El cannabis y las situaciones conflictivas en el día a día (II)

En el artículo de este mes continuamos con el abordaje de las situaciones conflictivas que nos acechan a cada momento, con el objeto de valorar un enriquecimiento de las estrategias de afrontamiento que nos ayude a ser más felices

Por Psicotar

 

Paso las horas sin hablar,
menos a veces que me vuelvo loco
y mi cabeza ¿dónde está?
la voy perdiendo de poquito en poco…
y al sonreír, me has hecho otra vez soñar
no podía resistir esta puta realidad…
y harto ya de vivir, por dentro empezó a gritar
y ya nadie le oyó decir ni una palabra más…

“Posado en un nenúfar”, Álbum: ¿Dónde están mis amigos? Extremoduro (1993)

Antonio es un administrativo en una empresa. Un día, ante un problema serio relativo a unos asuntos contables, decide comentarle su opinión a un compañero de trabajo que él sabe que tiene buena relación con el jefe. Él pensaba estar actuando correctamente, por lo que no comprendió la razón por la que comenzó el acoso laboral por parte de varios compañeros y el jefe… al cabo de un tiempo de dormir mal, de perder el buen humor y de sentirse verdaderamente mal, solicitó la baja voluntaria en la empresa.

La historia que acabamos de leer es algo harto frecuente en muchos contextos. A veces actuamos con la mejor intención sin darnos cuenta de estar metiéndonos en un barrizal. Esto puede acarrearnos no pocos problemas si no actuamos de la forma adecuada, lo cual no es nada fácil.

Ante una situación que percibimos como conflictiva nuestro cerebro se pone inmediatamente a trabajar para resolver cuanto antes la amenaza. Hay que tener en cuenta que una situación percibida como problemática puede llegar a activar todos los recursos del organismo, lo cual puede ser bueno porque nos llevará al afrontamiento inmediato pero, si la situación se enreda y se prolonga durante mucho tiempo, estamos corriendo un elevado riesgo de padecer alguna alteración que puede ser más o menos grave.

Por ello, resulta de importancia vital el conocer todas las posibles fases por las que se puede pasar en estos casos para poder disponer de alternativas en todo momento para afrontar de la mejor manera posible el problema.

El primer paso que debemos plantearnos es preguntarnos si realmente tenemos un problema o nuestra percepción está siendo exagerada. Esto, que parece algo sencillo, no lo es realmente. Piense el lector alguna ocasión en la que, estando en una determinada situación aparentemente normal, luego resultó que algo vino de forma inesperada y anuló toda la calma y tranquilidad percibida anteriormente. Por ello, prestar atención a cambios es fundamental para percibir posibles problemas.

Muchas veces, los caminos de la comunicación humana son difícilmente perceptibles y es ahí donde podemos tocar alguna tecla que nos origine quedarnos fuera del juego o que se nos cuelgue la etiqueta. El observar atentamente las relaciones entre las personas y los procesos es fundamental para aprender los flujos de comunicación e información y por ello, para valorar la mejor forma de actuación.

Otro proceso que puede resultar muy útil en este momento es prestar atención a mis reacciones ante las situaciones y las personas, ya que muchas veces se reacciona automáticamente. Esto es un hecho constatado ampliamente, existe una importante parte de información que nuestro procesa sin que nosotros nos demos cuenta de ello y eso genera respuestas emocionales por las cuales podemos vernos realmente sorprendidos porque racionalmente no tenemos una explicación para ello. ¿Ha sentido alguna ve la sensación de estar hablando con alguien y darte cuenta de que “algo raro pasa” en la conversación sin saber decir exactamente por qué? Esto es algo muy frecuente y tiene que ver con el “acoplamiento emocional”, que es un término que hace referencia a que cuando existe una comunicación entre dos personas, dependiendo del tema de conversación o del contexto, se produce un “acoplamiento” en las respuestas emocionales de los implicados en la comunicación. Cuando ese acoplamiento no se produce, nuestro cerebro detecta la situación y nos avisa de que algo no va como estaba esperado. Esto origina no pocos problemas y conflictos.

