Iboga: la coca visionaria de áfrica

La iboga es una arbusto que ha dado mucho que hablar por tres efectos: como estimulante (a dosis bajas), como visionario (a dosis medias y altas) y por último para aliviar los síntomas del síndrome de abstinencia de opiáceos. Más difícil de creer es su supuesta capacidad para deshabituar a los narcomonstruos o consumidores abusivos de drogas.

Texto LOA

La iboga, o éboka, es un arbusto perenne de 1,5 hasta 2 metros de altura, con pequeñas flores amarillas y frutos anaranjados comestibles de característica forma oval alargada. Sus espesas raíces, tanto las primarias como las secundarias, se utilizan como estimulante, de uno a cuatro gramos, y como visionario a dosis mayores: de 5 hasta 5º o 100 gramos por persona y noche. Contiene ibogaína en toda la raíz, pero sobre todo en la corteza de la raíz, por eso los indígenas la descortezan (despreciando la primera capa y quedándose con la segunda), secan al sol estas raspaduras y la muelen hasta reducirlas a puro polvo. Basta tragar una cucharadita con uno o dos gramos para sentir una agradable estimulación con un aromático sabor amargo y adormecimiento de la boca. Por estas razones muchos han llamado a la iboga “la coca de África”. Los cazadores comen iboga para estar despiertos toda la noche y para acechar a sus presas –inmóviles- durante largo rato. Fueron los pigmeos del Congo los que en tiempos remotos descubrieron esta planta mágica y enseñaron sus propiedades a los pueblos bantúes del África occidental ecuatorial, extendiéndose su uso tanto medicinal como sacramental dentro de la religión buiti, que se ha convertido en la religión oficial del Estado de Gabón con unos dos mil templos, y sigue extendiéndose por los países vecinos: Guinea Ecuatorial, Congo, Zaire y Camerún (Ott 1997). Los primeros informes escritos sobre sus efectos estimulantes y afrodisíacos aparecieron en 1864, el arbusto fue descrito botánicamente en 1889 y la ibogaína fue aislada en Francia en 1901 (Rätsch 2005).

CULTIVO

Es una planta tropical que gusta de la sombra que da el bosque, y crece desde el nivel del mar hasta 1.500 metros de altura. A pesar de que algunos autores se empeñen en decir que la germinación de semillas es muy difícil (Rätsch 2005), la verdad es que las semillas frescas germinan fácil a 30 grados centígrados de temperatura, lo que sucede es que a los cuatro meses de recolectada, la semilla se vuelve infértil. Otra similitud más con el arbusto de la coca pues la semilla de Erytroxillum aguanta fértil un máximo de un mes y sólo si se guarda en musgo o fibra de coco húmedo.

PREPARACIÓN Y CANTIDADES
A causa de su repulsivo gusto y extremado sabor amargo pareciera imposible que nadie se llegue a exceder en la ingestión de polvo de corteza de la raíz de iboga, pero el hecho es que en África comen de 6 a 10 gramos para ver a sus antepasados, fomentar la imaginación y recordar traumas de la infancia con fines curativos, para la adivinación e incluso en su medicina tradicional. El uso de cantidades superiores requiere monitorización con una supervisión extrema, que en el culto buiti va de 20 a 100 gramos por persona y noche, e incluso 200 gramos (Rätsch 2005). Pero el uso de tales cantidades da efectos desagradables comunes a la sobre estimulación provocada por cualquier estimulante: convulsiones, ahogos, parálisis y bloqueo de la respiración, etc.

También a veces hacen un té con 2 a 5 gramos para agudizar los sentidos y aumentar la fuerza y la resistencia físicas; o con más de cinco gramos si desean ver visiones. Hemos probado el té de iboga y la verdad es que no pudimos acabar el vaso, su amargor nos cortocircuitó cuando el vaso estaba medio vacío (o medio lleno), pero un amigo que si consiguió sobreponerse al amargo gusto de la iboga relató un efecto estimulante fuerte y duradero, que comenzó unos 45 minutos después de la toma, con un efecto pleno a las dos horas o dos y media, y una duración de muchas horas.

