El cannabis, una visión desde la prevención de riesgos laborales (parte 2)

En el artículo de este mes continuamos con el tema de la Prevención de Riesgos Laborales. En este número, abordaremos las condiciones idóneas en las que debe estar el trabajador para desarrollar su trabajo con seguridad cuando éste consume cannabis de forma habitual.

Por Psicotar

En el número anterior expusimos la idea de que el solo hecho de detectar algún rastro de cannabis no era suficiente para proceder a concluir que la persona estaba bajo sus efectos y que, por lo tanto, podría constituir un peligro para él o para terceras personas en un contexto laboral donde los riesgos fueran importantes por los procesos o por las circunstancias.

Las personas pueden consumir cannabis por muchas razones, razones que no siempre se han intentado conocer por parte de autoridades, organismos oficiales, empresas, etc. Debido a esa actitud negativista, se genera un mayor enfrentamiento y con ello un fracaso aún mayor de las actuales e inútiles políticas antidrogas. Quizás tratar de comprender mejor a la persona les llevaría a puntos intermedios dentro del continuum que supone consumir algo / no hacerlo.

Existe en psicología una concepción del consumo de sustancias como una forma de automedicación (1) que favorece, de alguna manera, la obtención de cierto nivel de bienestar o la reducción significativa del malestar subjetivo que pueda sentir un individuo.

Desde esta perspectiva nos acercamos al cannabis como medio y no como fin, es decir, alcanzamos la conclusión de que hay una “situación base” que es la que lleva al individuo a consumir, hay una razón.

Realizando un análisis de la función que tendría aquí el cannabis, no es difícil apreciar que su uso como relajante en casos de ansiedad o temperamento nervioso es muy frecuente. Así mismo, muchas personas consideradas tímidas y muy tranquilas también consumen cannabis. Siendo el patrón de personas opuestas, resultan obtener lo mismo del cannabis: una regulación fisiológica de ciertas sensaciones del organismo que podrían estar experimentándose como malestar.

Esta regulación fisiológica ya se ha tratado con detalle en este espacio (ver CM nº 70, nº 72, nº 73, nº 75) por lo que se remite al lector interesado en ello a los números de CM citados.

Ahora bien, es preciso considerar que el cannabis es una sustancia que debe ser evitada en un contexto laboral porque afecta a los procesos de atención, procesamiento de información, emisión de conductas y respuestas emocionales (2)

Respecto a los procesos de atención, está demostrado que condiciona el funcionamiento de la misma, al estar conformada en una amplia medida por la capacidad de sostener el foco atencional. Por ello, el uso de cannabis puede dificultar mantener una atención sostenida y esto es un factor de riesgo laboral que se añade a los que ya puedan existir en el trabajo. Se altera así mismo la capacidad de concentración, disminución de la capacidad de juicio y existe cierta dificultad para el razonamiento de orden superior, lo que puede condicionar la toma de decisiones ante situaciones de elevado riesgo.

Respecto a la memoria operativa, también se producen modificaciones en su funcionamiento, por lo que es importante considerar que la capacidad de desarrollar actividades de especial atención o complejidad puede verse alterada. Si estas situaciones además pueden exponer al trabajador a un agravamiento de los riesgos laborales, se hace más patente la necesidad de no consumir.

Un factor muy importante en el entorno laboral que está implicado en el consumo de cannabis es el efecto que éste ejerce sobre las respuestas emocionales del organismo y sobre cómo se valoran estas a la hora de tomar decisiones. Esto es conocido como “marcador somático” y condiciona en gran medida las decisiones que abordamos diariamente.

El cannabis influye de forma muy marcada en el proceso emocional y por lo tanto, condiciona la forma en la que percibimos las situaciones y las reacciones de nuestro organismo ante las mismas. Durante mucho tiempo se condenó a la emoción al más bajo nivel de importancia respecto a la razón. Se entendía que la emoción era algo que nos llevaba a hacer cosas que no eran razonables de forma incontrolada y era, por ello, repudiada. Estoy hoy día aún es posible experimentarlo en el trato diario con las personas de nuestro entorno, estamos continuamente actuando y expresando emociones muy suavemente o directamente ocultando nuestros verdaderos sentimientos por norma social.

