peter Kramer publicó Escuchando al Prozac, y en 1994 Elizabeth Wurtzel publicó Prozac Nation, un libro autobiográfico que narra la vida de una joven estudiante y su experiencia con el antidepresivo, que fue llevado al cine el año 2001.

La invención de enfermedades

En aquellos años se creó toda una categoría de problemas supuestamente médicos que no ha dejado de crecer. Los medios de comunicación hablaban de estrés, ansiedad y depresión como enfermedades propias de la sociedad moderna, cosas que antes llamábamos “estar nervioso” o “tener un carácter triste o melancólico”. El lector ya sabe que constantemente se inventan nuevas enfermedades para las cuales las compañías farmacéuticas tienen la solución: tomar el medicamento que ellas comercializan. Como la depresión, el estrés y la ansiedad ya se han incorporado a la cultura y al lenguaje común, las nuevas creaciones de los expertos en inventar dolencias son cosas como “el síndrome postvacacional”, “el trastorno disfórico premenstrual” o “el trastorno de déficit de atención por hiperactividad”.

Cuando amplios sectores de la sociedad están convencidos de que existen tales enfermedades y va creciendo el número de personas diagnosticadas, el fármaco que nos presentan para curarlas parece un remedio indispensable. El último ejemplo —y tal vez el más escandaloso— es el de la gripe A, que hace un año y medio nos metieron por los ojos y los oídos todos los medios de comunicación, y que luego resultó no ser más que un simple bulo, pero que sirvió para vender millones de vacunas.

El periodista australiano Ray Moynihan es autor del libro Selling Sickness (“Vendiendo enfermedades”; no existe traducción al español que conozcamos), que añadimos a nuestra biblioteca de desenmascaradores de los modernos vendedores de aceite de serpiente. En él cuenta que hace treinta años Henry Gadsden, director de la compañía farmacéutica Merck, en una entrevista publicada en la revista Fortune en 1978, comentó que su sueño era parecerse a la marca de chicles Wrigley: producir medicamentos para las personas sanas y así poder venderlos a todo el mundo. Ciertamente, su sueño se ha convertido en realidad gracias a los métodos empleados por la industria farmacéutica, que actualmente es una de las más influyentes del mundo, su facturación anual se mueve en cifras de cientos de millones de dólares y su presencia se deja notar en las consultas médicas y en la vida cotidiana.

Advertencia: El propósito de este artículo es ofrecer información sobre sustancias legales y disponibles en establecimientos, sin recomendar su uso. Tan sólo citamos principios activos, no marcas concretas, para evitar hacer publicidad de fármacos. Antes de consumir cualquier medicamento, consulte a su médico.

Referencias

Barret, Stephen, “Notes on the tryptophan disaster”, Quackwatch. En: http://www.quackwatch.org/01QuackeryRelatedTopics/DSH/trypto.html.

Crist, William E., “Toxic L-tryptophan: Shedding Light on a Mysterious Epidemic”, Seeds of Deception. En: http://www.seedsofdeception.com/Public/L-tryptophan/6GovtAgenciesDisagreeonEMSCause/index.cfm.

Kramer, Peter, Escuchando al Prozac, Seix Barral.

Moynihan, Ray, Selling Sickness, Nation Books.

Sturman, Martin F. “The Medical Industrial Complex: Disease Mongering, and the Bottom Line”, Easy Diagnosis – Second Opinions. En: http://easydiagnosis.com/secondopinions/newsletter28.html.

Wikipedia. Entrada “Fluoxetine” (http://en.wikipedia.org/wiki/Fluoxetine).

Wong, David T. y colaboradores, “A selective inhibitor of serotonin uptake: Lilly 110140, 3-(p-Trifluoromethylphenoxy)-n-methyl-3-phenylpropylamine”, Life Sciences, Volume 15, Issue 3, 1 August 1974, Pages 471-479.

Wurtzel, Elizabeth, Nación Prozac, Ediciones B.

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El triptófano y la depresión (2ª parte)

Continuamos la descripción de las propiedades del triptófano, aminoácido precursor del neurotransmisor serotonina, importante para sentirse energético y gozar de estabilidad mental. Previamente hacemos una introducción de carácter filosófico, relacionada con un tema de actualidad, la medicalización de la vida cotidiana.
Por J. C. Ruiz Franco

Vivimos en una sociedad que se define por varias características. Una es, como todos sabemos, el consumismo; otra, relacionada con la anterior, es el constante deseo de encontrar una respuesta fácil y rápida a las dificultades vitales o personales, que antes se aceptaban como parte normal de la vida y ahora en cambio parecen problemas que hay que solucionar a cualquier precio. Buen ejemplo de ello es que el número de individuos que desean mejorar su estado de ánimo y su calidad de vida mediante un acto tan sencillo como tomar una pastilla —en lugar de modificar costumbres, conductas, hábitos y aspectos de la personalidad— está en constante ascenso. Nos referimos a la terapeutización de ciertos ámbitos que hasta hace poco eran fenómenos normales y actualmente se consideran enfermedades. Medicina, psiquiatría, psicoterapia, fisioterapia, geriatría, osteopatía, naturopatía, fitoterapia, oligoterapia, homeopatía, acupuntura, kinesiología, aromaterapia, reflexología, reiki y un largo etcétera son disciplinas terapéuticas —unas con más base científica y otras con menos— que pretenden hacernos creer que determinados estados normales de nuestra existencia son patológicos, y nos ofrecen el correspondiente remedio haciéndonos pasar por caja después de convertirnos en enfermos.

