Los efectos de la marihuana en el sistema digestivo: estimula el apetito, alivia las náuseas y reduce la inflamación

Los trastornos del sistema digestivo resultan especialmente molestos y disminuyen la calidad de vida de muchas personas. La marihuana puede servir de ayuda en estos casos, aliviando desagradables síntomas como las náuseas, los dolores de estómago y la pérdida de apetito. Sus ingredientes químicos se unen a los receptores del sistema endocannabinoide del cuerpo, encargado de regular sensaciones como el apetito y el dolor, haciendo que sintamos más hambre o que disminuyan los vómitos.

El médico estadounidense Lester Grinspoon ha estudiado en profundidad los efectos positivos de la marihuana para tratar diversos problemas de salud. Sin embargo, a finales de los 60, sus conocimientos no estaban tan avanzados y aún existían graves reparos y prejuicios sociales sobre el uso de la planta para paliar los síntomas de graves enfermedades. En 1967, el mismo año que Grinspoon comenzó a investigar sobre las bondades del cannabis en el campo de la salud, su hijo fue diagnosticado con leucemia infantil cuando solo tenía 10 años de edad.

El chico comenzó pronto a recibir quimioterapia para combatir el cáncer que atacaba su cuerpo, con consecuencias negativas para su bienestar. Sufría náuseas y pérdida de apetito que le impedían seguir una vida normal. Pese a haber empezado a indagar sobre el tema, Grinspoon todavía no era consciente del potencial del cannabis para eliminar el malestar ocasionado por el agresivo tratamiento, pero un colega investigador le habló del caso de otro chico al que la marihuana había ayudado a sobrellevar la enfermedad. La mujer del médico fue, sin embargo, la que se decidió a proporcionar marihuana a su hijo, que la tomó tras una sesión de quimioterapia en 1972. Después de tomarla, desaparecieron los vómitos y el joven recuperó las ganas de comer, según ha explicado el propio Grinspoon.

La condición del vástago de este experto, autor de los libros ‘Reconsiderando la Marihuana’ y ‘Marihuana: la medicina prohibida’, no es un caso aislado. A lo largo de las últimas décadas se ha comprobado la efectividad de la marihuana para atenuar e incluso hacer desaparecer síntomas que se manifiestan en el sistema digestivo: no solo náuseas y pérdida de apetito, también la inflamación y el dolor. La clave para entender el efecto que la planta causa en esta parte del organismo es su fuerte conexión con el cerebro, y los sistemas nervioso y endocannabinoide del cuerpo.

Uno de los principales ingredientes químicos de la marihuana, el tetrahidrocannabinol (más conocido como THC), actúa uniéndose a un grupo de receptores en el cerebro que forman parte del sistema endocannabinoide, responsable del control de las emociones, la memoria, la sensibilidad al dolor y el apetito, entre otros procesos. El cerebro produce naturalmente compuestos, llamados endocannabinoides, que se anclan a estos mismos receptores. El THC imita a estas moléculas, produciendo los mismos resultados e incluso potenciándolos.

Investigación y ciencia abren nuevos horizontes

Diferentes estudios han demostrado que los componentes químicos de la marihuana intervienen en distintas partes del cerebro, con consecuencias variadas. Por una parte, el THC es capaz de ensamblarse con los receptores de una zona conocida como 'núcleo accumbens', constituida por un grupo de neuronas responsables de la producción de dopamina y, por tanto, de las sensaciones de placer y el sistema de recompensa del cuerpo. Por otra, este compuesto interactúa con el mismo tipo de moléculas en el hipotálamo, provocando esta vez la liberación de la hormona grelina, que estimula el apetito.

Pero hay otra función de esta polifacética molécula, todavía más sorprendente: como reveló un estudio publicado en la revista científica ‘Nature Neuroscience’, el THC tiene la facultad de agudizar el olfato y el gusto, potenciando de esta forma las ganas de comer y la satisfacción que sentimos durante la ingesta. El compuesto y, por tanto, el cannabis, utiliza diferentes estrategias para manipular los mecanismos que el cerebro utiliza para regular los sentidos, convenciendo al cuerpo de que estamos hambrientos.

En 1999, el Instituto de Medicina de Washington, una organización sin ánimo de lucro fundada como parte de las Academias Nacionales de Ciencias estadounidenses, publicó un detallado análisis sobre la marihuana medicinal donde recogía muchas de estas propiedades de la planta. El trabajo tenía en cuenta los resultados de una quincena de estudios previos y concluía que sus resultados eran un indicativo del valor terapéutico de la marihuana para paliar el dolor, controlar las náuseas y vómitos y estimular el apetito.

Otra investigación más reciente se centraba en esta última propiedad del cannabis. Sus autores hallaron una relación entre la anorexia y la bulimia nerviosa y una alteración en el cerebro que provoca la pérdida de endocannabinoides producidos por el cuerpo. La desregulación del sistema endocannabinoide causa, entre otros efectos, la distorsión de las sensaciones de hambre. De ahí que los compuestos de la marihuana, que actúan sobre este mismo sistema, puedan ayudar a las personas que sufren estas enfermedades.

