Cosmética vegana y cannabis

Desde que el mundo es mundo, el ser humano ha tenido gran avidez por la carne: tocarla, agarrarla, morderla. Hasta en el apasionado encuentro amoroso parece que los amantes quisieran devorar a su partener. Este deseo irrefrenable tiene su correlato en la alimentación; por algo existe el dicho “Dime qué comes y te diré quién eres”

Por Dra. Andrea Mindlin

La New Age y la tradición del cuidado de la salud

A mediados del siglo XX se puso de moda una corriente antropocentrista, la New Age o Nueva Era, procedente de la creencia astrológica de que el sol pasa un período de tiempo por cada signo del zodiaco, y según la cual ahora estaríamos en la Era de Acuario; el sol habría salido del signo de Piscis para entrar en el de Acuario. Ese paso traería aparejado grandes cambios sociales, relacionados con la paz y la prosperidad. Los adeptos de estas modernas creencias siguen una serie de premisas que requieren determinados cambios de hábitos, entre ellos la alimentación.

Ya el antiguo y sabio Maimónides (Córdoba 1135 - Fustat, Egipto 1204), médico, rabino y teólogo judío español medieval, además de exponer en sus escritos su visión aristotélica del judaísmo, confeccionó una guía para la salud, donde la principal fuente de la enfermedad era la manera incorrecta de liberar las toxinas del cuerpo. Evidentemente, se refería al sistema digestivo, cuyo correcto funcionamiento es la base de una buena salud. Estas premisas, donde la ausencia de enfermedad se alcanza a partir de una alimentación adecuada, de algún modo son comparables con las de la medicina china y la armonía necesaria entre sus cinco elementos principales (madera, fuego, agua, metal y aire), donde se logra mediante la ingesta de determinadas hierbas. Por otro lado, la medicina ayurvédica también centra el foco de la salud en el equilibrio entre los tres humores fundamentales (Vatta, Khapa, Pitta). El equilibrio entre ellos, en gran medida, es alcanzado por una alimentación acorde con el humor que predomina en cada persona.

La medicina alopática (término que alude a la medicina convencional) utiliza para curar remedios que producen un efecto contrario al que se quiere combatir y no hace demasiado hincapié en la alimentación, pues para sanar ya están los medicamentos.

Paradójicamente, tras la aparición de las nuevas tecnologías y la facilidad para acceder a la información que ha marcado el fin del siglo XX y el comienzo del siglo XXI, la humanidad parece necesitar algo que la conecte más con lo realmente humano y con la naturaleza. La brecha entre el saber del médico tradicional y la información del paciente se ha acortado, y lo que antes funcionaba ahora ya no.

Hay una tendencia general a que las personas den más importancia al cuidado de su salud, y no escapa a esta tendencia el cuidado de la piel. Donde se eligen productos naturales -que tengan poca cantidad o nada de derivados del petróleo dentro de ellos-, la manera de alimentarse ha empezado a formar parte de esta elección, ya que inteligentemente se ha empezado a prevenir antes que a curar.

La verdad es que para tener una piel lozana, tersa y fresca, así como para lograr el sempiterno deseo de no envejecer, lo fundamental es tener una buena alimentación. Y después, si aplicamos una u otra crema contribuiremos más o menos; pero lo que comemos, tomamos, amamos o dormimos, se refleja en la cara.

Los cambios en la forma de alimentarse

En concordancia con las sabidurías orientales, y otras ancestrales como la de Maimónides, hay un cambio sustancial en la manera de nutrirse. El cambio fundamental está dado por la supresión de las carnes. Según las distintas corrientes, se destierran del menú todo tipo de carnes, o bien se acepta sólo pescado. Lo cierto es que la carne, sobre todo la vacuna, es de difícil digestión; su tránsito por el intestino es muy lento, por lo que, si después se ingieren frutas, o lácteos, ambos verán obstaculizado su paso por el intestino, que es donde se termina de degradar los alimentos mediante la acción de las enzimas, para su posterior absorción. Si los alimentos están dentro del intestino un tiempo, prologado, empiezan a fermentar, comienzan a generar toxinas y radicales libres, que no son ni más ni menos que moléculas muy reactivas que se adhieren a otros compuestos, a los que pueden llegar a deteriorar. Tal es el caso del colágeno (fibras constitutivas de la piel) que dan el aspecto juvenil a la piel. Al adherirse los radicales libres, deterioran las fibras y las vuelven más laxas, lo que se va a traducir en las indeseables arrugas del rostro.

Muchas son las diversas tendencias que defienden la no ingestión de carne, con distintas variantes:

  • Lacto-vegetarianismo: son los vegetarianos que no consumen carnes ni huevos, pero sí productos lácteos.
  • Ovo-lacto-vegetarianismo: los practicantes de esta corriente consumen huevos y productos lácteos, pero no carne ni peces. Esta es la variación más común en nuestra cultura occidental.
  • Ovo-vegetarianismo: quienes practican esta tendencia son aquellos que no comen carnes ni productos lácteos, pero sí huevos.
  • Api-vegetarianismo: son quienes consumen miel.
  • Vegetarianismo estricto: es una alimentación que excluye todo producto de origen animal. Rechaza en consumo de los cadáveres de animales y el de huevos, lácteos y miel. Dentro de esta variedad de alimentación están los practicantes del veganismo (del inglés vegan).
  • Crudívoros, tendencia comúnmente conocida como raw food (“comida cruda”) en su denominación en inglés. Snismo

El veganismo es particularmente interesante por la filosofía que conlleva, además de abrir un mercado muy saludable dentro de la cosmética. Es la práctica o estilo de vida que consiste en abstenerse del consumo o uso de productos de origen animal. En el sentido más estricto, es una actitud ética caracterizada por el rechazo a la explotación de otros seres sensibles como mercancía, útiles o productos de consumo; por esto se considera que los veganos tienen una cosmovisión sensocentrista. En cuanto a la práctica colectiva, los sensocentristas consideran que la explotación de los animales debe ser abolida. Debe derogarse la condición de propiedad que actualmente tienen los animales no humanos y concederles, en su lugar, derechos animales que protejan sus intereses básicos. En este sentido, se puede afirmar que el veganismo es un movimiento abolicionista, pues no tiene como objetivo una mejora en las condiciones de vida de los animales explotados, como pide el bienestarismo, sino que plantea el final absoluto de su explotación.

Los veganos rechazan todo tipo de ropa y calzados confeccionados con lana, cuero, pieles y sedas, por provenir de un origen animal. En cuanto a la cosmética, además de no usar productos que procedan de animales, tampoco usan los que fueron probados en animales. Por ejemplo, para que una agencia regulatoria apruebe un producto cosmético y pueda salir al mercado, se deben presentar determinadas pruebas de seguridad, por ejemplo la de irritación ocular. Obviamente, no se le aplica a un ser humano el producto, y para saber qué nivel de irritación produce se utilizan animales de laboratorio, generalmente esas hermosas cobayas blancas.

Otros productos que no se deben utilizar en cosmética vegana son, por ejemplo, la lanolina, la cera de abejas y los parabenos (que se usan como conservantes). La lanolina es un componente casi esencial de las cremas. Es una cera procedente de los ovinos, muy hidratante y emoliente; tiene una untuosidad y una textura que la convierten en muy apta para la fabricación de cremas, especialmente para las pieles muy secas. Pero se puede reemplazar por la vaselina, que, si bien es un compuesto derivado del petróleo, existen variedades sólidas de alta pureza: es cuestión de asegurarse de que no tengan impurezas, fenólicas, típicas de estos compuestos, que además son cancerígenas.

Otro compuesto que vale la pena mencionar, por la escasa buena información que hay al respecto, es la glicerina. La glicerina, glicerol o propanotriol, es un tipo particular de alcohol que puede tener un origen animal o vegetal, como por ejemplo el aceite de coco o de jojoba. Se utiliza para hacer cremas, jabones, detergentes, y también como parte constitutiva de otros maquillajes. Ahora bien, este tipo de alcohol en particular no es el que encontramos en la farmacia, ni con el que nos emborrachamos, sino que es el que se usa para fabricar jabones. Las grasas, ya sean de origen animal o vegetal, son moléculas enormes que contienen dos partes; una es la parte carboxílica, que está unida a la glicerina.La parte carboxílica tendrá diferentes características, dependiendo del origen de la grasa, pero aquí esta el meollo de la cuestión: la glicerina es siempre el mismo tipo de molécula y no varía porque provenga de una grasa animal o de una grasa vegetal. Entonces, si queremos fabricar, por ejemplo, un jabón vegano -cuya base fundamental es la glicerina-, si la extraigo de una grasa animal y le realizamos un proceso exhaustivo de purificación, es decir, nos aseguramos de que la glicerina obtenida a partir de grasa animal no tenga ni la más minima traza de compuesto carboxílico, veré, para mi sorpresa, que si hago exactamente lo mismo, pero con grasa vegetal, para obtener glicerina vegetal, la molécula pura de glicerina será exactamente la misma, se haya usado grasa animal o vegetal. Aclaramos que si la glicerina obtenida a partir de grasa animal experimenta un proceso de alta purificación, será exactamente la misma glicerina que si el proceso comienza con una grasa vegetal. Lo que ocurre es que la grasa vegetal –por ejemplo, el aceite de coco- es mucho más cara que cualquier grasa de origen animal.

