Introducción a la cannabicultura ecológica

En el número anterior comenzamos a explicar las bases para la creación de la cannabicultura ecológica. Este mes vamos a ver los fundamentos para el control de las plagas y enfermedades de la marihuana según la cannabicultura ecológica.

Como bien sabemos, no existe diferencia entre un producto cultivado de forma ecológica de otro que no lo ha sido, por lo menos no organolépticamente hablando, pero si desde un punto de vista sanitario. Los productos no-ecológicos, a diferencia de los ecológicos certificados, pueden tener restos de pesticidas que los hacen menos sanos, e inclusive tóxicos.

Las plagas y las enfermedades son las principales responsables de las pérdidas de producción en el cultivo del cannabis; asociados a estos parásitos están los tratamientos con pesticidas y fungicidas químicos, tóxicos para el aplicador, para el cultivo, para el consumidor y el medio ambiente. La aplicación indiscriminada de los plaguicidas, además de tóxica, tiene más efectos negativos: la repetición de la aplicación da lugar a lo que se denomina como “resistencia” de la población plaga a la materia activa usada: el nacimiento de nuevas plagas por el efecto devastador sobre los distintos artrópodos y microorganismos beneficiosos.

Por tanto podemos decir que uno de los pilares de la cannabicultura ecológica y del cultivo de marihuana medicinal es la ausencia de plaguicidas y fungicidas químicos en todos los procesos de cultivo.

CONTROL DE PLAGAS Y ENFERMEDADES DEL CANNABIS

Es fundamental para mantener el cultivo libre de plagas o enfermedades la fertilización del suelo, como se ha explicado anteriormente. El abonado del suelo con productos químicos solubles, en especial los nitrogenados, interfiere en el metabolismo de la planta, y además de hacerla acumular agua y crecer con excesiva exuberancia la convierte en más apetecible para las plagas y las enfermedades y más sensible a sus ataques. La falta de materia orgánica en el suelo también provoca que se desarrollen exageradamente nematodos y hongos patógenos.

Prácticas culturales en la cannabicultura ecológica

Las prácticas culturales mediante las que se previenen o combaten las plagas, enfermedades y malas hierbas, según la cannabicultura ecológica son:

  1. La selección de las variedades y subespecies adecuadas. Las variedades más autóctonas suelen estar adaptadas a las plagas y enfermedades habituales en la zona, pero su calidad suele ser muy inferior.
  2. Un adecuado programa de rotación. Las rotaciones de cultivo son fundamentales en cannabicultura ecológica. Sirven para mantener la fertilidad del suelo a lo largo del tiempo, como ya se ha explicado, y para prevenir la aparición de plagas y enfermedades. Muchos nematodos y hongos del suelo están especializados en atacar a ciertas familias de plantas, y su actuación se ve favorecida si se repite el mismo cultivo o se planta otro de la misma familia. También hay insectos especializados en ciertos cultivos cuyo ciclo puede romperse con la rotación adecuada, o simplemente arrancando y replantando tras las labores adecuadas. El monocultivo en grandes superficies favorece la extensión de los ataques de plagas.
  3. Los cultivos asociados, o “barreras”, como los setos de plantas aromáticas, pueden interrumpir la propagación de ciertas plagas.
  4. Medios mecánicos de cultivo. El laboreo del suelo puede ser eficaz contra ciertas plagas que viven en el suelo. Contra las malas hierbas no hay ningún herbicida autorizado. Solo se pueden combatir mediante medios mecánicos o térmicos.
  5. La protección de los enemigos naturales mediante medidas que los favorezcan. Los productos fitosanitarios, especialmente los muy persistentes o que no son selectivos, alteran el equilibrio que en condiciones normales debería haber entre cada plaga y sus enemigos naturales (otros insectos o ácaros que son sus depredadores o parásitos). Después de un tratamiento no selectivo que elimina por igual a la mayor parte de la plaga y a sus enemigos naturales, la plaga se reproduce con mayor rapidez que sus enemigos y alcanza pronto los mismos niveles que antes del tratamiento. Los enemigos naturales de las plagas pueden ser favorecidos mediante la plantación de setos o de cultivos asociados en los que se favorezca su cría. Otra forma de favorecerlos, la única posible en medios demasiado artificiales como invernaderos, es su cría (varias casas comerciales se dedican a esta actividad) y posterior suelta. Las plagas más dañinas e incontrolables son las de reciente introducción en un lugar donde antes no existían, porque los depredadores propios de ese lugar aún no se han adaptado para alimentarse de ella, o los depredadores específicos (especializados en depredar esa plaga) que tenían en su lugar de origen aún no se han introducido.
  1. Las solarizaciones con estiércol fresco (biofumigación) también devuelven fertilidad y vida beneficiosa a los suelos.

MALAS HIERBAS

Los rastrojos y restos de cultivo no deben quemarse, aparte de por su peligrosidad, porque es una materia orgánica que se desperdicia y que podría haberse incorporado al terreno. En cambio, está permitido el combate contra las malas hierbas, aparte de mediante labores mecánicas, con la utilización de medios térmicos, como quemadores de butano.

Como queda dicho, entre los fines de la cannabicultura ecológica está el emplear en la medida de lo posible recursos renovables. Por ello, el cannabicultor ecológico debe ser lo más autosuficiente posible y procurar combatir las plagas o enfermedades, principalmente mediante prácticas culturales establecidas.

El uso de productos comerciales debe restringirse a aquellos que están certificados como utilizables en agricultura ecológica, como veremos más adelante. Por este motivo, es frecuente la preparación de maceraciones de plantas, fermentaciones anaeróbicas y aeróbicas de lixiviados de compost, té de humus de lombriz, etc. Sus efectos terapéuticos sobre los cultivos se deben a que aumenta la resistencia, induce la síntesis por parte de la planta de fitoalexinas (toxinas naturales que la planta produce en respuesta a los ataques de sus enemigos), y es caldo de cultivo de microorganismos antagonistas de los microorganismos patógenos.

Materias autorizadas para la cannabicultura ecológica

Insecticidas

- Azadiractina, extraída de Azadiracta indica (árbol neem). Este producto es de los que necesitan el permiso de la autoridad de control para ser empleados. No se debe confundir con el producto en bruto, o aceite de neem, que figuraría dentro del apartado de "aceites vegetales", y que tiene más principios activos aparte de la azadiractina. La azaradictina tiene la ventaja de ser sistémico.

- Lecitina de soja. Se usa como fortificante y como cicatrizante. Ver [6] video sobre aplicaciones de la lecitina de soja.

- Aceites vegetales: Los más comunes son aceite de menta, aceite de pino, aceite de alcaravea, aceite de neem.

- Piretrinas extraídas del Chrysanthemum cinerariaefolium.

- Jabón potásico. La sal de potasio, rica en ácidos grasos (jabón suave) es un producto indicado para combatir los insectos chupadores, como pulgones, moscas blancas, cochinillas, etcétera.

Microorganismos (bacterias, virus y hongos)

Es común la bacteria Bacillus thuringiensis para el control de larvas de lepidópteros (orugas, lagartas o roscas), y el hongo Beauveria bassiana para el control de la mosca blanca.

Los hongos Trichoderma harzianum, las bacterias Bacillus Subtilis y Pseudomonas sp. para control de hongos patógenos del suelo.

En general, los microorganismos entomopatógenos (nemátodos, protozoos, hongos o bacterias que causan enfermedades a los insectos), fungicidas (hongos o bacterias que son antagonistas de los hongos que provocan enfermedades) o nematófagos (hongos enemigos de los nemátodos) pueden emplearse siempre que no estén modificados genéticamente.

Trampas para lepidópteros

- Feromonas. Estos productos se emplean como atrayentes en las trampas para diversas especies de lepidópteros. Están compuestos por la hormona de atracción sexual del macho o la hembra, según la especie. Son insecticidas que sólo se pueden usar en trampas o mosqueros.

- Helicidas. Metaldehído. Este producto se emplea en cebos contra caracoles y babosas.

Fungicidas

- Cobre en forma de hidróxido de cobre, oxicloruro de cobre, sulfato de cobre tribásico u óxido cuproso. Las sales de cobre, como han contaminado el suelo en las zonas donde se ha usado en exceso, tienen limitado su empleo hasta la cantidad máxima de 6 Kg/Ha/año.

