Jabón de cannabis

Lava todo, menos el alma y la imaginación, por suerte

- Por Andrea Cynthia Mindlin (facultad de Farmacia y Bioquímica, Universidad de Buenos Aires)

Fortuna que desliza por el desagüe del lavabo tras haber recorrido de modo más impúdico que recatado los secretos senderos de la piel, la suave riqueza jabonosa ostenta una tan cotidiana presencia que pasa desapercibida. Aquí, una sucesión de tips para evitar caer en la trampa de los comerciales de la tv y generar los propios recursos para una limpieza que puede resultar más un medio que un fin.

 

Poesía impía, prosa sarnosa. Lo más radiante encuentra
su origen en lo más oscuro. Jabón la lengua española que lava en el
poema las heridas del ser, las manchas del desamparo y el fracaso.
Contra el crimen universal no puedo hacer nada. Aspiro el aroma a
nuevo del jabón. El agua permitirá que se deslice sobre la piel y nos
devuelva una inocencia imaginaria.

José Emilio Pacheco (México D. F., 1939)

fragmentos de “Elogio al Jabón”

Así es como el versátil poeta mexicano le canta a ese compañero resbaladizo, húmedo, suave, maleable y, a veces, babeante que recorre nuestro cuerpo cada día, cómplice de otras intensidades. El jabón: ese objeto que puede despertar tanta sensualidad a través de sus olores, texturas, formas y colores tiene tras de sí una sabiduría y un arte milenario.

Como muchos de los descubrimientos de la humanidad, el del jabón fue por azar. El agallazo de una suerte de origen del jabón fue netamente femenino, obviamente, ya que eran las damas quienes realizaban estas tareas, encomendadas por la humanidad. Corría el año 1000 A.C. y las perspicaces mujeres romanas notaron, mientras lavaban la ropa a orillas del río, que cuando bajaba de las montañas una sustancia grasosa, desechos de los sacrificios de animales, al mezclarse con las cenizas del agua de río, la ropa se limpiaba más fácil. He aquí el principio básico para fabricar jabón. Ya en el siglo VII en España e Italia existía una intensiva industria del jabón. Aprovechando el regalo que la naturaleza les proporcionaba con sus proliferos olivares, hacían el jabón con aceite de oliva, dando origen al famoso “Jabón de Castilla”.

Un tema resbaladizo

La función del jabón innegablemente es la de barrer la suciedad, las células muertas de la piel y eliminar el mal olor. Como en el arte de amar, donde hay piel o no y no hay nada más que hablar; en materia de jabones, con la dermis hacen una muy buena pareja, sin lugar a dudas por las características en común que hay entre ambos.

El órgano más extenso y expuesto del cuerpo humano tiene una organización lipídica; dicho en castellano, tiene grasa en su estructura, elemento que lo emparenta con el jabón. Pero veamos en qué consiste este ancestral acompañante del ser humano. El jabón no es ni más ni menos que el producto de una reacción química, denominada saponificación.

Una operación tan sencilla como poner juntos una grasa y soda cáustica, cuyo nombre químico es hidróxido de sodio, da por resultado un producto limpiador.

El jabón va a estar compuesto entones de una parte afín a la grasa, lipofílica, y una parte cuya comunidad es con el agua: hidrofílica.

Van a ser estas propiedades duales las que le permitirán al jabón que pueda penetrar en la piel para barrer con la suciedad y que este inmundo mejunje pueda ser retirado de la piel con el agua.

Si hay algo de divertido que tienen las ciencias químicas es lo creativas que puede llegar a ser. Partiendo de un concepto básico podemos jugar para obtener infinidad de tipos, usos, texturas, aromas, formas de jabones.

Si comenzamos con una grasa vacuna vamos a obtener un jabón con gran poder limpiador, áspero y que generalmente se utiliza para lavar ropa, el jabón blanco, que en realidad no es blanco sino amarillento, al cual se le agrega un blanqueador para mejorar su aspecto visual. Si bien el jabón blanco es usado para la piel, no es muy conveniente para aquellas muy secas. Si en cambio utilizamos un aceite de origen animal, que es una grasa pero liquida, vamos a tener como resultado un jabón más suave y apto para el uso dérmico.

