Cannabis y cáncer de pulmón

En este número de la revista comenzamos una serie en la que analizaremos los efectos del cannabis sobre distintos aspectos sobre la salud. La información sobre el cannabis y la salud es muy amplia, pero en muchas ocasiones es contradictoria. Utilizaremos la revisión de la evidencia científica disponible, huyendo de alarmismos y simplificaciones e intentando utilizar un lenguaje comprensible. Comenzaremos revisando la relación entre el cannabis y una de las enfermedades más graves relacionadas con el hábito de fumar: el cáncer de pulmón.

Por Dr. Fernando Caudevilla

Cancer de pulmonCancer de pulmon

El cáncer de pulmón es un conjunto de enfermedades que se producen por el crecimiento maligno de células del tejido pulmonar. Es uno de los tipos de cáncer más graves y una de las causas más frecuentes de muerte de tipo oncológico en todo el mundo. En varones el cáncer de pulmón constituye la primera causa de mortalidad por cáncer (la tercera en mujeres) y más de la mitad de los pacientes mueren después del primer año del diagnóstico.

Existen evidencias irrefutables de que el hábito de fumar tabaco es el factor de riesgo más importante en el desarrollo del cáncer de pulmón. Más del 80% de los casos aparecen en personas que fuman tabaco. El riesgo disminuye progresivamente al dejar de fumar: se estima que una persona que deje el tabaco antes de los 40 años tendrá en una década un riesgo similar al de una persona que no haya fumado nunca. Por el contrario, cuantos más años en la vida haya fumado una persona, sobre todo si comenzó a fumar desde muy joven, el riesgo se incrementa. Existen otros factores de riesgo (de tipo genético, ligados a la contaminación ambiental o a la exposición a ciertos tóxicos como el asbesto) pero el tabaco es el más importante y frecuente, ya que su uso está muy extendido en la población.

¿En qué medida los riesgos del tabaco pueden extrapolarse al uso de cannabis?¿Están expuestos los fumadores de cannabis a riesgos similares a los del tabaco? ¿Existen dosis seguras? Contestar estas preguntas puede ser extraordinariamente complicado. La cantidad de información es muy grande pero, como sucede casi siempre en el caso del cannabis, la razón se confunde con la ideología y los sentimientos en demasiadas ocasiones. En webs y foros procannábicos se resaltan aquellos estudios e informaciones que defienden que el cannabis es inocuo en este sentido, mientras que en espacios sanitarios tradicionales se acepta a pies juntillas y amplifica cualquier dato que sugiera la toxicidad. Como también suele suceder las cosas no son blancas ni negras sino llenas de matices que conviene valorar en su justa medida.

Uno de los mensajes más frecuentes en medios de comunicación de los últimos años sostiene que “fumar tres porros al día equivale a consumir un paquete de cigarrillos” en lo que al riesgo de cáncer de pulmón se refiere. Este mensaje apareció por primera vez en el año 2006 un informe de la British Lung Foundation, una organización dependiente del London Royal Brompton Hospital dedicada a la divulgación, asistencia y prevención de distintas enfermedades pulmonares. Esta idea ha aparecido en muchos de los mensajes y campañas preventivas antidroga desde entonces, incluyendo varias de nuestro Plan Nacional sobre Drogas (anuncios de prensa, TV y, al menos dos guías) entre los años 2007 y 2009.

La Guía de la British Lung Foundation ha sido reeditada y corregida en el año 2012, insistiendo en esta relación entre el cannabis y el cáncer de pulmón:

“Un riguroso estudio de Aldington y cols. ha hecho progresos significativos en demostrar el vínculo entre el cannabis y el cáncer de pulmón (…) El hallazgo más significativo del estudio fue que fumar cannabis incrementa el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón en adultos jóvenes. El estudio también sugiere que fumar un cigarrillo de cannabis al día incrementa el riesgo de cáncer de pulmón en un 8%. (…). A través de la comparación el mismo estudio sugiere que fumar un paquete de cigarrillos al día durante un año incrementa el riesgo de cáncer de pulmón en un 7%, lo que indica que fumar sólo un cigarrillo de cannabis incrementa el riesgo de cáncer de pulmón tanto como 20 cigarrillos de tabaco al día”.

            Así que ya no serían “tres porros” como se afirmaba en el 2006 sino “uno sólo” el equivalente a un paquete de tabaco diario. Si nos vamos al estudio original de Aldington al que hace referencia el texto de la British Lung Foundation, publicado en el European Rwespiratory Journal en el año 2008 (Cannabis use and risk of lung cancer: a case-control study), nos encontramos con los datos de 78 casos de cáncer de pulmón en menores de 55 años en un periodo de 5 años en Nueva Zelanda, 21 de los cuales eran usuarios de cannabis. Los datos se analizaron mediante complejas técnicas estadísticas (con un modelo llamado regresión logística), pero parece un poco atrevido obtener conclusiones tan generales a partir de tan pocos datos.

                       La divulgación científica puede hacerse de dos maneras muy diferentes. Una de ellas es presentar los datos de forma objetiva, ofrecer argumentos a favor y en contra de una determinada hipótesis, discutir los distintos puntos de vista según las pruebas e indicios que aporten… Otro es retorcer las estadísticas hasta que afirmen lo que nosotros pensamos y ofrecer sólo aquellos argumentos que estén a favor de nuestra idea preconcebida. La British Lung Fundation (y todos los periodistas, médicos y preventólogos que se han dedicado a divulgar la historia del porro y los veinte cigarros) parecen haber optado por la segunda opción.

                       Por ejemplo, los resultados de otros estudios que han aplicado una metodología muy similar no han encontrado esta relación. El doctor Donald Tashkin es un investigador de la Universidad de California que ha desarrollado gran parte de su carrera profesional en relación con el cannabis y ha publicado más de 40 artículos científicos en revistas internacionales sobre esta sustancia. En el año 2006 presentó los resultados de un estudio sobre 2142 sujetos (611 casos de cáncer de pulmón) en los que no se encontró vínculo alguno entre el cáncer de pulmón y el cannabis fumado, ni siquiera en los fumadores más intensivos de cannabis. El humo del cannabis contiene sustancias carcinógenas por lo que los resultados fueron calificados por los autores como “sorprendentes”. Una hipótesis sería considerar que el THC tuviera un efecto protector frente al desarrollo de células tumorales y que podría contrarrestar el daño tóxico de los componentes del humo.

            Otras investigaciones contradicen los resultados de Tashkin y concuerdan más con el estudio de Aldington. Un estudio en Argelia, Marruecos y Túnez (Berthiller J et al, Cannabis smoking and risk of lung cancer in men: a pooled analysis of three studies in Maghreb. J Thorac Oncol. 2008 Dec;3(12):1398-403) ofrece datos de la comparación de 440 casos de cáncer de pulmón y 778 controles. Los resultados apuntan hacia el cannabis como factor de riesgo, pero los autores indican en sus conclusiones que “la concurrencia del hábito de fumar tabaco u otros factores de confusión pueden explicar parte de este incremento del riesgo”.

            El entrecomillado de este último estudio es particularmente interesante, ya que hace referencia a un concepto que se suele olvidar en los estudios sobre drogas: la prudencia. Descubrir la causa de un efecto y su intensidad es una de las cuestiones más complicadas en las ciencias biomédicas en general. Todos estos estudios parten del análisis de los factores de riesgo en personas que ya han desarrollado la enfermedad (en este caso el cáncer de pulmón), pero que, además de fumar o no cannabis, pueden estar expuestas a otra gran cantidad de factores que son muy difíciles de controlar.

            Un abordaje sensato del asunto sugiere utilizar, además de los estudios científicos, el sentido común. Una gran mayoría de los fumadores de cannabis lo son también de tabaco. Y ya están expuestos al riesgo de cáncer de pulmón por este último hecho. Muchos usuarios de cannabis hacen sus porros mezclando cantidades variables de hachís o marihuana con tabaco. Ya que el riesgo de cáncer de pulmón es dependiente de la dosis de tabaco consumida, fumadores muy intensivos de cannabis mezclado con tabaco estarán expuestos a este riesgo.