Por lo aquí expuesto, queda claro que, en el caso de la glicerina, lo importante es su grado de pureza, más que la grasa de la cual se ha obtenido. Lo que ocurre es que vivimos en un sistema capitalista, cuya base principal es la oferta y la demanda. Se han abierto un sinfín de nichos de mercados con estas nuevas y nobles tendencias, y las empresas fármaco-químicas son muy hábiles para captar este tipo de cambios en los hábitos. Cuando nos venden una glicerina que nos aseguran que es de origen vegetal y de alta pureza, es imposible saber si provino de una grasa animal o vegetal.

El aceite de cannabis

Por suerte, existen en la naturaleza compuestos nobles y que necesitan poca manipulación por parte del hombre, como lo es nuestro bien amado aceite de cannabis. Es eco-amigable, no necesita de insecticidas ni fertilizantes, y contiene un aporte realmente importante de ácidos grasos que el cuerpo no fabrica, como el Omega-6, el Omega-9 y el Omega-3. Este último es muy importante porque, salvo el aceite de cannabis y el de lino, las únicas fuentes son de origen animal, como por ejemplo los peces de aguas frías. Además, el aceite de cannabis es una fuente vegetal de vitaminas del complejo B: B1 (tiamina) y B2 (riboflavina). La deficiencia de la riboflavina tiene como consecuencia padecer dermatitis seborreica.

El aceite de cannabis es ideal para el uso vegano, pues al tener propiedades antiinflamatorias, poder bactericida y cicatrizante, se puede usar tanto en cosmética como para que forme parte de un botiquín vegano básico.

Los adeptos a este movimiento deben tomar suplementos de vitamina B12 (cobalamina), que sólo la aportan la leche y el huevo, así como suplementos de hierro (para evitar la anemia), ya que a pesar que las espinacas y otros productos vegetales contienen hierro, la forma en que el hierro se absorbe mejora es la que se encuentra en la carne.

A pesar que estos movimientos tienen sus limitaciones, vale la pena intentar darle la espalda al sistema

 

Psilocibina: efectos emocionales y cognitivos

Por José Carlos Bouso

En la entrega anterior de esta sección se explicaron las técnicas modernas que se están utilizando en la actualidad para entender mejor cómo las drogas modulan el estado emocional de las personas. Se explicó cómo hay diversos métodos para investigar las respuestas emocionales de los voluntarios que se encuentran bajo los efectos de una droga y se pusieron ejemplos de estudios realizados con MDMA para ilustrarlo. Algunos de estos métodos son tan simples como pedirles a los voluntarios que marquen, en una línea de 10 cm, la intensidad de efectos calificados por medio de adjetivos como, por ejemplo, “colocado”, “me gusta el fármaco”, “amoroso”, “hablador”, “amigable”, “alteraciones visuales”, etc. También se habló del concepto de teoría de la mente, y de las técnicas para evaluar los efectos de drogas sobre la capacidad de reconocimiento de estados mentales ajenos. Terminamos el artículo anterior anunciando que, para este artículo, explicaríamos cómo afecta la psilocibina, un alucinógeno clásico, al rendimiento de estas pruebas de tipo emocional, así como al rendimiento en otras de carácter más cognitivo.

En los últimos años ha habido una explosión de estudios neurocientíficos en los que se ha utilizado la psilocibina como fármaco modelo para estudiar las bases biológicas de diversos procesos psicológicos. La razón es que la psilocibina, como ya hemos comentado en artículos previos, es un fármaco bastante específico y selectivo para actuar sobre los receptores cerebrales llamados 5-HT2A. Se sabe que los receptores 5-HT2A son muy importantes en la modulación de estados psicológicos. De hecho, fármacos que bloquean la actividad de estos receptores se utilizan hoy ampliamente en el tratamiento de la esquizofrenia. Y lo que es también muy interesante, todos los fármacos que actúan sobre este tipo de receptores tienen propiedades alucinógenas. Así pues, en los estudios en los que se utiliza la psilocibina para estudiar el papel de los receptores 5-HT2A en la modulación de procesos psicológicos, los diseños experimentales suelen incluir también su combinación con ketanserina, un antagonista de los receptores 5-HT2A.

En estudios previos se ha visto que la ketanserina bloquea los efectos psicológicos de la psilocibina. Esto es, en la condición ketanserina + psilocibina los efectos alucinógenos de la psilocibina, como por arte de magia, desaparecen (al menos en relación con la condición placebo + psilocibina). Al mismo tiempo, se sabe que la psilocibina, aparte de ir por los receptores 5-HT2A, utiliza también la vía 5-HT1A. No se tiene constancia de que los receptores 5-HT1A jueguen ningún papel en los efectos psicoactivos de los alucinógenos. Más bien parece que inhiben el efecto. Un estudio realizado con DMT intravenoso en el que antes de la inyección de DMT se administró pindolol, un bloqueante de los receptores 5-HT1A, encontró que el efecto resultante de la inyección de DMT era mucho mayor que el de la DMT cuando antes se había preadministrado un placebo. Esto quiere decir que los alucinógenos actúan vía ambos tipos de receptores, pero que la acción sobre los receptores 5-HT1A se traduce en una disminución global de la acción psicotrópica. Aparte de esta disminución psicotrópica se desconoce en buena parte el papel de los receptores 5-HT1A en la acción de la psilocibina y otros alucinógenos. Luego en los estudios con psilocibina en los que se sigue encontrando algún tipo de efecto tras la combinación de ketanserina + psilocibina, ese tipo de efecto se achaca a la acción de los receptores 5-HT1A. Por lo general, no son efectos de tipo alucinógeno, sino, como veremos luego, efectos sobre algún tipo concreto de procesamiento cognitivo.

A día de hoy existe una cantidad ya casi incontable de estudios en los que se han utilizado estos diseños para evaluar los efectos de la psilocibina y el papel de los 5-HT2A en la modulación de procesos cognitivos diversos. El primero de estos estudios, que data ya de 1996, es de los más interesantes. En este estudio se utilizó un test de creatividad conocido como “priming semántico”, que no es otra cosa que un test de asociación de palabras. El “priming semántico” se basa en que palabras estrechamente relacionadas semánticamente son más fáciles de reconocer cuando se presentan asociadas que palabras relacionadas semánticamente de una forma, digamos, lejana. Por ejemplo, si se presenta la palabra “azul” y seguidamente la palabra “negro”, se tarda menos tiempo en reconocer la relación semántica que si se presentan palabras con una relación semántica indirecta, por ejemplo “limón” y “dulce”. Este tipo de asociaciones son un indicador de la capacidad creativa. Pues bien, bajo los efectos de la psilocibina los sujetos tardaron igual de poco tiempo en reconocer palabras semánticamente lejanas como en reconocer palabras semánticamente cercanas. Lo curioso de la cosa es que esta prueba también la hacen igual de bien las personas con esquizofrenia en activo. Hay otros estudios que se han realizado también con psilocibina para evaluar procesos cognitivos.

En estudios de laboratorio se ha visto que la psilocibina no altera el rendimiento en tareas de memoria de trabajo a dosis bajas y medias, aunque sí a dosis altas. La memoria de trabajo es la capacidad para manejar información durante breves períodos de tiempo y operar con ella. Es interesante especular si esta merma en los procesos de memoria de trabajo puede estar en la base del estado de expansión de conciencia que induce la psilocibina: si desaparece la capacidad para almacenar brevemente la información en el espacio mental y, sobre todo, qué hacer con ella, es posible que su consecuencia inmediata sea la inmersión en un espacio psicológico eterno. De hecho, se ha demostrado experimentalmente que la noción interna del paso del tiempo se ve alterada tras la administración de psilocibina de tal forma que los sujetos pierden el ritmo cuando se les hace dar golpes en una mesa rítmicamente. Por encima de los intervalos de 2 segundos son incapaces de mantener la ritmicidad. La mayoría de estudios utilizan además pruebas libres de conceptos lingüísticos precisamente por la dificultad que se tiene cuando se está bajo los efectos de la psilocibina para asignar a cada palabra el concepto que le corresponde.

