Los hijos del cáñamo o Bena Riamba

El consumo de cannabis se convirtió en todo un hecho cultural en la zona del Congo en la región de Lukubu a mediados del siglo XIX. Se consumía cannabis en grandes pipas que podían llegar a un metro de largas de las que sus dueños nunca se separaban, ya sea en viajes, en guerras o en cacerías. El consumo de cannabis se convirtió en una especie de religión, en una nueva forma de pensar. Entrar a la sección del foro dedicada a Historia de las drogas, moderada por Isidro Marín.

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Originariamente eran pequeños grupos de fumadores de cannabis vinculados por lazos de amistad, pero finalmente dio lugar a la formación de un culto religioso. El origen de cómo llegó esta costumbre de consumir cannabis aún no están muy claras ya que fumar es una costumbre extranjera. Existen dos teorías; la primera afirma que los khoi-khoi, un pueblo pigmeo y nómada, puso en contacto el cannabis con los pueblos bantúes. Otros afirman que fueron los árabes, con sus rutas comerciales y de negreros, los que introdujeron el cannabis por la cuenca del Congo y por la zona del lago Victoria. Se supone que el cannabis llegó por el contacto entre pueblos y etnias distintas, en expediciones de caza, de trueque que hicieron llegar las primeras semillas de cannabis. Esta planta se adaptó perfectamente a un clima con muchas horas de sol y mucha lluvia.

 

Hacia 1850, el jefe Kalamba-Moukenge, de los balubas (una tribu bantú del Congo), para asegurar su poder sobre las distintas tribus recientemente sometidas y para luchar contra el invasor blanco impone un nuevo tipo de forma de pensar. Pero sobre todo fue para fomentar la armonía y la cooperación entre las nuevas tribus dominadas (Robinson, 1999:95). El rey Kalamba y su hermana Sangula Meta presidían las ceremonias en donde se fumaba mucho cannabis. Otros investigadores opinan que decidieron finalizar la idolatría tradicional y quemar los antiguos fetiches e ídolos tradicionales, e instaurar un nuevo ritual único basado en el consumo colectivo de cannabis o riamba (cáñamo) que uniría a todas las tribus. Así cayeron los antiguos dioses y oráculos (Zetterstrom, 1966: 151-165). Los seguidores del nuevo culto se llamarán Bena-Riamba ("Hijos del Cáñamo") es como una especie de gran secta o un culto en el que su ideología es de corte comunista agrícola. Cuando viajaban no llevaban consigo armas sino pipas. El silencio de la noche era interrupido por los ataques de tos espasmódica de los fumadores de cannabis.

Se quería eliminar a partir del nuevo culto todo derramamiento de sangre. El cannabis se volvió un símbolo de paz, compañerismo, magia y protección. No se permitía llevar armas en los pueblos. El vino de palma fue prohibido. Eliminaron la tradición de comer la carne de los enemigos.

 

El cannabis como sustancia principal en la nueva religión

Las ceremonias religiosas se centraban en el consumo comunitario de la pipa de cannabis. Creían que el hábito de fumar de forma ritual cannabis habilitaba al alma a reencarnarse. Las ceremonias religiosas sucedían de noche, los seguidores se reunían en el centro de las aldeas en una plaza llamada riota, lo realizaban completamente desnudos y con las cabezas afeitadas. Se sentaban en grandes círculos y fumaban cannabis en grandes pipas, era un consumo exclusivo para los hombres, los cultos Dagga eran secretos, y creían que los dioses enviaron a la tierra el cannabis sagrado.

Las mujeres eran las encargadas de hacer los trabajos rutinarios en el pueblo y no tenían tiempo para la ociosidad. Las mujeres se dedicaban a los trabajos en el campo, al cuidado de los niños, a las labores domésticas, mientras que los hombres sólo fumaban y disfrutaban.

Cada tribu tenía la obligación de participar en el culto de Riamba y mostrar su devoción por el consumo de cannabis. Ellos atribuían poderes mágicos universales al cannabis. Se creía que era bueno contra todo tipo de mal y lo tomaban en todo momento.

Otros autores afirman que Bena Riamba era una sociedad secreta que se impregnó del mahometanismo y que acabó por eliminar los fetiches ancestrales y a sus dioses por un culto a la planta de cáñamo. Los Hijos del Cáñamo eran distinguidos por los Balubas y los Balundas (Martín, 2004: 92)

 

La llegada del hombre blanco

La historia del uso africano del cannabis en el Congo lo contó en 1891 el explorador alemán Herman von Wissman, en su libro “Mi segundo viaje por el África Ecuatorial”. La tribu que protagoniza la historia era la de los Bashilange, cuyo nombre local para el cannabis era riamba: “Las tribus unas con otras, poblados contra poblados, vivían siempre a la defensiva; entonces hace unos 25 años (en torno a 1850), empezó a arraigar la adoración al Cannabis, y comenzaron a sentirse sus efectos... Los Bena-Riamba, Hijos del Cáñamo, cada vez encontraban más seguidores: Empezaron a tener relaciones unos con otros a medida que iban siendo cada vez menos bárbaros, y formularon leyes”.