UNA PLANTA AFRICANA SIN MONO PERO CON OTRAS FIERAS
Como todo estimulante, la ibogaína No produce síndrome de abstinencia ni provoca dependencia, y según el doctor Howard Lotsof (1), elimina o atenúa el mono y el ansia de consumir opiáceos, estimulantes y alcohol... en algunas personas, porque el buen doctor a renglón seguido reconoce que: “sólo un 10% de los pacientes tratados se mantuvieron alejados de su adicción por dos años, mientras que un porcentaje similar recayó en las dos semanas siguientes de acabado el tratamiento” (Fraga 2001). O sea que no todo el monte es milagrosa iboga.

Además una mujer suiza, ENFERMA DEL CORAZÓN, que había tomado ibogaína en una sesión de psicoterapia, murió a las pocas horas. ¿Corazón delicado? Ningún estimulante a tu lado, sobre todo cafeína. Otra mujer, de 24 años, murió tras tomar heroína e ibogaína, mala mezcla vecina, aunque el colocón de ibogaína sea con la excusa del “tratamiento” de deshabituación. Como dejó escrito Thomas Szasz en Nuestro derecho a las drogas: “a drogarse uno por su cuenta le llaman abuso, pero tomar una droga recetada por un médico…¡ah!, entonces es tratamiento”. Eso es geta de cemento: una cosa es uso y otra abuso (dosis excesivas, consumos crecientes o demasiado frecuentes, mezclas suicidas, etc.), independientemente de que medie receta médica o no. ¿Cuántos pacientes en tratamiento mueren al año por tomar drogas medicamentosas? Por no hablar del abuso de drogas de farmacia en automedicación…

Parece una idea descabellada pretender “curar” a los usuarios de los estimulantes drogándoles con …¡un estimulante!, como fue un fracaso pretender deshabituar a los opiómanos dándoles heroína, o “curar” a los heroinómanos enganchándoles a la más narcótica y potente metadona.

Otro tema donde si puede tener utilidad la iboga es como ayuda en psicoterapia, cosa que se viene haciendo desde los primeros ensayos clínicos de Claudio Naranjo en 1969. Tras cinco años de experimentos, Naranjo resumió las tomas visionarias de ibogaína en dos frases: “Induce a la elaboración de fantasías y permite recordar vivencias infantiles”. Esto si, esto es otra cosica, en el campo psiquedélico sin duda LSD, mescalina, psilocibina e ibogaína, como las triptaminas, tienen muchas utilidades para curar los males del alma que los médicos llaman enfermedades psicosomáticas que, no lo olvidemos, son la inmensa mayoría en esta sociedad hipermaterialista e individualista. Y aquí enlazamos con el otro tema, la guerra de religiones: buitistas, islamistas y cristianos.

¿SACRAMENTO PLACEBO O REAL? MEJOR HOSTIAS CON IBOGAÍNA
La religión Buiti fue, y continúa siendo, un espina clavada en los misioneros de las distintas iglesias cristianas, y hoy día los buitistas ganan terreno tras contribuir a la toma de conciencia nacional y a la derrota del colonialismo cristiano europeo. La Iboga es considerada el verdadero árbol del conocimiento del jardín del Edén, que la gente puede comer para conocer lo sagrado e iniciarse en los secretos del paraíso y pasar su vida terrenal de forma placentera (Samorini 1994, Rätsch 2005). Pero dejemos que hablen los propios buitistas: “La Iglesia Católica es una bella teoría para el domingo. La iboga, por el contrario, es la práctica de cada día. En la iglesia se habla de Dios, con la iboga se vive a Dios” (Nengué Me Ndjoung, líder religioso buitista. Samorini 1994).

La iboga sustituye a la hostia de la misa católica, y esta en la razón principal del áspero contacto entre católicos y buitistas. No hay comparación posible entre los tristes ritos cristianos y las cuatro noches y días de fiesta de la Pascua buitista con consumo de iboga, cantos y bailes, entusiasmo y jocosidad.