También se ha visto que la psilocibina disminuye el rendimiento en pruebas de atención, tanto sostenida como visoespacial y que altera lo que se conoce como «inhibición prepulso» (IPP) del reflejo de la respuesta de sobresalto, que es un marcador fisiológico de procesos atencionales tempranos. Sin embargo, otro estudio concluye que es posible que el déficit de atención no se deba tanto a que las capacidades atencionales queden mermadas como a que posiblemente lo que queda disminuida sea la habilidad para suprimir o ignorar estímulos distractores. Esta hipótesis puede estar apoyada además en el hecho de que procesos preatencionales (medidos con la prueba de potenciales evocados conocida como «mismatch negativity») no se ven afectados por la psilocibina.

También existen paradigmas psicológicos para estudiar procesos perceptivos, como la «rivalidad binocular». Los procesos perceptivos responden a un modo peculiar que tiene nuestro cerebro de percibir la realidad en forma de ritmos, es lo que se llama el «modelo del oscilador». Si el ritmo se ve modificado, la percepción también. La rivalidad binocular se ha visto afectada tras la administración de psilocibina. Lo interesante es que sigue estando alterada cuando se administra ketanserina, luego parece que hay procesos perceptivos que, como anunciábamos arriba, van vía receptores 5-HT1A y no vía 5-HT2A.

Todos estos resultados confirman que la alteración de la psilocibina se produce en las estructuras corticales, esto es, de procesamiento cognitivo y no tanto sensorial. Un estudio en el que se utilizó el test de Stroop (ver imagen), una prueba clásica que evalúa control cognitivo, encontró que la psilocibina reducía el rendimiento en esta prueba. Fue interesante ver que bloqueando con ketanserina los receptores 5-HT2A disminuía el déficit, luego esta alteración en el control cognitivo debe de estar mediada de nuevo por este tipo de receptores. Un último estudio en el que se registraba la actividad eléctrica cerebral cuando se presentaban figuras incompletas a las que normalmente nuestro sistema visual les da forma para percibirlas completas encontró diferencia en los diferentes componentes de registro de actividad eléctrica. De nuevo, la mayoría de estos fenómenos también se han encontrado en personas con fases agudas de esquizofrenia, de ahí lo interesante de la psilocibina como modelo experimental para estudiar las psicosis.

Pero no todo es cognición en la vida. Un reciente estudio muy interesante ha estudiado cómo la psilocibina afecta al procesamiento emocional de la información. Como se explicaba al principio, se administró psilocibina como pretratamiento con placebo o con ketanserina. Se encontró que la psilocibina aumentó el estado de ánimo positivo y pero no el negativo. Cuando se les pasó a los sujetos una prueba de reconocimiento de emociones, concretamente el “Test de lectura de mente en los ojos”, se vio que la psilocibina afectó de manera selectiva al procesamiento emocional de la información. En el “test de lectura de mente en los ojos” se presentan en la pantalla del ordenador fotografías representando expresiones emocionales. Pero no aparece la cara entera, sino solo la mirada junto con diferentes opciones referentes a la expresión emocional y los sujetos tienen que seleccionar una opción según crean el estado emocional que la mirada está representando (ver imagen). También se les pasó una prueba que se llama “prueba emocional go/no go”. En esta prueba aparecen en la pantalla del ordenador palabras con contenido emocional positivo, negativo y neutro (por ejemplo “risa”, “pena”, lápiz”, respectivamente). Los sujetos tienen que apretar un botón según la palabra tenga connotación positiva o negativa. Hay varias fases. Por ejemplo, en la primera, solo tienen que apretar un botón cuando aparezcan palabras de contenido positivo y no responder ni a las negativas ni a las neutras y en otra tanda al revés, esto es, solo responder a las palabras negativas y no responder cuando aparezcan ni las positivas ni las neutras. Estas dos pruebas son muy interesantes porque se ha visto que en muchas enfermedades, sobre todo relacionadas con la ansiedad y con el estado de ánimo, como puede ser la depresión, hay sesgos emocionales en los pacientes de tal forma que tienen a tardar más tiempo en reconocer las palabras con connotación positiva y menos tiempo a reconocer palabras con connotación positiva, y que incluso palabras neutras pueden ser seleccionadas como si fueran palabras de contenido negativo. En este estudio con psilocibina se encontró que había un sesgo hacia el reconocimiento de expresiones emocionales negativas, de tal forma que los sujetos eran más incapaces de detectarlas. Algo similar ocurrió con el reconocimiento de emociones positivas: procesaban más rápidamente las palabras con connotación positiva que las palabras negativas o neutras. De esta forma, se puso en evidencia el importante papel de los receptores 5-HT2A no solo en el procesamiento cognitivo de la información, tal y como se vio en los estudios previos arriba comentados, sino también su importante papel en el procesamiento de las emociones.

De estos estudios en los que se ha comprobado que la psilocibina induce sesgos en el procesamiento emocional de la información, tendiendo los sujetos más facilidad para responder ante estímulos emocionales positivos y teniendo dificultades en reconocer los negativos, se desprende que la psilocibina pueda tener un potencial antidepresivo. A estas pruebas se han venido a sumar algunas más realizadas con técnicas de neuroimagen, según las cuales se ha visto que se modifica una red neuronal encargada del mantenimiento del estado de ánimo. Estos estudios los analizaremos en la siguiente entrega de esta sección.

 

Sweet dreams are made of cheese

Creencias populares, investigaciones chapuceras, conflicto de intereses, piratas, cocodrilos, noches locas, sueños húmedos, extraños despertares… Es… el caso del queso.

Por Eduardo Hidalgo

 

Riiiing…

Riiiing…

-          ¿Qué passa yonkarra?

-          Hola, Raúl, ¿qué tal estás?

-          Bien, bien… Y tú, ¿qué me cuentas?

-          Pues, hasta tres.

-          ¿Cómo?

-          Uno, dos y tres.

-          ¡Que te den! Venga, Edu, ¿qué quieres? Que estoy liao…

-          Nada, perdona, era una coña. Te llamaba para contarte que ha venido una de mis hermanas, la que vive en Inglaterra, y nos ha traído medio kilo de Stilton.

-          ¿De queeeeé?

-          De queso, tío, de queso Stilton. Medio kilo.

-          Y, ¿qué pasa? ¿Que no os lo podéis comer todo y me lo quieres colocar o qué?

-          No, hombre, no es eso, aunque, vamos, si te gusta te paso un poco.

-          Entonces… ¿Qué cojones me estás contando, tío? ¡A mí qué me importa que tu hermana haya venido de no sé dónde y te haya traído medio kilo de lo que sea!

-          Disculpa, pero “de lo que sea” no. ¡De Stilton!

-          ¿Me estás vacilando o te acabas de fumar unas telarañas y no sabes ni con quién hablas? Tronko, soy el Raúl del Cannabis Magazine, la revista de los amantes del cáñamo, no del queso. A ver si es que te estás equivocando de revista y de persona.

-          Que no, tío, que no he fumado telarañas, que sé perfectamente con quién hablo y lo que digo. Te estoy comentando que tengo Blue Stilton en casa, que si quieres te puedo hacer un informe.

-          ¿Un informe? ¿De un queso? ¡Tú estás flipao!

-          No, Raúl, noooo… ¡mira que eres cabezota! De un queso no, del Stilton.

-          ¡Por Dios, Eduardo… haz lo que te de la gana, pero, por favor, no me marees! Y perdona, pero te tengo que dejar, que ya te he dicho que estoy muy liado. Si quieres, cuando se te pase la moña, hablamos. Ciao.

-          OK, OK. Gracias… y no te ralles. Ciao, ciao.

-          Clic. ¡Joder! Lo de la sección de este menda ya se está saliendo de madre… De verdad que si no fuese un colega se la cerraba ipso facto… En fin, ¿qué es lo que estaba yo haciendo? Ah, sí, lo de las vacaciones con mi churri… Venga, pues.

-          Clic. Je, je, je, ya verás como luego me pide un cacho…

Bueno, ya que mi jefe no me quiere escuchar, se lo cuento a ustedes. Verán, resulta que, como ya he comentado, en estos días vino una de mis hermanas, que vive en Birmingham, y trajo medio kilo del Rey de los Quesos Ingleses, en su versión azul, para ser más exactos. Y nada; en esto, que estábamos platicando en familia, y mi madre, guirifláutica perdida y de pura cepa (de donde los Beatles, para más señas) va y dice que, cuando llegó a España, le sorprendió mucho que aquí comiéramos queso para cenar o para rematar algunas cenas. Que en su tierra eso no se hacía. ¿Por qué? Pues no sabía, costumbres culturales… aunque, de pequeña, le sonaba haber escuchado que tomar queso antes de dormir daba pesadillas.