            Se han propuesto distintas medidas de reducción de riesgos destinadas a mitigar los efectos tóxicos sobre el sistema respiratorio de la mezcla tabaco-cannabis: dar caladas suaves, colocar lo que se vaya a fumar en la parte más lejana a la boquilla y tirarlo tras unas pocas caladas, utilizar cantidades pequeñas de cannabis de alta potencia mejor que dosis elevadas de mala calidad…

El uso de filtros también suele recomendarse como una forma de disminuir la cantidad de productos tóxicos que llegan al organismo. Sin embargo, desde un punto de vista objetivo, no existen demasiadas pruebas que indiquen que sean eficaces en este sentido. Los filtros en el tabaco industrial comenzaron a generalizarse a partir de los años 60 del siglo pasado, al acumularse las evidencias que relacionaban al tabaco con el cáncer de pulmón. La industria del tabaco invirtió grandes cantidades de dinero buscando un filtro que retuviera las partículas tóxicas con resultados infructuosos. La mayoría de los filtros están compuestos de acetato de celulosa, que retienen cierta cantidad de nicotina y alquitrán pero que son permeables a muchas de las micropartículas cancerígenas que componen el humo del tabaco. Los estudios en cultivos celulares y animales de experimentación son contradictorios. Y también se han hecho estudios (en Japón y EE.UU.) comparando las incidencias de cáncer de pulmón a lo largo del tiempo, sin que se haya demostrado una disminución de la frecuencia de la enfermedad atribuible al uso de filtros. En cualquier caso los cannabinoides también atraviesan el acetato de celulosa de los filtros, y su disponibilidad en el organismo no se ve afectada por su presencia, por lo que su uso sigue siendo recomendable ya que eliminan una parte considerable del alquitrán.

El tabaco industrial contiene distintas cantidades de aditivos (productos para controlar la humedad, el sabor, mejorar la conservación…) que pueden producir aún más efectos tóxicos. Existe una lista de más de 1400 aditivos posibles, y ya que el tabaco no se considera oficialmente como una comida ni como una droga, la legislación es muy laxa. Tampoco existen evidencias de que el tabaco de liar sea más “sano” en ese sentido. Es posible que los preparados de tabaco “light” comporten un menor riesgo de dependencia a la nicotina en personas no habituadas a esta sustancia. El efecto no sería apreciable en adictos al tabaco, quienes tienden a fumar más cantidades y con mayor profundidad el tabaco “light” para extraer toda la nicotina posible.

En resumen, la relación entre el cannabis y el cáncer de pulmón es un asunto complejo. No hay pruebas directas de que el uso de cannabis aislado produzca esta enfermedad, aunque algunos datos indirectos sí lo sugieren. El concepto de “dosis” sigue siendo fundamental. El fumador de tabaco medio consume entre 10 y 20 cigarrillos de esta sustancia al día. Muy pocos fumadores de cannabis realizan consumos tan elevados (10 a 20 porros al día). Si existe la relación entre el cannabis y el cáncer, es muy probable que también ésta sea dependiente de la dosis, y los patrones de consumo ocasionales, esporádicos o de baja frecuencia estarán sometidos a un riesgo bajo.

Finalmente, conviene resaltar que la combustión de productos vegetales es el proceso químico fundamental que genera compuestos cancerígenos. Las elevadas temperaturas que se generan al encender un cigarrillo o un porro (alrededor de 600ºC) son las responsables de la producción de muchos de los productos tóxicos. En el caso del cannabis, los vaporizadores permiten obtener concentraciones eficaces de cannabinoides en el organismo a temperaturas mucho menores (150-170ºC). Algunos modelos de vaporizadores homologados han demostrado en estudios científicos la ausencia de producción de cancerígenos. El precio elevado y el hecho de que se traten de aparatos algo voluminosos son sus únicos inconvenientes.

 

Sobre los efectos a largo plazo del uso de alucinógenos

(más unas réplicas a los listillos que pululan por la red)

Por José Carlos Bouso

En esta sección que tan amablemente me cede mi inestimable amigo Raúl del Pino (recuerden, el de la píldora azul) trato de ir divulgando al profano la información científica puntera que se va publicando en las revistas científicas en lo que a ciencia psiconáutica se refiere. Por eso me produce un poco de pudor hablar de un artículo recién publicado cuyo primer firmante es un servidor y titulado: “Personality, Psychopathology, Life Attitudes and Neuropsychological Performance among Ritual Users of Ayahuasca: A Longitudinal Study”. El artículo, a texto completo, se puede encontrar aquí: http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0042421

Y un resumen aquí:

http://iceers.org/what-we-do/investigacion-cientifica.html?L=2

El artículo en cuestión (cuya edición ha financiado ICEERS –www.iceers.org), a día de hoy es el más completo de todos los publicados en cuanto a los efectos a largo plazo del uso de alucinógenos se refiere. No solamente porque se ha investigado a una muestra amplísima de usuarios (concretamente 127), comparándolos con sus respectivos controles emparejados (concretamente 115). Sino porque se ha hecho algo que rara vez suele hacerse en este tipo de estudios de efectos a largo plazo en materia drogas: repetir las evaluaciones un año después para replicar los resultados encontrados previamente. Debido a las dificultades en conseguir recursos públicos para investigar, en tener que publicar siempre cosas novedosas para atraer la atención de los posibles donantes de fondos económicos y para, en definitiva, escalar en el escalafón del estatus profesional, rara vez se replican los resultados encontrados en un estudio. Es decir, rara vez se repite el experimento para cerciorarse de que los resultados son válidos y fiables y no responden a posibles errores de método que hayan podido pasar desapercibidos a los investigadores. Esto es especialmente saliente en la investigación drogabusológica. Como es raro encontrar estudios en los que los usuarios de drogas, sean del tipo que sean, salgan bien parados, y como el paradigma actual en drogabusología establece irrefutablemente que el consumo de cualquier droga es perjudicial para la salud en general, y para el cerebro en particular, cualquier resultado de cualquier estudio que sigue encontrando una y otra vez este tipo de resultados se acepta acríticamente porque va en la línea general de lo que ya es obvio, de lo que se sabe y de lo que no puede ser de otra forma: lo perjudicial del consumo de drogas. Aceptar los resultados acríticamente no es otra cosa que aceptar que los estudios están bien hechos, no porque se miren las metodologías de cómo se han desarrollado, sino simplemente porque si se encuentra que los resultados son negativos para los usuarios es la prueba de que el estudio está bien hecho, ya que si se encontrara otra cosa algo se ha debido de haber hecho mal. Vivimos en el paradigma, o más bien dogma, de que cualquier cosa que “toque” el cerebro es por definición perjudicial para el mismo, sobre todo si se trata de “cosas” ilegales. Es curioso, además, encontrarse cómo sustancias de parecido efecto neurofarmacológico, como son por ejemplo la MDMA (éxtasis) y la paroxetina, en función de su estatus legal, ese “tocar” el cerebro es perjudicial si se trata de algo ilegal y beneficioso si se trata de algo legal. Teniendo ambas sustancias, como digo, parecidos mecanismos de acción.

Así pues, podemos decir que la ciencia drogabusológica es un edificio inmenso, casi un Ministerio, por poner un símil en el que las realidades sean confluyentes, construido con cimientos de humo. Y digo un Ministerio porque la ciencia drogabusológica comparte con cualquier Ministerio ese inmovilismo, esa incapacidad para el avance de las ideas, esas estructuras antediluvianas y esa casposidad que hacen de la realidad una ficción, y viceversa, cuando se trata de poner en juego la supervivencia de la institución, y no tanto de la preocupación por la verdad ni por el bienestar común.

En resumen: pocos estudios de los efectos a largo plazo del uso de drogas se replican, esto es, se repiten utilizando las mismas muestras poblacionales y los mismos métodos para comprobar que lo encontrado es lo “real” y no un error de método. Por no ser excesivamente duro con mis colegas drogabusólogos, ni injustamente injusto, debo decir que replicar los estudios es muy costoso tanto en términos económicos como de inversión de trabajo, aparte de perder mientras tanto un tiempo precioso en investigar fenómenos novedosos que te hagan avanzar en tu currículum. Y pocas instituciones le van a dar a alguien dinero para que haga algo que ya está hecho.

Aún así, esto solo ocurre o sucede de manera bastante exclusiva, en la ciencia drogabusológica. Y la razón, de nuevo, se debe a que se tiene asumido ese dogma de que todo lo que toca el cerebro lo jode, luego, como ya he explicado, cualquier estudio que cuadre con el dogma pasa a formar parte del cuerpo científico del campo sin demasiados criterios críticos. En otros ámbitos de la ciencia menos contaminados ideológica y políticamente no ocurre tanto esto. De hecho, un estudio mal hecho porque no se han cuidado bien los métodos o porque otros han encontrado resultados que no cuadran puede ser el final de la carrera de un científico en otros ámbitos, como digo, menos contaminados ideológicamente. Tiene que haberse cometido un error muy gordo en ciencia drogabusóloga en un experimento y que ese experimento, además, haya sido previamente ampliamente publicitado para que, detectado el error, ocurra algo. De hecho, aparte del famoso caso Ricaurte (ver, por ejemplo, http://thedea.org/os/9_10_03.html), pocos casos se conocen de reprobación pública por realizar prácticas científicas drogabusológicas de dudosa credibilidad.