Wissman encontró grandes parcelas de tierra alrededor de las aldeas dedicadas para el cultivo de cannabis. Los lugareños creían en la reencarnación y la llegada del hombre blanco les resultó como la llegada de los hombres que habían muerto (la piel blanca de los exploradores lo achacaban al paso por un agua purificadora). A finales del siglo XIX, el explorador H. von Wissmann llegó a encontrar la tribu bantú; ellos pensaron que era la reencarnación de su jefe muerto Kassongo, quien, aparentemente y durante su ausencia, había difundido esta creencia; y le ofrecieron su esposa y sus pertenencias. Von Wissman se vio inmerso en la nueva creencia.

 

Leyes penales basadas en el consumo de cannabis

Tal como explicaba Wissman, la transformación dentro de la sociedad Bashilange era prácticamente un milagro. El cannabis se convirtió en un símbolo de paz, amistad, magia y protección. A los hombres ya no se les permitía llevar armas en su poblado; el canibalismo, que hasta entonces estaba aceptado, quedó prohibido. Como los hippies de épocas posteriores, uno saludaba al vecino con la palabra “Moio” que significa “vida” o “salud”. El vino de palmera, que hasta entonces era una forma de embriagarse fue prohibido; fumar cannabis se convirtió en una obligación.

También se utiliza cannabis en temas de jurisprudencia por el pueblo Bashilage. Fue abolida la pena de muerte. Quizá el fenómeno más extraño fuera un nuevo castigo: todo aquel que fuera acusado de un crimen era obligado a fumar cannabis hasta que confesara su transgresión o se desmayase. Los adúlteros recibían el mismo castigo, y la cantidad de cannabis que tenían que consumir dependía del estatus tribal del transgresor. Una vez se desmayaba la cosa se ponía aún más fea: lo desnudaban, le metían pimienta en los ojos y le atravesaban el tabique nasal con un hilo rojo en señal de su crimen.

Muchos se aprovecharon de la indulgencia de las nuevas leyes, poco severas, para preparar un golpe de Estado contra la familia real poco dura. Muchos nobles pensaban que habían luchado para conseguir recompensas y no para ser hermanos de las tribus sometidas. La nobleza veía como poco a poco perdía privilegios y no estaba muy conforme. Las telas de algodón antiguamente tan sólo podían ser utilizadas por la nobleza, pero con las nuevas leyes de hermandad anularon tales distinciones de clase. Los nobles perdieron riquezas después de la adopción de este culto ya que las tribus vecinas que eran vasallas dejaron de pagar tributos. Con las nuevas leyes de hermandad los antiguos vasallos se negaron a continuar los tributos. La nobleza comenzó a preparar un asesinato real.

 

El fin de los Bena Riamba

Ernest Abel, historiador, continua con la historia en un libro escrito en 1980: “Todos estos problemas llegaron a su clímax en torno al año 1876, cuando estalló una gran rebelión contra el jefe. Acusaron al rey, su hermano y su hermana de haber matado a un hombre usando la magia. Fue una denuncia inventada, pero los acusados tuvieron que fumar rimaba hasta perder el sentido para demostrar que era falso. Cuando al final cayeron a tierra, fueron atacados y apuñalados por sus enemigos. Si no hubiera sido por la intervención de algunos otros lugareños, los hubieran matado. Al no haber tenido éxito en su intento de asesinar a la familia real, los líderes de la rebelión huyeron de la aldea, pero pronto regresaron a sus hogares y nunca nadie les castigo por el crimen. Sin embargo el fin se acercaba ya, y no paso mucho tiempo antes de que las fuerzas anticannabis reunieran los suficientes partidarios como para acabar con el cultivo de rimaba” (Abel, 1980).

La utopía había acabado, pero ni siquiera entonces desaparecieron todos los cambios introducidos. La tribu seguía intentando mantener relaciones pacificas, antes que belicosas con sus vecinos, y el sistema seguía conllevando que se fumase cannabis. Desde entonces no existía ningún acuerdo comercial ni ningún tratado de paz en el que no se fumase cannabis.

Este nuevo culto no duro mucho más. Este estilo de vida protohippy tuvo tantos oponentes como posteriores herederos. Las leyes sobre el cannabis eran demasiado permisivas; aquellos que se habían beneficiado de la antigua estratificación social, es decir, los miembros de la aristocracia, creían que la igualdad imperante en la nueva sociedad era algo inaceptable; lo más grave fue el colapso del estatus tribal en la política local. Aquellas otras tribus que antes habían estado subyugadas perdieron el respeto y se comportaron en consecuencia: se limitaron a ignorar los tributos, que antes fueron vitales para la prosperidad de los Bashilange. Y dado que ya no podían luchar, y menos aún comerse a sus enemigos, ya no podían imponer el cobro.

 

Bibliografía

 Abel, E. Marihuana: The first 12,000 years. Plenum Press, Nueva York (1980)
Green, J. Cannabis enciclopedia ilustrada. Editorial RBA.
Marín Gutiérrez, I. (2003) Historia conocida o desconocida del cannabis. Megamultimedia. Málaga
Martín, J.L. (2004) Ecue, Chango y Yemaya/ecue, Chango And Yemaya: Ensayos sobre la Subreligion de los afrocubanos. Editorial Renacimiento.
Robinson, R. (1999) El gran libro del cannabis: Guía completa de los usos medicinales, comerciales y ambientales de la planta más extraordinaria del mundo. Inner Traditions / Bear & Company.
Zetterstrom K. "Bena Riamba, brothers of hemp" Studia Ethnographica Upsaliensia, 26 (1966).

 

 

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