«¡Osti, tú!», me dije, «qué interesanting… un alimento común con propiedades onirógenas… ¡esto hay que investigarlo!». Así que fui y, a bocajarro, me metí en Erowid. Busqué "Stilton" y, ¡cágate en las bragas!, resulta que había dos trip-reports sobre experiencias con el queso de marras. ¡Como lo oyen! Acongojante. Uno era de un yanki que escribía en un tono tan irónico que al final no había forma de aclararse sobre lo que quería decir. El otro no dejaba lugar a dudas (no tanto por el contenido del sueño en sí, sino más bien por el modo en que fue vivenciado por el autor). A continuación les transcribo un extracto, porque si lo copiara y pegara entero se me comería todo el artículo:

Fluxatorium. Viaje con queso Stilton. 25 gramos. Vía oral.

«Unos veinte minutos antes de irme a dormir, me tomé todo el queso con unas crackers». […] Por lo que puedo recordar, estos fueron mis sueños.

Al principio era una aventura en un mundo desconocido. Tenía un macuto, una manta, comida y otras cosas, y me dedicaba a vagar por ahí. El mundo era vasto y podía recorrer cualquier distancia sin cansarme. Había montañas y algunos asentamientos humanos, pero era como si la mayoría de la gente hubiese muerto hacía mil años, de modo que sólo quedaban pequeños pedacitos de nuestra civilización […] Simplemente, todo era precioso […] Llegó la noche […] Después de tumbarme y mirar un rato a las estrellas me sentí extremadamente en paz durante lo que parecieron horas. Se hizo de día, y un grupo de personas apareció entre los árboles. Eran amigos míos […] Nos sentamos y empezamos a jugar en la arena. Todo el mundo estaba hablando y pasando un buen rato hasta que un árbol cercano explotó […] Miramos al océano y vimos que un barco pirata estaba disparando sus cañones contra nosotros […] Me fue revelado que se trataba de la primera fase de una gran invasión planetaria […] La invasión empezó casi inmediatamente […] En este punto, la cosa se puso fea. Ya no estaba contento, estaba asustado».

A continuación, el autor sigue con su cuento de piratas, para finalmente recapitular y concluir lo siguiente:

«La percepción del tiempo en el sueño, frente a la percepción del tiempo en la realidad, fue la diferencia más drástica entre el sueño y la vigilia que jamás haya experimentado en toda mi vida. Ahora noto esa sensación de cansancio mental típica de después de los viajes […] Una vez calmado, creo que la experiencia en su conjunto fue asombrosa. Lo vívido del sueño se extendió a todos mis sentidos de una manera que nunca antes había experimentado».

¿Ah, sí?, pues ahora voy yo. Bola de 25 gramos de Blue Stilton, sin crackers ni nada. ¡Para adentro y a dormir! Sueño que encuentro entre mis cosas una bolsita de filtros para tabaco de liar que no recordaba que tenía. Sueño que voy en el coche con mi hermano y una gitana vestida de negro le da a mi bro un billete de mil pesetas y le dice: «Toma, que ayer decías que no tenías cambio». Mi hermano se lo guarda y me suelta: «¿Sabes quién es esa? La dueña del bar». Sueño que chapoteo en el mar y aparece Jesucristo, con el aspecto y el tamaño de un mosquito. Le salpico sin querer y cae sobre la superficie de una embarcación a pedales que pasaba por ahí. Se queda bocarriba, con las alas mojadas pegadas al plástico blanco. Me acerco para preguntarle algo trascendental, pero uno de los tripulantes del “pedal” le espachurra con el dedo y lo tira al agua de un manotazo. Sueño este tipo de cosas, aparentemente intranscendentes, pero, en el fondo, cargadas de un simbolismo que inequívocamente refleja algún problema que debí tener con la lactancia materna –o cualquier otro trauma infantil- que me ha llevado a ser lo que soy hoy en día: un pobre inadaptado que malvive colaborando con publicaciones como esta. Sigo soñando, hasta que oigo que mi madre me llama con un grito contundente y rotundo: «¡Eduardo!» Me levanto de la cama de un salto, abro la puerta y, ya despierto, respondo: «¿Qué?». Nadie contesta. Todo está oscuro. Las habitaciones cerradas. No se ha levantado ni Dios. Todo el mundo está durmiendo. Perplejo… me vuelvo a la cama. ¿Me habrá jugado una mala pasada el Stilton? ¿Será eso posible? ¿Tendrá algún fundamento la prevención británica al respecto de tomar queso antes de dormir? ¿Quién sabe? Sigamos investigando…

Empecemos por la etimología de la palabra “pesadilla”, en guiri “nightmare”. “Mare” significa “mula”. De modo que, ni siquiera para mí es difícil concluir que “nightmare” significará “mula nocturna”… Y, sin embargo, resulta que no lo es, que en inglés antiguo, “mare” venía a designar a un ser demoníaco y mitológico que se dedicaba a atormentar a los humanos en sus sueños. Hay referencias al mismo que datan del siglo XIII, pero se estima que la creencia en su existencia es considerablemente más antigua. El posterior añadido de “night” vendría, precisamente, a cumplir la función de desambiguarlo de “mare” (mula). En fin, el caso es que se trata de un ser mitológico. Ahora rastreemos su existencia en otras culturas, por ejemplo, la española. Acudamos prestos a Wikipedia:

«Hasta cerca del siglo XVIII, las pesadillas eran a menudo consideradas obras de monstruos, los cuales se creía que se sentaban sobre el pecho de los durmientes, oprimiéndolo con su peso, lo que originó el nombre de pesadilla (nombre derivado de peso). En la Europa del siglo XIX, y hasta bien entrado el siglo XX, se creía que las pesadillas eran causadas por problemas digestivos».

Ah, ha, ha… nos vamos acercando. Veamos ahora qué es lo que se piensa al respecto en el siglo XXI. De nuevo, Wikipedia:

«Las pesadillas pueden tener su origen en causas físicas, tales como dormir en una postura incómoda o tener fiebre. También por causas psicológicas, como stress, ansiedad o ingestión de drogas opioides usadas como analgésicos; por ejemplo, oxycodona e hydrocodona (aysss, quien las pillara, doctorsito). Comer antes de acostarse, al producir una aceleración o aumento del metabolismo y de la actividad cerebral, es un potencial estímulo para las pesadillas».

¡Bingo! Ya casi lo tenemos. Confirmado en la web: no es bueno comer justo antes de irse a la cama. La sabiduría popular no andaba, pues, desencaminada. De hecho, aquí en España también lo sabíamos todos. De ahí el dicho: «De grandes cenas están las sepulturas llenas». De tal manera que, probablemente, no sea más que una cuestión de grados: los guiris se habrían dado cuenta de que ingerir alimentos antes de dormir hacía pasar malos ratos; nosotros, algo más bestias y opíparos, nos habríamos coscado de que, si nos pasábamos, la cascábamos. Lo dicho: dos gradientes del mismo fenómeno. Ahora bien, y el queso, ¿por qué? ¿Por qué han sido los ingleses los únicos en relacionar las pesadillas con el consumo concreto de este producto? Pues, a ver: si tenemos distintas comunidades y distintos quesos, y sólo una de esas comunidades hace alguna atribución específica sobre sus quesos y los sueños, la cosa está meridianamente clara: el quid de la cuestión ha de residir, por narices, en los ingleses o en sus quesos. De modo que, científicamente hablando, la premisa vendría a ser la siguiente: los ingleses tienen pesadillas nocturnas cuando comen sus quesos patrios.

Partiendo de esto, pasemos ahora a ver si hay algún estudio científico que confirme o rebata el asunto… Sí lo hay: uno de la British Cheese Board en el que, durante una semana, se analizaron los sueños de 200 voluntarios que, antes de irse a dormir, ingirieron quesos guirifláuticos. Estos son los resultados:

Red Leicester: Más del 60% de los sujetos experimentales que lo tomaron revisitaron sus días de escuela, amigos perdidos de la infancia o antiguas casas o barrios familiares.

Stilton: Un 75% de los hombres experimentaron sueños extraños y vívidos. Un masivo 85% de mujeres que tomaron Stilton tuvieron algunos de los sueños más bizarros de todo el estudio, aunque ninguna fue descrita como una mala experiencia. A destacar cosas como: un cocodrilo vegetariano disgustado porque no podía comer niños; invitados a una comida que son vendidos a cambio de camellos; soldados luchando con peluches en lugar de con pistolas; y un lunático fiestón en un psiquiátrico.