También podemos usar aceites de origen vegetal que le van a conferir una textura más blanda. Si hacemos nuestra mezcla con aceite en mayor proporción que soda cáustica vamos a obtener un jabón líquido. Se puede reemplazar la soda cáustica por hidróxido de potasio, en cuyo caso vamos a tener como resultado un producto blando, utilizado generalmente para elaborar jabones anti seborreicos, ya que el hidróxido de potasio le confiere una propiedad secante que ayuda a eliminar el exceso de grasa del cuero cabelludo, causante de la desagradable descamación blancuzca.

Sacarse las molestias como la seborrea tiene su precio. Y este es el elevado costo del hidróxido de potasio, que va a ser el responsable que se nos den vuelta los ojos cuando veamos en las góndolas el precio de este tipo de jabones. El tema de la cuestión del precio monetario, si bien está estrechamente ligado a la calidad de las materias primas que se utilicen, no implica que siempre las más caras sean las mejores. Lo cierto es que ¿a quién no le causa placer visual ver en un comercial un lugar paradisiaco, un diáfano atardecer primaveral y en el medio de esa escena, una hermosísima señorita semidesnuda, que lo único que cubre esa animal belleza sea una blanquísima y permanente espuma blanca? ¿Quién no va a creer que nuestra diva del jabón no esta inmersa en un elixir que limpia, purifica y blanquea hasta nuestros más oscuros pensamientos? Esto en parte es cierto y en parte no lo es. Si ponemos el peso del poder limpiador de un jabón en la espuma que produce estamos obviando parte de la historia. Que un jabón lave mejor no va a depender pura y exclusivamente de la espuma que produzca.

Pura espuma

La acción limpiadora es un sistema físico compuesto por la grasa del jabón, la suciedad a barrer y el elemento fundamental, el tipo de agua.

Las aguas que contengan sales de calcio se denominan aguas duras. Aquí el jabón no va a poder ejercer su acción porque no se va a formar ese sistema tripartito, pues las sales contenidas en este tipo de aguas no se lo va a permitir.

Si estamos frente a aguas denominadas blandas, que no contienen sales de calcio, el jabón va a ejercer su acción limpiadora, pero no va a ser más efectivo porque genere más espuma.

Los jabones líquidos están fabricados de forma tal que generan mucha espuma, pero sólo a efectos del marketing y no porque tenga mejores propiedades limpiadores que un jabón cosmético en pan. Otro mito a derribar es que para las zonas intimas, donde la piel es más sensible, se debe usar un jabón en particular.

Esto no es necesariamente así; puede que sean áreas más propensas a sufrir alergias y que por precaución se usen por ejemplo jabones neutros, cuyo Ph, índice de acidez, es similar a la de la piel, como lo es el jabón de glicerina.

Dentro de la inmensa gama de jabones los podemos clasificar según la acción pretendida:

Los jabones comunes: sólidos y espumosos, hechos por lo general con sebo grasoso y sodio o potasio. Se indican para todo tipo de pieles y en algunos casos pueden usarse para lavar el cabello

Los jabones humectantes: suelen tener aceites vegetales, otros poseen cremas humectantes en su composición o grasas enriquecidas con aceite de oliva, avellana y otros. Los hay también de glicerina. Son útiles para las pieles secas o dañadas por el uso de detergentes.

Los jabones suaves: tienen en su composición aguas termales y son recomendados para las pieles sensibles.

Los jabones líquidos: que se presentan como una loción de limpieza. Su poder efectivo varía y no todos tienen la misma eficacia.

Los jabones dermatológicos: contienen agentes de limpieza sintéticos muy suaves, a los que se añaden vegetales que contribuyen a cerrar los poros, aliviando las irritaciones y frenando la aparición de acné o puntos negros. Con estos jabones la piel no se descama. Son recomendados para pieles que arrastran inconvenientes, ya sea de modo permanente o estacional, o ante apariciones puntuales de irritaciones.

Los jabones de glicerina: son neutros, no suelen humectar la piel, al contrario, en algunas ocasiones tienden a resecarlas y se recomiendan para las pieles grasas. Por lo general, la glicerina tiene un efecto más duradero que los jabones comunes.

