Cannabinoides sintéticos (VII): El fenómeno spice (II)

Por el Dr. Fernando Caudevilla

              En 2007 se detectó por primera vez la presencia de cannabinoides sintéticos en mezclas herbales que se venden a través de Internet como inciensos o productos de coleccionismo. Desde entonces la difusión de estas sustancias ha crecido, en parte por la promoción de los medios de comunicación. En este último número de la serie dedicada a estas sustancias analizaremos la evolución reciente sobre estas drogas y sus riesgos para la salud.

              Desde el año 2009, la detección de cannabinoides sintéticos se ha multiplicado tanto en Europa como en el resto del mundo. En nuestro continente, equipos de investigación en Holanda, Francia, Finlandia, Reino Unido u Alemania han comunicado el hallazgo de estas sustancias en mezclas de productos herbales, más conocidos como Spice Drugs. En Estados Unidos, Japón, Canadá o Thailandia estas drogas también han sido detectadas. En España, el equipo de investigación de la ONG Energy Control ha confirmado la presencia de estas sustancias en nuestro país en un artículo de investigación pendiente de publicación en el momento actual. Teniendo en cuenta que Internet es su vía de difusión no es extraño que puedan detectarse en cualquier lugar del globo, aunque en países como Japón pueden encontrarse en grow-shops e incluso en máquinas expendedoras.

              Aunque no existen evidencias claras al respecto, la mayoría de las fuentes señalan que los compuestos se sintetizan originalmente en laboratorios chinos o de otros países del Sudeste Asiático. Los procesos de síntesis de estas sustancias son relativamente complicados, pero teniendo en cuenta que son activos en dosis muy pequeñas, la rentabilidad del producto es muy elevada. Los cannabinoides sintéticos son adquiridos por los productores de Spice, quienes añaden estas potentes sustancias a las mezclas herbales que, después, son comercializadas a través de Internet.

              De forma simultánea, los medios de comunicación han ido dando publicidad a un fenómeno que, en un principio, estaba limitado a unos pocos usuarios. Es evidente que la función de los medios es informar, pero en los asuntos relacionados con drogas, muchas veces da la sensación de que realizan una función de difusión o promoción más que simplemente informativa. Lo excepcional o anecdótico suele presentarse como algo generalizado, o, directamente, como “la última moda en drogas”. A finales de 2006, cuando ni siquiera se había confirmado la presencia de cannabinoides sintéticos y los productos Spice eran una rareza incluso en círculos restringidos, el periódico británico The Independent publicaba un amplio reportaje titulado “Los consumidores de setas mágicas cambian sus hábitos para colocarse sin romper la ley”. En el artículo se exponían de forma detallada cuales eran los psicoactivos legales disponibles en aquel momento y su forma de adquirirlos. Entre 2006 y 2009, otro periódico inglés, The Guardian, ha publicado al menos cuatro grandes artículos dedicados al Spice, insistiendo en aspectos como su legalidad, la facilidad de acceso, novedad…

Otras noticias en prensa han destacado el hecho de que los cannabinoides sintéticos no pueden ser detectados en orina. Uno de los inconvenientes del cannabis es que sus metabolitos se depositan en las grasas del organismo y pueden detectarse en la orina de consumidores durante semanas. Los métodos de detección son cada vez más sensibles y en los últimos años se han detectado tests que pueden encontrar restos varios meses después de un consumo ocasional de hachís o marihuana. Éste sería el motivo por el que algunos jóvenes preferirían la marihuana sintética (así se refieren al producto en el Financial Times, New York Times o la CNN entre otros) y su uso en la Academia Naval Norteamericana. De hecho una investigación interna revelada por el Washington Post a principios de 2011 dio lugar a la expulsión de 7 marines de la Academia por este motivo. La noticia fue ampliamente difundida por los principales medios de comunicación escrita, radios y televisiones de nuestro país.

La desinformación y el sensacionalismo llegan al extremo en casos como el del reciente ataque caníbal de Miami, en los que se ha mencionado a los cannabinoides sintéticos, no relacionados con este caso. El pasado mes de Mayo, un hombre atacó a otro bajo los efectos de una nueva droga sintética (MDPV, metilendioxipirovalerona) comiéndose parte de su nariz, pómulo y globo ocular hasta ser abatido a tiros por la policía. De la misma forma que los cannabinoides sintéticos se comercializan como inciensos o mezclas de hierbas, la MDPV se comercializa como sales de baño. Esto ha dado lugar a cientos de noticias sobre “unas sales de baño que convierten a la gente en zombis” o “la droga caníbal”. Por supuesto en los medios no aparece ninguna reflexión sobre las características del agresor, su pauta de consumo o los riesgos (reales) de las nuevas drogas sintéticas. Y en esta ensalada de sensacionalismo aparecen con frecuencia referencias al Spice.

Recapitulando: según los medios existe una marihuana sintética (nombre desde luego acertado a nivel de marketing, al estilo de drogas de diseño) que se puede adquirir a través de Internet de forma sencilla y es la última moda en drogas. Además no deja rastros en orina en el caso de alguien quiera investigar el consumo y es legal. Con todos estos elementos es razonable pensar que su difusión sea sencilla.

La respuesta a nivel legal no se ha hecho esperar. Ni los ingredientes herbales ni los cannabinoides sintéticos están cubiertos por las Convenciones de Naciones Unidas de 1961 y 1971. Técnicamente no son drogas ilegales ni prohibidas. Pero a raíz de los hallazgos de laboratorio se han comenzado a articular leyes nacionales destinadas a prohibir las sustancias detectadas. En Austria y Alemania, desde Enero de 2009 está prohibido “comercializar e importar mezclas herbales que contengan JWH-018” . En Francia, en Febrero de 2009 se prohibieron el JWH-018, HU-210 y CP 47,497. Luxemburgo, Suiza, Lituania o Estonia han promulgado leyes parecidas durante 2009 y 2010 que cubren, además de los mencionados, al JWH-073 y al JWH-017. Hungría, por su parte, ha decidido prohibir “la distribución de mezclas herbales llamadas Spice Gold, Spice Diamond, Scence y cualquier otro producto que contenga las mismas mezclas herbales”.

