Drogas en el deporte - Las sustancias dopantes (X)

Nueva entrega de la serie de artículos dedicados al fenómeno del doping en el deporte: los anabolizantes. Leer todas las entregas

Pioneros de la coca y la cocaína

Efectos adversos de los anabolizantes

El mayor inconveniente es que las moléculas de esteroides no sólo hacen diana en los receptores de los músculos, sino también en otros con funciones distintas. Por ejemplo, sus efectos en el sistema nervioso pueden generar exceso de estimulación y dificultad para dormir. En Estados Unidos fueron famosos los reportajes sobre la "furia de esteroides", en los que se afirmaba que generaban una agresividad incontrolable e incluso inducían a cometer delitos con violencia. Los casos reales no fueron tantos, pero la prensa sensacionalista exageró los datos y creó alarma social. Es cierto que los anabolizantes pueden incrementar la agresividad -que en principio es positiva para el entrenamiento y la competición- y exacerbar algún desequilibrio. Sin embargo, no generan trastornos mentales y sólo pueden agravarlos si existen previamente.

Continuando con los efectos adversos, el exceso de grasa producido por la estimulación de las glándulas sebáceas puede llevar a padecer acné, severo en algunos casos. Otro problema estético es la alopecia, si el usuario cuenta con muchos receptores de andrógenos en las glándulas sebáceas del cabello. Un efecto secundario más grave es el cambio en el perfil de lípidos en sangre (triglicéridos y colesterol), con riesgo de enfermedad cardiovascular. También originan retención de líquidos, que puede llegar al edema (hinchazón de tejidos por el exceso de agua), lo cual se nota en la apariencia inflada del usuario de esteroides. Aparte del problema puramente estético, puede producir hipertensión, por lo que a veces se utilizan pequeñas dosis de diuréticos para solucionar el problema.

Puede sufrirse daño en el hígado, debido a la sobrecarga que recibe este órgano. Con el uso de anabolizantes existe un mayor riesgo de lesión, ya que el incremento de fuerza y masa muscular no lleva aparejado un aumento en la resistencia de los tendones y ligamentos. Otro problema es que el estradiol es cercano químicamente a la testosterona, y ésta puede convertirse en aquél mediante el proceso llamado aromatización. La consecuencia será un exceso de estrógenos, con desarrollo de caracteres femeninos en varones: retención de líquidos y ginecomastia (desarrollo de tejido mamario), efectos no muy agradables, como es lógico. Por último, los cambios hormonales pueden producir impotencia.


Los ciclos

Los deportistas toman anabolizantes en forma de ciclos, alternando periodos de uso y de descanso, para que el organismo se recupere y los receptores musculares vuelvan a activarse. El ciclo clásico es el de pirámide, en el que se comienza con una dosis baja de un esteroide que se va aumentando; después se añade otro, y posteriormente quizá uno o varios más, hasta llegar a un punto de máxima cantidad, desde el que se reduce gradualmente la dosis hasta abandonar el consumo, seguido de unas semanas a base de productos para recuperar la producción endógena de testosterona y devolver el eje hormonal a parámetros normales. Aunque la periodización sea correcta, la introducción de hormonas exógenas altera el eje hipotálamo-pituitaria-testículo, con una interrupción en la secreción interna de andrógenos. En consecuencia, al finalizar el ciclo habrá un periodo de bajón hormonal con posible reducción de la libido e impotencia de carácter transitorio. Si el uso es crónico, puede llevar a la atrofia testicular.

En mujeres, los posibles efectos secundarios son los mismos, excepto los relacionados con el bajón androgénico, pero añadiendo los trastornos en el ciclo menstrual y virilización (vello facial y corporal, hipertrofia del clítoris, voz masculina, atrofia de las mamas y calvicie androgénica), algunos de los cuales pueden ser irreversibles.