- Sulfuro de cal (polisulfuro de calcio). Este producto necesita, para poder utilizarse, un permiso expedido por parte de la autoridad de control. El propio cannabicultor lo puede elaborar hirviendo agua con una mezcla de tres partes de azufre por una de cal.

- Permanganato de potasio. Este compuesto es un poderoso antioídio, útil en pulverizaciones contra este parásito. Puede ser fitotóxico en tratamientos en hojas.

- Harina de cuarzo. La harina de cuarzo se conoce también como polvo de roca. En espolvoreo o en suspensión en agua (ciertos productos comerciales lo contienen en forma finamente molida) es un fungicida usado ampliamente como alternativa a las sales de cobre. Para aplicación exclusiva en suelos o medios de cultivo. No aplicar por vía foliar en floración.

- Azufre. Este elemento sigue siendo el fitosanitario más común, incluso en la agricultura convencional. Es útil contra los oídios, y contra ácaros en espolvoreo o en pulverización, cuando está formulado como mojable. No se debe aplicar al final de la floración, ya que es tóxico cuando se consume por inhalación.

La reconversión a la cannabicultura ecológica es, sin duda, el paso para la obtención de cannabis 100% medicinal.

Referencias

 [1]    Lampkin N. 1998. Agricultura biológica. Ediciones Mundi-Prensa.

[2]    Salami M., 2008. “Cannabis sativa L.” Dr.Grow´s Productions.

[3]    Salami M., 201X. “Cannabicultura ecológica” Dr.Grow´s Productions (En preparación)

[4]    Salami M., 201X. “Cannabicultura ecológica y marihuana medicinal” Dr.Grow´s Productions (En preparación)

[5]    Salami M., 2012. “El aceite de neem y la azaradictina para la marihuana” http://www.drgrowonline.com/blog/el-aceite-de-neem-y-la-azaradictina-para-la-marihuana/2168

[6]    Salami M., 2012. “Esquejes marihuana” http://youtu.be/iB10RrdZs0w.

 

Landraces – Variedades sativas

Por Alberto Garrudo (“Garru”)

En este número vamos a hablar de variedades de landraces con genotipo de sativa, las cuales abarcan casi el planeta entero. Son variedades de porte alto, finas, de gran ramificación, con ramas delgadas y largas, y llegan a producir ramas secundarias e incluso terciarias. Tienen una floración larga o muy larga, casi eterna, con cogollos que crecen a lo largo de toda la planta sin llegar a ser muy compactos en su mayoría, aunque -como en todo- existen excepciones, de las cuales veremos alguna. Poseen efectos mucho más activos y eufóricos que sus hermanas índicas, ya que sus flores contienen más cantidad de THC, en detrimento del CBD, el cual es más narcótico; algunas sativas Thai incluso llegan a producir taquicardia y ansiedad. Sus flores tienen rasgos de sabor a fruta, cítricos, incienso, madera, gominolas; suelen ser los que más sabor aportan a los híbridos hechos con índicas como otro parental, aparte de aportar mayor ramificación, altura, resistencia a humedades y producción. Las sativas gozan de menor fama por ser menos “fáciles” de cultivar que las índicas, pero hoy día la gran mayoría de híbridos considerados por los cultivadores como índicos son en realidad sativas de corta floración o híbridos sativos cruzados con índicas.

Nos centraremos en cuatro de ellas, unas más comerciales y otras nada, pero todas con su toque especial que las hace únicas entre las demás. Intentaremos abarcar el mayor abanico de fenotipos con tan sólo cuatro variedades. Nos vamos de viaje por Tailandia, México, Sudáfrica y Nepal, a ver qué esconden estos países.

MEAO THAI

Si hay que hablar de sativas nunca puede faltar la variedad fetiche de cualquier cultiveta de plantas de eterna floración, las Thai. En este caso, para no desentonar hablaremos en concreto de la Meao Thai, otra sativa que se sale de los esquemas típicos.

Para ser una planta de Thailandia, sus hojas son mucho más anchas, con una estructura mucho más fuerte que sus hermanas, con ramas más gruesas y duras. Es una planta de porte alto, con flores por toda la rama y el tronco principal; si se cultiva en maceta podría confundirse con algún híbrido algo índico por la anchura de sus hojas y el tamaño del cogollo final. De floración muy larga -sobre las 16-18 semanas-, produce cogollos gruesos, pero poco densos, algo aireados en algunos ejemplares; en otros produce cogollos duros y con resina exuberante de THC. Su efecto es muy activo, cerebral, casi taquicárdico, y sus sabores terrosos, incensados, madera o sándalo, si bien algunos ejemplares presentan poco sabor. Y también, como buena Thai, no le puede faltar su dosis de hermafroditismo, muy arraigado en genéticas de esta zona. Es algo sensible al oídio, pero hoy día el oídio puede con todo. Planta para los amantes de las sativas, es una joya a punto de desaparecer.

Al ser tan propensa a hermafroditar o sacar alguna flor intersexual, no se pueden encontrar semillas sin hibridar, pero el híbrido comercial Destroyer es, en su mayor parte, Meao Thai, que generación tras generación se intenta hacer lo más parecido posible a Meao Thai, pero sin rasgos intersexuales. Hay algún que otro híbrido que usa Meao como macho, como por ejemplo Double Thai, de ACE seeds.

OAXACA

Mexicana de la selva de San José en la zona de Oaxaca, al sur del país de la mota. Es una rareza mantenida durante años por un cultivador anciano de la zona, una sativa de gran altura, vigor y con una ramificación casi exagerada, con multitud de ramas donde crecerán los futuros cogollos, que crece en forma de bola gigante al llegar las ramas bajeras a la altura de la punta principal. Es de floración larga: tengamos en cuenta que crece muy cerca del Ecuador y que los días allí son casi todo el año 12-12, y que las plantas de climas cálidos crecen sin miedo a los fríos inviernos; por eso alargan su floración hasta las 16 semanas. De hoja muy fina y oscura de tamaño medio, es una sativa silvestre acostumbrada al exterior, y resulta complicado dominarla y sacar todo su jugo en armarios.

Sus flores tienen un olor dulce, amaderado, con un fondo skunky muy sutil, lleno de resina. Sus flores son de tamaño medio, pero no muy densas. Los cogollos crecen en agrupaciones florales por toda la rama sin llegar a producir porras largas. Tienen el aspecto del típico cogollo Foxtail, que por su aspecto recuerda la cola de un zorro. Tiene un efecto activo sin ser eufórico, creativo, como buena sativa: te dan ganas de charlar.

Al ser una sativa pura traída directamente de la sierra mexicana, y no haber sido manipulada o reproducida en interior, posee aspectos genéticos únicos en ella que la hacen muy apta para cruces; eso sí, recordando que es silvestre, y como tal sus rasgos hermafroditas no están del todo limpios. Una buena madre de Oaxaca, cruzada con un buen semental, sea índico, sativo o hibrido, puede dar resultados excepcionales, sobre todo en exterior dejándola dar todo su potencial. Aporta ramas por doquier y una estructura fuerte capaz de resistir el peso de los cogollos. He tenido la suerte de poder probar una hembra de esta belleza, y me enamoró su estilo salvaje y su potencial para la reproducción.

CISKEI

Genética de Sudáfrica, de la región de Ciskei; de ahí el nombre. Con esta planta rompieron el molde. Es una rareza africana, como la Congo Banghi, pero, por suerte, aun no está extinta sin hibridar. Es una planta sativa, aunque encaja en muchos aspectos de las índicas: de porte medio-alto, con ramas largas y robustas de tallo grueso, y con una cola principal larga y productora de cogollos densos, duros, quizá no tanto como una afghana. Es de fácil manicura gracias a un porcentaje de hojas muy bajo en sus flores. Tiene hojas de grosor medio y tamaño grande. Se suele cosechar entre las 9 y las 11 semanas, y produce mucho.

