Forzando los límites de una Wembley

Cultivo a mediados de agosto
El cannabis es una especie vegetal que no deja de asombrarnos a los que nos dedicamos a la botánica. Personalmente creo que es la planta PERFECTA por numerosas razones. Como también, de hecho, creo que la ciencia debería estudiar todo sobre ella: desde la morfología de sus hojas para fabricar paneles solares hasta su más profunda biología para el bien de la medicina y la ciencia en numerosas ramas. Hemos querido probar el desarrollo de una planta partiendo de semilla y poniéndola en tierra madre a primeros de agosto; concretamente el día uno. Aparte de mezclar el sustrato con algo de humus de lombriz casi no fue abonada. La planta, una Wembley (pura casta) se comportó extraordinariamente y a finales de septiembre será cosechada. ¡Todo un record en mínimos de cultivo exterior!

Querido lector:

Como decía en el prólogo, aquellos que nos dedicamos a la botánica en general y que, además, tenemos el placer de cultivar cannabis, nos quedamos asombrados de la versatilidad de esta especie. Personalmente la he experimentado en varios sentidos y siempre he obtenido resultados positivos. Pero no es esto lo que quisiera exponer en este artículo, ya que se podrían escribir miles de páginas al respecto y todavía nos quedaríamos cortos. En esta ocasión quisiera hablar de “épocas de cultivo en exterior”. Hablo de clima continental (Madrid, España) y hemisferio norte. Y también de las necesidades nutricionales y radiculares de nuestra querida amiga María.


Como todos sabéis, el cannabis es una planta solanácea y anual. Es decir, que precisa del sol y nace y muere en una sola temporada. Comienza en primavera y finaliza a finales de verano o primeros del otoño (más bien esto último). Aprovecho la ocasión para darles un cariñoso tirón de orejas a los bancos que insisten en que sus semillas están listas a finales de septiembre.

Personalmente yo, JAMÁS, he tenido esa suerte. Y digo suerte porque, en esta zona del mundo (e incluyo más de la mitad de la península ibérica) las lluvias comienzan precisamente a finales de septiembre o primeros de octubre. Todos sabemos ya los quebraderos de cabeza que nos dan en las plantaciones las lluvias. Generalmente se rompen algunas ramas repletas de cogollos o incluso peor: puedes acabar con infestación de botritis. Por lo tanto, esas pequeñas diferencias significan mucho para nosotros. Ya sé que se puede paliar, en cierta medida, poniendo tutores en las ramas y otras soluciones. Pero seamos sinceros: ¡son un coñazo! Por este motivo siempre ando a la búsqueda de plantas muy tempraneras: indikorras a lo bestia.

Algunos lectores pensarán que la tal o lo cuál se cosechan a finales de septiembre. No me lo creo. Lo que sí me creo es que muchos jardineros cosechan demasiado pronto. En algunos países de tradición cannábica y muchos cultivadores con experiencia saben cuándo están las plantas para ser cosechadas. Curiosamente casi todos opinan que los españoles cosechamos demasiado pronto. Y la respuesta a esta cuestión sobre el cuándo es unánime: cuándo está maduro el fruto, en nuestro caso la flor. Cuando la fruta está madura se cosecha y no antes. He visto cosechar plantas a las que les faltaban un par de semanas con demasiada frecuencia. No tienes más que meterte en foros y ver cómo gente que ha conseguido unas plantas maravillosas la cagan al final por unos días de adelanto. Lo peor de todo es que la máxima producción de THC de gran psicoactividad se realiza en tan sólo 10 días. Unos días antes o unos días después la misma planta deja de tener esa potencia psicoactiva. La diferencia oscila entre “colocar” muchísimo o muy poco. La misma planta, cosechada en su momento “ad hoc” nos produce un colocón fantástico o, por el contrario, insignificante dependiendo del acierto del día de cosecha. Diez días son pocos para ajustar finamente si no se tiene la experiencia necesaria. Con el tiempo lo percibes con sólo mirar a la planta. Pero, al principio, no es tan obvio.