British Brie: Las mujeres, por regla general, tuvieron muy buenos sueños, tales como tener a Jamie Olivier haciéndoles la comida en sus cocinas o, simplemente, estar relajadamente en una playa soleada. Por el contrario, los hombres tuvieron sueños algo extraños y oscuros, como verse conduciendo contra un barco de guerra o teniendo una conversación con un perro estando completamente borrachos.

Cheddar: Los sujetos soñaron principalmente con famosos. Los sueños iban desde la familia de los participantes sentados en un pub con Michael Jordan hasta la formación de una pirámide humana bajo la supervisión de Johnny Depp.

Cheshire: Más de la mitad de los participantes no soñó nada, a la vez que el 76% de los sueños inducidos por este queso fueron calificados por los sujetos experimentales como “buenos” o “muy buenos”.

La ciencia ha dictado, por tanto, su inapelable veredicto: los quesos ingleses no producen pesadillas por sí mismos, aunque sí que ayudan a dormir y a soñar (la explicación, al parecer, es que son ricos en triptófano), e influyen en el contenido argumental de los sueños (para explicar esto serán necesarios más experimentos). Así que ya saben: ni Calea zacatechichi, ni Entada rheedii, ni pollas en vinagre: si quieres un buen onirógeno, toma Stilton. Cojonudo si lo mezclas con sidra u oporto, hazme caso.

 

Efectos del cannabis sobre el rendimiento escolar

Por Fernando Caudevilla

Los efectos del cannabis sobre el rendimiento escolar son una de las cuestiones más discutidas al hablar sobre los riesgos de esta sustancia. Pero decir que “el cannabis altera el rendimiento escolar” es una frase tan genérica como enunciar que “el agua moja” o que “el aceite resbala”, y no nos permite valorar de forma individualizada los riesgos reales. En esta entrega revisaremos los datos científicos sobre los efectos del cannabis en este sentido y su repercusión real en los usuarios.

A la hora de hablar de los riesgos del cannabis, sobre todo en lo referente a adolescentes y jóvenes, suele señalarse el fracaso escolar y los problemas en el ámbito educativo como uno de los peligros inherentes a esta sustancia. Tanto los medios de comunicación como las instituciones anti-droga insisten en este mensaje, que suele presentarse, como es costumbre, en forma de eslogan simplista, sin detalles ni matices que permitan hacerse una idea sobre la magnitud del riesgo, su frecuencia y posibles formas de manejarlo. Por remitirnos a un ejemplo reciente, en el año 2009, el Plan Nacional sobre Drogas presentó el segundo informe de la Comisión Clínica sobre Cannabis, un documento elaborado por profesionales sanitarios sobre distintos aspectos médicos relacionados con la planta. La presentación del informe se acompañaba de una nota de prensa que se centraba en los efectos del cannabis sobre el rendimiento escolar y que daba lugar a titulares de prensa como “el cannabis produce fracaso escolar” (El Mundo 3/9/2009), “el inicio temprano en el cannabis desemboca en fracaso escolar” (Cadena SER 3/9/2009), o el más taxativo “fumar porros altera la memoria” (El País 3/9/2009).

Casi todos los medios de comunicación resaltaban el titular “Sólo un 2% de los consumidores jóvenes logran un título universitario, frente al 38% de los que no lo toman”, tomado del resumen de prensa proporcionado por el Plan Nacional. Desde luego, la cifra es llamativa, y, en caso de ser cierta, parecería indicar que los efectos del cannabis sobre el rendimiento escolar son realmente importantes. Pero, como ya sabrán los lectores de esta sección, la combinación “Plan Nacional sobre Drogas” y “Medios de Comunicación” nos obligan a ser escépticos de entrada, por lo que acudiremos al informe original, donde se dice:

En un estudio de seguimiento de 1265 niños durante 25 años, realizado en Nueva Zelanda, se demostró que había una asociación estadísticamente significativa entre el consumo de cannabis de manera dosis-dependiente y un riesgo mayor de abandono de los estudios, de fracaso en el acceso a la universidad y de finalizar los estudios universitarios prematuramente (Fergusson et al., 2008). En este estudio, el 1,9% de los estudiantes que lograron obtener un título universitario tenían un alto consumo de cannabis (más de 400 veces antes de los 21 años) frente al 35,9% de los estudiantes que consiguieron un título universitario y no habían consumido nunca cannabis.” (1)

Si el lector ha leído con atención el texto previo, se dará cuenta de que, entre paréntesis, se hace referencia a “más de 400 veces antes de los 21 años”, lo que supone una pequeña, pero muy importante, diferencia. Efectivamente, si acudimos al artículo original (2), los autores asociaron la probabilidad de obtener un título escolar con el consumo de cannabis, y ese 1,9% hace referencia a los consumidores de “más de 400 veces”, sin especificarnos si habían consumido cuatrocientos, cuatro mil o cuatro millones. Interpretando los datos del estudio original de forma precisa, la tasa de titulaciones en consumidores de cannabis sería del 21,5%. La diferencia con los no consumidores sigue siendo importante, pero no es de veinte veces, sino de un tercio.

Otra cuestión fundamental al valorar este tipo de estudios es tener en cuenta que, en ciencias biomédicas, la asociación de dos variables no implica que una sea la causa de la otra. Entenderemos el concepto de forma muy sencilla a través de un ejemplo. En septiembre del año pasado, muchos periódicos publicaron una noticia sobre un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela y el Instituto de Investigación de Economía Agrícola de Noruega, sobre la relación entre la lectura del etiquetado nutricional y la obesidad (3). Los resultados de la investigación indicaban que el índice de masa corporal de aquellas consumidoras que leen las etiquetas es 1,49 puntos menor que el de las que nunca consideran dicha información a la hora de hacer la compra. Esto supone una reducción de 3,91 kg para una mujer estadounidense tipo, de 1,62 cm de altura y 74 kg de peso.

Una interpretación sensata de esta investigación sería que las personas que leen las etiquetas de los productos alimenticios están más sensibilizadas con la importancia de la dieta, tienden a ser más cuidadosas en sus elecciones a la hora de hacer la compra y, por tanto, consiguen un peso más equilibrado que aquellas que no lo hacen. Pero también podríamos interpretar que la causa de conseguir un menor peso es el hecho de leer las etiquetas de los alimentos. Esta conclusión sería bastante estúpida, aunque algunos medios de comunicación como Muy Interesante titularan la noticia sobre el estudio reseñado “Leer las etiquetas de los medicamentos te mantiene delgado”.

Volvamos al asunto que nos ocupa, el del cannabis y el rendimiento escolar. Al igual que con el peso y las etiquetas, una posible interpretación sobre la influencia del cannabis sería que esta es la causa única de los problemas de los adolescentes. Pero existen otros múltiples factores que influyen en el rendimiento escolar: desde el tamaño del grupo, las relaciones entre estudiantes y maestros, si la escuela es privada o pública, urbana o rural, los ingresos de la familia, las horas dedicadas a la televisión, las condiciones de estudio en el hogar, la edad de los padres, la implicación de éstos en el desarrollo educativo… Por otra parte, también es necesario considerar otros factores que, de forma independiente, pueden relacionarse con el consumo de cannabis: nivel socioeconómico, consumo de alcohol y otras drogas, problemas psicológicos… Ya que estos factores pueden incidir, a su vez, en el rendimiento escolar, podemos concluir que la cuestión es bastante más complicada de lo que parece a simple vista.