Luego uno de los principales méritos que tiene el artículo publicado por nuestro grupo de investigación es precisamente este: no nos conformamos con unos “bonitos” o “feos” (dependiendo de la tendencia política que uno tenga) resultados encontrados. Como nosotros no somos políticos y los datos no nos parecen bonitos o feos en función de si lo encontrado cuadra con lo que queremos oír o no, decidimos repetirlo un año después.

El estudio duró muchos años (entre evaluaciones, análisis de datos, escritura de informes científicos…). Evaluar más de 200 personas con diferentes pruebas no es algo que se haga en un par de fines de semana ni sea especialmente barato. Se tiene poca idea de los efectos de los alucinógenos sobre el cerebro. Se sabe que actúan juntándose a unos receptores cerebrales llamados 5-HT2A, y que debido a su acción sobre esos receptores se producen la mayoría de efectos floridos prototípicos. Pero también se sabe que la activación de los 5-HT2A libera a su vez un neurotransmisor llamado glutamato, que a concentraciones altas puede ser tóxico y producir muerte neuronal. Así que buscamos lo imposible: consumidores de alucinógenos puros. ¿Alguien es consumidor puro de una única droga? Algún fumeta que otro solo fuma porros. Y bueno, la mayoría de los bebedores solo beben alcohol. Pero de los que habéis tomado alguna vez un tripi o unas setas, ¿cuántos no habéis tomado otras cosas?

Bueno, pues en Brasil hay una serie de iglesias que utilizan como sacramento un potente alucinógeno: la ayahuasca. El principio alucinógeno de la ayahuasca es una sustancia llamada DMT (dimetiltriptamina). La DMT, como todo alucinógeno, se une a los receptores 5-HT2A, esta unión libera glutamato. Existen muy pocos estudios y con muchas limitaciones que han estudiado si el uso continuado de alucinógenos puede ser perjudicial o no para la salud (en las secciones de Introducción y de Discusión del artículo que estamos comentando aquí hay información detallada de esos estudios, también aquí: http://www.trnres.com/ebook/uploads/rafael/T_12998350813%20Rafael.pdf)

El estudio consistió en seleccionar una amplia muestra de usuarios de ayahuasca que llevaran tomando un mínimo de 15 años con una frecuencia mínima de 2 veces por semana y compararlos con un grupo de no consumidores equiparados en una serie de características personales de tal forma que los resultados puedan achacarse al uso o no de ayahuasca y no a cuestiones como edad, sexo o nivel educativo (variables que influyen también en el desarrollo neuropsicológico). Si se me permite abrir un paréntesis, uno se sorprende siempre cuando ve su trabajo criticado en la red. Por ejemplo, en el Cannabis Café, puede leerse como primera reacción a la nota de prensa que se lanzó anunciando los resultados del estudio:

<<Esta clase de estudios pecan siempre de lo mismo. Estan hechos por personas que ya tienen claro lo que quieren demostrar. Unos hacen estudios para demostrar que son malas las drogas, y otros para demostrar que son inocuas. Un buen estudio seria por ejemplo, coger cien personas que toman ayahuasca, y cien personas que no toman. Que les hicieran un examen psicologos que no tuvieran ni idea de quien la toma ayahuasca y quien no, y comparar resultados. La psicologia es una ciencia muy flojita que depende mucho de la actitud del investigador para interpretar los datos.>>

Me pregunto por qué el autor de dicho post presupone que queríamos demostrar que la ayahuasca es inocua. Pero lo más cachondo de todo es que nos propone hacer un estudio con 100 sujetos, que es incluso una muestra más pequeña que la que finalmente utilizamos. El autor, sin embargo, acierta en eso de que se debería haber hecho sin saber quién toma y quién no. El problema es que cuando uno se mete en el interior de la selva a evaluar comunidades en las que todos toman, controlar este factor es imposible. Como criticar es fácil y gratuito, propongo al lector hacer el experimento mental de irse a Brasil, prácticamente de la nada infiltrarse en las iglesias ayahuasqueras, convencerles para participar en un estudio que en realidad a los ayahuasqueros se la suda y luego buscar controles dispuestos a trabajar un mínimo de 2 horas a cambio de nada. Para encima citarles a ciegas sin saber quién es quién. En los mundos de yupi quizás este estudio es posible. En un estudio de tipo naturalista, la verdad… Pero es que aún hay más, porque otro forero dice:

<<Interesante que se reafirmen los estudios. Este trabajo ya lo realizó Schultes, Groff y demás con consumidores de mas de 50 años de Peyote, Coleo, Ryvea corymbosa, ayahuasca... hace ya casi 50 años :S. Esta bien que con los nuevos medios y avances en medicina y psicología, lo puedan seguir confirmando.>>

Aparte de que personalmente no conozco a nadie con el nombre de Groff (hay un Grof, pero no tengo constancia de que nunca haya hecho estudios de ese tipo, y creo haber leído casi todo sobre él; lo mismo respecto a Schultes, por cierto), es fascinante cómo de la nada aparecen estudios que nunca se han hecho. Cada loco con su tema.

Cuando un forero le dice a otro que antes de criticar el estudio se tome la molestia de leerlo, este va y le suelta: <<Menudo tocho, es mucho mejor leer vuestras sabias opiniones>>. Sin comentarios.

Está también el que se pregunta por la metodología, habiendo en el artículo original toda una sección llamada “Methodology”. Y cuando por fin un forero comenta que precisamente el artículo está publicado en una revista de libre acceso que permite los comentarios de terceros, el increpante en cuestión se “lleva mal con la tecnología” y decide callarse.

Me he perdido. No sé si estaba comentando el último artículo científico sobre los efectos a largo plazo del uso de alucinógenos, sobre los entresijos de la ciencia drogabusológica, o de las insensateces que vierten los listillos de la red. Llegados a este punto, como el artículo lo puede leer cualquiera que quiera apretar un click, me quedaré aquí. Bueno, antes decir que no encontramos signos de neurotoxicidad a largo plazo del uso de alucinógenos, lo cual no convierte a estas sustancias en productos inocuos. Se han documentado casos de personas que han sufrido brotes psicóticos que han necesitado de tratamiento continuado en el tiempo para poder recuperarse y volver a la normalidad. También es cierto que se han recuperado bien. Así que ni la ayahuasca en particular, ni los alucinógenos en general, parecen ser tóxicos para el cerebro. Un estudio con técnicas más sofisticadas de neuroimagen debería definitivamente confirmar esto. Y como este estudio también lo hemos hecho, cuando tengamos analizados los datos los explicaré aquí.

Mientras, la otra conclusión, la que se deriva de los garbeos puntuales que me doy por la red, es que, para lo que no parece que sirvan los alucinógenos, es para curar la estupidez humana. Como humanos, nacemos con nuestras taras y mira, los alucinógenos, el cannabis u otras drogas, por lo que uno puede ver, no sirven para corregirlas, al menos si estas taras tienen que ver con la falta de intelecto. Seguiremos informando.

 

Cannabinoides sintéticos (VII): El fenómeno spice (II)

Por el Dr. Fernando Caudevilla

              En 2007 se detectó por primera vez la presencia de cannabinoides sintéticos en mezclas herbales que se venden a través de Internet como inciensos o productos de coleccionismo. Desde entonces la difusión de estas sustancias ha crecido, en parte por la promoción de los medios de comunicación. En este último número de la serie dedicada a estas sustancias analizaremos la evolución reciente sobre estas drogas y sus riesgos para la salud.

              Desde el año 2009, la detección de cannabinoides sintéticos se ha multiplicado tanto en Europa como en el resto del mundo. En nuestro continente, equipos de investigación en Holanda, Francia, Finlandia, Reino Unido u Alemania han comunicado el hallazgo de estas sustancias en mezclas de productos herbales, más conocidos como Spice Drugs. En Estados Unidos, Japón, Canadá o Thailandia estas drogas también han sido detectadas. En España, el equipo de investigación de la ONG Energy Control ha confirmado la presencia de estas sustancias en nuestro país en un artículo de investigación pendiente de publicación en el momento actual. Teniendo en cuenta que Internet es su vía de difusión no es extraño que puedan detectarse en cualquier lugar del globo, aunque en países como Japón pueden encontrarse en grow-shops e incluso en máquinas expendedoras.