Recordamos una vez más la regla de oro para saber cuándo las plantas están listas para ser cosechadas en exterior, no en interior. En interior se dice que cuando los pelillos están ya marrones en un 70%. Puede que esta regla sirva para interior pero en absoluto para exterior; fundamentalmente por las lluvias. En efecto, si un día llueve y a continuación brilla el sol, lo que sucede es que los pelillos se queman porque el agua hace efecto lupa quemándolos. Por lo tanto, esta teoría no nos vale en absoluto ya que, es más que probable, que nos llueva algún día a finales de la floración o que, al menos, nos caiga cada noche un fino rocío que empapará los cogollos de agua produciendo el mismo efecto. La solución radica en tirar de lupa de 50 aumentos y observar los tricomas. Al principio son transparentes, después se convierten en traslúcidos y, finalmente, son de color ámbar traslúcido. Pues bien, cuando, más o menos, un 25% de ellos son de color ámbar y traslúcidos es el momento óptimo para cosechar. Con el tiempo no precisas de una lupa de cincuenta aumentos para deducir este momento preciso pero, si no eres un veterano del cultivo, mi consejo es que te gastes los casi 50 euros que cuestan estos artilugios; te compensará con creces el gasto.


Últimamente, he tenido una experiencia muy agradable con una planta que sí que ha estado lista para cosechar a finales de septiembre. Las fotos que os mostramos han sido obtenidas el día quince de septiembre. Por lo tanto, juzgad vosotros mismos el cuándo. Pero pensad que, en unos quince días más, estarán en su momento óptimo. Como además no ha llovido estos días, no puedo estar más satisfecho. Tanto la elección de la variedad como su atípica forma de ser cultivada han sido un acierto. La Wembley es una planta que yo ya había cultivado en interior. Me había gustado, sí, pero no me había dado la alegría de la misma variedad en exterior y, sobre todo, cultivando tan tarde.


Fue un fenómeno que yo no había experimentado antes. Efectivamente, a primeros de agosto, tan pronto como la plántula tuvo unos centímetros, se puso a echar flores. Con algo más de un palmo, altura que alcanzó en menos de 10 días, se puso a mostrar claros indicios de cogollación. Pensé que eso significaría el final de su productividad ya que la mayoría de las variedades, cuando comienzan a cogollar, frenan o detienen su crecimiento vegetativo. Pero esta no. Mientras que otras plantas de mi pequeño jardín ni siquiera habían mostrado los primeros indicios de floración, la Wembley crecía y cogollaba al mismo tiempo. Yo estaba incluso preocupado ya que los augurios no eran demasiado buenos. Crecer tanto y cogollar al mismo tiempo no es lo habitual. Pensaba que, quizás, la planta estuviera padeciendo algún tipo de estrés que devendría finalmente en un hermafroditismo. El calor era terrible y la planta recibía muchas horas de sol directo. No había tenido tiempo suficiente a aclimatarse al excesivo calor ya que fue plantada muy tarde, cuando lo peor del estío de la península ibérica ataca sin clemencia, cuando hasta los árboles más resistentes se resienten echando las hojas. Efectivamente esta pequeña Wembley fue puesta en un microclima en el que las temperaturas en el mes de agosto superan los 54 grados al sol y, por el contrario, bajan hasta 11 por las noches. Es el clima del desierto: demasiado extremo y con picos de temperatura inaceptable para la mayoría de las especies. Pero no, me equivocaba: la planta se comportaba como lo que es. Una campeona que desde el principio del mes de agosto ya quería ir adelantando las flores que finalmente ha dado.