Somos, cada vez más, pacientes-clientes de terapeutas de todo tipo, dentro de la vorágine de consumismo y deseo de vida fácil que va creciendo hasta niveles insospechados. Con ello logramos descargar la responsabilidad del cuidado de nuestra salud física y mental y se la endosamos a un ente tan prestigioso como la ciencia —en sus diversas manifestaciones y ramificaciones—, que promete curarnos a cambio de cierto desembolso de dinero, lo cual contribuye a que la rueda del sistema siga girando y esté bien lubricada. La salud mental no es ajena a este fenómeno, que en el ámbito de las disciplinas psi tiene su máximo exponente en la categoría de “enfermedad mental”, que en realidad no existe y es sólo un constructo inventado. Con ello se consigue relacionar las dolencias psíquicas con la medicina —la disciplina terapéutica por excelencia— y que parezca necesario su tratamiento.

Quien tiene el ánimo bajo por algún motivo externo (procedente de su entorno, como por ejemplo pérdida de algún familiar, desengaño amoroso, frustración, etc.) y acude al médico para que le recete un antidepresivo, se está equivocando por completo ya que la causa de su padecimiento es exógena, no endógena. Tomar un fármaco tal vez le ayude en cierto modo proporcionándole más energía y haciéndole insensible al problema, pero no lo resolverá (precisamente porque es externo), y la alteración de los mecanismos neuronales normales no conllevará ningún beneficio a largo plazo, sino más bien todo lo contrario. Se trata de una forma como otra cualquiera de buscar una solución fácil, en el ámbito terapéutico, a dificultades que deben afrontarse de manera personal, no tomando una pastillita que lo máximo que puede hacer es tapar los síntomas. En cuanto a los efectos adversos de estos productos, en sus prospectos podemos leer los detectados a corto y medio plazo —que son numerosos—, pero no se conocen bien aún los que pueden aparecer a largo plazo porque llevan utilizándose poco tiempo y, salvo error u omisión, no hay estudios de seguimiento para los posibles efectos secundarios a diez, veinte y treinta años, por ejemplo.

Conócete a ti mismo

Si algo bueno hay en el famoso libro Más Platón y menos Prozac, es el título y la primera parte (el resto es claramente prescindible). El autor nos propone un nuevo tipo de terapia, la terapia filosófica. ¿Otra más? ¿Y por qué no? Una más no se va a notar, y el sufrimiento de muchas personas que creen tener trastornos mentales consiste en realidad en falta de conocimientos, errores conceptuales y procesos cognitivos defectuosos, aspectos que pueden generar innumerables contratiempos vitales, en los que nadie es más experto que un filósofo profesional.

Al fin y al cabo, la asistencia a la consulta de un psicoterapeuta suele acabar siendo para el paciente-cliente sólo un modo de desahogarse, a pesar de que el reclamo haya sido en principio tal o cual terapia conductual o cognitivo-conductual, que después no se lleva a término, y que de todas formas consiste fundamentalmente en algo tan simple como acostumbrarse a los estímulos amenazantes mediante inmersión o desensibilización progresiva. Si la visita al psicoterapeuta acaba siendo una forma de explayarse (por eso se dice que los psicólogos son amigos caros y los amigos son psicólogos baratos), ¿no será mejor hacerlo con un experto en valores humanos, lógica e historia del pensamiento? En Alemania hay asesores filosóficos desde hace más de veinte años, y en Estados Unidos aparecieron un poco más tarde, coincidiendo con la publicación del libro de Marinoff, a finales del siglo pasado y comienzos del presente. En nuestro país, menos dado a este tipo de cosas, la terapia filosófica está muy poco extendida porque la gente siempre ha tenido a mano al cura del barrio —el confesor que aguantaba el chaparrón de las miserias mentales de los pecadores—, además de los numerosos establecimientos expendedores de bebidas repartidos por nuestra geografía —bares, tabernas, cafeterías— donde, además de alcohol, hay siempre alguien a quien contar las penas cuando el nivel etílico ha llegado al punto en que el sujeto se desinhibe. Si algún día prospera la filosofoterapia y se hace popular, sólo faltará reclamar su reconocimiento oficial para intentar pillar cacho en el reparto del jugoso pastel de la sociedad terapeutizada, del mismo modo que los psicólogos reivindican actualmente que los psiquiatras (médicos colegiados, y por tanto con más formación y prestigio social que los licenciados en psicología) dejen de tener el monopolio de la salud mental. Pero dejemos a un lado las digresiones filosóficas —que por otra parte considero interesantes para el lector drogófilo y cannabinófilo, reflexivo por naturaleza— y vayamos al tema de nuestro artículo y a lo práctico, que al fin y al cabo —para bien o para mal— es lo que prima en nuestra sociedad.