Las sumidades florales tienen notas de incienso fuerte, con un fondo muy dulce, nada cítrico. Te llena la boca y perdura un buen rato; es uno de esos sabores que al cabo del tiempo tu paladar aún recuerda. De efecto placentero y activo, te dan ganas de hacer cosas, cocinar, leer, dibujar, charlar... Muy buena planta para interior y exterior, tanto en huerto como guerrilla, ella siempre responde. No necesita de grandes cuidados, y simplemente con una buena tierra puede dar grandes cantidades en un huerto bien soleado. Gran aportadora en los híbridos por su potencial genético, y si se la cruza con alguna afghánica puede ser el hibrido que todos deseamos, ya que compacta los cogollos, da un último aporte de producción final y la resina producida es un manjar.

Las genéticas de África están hoy día olvidadas por los bancos comerciales, y son variedades en su mayoría sativas, muchas de ellas de corta floración y con muy poca sangre hermafrodita; son plantas excepcionales para crear cruces. No desestimemos todo un mundo a nuestro alcance.

Gracias al cultivador Aeritos del banco Tropical Seeds, podemos disponer fácilmente de semillas de Ciskei o cruzada con Pakistan Chitral Kush. Si las conseguís, no dudéis: podréis tener una sativa pura en vuestro jardín sin tener que esperar eternas floraciones ni tamaños inmensos y descontrolados que ocupan todo el armario. Es una sativa para el cultivador aficionado al que le guste probar de todo en su indoor.

Nepal Highland

Sativa de gran altura, una línea que procede de las montañas del Himalaya, sin más información concreta, ya que era una línea del banco Reeferman Seeds, no muy fácil de encontrar hoy día, y aún menos saber el origen de sus genéticas.

Fue rescatada por Cannabiogen. Esta sativa de corta floración -que las hay- suele estar lista en unas nueve semanas, a primeros de octubre en exterior. Tiene una altura media/alta, con ramas bajeras largas que dan apariencia de cohete o de candelabro, con una porra principal digna de ver. Es una productora de flores escarchadas, con más hoja en los cogollos, pero repletas de resina. De sabores florales, incensados, algo dulces, muy resinosa y de efecto cerebral, no te apalanca y es buena para fumar durante el día. Tiene hojas largas y finas, pero menos que las thai, de color verde oscuro.

Al ser una planta de altura, obligada a crecer en la cordillera más alta de mundo, está acostumbrada al frío, resiste a la humedad y a los hongos, y es de floración rápida porque en su país de origen, el invierno del Himalaya llega pronto y tiene que acabar antes que lleguen las nevadas. Por lo tanto, en sus híbridos se notan estos rasgos. Los cultivadores lo saben y la usan para cultivos en el Pirineo, o cualquier sierra de la Península. De calidad buena a muy buena si te toca cultivar a más de 1000 metros de altitud.

Es una planta que en exterior pide poca comida, como buen landrace acostumbrada a crecer silvestre. En interior hay que ir con más cuidado con alguna flor macho indeseable; la línea se estresa con facilidad, y eso en interior es el pan de cada día.

A los híbridos que hagamos con ella veremos que les aporta -como hemos dicho antes- resistencia al frío, a la humedad y a los hongos, aparte de acortar los días de floración de las sativas más largas. Aporta más producción a los híbridos con indicas, gracias a su ramificación y a que los cogollos crecen a lo largo de la rama. Si se usa como macho en los cruces, deja aromas y sabores florales como a lavanda, dulces e incensados.

Espero que a alguno de vosotros le entren las ganas de probarla más de una vez, y de verificar en sus carnes la infinidad de sabores, efectos y fenotipos que nos perdemos si le damos la espalda a bellezas de tal magnitud. Como habéis leído, las hay grandes y pequeñas, rápidas y eternas, productoras de densos racimos florales y no tanto, eufóricas, alegres, chisposas taquicárdicas. Para gustos… sativas.

Con este artículo acaba la trilogía dedicada a las Landraces. Espero que hayáis sacado algo en claro, o que por lo menos paséis un rato agradable leyendo vuestra revista favorita con vuestra ganja favorita. Saludos y buenos humos verdes sativos, índicos, afghánicos o rudeláricos: que cada cual elija su favorita.

 

Fauna auxiliar. Insectos útiles

Por desgracia, ya conocemos a un tipo de insectos que son los dañinos, los causantes de las plagas presentes en nuestros cultivos. Pero existen otro tipo de insectos que debemos conocer mejor porque nos pueden ser útiles para combatir esas plagas. Son los que se conocen como “fauna auxiliar”, que constituye una de las múltiples técnicas empleadas en la lucha biológica.

MariquitaMariquita

            Muchas de las plagas que conocemos hoy en día provienen de zonas muy alejadas de la nuestra, y la densidad de su población alcanza con frecuencia niveles más elevados que en su lugar de origen porque en la nueva localización no existen sus enemigos naturales. Por eso debemos buscar estos enemigos en el lugar de origen e introducirlos en la nueva ubicación de la plaga, o incorporar por medio de la investigación nuevos depredadores, aunque ambas posibilidades debemos aplicarlas después de comprobar que el ecosistema no se alterará de manera irreversible, ya que la incorporación de una nueva especie puede suponer un hecho negativo.

Ácaros depredadores y parasitadores

            Los ácaros depredadores más importantes son los fitoseidos, que destacan sobre todo por controlar otros ácaros tetraníquidos como la “araña roja”. Es el caso del Phytoseiulus persimilis, que se viene empleando con gran éxito durante más de 30 años en el control de la araña roja Tetranychus urticae. Tiene forma aperada y presenta un color naranja brillante fácilmente reconocible entre las poblaciones de araña roja. Es originario de las zonas subtropicales de América del Sur, y tras su introducción controlada en la zona del Mediterráneo europeo se ha comprobado su adaptación totalmente positiva. Es muy eficaz tanto en cultivo de interior como de exterior. Tiene un tamaño similar al de la araña roja y tiene gran velocidad en sus movimientos, lo que le permite desplazarse rápidamente. Necesita una temperatura de 22 a 25 ºC y una humedad relativa del 80%. Temperaturas superiores a 33 ºC las soporta relativamente bien, aunque ralentiza bastante su actividad, e inferiores a 15 ºC puede provocar su muerte. Su ciclo de vida está comprendido entre las cuatro y cinco semanas aproximadamente.

             Para utilizar Phytoseiulus como ácaro depredador debe haber araña roja en el cultivo. Para localizarlas se realiza una inspección visual con la ayuda de una lupa de unos 20 aumentos mínimo, o si se aprecian unos puntitos de color blanco-amarillo, siempre en el envés de la hoja, que son las heridas provocadas en los tejidos de la planta cuando clavan el estilete para succionar la savia. Las sueltas son de cinco a veinte ácaros depredadores por planta, dependiendo del nivel de infestación. Normalmente se distribuye en botellas de plástico blanco opaco con harina de salvado, que se agita para mezclar bien y luego se espolvorea de forma homogénea sobre el cultivo en función de la cantidad de individuos que vienen por botella.

             Después de la suelta de los ácaros, se deben realizar más observaciones con la lupa en el envés de las hojas de las plantas tratadas, para comprobar si ha bajado la población de araña roja.

             Otro depredador de la araña roja es el Amblyseius (A. andersoni, A. aurescens, A. californicus, A. herbicolus, A. renanoides). Es una especie típica de la vertiente mediterránea europea y del continente americano. Dentro del grupo de los depredadores autóctonos de la araña roja es probablemente el que aparece con mayor frecuencia de forma natural en los cultivos de nuestro país. Está muy presente tanto en los cultivos hortícolas como sobre las malas hierbas.

             Los huevos son ovalados y de color transparente, y se encuentran adheridos a los pelos de los nervios del envés de las hojas. Los adultos tienen un tamaño medio de 0,3 a 0,5 mm y una forma muy similar a la del Phytoseiulus (pequeña araña con forma de pera y color anaranjado), pero se diferencian en que sus patas son menos largas y están distribuidas más hacia la parte delantera del cuerpo. La superficie del dorso es reticulada. El ciclo biológico es huevo, larva, protoninfa, deutoninfa y adulto. Su duración depende fundamentalmente de la temperatura, y es de 10 días a 21 ºC, mientras que a 30 ºC solo llega a los 5 días. Aunque tiene una vida corta, su velocidad de desarrollo es superior a la de su presa, lo cual favorece el control biológico de la plaga. Las condiciones óptimas de humedad están en torno al 60%.