Lo más particular de esta planta es, sin duda alguna, su poco ortodoxa forma de cultivo. Efectivamente, germiné la semilla el día 1 de agosto y directamente la puse en tierra. No penséis que era un maravilloso substrato ni mucho menos. Simplemente mezclé la tierra del huerto con algo de turba rubia del tipo sphagnum, arena de río, perlita y lo más importante: humus de lombriz. Me decanté por la marca de reciente aparición Factor Humus y lo mezclé al 15% (15 de humus y 85 de sustrato). A continuación regué abundantemente con otro producto del mismo fabricante llamado FH- Eco, que no es más que un fertilizante orgánicomineral muy potente, pero que tiene la virtud de ajustar el pH entre 5,8 y 6,5. O sea: lo ideal para el cannabis. Quería comprobar el resultado de cultivar prácticamente sólo con humus de lombriz y ver los resultados. No obstante, hice algo más que demostró ser la clave del éxito en este caso. Tan pronto tuve que volver a regar, lo hice añadiendo millones de microorganismo bacterianos de 50 cepas cultivadas en laboratorio por la misma empresa. El nombre del producto es Advance y su eficacia radica en el hecho de que estos microorganismos ayudan a las plantas a absorber los nutrientes en un formato muy digerible para ellas, así como reforzar su sistema inmunológico y proporcionar muchas vitaminas y aminoácidos. Aquello marcó un antes y un después. La niña se puso a desarrollarse con un vigor fuera de lo común y, por primera vez, pensé que iba a conseguir una mata digna de toda la consideración. Seguí, en definitiva, la máxima del cultivo biodinámico que reza: alimenta tu suelo y no tus plantas. Este concepto fue inventado por la cultura veda (los primeros hindúes que conquistaron la India) hace más de 5.000 años y desde entonces algunos biólogos, preocupados por el futuro de nuestro suelo, lo llevan practicando con resultados más que brillantes.


En definitiva, tan sólo utilicé tres métodos y en tres ocasiones: humus de lombriz, un complejo N P K orgánico-mineral y, sobre todo, millones de microorganismos que harían el trabajo de los mejores jardineros. Por otra parte, era ya tarde y tampoco quería dedicar demasiados esfuerzos a una planta que creía no me daría gran cosa. Me equivoqué de cabo a rabo. La Wembley se puso a crecer a lo loco. Cierto que el FH Eco tiene un 9% de nitrógeno, un valor muy elevado para los fertilizantes naturales, pero, aún así,me pareció que la planta tenía algo de alien.


Al mismo tiempo que desarrollaba ramas y tallo principal iba echando las primeras flores y, sobre todo, cargando la atmósfera de un olor acre a cannabis muy delatador que llegó a preocuparme. Te acercabas a la planta y te manchabas con tan sólo rozarla de la cantidad de resina que desprendía. Cuando realicé las fotos que publicamos era día 15 de septiembre. A día de hoy (29 de septiembre) ha multiplicado exponencialmente su cantidad de tricomas, su aroma a cannabis fuerte y su pringosidad.


Obviamente no es una planta muy grande (mide algo más de 60 centímetros) pero…¿qué más se le puede pedir a una planta que no ha tenido fase vegetativa? Recordemos que en nuestro hemisferio, y más concretamente en la Comunidad de Madrid, la fase de floración comienza el día 15 de agosto. Recordemos también que no es lo mismo partir de semilla que de esqueje. Un esqueje ya tiene las raíces perfectamente desarrolladas y, por lo tanto, desde el primer día que lo pasas a tierra comienza a crecer a lo bestia. Por el contrario, una semilla tiene un desarrollo bien distinto. Durante las primeras semanas apenas crece. Necesita casi un mes para convertirse en una pequeña plántula. Es como si no creciese. Una vez pasado este primer mes comienza a desarrollarse a gran velocidad si está en pleno solsticio de verano, cuando los días tienen quince horas de luz. A partir de esa fecha (el 24 de junio) cada mes se pierden 40 minutos de luz. Con lo cual, si plantamos el día 1 de agosto es prácticamente como darle periodo de vegetativo a la planta. Honestamente yo esperaba una planta muy inferior en todos los sentidos pero especialmente en productividad. Me equivoqué de pleno. El cannabis siempre nos da sorpresas. Y en este caso una muy buena sorpresa.


El humus de lombriz, cuando es de calidad, es el mejor fertilizante del mundo. En Cannabis Magazine acabos de publicar varios capítulos al respecto así que no me voy a extender más. Tan sólo añadir que su efectividad para el cultivo de cannabis y de cualquier otra especie es más que eficaz. No tenéis más que ver cómo están los cogollos cuando les quedan quince días todavía para la cosecha. Es curioso ver que podemos cambiar las perspectivas de cada cultivo tan sólo siguiendo un protocolo apropiado en cada caso. Y no es menos cierto que la Wembley es una de esas campeonas que siempre nos dejan satisfechos.


Hasta la próxima en la que os mostraremos cómo están los cogollos el mismo día de su cosecha. Y recordad: alimentad vuestro suelo y no vuestras plantas.