 

El triptófano, un aminoácido esencial

Decíamos en la entrega anterior —después de explicar que la serotonina es un neurotransmisor que contribuye a la estabilidad emocional y a la ausencia de estados depresivos— que resulta menos agresivo incrementar el material con que el organismo produce su propia serotonina que alterar los mecanismos neuronales tomando antidepresivos psiquiátricos. El triptófano, precursor de la serotonina, es uno de los aminoácidos esenciales; es decir, debemos ingerirlo diariamente porque nuestro organismo no puede sintetizarlo. Como aminoácido que es, forma parte de las proteínas, por lo que una dieta con una cantidad adecuada de ellas nos proporcionará todo el que necesitamos. Es abundante en alimentos como la leche, el queso, los huevos, los cereales integrales, la soja y las carnes en general.

Por lo que llevamos dicho, parece que, para disfrutar de energía durante todo el día y evitar los bajones de ánimo, la opción más recomendable sería tomar alimentos ricos en triptófano. Sin embargo, lo importante no es la cantidad ingerida, sino la que llega al cerebro, y las investigaciones indican que los niveles de este aminoácido en el sistema nervioso central no pueden modificarse mediante la dieta. El triptófano procedente de los alimentos no atraviesa la barrera sangre/cerebro porque tienen preferencia otros aminoácidos, gracias a su peso molecular más bajo. Esto impide que el triptófano de los alimentos acceda al cerebro y que se eleven nuestros niveles de serotonina.

Aunque resulte paradójico, el triptófano ve facilitado su acceso al cerebro cuando ingerimos alimentos con una cantidad prácticamente nula de proteínas y ricos en carbohidratos de alto índice glucémico. Esto ocurre porque los niveles altos de insulina que se consiguen arrastran a los aminoácidos competidores hacia los tejidos, el triptófano queda solo en el torrente sanguíneo, y con ello logra atravesar la barrera hematoencefálica. Comer alimentos ricos en glúcidos tiene un efecto tranquilizante, y muchas personas reducen su ansiedad intuitivamente comiendo dulces. Por un lado, la ingesta de alimentos con alto contenido en hidratos de carbono produce una subida de los niveles de glucosa sanguínea, que tranquiliza cuando la causa del nerviosismo es el bajo nivel de azúcar en sangre. Por otro lado, la elevación de los niveles de insulina subsiguiente a la ingestión de carbohidratos ayuda a metabolizar los aminoácidos. El triptófano, que tiene un peso molecular más elevado que el resto de sus compañeros, queda en el torrente sanguíneo y puede así acceder más fácilmente al cerebro que en condiciones normales, con lo que se produce una elevación de los niveles de serotonina y la consiguiente estabilización del estado de ánimo. Ese es el motivo por el que muchas personas sienten la necesidad de ingerir dulces cuando están nerviosas.

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Tomar triptófano aislado

Puesto que el triptófano de las proteínas de la dieta no produce efectos beneficiosos sobre los niveles de serotonina de forma directa, podemos pensar en ingerirlo aisladamente. En ese caso habría que hacerlo fuera de las comidas, media hora antes de ellas o cuando tengamos el estómago vacío; de lo contrario se unirá a los demás aminoácidos de la dieta para que el organismo sintetice proteínas, pero no servirá para el propósito que pretendemos, como ya hemos explicado.

Esta forma de administración se hizo muy popular a finales de los setenta y durante la década de los ochenta, gracias a una serie de artículos de autores norteamericanos que hablaban sobre sus propiedades inductoras del sueño, para combatir el insomnio por medios naturales. Personalmente, recuerdo haber leído en la revista Scientific Body Flex, alrededor del año 1986, un artículo sobre el triptófano escrito por el campeón de culturismo Frank Zane que me resultó muy revelador y que contribuyó a mi interés por este tipo de sustancias. A pesar de que la difusión se hacía casi exclusivamente en revistas de divulgación —por aquel tiempo no existía Internet—, a finales de esa década cientos de miles de personas, la mayoría en Estados Unidos, tomaban triptófano para mejorar el humor, reducir la irritabilidad y dormir mejor, entre otras indicaciones. Se convirtió, por tanto, en un producto muy popular que se utilizaba para mejorar la calidad de vida y el rendimiento. Sin embargo, no estaba controlado por el gremio médico ni por las compañías farmacéuticas, y eso iba a influir en su destino.