COMPOSICIÓN DE LA IBOGA
La corteza de la raíz puede llegar a contener hasta un 6% de ibogaína y otros alcaloides relacionados, aunque la raíz entera sólo contenga un 1%. Por eso siempre hay que estar seguro de lo que se come: ¿raíz entera o sólo su corteza?. Los alcaloides son de tres tipos, voacangina (catarantina, voacriptina, etc.), ibogaína (tabernantina, ibogamina, gabonina, ibogaína, etc.), y por último tipo voafilina. Ibogaína, tabernantina, ibogamina y voacangina (=carbometoxi-ibogaína), tienen un efecto similar según experimentos hechos con animales (Ott 2000).

Las semillas contienen los alcaloides catarantina, voafilina, y coronaridina (Rätsch 2005).

EFECTOS
La infusión de iboga tiene un potente efecto estimulante sobre el cerebro y el Sistema Nervioso Central, diferente al producido por efedrina y anfetaminas, y que se parece más a la cocaína, de ahí el sobrenombre de la iboga como “la coca de África”. La ibogaína estuvo de moda a principios del siglo XX como antidepresivo, pero luego se echó en el saco del olvido.

Los efectos de la corteza de la raíz son diferentes a los de la ibogaína purificada y aislada, ya que algunos alcaloides secundarios tienen afinidad con varios neuroreceptores, por ejemplo la tabernantina tiene actividad antagonista sobre los neuroreceptores del GABA (ácido gamma amino butírico), y sobre el receptor de las benzodiacepinas (Rätsch 2005).

OBTENCIÓN
Las farmacias homeopáticas venden sin receta tintura madre de iboga con el nombre Tabernanthe iboga T.M. Es un bote de 60 ml que probamos a beberlo de trago y sentimos un suave efecto estimulante durante media hora. Las compañías etnobotánicas venden tanto raíz entera de iboga como sólo la corteza de la raíz, así como diversos extractos. Probamos uno que era de Tabernamontana sananho (sanango o tsicta), que nos pareció de efectos muy agradables y euforizantes. Por eso carece de importancia que el material vendido sea de Tabernanthe iboga o de cualquier especie similar como varias especies de Tabernanthe, Voacanga y Tabernamontana. Una de ellas la veremos en profundidad a continuación. Tanto monta, monta tanto Iboga como Sanago.

VOACANGA AFRICANA

MUCHOS CHAMANES LA PREFIEREN A LA IBOGA
Es un árbol tropical de África occidental. Crece erecto y robusto hasta 10 metros. La Voacanga africana está estrechamente relacionada con la Tabernanthe iboga y contiene un complejo de alcaloides indólicos del mismo tipo, estructura y actividad que la iboga. Ambos arbustos: Voacanga e Iboga se usan como materia prima para la fabricación de medicamentos naturales como la ibogaína o semi-sintéticos como la vincamina (muy usada en geriatría). Unas 400 toneladas de semillas de Voacanga son exportadas de Camerún a los laboratorios europeos que fabrican pastillas de vincamina.

VoacangaVoacangaLa corteza de la raíz de ambos arbustos es conocida desde la prehistoria en África occidental tropical, usándose como sacramento ritual: cazadores, músicos y chamanes la usan cuando necesitan resistencia y estar despiertos muchas horas, así como para la sanación. La Voacanga contiene un 5-10% de voacangina (= carbometoxi-ibogaína) estimulante similar a la ibogaína, además de otras sustancias relacionadas como: voacamina, vobtusina, etc. Por eso se usa como la Iboga, en ingestión o infusión de 2 a 5 gramos de corteza de la raíz en polvo. Muy valorada como tónico cardíaco, cerebral y deportivo. El uso de cantidades muy superiores requiere monitorización, porque aunque las sustancias de la Voacanga se consideran poco tóxicas y de rápida eliminación, altas dosis de voacangina producen convulsiones y asfixia. En dosis bajas no hay problema, incluso muchos chamanes prefieren la Voacanga a la Iboga, según hemos leído, y después de mascar ambas raíces comprendemos el porque: La raíz de voacanga sabe menos amarga que la de iboga pero su composición y efectos es similar.