Los jabones terapéuticos: son recetados por los médicos. Algunos se recomiendan para psoriasis, para micosis cutáneas y otros para limpieza profunda de cutis.

Una limpieza de luxe

Obviamente que con nuestro bien amado aceite de Cannabis Sativa podemos fabricar un jabón de lujo, muy suave, muy hidratante y que le va a aportar a la piel vitamina E y C, poderosos antioxidantes, y vitamina A: un buen regenerador celular. Vamos obtener un jabón verde aromático y con una espuma de una textura muy sedosa.

La precaución que hay que tomar es que como el aceite de Cannabis contiene muchos ácidos grasos, el jabón va a tener una vida útil de no más de seis meses, por lo que conviene agregarle una óleo resina de romero para ayudar a evitar que se oxide el aceite y el jabón se ponga rancio. Si no se quiere agregar nada, se puede conservar guardándolo en el refrigerador.

Aquí va nuestra receta del jabón de aceite de Cannabis Sativa. Es muy sencilla: solo que hay que tomar algunas precauciones como el uso de guantes y gafas de seguridad.

Ingredientes:

473 ml de Aceite de Cannabis

177 ml de Agua Destilada

62 ml de lejía de sosa (Hidróxido de sodio)

Gotas de un aceite esencial a elección.

Guantes

Gafas Protectoras

2 ollas grandes

Termómetro

Procedimiento:

  1. Preparar el ambiente de trabajo, asegurarse que todos los ingredientes están medidos y tener el lugar ventilado.
  2. Póngase los guantes y las gafas de seguridad.
  3. Coloque el agua destilada en la olla y vierta la lejía de manera cuidada y lenta. Evite inhalar los vapores que se desprenden. Esta mezcla produce mucho calor.
  4. Coloque el termómetro dentro de la olla que contiene la lejía y deje enfriarla hasta los cuarenta (40°C) grados Celsius.
  5. Vierta el aceite de Cáñamo en la otra olla y caliente también hasta los cuarenta (40°C) grados Celsius.
  6. Cuando ambas mezclas estén a la misma temperatura, los cuarenta (40°C) grados Celsius, agregue la lejía al aceite de Cannabis.
  7. Revolver de forma moderada y constante.
  8. Una vez que comienzan a aparecer como cintas de jabón solidificadas, que se evidencian por ser más opacas que el resto de la mezcla, la aparición de estas trazas puede llevar una hora de agitación.
  9. Agregue la fragancia elegida y mezcle unos segundos más para lograr uniformidad.
  10. Vierta la mezcla en los moldes, asegúrese de tenerlos cerca de donde esta mezclando. Guarde los moldes en un lugar oscuro y fresco
  11. Luego de tres días de dejar que se terminé de realizar la solidificación, del jabón puede ser desmoldado.
  12. Comenzar a usar el jabón seis semanas después de haber sido desmoldado, para dejar que el jabón se cure, se le evapore cualquier resto de lejía que pueda haber quedado en su superficie.Recordar que la lejía es un compuesto muy caustico para la piel.

Naturalmente se puede usar además de aceite de Cannabis Sativa otros aceites. El aceite de castor utilizado de un cuatro a un seis por ciento, le otorga la propiedad al jabón de hacer una espuma aún más cremosa.

Si queremos obtener un jabón con propiedades calmantes podemos preparar un té de manzanilla, hirviendo en agua destilada, que luego vamos a añadirle a la lejía. También se puede hacer un jabón exfoliante agregándole a la mezcla semillas de Cannabis trituradas.

Si bien estas técnicas no son complicadas, llevan su tiempo de elaboración.

Hay otras formas de hacer jabones, no tan artesanales ni naturales, pero sirven igual si uno desea tener un jabón hecho a su medida sin tanto despliegue. El jabón también se vende ya hecho, en escamas, lo único que hay que hacerle es fundirlo y agregarle el aceite que queramos, la fragancia y el color elegido.

Obviamente los moldes tienen que ser de metal o un material que pueda soportar altas temperaturas. Con la elección de los moldes también podemos poner en juego nuestra imaginación, desde algún diseño decorativo hasta otro que despierte pensamientos que ni con jabón se laven.

 

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