Araña rojaAraña roja

             Aunque su fecundidad es inferior a la de la araña roja, está presente durante todo el año en mayor o menor cantidad, incluso en invierno. El más utilizado es el A.californicus, que tolera oscilaciones bruscas de temperatura y humedad relativa, y soporta incluso tan sólo un 30 o 40% de humedad y temperaturas por encima de 32ºC, aunque el huevo parece ser menos tolerante a estas condiciones. Se suelen encontrar sobre el envés de las hojas; buscan a sus presas y, una vez localizadas, mediante unos pequeños estiletes les absorben el contenido líquido de su cuerpo. En ausencia de araña roja puede sobrevivir alimentándose de polen, otros ácaros o huevos de trips. Hay un hecho muy curioso a este respecto, y es que, cuando no se alimenta de arañas rojas, su periodo de vida se alarga hasta el doble de tiempo y la fecundidad de las hembras se reduce. Cuando el alimento escasea, es capaz de devorar los huevos de su propia especie para sobrevivir.

             Otros Phytoseiulus depredadores son Euseius stipulatus (no recomendable, pues se alimenta también de polen, está presente casi exclusivamente en los cítricos y no soporta temperaturas cálidas) y Phytoseiulus horridus (más presente en zonas frescas y muy húmedas).

             Los Stigmeidos poseen un menor poder de depredación en comparación con los Phytoseiulus, debido principalmente a su escasa movilidad. Zetzellia mali es la especie más destacable, y también se alimenta principalmente de araña roja. Es de color amarillo-naranja.

             Los Trombídidos son de mayor tamaño que los anteriores, con unos 3 mm. de longitud, color rojo y aspecto aterciopelado. También es muy lento en sus movimientos. La especie más común es Allothrombium fuliginosum. Con una sola generación al año, pasa el invierno en forma de adulto, hasta que en primavera aparecen las larvas, las cuales no son depredadoras, sino parasitadoras. Tanto como depredador o como parásito, Allothrombium es polífago, y ataca a pulgones, cochinillas, ácaros, etc…

PhytoseyulusPhytoseyulus

Las mariquitas

             También denominadas “coccinélidos”, como la Rodolia (Novius) cardinalis, que fue uno de los primeros ejemplos de lucha biológica con éxito, cuando se empleó para el control de la cochinilla australiana de los cítricos.

             Son coleópteros (escarabajos) con un tamaño muy reducido para su especie, ya que normalmente está entre los 1 y 5 mm. Son de forma redondeada u ovalada, brillantes, con colores llamativos distribuidos en forma de manchas generalmente negras sobre fondo naranja, amarillo, rojo, etc… Aunque lo que se ve a simple vista tiene la apariencia de un caparazón, en realidad son unas gruesas alas transformadas, llamadas “élitros”, que protegen a las alas verdaderas que utilizan para el vuelo. El resto del cuerpo es generalmente negro y suele presentar pelos del mismo color. Se encuentran por todo el mundo, con más de 4500 especies descritas.

             Los colores vivos de las mariquitas sirven para mantener alejados a sus depredadores, que suelen asociar los colores brillantes con peligro de veneno; de hecho, algunas mariquitas son realmente tóxicas para lagartos o pájaros pequeños, nunca para el ser humano.

             Ponen los huevos de color amarillo de forma aleatoria sobre las hojas de las plantas donde tienen su alimento. Después de una semana, de los huevos salen las larvas, que tienen seis patas, son muy móviles y presentan espinas o verrugas. Normalmente son de color negro con minúsculas manchas blancas y anaranjadas. Las larvas mudan tres veces antes de convertirse en pupas, las cuales se adhieren a las hojas o tallos, y son de un color anaranjado y negro. Por último, aparece el adulto definitivamente.

                       Otra mariquita muy conocida es la Coccinella septempunctata, posiblemente más conocida que la Rodolia; de hecho, ya se utilizaba como controlador de plagas en la antigua China, hace más de 2000 años. Pero su fama actual llegó como consecuencia de los resultados que se consiguieron en 1898 en Estados Unidos con esta mariquita, que permitió salvar la cosecha de naranjas de todo el país. Los adultos tienen forma de pequeños escarabajos brillantes con diminutas manchas negras sobre fondo rojo. Tras pasar el invierno protegidos de las inclemencias del tiempo, salen de sus refugios y ponen huevos amarillos agrupados en compactos paquetes en el envés de las hojas o en los tallos, pero siempre cerca de los insectos que van a fagocitar. De dichos huevos emergen las larvas, que son de forma alargada, de color negro, con patas visibles y verrugas espinosas sobre el dorso.

             La gran voracidad, tanto de adultos como de larvas, su rápida velocidad en desarrollarse -lo que permite obtener varias generaciones por año-, su facilidad para reproducirse y su gran resistencia lo convierten en un insecto ideal para la lucha biológica como depredador de pulgones que puede llegar a devorar un solo adulto entre 90 y 240 pulgones por día, y su larva hasta 600 áfidos en un mismo día. En casos de superpoblación, hay canibalismo por parte de las larvas, que se devoran entre ellas. Es una especie muy extendida por todo el mundo, y llegan a encontrarse individuos vivos en la cordillera del Himalaya a 4000 m de altitud.

NeuropteraNeuroptera

La crisopa

             Son insectos del orden Neuroptera. Los adultos alcanzan los 2 cm de longitud y son de cuerpo verde a pardo pálido. Sus alas, de apariencia débil, son transparentes y están cubiertas por una delicada red de nerviaciones que en reposo mantiene por encima del cuerpo en forma de tejado a dos aguas. Sus ojos son dorados o amarillo cobrizo. Posee unas antenas largas y finas. Suelen ser autóctonos de zonas con gran vegetación y agrícolas. Su ciclo de vida a 25 ºC es de 15 a 21 días.

             Deposita los huevos en ramas u hojas de manera solitaria o en grupos, suspendidos en el aire por un largo pedúnculo siempre en la cercanía de colonias de pulgones. Sus larvas tienen 15 mm de longitud, el cuerpo blando, y además de depredar otros insectos son caníbales. Es un depredador generalista, pues ataca ácaros, pulgones, coleópteros, etc… siempre en estado larvario, mientras que en estado adulto no se alimenta o lo hace de sustancias azucaradas procedentes de las plantas donde habitan. Las piezas bucales de las larvas forman una especie de tubo que hunden en el cuerpo de la presa para vaciar su interior por succión. Acostumbran a recubrirse con los restos desecados de sus presas para camuflarse. Una larva de crisopa puede devorar a lo largo de su vida hasta 2000 áfidos. La cría artificial de crisopas es muy complicada, por lo que son especies que debemos proteger evitando utilizar productos fitosanitarios que les perjudiquen.

             Muchos de estos insectos son muy sensibles a los tratamientos fitosanitarios. Por el contrario, su uso en exclusiva no garantiza el control de la plaga porque debe combinarse con otras técnicas. El uso de insecticidas de origen natural puede ser una alternativa complementaria al empleo de medidas culturales, pero hay que tener en cuenta que todos los insecticidas de origen natural que actúen por contacto pueden afectar de manera negativa a nuestra fauna auxiliar.

             El AIN EXTRACTO es un producto especialmente diseñado para su actividad sistémica, por lo que su acción es únicamente por ingestión si se aplica por vía radicular. Una vez dentro del insecto causante de la plaga (que normalmente causa su daño por la acción de succionar o comer de los tejidos vegetales), los depredadores o parasitadores no se verán afectados. Si se aplica por vía foliar, su persistencia en el interior de la planta es importante; por tanto, si lo aplicamos previamente a la aparición de los depredadores naturales, su acción contra ellos es inapreciable. Para ello sería aconsejable realizar una inspección visual de la superficie foliar, a fin de evitar las coincidencias.     

 

Aprovechamiento de los “restos” después de la cosecha (III)

Por Neal C. Borroughs

Como habéis podido comprobar en las dos partes inmediatamente anteriores a esta, el ser humano ha desarrollado un sinfín de formas de extracción y aprovechamiento, tanto de las propias flores de la Cannabis Sativa L. como de las partes de la planta restantes después del manicurado, después de extraer la flor.

