Las criptomonedas están en pleno auge. A finales de diciembre de 2017 el valor del bitcoin, la divisa virtual por excelencia, alcanzó máximos históricos, superando los 10.000 dólares por moneda (unos 8450 euros) en el momento de escribir estas líneas. Sin duda, un mercado en alza en el que el cannabis también ha encontrado su hueco. En Estados Unidos varias compañías vinculadas a la planta están recurriendo a ellas para hacer sus negocios. 

Según la firma de servicios financieros neoyorquina Cowen and Company, el año pasado en Estados Unidos el cannabis legal generó 6000 millones de dólares (unos 5100 millones de euros, según el cambio actual) y se estima que en 2026 la cifra se eleve hasta los 50.000 millones de dólares (alrededor de 43.100 millones de euros). Estos números demuestran la gran importancia de la industria cannábica en el país; sin embargo, a pesar de ser ya legal en 29 estados y el distrito de Columbia, las instituciones financieras tradicionales se muestran reticentes a prestarles sus servicios, debido a la regulación federal que aún prohíbe la planta.

Actualmente en Estados Unidos, debido a una disposición en la Ley de Sustancias Controladas, los bancos que prestan dinero a los vendedores legales de marihuana corren el riesgo de perder los préstamos si el deudor no paga. Esto se debe a que la legislación federal considera todavía esta actividad como ilícita y puede negar a los bancos el seguro de depósito además de perseguirlos judicialmente.

De este modo, los negocios cannábicos se ven obligados a realizar el total de sus ventas en efectivo, algo que les hace acumular grandes cantidades de dinero en billetes y monedas con los consiguientes problemas de logística y seguridad que esto supone. Sin embargo, la solución parece estar cerca. Las criptomonedas brindan a dispensarios y demás empresas del cannabis la posibilidad de efectuar sus ventas en entornos virtuales más cómodos y seguros. No solo les permite solucionar el problema de contar con excesivo dinero en efectivo, sino que también facilita las compras a los clientes, que pueden pagar con sus tarjetas de crédito como lo harían en cualquier otro establecimiento.

Comprando marihuana con bitcoins

“No hay industria, ya sea la producción y venta de cannabis o la producción y venta de una taza de café, que pueda operar de forma segura, transparente o efectiva sin acceso a bancos u otras instituciones financieras y servicios tradicionales”, explicaba Jon Baugher, cofundador de POSaBIT, cuya tecnología bitcoin es utilizada por 30 dispensarios en el estado de Washington. “Ahí es donde pensamos que podríamos aprovechar el uso de la moneda digital”. Esta plataforma, con sede en Seattle, permite de forma sencilla que los consumidores adquieran moneda digital en el punto de venta. 

De este modo, una vez que el cliente ha elegido su producto cannábico, el empleado del dispensario le pregunta cómo quiere hacer su pago: en efectivo o con moneda virtual. En caso de que prefiera esto último, el comprador puede utilizar una tarjeta de crédito para comprar bitcoin o litecoin (otra alternativa virtual parecida a su predecesora) a través del dispositivo de POSaBIT. Esta transacción tendrá una tasa de 2 dólares (1,7 euros, según el cambio actual). 

Ahora el cliente poseerá el valor de la compra en criptodivisas y las podrá canjear en el propio dispensario. También puede optar por cargar más dinero en criptomonedas para usarlo en otros establecimientos que acepten esta forma de pago. Sea como fuere, una vez que el cliente finalice la compra, POSaBIT almacena el importe y luego lo envía en dólares estadounidenses a la cuenta bancaria de la tienda.

Ante las voces críticas de ambos mercados, POSaBIT asegura que han tomado medidas para cumplir con las leyes federales y estatales que regulan tanto la venta de la marihuana como la moneda virtual. Por ejemplo, para utilizar sus servicios, los clientes deben presentar su identificación, que se escanea, se encripta y se almacena. Además, existe un límite de compras de moneda virtual con POSaBIT valorado en 150 dólares (unos 129 euros). La compañía también cuenta con un programa de detección de fraudes y requiere que sus clientes minoristas tengan una cuenta bancaria, aunque no esté vinculada al negocio cannábico.

Las criptomonedas del cannabis

SinglePoint Inc. (SING) es otra ‘startup’ que apuesta por vincular estos dos mercados. La compañía, que cotiza en bolsa, también está desarrollando una solución para que los consumidores de cannabis obtengan bitcoins en el mismo lugar de venta. Además, adquirió la criptomoneda Weed, destinada a resolver los problemas de pago de la industria. 