(Continuará)

Bibliografía:

Marinoff, Lou, Más Platón y menos Prozac, Ediciones Zeta.

Pérez Álvarez, Marino y González Pardo, Héctor, La invención de trastornos mentales, Alianza Editorial.

Souccar, Thierry, La revolución de las vitaminas, Editorial Paidotribo.

Souccar, Thierry, La guía de los nuevos estimulantes, Editorial Paidotribo.

Szasz, Thomas, El mito de la enfermedad mental, Amorrortu Editores. La fabricación de la locura, Editorial Kairós.

Advertencia: El propósito de este artículo es ofrecer información sobre sustancias legales y disponibles en establecimientos, sin recomendar su uso. Tan sólo citamos principios activos, no marcas concretas, para evitar hacer publicidad de fármacos. Antes de consumir cualquier medicamento, consulte a su médico.

 

 

El triptófano y la depresión (1ª parte)

Por J. C. Ruiz Franco

Seguimos tratando sustancias estimulantes manejables y de efecto suave. En esta ocasión le toca el turno al triptófano, un aminoácido que, además de aportar energía y mejorar el estado de ánimo, realiza funciones vitales para el cuerpo humano.

Aunque últimamente existe menos optimismo sobre la bondad de la psicofarmacología y el estudio de la psique tiene en cuenta otros factores, no podemos negar la importancia de los neurotransmisores para las funciones del sistema nervioso central. En el presente artículo nos vamos a ocupar de la serotonina —seguramente el más conocido— y de su optimización mediante el consumo de un aminoácido, el triptófano.

La serotonina, un neurotransmisor fundamental

La serotonina juega un papel importante como sustancia neurotransmisora en fenómenos tan dispares como la agresividad, la regulación de la temperatura corporal, el estado de ánimo, el sueño, el deseo sexual y el apetito. Unos niveles más altos o más bajos de serotonina parecen influir positiva o negativamente en estas características tan humanas. A su vez, el nivel de serotonina aumenta al atardecer para que la glándula pineal sintetice melatonina, la hormona reguladora del sueño, al caer la noche. La serotonina también influye en el funcionamiento de otros neurotransmisores, como por ejemplo la dopamina y la noradrenalina.

De todas las características mencionadas, ninguna es tan interesante como el estado de ánimo, y un adecuado funcionamiento de este neurotransmisor se asocia a bienestar, buen humor y ausencia de estados depresivos. Si nuestro objetivo es regular el nivel de serotonina, parece que la solución más fácil sería administrárnosla. Sin embargo, si se ingiere no entra a las vías serotoninérgicas del sistema nervioso central porque no cruza la barrera hematoencefálica, y lo mismo sucedería si se inyectara.

Los antidepresivos de uso psiquiátrico

La solución que nos ofrece la psicofarmacología —y la psiquiatría como representante suyo en el ámbito de la medicina— consiste en modificar algún mecanismo neuronal para potenciar la acción de la serotonina. En las dos últimas décadas del siglo XX se confió bastante en la utilidad de regular y modificar los niveles de neurotransmisores; tanto que la hipótesis aminérgica era la predominante a la hora de explicar los trastornos afectivos. A pesar de que en la actualidad las expectativas son menos optimistas, el funcionamiento correcto de estos mecanismos es sin duda importante para el equilibrio mental y el normal desempeño de las actividades cotidianas. Por eso los antidepresivos más utilizados de las últimas generaciones de psicofármacos inciden de una u otra forma sobre el metabolismo de la serotonina:

-                     Los ISRS, inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina

Han sido los más utilizados desde que en 1987 saliera al mercado el famoso Prozac® (fluoxetina), su buque insignia. Como su nombre indica, sólo modifican la metabolización de la serotonina, y aumentan su acción al inhibir la recaptación de este neurotransmisor después de ser liberado en las sinapsis que hay entre las neuronas. Además de la fluoxetina, los más comúnmente prescritos en las consultas de psiquiatría y medicina general son la paroxetina, la sertralina y la fluvoxamina.

-                     Los IRSN, inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina

Este grupo de antidepresivos actúa sobre la serotonina y la noradrenalina. La venlafaxina es un ejemplo de este tipo de fármacos.

-                     Noradrenérgicos y antidepresivos serotoninérgicos específicos (NaASE)

Actúan aumentando la liberación de noradrenalina y serotonina, y tienen un efecto tranquilizante debido a sus propiedades antihistamínicas. Un ejemplo de este tipo de antidepresivos es la mirtazapina.