Esta serie de artículos se fundamentará en las prácticas llevadas a cabo utilizando estos “desechos” o “restos” de la cosecha. Las diferentes formas de aprovechamiento van desde la extracción de los tricomas, que aún albergan las partes más cercanas a la flor, hasta el aprovechamiento de la práctica totalidad de la planta, mediante la realización de jabones, la ornamentación, otras prácticas como la revegetación, etcétera. Los procesos que culminan con la obtención de tinturas, maceraciones y extractos en alcohol son procedimientos muy utilizados y, también, las formas en las que se presentaban la mayoría de productos farmacéuticos hace unas décadas.

En el artículo que este mes nos ocupa, como os anunciábamos en el número 105 de Cannabis Magazine, nos detendremos en el método de extracción de hachís mediante el Ice-O-Lator o cualquier otro tipo de bolsas con tamiz genéricas, un tipo de extracción por agua que nos permitirá el aprovechamiento total de los tricomas que se han quedado pegados a hojas periféricas a las flores.

Como introducción, dejemos algunos conceptos claros. En primer lugar, las técnicas que utilizan agua para llevar a cabo la extracción de resina se basan en dos principios fundamentales: por un lado, la diferencia de tamaño y, por otro, la diferente densidad entre las glándulas maduras y los restos vegetales y las glándulas inmaduras. Como veis, se trata del mismo principio que explicábamos en anteriores artículos* en lo referente al tamizado.

La temperatura podría ser el tercer e indispensable principio a tener en cuenta en la extracción mediante agua. Con el frío, las glándulas de resina se endurecen, se contraen y aumenta su densidad, lo cual favorece notablemente la extracción. Se ha comprobado que la temperatura óptima para la extracción ronda los 4º C, ligeramente por encima del punto de congelación. También es recomendable introducir los restos que vayamos a utilizar en el congelador antes de llevar a cabo el proceso, esto ayudará a mantener una temperatura adecuada.

La extracción mediante agua permite obtener una resina de gran pureza pero, eso sí, se tratará de una resina mucho menos aromática que cuando realizamos la extracción en seco, mediante tamices, mallas o extractores a motor. Uno de los principales motivos por los que la gente se decanta por la extracción mediante agua es la facilidad y rapidez del proceso, a pesar de la pérdida de olor. Su punto fuerte es que ni siquiera tenemos que esperar a realizar el secado, esta extracción puede realizarse inmediatamente después de cortar las plantas.

Como hemos visto, la criba en seco y el método de extracción mediante agua comparten el principio de forzar el paso de las glándulas a través de un tamiz y dejar al otro lado del mismo los restos vegetales indeseados. Cuando hablamos de una mayor pureza obtenida mediante este método, nos referimos a que una gran cantidad de partículas vegetales se quedan flotando en el agua, mientras que si tamizáramos en seco* algunas de ellas pasarían -al igual que las glándulas de resina- a través del tamiz, debido a sus tamaños similares, y por ello al final las consumiríamos.

Pasando ahora a la descripción de las bolsas y su adquisición, os advertimos que existen multitud de nombres, marcas genéricas y productos similares que permiten llevar a cabo este proceso. El originario, que dio nombre comercial al método, y uno de los más caros y resistentes, es el Ice-O-Lator. Se trata de un sistema de varias bolsas con tamices incorporados, especialmente diseñados para ser utilizados con agua. Apareció en el mercado a principios de los años 90, y es un método que se ha consolidado en el mundo del aprovechamiento como un instrumento indispensable y de larguísima duración. Sin ir más lejos, nosotros llevamos usándolo desde hace más de una década.

Otras marcas comerciales nos ofrecen desde calidades cuestionables, pasando por otras mediocres y llegando a altas calidades, comparables al original y a precios muy competitivos. Encontraremos packs básicos de dos bolsas, que nos permitirán realizar todo el proceso desde los 30 euros hasta los 200 euros.

Existen, además de muchas marcas comerciales, muchos tipos. Desde los más pequeños, que suelen tener unas capacidades de 150 o 200 gr de materia vegetal, hasta los más grandes, que pueden llegar a albergar unos 1.500 gr de restos. Podemos colocarlos en serie, por lo que se podría usar desde un simple sistema de dos bolsas -los más básicos- hasta otros de siete bolsas, que permiten conseguir cinco calidades diferentes de producto final.

Nosotros fundamentaremos el artículo en el procedimiento más básico, de forma que sea sencillo y comprensible, y vosotros mismos entenderéis cómo extrapolar estos conocimientos a sistemas más complejos, con más bolsas. Solamente necesitamos explicaros que los sistemas de siete bolsas son aquellos que hemos utilizado con el mayor número de tamices. Estos sistemas se forman mediante siete mallas: 220 micras, 185 micras, 120 micras, 90 micras, 70 micras, 45 micras y 38 micras. Si recordáis o repasáis los artículos que preceden a este*, os daréis cuenta de que se trata exactamente del mismo principio descrito para la obtención de diferentes calidades y su posterior clasificación en el tamizado en seco.

En el caso que nos ocupa, la variante más básica de extracción mediante agua indicada para interiores consiste en dos pequeñas bolsas, una con una malla de 220 micras y la otra con una de 70 micras (aunque existen otras variantes). Esta última es la más indicada para atrapar las partículas que nos convienen.

Aunque nosotros nos vamos a basar en este proceso -con dos bolsas-, se podría añadir una bolsa de 90 micras sin complicar excesivamente el procedimiento y completaríamos así el set para aislar partículas de mayor tamaño y conseguir más cantidad de ingredientes activos por unidad de peso.

Dejando estos pormenores a un lado, adentrémonos en la descripción del proceso paso a paso, para que no quede ninguna duda sobre cómo realizar la extracción mediante agua. Al final, junto a las referencias de los artículos, encontraréis una fuente fundamental de la página de la revista, www.cannabismagazine.es, más concretamente de su consultorio cannábico, donde, además de la explicación exhaustiva del proceso, podréis ver otras fotos de la elaboración de hachís mediante este método.

Los pasos a seguir son:

  1. Reunamos, además de las dos bolsas con sus respectivos tamices, un cubo de un tamaño similar al de las bolsas que hayamos adquirido; una batidora de cocina con palas o un taladro al que le podamos poner unas palas adaptadas; papel de cocina absorbente; una abundante cantidad de hielo, suficiente para llenar la superficie de las bolsas dos veces; un termómetro y los restos de nuestra cosecha. Debéis recordad que es preferible retirar los palos y las ramas para evitar que rompan o deterioren las mallas.
  1. 2.Lo siguiente que debemos hacer es colocar las bolsas en el cubo que hemos preparado, comenzando por la de menor grosor. Esto quiere decir que la bolsa con el tamiz de menor grosor (70 micras), la más fina de las dos, debe quedar debajo. Arriba colocaremos la bolsa con un tamiz de poros más grandes (220 micras), donde se quedarán atrapados los restos de materia vegetal. Debemos tener especial cuidado de que ambas bolsas queden bien sujetas al cubo y que exista una pequeña separación entre ellas.
  2. 3.Cuando las bolsas se encuentren adecuadamente colocadas, debemos añadir al cubo los restos vegetales que hemos introducido con anterioridad en el congelador, posteriormente el hielo y agua todo lo fría posible, dejando unos 10 centímetros hasta el borde del cubo. Es preferible hacer varias veces el proceso que llenar la bolsa con excesivos restos, puesto que los tricomas necesitarán espacio para pasar a través de los residuos y llegar a la otra malla.
  3. 4.Después de unos 15 minutos de reposo introduciremos el termómetro. Si la temperatura está entre 0,5º C y 3º C, es el momento de usar la batidora o el taladro con palas. Aunque la temperatura ideal es 4º C, cuanto más se acerque la temperatura a 0º C mejor, puesto que estará constantemente fluctuando debido a la temperatura ambiental. El proceso de batido debe durar otros 15 minutos, dejamos reposar de nuevo 15 minutos y se vuelve a batir. Dependerá de la cantidad de restos, lo grande que sean nuestras bolsas y nuestro cubo y los instrumentos que usemos, pero por lo general no deberíamos superar la hora y media entre reposos y batidos.
  4. 5.Después del último reposo, debemos retirar el material sobrante al quitar la bolsa situada más arriba (la de 220 micras). Debemos dejar que caiga toda el agua y retirar los tricomas que se hayan quedado pegados a la parte externa e inferior de esta primera bolsa. Hay quien aprieta ligeramente el contenido para escurrirlo, con cuidado, para que no se escapen los residuos que han estado flotando y no han llegado a la siguiente malla a lo largo de todo el proceso.
  5. 6.El siguiente paso es retirar la malla donde han quedado gran parte de los tricomas. Una señal de que hemos realizado correctamente el proceso es la obstrucción de este tamiz. Debemos elevarla con cuidado y zarandearla suavemente para que pierda toda el agua. La malla de la bolsa debería estar llena de un material pastoso de color dorado. Si se trata de un color más verdoso, o tiene un aspecto sucio, podéis aclararlo un poco con agua fría, pero significa que hay residuos vegetales y no siempre se puede quitar.
  6. 7.Ahora debéis doblar la malla y apretar con un papel de cocina en la parte exterior, de forma que se absorba tanta humedad como sea posible.
  7. 8.Es el momento de retirar el hachís del cedazo mediante una cuchara o cualquier utensilio similar. Debemos extraer el resto de humedad de la resina lo antes posible para evitar la putrefacción. La forma más sencilla es apretarlo con un pedazo de plástico hasta que se genere una bola sólida. Podemos agujerear la bola recubierta de plástico con un alfiler, y así permitiremos la evaporación de parte de esa humedad.
  8. 9.Como os explicábamos en anteriores artículos*, es importante que apretéis la bola generada con los dedos. De esta forma romperemos los tricomas, compactaremos la bola y protegeremos a otras glándulas.
  9. 10.Si habéis realizado estos pasos tal cual los hemos descrito, vuestro hachís ya estará listo para su consumo.
  10. 11.Recordad limpiar con abundante agua las bolsas, con especial detenimiento en el tamiz. Si no es suficiente, usad alcohol al 96% y un paño.

El hachís producido será de muy buena calidad. Cuantas más mallas de diferentes grosores uséis, más diversidad y calidad obtendréis. Si solo usáis la de 70 micras después de la de 220 micras, debéis tener en cuenta que algunas pequeñas glándulas de resina se irán y algunos restos que pasan por la de 220, y que no exponemos a ningún otro filtro, llegarán al producto final, pudiendo producir ese verdor o suciedad percibida en la resina que se acumula en el tamiz de 70 micras. Aun así, seguiremos obteniendo un resultado muy superior a la mayoría del hachís comercial.

No dejéis de seguir esta serie de artículos, que os explicarán las diversas y funcionales alternativas para aprovechar los restos de vuestras cosechas.

*ARTÍCULOS & FUENTES:

-        “Aprovechamiento de los “restos” después de la cosecha” Neal C. Borroughs, Cannabis Magazine, números 104 y 105.

-        “Extracción de hachís con Ice-O-Lator”: http://www.cannabismagazine.es/digital/consultorio-cannabico/interior/363-extraccion-de-hachis-con-ice-o-lator

 

Genotipos adecuados para cultivos en espacios reducidos

Aunque otros articulistas ya han tratado el tema genotípico en Cannabis Magazine*, quisiera tratarlo en profundidad, si bien desde una perspectiva humilde y sencilla, para aclarar ciertas incógnitas que nacieron durante las explicaciones de Neal C. Borroughs sobre la elección de semillas y sobre la crianza cannábica en estas concretas y limitadas circunstancias de cultivo.
Seré yo, Leroy McWolf, quien os guíe durante los próximos meses a través del camino de “El cultivo básico en espacios reducidos”. Sacaremos a relucir aspectos que nunca antes se han tratado y profundizaremos en otros que sólo se han esbozado.

Por Leroy McWolf

Volviendo a la contextualización habitual de la que partía el autor arriba mencionado, imaginemos que acabamos de comprar, fabricar o aprovechar un armario de reducidas dimensiones. Suponiendo que esas dimensiones rondan los 60x60x140 centímetros (una de las mínimas proporciones que nos permitirá obtener una cosecha aceptable teniendo en cuenta la relación entre el gasto y el beneficio), lo primero que pasa por nuestras cabezas es:

¿Qué tipo de plantas meto ahí dentro?

Los más inocentes (ingenuos, buenas personas, confiados y otros muchos etcéteras, sin ninguna intención de ofender, pues yo he sido el primero en caer en la trampa) os acercaríais a cualquier tienda especializada (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia) y le comentaríais vuestra situación al dependiente, el cual, en la mayoría de los casos, afirmará que para un interior de medianas dimensiones serviría cualquier híbrido; lo único que tenemos que ajustar es el tiempo de crecimiento que le damos a estas plantas en relación a sus periodos de floración. Casualmente, en la tienda tienen un híbrido que está funcionando muy bien. Pongamos que se trata, por ejemplo, de Jack Herer feminizada, de la casa de semillas Green House Seeds.

Suponiendo que el híbrido de Green House sea sólo un cruce de Haze x Red Skunk y que no lleva el tercer ingrediente secreto que nunca ha desvelado Sensi Seeds, estaremos ante una planta cruce de una reconocida sativa (Haze) y un híbrido sativo-índico muy recomendado para los climas templados más favorecidos (Red Skunk) por su resistencia, producción y efectos mixtos, a medio camino entre lo físico (índico) y lo cerebral (sativo).

Aun procediendo con un periodo vegetativo corto (yo recomendaría un mínimo que permita a nuestra planta haberse desarrollado lo suficiente para afrontar la transición del crecimiento a la floración; digamos que unas dos semanas bajo sodio, desde la germinación finalizada por completo hasta el momento en que cambiamos el fotoperiodo), crecerá todo cuanto pueda y le permita el sustrato durante sus más de 65 días de floración, y dará lugar a una planta de una clara tendencia sativa y potente, de considerable densidad de flor.

Suponiendo que usáramos unos tiestos de 6 litros, la rama principal de las plantas (dado que es imposible practicar podas para duplicar cabezas con algo más de una semana de crecimiento) podrían llegar a medir 100 centímetros si la cuidamos de forma adecuada (repito, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia), a los que le debemos sumar la altura del tiesto y el espacio que ocupa la bombilla y, aun con el cooltube, la distancia que debemos guardar hasta las plantas. No salen las cuentas, ¿verdad?

Lo cierto es que la duración de los periodos medios de floración (entre 45 y 65 días) no son concluyentes en lo que se refiere al efecto de sus flores, o a cómo se van a comportar (cuánto van a crecer) durante ese periodo de floración.

Entonces, ¿sativa, híbrido o índica?

Al igual que es prácticamente imposible que se retire de una planta autofloreciente la influencia rudelaris, puesto que es la que la hace florecer como rudelaris, y debido a ello su potencia nunca podrá equipararse a otras no autoflorecientes, en el caso de las plantas sativas, cuanto más cortos sean sus periodos de floración, por lo general, menos sativa es la planta.

El efecto más cerebral, más energizante, de las plantas sativas proviene de la prolongada producción de cannabinoides durante esos interminables periodos de floración. Esto produce altísimos porcentajes de THC. Por eso, y por el gasto y el esfuerzo que conlleva cultivarlas, son las marihuanas más caras que podemos adquirir en lugares como Amsterdam,

Cierto es que algunos híbridos nos han dado la posibilidad de cultivar plantas de aspecto sativo, con flores que producen efectos energizantes, propios de las sativas aunque menos potentes y con periodos de floración mucho más cortos.

Las grandes y más parecidas a las originarias sativas que continúan vendiendo diversas casas de semillas, aunque con mucha menos asiduidad que los híbridos o las índicas, rondan los cien días de floración. Es el caso de Dr. Grinspoon de la Barney’s Farm, genética que hemos tenido el gusto y sacrificio de cultivar personalmente en extensos espacios. Esta planta no deja de crecer durante todo su periodo vital y tiene unas producciones pequeñas, aunque de una calidad inigualable.