              Aunque no existen evidencias claras al respecto, la mayoría de las fuentes señalan que los compuestos se sintetizan originalmente en laboratorios chinos o de otros países del Sudeste Asiático. Los procesos de síntesis de estas sustancias son relativamente complicados, pero teniendo en cuenta que son activos en dosis muy pequeñas, la rentabilidad del producto es muy elevada. Los cannabinoides sintéticos son adquiridos por los productores de Spice, quienes añaden estas potentes sustancias a las mezclas herbales que, después, son comercializadas a través de Internet.

              De forma simultánea, los medios de comunicación han ido dando publicidad a un fenómeno que, en un principio, estaba limitado a unos pocos usuarios. Es evidente que la función de los medios es informar, pero en los asuntos relacionados con drogas, muchas veces da la sensación de que realizan una función de difusión o promoción más que simplemente informativa. Lo excepcional o anecdótico suele presentarse como algo generalizado, o, directamente, como “la última moda en drogas”. A finales de 2006, cuando ni siquiera se había confirmado la presencia de cannabinoides sintéticos y los productos Spice eran una rareza incluso en círculos restringidos, el periódico británico The Independent publicaba un amplio reportaje titulado “Los consumidores de setas mágicas cambian sus hábitos para colocarse sin romper la ley”. En el artículo se exponían de forma detallada cuales eran los psicoactivos legales disponibles en aquel momento y su forma de adquirirlos. Entre 2006 y 2009, otro periódico inglés, The Guardian, ha publicado al menos cuatro grandes artículos dedicados al Spice, insistiendo en aspectos como su legalidad, la facilidad de acceso, novedad…

Otras noticias en prensa han destacado el hecho de que los cannabinoides sintéticos no pueden ser detectados en orina. Uno de los inconvenientes del cannabis es que sus metabolitos se depositan en las grasas del organismo y pueden detectarse en la orina de consumidores durante semanas. Los métodos de detección son cada vez más sensibles y en los últimos años se han detectado tests que pueden encontrar restos varios meses después de un consumo ocasional de hachís o marihuana. Éste sería el motivo por el que algunos jóvenes preferirían la marihuana sintética (así se refieren al producto en el Financial Times, New York Times o la CNN entre otros) y su uso en la Academia Naval Norteamericana. De hecho una investigación interna revelada por el Washington Post a principios de 2011 dio lugar a la expulsión de 7 marines de la Academia por este motivo. La noticia fue ampliamente difundida por los principales medios de comunicación escrita, radios y televisiones de nuestro país.

La desinformación y el sensacionalismo llegan al extremo en casos como el del reciente ataque caníbal de Miami, en los que se ha mencionado a los cannabinoides sintéticos, no relacionados con este caso. El pasado mes de Mayo, un hombre atacó a otro bajo los efectos de una nueva droga sintética (MDPV, metilendioxipirovalerona) comiéndose parte de su nariz, pómulo y globo ocular hasta ser abatido a tiros por la policía. De la misma forma que los cannabinoides sintéticos se comercializan como inciensos o mezclas de hierbas, la MDPV se comercializa como sales de baño. Esto ha dado lugar a cientos de noticias sobre “unas sales de baño que convierten a la gente en zombis” o “la droga caníbal”. Por supuesto en los medios no aparece ninguna reflexión sobre las características del agresor, su pauta de consumo o los riesgos (reales) de las nuevas drogas sintéticas. Y en esta ensalada de sensacionalismo aparecen con frecuencia referencias al Spice.

Recapitulando: según los medios existe una marihuana sintética (nombre desde luego acertado a nivel de marketing, al estilo de drogas de diseño) que se puede adquirir a través de Internet de forma sencilla y es la última moda en drogas. Además no deja rastros en orina en el caso de alguien quiera investigar el consumo y es legal. Con todos estos elementos es razonable pensar que su difusión sea sencilla.

La respuesta a nivel legal no se ha hecho esperar. Ni los ingredientes herbales ni los cannabinoides sintéticos están cubiertos por las Convenciones de Naciones Unidas de 1961 y 1971. Técnicamente no son drogas ilegales ni prohibidas. Pero a raíz de los hallazgos de laboratorio se han comenzado a articular leyes nacionales destinadas a prohibir las sustancias detectadas. En Austria y Alemania, desde Enero de 2009 está prohibido “comercializar e importar mezclas herbales que contengan JWH-018” . En Francia, en Febrero de 2009 se prohibieron el JWH-018, HU-210 y CP 47,497. Luxemburgo, Suiza, Lituania o Estonia han promulgado leyes parecidas durante 2009 y 2010 que cubren, además de los mencionados, al JWH-073 y al JWH-017. Hungría, por su parte, ha decidido prohibir “la distribución de mezclas herbales llamadas Spice Gold, Spice Diamond, Scence y cualquier otro producto que contenga las mismas mezclas herbales”.

Desde hace casi cien años sabemos que la prohibición de una droga no consigue su desaparición del mercado y da lugar a más efectos negativos que positivos. Tomemos el ejemplo de la cocaína. Es una planta que únicamente crece en una zona geográfica muy determinada del globo (zonas tropicales de Colombia, Bolivia, Ecuador y Perú). Las restricciones legales durante décadas, las fortunas derrochadas en prevención, esfuerzos militares, políticos y de todo tipo no han conseguido que cualquiera pueda comprar una bolsita con clorhidrato de cocaína en las plazas o los poblados de Madrid, San Francisco o El Cairo. Los precios son elevados, pero en Europa no se han modificado en los últimos diez años, lo que sugiere que la oferta cubre de sobra la demanda. Eso sí, las posibilidades de fraude, adulteración y su vinculación directa con el mercado negro hace que los problemas sanitarios y sociales sean mucho mayores del mal que se pretende evitar con la ineficaz prohibición.

Teniendo en cuenta que en la familia JWH existen más de 450 cannabinoides sintéticos, la eficacia de la prohibición de uno, dos o diez compuestos, o la de prohibir compuestos que se llamen “Spice” es nula. Basta con cambiar el nombre comercial y los cannabinoides sintéticos añadidos. Por otra parte, los foros de Internet de químicos amateurs bullen de actividad de profesionales que describen las rutas de síntesis de nuevas sustancias que actúan sobre los receptores de cannabinoides pero que jamás han sido probados en animales de experimentación o humanos.

Y esto es exactamente lo que está sucediendo en este momento. Ante la inconveniencia de utilizar el nombre “Spice”, los productores inventan otros como “Oro”, “Head trip”, “Mystic incense” o “Herbal High!” y sustituyen las hierbas por otras. En lugar de utilizar los cannabinoides prohibidos (básicamente el JWH-018, JWH-073, HU-210 y CP 47,497) añaden otros distintos como el JWH-019, JWH-081 y JWH-250). En los últimos resultados de análisis, se observa que muchas veces las muestras no contienen uno, sino mezclas de dos o tres cannabinoides distintos. Incluso un mismo producto comercial puede contener sustancias diferentes según cuando ha sido comprado.

Por ejemplo, el JWH-250 es un agonista de los receptores CB-1 y CB-2, varias veces más potente que el THC. Su estructura es completamente distinta al de otros cannabinoides sintéticos y ya se han descrito algunas modificaciones (cambiando un carbono en posición 2 por un grupo metilo, cloro o bromo) que darían lugar a variantes aún mucho más potentes. El AM-2201 ha sido detectado en algunas muestras de Estados Unidos y se sabe que produce vómitos, ataques de pánico o convulsiones a dosis entre 500 microgramos y 2 miligramos. El JWH-203, también detectado ya en algunas muestras, es el cannabinoide que, en estudios in-vitro, se une con mayor afinidad a los receptores.

Los mayores riesgos probablemente tienen que ver con el sistema inmunológico y los problemas psiquiátricos. Se sabe que el cannabis tiene un efecto inmunomodulador, pero no existen evidencias de que deprima o altere de forma significativa el sistema inmune de los humanos. Algunos estudios muestran incluso que el uso de marihuana no tiene un impacto significativo en este sentido. Pero algunos cannabinoides sintéticos activan los receptores CB-2 (responsables de los efectos inmunológicos) de forma mucho más potente o distinta a como lo hacen los principios activos de la planta. Y la manipulación de los mecanismos inmunológicos del organismo puede tener efectos muy importantes, ya que este sistema regula entre otras funciones la defensa del organismo frente a agentes externos, las alergias, las enfermedades autoinmunes o el control sobre las células tumorales.