Marqués de Esquilache Texto y fotos



Cultivo a mediados de agosto

El cannabis es una especie vegetal que no deja de asombrarnos a los que nos dedicamos a la botánica. Personalmente creo que es la planta PERFECTA por numerosas razones. Como también, de hecho, creo que la ciencia debería estudiar todo sobre ella: desde la morfología de sus hojas para fabricar paneles solares hasta su más profunda biología para el bien de la medicina y la ciencia en numerosas ramas. Hemos querido probar el desarrollo de una planta partiendo de semilla y poniéndola en tierra madre a primeros de agosto; concretamente el día uno. Aparte de mezclar el sustrato con algo de humus de lombriz casi no fue abonada. La planta, una Wembley (pura casta) se comportó extraordinariamente y a finales de septiembre será cosechada. ¡Todo un record en mínimos de cultivo exterior!

Querido lector:

Como decía en el prólogo, aquellos que nos dedicamos a la botánica en general y que, además, tenemos el placer de cultivar cannabis, nos quedamos asombrados de la versatilidad de esta especie. Personalmente la he experimentado en varios sentidos y siempre he obtenido resultados positivos. Pero no es esto lo que quisiera exponer en este artículo, ya que se podrían escribir miles de páginas al respecto y todavía nos quedaríamos cortos. En esta ocasión quisiera hablar de “épocas de cultivo en exterior”. Hablo de clima continental (Madrid, España) y hemisferio norte. Y también de las necesidades nutricionales y radiculares de nuestra querida amiga María.

Como todos sabéis, el cannabis es una planta solanácea y anual. Es decir, que precisa del sol y nace y muere en una sola temporada. Comienza en primavera y finaliza a finales de verano o primeros del otoño (más bien esto último). Aprovecho la ocasión para darles un cariñoso tirón de orejas a los bancos que insisten en que sus semillas están listas a finales de septiembre. Personalmente yo, JAMÁS, he tenido esa suerte. Y digo suerte porque, en esta zona del mundo (e incluyo más de la mitad de la península ibérica) las lluvias comienzan precisamente a finales de septiembre o primeros de octubre. Todos sabemos ya los quebraderos de cabeza que nos dan en las plantaciones las lluvias. Generalmente se rompen algunas ramas repletas de cogollos o incluso peor: puedes acabar con infestación de botritis. Por lo tanto, esas pequeñas diferencias significan mucho para nosotros. Ya sé que se puede paliar, en cierta medida, poniendo tutores en las ramas y otras soluciones. Pero seamos sinceros: ¡son un coñazo! Por este motivo siempre ando a la búsqueda de plantas muy tempraneras: indikorras a lo bestia. Algunos lectores pensarán que la tal o lo cuál se cosechan a finales de septiembre. No me lo creo. Lo que sí me creo es que muchos jardineros cosechan demasiado pronto. En algunos países de tradición cannábica y muchos cultivadores con experiencia saben cuándo están las plantas para ser cosechadas. Curiosamente casi todos opinan que los españoles cosechamos demasiado pronto. Y la respuesta a esta cuestión sobre el cuándo es unánime: cuándo está maduro el fruto, en nuestro caso la flor. Cuando la fruta está madura se cosecha y no antes. He visto cosechar plantas a las que les faltaban un par de semanas con demasiada frecuencia. No tienes más que meterte en foros y ver cómo gente que ha conseguido unas plantas maravillosas la cagan al final por unos días de adelanto. Lo peor de todo es que la máxima producción de THC de gran psicoactividad se realiza en tan sólo 10 días. Unos días antes o unos días después la misma planta deja de tener esa potencia psicoactiva. La diferencia oscila entre “colocar” muchísimo o muy poco. La misma planta, cosechada en su momento “ad hoc” nos produce un colocón fantástico o, por el contrario, insignificante dependiendo del acierto del día de cosecha. Diez días son pocos para ajustar finamente si no se tiene la experiencia necesaria. Con el tiempo lo percibes con sólo mirar a la planta. Pero, al principio, no es tan obvio.