Qué deportistas toman anabolizantes

La primera impresión de quien no conoce mucho este mundillo es que se trata de un fenómeno reducido al fisicoculturismo y a los deportes de fuerza pura como la halterofilia, el powerlifting y similares. Sin embargo, se utilizan en muchos otros deportes: lanzamientos (peso, disco, martillo), atletismo (sobre todo en pruebas de velocidad como los 100, 200 y 400 metros, pero también en corredores de distancias más largas, por los beneficios en resistencia), saltos (longitud, altura), natación, ciclismo, etc.

Gran parte del problema de los esteroides está ligado a la falta de información veraz. A medida que se fueron imponiendo las medidas antidopaje, las autoridades deportivas, respaldadas por la mayoría de médicos, afirmaban que no servían para mejorar el rendimiento físico. Los deportistas sabían que esto no era cierto por propia experiencia, y que los esteroides eran unas potentes armas que podían hacer valer en su favor. Las autoridades y los médicos también decían que sus únicos efectos eran los secundarios, que habían sido creados para sujetos enfermos y que en sanos sólo podían generar inconvenientes. Esta extraña situación, en que unos alegaban que los anabolizantes no sirven para nada y otros demostraban lo contrario con las mejoras en las marcas atléticas y sus fornidos cuerpos, disparó el consumo sin información.


Disponibilidad de anabolizantes

En España, hasta hace una década se podía conseguir en farmacias cualquier anabolizante de los comercializados, a un precio reducido. En la mayoría de los casos el farmacéutico o auxiliar despachaba sin problemas el producto, a no ser que tuviera algún prejuicio moral. En la actualidad sólo se dispensan con prescripción médica, lo cual lleva a sus consumidores a falsificar recetas y a recurrir a la distribución ilegal, que suele ser dirigida por personas cercanas a gimnasios, equipos e instalaciones deportivas. La otra fuente de abastecimiento la constituyen las tiendas que venden a través de Internet, siempre difícil de controlar.

Los medios presentan los hechos como si últimamente se hubiese disparado la demanda de anabolizantes, como si ahora hubiese más personas ansiosas por meterse algo en el cuerpo que haga crecer sus músculos, aumentar su fuerza y resistencia. Esto no es cierto, ya que en la actualidad hay menos jóvenes asiduos a los gimnasios que años atrás, y por tanto la demanda es mucho menor. Las noticias con las que nos bombardean no se basan en ningún estudio serio, sino sólo en un alarmismo muy beneficioso para ciertos sectores. La juventud de los años ochenta y comienzos de los noventa era más aficionada al deporte y -llegando al extremo que roza lo patológico- al culto al físico y a la obsesión por el triunfo deportivo, fenómenos menos frecuentes en este nuevo milenio donde prevalece el hedonismo impaciente, la satisfacción inmediata de los deseos, el consumismo, la comida basura y los cuerpos obesos o flacos (sin que estas palabras impliquen una reprobación moral por mi parte). No contamos con estadísticas para apoyar esta afirmación, pero sí ciertos indicios, como por ejemplo la comparación del nivel promedio del físico actual con el de hace quince o veinte años. Otro indicio es que ya pasó la época dorada de los gimnasios y muchos han tenido que cerrar. Otra prueba de la menor preocupación actual por la apariencia atlética es que se estrenan bastantes menos películas de tipos duros y musculosos repartiendo golpes a diestro y siniestro, lo cual puede parecer una tontería, pero da una idea de las modas vigentes.

Si los que afirman que ha aumentado el consumo de sustancias dopantes se refieren a cuestiones legales, entonces sí tienen razón porque ha nacido un nuevo tipo de delito. Quienes podían comprar productos seguros deben ahora acudir a la distribución ilegal, que antes se limitaba a los no comercializados en España y que hoy en día prospera con esos fármacos que antaño se conseguían lícitamente. En consecuencia, lo que ha aumentado es la venta no controlada y el número de personas implicadas en la síntesis y comercio ilegal de esteroides. Después, una vez generado el problema, se ha creado alarma social publicando en los medios sobre los laboratorios, el tráfico y el consumo irresponsable, todo lo cual no es sino un calco de lo que desde hace décadas viene sucediendo en Estados Unidos.

 (Continuará)

 

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