Pero tampoco seríamos objetivos si pasáramos por alto que el cannabis tiene efectos neurocognitivos, y que éstos pueden tener repercusión en la edad escolar. Las áreas cerebrales implicadas en los procesos de aprendizaje y consolidación de los conocimientos son ricas en receptores de cannabinoides, y existen evidencias, tanto en animales como en humanos, de que el cannabis puede producir efectos sobre la memoria. En realidad, lo que entendemos por “memoria” engloba distintas funciones y mecanismos cerebrales. Por ejemplo, no es lo mismo recordar un número de teléfono (memoria inmediata) que estudiar para un examen (memoria reciente) que los recuerdos de la infancia (memoria remota). Existen suficientes evidencias de que el consumo de cannabis tiene efectos en la memoria reciente, sobre todo. Los estudios en humanos llevados a cabo en todo el mundo indican que el cannabis tiene un efecto dosis-dependiente sobre la memoria reciente, que es la que se emplea para estudiar y aprender nuevos conceptos. El estudio más completo al respecto (4) señala que este efecto sobre la memoria es “indudable pero de escasa magnitud”, lo que contrasta con los mensajes simplistas mencionados previamente. También está demostrado que este efecto revierte con la abstinencia, lo que a nivel práctico saben muchos universitarios aficionados al cannabis, quienes deben tomar un descanso de varias semanas o meses antes de enfrentarse a los exámenes

De la misma forma, también existe el consenso entre los profesionales de que, cuanto más precoz sea el contacto de un adolescente con las drogas (legales o ilegales), mayores son las probabilidades de que su uso acabe desembocando en problemas. En ocasiones se recurre a argumentos neurobiológicos sobre la inmadurez del cerebro adolescente y su vulnerabilidad ante el efecto de las drogas para ilustrar estos riesgos. Pero no deja de ser curioso que esta explicación sea sólo válida para las drogas ilegales, y que no se tenga en cuenta, por ejemplo, la facilidad de algunos profesionales sanitarios para recetar derivados anfetamínicos en edades tempranas para tratar la hiperactividad infantil. Las diferencias entre fármacos y drogas son más de tipo moral que farmacológicas, y en lugar de recurrir a la imagen del cerebro-infantil-destrozado-por-la-droga, esta mayor vulnerabilidad a los problemas puede explicarse por factores psicológicos, culturales y sociales. La maduración, la capacidad de resolver conflictos o la autogestión de las emociones son habilidades que se van aprendiendo a lo largo de la vida. Los efectos de las drogas pueden modificar la percepción, las emociones y la forma de pensar, y es razonable pensar que no es lo mismo probar el alcohol, el éxtasis o la cocaína con ocho, trece, veintitrés o cuarenta años. En la medida en la que la personalidad sea más madura, los efectos de las drogas serán más fácilmente manejables y la persona será más capaz de que las sustancias ocupen un lugar concreto en su vida (vinculado a contextos y momentos de ocio o esparcimiento), en lugar de utilizarlas de forma intensiva para intentar resolver problemas o tapar la ansiedad.

              En este punto, convendrá recordar también que, según la última encuesta del Plan Nacional sobre Drogas los consumos diarios de cannabis en adolescentes entre 14 y 18 años suponen menos del 3% del total (5), lo que supone una situación claramente minoritaria. Pero es indudable que, sobre todo en edades tempranas, algunos patrones de consumo de cannabis pueden tener repercusiones significativas en el rendimiento académico. Pero culpar al cannabis de forma exclusiva del fracaso escolar sin tener en cuenta todo el resto de factores individuales, contextuales y sociales que pueden influir en la educación nos trae a la cabeza la frase “cuando el sabio señala a la luna, el tonto mira al dedo”. Detrás de muchos patrones de consumo intensivo de cannabis en adolescentes se esconden en ocasiones otro tipo de problemas que poco tienen que ver con la sustancia. Pretender culpar al cannabis de todo es mucho más sencillo, pero supone no ver nada más que la punta del iceberg de situaciones que, como la vida misma, son complejas por definición.

  1. Cannabis II. Informe de la Comisión Clínica. Dirección General del Plan Nacional sobre Drogas.Ministerio de Sanidad y Política Social. Madrid, 2009. URL disponible en: http://www.pnsd.msc.es/Categoria2/publica/pdf/CannabisII.pdf
  2. Fergusson DM, Boden JM., “Cannabis use and later outcomes”. Addiction. 2008;103(6):969–76.
  3. Lourerio M, Yen S, Nayga R., “The effects of nutritional labels on obesity”. Agricultural Economics 2012;43:525-558
  4. Grant I, Gonzalez R, Carey CL, Natarajan L, Wolfson T., “Non-acute (residual) neurocognitive effects of cannabis use: a meta-analytic study”. J Int Neuropsychol Soc. 2003;9:679-89.)
  5. Encuesta Estatal sobre el Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias. Dirección General del Plan Nacional sobre Drogas. Ministerio de Sanidad y Política Social. Madrid, 2009. URL disponible en: http://www.msc.es/novedades/docs/PRESENTACION_ESTUDES_2010.pdf

 

Cannabis vs. Superbacterias: ¿tiene el cannabis propiedades antibacterianas?

Por Enrique Ortega Forte (TheDrugProject.com)

Staphyloccocus aeurus creciendo en una placa de cultivo. Imagen: Flickr|Nathan Reading (CC).Staphyloccocus aeurus creciendo en una placa de cultivo. Imagen: Flickr|Nathan Reading (CC).

Las bacterias son una de las formas de vida más antiguas del mundo. Durante millones de años, estos microscópicos maestros de la supervivencia han conseguido, al calor de la evolución, adaptarse y conquistar a su paso cada rincón del planeta. Estos diminutos seres están por todas partes. Sin ir más lejos, nuestro propio cuerpo está formado 40 billones de bacterias que son necesarias para el funcionamiento del mismo.

Cuando los científicos estudiamos las bacterias en el laboratorio, éstas se cultivan en unas placas especiales que contienen nutrientes para que crezcan. Pero como se encuentran por todas partes, muchas veces se cuelan en la placa microbios que son distintos a los que uno quiere cultivar. Irremediablemente, un día llegas al laboratorio y observas que tu cultivo está contaminado por moho y otros microorganismos que también están alimentándose de los nutrientes de la placa. Lo normal en estos casos es tirar los cultivos contaminados a la basura y volver a empezar. Eso sí, esta vez con más cuidado.

Algo parecido debió ocurrirle a Alexander Fleming (1881–1955) cuando regresó a su laboratorio después de unos días y vio que sus placas se habían contaminado. Sin embargo, Fleming, en vez de tirarlo a la basura, se paró a pensar y vio que algo más estaba pasando. Lo que observó fue que un hongo del género Penicillium había contaminado sus placas y había impedido el crecimiento de sus bacterias cultivadas, las llamadas Staphyloccocus aeurus. Fue así cómo Fleming descubrió la penicilina, un compuesto antibiótico que marcó un hito en historia de la Farmacología, y que ha ayudado a salvar millones de vidas desde entonces.

La historia podría haber acabado felizmente aquí. Pero en 1947, tan solo cuatro años después de que la penicilina fuera fabricada a gran escala, se encontraron ya las primeras Staphyloccocus aeurus resistentes a penicilina. Un hecho insólito que no ha hecho más que continuar hasta nuestros días. En la actualidad, según la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, cada año mueren unas 35 000 personas a causa de infecciones por bacterias resistentes antibióticos (datos correspondientes a seimc.org). De hecho, la Organización Mundial de la Salud alerta de que para 2050 la mayoría de los antibióticos serán ineficaces para tratar las infecciones causadas por bacterias (OMS. 2017). ¿Y por qué ocurre esto?

 

Darwin y las bacterias

La respuesta a esta pregunta se esconde tras uno de los enunciados más famosos de la Biología: la teoría de la evolución por selección natural de Charles Darwin. Veamos. Las bacterias patógenas se dividen a gran velocidad, por lo que en poco tiempo pueden aparecer colonias formadas por miles de ellas. De la enorme cantidad de bacterias hijas que van apareciendo, algunas presentan mutaciones genéticas que, por puro azar, les confieren cierta resistencia a los antibióticos. Así que, a pesar de que logremos eliminar a la mayoría de las bacterias patógenas con un antibiótico, a la larga estamos <<seleccionando>> aquellas que son más resistentes al tratamiento.

El uso inadecuado de los antibióticos como, por ejemplo, tomarlos cuando se padece un resfriado o una gripe (causadas normalmente por un virus y no por una bacteria) o interrumpir el tratamiento antes de terminarlo, contribuye a generar estas <<superbacterias>> resistentes por simple selección natural.

Este problema sanitario que afronta la humanidad se ve acrecentado principalmente por dos factores. El primero es la evidente complejidad que supone desarrollar nuevos antibióticos eficaces. En las últimas décadas se ha introducido solamente una nueva clase de antibióticos pese a la extensa investigación que hay (Williams & Bax, 2009). El segundo factor el propio sistema actual, que depende del sector farmacéutico, el cual prioriza la inversión económica en aquello que le resulta rentable –y, desafortunadamente, producir nuevos antibióticos cada poco tiempo no lo es. Entonces... ¿Qué podemos hacer?