Este acoplamiento es la base de la empatía, del saber ponerse en el lugar del otro y ver así, desde su patrón de referencia y su punto de vista la situación. El cannabis es un elemento muy curioso en estos casos, ya que permite la apertura de los filtros que normalmente usamos para percibir la realidad y eso hace que tengamos más posibilidad de “sintonizar” con la persona. Esto hay que hacerlo con mucho tiento y sobre todo, no dando demasiada importancia a esa empatía hasta que el efecto haya desaparecido y tengamos la mente despejada. El por qué de este consejo es simple, en un estado de euforia o de buen rollo es frecuente ser demasiado benévolo con ideas o cosas que normalmente no aceptaríamos, por lo que debemos darnos un tiempo de valoración de las cosas antes de actuar.

El siguiente paso es valorar las opciones que tenemos para afrontar el problema, es decir, plantearnos las posibles soluciones que se le pueden dar a la situación. En este caso, es notorio el uso que el cannabis tiene como apaciguador de estados emocionales negativos que pueden estar influyendo sobre la persona. No pocos usan el cannabis como “fármaco” para reducir ese malestar provocado por las situaciones.

Esto, que es bastante habitual es recomendable cambiarlo, adoptando una actitud activa hacia el problema y tratando de desarrollar al máximo toda una amplia gama de recursos que nos pueden resultar útiles. Entre estos recursos, podríamos tener: formación específica sobre control del estrés, leer sobre el problema o situación conflictiva, compartir los problemas con personas de confianza, asesoramiento y consejo de un profesional de la psicología, etc.

Un aspecto importante es lograr afrontar adecuadamente el malestar experimentado porque éste puede ser precursor de muchos problemas adicionales. Por ello, el conocer cómo abordar el malestar es cuestión fundamental. Las emociones (1) afectan a nuestra capacidad de recibir información, procesarla y emitir respuestas, por lo que a veces nos podemos ver arrastrados por ellas. La emoción es un proceso automático y que conlleva una serie de manifestaciones preestablecidas y ante las cuales poco se puede hacer si uno no se ha “entrenado” en observar y alterar este proceso más o menos automático… de ahí que recalquemos lo importante de abordar este aspecto.

Para el abordaje de la emoción hace falta tener una cosa muy clara: algunas de las emociones pueden ser desagradables y puede que queramos evitarlas a toda costa pero todas las emociones están programadas en nuestro organismo y tienen una función vital, de ahí que todas tienen que ser adecuadamente atendidas, procesadas y operativizadas para que no causen conflicto y cumplan con su misión.

Tradicionalmente, las emociones sirven a unas funciones muy concretas con un claro valor útil para la supervivencia:

Función adaptativa: preparar al organismo para la acción. Las funciones adaptativas de las emociones primarias son: sorpresa à exploración; asco à rechazo; alegría à afiliación; miedo à protección; ira à autodefensa; tristeza à reintegración.

Función social: comunican nuestro estado de ánimo. Ello mediante varios sistemas de comunicación diferentes: la comunicación verbal, o información a los demás de nuestros sentimientos, la comunicación artística y la comunicación no verbal. Dentro de la función social, se pueden destacar varias subfunciones: la de facilitar la interacción social, la de controlar la conducta de los demás, la de permitir la comunicación de los estados afectivos o la de promover la conducta prosocial.

Función motivacional: facilitan las conductas motivadas. Las emociones tienen su aportación más importante en la posibilidad de desacoplar la motivación de la percepción del estímulo, para hacer de esta manera posible su reconsideración.

Es preciso conocer a qué funciones sirven cada una de las emociones, por lo que dedicaremos los próximos números a abordar cada una de las emociones y la forma de manejarlas de manera beneficiosa.

Nos despedimos hasta la próxima… salud y ¡buen viaje!

 

NOTAS:

1-    Fernández Abascal, E. G. et als (2003) Emoción y motivación, la adaptación humana, Vol. I. Madrid: Centro de estudios Ramón Areces.

 

 

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