-                     Potenciadores selectivos de la recaptación de serotonina (PSRS)

La tianeptina es su principal representante. Aunque por su estructura es un tricíclico, no tiene relación con ese grupo en lo relativo a sus propiedades. Su acción se debe al aumento de la recaptación de la serotonina en las terminales nerviosas serotoninérgicas de la corteza, el hipocampo y el sistema límbico, sin unirse a ningún receptor, lo cual disminuye los posibles efectos adversos. Además de su potente efecto antidepresivo, ofrece un efecto ansiolítico adicional que no llega a producir sedación.

-                     Antidepresivos tetracíclicos

Componen un grupo heterogéneo cuyos miembros tienen en común su estructura molecular. El más famoso es la trazodona, si bien en las últimas dos décadas se ha utilizado muy poco.

-                     Otros antidepresivos

Otros grupos de antidepresivos modernos son los inhibidores selectivos de la recaptación de dopamina (ISRD), los inhibidores selectivos de la recaptación de noradrenalina (ISRN) y los inhibidores selectivos de la recaptación de dopamina y noradrenalina (IRDN), que son utilizados en menor medida que los descritos en primer lugar. También se prescriben muy poco los antidepresivos de las primeras generaciones, que eran menos específicos y afectaban a un gran número de neurotransmisores, por lo que el número de efectos secundarios era mayor:

-                     Antidepresivos tricíclicos

Los antidepresivos tricíclicos impiden la recaptación de la serotonina y la noradrenalina, lo que da lugar a un aumento de sus niveles en el cerebro. El primero fue la imipramina, que se conoce desde mediados de la década de los cincuenta. Prácticamente no se utilizan debido a sus numerosos efectos secundarios.

-                     Inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAOs)

Actúan bloqueando la acción de la enzima monoaminooxidasa. Fueron los primeros antidepresivos existentes en el mercado. Prácticamente están abandonados debido a que son poco selectivos: al inhibir la MAO actúan sobre numerosas funciones, no sólo sobre la depresión, lo cual conlleva más efectos secundarios, algunos bastante graves, que se evitan en parte con los IMAOs selectivos y reversibles.

Mejorar la serotonina por medios más naturales

El enfoque convencional de los psiquiatras consiste en prescribir antidepresivos que modifiquen la forma en que se metaboliza la serotonina en las sinapsis neuronales. Dejando aparte los efectos secundarios de esos productos —bastante numerosos—, el principal problema es que con su uso estamos realizando modificaciones neuronales que más adelante, una vez abandonado el fármaco, tal vez no vuelvan a su estado original. Si la depresión es de carácter endógeno, se debe a que hay un desequilibrio interno, y por tanto está justificado recetar antidepresivos; pero si se padece un bajón de ánimo producido por algún factor externo (por ejemplo, la muerte de un familiar, la ruptura de una pareja, dificultades para la vida social, frustración o similares) no será apropiado tratar químicamente algo que tiene una causa personal, vital o social. No resolverá el problema, y aunque se logre elevar el estado anímico, con el tiempo podrá surgir un problema médico que antes no se tenía por haber tomado fármacos sin necesitarlos. En realidad, la prescripción indiscriminada de antidepresivos y tranquilizantes se debe más a los intereses comerciales de las compañías farmacéuticas y a que las salas de espera de las consultas están llenas de personas que no tienen ningún padecimiento físico, sino somatizaciones de origen psíquico.

Si de todas formas estamos convencidos de que debemos tomar algo para mejorar nuestro tono vital, será menos agresivo aumentar el material con el cual el organismo produce su propia serotonina. Puesto que los neurotransmisores se sintetizan a partir de ciertas sustancias, parece lógico potenciar los niveles de dichos precursores. Dos precursores de la serotonina, el aminoácido triptófano y el 5-hidroxitriptófano, un derivado suyo, pueden cruzar la barrera hematoencefálica y elevar el nivel de serotonina en el cerebro. Éste puede ser un enfoque más adecuado cuando el problema no tiene un origen biológico claro, ya que es más natural aumentar la cantidad de las sustancias utilizadas para sintetizar el neurotransmisor que modificar el proceso por el cual, después de liberado en el espacio sináptico y cumplida ya su función, se reabsorbe por las vesículas presinápticas.

La eficacia de este planteamiento está demostrada por muchos estudios, que no obstante son menos numerosos que los que aconsejan la aplicación de antidepresivos psiquiátricos, por motivos comerciales que el lector podrá adivinar. Por tratarse de productos que no pueden patentarse, los aminoácidos precursores son sustancias menos interesantes para las multinacionales farmacéuticas, las entidades que más fomentan la prescripción de psicofármacos por parte de psiquiatras y médicos de cabecera, mediante los distintos métodos de que disponen: anuncios publicitarios en revistas médicas, artículos supuestamente científicos que en realidad son publicitarios, visitadores que acuden a las consultas con maletines llenos de folletos y cajas de medicamentos de muestra, simposios patrocinados por compañías farmacéuticas, etc. En cuanto a la población general, esta publicidad llega a través de carteles y revistas de farmacia, artículos de prensa y publicidad directa e indirecta en prensa, radio y televisión. De hecho, la mayor parte del presupuesto de esta industria no se destina a la producción de medicamentos ni a la investigación, sino a estudios de mercado, publicidad y marketing.