Por lo tanto, mi recomendación es observar el cruce del que proviene la semilla en cuestión y, si la tenemos, la información detallada que nos proporciona la casa de semillas sobre su creación.

Decantarnos por híbridos, como nosotros hacemos habitualmente, significa prestar un poco de atención a sus orígenes, pues de lo contrario podemos acabar teniendo plantas de tamaños que no pueden cultivarse debidamente en nuestros pequeños armarios.

Como también es recomendable practicar una poda apical*, debemos tenerlo en cuenta a la hora de la elección de semilla, porque existen algunas índicas e híbridos de predominancia índica que no responden bien a este tipo de podas. “Que no responden bien” significa que, en la mayoría de los casos, no se multiplican como debieran, muestran síntomas de raquitismo sin una explicación aparente, o se amontonan y no permiten que las diferentes ramas crezcan y florezcan de forma óptima.

La mayoría de cruces entre skunk e índicas, especialmente en el caso de las afganas, proporcionan plantas adecuadas para pequeños interiores, pues producen plantas con estructuras de arbusto, pequeñas, compactas, podables y con periodos de floración cortos.

Skunk suele proporcionar efectos cerebrales a los genotipos; sin embargo, hay personas que prefieren efectos más sativos. En esos casos existen cruces sativo-índicos, con periodos de floración medios y crecimientos cortos o moderados durante la floración, que serían los más adecuados en el caso de predilección sativa.

Hay muchas índicas, o plantas mayoritariamente índicas, adaptadas a interior que responden de la mejor manera posible en circunstancias pequeñas de cultivo.

Nosotros somos amantes de las índicas, y yo me confieso consumidor exclusivo de índicas e híbridos de predominancia narcotizante; retraso las cosechas y produzco hierba con características medicinales, tranquilizantes, ansiolíticas, relajantes y con efectos mayoritariamente físicos.

Lo importante es hacerse conscientes de que tenemos un espacio reducido que aprovechar al máximo, y la mejor forma de hacerlo es olvidar por completo las sativas puras y decantarse por híbridos, especialmente los de predominancia índica o los de menor crecimiento durante la floración.

Existen, incluso, plantas que están seleccionadas para una respuesta concreta en interior como Northern Lights y todas sus derivadas. Este tipo de genéticas, normalmente proporciona grandes producciones, pocas hojas, tamaños medianos/pequeños, responde bien a la poda y obtenemos flores con efectos mixtos, suaves, y con sabores más neutros, tal vez un poco menos intensos que otras variedades.

Si queremos cultivar cualquier tipo de hierba, especialmente las grandes sativas mencionadas, es inevitable que optemos por otro tipo de espacio, que modifiquemos nuestra forma de plantear el cultivo y tengamos en cuenta todo lo que implica un periodo de floración superior a ochenta días.

En resumidas cuentas, ¿cuáles son las mejores plantas para mi pequeño interior?

En primer lugar, debemos decidir si nos decantamos por la homogeneidad de genotipos o por la variedad. También es fundamental decidir si vamos a partir de semilla o de esquejes*. En este caso continuaremos con la fundamentación genética partiendo de un proceso desde semillas*, porque lo esencial es plantearnos si decidimos poner cuatro o cinco plantas con la misma genética, o si preferimos variedad.

En el caso de decantarnos por la variedad, debemos tener en cuenta que esto dificultará un poco todo el proceso, y dentro de esa variedad debemos decantarnos por plantas similares; de lo contrario, el armario será un desastre y cada planta responderá de forma totalmente diferente cuando todas tienen que ser alimentadas lumínicamente por el mismo foco de 250 vatios*.

Decantarse por la homogeneidad es lo más recomendable, especialmente en los casos de personas que estén comenzando a cultivar. Sin embargo, a todos nos gusta disfrutar de la variedad y nosotros, por ejemplo, hemos experimentado con tres, cuatro o cinco variedades en este tipo de espacios.

Si nos decantamos por la homogeneidad, las siguientes variedades son apuestas seguras:

-       Norther Lights.

-       Skunk, super Skunk y sus derivados.

-       Algunos tipos de Critical, como Critical Mass, Critical 47, Critical + o Kritikal Bilbo.

-       Algunos tipos de Kush, como 8 ball kush, All Kush o Power Kush.

-       Algunos tipos de plantas californianas.

En el caso de decantarse por la variedad, debemos combinar adecuadamente estos genotipos entre sí, o con otros no mencionados. Algunos podrían ser White Berry de Paradise Seeds, Green Poison o Cream Caramel de Sweet Seeds, Bubble Gum o AK 47 de Serious Seeds, Pakistan Chitral de Cannabiogen Imaginemos que, complejizándolo lo máximo posible, decidimos poner en el armario cinco genéticas diferentes y queremos tener dos variedades con poco crecimiento durante la floración, pero predominancia sativa en sus efectos y otras tres con predominancia índica.

En el próximo número de Cannabis Magazine profundizaremos en esta posibilidad, explicándoos los orígenes de todas las variedades mencionadas y de otras muchas, además de su comportamiento durante el cultivo y su productividad. Sin embargo, os adelantamos que al tomar esta decisión estaremos dificultando notablemente la labor de cultivo. Esto no quiere decir que no sea factible llevarlo a cabo. En primer lugar debemos asumir que tendremos que calzar algunas plantas y hacer todo tipo de atados*, muchos más que si lleváramos a cabo un cultivo homogéneo, o al menos parcialmente homogéneo. En segundo lugar, debemos sumergirnos en la elección genética de la que hablábamos con anterioridad y que os describiremos con detalle el próximo mes.

 

 

Aprovechamiento de los “restos” después de la cosecha (II)

Por Neal C. Borroughs

Hash con algunos restosHash con algunos restos

Como os adelantábamos en el número anterior, el ser humano ha desarrollado un sinfín de formas de extracción y aprovechamiento de las partes de la planta que sobran después del manicurado, después de extraer la flor, esa parte de la planta que pondremos a secar, y posteriormente a curar, antes de ser consumida.

Estos procedimientos van desde la extracción de los tricomas que aún albergan las partes más cercanas a la flor hasta el aprovechamiento de la práctica totalidad de los “restos” mediante la elaboración de jabones, la ornamentación, la revegetación, etcétera. Los procesos que culminan con la obtención de tinturas, maceraciones y extractos en alcohol son otras prácticas muy utilizadas, además de las formas en que se presentaban la mayoría de productos farmacéuticos hace unas décadas.

Tamizado y purificación

En lo que se refiere a la extracción de tricomas, y continuando con el tema del tamizado que habíamos introducido en la primera parte de esta serie de artículos sobre el aprovechamiento de la cosecha, debemos explicaros en qué consiste el proceso de “purificación”.

La resina que obtenemos después de la selección y el tamizado que os explicábamos en el anterior artículo no es pura. Sea cual sea el tamiz, contendrá materia vegetal, polvo y tierra.

Como también os explicábamos en el artículo anterior, las impurezas de menor tamaño que las glándulas pueden separarse por medio de un tamiz de poro fino. Para la purificación se usan tamices con poros de un diámetro de entre 50 y 70 micras. Entonces, después de realizar el primer tamizado, hacemos una segunda criba con el tamiz de purificación. Las glándulas de una formación madura, junto con otros restos de un tamaño similar, quedarán sobre el tamiz, mientras el polvo, las glándulas inmaduras y los restos vegetales lo atravesarán.

Es obvio que este proceso implica que descienda la cantidad y aumente la calidad. No todo el mundo considera que esta pérdida de cantidad les beneficie, por lo que cada cual tendrá que preguntarse qué prefiere: calidad o cantidad. También debemos tener en cuenta que si vamos con cuidado de que las hojas secas no se pulvericen durante un primer tamizado, tendremos menos materia vegetal mezclada con la resina.

Si no queréis haceros con dos tamices de diferentes tamaños, podéis utilizar el tamiz que normalmente se usa para una primera extracción -de entre 135 y 150 micras- para realizar la purificación. Las glándulas de resina son redondas y pesadas, por lo que normalmente atraviesan el tamiz mucho antes que las impurezas.