Por otra parte, la planta del cannabis tiene de forma natural un cannabinoide llamado CBD (cannabidiol) que atenúa los efectos psicológicos negativos del THC. De hecho el CBD parece ser un potente antipsicótico que está comenzando a estudiarse por sus potenciales aplicaciones en el tratamiento de la esquizofrenia y otras enfermedades mentales. Las marihuanas con alto contenido en CBD son más sedantes en comparación con aquellas que contienen altas dosis de THC, en las que predominan los efectos psicodélicos. Pero incluso dosis bajas de CBD parecen tener un efecto significativo como protectores a nivel psicológico o psiquiátrico en el uso de la planta del cannabis. Los cannabinoides sintéticos, por el contrario, activan los receptores CB-1 de forma mucho más potente que la planta sin otras moléculas que atenúen este efecto, por lo que muchos autores creen que su potencial para producir experiencias negativas de tipo mental es más elevado. Algunos datos procedentes de los Servicios de Urgencias que atienden a personas que han consumido Spice parecen corroborar esta hipótesis.

En definitiva, el panorama sobre estas sustancias es sombrío. La irresponsabilidad de unos productores sólo preocupados del beneficio económico y la ceguera de las autoridades antidroga son una combinación muy peligrosa. Las personas que compran este tipo de sustancias peligrosas lo hacen desde el desconocimiento. Y buscan una experiencia que podrían obtener de una forma más segura utilizando la planta del cannabis, cuyos riesgos y peligros son mucho menores al de los productos Spice. Un argumento más para comenzar a plantear una regularización de esta planta, que lleva ya muchas décadas de retraso.

 

Ketamina: aplicaciones médicas

Me pregunto qué respondería un veterinario si se le pregustara qué es la ketamina. Me pregunto, sobre todo, si sabría que, aparte de ser un fármaco utilizado profusamente en su práctica profesional cotidiana en el caso de que sea veterinario cirujano, también sabría que es un fármaco de amplio uso en medicina, sobre todo como anestésico en niños y ancianos para realizar operaciones, pues es un fármaco fisiológicamente muy seguro, ya que no deprime el sistema cardiorespiratorio. Pero también en el tratamiento del dolor crónico, por su perfil analgésico a dosis subanestésicas. De hecho, la ketamina es un fármaco muy versátil. Tanto, que hasta tiene propiedades recreativas. Ya lo decía Eduardo Hidalgo en su libro titulado “ketamina”[1]: los efectos que los médicos consideran que son secundarios del tratamiento con ketamina son precisamente los buscados por los usuarios recreativos.

Sea como fuere, la ketamina es un fármaco altamente interesante. Neurofarmacológicamente, actúa uniéndose a unos receptores cerebrales que se llaman NMDA (N-Metil-D-Aspartato). Los receptores NMDA normalmente se activan cuando nos encontramos en situaciones de alerta o cuando estamos realizando actividades intelectuales altamente demandante. En esos momentos, se está liberando un neurotransmisor llamado glutamato en nuestra corteza cerebral. El glutamato es el principal neurotransmisor excitatorio de la corteza cerebral, lo cual quiere decir que cuando nuestro cerebro necesita realizar tareas que requieren estar atentos para que se establezcan aprendizajes. Estos aprendizajes se consolidan en las sinapsis de los receptores NMDA, que son los espacios que hay entre neuronas por donde transitan los neurotransmisores para acoplarse a los receptores y así transmitir la información que contienen en codificada químicamente.

La cosa es que cuando el glutamato se libera en exceso puede resultar neurotóxico. Se desconocen las causas, pero cuando se produce un accidente cerebral ocurre una liberación masiva de glutamato en el cerebro. Este exceso de glutamato ataca a las neuronas, matándolas, en un proceso que se llama excitotoxicidad. Uno de los usos más interesantes precisamente que tiene la ketamina es administrarla en estos casos de traumatismos cerebrales para evitar la neurotoxicidad. Como la ketamina se acopla a los receptores NMDA, evita que lo haga el glutamato, previniendo entonces la excitotoxicidad por glutamato.

El efecto psicológico de la ketamina tiene que ver también, precisamente, con su ocupación de los receptores NMDA impidiendo la acción del glutamato. La ketamina, a dosis medias altas por debajo del umbral de la anestesia, induce un efecto psicológico de tipo disociativo. Apenas se sienten emociones pero a la vez, al sentirse anestesiado el cuerpo hay algo que se escapa y viaja sin estar conectado a él.

Hay quien ha equiparado las experiencias con ketamina con experiencias cercanas a la muerte (ECM). Se trata de situaciones en las que se ha producido una muerte clínica pero que, bien por razones desconocidas, bien porque han sido activamente resucitadas, han “vuelto” a la vida después de haberse transportado a otro espacio aparentemente muy tranquilo y acogedor, iluminado por luz blanca, en el que se les aparecieron seres queridos fallecidos que les daban la bienvenida y que, estando en un estado de felicidad plena, en un momento dado una voz les invita a “volver”, siendo entonces expulsados de dicho espacio y volviendo al cuerpo. Algunas personas manifiestan haber visto desde el techo del quirófano cómo los médicos manipulaban su cuerpo, o atravesar paisajes dejando atrás su cuerpo. Algunas personas, cuando vuelven de estas ECM, parece que vuelven “renovados”, habiéndose producido, fruto de esa experiencia, ciertos cambios positivos en su personalidad, como una mayor despreocupación de los valores materiales de la vida o un mayor interés y entrega en los demás.

De nuevo, se desconoce qué puede estar ocurriendo en el cerebro de una persona que está experimentando una ECM. Lo que se sabe es que seguramente se esté liberando glutamato, ya que el glutamato, como se ha explicado, es el responsable de la muerte neuronal por excitotoxicidad cuando se produce un evento cerebralmente traumático, como puede ser el derivado de haberse dado un fuerte golpe, de haberse producido un ahogamiento o de las alteraciones cerebrales producidas por un infarto de miocardio.

El psiquiatra Karl Jansen[2] ha especulado acerca de la posibilidad de que, en los casos en los que se ha producido una ECM, se libere una sustancia endógena que se acople a los receptores NDMA en lugar del glutamato, previniendo así la muerte neuronal y haciendo que la persona no muera pero a cambio de atravesar por una experiencia psicológicamente peculiar. Esta hipótesis la basa precisamente en la eventual similitud de los dos tipos de experiencias: las experiencias con ketamina y las ECM. Las experiencias con ketamina efectivamente producen una disociación en la que, como se ha dicho, la mente parece separarse del cuerpo y hay personas que manifiestan ver la habitación desde el techo en el que se está produciendo la sesión e incluso verse así mismo y a los demás desde arriba. Hay incluso quien comenta que a veces se ve solamente a los otros que también han tomado ketamina, pero no otra sustancia. Por nuestra parte, hace años pasamos a consumidores de ketamina una versión en castellano de un cuestionario desarrollado por Bruce Greyson, uno de los mayores expertos en ECMs, que evalúa precisamente la ocurrencia y magnitud de ECM. La idea era corroborar la hipótesis de si las experiencias con ketamina y las ECM efectivamente comparten similitudes. La Escala de ECM mide 3 componentes diferentes de las ECM: un componente cognitivo con ítems como “¿el tiempo trascurría más deprisa?” o “¿reviviste escenas del pasado?”; un componente afectivo con ítems como “¿tuviste un sentimiento de paz y placer?” o “¿sentiste una sensación de armonía o unidad con el universo?”; un componente paranormal con ítems como “eran tus sentidos más vívidos de lo habitual?” o “¿se te aparecieron escenas de tu futuro?”; y por último un componente trascendental, con ítems como “te pareció encontrarte con un ser o presencia mística” o “llegaste a una frontera o punto de no retorno”? Pero no todo el que atraviesa una ECM vuelve tan renovado como se comenta en los programas populares de parapsicología. Existe alrededor de un 15% de personas que atraviesan una ECM, que, lejos de parecerles una experiencia transformadora, les resulta algo aterrador pudiendo “volver”, de alguna manera, traumatizadas. Para comprobar si la ketamina también podría tener este efecto secundario como consecuencia de haber atravesado por una ECM autoinducida por ketamina, también administramos a los voluntarios un cuestionario para evaluar la ocurrencia e intensidad de eventuales síntomas postraumáticos secundarios a la experiencia con ketamina. Utilizamos un cuestionario llamado IES (Escala de Impactos Vitales), que evalúa diferentes dimensiones de experiencias postraumáticas ocurridas durante los 7 días siguientes a la la ocurrencia de la experiencia: pensamientos intrusivos (con ítems como “pensaba en ello aún cuando no quería” o “Imágenes de la experiencia asaltaban mi mente”); conductas evitativas (con ítems como “me mantenía lejos de cualquier cosa que me recordara la experiencia” o “intentaba no pensar en la experiencia”; e hiperactivación fisiológica (con ítems como “me sentía irritable y enojado” o “me sobresaltaba y asustaba fácilmente”).