Desde hace casi cien años sabemos que la prohibición de una droga no consigue su desaparición del mercado y da lugar a más efectos negativos que positivos. Tomemos el ejemplo de la cocaína. Es una planta que únicamente crece en una zona geográfica muy determinada del globo (zonas tropicales de Colombia, Bolivia, Ecuador y Perú). Las restricciones legales durante décadas, las fortunas derrochadas en prevención, esfuerzos militares, políticos y de todo tipo no han conseguido que cualquiera pueda comprar una bolsita con clorhidrato de cocaína en las plazas o los poblados de Madrid, San Francisco o El Cairo. Los precios son elevados, pero en Europa no se han modificado en los últimos diez años, lo que sugiere que la oferta cubre de sobra la demanda. Eso sí, las posibilidades de fraude, adulteración y su vinculación directa con el mercado negro hace que los problemas sanitarios y sociales sean mucho mayores del mal que se pretende evitar con la ineficaz prohibición.

Teniendo en cuenta que en la familia JWH existen más de 450 cannabinoides sintéticos, la eficacia de la prohibición de uno, dos o diez compuestos, o la de prohibir compuestos que se llamen “Spice” es nula. Basta con cambiar el nombre comercial y los cannabinoides sintéticos añadidos. Por otra parte, los foros de Internet de químicos amateurs bullen de actividad de profesionales que describen las rutas de síntesis de nuevas sustancias que actúan sobre los receptores de cannabinoides pero que jamás han sido probados en animales de experimentación o humanos.

Y esto es exactamente lo que está sucediendo en este momento. Ante la inconveniencia de utilizar el nombre “Spice”, los productores inventan otros como “Oro”, “Head trip”, “Mystic incense” o “Herbal High!” y sustituyen las hierbas por otras. En lugar de utilizar los cannabinoides prohibidos (básicamente el JWH-018, JWH-073, HU-210 y CP 47,497) añaden otros distintos como el JWH-019, JWH-081 y JWH-250). En los últimos resultados de análisis, se observa que muchas veces las muestras no contienen uno, sino mezclas de dos o tres cannabinoides distintos. Incluso un mismo producto comercial puede contener sustancias diferentes según cuando ha sido comprado.

Por ejemplo, el JWH-250 es un agonista de los receptores CB-1 y CB-2, varias veces más potente que el THC. Su estructura es completamente distinta al de otros cannabinoides sintéticos y ya se han descrito algunas modificaciones (cambiando un carbono en posición 2 por un grupo metilo, cloro o bromo) que darían lugar a variantes aún mucho más potentes. El AM-2201 ha sido detectado en algunas muestras de Estados Unidos y se sabe que produce vómitos, ataques de pánico o convulsiones a dosis entre 500 microgramos y 2 miligramos. El JWH-203, también detectado ya en algunas muestras, es el cannabinoide que, en estudios in-vitro, se une con mayor afinidad a los receptores.

Los mayores riesgos probablemente tienen que ver con el sistema inmunológico y los problemas psiquiátricos. Se sabe que el cannabis tiene un efecto inmunomodulador, pero no existen evidencias de que deprima o altere de forma significativa el sistema inmune de los humanos. Algunos estudios muestran incluso que el uso de marihuana no tiene un impacto significativo en este sentido. Pero algunos cannabinoides sintéticos activan los receptores CB-2 (responsables de los efectos inmunológicos) de forma mucho más potente o distinta a como lo hacen los principios activos de la planta. Y la manipulación de los mecanismos inmunológicos del organismo puede tener efectos muy importantes, ya que este sistema regula entre otras funciones la defensa del organismo frente a agentes externos, las alergias, las enfermedades autoinmunes o el control sobre las células tumorales.

Por otra parte, la planta del cannabis tiene de forma natural un cannabinoide llamado CBD (cannabidiol) que atenúa los efectos psicológicos negativos del THC. De hecho el CBD parece ser un potente antipsicótico que está comenzando a estudiarse por sus potenciales aplicaciones en el tratamiento de la esquizofrenia y otras enfermedades mentales. Las marihuanas con alto contenido en CBD son más sedantes en comparación con aquellas que contienen altas dosis de THC, en las que predominan los efectos psicodélicos. Pero incluso dosis bajas de CBD parecen tener un efecto significativo como protectores a nivel psicológico o psiquiátrico en el uso de la planta del cannabis. Los cannabinoides sintéticos, por el contrario, activan los receptores CB-1 de forma mucho más potente que la planta sin otras moléculas que atenúen este efecto, por lo que muchos autores creen que su potencial para producir experiencias negativas de tipo mental es más elevado. Algunos datos procedentes de los Servicios de Urgencias que atienden a personas que han consumido Spice parecen corroborar esta hipótesis.

En definitiva, el panorama sobre estas sustancias es sombrío. La irresponsabilidad de unos productores sólo preocupados del beneficio económico y la ceguera de las autoridades antidroga son una combinación muy peligrosa. Las personas que compran este tipo de sustancias peligrosas lo hacen desde el desconocimiento. Y buscan una experiencia que podrían obtener de una forma más segura utilizando la planta del cannabis, cuyos riesgos y peligros son mucho menores al de los productos Spice. Un argumento más para comenzar a plantear una regularización de esta planta, que lleva ya muchas décadas de retraso.

 

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