Sin embargo, ahora se sabe que la emoción guía el proceso de razonamiento de una manera muy peculiar y totalmente indisociable de la razón. Cuando valoramos posibles alternativas o soluciones a problemas, se activan los llamados “marcadores somáticos”, que son emociones asociadas al pensamiento en curso y que generan ciertas sensaciones en el organismo. Esas sensaciones constituyen la parte del proceso emocional que podemos llegar a sentir, dado que hay una cuantas partes del proceso que son inconscientes. Estos sentimientos experimentados ante situaciones, problemas, personas, etc, son los que condicionan nuestras decisiones y nuestras acciones. Por ello, podemos decir que la emoción es un proceso imprescindible que nos ha permitido la evolución como especie.

Ante un peligro, se activa una respuesta de alerta emocional, a veces incluso antes de ser realmente conscientes de ella. Esto sucede porque nuestro cerebro está constantemente captando información del entorno y no siempre esa información llega a las zonas de procesamiento consciente. ¿Quién no se ha sentido alguna vez mal hablando con alguien, sin saber la razón del malestar, y ha deseado terminar la conversación cuanto antes? Eso sucede por la vía emocional inconsciente, se ha detectado algo que “no cuadra” y nuestro cerebro activa ese marcador somático para avisar de que algo no va como debería. Esto, en un futuro, debería llevarnos a cambiar el comportamiento respecto a esa persona, incluso reduciendo el contacto con ella.

Trasladando esto al campo de la prevención, un riesgo laboral no siempre activa una respuesta emocional, ya que nos habituamos al mismo riesgo y por ello se produce cada vez una respuesta menor. Si además añadimos a esto el consumo de cannabis, podríamos tener problemas a la hora de valorar ciertas situaciones de riesgo porque, como hemos visto, se afecta la recepción de información, el procesamiento de la misma, los marcadores somáticos asociados y la emisión de conductas.

Por ello, no es buena idea el consumir cannabis en contextos laborales debido a que, en caso de producirse situaciones de riesgo laboral grave, sería correr un riesgo elevadísimo en todos los sentidos, no sólo en el personal por sufrir un accidente, sino incluso en el legal, porque podría ser considerada imprudencia temeraria y eximir por lo tanto la calificación del accidente como laboral.

Si en el número anterior defendíamos la libertad de consumo durante el tiempo libre, es preciso matizar que, tratándose de un contexto donde mueren anualmente cientos de personas en nuestro país (3) todos los posibles efectos de cualquier sustancia deben estar controlados y haber desaparecido antes de incorporarse al trabajo. En materia de seguridad y salud laboral es recomendable estar al máximo de condiciones y capacidades y no arriesgarse como en ocasiones se ven casos.

Ahora bien, el cannabis no es la única sustancia que puede provocar alteraciones en la capacidad de reacción, decisión, etc… por ejemplo, los antihistamínicos usados para las alergias tienen un efecto somnífero, los ansiolíticos de tipo benzodiacepínico generan somnolencia e incoordinación, los antidepresivos también afectan a la capacidad de reacción y atención, etc…

Por ello, si se consumen medicamentos y se tiene que conducir o manejar maquinaria o herramientas peligrosas, debe leerse detenidamente el prospecto y valorar el riesgo existente contando con el consejo y asesoramiento del médico que ha puesto el tratamiento (4)

El consumo de medicamentos es un riesgo añadido a los presentes en el contexto laboral. Si tenemos en cuenta que hay encuestas que estiman que un 6´7% de trabajadores y un 6´9% de la población general consume algún tipo de tranquilizante (5) la cosa se pone muy seria porque a ese 6´7% del contexto laboral hay que sumarle el porcentaje de personas que consume cannabis, el que consume alcohol, el que está en tratamiento con otros medicamentos, etc…

 Abordando la prevención del riesgo, llegamos a una cuestión fundamental y muchas veces olvidada en las empresas, que no es otra que la percepción del riesgo y su valoración adecuada a la realidad. A veces porque no se transmite toda la información, otras veces porque no se ajusta a la realidad, otras porque el trabajador no se da por aludido, etc… se corren riesgos innecesarios por parte de todos los actores.

 En la percepción del riesgo cobra una gran importancia el nivel atencional del trabajador, factor fundamental que puede afectarse simplemente por no haber dormido bien una noche. Por lo tanto, todo aquello que pueda condicionar negativamente la atención del trabajador debe ser controlado y evitado: descanso irregular, consumo de medicamentos, consumo de sustancias varias, etc.

