Cannabis y cáncer de pulmón

En este número de la revista comenzamos una serie en la que analizaremos los efectos del cannabis sobre distintos aspectos sobre la salud. La información sobre el cannabis y la salud es muy amplia, pero en muchas ocasiones es contradictoria. Utilizaremos la revisión de la evidencia científica disponible, huyendo de alarmismos y simplificaciones e intentando utilizar un lenguaje comprensible. Comenzaremos revisando la relación entre el cannabis y una de las enfermedades más graves relacionadas con el hábito de fumar: el cáncer de pulmón.

Por Dr. Fernando Caudevilla

Cancer de pulmonCancer de pulmon

El cáncer de pulmón es un conjunto de enfermedades que se producen por el crecimiento maligno de células del tejido pulmonar. Es uno de los tipos de cáncer más graves y una de las causas más frecuentes de muerte de tipo oncológico en todo el mundo. En varones el cáncer de pulmón constituye la primera causa de mortalidad por cáncer (la tercera en mujeres) y más de la mitad de los pacientes mueren después del primer año del diagnóstico.

Existen evidencias irrefutables de que el hábito de fumar tabaco es el factor de riesgo más importante en el desarrollo del cáncer de pulmón. Más del 80% de los casos aparecen en personas que fuman tabaco. El riesgo disminuye progresivamente al dejar de fumar: se estima que una persona que deje el tabaco antes de los 40 años tendrá en una década un riesgo similar al de una persona que no haya fumado nunca. Por el contrario, cuantos más años en la vida haya fumado una persona, sobre todo si comenzó a fumar desde muy joven, el riesgo se incrementa. Existen otros factores de riesgo (de tipo genético, ligados a la contaminación ambiental o a la exposición a ciertos tóxicos como el asbesto) pero el tabaco es el más importante y frecuente, ya que su uso está muy extendido en la población.

¿En qué medida los riesgos del tabaco pueden extrapolarse al uso de cannabis?¿Están expuestos los fumadores de cannabis a riesgos similares a los del tabaco? ¿Existen dosis seguras? Contestar estas preguntas puede ser extraordinariamente complicado. La cantidad de información es muy grande pero, como sucede casi siempre en el caso del cannabis, la razón se confunde con la ideología y los sentimientos en demasiadas ocasiones. En webs y foros procannábicos se resaltan aquellos estudios e informaciones que defienden que el cannabis es inocuo en este sentido, mientras que en espacios sanitarios tradicionales se acepta a pies juntillas y amplifica cualquier dato que sugiera la toxicidad. Como también suele suceder las cosas no son blancas ni negras sino llenas de matices que conviene valorar en su justa medida.

Uno de los mensajes más frecuentes en medios de comunicación de los últimos años sostiene que “fumar tres porros al día equivale a consumir un paquete de cigarrillos” en lo que al riesgo de cáncer de pulmón se refiere. Este mensaje apareció por primera vez en el año 2006 un informe de la British Lung Foundation, una organización dependiente del London Royal Brompton Hospital dedicada a la divulgación, asistencia y prevención de distintas enfermedades pulmonares. Esta idea ha aparecido en muchos de los mensajes y campañas preventivas antidroga desde entonces, incluyendo varias de nuestro Plan Nacional sobre Drogas (anuncios de prensa, TV y, al menos dos guías) entre los años 2007 y 2009.

La Guía de la British Lung Foundation ha sido reeditada y corregida en el año 2012, insistiendo en esta relación entre el cannabis y el cáncer de pulmón:

“Un riguroso estudio de Aldington y cols. ha hecho progresos significativos en demostrar el vínculo entre el cannabis y el cáncer de pulmón (…) El hallazgo más significativo del estudio fue que fumar cannabis incrementa el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón en adultos jóvenes. El estudio también sugiere que fumar un cigarrillo de cannabis al día incrementa el riesgo de cáncer de pulmón en un 8%. (…). A través de la comparación el mismo estudio sugiere que fumar un paquete de cigarrillos al día durante un año incrementa el riesgo de cáncer de pulmón en un 7%, lo que indica que fumar sólo un cigarrillo de cannabis incrementa el riesgo de cáncer de pulmón tanto como 20 cigarrillos de tabaco al día”.