Las semillas tienen un 1,5% de sustancias tipo ibogaína por lo que se fuman troceadas o se comen pulverizadas de sólo 7 hasta 50 de ellas para un suave o moderado efecto visionario y estimulante. Tanto la fumación como la ingestión de semillas producen un efecto muy similar entre si y diferente al de la corteza de la raíz. El gusto de las semillas molidas no es del todo desagradable y no son demasiado amargas. Las sustancias de la semilla de Voacanga se consideran poco tóxicas y de rápida eliminación. Aún así, un número descomunal de semillas podrían matar por parálisis respiratoria, por eso se recomienda prudencia y no mezclarlas con alcohol. Las semillas conservan su psicoactividad más de tres años.

VOACANGA MEJOR QUE IBOGA
Debido a la merecida o inmerecida fama de la Iboga, su corteza de la raíz a alcanzado precios astronómicos en el mercado etnobotánico: 700 € / kilo más gastos de envío, mientras la Voacanga africana, corteza de la raíz, podía comprarse por 200 € / kilo o incluso menos. Estos precios son aproximados y dependen de la cosecha de cada año y los gastos de envío de cada compañía y país.

Por otra parte la iboga está prohibida en algunos países, mientras la voacanga es legal en todo el orbe. En España una Orden Ministerial –entendemos que caducada- del Ministerio de Sanidad del último Gobierno de Aznar, prohibió la venta de iboga con fines terapéuticos (curativos). Como el gabinete Zapatero ha hecho su propia Ley del Medicamento, estamos a la espera de que redacten un Decreto Ley que diga que plantas se pueden vender, cuáles son de venta exclusiva en farmacia y oír por último la lista P.P. o Plantas Prohibidas.

CULTIVO de VOACANGA AFRICANA                              
Otra ventaja más para preferir la Voacanga a la Iboga es que la germinación de semillas de la primera es mucho más fácil. Las semillas se tienen que esterilizar dejándolas 10 minutos en agua con un 6% de agua oxigenada. Germinan esporádicamente tras varios meses de ser sembradas. Usa una mezcla de tierra arenosa esterilizada y entierra la semilla a unos 8-10 mm de profundidad ( el doble del diámetro de la semilla ). Mantén la tierra húmeda pero no encharcada. Debe haber buena circulación de aire tras la germinación para evitar ataques fúngicos. Son propensas a estos ataques durante su juventud, muriendo algunas plántulas. El riego con un antifúngico sistémico es conveniente. Le gusta el sol parcial hasta que esté bien establecida, luego puede ponerse a pleno sol, cuando sean más maduras. Necesita un espacio adecuado para sus raíces, por lo que un regular trasplante a tiestos más grandes será una buena idea. Crece mejor en tierra rica y bien abonada.

BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS.

Fraga, Gaspar. 2001. La Iboga, artículo en 50 sustancias psicoactivas, Cáñamo Especial 2001. Barcelona.

Ott, J. 1997. Embriagantes chamánicos, capítulo dentro del libro colectivo Chamanismo, el arte natural de curar. Ediciones temas de hoy. Madrid. José M. Poveda.

Ott, J. 2000. Pharmacotheon. Los libros de la liebre de marzo. Barcelona.

Samorini, Giorgio. 1994. La religión Buiti y la planta psicoactiva Tabernanthe iboga, en el libro colectivo: Plantas, chamanismo y estados de consciencia. Los libros de la liebre de marzo. Barcelona.

Rätsch, C. 2005. EncyclopediaOf Psychoactive Plants. Park Street Press. USA.

(1) Para más información recomendamos el documental Ibogaine: rite of passage, de Ben de Loenen, dónde habla el doctor Lotsof, un chaman africano y tres narcomonstruos. Pueden verse los primeros minutos en http://www.youtube.com/watch?v=r-Ap5lyYcI0

 

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