Esta moneda virtual se lanzó recientemente con una oferta inicial de moneda (también conocido como ICO por sus siglas en inglés) con un límite de mercado que impresionó a todos: 60.000 millones de dólares (unos 51.700 millones de euros). Aunque su cotización no amenaza ni de lejos al todopoderoso bitcoin, su valor se situaba a finales de noviembre de 2017 en torno a los 1,19 dólares (1,02 euros).

No es la única. PotCoin ($POT) lleva tres años dedicada a la compraventa de productos cannábicos. Sus padres, tres personajes anónimos bajo los seudónimos de Hasoshi, MrJones y Smokemon 514, la crearon en 2014 con el propósito de “potenciar, proteger y facilitar las transacciones diarias de la comunidad de cannabis”, como explican en su web. Hoy PotCoin está disponible en 800 cajeros en más de 35 países. De momento, en España ya hay varios ‘grow shops’ que aceptan estos potcoins como método de pago (se encuentran en Marbella, Fuengirola y Barcelona). A finales de noviembre de 2017 su valor estaba en los 0,327 dólares (apenas unos 30 céntimos de euro). Sin embargo, en mercados tan cambiantes como este nunca se sabe lo que puede ocurrir.

Otra criptomoneda cannábica es HempCoin ($THC). Fue una de las primeras 30 monedas desarrolladas en 2014, aunque su principal diferencia es que está respaldada por la empresa Rocky Mountain Ayre, la cual cotiza en el mercado de valores estadounidense NASDAQ. Por el momento su máximo se sitúa en 0,025 dólares (unos 2 céntimos de euro)

En el sector también destaca CannabisCoin ($CANN). Muchos de sus usuarios la llaman The Marijuana Bitcoin, ya que es una de las más utilizadas en las compras de los dispensarios estadounidenses. Su valor tampoco sobrepasó los 2 céntimos de euro en noviembre de 2017. 

En torno a las mismas cifras durante esas fechas también se encuentra DopeCoin ($DOPE). Esta moneda creó en 2015 la red GROW, la cual permite a los productores canadienses vender sus plantas con total seguridad utilizando transacciones en DopeCoin.

Ventajas e inconvenientes de la unión

Algunos apuntan que el uso de las criptodivisas en el floreciente mercado cannábico podría abrir los ojos al gobierno federal y conseguir una regulación para que los bancos presten sus servicios financieros a la industria de la marihuana. Algo que sin duda les interesaría, dadas las previsiones de crecimiento del sector. Aun así, existen expertos que aseguran que estos acuerdos bancarios no tendrían que ser el fin de la relación entre criptomonedas y cannabis. Ahora ambos deben hacer frente al desconocimiento mutuo. 

Por un lado, al gran público todavía le cuesta entender su funcionamiento. Un ejemplo concreto es Neil Demers, propietario de un dispensario en Denver. “Estoy seguro de que la educación podría iluminarme a mí y a otros muchos de esta industria siendo una opción de pago factible, pero nosotros no lo vemos”, aseguraba Demers. Por el otro, la planta aún sigue lidiando con las críticas sobre su legalización, por lo que añadirle estos novedosos conceptos virtuales hará que muchos que también los desconocen los vinculen con el mercado negro. 

Y es que a pesar de ser una buena idea, las criptomonedas también pueden suponer riesgos. Al no estar extendido su uso su valor todavía es muy volátil, siendo mucho menos estable que las divisas tradicionales. También existe cierta ausencia de responsabilidades ante los fraudes: a la luz del reciente juicio por la desaparición de 400 millones de euros en bitcoins del centro de intercambio Mt. Gox (y su bancarrota resultante en 2014), los inversores pueden desconfiar de cualquier criptodivisa.

Casos como estos revitalizan el debate sobre la necesidad de regular este sector, una demanda que sustentan países como Rusia o China; y que el gigante asiático llevó a la práctica incluso prohibiendo las inversiones basadas en monedas virtuales, o Initial Coin Offerings (ICOs) hasta nueva orden. Aunque más importante aún ha resultado la noticia de que CME Group, el mayor mercado financiero del mundo, ha abierto la puerta a la inversión en futuros del bitcoin en diciembre de 2017. Esto, además de disparar su cotización hasta récords históricos, refuerza la impresión entre los inversores de que el bitcoin se está ganando por derecho propio un puesto relevante en el mundo financiero.

Así que a pesar de los inconvenientes, es el momento perfecto para estas alianzas. Tanto los mercados legales de la marihuana como las criptomonedas son sectores emergentes en los que está en juego mucho dinero. Por ello, su fusión no puede más que generar dividendos a aquellos que se arriesgan a apostar por la nueva economía y el futuro del cannabis.

Fuente Dinafem.org