Si bien aún no hemos publicado los resultados definitivos de este estudio, podemos adelantar que, efectivamente, y sobre todo para las dosis altas, los sujetos puntuaron en las escalas tanto de la Escala de ECM como en la IES. Cuanta más alta era la dosis además mayor era la probabilidad de ocurrencia de ambos fenómenos. Si bien aún no disponemos de los resultados definitivos de este estudio, alrededor también de un 15% de los participantes refirió síntomas postraumáticos evidenciados en el IES como consecuencia de la experiencia de ECM con ketamina.

Este curioso efecto de la ketamina para inducir ECM, ha sido utilizado en Rusia durante muchos años en el tratamiento de la adicción a la heroína y a otras drogas dentro de un programa de tratamiento llamado “terapia psiquedélica asistida con ketamina) (KPT; del inglés Ketamine Psiquedelic Therapy). En estos programas de tratamiento se llegaron a tratar a más de mil pacientes. Recientemente se ha publicado un artículo científico en el que se ha calculado el índice de eficacia de los diferentes estudios realizados en Rusia arrojando la impresionante cifra tras la administración de ketamina a heroinómanos de: 86% de abstinencia de abstinencia durante le primer mes tras la administración (frente al 54% de abstinencia del grupo de control); 37% de abstinencia a los 6 meses (frente al 17%); 25% de abstinencia a los 12 meses (frente al 5%); y 18% de abstinencia para el grupo al que se le administró ketamina durante los 24 meses posteriores a la administración de ketamina (frente al 2% alcanzado por el grupo de control)[3]. Las diferencias entre ambos grupos se mostraron para cada momento de medición estadísticamente significativas. La inclusión en la lista 1 de la le ketamina en Rusia hace unos años ha interrumpido este prometedor programa de tratamiento de las toxicomanías, a pesar de la alta tasa de éxito encontrado si la comparamos con tratamientos más convencionales.

En el curso de estos programas se combinaba terapia verbal con terapia “psiquedélica”. Normalmente, se tenían entrevistas con los pacientes mediante terapias verbales convencionales, se les preparaba para la experiencia y, tras 2 ó 3 sesiones de terapia verbal, se les administraba, en un contexto seguro, una inyección intravenosa de ketamina. El modelo de terapia es parecido al de Stan Grof, esto es, a los pacientes se les ponía un antifaz en la cara para evitar estimulación sensorial visual y, por medio de auriculares, se les ponía un programa de música que les acompañaba y guiaba durante la experiencia. Una vez que los pacientes se encontraban fuera de los efectos de la ketamina, había un poco de terapia verbal de integración y lo mismo durante 2 ó 3 sesiones previas. Los programas jugaban con administraciones de una única dosis, o de hasta 3 dosis a lo largo del tratamiento, así como con dosis altas y dosis bajas. Lo más eficaz pareció demostrarse la ocurrencia de 3 sesiones con dosis altas de ketamina y, en cualquier caso, mejor una única dosis altas que 3 bajas. Las dosis habituales eran de unos 125 mg, intravenoso.

Pero aquí no se agotan las propiedades médicas de la ketamina en la especialidad de psiquiatría. Recientemente se ha realizado un descubrimiento asombroso en relación con las propiedades terapéuticas de la ketamina. La ketamina se está comportando como un fármaco excelente y único para el tratamiento de la depresión mayor, la versión más grave, más irreversible y de más difícil tratamiento de todo el espectro de problemas depresivos. Una dosis única intravenosa única de ketamina de unos 0,5 mg/kg ha demostrado revertir la depresión mayor resistente en los estudios realizados hasta la fecha. También ha demostrado reducir la ideación suicida en pacientes deprimidos con ideación suicida y, por último y muy recientemente, ha demostrado revertir las fases depresivas en personas con trastorno bipolar. Los efectos de una sola dosis se han prolongado hasta 7 días en el tiempo. Se desconoce el mecanismo exacto por el que puedes estar ocurriendo este fenómeno. A diferencia de lo ocurrido con pacientes heroinómanos, a los pacientes depresivos no se les hace psicoterapia, ni se les trata de inducir una ECM. Simplemente se les monitoriza y se les presta apoyo psicológico, pero nada más. Además la inyección se hace lentamente, durante unos 40 minutos, para que no se alcancen de golpe altos efectos que puedan asustar a la persona, haciendo así la experiencia más manejable. La escasa investigación animal que hay hoy día disponible para explicar este efecto específico de la ketamina sobre la depresión parece que debe responder a que las conexiones sinápticas parecen estar atrofiadas en las personas con depresión, de ahí que su sistema nervioso funciones desadaptativamente. Tras la inyección de ketamina se observa que las neuronas se recuperan tras la inyección con ketamina, cosa que no ocurre con el placebo. El hecho de no disponer hasta ahora de un tratamiento rápido y eficaz para el tratamiento de la depresión hará sin duda de la ketamina el fármaco de elección a utilizar en el futuro si los resultados de los ensayos clínicos siguen arrojando los resultados espectaculares que están mostrando hoy día.

4. http://painmuse.org/?p=1741

 [1] Hidalgo E. Ketamina. Madrid: Amargord, 2008.

[2] Jansen K. Ketamine. Dreams and realities. Sarasota, FL: MAPS, 2001.

[3] http://www.primarypsychiatry.com/aspx/articledetail.aspx?articleid=1723

 

 

El CBD no es una moda, es salud

Las modas pasan, pero el CBD ha venido para quedarse. De hecho, el cannabis se ha utilizado durante miles de años con distintos fines, en especial, fines medicinales. Para que os hagáis una idea, la primera mención del consumo de cannabis data del 2300 ac, en un libro chino llamado Shu King. Lo utilizaban tanto para fabricar cuerdas y prendas de vestir, como para tratar el reumatismo y los fuertes dolores menstruales. La polivalencia de esta planta no es ninguna novedad.

Aunque es evidente que en estos momentos el CBD está viviendo uno de sus momentos de máximo esplendor, queremos pensar que esto es debido a que, por fin, y después de muchos años, comienza a haber información clara y concisa acerca de este componente del cannabis. El aumento de estudios que constatan y confirman los beneficios de este componente, y la publicación de los mismos, han ayudado, sin duda, a confirmar lo que muchos y muchas ya sospechábamos: el CBD contiene múltiples beneficios para la salud.

El CBD o cannabidiol es un cannabinoide que se encuentra en la planta del cannabis. Es el componente más estudiado, con mayor potencial terapeútico y que mejor es absorbido por nuestro sistema. Los responsables de esta absorción son los receptores cannabinoides que se encuentran en las células de todo el cuerpo humano, especialmente en el cerebro y en el sistema inmune. El consumo de CBD provoca que los receptores cannabinoides se activen y se enlacen en la superficie de las células, dando lugar a un sistema endocannabinoide más activo y saludable.

Y, ahora, te preguntarás ¿qué es y para qué sirve el sistema endocannabinoide? Aunque es un sistema fascinantemente complejo, podríamos resumir que este sistema está implicado en una gran variedad de procesos fisiológicos como, por ejemplo, la regulación de la percepción del dolor, así como también las funciones cardiovasculares, gastrointestinales y hepáticas.

Pero ahora, vamos a hablar de realidades ¿en qué me puede ayudar el CBD? Las aplicaciones medicinales de esta sustancia son múltiples y poco conocidas. Científicamente, se ha comprobado que reduce y previene la inflamación y la náusea, diabetes, insomnio, trastorno de estrés postraumático, esquizofrenia, artritis reumatoide, enfermedades cardiovasculares, antipsicótico, ansiolítico, e incluso analgésico, contra los dolores neuropáticos y por espasmos musculares, que tradicionalmente resultan más difíciles de tratar con otras medicinas, incluso farmacéuticamente. También es un potente tratamiento para la epilepsia, la esclerosis múltiple, así como también para combatir la pérdida de apetito. Además, al contrario que el THC, el CBD no es una sustancia psicoactiva, por el contrario, tiene efectos sedantes y calmantes. ¿Increíble, verdad?