            Así que ya no serían “tres porros” como se afirmaba en el 2006 sino “uno sólo” el equivalente a un paquete de tabaco diario. Si nos vamos al estudio original de Aldington al que hace referencia el texto de la British Lung Foundation, publicado en el European Rwespiratory Journal en el año 2008 (Cannabis use and risk of lung cancer: a case-control study), nos encontramos con los datos de 78 casos de cáncer de pulmón en menores de 55 años en un periodo de 5 años en Nueva Zelanda, 21 de los cuales eran usuarios de cannabis. Los datos se analizaron mediante complejas técnicas estadísticas (con un modelo llamado regresión logística), pero parece un poco atrevido obtener conclusiones tan generales a partir de tan pocos datos.

                       La divulgación científica puede hacerse de dos maneras muy diferentes. Una de ellas es presentar los datos de forma objetiva, ofrecer argumentos a favor y en contra de una determinada hipótesis, discutir los distintos puntos de vista según las pruebas e indicios que aporten… Otro es retorcer las estadísticas hasta que afirmen lo que nosotros pensamos y ofrecer sólo aquellos argumentos que estén a favor de nuestra idea preconcebida. La British Lung Fundation (y todos los periodistas, médicos y preventólogos que se han dedicado a divulgar la historia del porro y los veinte cigarros) parecen haber optado por la segunda opción.

                       Por ejemplo, los resultados de otros estudios que han aplicado una metodología muy similar no han encontrado esta relación. El doctor Donald Tashkin es un investigador de la Universidad de California que ha desarrollado gran parte de su carrera profesional en relación con el cannabis y ha publicado más de 40 artículos científicos en revistas internacionales sobre esta sustancia. En el año 2006 presentó los resultados de un estudio sobre 2142 sujetos (611 casos de cáncer de pulmón) en los que no se encontró vínculo alguno entre el cáncer de pulmón y el cannabis fumado, ni siquiera en los fumadores más intensivos de cannabis. El humo del cannabis contiene sustancias carcinógenas por lo que los resultados fueron calificados por los autores como “sorprendentes”. Una hipótesis sería considerar que el THC tuviera un efecto protector frente al desarrollo de células tumorales y que podría contrarrestar el daño tóxico de los componentes del humo.

            Otras investigaciones contradicen los resultados de Tashkin y concuerdan más con el estudio de Aldington. Un estudio en Argelia, Marruecos y Túnez (Berthiller J et al, Cannabis smoking and risk of lung cancer in men: a pooled analysis of three studies in Maghreb. J Thorac Oncol. 2008 Dec;3(12):1398-403) ofrece datos de la comparación de 440 casos de cáncer de pulmón y 778 controles. Los resultados apuntan hacia el cannabis como factor de riesgo, pero los autores indican en sus conclusiones que “la concurrencia del hábito de fumar tabaco u otros factores de confusión pueden explicar parte de este incremento del riesgo”.

            El entrecomillado de este último estudio es particularmente interesante, ya que hace referencia a un concepto que se suele olvidar en los estudios sobre drogas: la prudencia. Descubrir la causa de un efecto y su intensidad es una de las cuestiones más complicadas en las ciencias biomédicas en general. Todos estos estudios parten del análisis de los factores de riesgo en personas que ya han desarrollado la enfermedad (en este caso el cáncer de pulmón), pero que, además de fumar o no cannabis, pueden estar expuestas a otra gran cantidad de factores que son muy difíciles de controlar.

            Un abordaje sensato del asunto sugiere utilizar, además de los estudios científicos, el sentido común. Una gran mayoría de los fumadores de cannabis lo son también de tabaco. Y ya están expuestos al riesgo de cáncer de pulmón por este último hecho. Muchos usuarios de cannabis hacen sus porros mezclando cantidades variables de hachís o marihuana con tabaco. Ya que el riesgo de cáncer de pulmón es dependiente de la dosis de tabaco consumida, fumadores muy intensivos de cannabis mezclado con tabaco estarán expuestos a este riesgo.