Recordamos una vez más la regla de oro para saber cuándo las plantas están listas para ser cosechadas en exterior, no en interior. En interior se dice que cuando los pelillos están ya marrones en un 70%. Puede que esta regla sirva para interior pero en absoluto para exterior; fundamentalmente por las lluvias. En efecto, si un día llueve y a continuación brilla el sol, lo que sucede es que los pelillos se queman porque el agua hace efecto lupa quemándolos. Por lo tanto, esta teoría no nos vale en absoluto ya que, es más que probable, que nos llueva algún día a finales de la floración o que, al menos, nos caiga cada noche un fino rocío que empapará los cogollos de agua produciendo el mismo efecto. La solución radica en tirar de lupa de 50 aumentos y observar los tricomas. Al principio son transparentes, después se convierten en traslúcidos y, finalmente, son de color ámbar traslúcido. Pues bien, cuando, más o menos, un 25% de ellos son de color ámbar y traslúcidos es el momento óptimo para cosechar. Con el tiempo no precisas de una lupa de cincuenta aumentos para deducir este momento preciso pero, si no eres un veterano del cultivo, mi consejo es que te gastes los casi 50 euros que cuestan estos artilugios; te compensará con creces el gasto.

Últimamente, he tenido una experiencia muy agradable con una planta que sí que ha estado lista para cosechar a finales de septiembre. Las fotos que os mostramos han sido obtenidas el día quince de septiembre. Por lo tanto, juzgad vosotros mismos el cuándo. Pero pensad que, en unos quince días más, estarán en su momento óptimo. Como además no ha llovido estos días, no puedo estar más satisfecho. Tanto la elección de la variedad como su atípica forma de ser cultivada han sido un acierto. La Wembley es una planta que yo ya había cultivado en interior. Me había gustado, sí, pero no me había dado la alegría de la misma variedad en exterior y, sobre todo, cultivando tan tarde.

Fue un fenómeno que yo no había experimentado antes. Efectivamente, a primeros de agosto, tan pronto como la plántula tuvo unos centímetros, se puso a echar flores. Con algo más de un palmo, altura que alcanzó en menos de 10 días, se puso a mostrar claros indicios de cogollación. Pensé que eso significaría el final de su productividad ya que la mayoría de las variedades, cuando comienzan a cogollar, frenan o detienen su crecimiento vegetativo. Pero esta no. Mientras que otras plantas de mi pequeño jardín ni siquiera habían mostrado los primeros indicios de floración, la Wembley crecía y cogollaba al mismo tiempo. Yo estaba incluso preocupado ya que los augurios no eran demasiado buenos. Crecer tanto y cogollar al mismo tiempo no es lo habitual. Pensaba que, quizás, la planta estuviera padeciendo algún tipo de estrés que devendría finalmente en un hermafroditismo. El calor era terrible y la planta recibía muchas horas de sol directo. No había tenido tiempo suficiente a aclimatarse al excesivo calor ya que fue plantada muy tarde, cuando lo peor del estío de la península ibérica ataca sin clemencia, cuando hasta los árboles más resistentes se resienten echando las hojas. Efectivamente esta pequeña Wembley fue puesta en un microclima en el que las temperaturas en el mes de agosto superan los 54 grados al sol y, por el contrario, bajan hasta 11 por las noches. Es el clima del desierto: demasiado extremo y con picos de temperatura inaceptable para la mayoría de las especies. Pero no, me equivocaba: la planta se comportaba como lo que es. Una campeona que desde el principio del mes de agosto ya quería ir adelantando las flores que finalmente ha dado.

