De Afganistán a Marruecos y al resto del mundo: una vuelta por el pasado, presente y futuro del hachís

Los afganos son auténticos maestros de la técnica del cribado. Sus métodos fueron importados por jipis occidentales a Marruecos, donde hoy se aglutina el mayor mercado productor de hachís del mundo. Afganistán le sigue de cerca y continúa con su tradición cannábica, a pesar de estar totalmente prohibido por el Islam. Sin duda, adentrarse en la historia de cualquiera de estos dos países es conocer también la evolución del hachís.
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Obtenido del cannabis a partir de su resina, el hachís es una de las extracciones más apreciadas de la planta. Según el último informe elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), Marruecos concentra 47.000 hectáreas de plantaciones con las que consiguió en 2015 38.000 toneladas anuales de hachís. Sin embargo, este país es relativamente joven en el comercio de la sustancia. 

Se cree que las primeras semillas pudieron haber llegado durante las conquistas musulmanas del Magreb, entre los siglos XV y XVII, aunque no fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando comenzó su producción comercial: los viajeros del Hippy Hashih Trail procedentes de Afganistán llevaron a Marruecos la técnica del cribado o apaleado que ha pervivido hasta la actualidad. Así, Marruecos se convirtió en los años 60 y 70 en un paraíso para turistas occidentales que querían catar el producto local. Entonces se utilizaba el llamado 'kief', un preparado de cannabis picado con una gran concentración de THC y que solía fumarse junto con tabaco negro en una pipa llamada sebsi. Este polvo, previo a la elaboración final del hachís, es común en los rituales espirituales sufís e incluso forma parte de algunos platos típicos marroquíes.

Así el mayor mercado de la resina de cannabis se encuentra en Marruecos, seguido de Afganistán y, en menor medida, Líbano, India y Pakistán, según los últimos datos de Naciones Unidas. Esta industria representa el 10 % de la actividad del país africano y en 2014 generó unos 114 millones de dírhams (alrededor de 10 millones de euros, según el cambio actual). Se calcula que alrededor de 800.000 marroquíes viven del hachís en todo el país.

Las zonas de cultivo de hachís en Marruecos

Las mayores extensiones de cultivos se encuentran en la conocida zona montañosa del Rif, en el noroeste del país. Sus condiciones climáticas parecidas a las propias de Afganistán lo convierten en un lugar idóneo para su desarrollo. Tanto es así que casi el 66 % de su superficie agrícola, repartido en unas 96.600 explotaciones familiares, se dedica al cultivo de marihuana.

Para sus plantaciones se utiliza principalmente el cáñamo índico, caracterizado por una alta concentración del alcaloide que produce propiedades hipnóticas, entre otras. Esta variedad se adapta bien a los suelos pobres y poco fértiles y a las condiciones climatológicas del lugar, caracterizadas por altas temperaturas y escasa agua.

El cultivo de cannabis representa, desde hace décadas, una gran fuente de ingresos para las familias del norte de Marruecos. Uno de los lugares que ha visto reavivada su economía gracias al hachís ha sido Chefchauen. A 50 kilómetros de la frontera, este pueblo era uno de los centros comerciales más importantes. En los últimos años ha sumado un nuevo atractivo, ya que desde sus calles se organizan excursiones a pueblos granja situados en sus montañas. Allí los turistas son recibidos por los productores, que les muestran las técnicas del hachís y les dan a probar el resultado final.

¿Cómo se produce el hachís marroquí?

La técnica del cribado, importada desde Afganistán, es la más utilizada en Marruecos. El proceso comienza con el secado de las plantas. En el pasado, los productores las exponían directamente a pleno sol, una agresiva forma que hoy todavía se utiliza, aunque en menor medida. Por suerte, en la actualidad muchos cultivadores intentan cuidar más el proceso y no solo buscan un lugar seco, fresco y oscuro y con una buena ventilación, sino que también eliminan las partes dañadas de la planta.

Así, tras el secado y según la técnica más tradicional, se depositaban las plantas sobre un recipiente abierto y cubierto con una tela o tapiz transpirable. Luego se envolvían en una bolsa de plástico yse comenzaban a azotar las plantas con varas. Así conseguían que se desprendieran las glándulas de resina y pasaran a través de la tela hasta el fondo del recipiente.

Una vez conseguida la resina se prensa. En el mejor de los casos se trabaja directamente con la mano, aunque también se pueden envolver en bolsas de celofán y hacerlo con una máquina.

El prensado se suele adaptar a la forma de contrabando. Por ejemplo, hay algunas piezas que tienenforma de óvalo para su ingesta, mientras otras son piezas de rectangulares o cuadradas para que se amolden a espacios rígidos de vehículos u otros medios de transporte. Hoy también se utilizan otras técnicas que incluyen agua y hielo o el método Rosin. La más apreciada en España es el cribado de la planta en fresco.

La técnica afgana

De igual modo que el hachís marroquí, el método afgano también comienza por el secado de sus flores y hojas. Estas se trillan y tamizan para producir un polvo rico en tricomas, conocido por los afganos como ‘garda’.

La ‘garda’ suele ser lo que los cultivadores venden a los productores del hachís. Para transformarla en hachís, llenan la palma de la mano con ella y le aplican calor para que se reblandezca y fusione. Esta es la diferencia fundamental con el hachís marroquí que, por lo general, se prensa en seco. Una vez que el polvo se funde, se le da la forma.

 

Los problemas del tráfico de hachís en Marruecos

A pesar de su extensión en estos países, muchos cultivadores denuncian ser chantajeados por la policía para comprar su silencio. Además, se quejan de estar bajo el control de las mafias de narcotráfico. Así, los distribuidores y traficantes europeos se llevan los grandes beneficios, mientras que ellos asumen un elevado riesgo en el país sin conseguir la retribución suficiente.

Por el momento, el cannabis sigue siendo ilegal en Marruecos, aunque se ha hablado mucho de despenalización. Varios políticos, como el secretario general del partido Istiqlal, Hamid Chabat, elogían sus aplicaciones médicas y abogan por la legalización. Según ellos supondría beneficios económicos para el país sin exponer a penas de prisión a sus compatriotas. Sin embargo, algunos cultivadores ven estas posibles medidas como una amenaza que podría llevar a que una agencia estatal expropie sus tierras. 

La ley islámica en Afganistán

El hachís en Afganistán también se encuentra en la ilegalidad. La ley islámica lo prohíbe. Sin embargo, existe una subcultura generalizada donde tanto el cannabis como el opio en mayor medida campan a sus anchas.

El informe de Naciones Unidas estima que en este país hay unas 10.000 hectáreas que producen en torno a 1500 toneladas de hachís al año. Estas cantidades sirven para abastecer el mercado local, pero también a sus vecinos de Pakistán e Irán y a la zona este de Europa.

A pesar de las fuertes represiones de los talibanes con sustancias como el opio hasta 2000, existe la extendida creencia de que las ganancias del hachís se destinaban a financiar el grupo. La intervención de Estados Unidos ha centrado todas sus atenciones en el opio, lo que, según muchos creen, aumentó la producción de cannabis, al igual que el consumo de este. 

Por el momento, habrá que esperar para conocer las medidas que se tomarán en Marruecos y en Afganistán para controlar estos mercados clandestinos y generadores de grandes beneficios. Su legalización podría beneficiar a los pequeños campesinos y a combatir a los criminales que se aprovechan de ellos.

Fuente Lamota.org

 

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