Cocaína base / Crack (II)

Continúa el artículo sobre la cocaína base. Leer 1º parte.

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Riesgos

La mayor parte de los riesgos asociados al consumo de base son los mismos que los riesgos asociados al consumo de cocaína esnifada. A fin de cuentas, ambos métodos de consumo pueden dar lugar a complicaciones cardiacas (arritmias, infartos…); complicaciones neurológicas (crisis convulsivas, cefaleas, accidentes cerbrovasculares…); alteraciones endocrinas (ginecomastia, impotencia, amenorrea, alteraciones de la libido); complicaciones gastrointestinales (perforaciones, dolor agudo…); anorexia; problemas renales; alteraciones y trastornos psiquiátricos de tipo depresivo, ansioso o psicótico; problemas de dependencia.

Ambos, igualmente, pueden dar lugar a complicaciones respiratorias, únicamente que los usos esnifados afectan a las vías aéreas superiores (dando lugar a problemas como la perforación del tabique nasal) y el consumo de crack afecta a las vías aéreas inferiores (dando lugar a problemas en la función pulmonar, hemorragias, infiltraciones, neumotórax…).

Siendo así las cosas, cabe considerar que las diferencias en la problematicidad asociada a unos u otros usos se remite más a la probabilidad de que tales problemas hagan acto de presencia o a la magnitud y gravedad que puedan alcanzar tales complicaciones según se consuma la cocaína fumada en forma de base o esnifada en forma de sal.

Al respecto, cabe señalar que, en la ciencia de la drogabusología, existe una ley que dice que, en términos generales, los efectos psicoactivos de aparición rápida, intensidad elevada y breve duración favorecen el uso repetido, continuado, compulsivo y problemático.

En consecuencia, de ser cierta esta ley o de ser aplicable al caso de la cocaína, significaría que, en líneas generales, los consumidores de base se expondrán a un riesgo aumentado de perder el control sobre el consumo en comparación con los consumidores de cocaína esnifada. De hecho, las leyendas urbanas dicen, por ejemplo, que, para engancharse al crack, basta con fumarlo tres veces. Así pues, cabe preguntarse si en tales condiciones hay o no cabida para el consumo no problemático. Veámoslo a continuación.

 

Gestión de Placeres y Riesgos

 De ser cierta la leyenda que acabamos de mencionar, las claves del consumo controlado de crack serían sencillísimas, ya que, bastaría con fumar dos veces y media y problema solucionado. Ahora bien, de todos es sabido que en estos temas no hay formulas mágicas y que el enganche como tal no vendrá determinado únicamente por las propiedades farmacológicas de la sustancia sino por toda una conjunción de factores en la que la personalidad y el contexto vital en el que se desenvuelve el individuo tendrán un peso fundamental. De este modo, habrá a quien le bastará fumar unas pocas veces para perder los papeles y quien no los perderá jamás aun fumando decenas, cientos o miles de veces. Así como, ni que decir tiene, que habrá también a quien, tras probarla, no le gustará y no tendrá intención de proseguir en su consumo, lo cual le librará de todo posible problema. Dejémoslo, por lo tanto, en que a determinadas personas les resultará mucho más fácil perder el control sobre su uso de base que sobre su uso de cocaína esnifada. Dejémoslo, también, en que, cuanto más se fume y más a menudo, más probabilidades habrá de terminar adoptando patrones de consumo problemático. Así las cosas, podría decirse que, quien pretenda optar por fumar crack o haya optado ya por fumarlo, haría bien en tomarse las cosas con calma, espaciando las tomas suficientemente (anuales siempre mejor que mensuales, mensuales siempre mejor que semanales y semanales siempre, mucho, mucho mejor, que diarias).

Especial cuidado deberían tener quienes ya hayan experimentado problemas de autocontrol en su uso esnifado de cocaína y quienes se sientan intensamente atraídos por los efectos de la base, ya que, quienes más riesgos tendrán de abusar de ella serán, precisamente, quienes más la deseen, de tal manera que podría decirse que la fórmula del consumo controlado vendría a traducirse en la frustrante y difícilmente practicable máxima de “a más deseo, mayor contención”.

Por lo demás, ha de tenerse en cuenta que, el hecho de que las propiedades farmacológicas de la base favorezcan el uso abusivo conlleva que, en términos generales, sea también más probable la aparición de otro tipo de complicaciones que suelen acompañar a la pérdida de control sobre el consumo. De modo que resultaría que los problemas asociados al uso de coca esnifada (cardiacos, pulmonares, infecciosos, psiquiátricos, económicos, etc.) serían más probables cuando se fuma base. Así es que, de nuevo, se impone la prudencia, la moderación y el espaciamiento de las tomas siempre, al menos, que la intención del usuario sea la de mantenerse lo más alejado posible del uso problemático. En este sentido, resulta oportuno señalar que un patrón de consumo que suelen adoptar muchos fumadores es el del “atracón”, consistente en la administración consecutiva de dosis y más dosis durante horas y horas, hasta que se acaba el dinero, la coca o hasta que el usuario cae rendido y exhausto. Podría argumentarse que, en cualquier caso, este es un patrón que adoptan muchos consumidores de otras sustancias, incluida la cocaína esnifada. Sin embargo, nos da la impresión de que cualquiera que haya tenido ocasión de presenciar un atracón de basukeros convendrá con nosotros en que las dimensiones y el ritmo de consumo que estos atracones pueden llegar a adquirir suelen sobrepasar con creces los que acostumbran a darse con otras drogas (a excepción, si acaso, de los usos de cocaína intravenosa). Sea como fuere, tanto en los atracones de unas sustancias como en los de otras, es evidente que se trata de usos abusivos y facilitadotes de problemas de todo tipo, de modo que, quien desee evitarse complicaciones haría bien en tratar de verse involucrado lo menos frecuentemente posible en este tipo de ágapes. Para ello debería empezar por marcarse de antemano sus propios límites en cuanto a las cantidades de droga y de dinero que desea consumir en cada ocasión, tratando de ser lo suficientemente responsable como para cumplir lo acordado y poniendo, si lo estima oportuno, las dificultades necesarias que compliquen la ruptura de tales límites (no llevar más dinero que lo estipulado, dejarse la tarjeta del banco en casa, no pedir fiado…). Además, debería prestar atención a cuestiones tales como los compañeros y los contextos donde consume, algunos de los cuales serán más proclives al abuso que otros, de tal manera que el uso controlado requerirá que, en cada ocasión, el usuario seleccione cabalmente cuando, con quien y donde le resultará más seguro y provechoso consumir.

Por último, ateniéndonos a cuestiones meramente técnicas, cabe señalar que, cuando se usan pipas caseras, es recomendable cambiar la ceniza cada vez que se fuma, así como comprobar que, tras varias fumadas, los agujeritos no han quedado taponados (en caso de que lo estén, será necesario limpiarlos con un paño húmedo o quitar la plata y poner otra nueva). Tras varios usos lo más adecuado es, también, cambiar el agua, y mejor todavía desechar directamente la pipa y confeccionar una nueva. En caso de que los consumos sean frecuentes, lo más apropiado será adquirir pipas específicas para fumar base (mejor de cristal y con boquillas de plástico, pues las de metal pueden producir quemaduras). Y como consejo final, apuntar que, debido a que a través de las heridas en los labios pueden transmitirse virus como los de la hepatitis o el VIH, resulta aconsejable que cada cual utilice su propia pipa, evitando compartirla con el resto de la afición.

 

 

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