La marihuana también puede proporcionar una alternativa eficaz para la enfermedad intestinal inflamatoria debilitante conocida como enfermedad de Crohn, que afecta a la mucosa del tracto digestivo y es generalmente resistente al tratamiento convencional basado en fármacos. Incluso con el tratamiento, el Crohn progresa generalmente hasta el punto de requerirse cirugía en 70% de los pacientes. El sistema endocannabinoide desempeña un papel fundamental en las enfermedades inflamatorias del tracto digestivo, ya que el intestino contiene niveles muy altos de receptores cannabinoides. El THC y CBD activan esos receptores y ayuda en la reducción de la inflamación crónica.

Las náuseas también están en el cerebro

Pero el papel de los ingredientes del cannabis no se limita a estimular el apetito. Aunque pueda parecernos lo contrario, las náuseas tienen mucho que ver con el cerebro y, de nuevo, los sistemas endocannabinoide y nervioso. Esta molesta sensación en el estómago y la garganta, que suele ir acompañada por ganas de vomitar, se produce por un trastorno de los movimientos gástricos. La alteración puede estar provocada por malas digestiones, la presencia de algún tipo de patógeno (bacterias o virus) o como consecuencia de tratamientos de quimioterapia o radioterapia.

El THC puede paliar este desagradable síntoma también debido a su papel en el sistema endocannabinoide del organismo. Uniéndose a los receptores del cerebro, provoca reacciones en cadena que calman los espasmos y mejoran la movilidad del sistema digestivo.

Otro de los problemas asociados a las molestias sufridas en el intestino y el estómago es la inflamación, una respuesta del sistema inmunológico del cuerpo a una agresión externa que provoca vasodilatación, acumulación de sangre y la proliferación de leucocitos, las células que nos protegen de infecciones. El cuerpo intenta así aislar y destruir el agente dañino y reparar los tejidos perjudicados.

Aparte de su efecto en el cerebro, tanto el THC como el cannabidiol (CBD) se unen a un tipo de receptores que se encuentran en los órganos y tejidos del cuerpo, denominados CB2, que tiene un papel crucial en la respuesta inflamatoria. Cuando son activados en las células, estas liberan menor cantidad de las señales químicas que provocan la alteración, disminuyendo los síntomas y atenuando la respuesta del cuerpo a las agresiones. Además de estas dos populares moléculas, existe otro ingrediente de la marihuana que puede presumir de tener la misma función: se trata de una sustancia llamada betacarofileno, que representa entre el 12 y el 35 % de los aceites esenciales de la planta.

También se ha demostrado que los cannabinoides de la marihuana son capaces de regular la producción de citoquinas, unas proteínas que controlan los mecanismos de la inflamación, y los linfocitos T, otras células del sistema inmune que pueden llegar a atacar a las propias células del cuerpo. Con estas acciones, los componentes del cannabis contribuyen a disminuir la inflamación y, con ello, el dolor.

Los formatos más efectivos

Una vez conocidos todas las propiedades medicinales de la marihuana en el sistema digestivo, cabe preguntarse cuál es la mejor manera de tomar sus químicos para que el tratamiento sea rápido y efectivo. Hay múltiples opciones, que van desde la inhalación al consumo de aceites o concentrados de cannabis, pasando por la vaporización y la ingesta de alimentos que contienen la planta.

Sin embargo, no todos estos métodos proporcionan los mismos resultados. Como explica la Sociedad Estadounidense del Cáncer (ACS), el organismo tarda varias horas en absorber y asimilar el THC cuando este se toma de forma oral, ya sea en forma de comida o de pastillas, lo que retrasa el efecto de la molécula y la disminución de las molestias. Además, la ACS advierte que cuando se consume de esta forma, el THC no actúa de la misma manera en el cerebro. Una vez tragamos un comprimido, este entra en el sistema digestivo y sus componentes son procesados en el hígado, de manera que se liberan químicos diferentes, menos efectivos en el alivio de las náuseas o la inflamación del estómago.

En el caso de la vaporización o la inhalación del humo de un cigarrillo, el proceso se acelera. Cuando el vapor entra en los pulmones, el THC pasa rápidamente a los vasos sanguíneos, distribuyéndose por el cuerpo y llegando al cerebro, atenuando casi instantáneamente las molestias.

Tanto las investigaciones como las experiencias de enfermos y personas que sufren de trastornos digestivos demuestran la efectividad de la marihuana para aliviar las molestias gástricas. Cada vez está más claro que los ingredientes químicos de la marihuana actúan en nuestro organismo para librarnos de náuseas, inflamación y dolores estomacales que disminuyen la calidad de vida.

Fuente Dinafem.org

 

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