 

Cannabis al botiquín

Está claro que se trata de un problema sanitario de grandes dimensiones y, una vez más, parece que la planta Cannabis Sativa podría aportar soluciones terapéuticas. A pesar de que las propiedades medicinales de esta planta son conocidas desde hace milenios, la investigación biomédica con derivados del cannabis ha estado gravemente limitada; particularmente desde 1961, cuando la Convención Única sobre Estupefacientes fiscaliza el cannabis. No obstante, un reciente reclamo sociocultural ha conseguido que los cannabinoides –es decir, los compuestos activos del cannabis– estén siendo readmitidos en la legitimidad pública. De hecho, hoy en día disponemos de varios medicamentos a base de cannabis que han demostrado ser efectivos para tratar la espasticidad y el dolor asociados a la esclerosis múltiple o para el alivio de dolor crónico (Aragona et al., 2009; clinicalTrials.gov) Y muchos otros estudios sugieren que los cannabinoides tienen efectos ansiolíticos y antieméticos (de Mello Schier et al., 2014; Smith et al., 2015). ¿Acaso tiene el cannabis también propiedades antimicrobianas?

La planta del cannabis es una verdadera fábrica de producción de compuestos biológicos. El tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD) son los cannabinoides más estudiados hasta la fecha a nivel médico, pero existen más de cuatrocientos compuestos químicos con perfiles de actividad únicos y cuyo potencial terapéutico se desconoce por el momento.

En 2008, un equipo de científicos publicó un estudio en el que habían probado la actividad antimicrobiana de los cannabinoides más abundantes de la planta de cannabis (Appendino et al., 2008). Tras aislarlos, testaron los cannabinoides en placas de cultivo con bacterias patógenas y observaron que algunos de ellos, como el CBD o el cannabigerol (CBG), que no tienen efectos psicotrópicos, eliminaban eficazmente ciertas bacterias patógenas.

Estructura química del cannabigerol o CBG.Estructura química del cannabigerol o CBG.

Finalmente, en 2020, otro equipo de investigación, perteneciente a la Universidad de McMaster (Canadá), consiguió comprobar el funcionamiento de los cannabinoides para combatir infecciones bacterianas. El estudio, que se encuentra publicado en preprint, confirma que el CBG es capaz de matar bacterias patógenas con la misma eficacia que los antibióticos convencionales (Farha et al., 2020). Además, los resultados de dicho estudio indican que el CBG elimina las infecciones de bacterias multirresistentes en ratones de laboratorio.

Al igual que las bacterias, la milenaria planta Cannabis Sativa también es una de las maestras de la supervivencia más antiguas de nuestro planeta. La producción de compuestos biológicos en el cannabis probablemente evolucionó como un mecanismo de defensa para insectos y depredadores herbívoros. Nosotros, sin embargo, al tener un sistema de receptores de cannabinoides diferente al de otros animales, también respondemos de una manera distinta a sus compuestos.

En modo alguno estos hallazgos significan que la cura a las infecciones por bacterias multirresistentes se alivie con el consumo de cannabis; ni siquiera con plantas ricas en CBG o con CBG puro. Debemos esperar a que los resultados con este cannabinoide se consoliden, pero la demostración de que la fibra del cáñamo puede ser utilizada como fuente química para la producción de nuevos antibióticos debería hacernos plantearnos una cuestión fundamental. El Profesor David Nutt, psicofarmacólogo de reconocido prestigio del Imperial College (Londres), ya se la ha planteado en su cuenta de Twitter:

 

¿Cuántos compuestos más se habrían descubierto si la legislación contra el cannabis no hubiera reprimido la investigación?

Autoría: Enrique Ortega Forte (Murcia, 1994). Investigador en la Universidad de Murcia y fundador del proyecto TheDrugProject.com

Referencias

Appendino, G., Gibbons, S., Giana, A., Pagani, A., Grassi, G., Stavri, M., Smith, E., & Rahman, M. M. (2008). Antibacterial Cannabinoids from Cannabis sativa: A Structure−Activity Study. Journal of Natural Products, 71(8), 1427-1430. https://doi.org/10.1021/np8002673

Aragona, M., Onesti, E., Tomassini, V., Conte, A., Gupta, S., Gilio, F., Pantano, P., Pozzilli, C., & Inghilleri, M. (2009). Psychopathological and cognitive effects of therapeutic cannabinoids in multiple sclerosis: A double-blind, placebo controlled, crossover study. Clinical Neuropharmacology, 32(1), 41-47. https://doi.org/10.1097/WNF.0B013E3181633497

ClinicalTrials.gov. Sativex® for Relieving Persistent Pain in Patients With Advanced Cancer—Full Text View https://clinicaltrials.gov/ct2/show/NCT01361607

de Mello Schier, A. R., de Oliveira Ribeiro, N. P., Coutinho, D. S., Machado, S., Arias-Carrión, O., Crippa, J. A., Zuardi, A. W., Nardi, A. E., & Silva, A. C. (2014). Antidepressant-like and anxiolytic-like effects of cannabidiol: A chemical compound of Cannabis sativa. CNS & Neurological Disorders Drug Targets, 13(6), 953-960. https://doi.org/10.2174/1871527313666140612114838

Farha, M. A., El-Halfawy, O. M., Gale, R. T., MacNair, C. R., Carfrae, L. A., Zhang, X., Jentsch, N. G., Magolan, J., & Brown, E. D. (2020). Uncovering the hidden antibiotic potential of Cannabis. BioRxiv, 833392. https://doi.org/10.1101/833392

OMS | (2017). Directrices de la OMS sobre el uso de antimicrobianos de importancia médica en animales destinados a la producción de alimentos. WHO. http://www.who.int/foodsafety/publications/cia_guidelines/es/

Smith, L. A., Azariah, F., Lavender, V. T., Stoner, N. S., & Bettiol, S. (2015). Cannabinoids for nausea and vomiting in adults with cancer receiving chemotherapy. The Cochrane Database of Systematic Reviews, 2015(11). https://doi.org/10.1002/14651858.CD009464.pub2

Williams, K. J., & Bax, R. P. (2009). Challenges in developing new antibacterial drugs. Current Opinion in Investigational Drugs (London, England), 10(2), 157-163.

 

 

¿Las tecnologías despiertan los sentidos?

Los sentidos se despiertan cuando una mano recorre un cuerpo, conocido, extraño, lejano, cercano. Como raíces de un viejo árbol, las venas emergen duras, turgentes, al contacto de las pieles ya indiferenciadas. La sangre se alborota, y nuestro ser es invadido por la excitación, placer, tranquilidad, paz, y por la alegría que produce el contacto con otro ser humano.

Por Doctora Andrea Mindlin

Todas estas sensaciones que nos hacen sentir vivos, plenos, llegan a través del órgano más extenso del cuerpo humano. La piel, la carta de presentación ante el mundo, como una llave mágica abre la conciencia de que no estamos solos, que en este mundo loco y materialista no es poca cosa.

Son tantas las vías de comunicación que nos brinda la dermis, que lo mejor que podemos hacer por ella es cuidarla, y no solo por una cuestión estética, ya que tiene una función de regulación térmica, de la percepción del frío y el calor. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de piel, dermis, epidermis y otros extraños términos académicos? Como si fueran capas de un sándwich, la piel se divide en varias capas, o más exactamente, en distintos estratos, cada uno con su particularidad y función. Reguladora, como vimos hace unos artículos, tanto de la absorción de líquidos como de la eliminación de toxinas (la transpiración, sin ir más lejos, cambia de características según el régimen alimenticio), la piel constituye la crucial barrera protectora que cobija y protege los órganos internos de los avatares del mundo exterior, desde los cambios de temperatura del día a la noche, del verano al invierno, de la fiebre a la hipotermia; protege incluso de las radiaciones invisibles.

Dividida en tres capas (recordad la escuela: epidermis, dermis e hipodermis, de afuera hacia adentro), la primera es obviamente la de mayor exposición, responsable de mantener la mayor cantidad de agua posible que “riegue” –para mantener activas- las restantes. De ese modo, el estrato que le sigue -la dermis- puede continuar fabricando lo que mejor sabe hacer: una proteína de la que se habla demasiado, el colágeno. Su principal propiedad es compatibilizar la células de manera que aumenten su eficacia, lo que se manifiesta a ojos vista con la lozanía, tersura y firmeza; en fin, es lo que marca la diferencia entre un pellejo o simple cuero y una piel bella.

La engañosa publicidad

Las industrias que se encargan de elaborar cremas carísimas y con unas publicidades dignas de un videoclip, usan un concepto equívoco que confunde a la hora de elegir con qué mejunje embadurnamos nuestra cara.

Las propagandas abusan de un término, que es el de “crema hidratante”. Hay cremas hidratantes para el día, la noche, la media tarde, y hasta el mediodía.

Y esto es un error: las cremas no hidratan nada; lo que sí hacen es evitar que la piel se deshidrate, que las células que forman la piel pierdan agua.

En el mejor de los casos, la hidratación se produce de adentro hacia fuera, ni más ni menos que tomando agua. Mucho más sencillo y más barato que lo que se vende.

