Drogas en el deporte - Las sustancias dopantes (VIII)

En esta entrega finalizamos la historia del dopaje. A partir de la próxima analizaremos las principales drogas ergogénicas utilizadas en el deporte. Leer primera parte Segunda parte Tercera parte Cuarta parte Quinta parte Sexta parte Séptima parte

Pioneros de la coca y la cocaína

Después de la guerra, con la desaparición de los regímenes de Alemania, Italia y Japón, el mundo del deporte se convirtió en un escenario donde los dos bloques político-económicos -el capitalista de los Estados Unidos y el socialista de la Unión Soviética- pretendían exhibir su supremacía. En estos años los compuestos hormonales van a ser los protagonistas debido a los incrementos en fuerza, potencia, agresividad y masa muscular que generan. Varios laboratorios inician la labor de sintetizar los esteroides anabolizantes a partir de modificaciones de la molécula de la testosterona, en un intento por conseguir un producto que mantenga todos sus efectos positivos y elimine o reduzca los negativos (desequilibrio hormonal, trastornos hepáticos, acné, bajón hormonal al dejar la sustancia...). Los norteamericanos siempre han acudido a la manida excusa de que los soviéticos contaban con la ventaja de estar usando la testosterona, como si no hubiera estado también a su alcance. Por este motivo -continuando con la socorrida historia- el doctor Ziegler sintetizó en 1956 un potente anabolizante, la methandrostenolona, registrado por los laboratorios Ciba con el nombre de Dianabol®, activo por vía oral y muy utilizado durante décadas. A él siguieron muchos otros, orales e inyectables: nandrolona, estanozolol, mesterolona, oximetolona, androstenolona..., hasta completar la lista de todos los conocidos hoy día. A pesar de los esfuerzos, no se ha llegado a conseguir el esteroide perfecto, y de hecho los que presentan menos efectos secundarios no son tan efectivos. Fueron empleados a discreción hasta que se comenzó a controlar su uso, en los Juegos Olímpicos de México de 1968. A partir de esta fecha se han seguido tomando con el añadido de algún método o sustancia para evitar su detección, o bien se ha acudido a sustancias similares no detectables o no incluidas aún en la lista negra.

Junto a los anabolizantes, los estimulantes -de los que ya hemos hablado- son las sustancias dopantes más populares. De ellos, las anfetaminas fueron sustancia controlada en los Juegos Olímpicos de México de 1968. En cambio, la cocaína no fue incluida en la lista negra hasta los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980.


El antidoping

Resumiendo las medidas antidopaje, en 1960 se publicó la primera resolución para controlar el uso de drogas en el deporte, tras la muerte del ciclista danés Kurt Jensen en los Juegos Olímpicos de aquel año por un exceso de anfetaminas. No obstante, hubo que esperar hasta los Juegos de 1968 para que las autoridades deportivas se tomaran en serio el asunto. El motivo definitivo fue la muerte del ciclista británico Tom Simpson por deshidratación asociada al calor y al consumo de anfetaminas y alcohol, mientras subía al Mount Ventoux en el transcurso del Tour de Francia de 1967, un triste acontecimiento televisado en directo (1). El COI ofrece ahora una definición de doping, da a conocer la primera lista de sustancias prohibidas y toma muestras de orina para analizarlas, con métodos aún muy rudimentarios y fáciles de burlar que mejoran después con la cromatología de gases y la espectrometría de masas. La posterior medida de introducir análisis sorpresa, sin avisar, ha constituido otro paso más, puesto que los atletas pronto aprendieron a dejar de tomar la sustancia dopante a tiempo, manteniendo los beneficios ergogénicos sin quedar ningún rastro en la orina. De todas formas, podemos afirmar que, por mucho que avancen los procedimientos, nunca se acabará con el dopaje, debido al dinero y al prestigio que hay en juego, además de ir apareciendo sin cesar nuevos productos no incluidos en la lista negra, así como métodos para enmascarar el uso de los prohibidos.

Para la opinión pública, siempre poco conocedora de los entresijos internos y alimentada exclusivamente con la información que ofrecen los medios, el acontecimiento más importante fue el protagonizado por Ben Johnson, quien en los Juego Olímpicos de 1988 de Seúl dio positivo por consumo de estanozolol, un esteroide anabólico, tras lo cual se le retiró su medalla de oro y sufrió una suspensión de dos años. También tuvieron gran repercusión los positivos de Maradona por consumo de cocaína, el primero de ellos en 1991. A partir de entonces los mass media explotan cada vez más el sensacionalismo que rodea a este asunto y los escándalos relacionados con él; por ejemplo, en los últimos meses no dejamos de leer reportajes sobre el doping en el ciclismo y la Operación Puerto (2), cuyas consecuencias aún colean. Insistiendo en la lucha contra las drogas en el deporte, en 1999 se creó la Agencia Mundial Antidopaje, con el objetivo de tener una misma normativa para todos los países y todas las federaciones deportivas, y en el año 2003 entró en vigor el código mundial antidopaje (3).


Controles antidopaje = sustancias más sofisticadas

A partir de los Juegos Olímpicos de México de 1968 -fecha de inicio de las medidas antidoping del COI- y gracias a los 2250 metros de esta ciudad sobre el nivel del mar, los entrenadores se dieron cuenta de los beneficios del entrenamiento en altura: el organismo, ante la escasez de oxígeno en comparación con altitudes menores, desarrolla un mecanismo compensatorio que aumenta el número de glóbulos rojos. Cuando se puso de moda esta práctica, y tras comprobar que la ventaja era sólo temporal, se pensó en aprovecharla mediante el llamado dopaje sanguíneo, la extracción de sangre mientras se entrena en altura para administrarla después en transfusión, en el momento en que resulte conveniente. Años más tarde se comenzó a utilizar la eritropoietina (EPO) para el mismo fin.

El éxito del consumo de sustancias dopantes en lo que a triunfos y marcas se refiere, llevó a buscar otras más específicas y activas, en una carrera por obtener la droga perfecta, además de indetectable en los controles. Y así completamos la lista de las conocidas en la actualidad, que iremos analizando en las siguientes entregas de este artículo: gonadotropinas para inducir la producción endógena de testosterona; hormona del crecimiento, difícil de detectar, para conseguir fuerza, potencia, agresividad y masa muscular sin grasa y sin la retención de líquidos propia de los anabolizantes; beta-adrenérgicos, sobre todo salbutamol y clenbuterol, para optimizar el consumo de oxígeno...

¿Y dónde quedan el cannabis y el alcohol?Aparecen en la lista negra a finales de los ochenta como drogas restringidas, no prohibidas, lo que quiere decir que se proscribe su uso en un deporte concreto sólo si su federación lo considera conveniente y a partir de cierta concentración en sangre. Es opinión casi unánime que el cannabis no puede mejorar de ninguna manera el rendimiento, pero las autoridades deportivas afirman que controlan su uso para proteger la salud del atleta y porque su consumo está en contra del espíritu de la competición.



Referencias

(1) Los últimos minutos de vida del ciclista Tom Simpson pueden verse en Internet en la dirección http://www.youtube.com/watch?v=r-77axBdYmE o buscando "Tom Simpson's final climb" en Youtube.com.

(2) Para comprobar la avalancha de noticias, reportajes y entrevistas en relación con este asunto, basta con acudir al servicio de noticias de Google News (http://news.google.es/) y buscar "Operación Puerto".

(3) ormativa actual sobre doping del Consejo Superior de Deportes puede consultarse en la dirección http://www.csd.mec.es/csd/salud/2Dopaje/.

 

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