Desde hace años, un grupo de investigación de la Universidad de Sevilla, dirigido por Mercedes Fernández Arévalo, trabaja para encontrar una forma efectiva de hacer frente al dolor crónico. Dentro de este proyecto y en colaboración con la Universidad de Cádiz y el CIBER de Salud Mental, ahora han patentado un camino efectivo para atajar el dolor neuropático, basado en la utilización del cannabinoide sintético CB13 y de la nanotecnología.

Según explica Arévalo a Dinafem, este tipo de patología crónica afecta a 7 millones de personas en España, lo que supone entre el 7 % y el 8 % de la población. El dolor crónico neuropático provoca daños en los nervios y en la calidad de vida de los enfermos, "es muy discapacitante" y aumenta más del 50 % las unidades del dolor en quienes lo sufren. Además, son muy diversos los tipos de pacientes aquejados del problema: desde diabéticos a enfermos de cáncer y hasta de sida.

Y, sin embargo, "el tratamiento farmacológico actual no está resultando eficaz en numerosas situaciones clínicas", ya que consiste en un trastorno neurológico en el que las personas experimentan dolor crónico intenso al tener un nervio dañado. En ocasiones se utilizan antidepresivos, antiepilépticos y analgésicos habituales, pero sin resultados definitivos, por lo que desde hace un tiempo el dolor neuropático se ha convertido en un reto clínico que hay que solventar.

En esta línea, dice la investigadora que "el cannabis sativa tiene unas 400 moléculas químicas diferentes, de las que alrededor de 60 poseen propiedades analgésicas". El único inconveniente es que este tipo de elementos suelen acceder fácilmente al sistema nervioso central y provocan efectos psicoactivos en los pacientes, lo que limita su uso en el ámbito terapéutico.

Para evitar la psicoactividad y especialmente para aprovechar los beneficios de los cannabinoides, estos profesionales están experimentando con la molécula CB13, en el marco de un proyecto de excelencia de la Junta de Andalucía en el que aplican la nanotecnología al desarrollo de nuevos sistemas de administración de fármacos.

La molécula tiene grandes propiedades analgésicas, por lo que funciona desde el punto de vista farmacológico, algo que ya se conocía pero que no se podía aprovechar. Por otro lado, tiene muy poca penetración en el cerebro y, de hecho, para que produzca algún efecto de psicoactividad se requerirían alrededor de 20 dosis superiores a las necesarias.

Hasta ahora, "teníamos la molécula pero no teníamos una forma para poder administrarla ni que durara el efecto que hiciera falta". Es ahí donde entra el trabajo de este grupo y de la nanotecnología. Los profesionales se hicieron con las moléculas que sintetizan compañías y laboratorios químicos especializados y comenzaron a trabajar.

Lo que ocurre es que, a pesar de los beneficios, el CB13 tiene muchos problemas químicos que limitan su uso. Por ejemplo, es "lipofílico", lo que significa que tiene muy poca solubilidad en agua y que se disuelve escasamente en los fluidos gastrointestinales cuando se administra por vía oral (y que, por tanto, se absorba de forma limitada). Además, es muy inestable desde el punto de vista químico. Esto hace que sus potentes efectos no se aprovechen y apenas se noten si no se aplican de forma efectiva.

Lo diferencial de su investigación, por tanto, no está tanto en el CB13 sino en cómo se administra, haciendo uso de la nanotecnología. El grupo ha sintetizado nanopartículas poliméricas que funcionan como un vehículo de transmisión, pues contienen esta molécula y la conducen directamente hasta las células sobre las que tienen que actuar. Son esas nanopartículas las que, cuando se administran por vía oral, van a determinar el resultado y a conseguir los efectos analgésicos.

Por el momento, han demostrado su eficacia a nivel pre-clínico con ratas de laboratorio. En concreto han comprobado que los animales que habían sido tratados de esta forma se beneficiaban de sus efectos analgésicos durante un periodo de 9 días con una sola dosis, mientras que los efectos de las mismas aplicaciones de CB13, sin estar vehiculizadas por nanopartículas, duraban 8 horas.

Arévalo cree que todo lo referente a estudios cannábicos debe trabajarse de forma sosegada y que los colectivos sanitarios implicados han de reunirse y trabajar conjuntamente sobre el asunto, especialmente en lo que tiene que ver con la línea del dolor. "El dolor agudo de corta duración es esencial para la vida porque mantiene a las personas alerta ante situaciones que pueden poner en riesgo su vida", pero el crónico no tiene ninguna utilidad y hay que controlarlo. Muy posiblemente este sea el inicio del camino para ello y para que la vida de muchos pacientes no esté tan limitada.

La idea ahora es empezar a hacer ensayos con humanos para que, en unos años, cualquiera pueda encontrar un producto en el mercado. "La patente la tenemos, tenemos perfectamente controlado cómo es el proceso, sabemos cómo funciona", asegura la investigadora, y añade que lo que se necesita ahora es que una compañía farmacéutica se interese por licenciarla. Esa será la manera de que el equipo pueda comenzar la evaluación clínica del producto en distintas fases, con el fin de determinar la seguridad y efectividad del medicamento.

"Se abre una puerta importante" para los enfermos gracias a esta investigación, asegura. Especialmente porque no existen otros fármacos que funcionen y que controlen el dolor neuropático. "Esta es una buena oportunidad para solventar un problema clínico real que afecta a muchísimos pacientes", afirma.

Por el momento ya han visto una gran repercusión mediática, acompañada de pacientes que han contactado con ellos para interesarse por el avance del estudio. Muchos ya se ofrecen voluntarios para participar en los ensayos reales con humanos. No podía ser de otra forma, puesto que este tipo de dolor crónico es algo que afecta a un gran porcentaje de la población en todo el mundo. 

(Créditos de la fotografía: Universidad de Sevilla)

Fuente Dinafem.org