Los pigmeos del Congo se arriesgan a plantar marihuana para mejorar su vida

En la provincia de Kivu del Norte de la República Democrática del Congo, decenas de pigmeos entran a un parque nacional al que tienen vetado el acceso para cultivar cannabis. Con él pueden incrementar sus pequeños ingresos; de hecho, algunos han cambiado de trabajo para mejorar su sueldo diario de un dólar. Con ello refuerzan también sus tradiciones, pues llevan cultivando marihuana en la zona desde hace varias generaciones. El temor a las fuerzas de seguridad del país o a los guardas del parque no les echa para atrás.
Los pigmeos del Congo se arriesgan a plantar marihuana para mejorar su vidaLos pigmeos del Congo se arriesgan a plantar marihuana para mejorar su vida

Son numerosos los pueblos del planeta Tierra que utilizan la marihuana o el cáñamo de forma sorprendente, como remedio medicinal, para fabricar objetos o para su consumo lúdico. Ejemplos de ello tenemos en África: tribus de pigmeos de la República Democrática del Congo llevan cultivando marihuana desde tiempos inmemoriales. Ni siquiera ellos se acuerdan de cuánto tiempo llevan haciéndolo. Sin embargo, su situación se ha complicado en los últimos tiempos: no tienen tierra propia para cultivar, y hacerlo donde lo hacían sus antepasados se ha convertido en un riesgo.

A ello se suma que el Ejército congoleño confisca en muchas ocasiones sus plantas, y muchas familias optan por tener una pequeña plantación en un rincón de su casa, cuando hace años podía ser mucho mayor. La marihuana es ilegal en este país, pero muchas familias no temen a la ley después de varias décadas de dictadura y una guerra civil que ha dejado millones de muertos en dos décadas.

De generación en generación, los pigmeos han pasado sus conocimientos para conseguir unos cogollos más potentes. Es lo que ha pasado en la comunidad pigmea de la provincia de Kivu del Norte, en el noreste del país. Marginados por los bantúes, que los consideran una especie de esclavos, según un estudio reciente sobreviven con menos de un dólar (0,92 céntimos de euro) al día. La marihuana se ha convertido en un modo de vida para esta población.

Para ello, dos veces a la semana un grupo de estos pigmeos se levanta muy temprano para acceder al parque nacional de Virunga para cultivar marihuana. En la falda del volcán Nyiragongo, entre otros cultivos como patatas o hierbas medicinales, se encuentra el cannabis. Hacerlo es un peligro, ya que tienen vetado el acceso a Virunga desde 1952, cuando se creó el parque, pero ellos siguen arriesgándose: la marihuana está muy bien oculta entre los frondosos bosques del terreno. 

Una vez las plantas están listas, las cortan y las lleva a su aldea para su secado al sol. Luego, la venden o la usan como remedio medicinal: las semillas mezcladas con agua curan sus dolores de estómago; la hierba amasada con yuca ayuda a estimular el apetito, mientras que hervida en té ayuda con la tos o una gripe. 

Irónicamente, y según su testimonio, el tratamiento de policías y militares es cambiante: unas veces les golpean y arrestan por cultivar la planta y en otras ocasiones son sus propios clientes. El movimiento por los pueblos indígenas Survival International ha denunciado que los pigmeos de la cuenca del Congo sufren arrestos y son torturados o incluso asesinados por escuadrones contra la caza furtiva. Curiosamente, algunos miembros de las fuerzas de seguridad también cultivan marihuana para complementar su sueldo.

Mientras, algunos pigmeos de la comunidad también han denunciado que los guardianes del parque los han arrestado e incluso que han asesinado a compañeros. Según el propio parque, cada semana hay una media de 20 arrestos, y el área se vigila cada día. Cuando se confisca la planta, esta se quema.

A pesar de todo, los pigmeos no quieren dejar sus tradiciones ni tampoco un cultivo que puede incrementar sus ganancias: con lo vendido pueden ganar entre 8 y 100 dólares (7,36 dólares y 92,10 dólares cada semana). Para ellos, es una fuente de estabilidad frente a la voluble situación del país. De hecho, algunos de los más jóvenes han dejado de vender leña o de trabajar el campo para pasarse a un negocio que ven más beneficioso. Solo falta que la situación mejore y que muchos vean que no hay nada malo en el consumo y cultivo de esta planta.

Fuente Lamota.org

 

 

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