La medicalización de la vida cotidiana

Vamos a permitirnos hacer una reflexión sobre lo que estamos diciendo. Actualmente no sólo se consideran cuestiones médicas ciertos problemas que antes eran parte normal de la vida (ánimo bajo por alguna pérdida familiar o afectiva, que ahora se ha incluido dentro de la elástica categoría de “depresión”; tensión por exceso de responsabilidades o de trabajo que ahora se denomina “estrés”; el envejecimiento, la menopausia…), sino que las compañías farmacéuticas inventan enfermedades, y curiosamente cuentan con la solución para ellas: medicamentos fabricados por las mismas empresas que antes no tenían indicaciones terapéuticas definidas. Pero no sólo eso, sino que cuando el supuesto problema de salud no puede llegar a considerarse enfermedad, queda catalogado como trastorno. Éste tiene una entidad menor que una enfermedad porque no existe una causa biológica clara, pero —también curiosamente— siempre existe alguna pastillita milagrosa para tratarlo.

(Continuará)

Bibliografía

Las referencias que ofrezco a continuación no sólo son los documentos utilizados para elaborar el artículo, sino lecturas muy asequibles con las que el lector puede ampliar información sobre este tema tan importante.

Blöch, Jorg, Los inventores de enfermedades, Ediciones Destino.

Jara, Miguel, Traficantes de salud, Icaria Editorial, 2007.

Pérez Álvarez, Marino y González Pardo, Héctor, La invención de trastornos mentales, Alianza Editorial.

Snyder, Solomon, Drogas y cerebro, Prensa Científica, 1992.

Stahl, Stephen, Psicofarmacología esencial, Ariel Neurociencia.

Szasz, Thomas, El mito de la enfermedad mental, Amorrortu Editores. La fabricación de la locura, Editorial Kairós.

Wikipedia. Entrada “Antidepresivo” (http://es.wikipedia.org/wiki/Antidepresivo).

  Advertencia: El propósito de este artículo es ofrecer información sobre sustancias legales y disponibles en establecimientos, sin recomendar su uso. Tan sólo citamos principios activos, no marcas concretas, para evitar hacer publicidad de fármacos. Antes de consumir cualquier medicamento, consulte a su médico.

 

El cáñamo y la medicina tradicional china

Aplicaciones médicas y cosmética ancestral
CUANDO NO SE TRATA DE UN CUENTO CHINO

De la antigua China más se conoce por el cine, la tv y la capciosa propaganda occidental que por el riguroso desarrollo de sus ciencias. Integral en sus concepciones y abarcativa con la naturaleza, la medicina china deslumbra en su eficacia y hasta resuelve dilemas que aquejan mes a mes.

-por Andrea C. Mindlin, facultad de Farmacia Y Bioquímica, Universidad de Buenos Aires.

¿Quién no ha visto ese maravilloso film, El amante (Jean-Jacques Arnaud 1991)? Basada en la novela autobiográfica de la eximia escritora francesa Margarite Duras, donde el libro nos deleita con su deliciosa escritura, la película nos emociona con las bellas imágenes.

Pasajes de la vida cotidiana de esa indochina bajo dominio francés de los años cincuenta, hombres y mujeres trabajando en un mercado, contando su padecer en sus gestos adustos, sólo hombres afortunados relajados fumando opio y eso cuerpos masculinos, fuertes, de pieles cetrinas y miradas esquivas.

Quien, en la mas intima de las intimidades no ha envidiado ese romance con aquel hombre de ojos rasgados, y que varón no ha se ha imaginado la historia a la inversa, amar a esas mujeres jóvenes chinas, con esas miradas que reflejan las mas pura inocencia y la mas impura lascivia.

Después de respirar profundo, sobreponernos a tan tórrido romance y entrar en la real realidad, y en lo mas vano del pensamiento occidental, nos preguntamos cómo hacen para tener esas pieles, tan tersas, suaves y brillantes que cualquier mortal no pararía de acariciar.

Lo cierto es que los chinos tienen en su cultura una concepción de la salud muy diferente a la nuestra, occidental. Así como en la medicina ayurvédica el cuerpo es un todo que funciona en un delicado y exacto equilibrio con el medio ambiente y con las fuerzas de la naturaleza, la medicina tradicional china es un sistema de salud que data, aproximadamente, desde el dos mil quinientos antes de Cristo, también la enfermedad es producto de un desbalance energético. La tarea del practicante de la medicina china es entonces restablecer el balance y la armonía en el cuerpo energético.

Lo interesante de la medicina china es que se confía en la sabiduría del propio cuerpo; los tratamientos que se utilizan solo son coadyuvantes para que el propio cuerpo recupere su equilibrio natural.