Lo más particular de esta planta es, sin duda alguna, su poco ortodoxa forma de cultivo. Efectivamente, germiné la semilla el día 1 de agosto y directamente la puse en tierra. No penséis que era un maravilloso substrato ni mucho menos. Simplemente mezclé la tierra del huerto con algo de turba rubia del tipo sphagnum, arena de río, perlita y lo más importante: humus de lombriz. Me decanté por la marca de reciente aparición Factor Humus y lo mezclé al 15% (15 de humus y 85 de sustrato). A continuación regué abundantemente con otro producto del mismo fabricante llamado FH- Eco, que no es más que un fertilizante orgánicomineral muy potente, pero que tiene la virtud de ajustar el pH entre 5,8 y 6,5. O sea: lo ideal para el cannabis. Quería comprobar el resultado de cultivar prácticamente sólo con humus de lombriz y ver los resultados. No obstante, hice algo más que demostró ser la clave del éxito en este caso. Tan pronto tuve que volver a regar, lo hice añadiendo millones de microorganismo bacterianos de 50 cepas cultivadas en laboratorio por la misma empresa. El nombre del producto es Advance y su eficacia radica en el hecho de que estos microorganismos ayudan a las plantas a absorber los nutrientes en un formato muy digerible para ellas, así como reforzar su sistema inmunológico y proporcionar muchas vitaminas y aminoácidos. Aquello marcó un antes y un después. La niña se puso a desarrollarse con un vigor fuera de lo común y, por primera vez, pensé que iba a conseguir una mata digna de toda la consideración. Seguí, en definitiva, la máxima del cultivo biodinámico que reza: alimenta tu suelo y no tus plantas. Este concepto fue inventado por la cultura veda (los primeros hindúes que conquistaron la India) hace más de 5.000 años y desde entonces algunos biólogos, preocupados por el futuro de nuestro suelo, lo llevan practicando con resultados más que brillantes.

En definitiva, tan sólo utilicé tres métodos y en tres ocasiones: humus de lombriz, un complejo N P K orgánico-mineral y, sobre todo, millones de microorganismos que harían el trabajo de los mejores jardineros. Por otra parte, era ya tarde y tampoco quería dedicar demasiados esfuerzos a una planta que creía no me daría gran cosa. Me equivoqué de cabo a rabo. La Wembley se puso a crecer a lo loco. Cierto que el FH Eco tiene un 9% de nitrógeno, un valor muy elevado para los fertilizantes naturales, pero, aún así,me pareció que la planta tenía algo de alien.

Al mismo tiempo que desarrollaba ramas y tallo principal iba echando las primeras flores y, sobre todo, cargando la atmósfera de un olor acre a cannabis muy delatador que llegó a preocuparme. Te acercabas a la planta y te manchabas con tan sólo rozarla de la cantidad de resina que desprendía. Cuando realicé las fotos que publicamos era día 15 de septiembre. A día de hoy (29 de septiembre) ha multiplicado exponencialmente su cantidad de tricomas, su aroma a cannabis fuerte y su pringosidad.

Obviamente no es una planta muy grande (mide algo más de 60 centímetros) pero…¿qué más se le puede pedir a una planta que no ha tenido fase vegetativa? Recordemos que en nuestro hemisferio, y más concretamente en la Comunidad de Madrid, la fase de floración comienza el día 15 de agosto. Recordemos también que no es lo mismo partir de semilla que de esqueje. Un esqueje ya tiene las raíces perfectamente desarrolladas y, por lo tanto, desde el primer día que lo pasas a tierra comienza a crecer a lo bestia. Por el contrario, una semilla tiene un desarrollo bien distinto. Durante las primeras semanas apenas crece. Necesita casi un mes para convertirse en una pequeña plántula. Es como si no creciese. Una vez pasado este primer mes comienza a desarrollarse a gran velocidad si está en pleno solsticio de verano, cuando los días tienen quince horas de luz. A partir de esa fecha (el 24 de junio) cada mes se pierden 40 minutos de luz. Con lo cual, si plantamos el día 1 de agosto es prácticamente como darle periodo de vegetativo a la planta. Honestamente yo esperaba una planta muy inferior en todos los sentidos pero especialmente en productividad. Me equivoqué de pleno. El cannabis siempre nos da sorpresas. Y en este caso una muy buena sorpresa.

El humus de lombriz, cuando es de calidad, es el mejor fertilizante del mundo. En Cannabis Magazine acabos de publicar varios capítulos al respecto así que no me voy a extender más. Tan sólo añadir que su efectividad para el cultivo de cannabis y de cualquier otra especie es más que eficaz. No tenéis más que ver cómo están los cogollos cuando les quedan quince días todavía para la cosecha. Es curioso ver que podemos cambiar las perspectivas de cada cultivo tan sólo siguiendo un protocolo apropiado en cada caso. Y no es menos cierto que la Wembley es una de esas campeonas que siempre nos dejan satisfechos.

Hasta la próxima en la que os mostraremos cómo están los cogollos el mismo día de su cosecha. Y recordad: alimentad vuestro suelo y no vuestras plantas.

Marqués de Esquilache Texto y fotos

 

 

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