En ocasiones, puedo ver el futuro y sé que tu próxima pregunta es ¿dónde puedo encontrar productos de este tipo? Existen varias empresas que se han lanzado a la aventura del CBD pero pocas consiguen satisfacer los niveles de exigencia de los consumidores. Para mí, sin duda, la joya de la corona es The Tree CBD. Una empresa joven de Barcelona cuyos productos superan, con creces, las expectativas de cualquier persona que sepa diferenciar entre productos de media calidad y de alta calidad. Tanto en el sabor como en el aroma de sus contundentes cogollos, se puede apreciar el cuidado de cultivo de interior, monitoreado exhaustivamente y en el que se han creado condiciones óptimas para la obtención de un producto premium. Con menos de un 0.2% de THC en todas sus variedades, los productos de The Tree CBD son procedentes de cultivo orgánico. Para los amantes del vaporizador y los sabores fuertes, os recomiendo sin duda sus variedades de Amnesia y Gelato. Si te decantas por sabores más suaves y cítricos sin duda la Strawberry será tu preferida.

Si no eres fan del vaporizador, el aceite de CBD de The Tree CBD puede ser una buena solución para ti. De aplicación sublingual, este aceite full spectrum puede ayudarte a conciliar el sueño y, por consiguiente, disfrutar de un descanso más reparador, bastante difícil de conseguir en etapas de estrés o preocupaciones. Es también muy eficaz contra el dolor y puede ser una alternativa a los analgésicos. Entre sus aplicaciones demostradas, monitorizadas por un profesional y en dosis específicas, está demostrado que mejora la calidad de vida de personas que sufren parkinson y epilepsia.

Como podéis ver no es necesario recurrir a fármacos adictivos y con efectos secundarios nocivos. La naturaleza es sabia y nos provee de todo aquello que necesitamos para nuestra salud y bienestar ¿por qué no aprovecharlo?

Jess Verywell

Activista y cultivadora

 

Cannabinoides sintéticos (VI): El fenómeno spice

En el número anterior describimos algunas de las novedades en el mercado recreativo de drogas a través de Internet y cómo los cannabinoides sintéticos han ido abriéndose hueco en este negocio, pese a tratarse de sustancias potencialmente mucho más peligrosas que la planta del cannabis. En los medios de comunicación general, los cannabinoides sintéticos han sido conocidos como spice.

Por el Dr. Fernando Caudevilla

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A partir de 2008 comenzaron a presentarse en distintos hospitales europeos casos de pacientes con alucinaciones visuales graves, ansiedad y otros síntomas físicos después de haber fumado mezclas de hierbas que habían adquirido a través de Internet. Algunos de los síntomas que presentaban los pacientes (ojos rojos, lentitud de pensamiento, cambios en la tensión y frecuencia cardiaca…) eran parecidos a los que aparecen en la intoxicación por cannabis. Muchos de los afectados decían que los efectos eran parecidos a los del cannabis pero mucho más potentes o duraderos. Veamos algunos comentarios de usuarios de estas sustancias en Erowid.org:

              “Aún tenía la pipa en mi mano. “Mierda. ¿Dónde pongo esto ahora?”, pensé. Dejar la pipa en el suelo se hizo un esfuerzo sobrehumano. Y todo empezó a volverse extraño. No recuerdo cómo acabé allí, pero de repente estaba en el suelo, sin recordar exactamente cómo había llegado. En mi cabeza se agolpaban visuales increíblemente desagradables. Estaba siendo transportado a través de diferentes realidades, experimentando cómo podría ser el mundo. Fue horroroso. Progresivamente iba entrando en realidades cada vez peores hasta llegar al punto donde se supone que va la gente que muere. Pensaba que sería un lugar de paz, o al menos sin sentimientos. Pero era un lugar de lucha, tristeza y terror. Intentaba comprender lo que estaba sintiendo y todo lo que recibía eran oleadas de emociones desagradables procedentes de gente de todo el mundo” (JTHebert. "Casual User's First Bad Trip: experience with Products - Spice and Synthetic Cannabinoids (ID 91960)". Erowid.org. Jan 3, 2012. erowid.org/exp/91960)

              “Estuve usándolo desde junio a octubre de 2009 hasta aquella noche terrible. Comenzé a sentir el latido de mi corazón a través de los vasos sanguíneos cerca de mis oídos. Me quedé sordo de forma temporal sin poder oír hablar a mis amigos. Sólo un latido persistente que se iba haciendo cada vez más rápido e intenso. Todo lo que podía hacer era quedarme quieto en la cama y pedirle a Dios que no me llevara. Padecí una ansiedad extrema que nunca he sentido con otras drogas (setas, ácido, marihuana, anfetaminas, éxtasis…y la lista sigue…). Desde entonces tengo una aversión incontrolable hacia la marihuana, que me produce una paranoia incontrolable que yo compararía a la esquizofrenia”. (TrustGod. "Thank God My Heart Still Works: experience with Products - Spice and Synthetic Cannabinoids ('Happy Shaman') (ID 87022)". Erowid.org. Sep 8, 2010. erowid.org/exp/87022)

              “Creo que estaba en un estado de semiinconsciencia. Podía oír las voces de la gente a mi alrededor pero no podía controlar mis sentidos. Mis patrones de pensamiento se volvieron repetitivos, escuchando las mismas frases una y otra vez. Escuché llegar a una ambulancia. Seguía siendo incapaz de controlar los movimientos de mi cuerpo, ni siquiera de abrir los ojos. De repente se produjo el silencio. Había dejado de convulsionar y creía que estaba muriendo. Después me dijeron que estuve llorando, aunque no lo recuerdo. Pero esta fase de oscuridad terminó tan bruscamente como había comenzado y volví a las convulsiones y oír los mismos gritos repetidos. Fue, sin duda, el peor momento de mi vida. (Inoxia. "A Trip Worse Than Hell: experience with Spice and Synthetic Cannabinoids ('Bonzai') (ID 85005)". Erowid.org. Oct 13, 2010. erowid.org/exp/85005 )

Erowid.org es probablemente la fuente sobre drogas más seria y fiable de todas las disponibles en Internet. Es particularmente útil para aproximarse a drogas novedosas, sobre las que no existen muchos datos de investigación científica. Por eso la información disponible en sus trip-reports (relatos de experiencias en primera persona con psicoactivos) resulta interesante a la hora de aproximarse a nuevas sustancias.

Faltaríamos a la verdad si afirmáramos que toda la información disponible en erowid.org sobre estas mezclas herbales es negativa. Algunos usuarios refieren que producen efectos agradables, similares a los del cannabis. Otras personas (sobre todo en EE.UU.) destacan que las mezclas herbales resultan más accesibles que la marihuana. Pero llama la atención el número de trip-reports con títulos como “Colocón incontrolablemente largo”, “Torpedo extraño”, “Historia de terror”, “Sentimiento de muerte” o “Un viaje peor que el infierno”. Las experiencias negativas con este tipo de sustancias parecen frecuentes, impresión que se confirma si acudimos a buscar información en otras de las webs y foros clásicos sobre drogas (como Drugs-forum o Bluelight). En castellano también podemos encontrar referencias a los Spice products en los foros de webs como energycontrol.org o cannabiscafe.net, y las opiniones y experiencias negativas ganan por goleada a las positivas.

Así, desde mediados de 2006, se comercializan a través de Internet una serie de mezclas herbales que producen efectos psicoactivos muy potentes, aunque, de forma retrospectiva, pueden encontrarse en buscadores de Internet referencias fechadas desde 2004. Las marcas comerciales y formas de presentación de estos productos son variadas pero presentan algunas características comunes. Suelen venderse en sobres de papel metalizado, con un contenido de entre 2 y 5 gramos. La tipografía del las etiquetas y las imágenes suelen evocar motivos, colores o imágenes de la cultura psicodélica o cannábica (en forma de fractales, hojas de cannabis, smilyies…). Los envoltorios indican que se trata de mezclas exóticas de incienso o aromas que no son aptos para ser consumidos por humanos, aunque la apariencia del producto invita a ello. En un principio la marca más conocida de estos productos fue Spice (con distintas variedades como Spice Silver, Spice Gold, Spice Egypt, Spice Tropical….) pero pronto aparecieron productos muy similares bajo otros nombres comerciales (Yucatan Fire, ChillX, Blue Lotus, Aroma, Scope, Genie, Gallaxy Gold…). Algunas marcas (AK47, Skunk…) son idénticas en su denominación a algunas variedades comerciales conocidas de marihuana.