En los principios de la medicina china, así como en la mayoría de las medicinas orientales, los tratamientos son de origen natural. La naturaleza es la que va a proporcionar las herramientas para recobrar el bienestar físico y psíquico. Por esta razón es que fundamentalmente se basa en tratamientos con hierbas, masajes especiales y acupuntura.

Por suerte para los desprotegidos accidentales, a pesar de las invenciones farmacológicas que van desde drogas, que son legales y promocionadas para que podamos comer hamburguesas de plástico y grasa, hasta las mágicas pastillas azules que convierten al más romántico de los amantes en maquina de follar. En los últimos años la medicina tradicional china se ha se ha tornado mas familiar en Occidente y está siendo usada por médicos calificados. En la tradición china, se cree en la teoría de los elementos, los cuales son utilizados para explicar la interacción del ser humano con su medio ambiente. Estos elementos son madera, fuego, aire, metal y agua, todos ellos relacionados.

De fuego somos

La madera que alimenta el fuego, el fuego que resuelve el aire; a su vez el aire tiene un efecto sobre el metal, y este último produce agua sobre él como un efecto de condensación. Y el agua el alimento de los árboles, que producen madera.

Estos cinco elementos interconectados entre sí representan distintas partes del cuerpo, así como emociones, sabores, estaciones del año y hasta colores.

Un desbalance entre estos cinco elementos es la causa de la enfermedad, por lo cual la sabiduría china radica en utilizar una combinación de hierbas, que tienen distintos sabores y colores, que corrijan el desbande, para volver a la condición de salud.

Al igual que en la medicina ayurvédica donde existen chakras o puntos de energía localizados imaginariamente a lo largo de la columna vertebral, en la medicina china existen canales, meridianos o vías de comunicación, llamados en chino king por donde circula la energía vital o Qi Se contabilizan doce canales en total, o vías de comunicación principales que se corresponden con los órganos vitales del cuerpo humano: pulmones, intestino grueso, intestino delgado, bazo-páncreas, corazón, riñones, vejiga, sistema cardiovascular, vesícula biliar, hígado, vaso de la concepción, vaso gobernante.

Complementariamente al modelo básico de los cinco elementos, en la filosofía china aparece la idea de los opuestos. El cosmos se rige por energías opuestas, el Yin y el Yan, ambas se complementas, son necesarias y se deben equilibrar. El yin se relaciona con lo femenino, lo oscuro y frío, mientras que el yan esta caracterizado por lo masculino, luz y calor.

Así como en la vida, lo masculino y lo femenino se necesitan y se complementan, en la milenaria sabiduría china, para mantener una condición orgánica saludable, el yin y el yan deben estar en equilibrio.

La Cannabis Sativa ejerce un efecto muy beneficioso en este sentido, sobre todo para balancear el estilo de vida, ajetreado y exigido que vivimos.

Aquellos días locos

Un mal muy común en las mujeres es la dismenorrea, o como decimos en mi barrio, dolor menstrual Consta de un padecimiento intenso, sordo y contínuo en el abdomen que se prolonga durante los días previos a la menstruación hasta unos días después de la llegada de la misma.

Según la medicina alopática, estas dolencias son normales y se pasan tomando un antiespasmódico o cualquier analgésico. Para la medicina china, este tipo de molestias es producto de un aumento de la energía yan en detrimento del yin.

Traducido a nuestra occidental y cristiana cosmovisión, las mujeres nos volvemos muy fálicas, dirían los psicoanalistas, conducta impuesta desde la sociedad de consumo, donde el capitalismo lo único que pretende es que la mujer produzca más iniciando una loca carrera con el sexo opuesto, en vez de disfrutarlos. La consecuencia en el cuerpo es un terrible dolor de ovarios.

La Cannabis Sativa, es un excelente analgésico y antiinflamatorio, esto en un concepto alopático, mientras que con una mirada mas holística, como las que tienen las medicnas ancestrales, es un inmejorable equilibrador de las energías yin-yan.

En este antiguo arte de la sanación y muy sabiamente de la prevención, si hablamos de cosmética, estaríamos cometiendo un cercenamiento de un cúmulo de conocimientos. En occidente se entiende a la cosmética, como a la dermatología, como el cuidado de la piel. En oriente, esto no es pensado de esta manera: lucir, joven, con el órgano mas extenso de nuestro cuerpo en perfecto estado, es una consecuencia, no un fin es sí mismo. Obviamente, la alimentación va a ser una importante fuente terapéutica. Donde se toma en cuenta, no solo el efecto terapéutico que puede tener una hierba o un alimento, sino también si es comida caliente o fría, su color y su sabor, amargo o dulce.

Serán estas sabias combinaciones la que ejercerán el efecto sanador, de la parte del cuerpo identificada, con un sabor, color y temperatura. La alimentación es pues, esencial para lograr el equilibrio, la armonía y por tanto la salud integral.