Realizando el tamizado varias veces con poros de estos diámetros (135 – 150 micras) de forma suave y calmada, con mucho cuidado, haremos que quede sobre el tamiz la gran mayoría de impurezas vegetales. Cada vez que se realice un tamizado completo, se separarán los restos de flores, hojas y estigmas y las glándulas quedarán lo más limpias posibles.

Lógicamente, si realizamos el proceso de esta forma no obtendremos una resina tan pura como si lo hacemos con diferentes diámetros de poros. Aun así, se pueden obtener calidades muy similares con paciencia y buen hacer. Además, esta forma economizada de tamización conlleva la ventaja de separar los contaminantes de tamaños similares a las glándulas, algo que resulta imposible en el caso del tamiz de poro más fino.

hash primera calidadhash primera calidad

Si somos de esa clase de personas que nos gusta la perfección y la clasificación, podemos llevar la purificación un poco más allá y realizarla mediante diferentes tipos de tamices. Esto permitirá que clasifiquemos la resina obtenida por el diferente tamaño de sus glándulas. Ligada a la separación por tamaños se produce la separación por calidades, ya que las glándulas maduras, en su óptimo estado de extracción, serán las de mayor calidad y tendrán un tamaño concreto. Para hacer esto, deberíamos utilizar tamices de seis tamaños diferentes: 150, 130, 110, 90, 70 y 50 micras. Si los colocamos en serie, unos encima de otros, nos permitirá la separación glandular inmediata, y en el fondo del tamiz de 50 micras se recogerá el polvo y la materia vegetal pulverizada.

Recordad que es mucho más fácil tener cuidado a la hora de la extracción, para introducir la menor cantidad de contaminantes posibles, que realizar luego una purificación exhaustiva. El proceso de purificación mediante tamiz es pesado y trabajoso cuando existe una gran cantidad de residuos mezclados con las glándulas, y es muy difícil obtener un grado alto de pureza.

La temperatura ambiente

Algo que también debemos tener muy en cuenta es la temperatura ambiente. Si la temperatura es elevada, la resina se ablanda y se pega a cualquier superficie que entre en contacto con ella. Con el frío, o una temperatura ambiental medianamente baja, se endurece y evitamos que tenga esta consistencia pegajosa. Los principales lugares productores de hachís con climas templados realizan la extracción mediante tamizado en invierno, cuando el clima es frío y seco.

Aunque es un tema en el que no nos vamos a detener en exceso, puesto que lo desarrollaremos posteriormente en la extracción con agua, debéis tener en cuenta la existencia de la extracción de hachís a temperaturas bajo cero. A estas temperaturas, las glándulas son totalmente sólidas y se reduce -hasta la práctica supresión- esa tendencia pegajosa. Esta congelación implica la congelación de la humedad; esto implica que la resina se desprenda y no se adhiera a nada.

La extracción bajo cero, cuando no es mediante agua, no está al alcance de todo el mundo; menos aún de aquellos cultivadores que se encuentran en climas cálidos o templados de tendencia cálida.

La forma más cómoda de realizar una extracción bajo cero es introducir un tamiz motorizado en un congelador. Si realizamos este proceso, debemos tener en cuenta que, cuando sacamos la resina del congelador, esta se humedecerá ligeramente debido al típico efecto de condensación. Antes de guardar la resina debemos secarla totalmente para evitar su degradación. La forma de secarla es dejarla al aire en un clima seco, con un desecador o con cristales desecantes, como el conocido sílica-gel o el cloruro cálcico.

Sin embargo, lo más importante, y el motivo por el cual traíamos a colación el tema calor, es que evitemos las temperaturas altas durante la extracción y la purificación, puesto que de lo contrario dificultaremos notablemente estos procesos. Degradaremos el hachís y volatilizaremos aceites esenciales que son imprescindibles si queremos obtener un producto de calidad, con un olor y una potencia adecuados.

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El prensado

Después de la extracción y la purificación es inevitable que nos detengamos un poco en el proceso del prensado. No es imprescindible realizar este procedimiento, pero nos ayudará a conservar la resina en el mejor estado posible durante periodos medios y largos de tiempo.

Lo cierto es que si esperamos mucho para consumir esta resina -realicemos o no el prensado-, la calidad irá decreciendo de la misma forma que pasa con las flores de marihuana cuando se supera el año desde el momento óptimo para empezar a consumirla, después de un apropiado secado y curado. Aunque, eso sí, en unas condiciones climáticas y de conservación óptimas, el hachís puede aguantar más tiempo que los cogollos en ese estado propicio de consumo.

El prensado es una práctica tradicional que, en los países productores de hachís, normalmente se realiza gracias a la exposición de la resina al calor. Este calor facilita considerablemente el proceso, pero también hace que la calidad descienda considerablemente.

Si la temperatura sobrepasa ciertos parámetros se daña el hachís, con lo que se reseca y se degrada el THC. Es un problema mucho mayor que el del calor ambiental mencionado, puesto que las temperaturas suelen ser más altas y difíciles de controlar. Por ello es mejor, aunque mucho más complejo, hacerlo en frío. De esta forma no sólo mantenemos los olores que se volatilizarían mediante el prensado con calor, sino que mantenemos la potencia.

De la misma forma que ocurría con el calor ambiental, la exposición a altas temperaturas para facilitar el prensado provoca la evaporación de los aceites esenciales, y la resina pierde elasticidad y se endurece, con lo que empeora su textura. Si se trata de una resina fresca de buena calidad, con el calor que le proporcionan nuestras manos es más que suficiente para moldearla. La resina envejecida se seca y pierde elasticidad, pero si la calentamos acercando la llama de un mechero -por ejemplo- la secaremos aún más y provocaremos que se pierda la práctica totalidad del aroma, además de degradar o destruir parte de la resina.

Por lo que llevamos dicho, debemos olvidarnos del modo en que manipulamos habitualmente el hachís comercial, cuando se trata de resinas obtenidas por tamizado. Si el hachís es de alta calidad, el prensado será mucho más sencillo. Es decir, si habéis realizado el tamizado de forma correcta, si habéis obtenido una resina pura, ésta se cohesionará muy fácilmente.

Si disponemos de una prensa mecánica, nos ayudará notablemente a obtener un hachís de mayor calidad. Las prensas mecánicas ejercen una fuerza que hace que algunas glándulas se rompan y esparzan su contenido, cohesionando aún más las otras glándulas, que permanecen intactas, envueltas por el contenido de aquellas que se rompieron y protegiendo el THC de cualquier tipo de degradación.

En el caso de glándulas que permanecen enteras, es muy recomendable volver a prensar el hachís con la mano antes de ser consumido. Proceder de esta forma, aunque parezca que apenas puede ayudar, romperá algunas glándulas, mezclará su resina y permitirá obtener una textura homogénea. Algunos aceites muy volátiles se liberan y mejora notablemente el sabor, con lo que se consigue un humo más denso, con más cuerpo y potencia.

Este es un hecho que pasa desapercibido para muchos cultivadores y consumidores experimentados. El prensado es una práctica que no sólo ayudará a que se conserve mejor el hachís elaborado de forma tradicional, sino que, a la hora de consumirlo, el prensado manual mejorará notablemente la experiencia.

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Son este tipo de detalles los que marcan la diferencia entre un consumo poco sensato y el consumo recomendado. Existen ciertos conocimientos que son prácticamente imprescindibles a la hora de adquirir un producto que puede llegar a valer, en mercados como el holandés, hasta 50 €/gr, o a la hora de consumir uno que hemos elaborado nosotros mismos o nuestros allegados.

Personalmente, os puedo confesar haber probado los mejores materiales mediante el consumo de hachís casero elaborado a través de diferentes tipos de extracción. Estos productos me han proporcionando, de lejos, efectos muchos más potentes que cualquier variedad de marihuana.

En lo referente al tema del sabor y la degustación ya nos adentramos en un terreno mucho más subjetivo, y yo diría que son experiencias diferentes, aunque ambas sumamente placenteras.

En los próximos números continuaremos hablando de la extracción del hachís mediante diferentes prácticas como el Ice-O-Lator, el tipo de extracción por agua que mencionábamos con anterioridad en este artículo, para, posteriormente, adentrarnos en otros tipos de aprovechamiento.

 

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