Hasta el año 2008 las noticias sobre los efectos de estos productos procedían exclusivamente de los relatos de las personas que los habían adquirido a través de Internet, así como de algunos Servicios de Urgencias que habían atendido a pacientes intoxicados. Aunque los usuarios definían sus efectos como los de un “cannabis muy potente”, los resultados de analíticas de orina no detectaban la presencia de esta sustancia, ni a través de las técnicas convencionales ni utilizando los sistemas de análisis más avanzados.

Los envoltorios de los productos Spice suelen especificar las hierbas que supuestamente contienen. Algunas de las flores y plantas frecuentemente mencionadas son el haba de bahía (Canavalia rosea), Nenúfar blanco (Nymphaea alba), Nenúfar azul (Nymphaea caerulea), Gorro de enano (Scutellaria nana), Guerrero indio (Pedicularis densiflora), Oreja de león (Leonotis leonoru), Loto sagrado (Nelumbo nucifera)…El uso tradicional de muchas de estos vegetales, sobre todo en culturas tradicionales del contintente americano, incluyen propiedades medicinales y, en algunos casos, posiblemente efectos mentales. Algunas grow shops comercializan semillas de estas plantas pero ninguna de ella está fiscalizada, sus efectos psicoactivos no están demostrados desde un punto de vista científico y no parece razonable pensar que fumar una pequeña cantidad de hojas o flores secas pueda dar lugar a intoxicaciones tan graves como las que se habían descrito.

Durante los años 2007 y 2008 se comunicaron varias intoxicaciones graves en distintas partes de Europa (incluyendo dos cuadros psicóticos de semanas de duración, un intento de suicidio y varios casos de alucinaciones con taquicardia e hipertensión grave). Los sistemas de vigilancia epidemiológica de la Unión Europea sobre Nuevas Drogas funcionan razonablemente bien y la comunicación entre los Estados Miembros suele ser rápida y eficiente en estos aspectos. Así, varios equipos de investigación en Suecia, Alemania y Austria comenzaron a analizar de forma concienzuda los productos Spice en busca de su verdadera composición.

Analizar los componentes de una muestra en un laboratorio puede ser un trabajo muy complicado, sobre todo si no se sabe qué es lo que se está buscando. Para detectar una sustancia hay que compararla con los patrones (o modelos puros) de otras, y si la sustancia o sustancias son desconocidas el trabajo puede complicarse extraordinariamente. Los primeros resultados mostraron que las plantas a las que se hacía referencia en la composición del producto estaban presentes en proporciones muy variables, mezcladas con otros productos vegetales,o que incluso estaban ausentes o en cantidades insignificantes. Tampoco se encontró THC, CBD, CBN, otros compuestos de la planta del cannabis, ni por supuesto otros psicoactivos (triptaminas, derivados anfetamínicos, ketamina, salvinorina, cocaína…). Sólo llamaba la atención la presencia de vitamina E (tocoferol) en casi todas las muestras analizadas.

El hecho de que los productos vegetales que debían componer la muestra se encontraran en proporciones muy variables, incluso ausentes, descartaba de forma definitiva que éstos fueran los responsables de los efectos psicoactivos. Tampoco se había conseguido detectar ninguna de las drogas de uso habitual. Pero lo más extraño era la presencia de la vitamina E, ya que tiene funciones antioxidantes pero no produce efectos psicoactivos y se degrada al ser fumada. Estaba claro que al hallarse en casi todas las muestras y haber sido añadida de forma intencionada, tenía alguna relación importante con la clave del misterio.

Como se ve, en ocasiones la investigación científica se parece en algo a las novelas de detectives. Imaginemos un grano de arroz dentro de un bote de cristal. El grano es muy pequeño pero sería muy fácil encontrarlo si el bote estuviera vacío. Sin embargo, si ese frasco está lleno de algo que tenga un tamaño o forma parecido (por ejemplo, trigo o cebada) encontrar el grano de arroz será mucho más complicado. Si la vitamina E no estaba en las muestras para producir efectos psicoactivos, es probable que la hubieran colocado allí para enmascarar la presencia de otros compuestos con una estructura parecida y hacer más difícil su detección si alguien decidiera investigarlo. Elemental, querido Watson…

Con estas pistas el misterio estaba cerca de ser resuelto. La sustancia que producía los efectos psicoactivos guardaba relación con el cannabis pero no era ninguna de las moléculas de la planta, era muy potente (ya que era eficaz en poca cantidad) y estaba enmascarado con vitamina E. Casi de forma simultánea, en Diciembre de 2008 dos equipos alemanes comunicaron de forma independiente el hallazgo de cannabinoides sintéticos en muestras herbales de productos Spice. Por un lado, el equipo del Dr Auwärter detectó un homólogo del cannabinoide CP 47,497 llamado cannabiciclohexanol en una muestra de Spice Diamond. Otro laboratorio (THC-Pharm) descubrió un cannabinoide sintético llamado JWH-018 en varias muestras de Spice adquiridas a través de Internet.

El CP 47,497 es un cannabinoide sintético, agonista de los receptores CB1 que había sido desarrollado por el laboratorio farmacéutico Pfizer durante la década de 1980. Se estudió, sobre todo en animales, por sus propiedades analgésicas pero nunca había sido comercializado ni estudiado en humanos. El JWH-018 (pentilnaftolindol) es un agonista de los receptores CB1 y CB2 que se une a los receptores CB1 cinco veces más que las moléculas presentes de forma natural en el cannabis. Ha sido estudiado en ratas y tiene un par de experimentos en humanos en condiciones estrictas de laboratorio, pero nunca ha sido valorado en ensayos clínicos ni testado en grupos amplios de personas.

Así, hasta el año 2009, los datos en humanos en relación con el JWH-018 eran inexistentes. Pero poco después empezaron a recibirse los primeros informes sobre toxicidad en consumidores de Spice. En un artículo científico en alemán titulado “Dependencia y fenómenos de abstinencia tras el consumo de Spice Gold”, el equipo científico dirigido por el doctor Zimmermann describía el caso de un joven de 20 años que había llegado a consumir Spice Gold de forma diaria durante 8 meses. Tras varios sin consumir la sustancia, desarrolló una serie de trastornos (ansiedad extrema, hipertensión arterial, taquicardia…)durante varios días de forma mantenida, que disminuyeron progresivamente hasta desaparecer y que los autores consideraban indicativo de un síndrome de abstinencia.

Además de su acción sobre el sistema de los cannabinoides, el JWH-018 actúa inhibiendo otro sistema cerebral llamado GABA (Gamma-aminobutirato), lo que facilita la aparición de convulsiones. Sobre todo en personas con antecedentes y/o con poca experiencia con cannabis o cannabinoides, el JWH-018 facilita la aparición de convulsiones graves. Las experiencias desagradables con contenido psicótico (alucinaciones auditivas amenazadoras, sensación de sentirse perseguido, delirios…) o incluso la posibilidad de desencadenar un trastorno psicótico crónico parecen mucho más elevadas que con el cannabis. Incluso se han descrito un par de muertes muy probablemente relacionadas con JWH-018.

JWH-018 es un cannabinoide sintetizado en los años 70 del siglo pasado por John W Huffmann, un químico orgánico de la Universidad de Clemson. Huffman ha sintetizado durante su carrera científica más de 450 cannabinoides sintéticos. Muchas de sus investigaciones han estado financiadas por el NIDA (instituto oficial Antidroga estadounidense) en búsqueda de fármacos para tratar a los consumidores de cannabis. Irónicamente, unas décadas después algunas de sus investigaciones han encontrado un lugar en el nuevo mercado recreativo de las drogas.

En una entrevista en 2010, Huffman señalaba que tomar Spice “es como jugar a la ruleta rusa, porque no tenemos datos de toxicidad, no conocemos los metabolitos ni la forma con la que actúan en el cuerpo”. Y el doctor Huffman tiene toda la razón. El problema es que la imagen de la “ruleta rusa” es la misma que se viene manejando durante décadas para cualquier situación que tenga que ver con las drogas ilegales, independientemente de cuál sea su peligrosidad real. De esta forma los mensajes pierden credibilidad y se impide ver la diferencia entre las situaciones que implican riesgos graves (como es esta) y otras en las que los riesgos son remotos. Y es que además parece que, el problema de los cannabinoides sintéticos no ha hecho más que empezar, como veremos en la próxima entrega.

 

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