La Medicina Tradicional China clasifica a los alimentos según diferentes criterios:

  1. a)Según la energía intrínseca o naturaleza del alimento:
  2. b)Según su sabor:
  • Alimentos calientes y templados: tonifican, calientan, ascienden, mueven.
  • Alimentos neutros: estabilizan, armonizan, centran.
  • Alimentos frescos y fríos: refrescan, sedan, astringen, hidratan.

Cada sabor tiene una característica energética diferente:

  • Alimentos ácidos: astringen, contraen la energía hacia adentro.
    Actúan sobre el hígado y la vesícula biliar (elemento Madera).
  • Alimentos amargos: favorecen el drenaje y la evacuación, descienden y secan.
    Actúan sobre el corazón y el intestino delgado (elemento Fuego).
  • Alimentos salados: En cantidad moderada ablandan, lubrifican.
    Actúan sobre los riñones y la vejiga urinaria (elemento Agua).
  • Alimentos dulces: ascienden la energía y lubrifican.
    Actúan sobre el bazo, páncreas y estómago (elemento Tierra).
  1. c)Según su color:
  2. d)Según el tropismo del meridiano:
  • Alimentos rojos: revitalizan.
  • Alimentos amarillos: estabilizan, equilibran.
  • Alimentos verdes: desintoxican, depuran.
  • Alimentos negros: astringen, tonifican el "Ying" (esencia).
  • Alimentos blancos: purifican.

Cada alimento tiene un meridiano de impacto principal:
Ejemplo: La pera por el meridiano del pulmón, las espinacas por el del hígado, la calabaza por el del bazo, las castañas por el corazón, los azukis por el riñón.

  1. e)Según el movimiento de la energía que inducen

No es una dieta fija sino que se adapta a las condiciones particulares de cada persona: constitución física, edad, época del año, país en que vive, tipo de trabajo que realiza, tipo de patología que presenta. No tiene en cuenta el aspecto cuantitativo (cantidad de alimento) sino el cualitativo (calidad energética del alimento).

Ahora sí: semillas

La semilla de Cannabis Sativa tiene un gran aporte para estos tipos de dietas. El uso de la Cannabis en China data del año tres mil setecientos antes de Cristo; el filosofo Shen Nung escribió el primer listado de hierbas, la farmacopea, Pen Ts'ao. Allí describió la Cannabis Sativa, como el elixir de la inmortalidad.

Se dice que la planta femenina tiene energía yin y la planta masculina yan y es usada para la debilidad femenina, reumatismo y para combatir la malaria. El nombre con que se conoce en china a la Cannabis Sativa es: HUO MA REN, y se utiliza para aumentar la energía vital, QI, por esto se utiliza en los problemas relacionados con la vejez, y la debilidad. La constipación es uno de los males que aqueja a la gente de edad, y el HUO Ma REN es la hierba por excelencia que se usa para apalear estos trastornos. Según la caracterización que se hace de los alimentos, la semilla de Cannabis Sativa:

Para la confusión mental, que suele ocurrir en personas añosas, también se utiliza el HUO Ma REN, en combinación con otras hierbas como las semillas de durazno (Xing Ren) raíces de ruibarbo (Dang Gui) y naranjas amargas (Bai Sho Yao]). En un local que vendan productos de dietética chinos, se puede conseguir aceite de cártamo, en chino hong hua, que produce un efecto tensor y suavizante en la piel. Se agrega menos de un gramo a una crema base, la cual se puede enriquecer con dos mililitros de aceite de cáñamo. La única contraindicación del Aceite de Cártamo es que no debe usarse en mujeres embarazadas, el aceite de Cáñamo si se puede utilizar.

Durante la época de gestación la medicina china recomienda comer semillas de Cannabis Sativa para aumentar el flujo de la leche materna cuando llegue el momento de amamantar. Otra de las prácticas ancestrales de la medicina china es la acupuntura, disciplina que ha tenido un fuerte desarrollo en Occidente. La OMS, Organización Mundial de la Salud, desde 1979 reconoce la acupuntura como eficaz para el tratamiento de al menos 49 enfermedades y desórdenes., divulga resultados de ensayos clínicos desde hace varios años, que ella misma alienta a realizar.

La acupuntura (del lat. acus: aguja , y pungere: punción) es una técnica de medicina tradicional china que trata de la inserción y la manipulación de agujas en el cuerpo con el objetivo de restaurar la salud y el bienestar en el paciente. Aparte de insertar las agujas de acupuntura y rotarlas para tonificar o dispersar, los acupuntores también utilizan las moxas. La técnica más extendida es un puro o cono de artemisa que se enciende para calentar el punto o bien se corta un trozo y se coloca en el mango de la aguja, dejando que se consuma totalmente. Los acupuntores utilizan ampliamente esta técnica para el tratamiento del dolor.

 

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