            Se han propuesto distintas medidas de reducción de riesgos destinadas a mitigar los efectos tóxicos sobre el sistema respiratorio de la mezcla tabaco-cannabis: dar caladas suaves, colocar lo que se vaya a fumar en la parte más lejana a la boquilla y tirarlo tras unas pocas caladas, utilizar cantidades pequeñas de cannabis de alta potencia mejor que dosis elevadas de mala calidad…

El uso de filtros también suele recomendarse como una forma de disminuir la cantidad de productos tóxicos que llegan al organismo. Sin embargo, desde un punto de vista objetivo, no existen demasiadas pruebas que indiquen que sean eficaces en este sentido. Los filtros en el tabaco industrial comenzaron a generalizarse a partir de los años 60 del siglo pasado, al acumularse las evidencias que relacionaban al tabaco con el cáncer de pulmón. La industria del tabaco invirtió grandes cantidades de dinero buscando un filtro que retuviera las partículas tóxicas con resultados infructuosos. La mayoría de los filtros están compuestos de acetato de celulosa, que retienen cierta cantidad de nicotina y alquitrán pero que son permeables a muchas de las micropartículas cancerígenas que componen el humo del tabaco. Los estudios en cultivos celulares y animales de experimentación son contradictorios. Y también se han hecho estudios (en Japón y EE.UU.) comparando las incidencias de cáncer de pulmón a lo largo del tiempo, sin que se haya demostrado una disminución de la frecuencia de la enfermedad atribuible al uso de filtros. En cualquier caso los cannabinoides también atraviesan el acetato de celulosa de los filtros, y su disponibilidad en el organismo no se ve afectada por su presencia, por lo que su uso sigue siendo recomendable ya que eliminan una parte considerable del alquitrán.

El tabaco industrial contiene distintas cantidades de aditivos (productos para controlar la humedad, el sabor, mejorar la conservación…) que pueden producir aún más efectos tóxicos. Existe una lista de más de 1400 aditivos posibles, y ya que el tabaco no se considera oficialmente como una comida ni como una droga, la legislación es muy laxa. Tampoco existen evidencias de que el tabaco de liar sea más “sano” en ese sentido. Es posible que los preparados de tabaco “light” comporten un menor riesgo de dependencia a la nicotina en personas no habituadas a esta sustancia. El efecto no sería apreciable en adictos al tabaco, quienes tienden a fumar más cantidades y con mayor profundidad el tabaco “light” para extraer toda la nicotina posible.

En resumen, la relación entre el cannabis y el cáncer de pulmón es un asunto complejo. No hay pruebas directas de que el uso de cannabis aislado produzca esta enfermedad, aunque algunos datos indirectos sí lo sugieren. El concepto de “dosis” sigue siendo fundamental. El fumador de tabaco medio consume entre 10 y 20 cigarrillos de esta sustancia al día. Muy pocos fumadores de cannabis realizan consumos tan elevados (10 a 20 porros al día). Si existe la relación entre el cannabis y el cáncer, es muy probable que también ésta sea dependiente de la dosis, y los patrones de consumo ocasionales, esporádicos o de baja frecuencia estarán sometidos a un riesgo bajo.

Finalmente, conviene resaltar que la combustión de productos vegetales es el proceso químico fundamental que genera compuestos cancerígenos. Las elevadas temperaturas que se generan al encender un cigarrillo o un porro (alrededor de 600ºC) son las responsables de la producción de muchos de los productos tóxicos. En el caso del cannabis, los vaporizadores permiten obtener concentraciones eficaces de cannabinoides en el organismo a temperaturas mucho menores (150-170ºC). Algunos modelos de vaporizadores homologados han demostrado en estudios científicos la ausencia de producción de cancerígenos. El precio elevado y el hecho de que se traten de aparatos algo voluminosos son sus únicos inconvenientes.

 

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