A medida que el tiempo hace de las suyas sobre nuestras osamentas; en tanto nos exponemos a las vicisitudes de los climas, aun cuando atravesamos zonas contaminadas o disfrutamos de la caricia del sol, nuestra piel padece un desgaste directo en las fibras del colágeno.

La tecnología tiene sus ventajas

En la industria cosmética, así como en la farmacéutica, continuamente se están buscando nuevos productos, más naturales, más eficaces y eficientes. Son mercados muy rentables, pero con una muy alta rotación de productos y de mucha competencia. Por otra parte, gracias a la concienciación sobre el medio ambiente que ha ido creciendo en las sociedades, los organismos de control -tanto medioambientales como sanitarios- se han vuelto un poco más estrictos, en cuanto al uso de determinados principios activos. Las empresas tienen que fijarse, antes de desarrollar un producto cosmético, en si sus componentes son o no tóxicos a largo plazo, si son productos potencialmente carcinógenos (pueden desarrollar algún tipo de cáncer) o teratógenos (pueden producir daños en el feto).

Si bien se ha avanzado mucho en los últimos años, cabe decir también que hay un largo camino por recorrer. Se siguen usando materias primas (los componentes con los que se fabrican los cosméticos) derivadas del petróleo, como el aceite mineral, además de derivados bencénicos, utilizados como conservantes.

Pero al ser tanto el gasto de las empresas en demostrar que un producto es seguro, estas maquinas de hacer dinero -ni lerdas ni perezosas- han buscado caminos alternativos. Ya desde los finales de la década del 90 se ha instaurado una nueva tendencia, que apunta a incorporar a la industria cosmética, productos biológicamente activos. Que los productos sean biológicamente activos significa que deben tener una acción determinada, en un sitio determinado. En el caso de la cosmética -o para ser más amplios, en el cuidado de la salud de la piel-, los productos deben ejercer su acción específicamente en alguna de las capas constitutivas de la piel. Así, por ejemplo, en el caso de la celulitis, la inflamación del tejido conectivo producida por la acumulación de grasas y toxinas dentro de las células llamadas adipositos, que forman parte del tejido en cuestión. Uno de los posibles tratamientos consiste en aplicar un producto que licúe y ayude a drenar la grasa de los fastidiosos adipocitos. El tejido conectivo, morada de las células con grasa, se encuentra debajo de la última capa de la piel, por lo que hay que atravesar las tres capas de la piel. Hacer un producto biológicamente activo conlleva hacer un producto cosmético que -aun usando viejos y nobles productos para tratar la celulitis, como puede ser el panax ginseng, la centella asiática o la cafeína- cruce las barreras de la piel de forma rápida y efectiva para llegar al sitio de acción.

La eficacia al mejor estilo neoliberal

Igual que en los modelos económicos neoliberales, que promueven reducir el gasto público para hacer del estado una empresa eficiente, las nuevas tecnologías no escapan a esta filosofía. A ciertos principios activos ya usados desde los tiempos de nuestros antepasados se les hacen determinadas modificaciones en su estructura molecular que las convierten en productos altamente eficaces. En el caso que nos compete, la eficacia viene dada por el hecho de que el activo actúe en el sitio preciso, en toda su concentración y durante el mayor tiempo posible, para que pueda cumplir su función.

Poniendo el ejemplo de la centella asiática, para combatir la celulitis se usa un preparado cuya concentración debe ser de cinco gramos de centella en noventa y cinco mililitros de emulsión, para que lleguen a los adipocitos los cinco gramos de centella sin perdidas de principio activo por el camino, y para que actúen el tiempo necesario, hasta lograr que la centella disuelva la grasa de los adipocitos.

Corte de ruta

El meollo de este asunto de los cosméticos de liberación selectiva es el estudio que hacen los quimicos cosméticos sobre las rutas de penetración. La idea es saber sobre qué capa de la piel se quiere que actúe el principio, a fin de lograr que llegue directamente a esa capa la mayor cantidad posible y que actúe durante el mayor tiempo posible.

Se han estudiado dos rutas de penetración. Una es la llamada de derivación y la otra la transdérmica. La de derivación es a través de los poros (por donde sale la transpiración) o por el folículo de los pelos, es decir, por el orificio de donde sale el pelo. La ruta transdérmica puede ser intracelular -es decir, que el principio activo pase por los espacios que hay entre célula y célula- o transcelular, esto es, que atraviese las células.

Parches o soluciones

Cuando se afirma que una sustancia es humectante o hidratante significa simplemente que retiene la humedad de la piel sin pérdidas patógenas, nunca que la aporte. Del mismo modo, cuando se dice que es emoliente, de ningún modo implica que incorpore células nuevas, sino que las reacomoda de forma que alisa la superficie y la suaviza. Los productos mal llamados hidratantes lo pueden lograr simplemente actuando como un sellador sobre la epidermis, la primera capa de piel, con lo que evitan que se escape el agua. Así actúan, por ejemplo, las cremas hechas a base de manteca de karité. Como la manteca de karité se usa también para hacer masajes gracias a su untuosidad, los masajes favorecen la apertura de los poros, con lo cual la manteca puede llegar a penetrar algo más que hasta la primera capa.

Otra característica importante es que la dermis es una de las capas que más agua contiene: de un sesenta a un ochenta por ciento de su estructura. Otra propiedad importante de la piel es que respira. Tanto las células de la epidermis como las de la dermis realizan un intercambio gaseoso con el medio ambiente, es decir, necesitan el oxigeno del aire para que las células que constituyen ambas capas puedan realizar todas las actividades metabólicas: crecer, desarrollarse y morir para que luego haya un recambio celular. Son funciones indispensables para mantener su turgencia y estructura. Por los motivos descritos, los principios activos que actúan como selladores, si bien van a evitar que se escape agua, también impiden que la piel respire, con lo cual el efecto beneficioso que proporcionan es a corto plazo.

¿Productos nobles o tecnología? Esa es la cuestión

Aquí entra en acción nuestro bien amado y versátil aceite de cannabis sativa.

Nuestro bienhechor aceite es un muy buen emoliente y un producto anti-envejecimiento. El aceite de cannabis hidrata, no por un efecto mecánico de tapón, sino por su efecto reparador sobre la pared de las células de la epidermis. Esto se debe a la gran cantidad de ácidos grasos esenciales (aquellos que el cuerpo no puede fabricar) que contiene, de los cuales los más abundantes son el omega 3 (alfa linoleico) y el omega 6 (gamma linoleico). Además de estar en grandes cantidades en el aceite de cannabis, se encuentran en una proporción óptima, de tres a uno: por cada molécula de omega 3 hay tres moléculas de omega 6. Esto le confiere propiedades ideales para su uso en cosmética, y permite a ambas moléculas incorporarse a los lípidos de la pared celular. Al incorporarse ambos aceites esenciales a la pared celular, otorgan a ésta una mayor rigidez: como si reforzáramos la pared de un dique, evitando que se escape agua de las células; que se deshidraten, en definitiva. Todo esto se traduce en una piel más turgente, más lisa, con un aspecto más juvenil.

Para ejercer esta acción beneficiosa, el aceite de cannabis sativa tiene que penetrar en el estrato córneo, capa constitutiva de la epidermis. Tenemos la grata sorpresa de que las moléculas lipofílicas (que son más afines a las sustancias grasas), como lo es nuestro querido aceite, lo hacen de forma muy eficaz. Esto permite que, para que el aceite ejerza su acción, no hace falta modificar de ningún modo su estructura. Aplicando directamente el aceite sobre la piel se verán los resultados antes descritos.

Otro uso del aceite de cannabis es que es un muy buen filtro solar, por su capacidad de absorber tanto rayos UVA como UVB, ambos dañinos para la piel. Para que los filtros solares tengan mayor efectividad, lo ideal es que contengan en su formulación principios activos con peso molecular alto. Esto último se consigue cuando se usan principios activos cuyas moléculas constitutivas son de gran tamaño. Como era de esperar, esta condición también la cumple el aceite de cannabis. Los filtros solares actúan sobre la epidermis; no es necesario que penetren a las capas más profundas. Obtendremos un muy efectivo filtro solar formulando una crema pesada, con mayor contenido graso que acuoso, a la cual se le incorpore aceite de cannabis.

La moraleja es que, a pesar de tanta publicidad sofisticada de las nuevas tecnologías en cosmética, hay productos muy nobles, como el aceite de cannabis, que no necesitan de ningún tipo de modificación para que actúen de forma totalmente eficaz. Esto demuestra que tanta tecnología e inversión es sólo un desesperado intento de los monopolios por captar mercados, más dinero y más incautos.

 

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