 Para percibir el riesgo el trabajador debe reconocerlo y, por tanto, debe recibir una formación previa donde se le detallen los riesgos y las medidas de prevención a adoptar para evitarlos o controlarlos. Todo factor que condicione negativamente el reconocimiento del riesgo debe ser estudiado, controlado y, en la medida de lo posible, evitado.

 Para el estudio del proceso de PRL desde el inicio del riesgo hasta la manifestación de un accidente se utiliza un modelo pragmático conocido como “Teoría del queso gruyere”, que considera las medidas preventivas como barreras hechas a modo de loncha de queso de gruyere a interponer entre la generación del riesgo y el accidente.

 Decir que la PRL busca interponer cuantas más medidas preventivas se pueda, mejor. Pero estas medidas no son 100% seguras, tienen fallos, agujeros, como las lonchas del queso gruyere, y por ello siempre hay una pequeña probabilidad de que se produzca el accidente.

 Por lo tanto, la eficacia debe pasar por poner muchas medidas de prevención.

 La primera de ellas corresponde a las normas, tanto las oficiales como las propias de la empresa. España es un país donde la normativa de PRL constituye el más grueso conjunto de Leyes, Reales Decretos que hay, mucho más que en cualquier otro ámbito. Esto arroja una idea acerca de la complejidad del tema que nos ocupa. En cuanto a normativa sobre consumo de cannabis decir que, al ser una sustancia prohibida, su consumo en horario laboral puede suponer un serio problema de seguridad y salud por lo que antes hemos expuesto.

 Este primer escalón también contempla la normativa y la operativa propias de las empresas. Las organizaciones son culturas y éstas se crean por la unión de las diferentes concepciones, atribuciones, consideraciones, etc, que aporta cada miembro, de tal forma que se podría considerar a las organizaciones como algo vivo, cambiante y, en definitiva, decir que las organizaciones no crean culturas, sino que ellas mismas son culturas.

 El consumo de cannabis no suele estar bien visto y ni mucho menos permitido, quizás salvo en algunos contextos laborales concretos. Desde estas líneas se reitera que, desde el punto de vista de la PRL no se recomienda el estar bajo los efectos de ninguna sustancia mientras se esté en un contexto laboral. Nótese que, al decir sustancia, no sólo nos referimos al cannabis, sino incluso a medicamentos que puedan producir una reducción en la capacidad de atención y reacción y, con ello, provocar un accidente.

 Pero hay que tener clara una cosa, aparte de lo que se viene exponiendo en estas líneas: el consumir en el tiempo libre no debería constituir un problema en el contexto laboral, al menos a priori. Siempre que una persona se incorpore a su puesto en un estado psicofísico aceptable, no debería haber ningún impedimento ni sanción, aunque en un análisis rutinario se pudiera descubrir algún rastro de alguna sustancia. Esto es así porque lo que el trabajador haga en su vida privada, en principio, no debería tenerse en cuenta en el ámbito de la empresa, salvo que perjudique su capacidad para desempeñarse de manera satisfactoria. Por esto, el que se detecten “trazas” o “restos” de sustancias en un análisis no siempre es señal de que la persona está “drogada” y carece de las condiciones para trabajar adecuadamente.

 El problema es que esta lógica no siempre es manejada por las direcciones de las empresas, que asemejan el tener restos de una sustancia a estar bajo los efectos de la misma.

 En el próximo número seguiremos abordando estas cuestiones y valoraremos la importancia de las “capas” de seguridad que la teoría del queso gruyere tiene para evitar accidentes.

Nos despedimos hasta la próxima… salud y ¡buen viaje!

 

NOTAS:

 

1- BELLOCH, Amparo; SANDÍN, Bonifacio y RAMOS, Francisco (Eds.): Manual de Psicopatología, Vol. I. McGraw-Hill. Madrid, 2004. (Págs. 518 a 520)

2- Efectos variados del cannabis:

http://www.fundacioncsz.org/images/pdfs/aspectos_psiquiatricos_cannabis.pdf#page=93

3- Datos de la Comunidad de Madrid, fuente: www.madrid.org

            Accidentes leves: 103.168

Accidentes graves: 497

Accidentes mortales: 92

Accidentes totales: 103.757

4- Efectos de medicamentos sobre la capacidad de conducción:

            http://www.zonahospitalaria.com/noticias/zh_9/medicamentos_conduccion.shtml

5- Artículo en “El País”:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/parados/drogan/elpepuopi/20110127elpepisoc_4/Tes

 

 

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