En enero de 2013, el entonces ministro de Salud italiano, Renato Balduzzi, firmaba un proyecto de ley histórico que autorizaba el uso medicinal del cannabis. A partir de entonces, obtener marihuana con receta en una farmacia era legal, y, teóricamente, pacientes con un amplio abanico de dolencias podrían beneficiarse de los efectos de la planta y de la nueva legislación. Sin embargo, con su aprobación llegaba la siguiente pregunta: ¿quién iba a cultivar ese cannabis legal destinado a la venta en farmacias?

El proceso de concesión de licencias no ha sido rápido y, de hecho, solo una organización ha conseguido la autorización para proceder al cultivo: el Ejército italiano. Aunque fuera de las fronteras del país mediterráneo pueda parecer chocante que las tropas del país sean las encargadas de generar la primera remesa de marihuana legal, este cuerpo tiene un largo historial produciendo medicamentos novedosos o que no son rentables para las farmacéuticas a través de su instituto farmacéutico y químico de más de 160 años de antigüedad. 

Por ello, y después de que el país importara cannabis de los Países Bajos a un precio muy alto durante un par de años, el Ejército se puso manos a la obra y comenzó con la producción cannábica en una planta farmacéutica militar en Florencia. Con esto, se reducirá el precio de la marihuana medicinal, ya que las Fuerzas Armadas lo proporcionarán a las farmacias por 6,8 euros el gramo. Una cantidad muy alejada de los 38 euros que se estaba pagando por la marihuana procedente de Holanda y que tenían que cubrir los propios pacientes. 

Según las estimaciones de la institución, este 2017 se entregarán los primeros 100 kilos de marihuana medicinal cultivada en suelo italiano de forma legal. De hecho, los primeros ya han comenzado a repartirse por las farmacias de todo el país. Además, no se trata de cualquier cannabis: el Ejército está empleándose al máximo para alcanzar unos estándares muy altos de calidad.

El papel del Ejército

Que las Fuerzas Armadas tomen las riendas del cultivo legal tiene muchas implicaciones en Italia, un país muy prohibicionista con el cannabis. Durante años, la dura legislación aprobada durante el Gobierno de Berlusconi, en la que se equiparaba la marihuana a drogas como la cocaína y la heroína, ha hecho estragos, limitando fuertemente los derechos de los consumidores que eran criminalizados y prejuzgados.

En este panorama, es necesario tener en cuenta a otros dos actores: la Iglesia católica, cuyos mensajes, en la boca del Papa Francisco, rechazan la marihuana incluso en su vertiente medicinal, y la mafia italiana, al mando de la millonaria industria del cannabis en el país y lucrándose gracias a sus ventas de la planta a bajo precio, pero baja calidad, al margen de la ley.

Con este escenario, la participación de las Fuerzas Armadas en el cultivo sirve para dotar a la planta de una nueva imagen, segura y apoyada por el Gobierno. Sin embargo, este respaldo se limita únicamente a su uso medicinal. Aunque en julio de 2016 una iniciativa presentada por diputados del Partido Radical Italiano llegaba al Parlamento con el objetivo de legalizar el cannabis recreativo, las más de 1400 enmiendas presentadas al texto y la fuerte oposición de los diputados de corte más católico hacen prever que alcanzar un acuerdo sobre la cuestión no será fácil.

De esta forma, la marihuana recreativa continúa siendo ilegal en el país mediterráneo, a pesar de que cada vez más organizaciones e incluso los alcaldes y presidentes de localidades como Nápoles o de la región de las Toscana hayan alzado la voz para pedir la legalización. Unos, con la libertad como razón principal y reclamando los derechos de los consumidores de Italia que tienen que recurrir al mercado negro para conseguir el cannabis. Otros, recordando que la despenalización sería la única manera se sacar a la marihuana del control de la mafia

El máximo cuidado

Las primeras cosechas legales de la mano del Ejército se están realizando en un ambiente interior. Con este método de iluminación, las plantas están listas en tres meses para ser cosechadas, frente al doble de tiempo que necesitarían si fueran cultivadas en exterior. Para que esto sea posible, los cuartos de cultivo son irrigados, se mantiene una temperatura de entre 22 y 28 grados Celsius y se emplean ciclos muy controlados de luz artificial a alta potencia para estimular el crecimiento del cannabis. Como complemento, música de Mozart, con el convencimiento de que es beneficiosa para el avance de la marihuana. 

Una vez cosechada, los militares también ponen el máximo cuidado en el tratamiento de la planta. Tras secarla y picarla hasta que adopta una textura similar al perejil cortado, se trata con rayos gamma para matar todos los posibles patógenos antes de entregarla a las farmacias.

“Producirla en un ambiente estéril y controlado es muy importante”, explica Antonio Medica, el coronel a cargo de este laboratorio militar en Florencia. “Es la única forma de asegurarse de que se cuenta con un producto consistente y libre de materiales tóxicos, especialmente de metales pesados como el mercurio que las plantas pueden absorber fácilmente cuando son cultivadas en campo”, apunta el militar.

Además de las instalaciones y de los cultivadores, el cannabis elegido para la cosecha médica también tiene unas características particulares. Pensado únicamente para combatir dolencias y no para un uso recreativo, la marihuana cultivada tiene un alto porcentaje de CBD y uno mucho más bajo de THC, el cannabinoide encargado de la parte psicoactiva de los efectos de la marihuana. Este alto contenido en CBD hace que esté especialmente diseñada para ayudar en distintas patologías, ya que es este cannabinoide con propiedades analgésicas y antinflamatorias el elemento clave que hace de la marihuana un remedio efectivo para tratar distintos síntomas.

Así, el CBD del cannabis puede contribuir a aliviar el dolor en pacientes con esclerosis múltiple o disminuir las náuseas derivadas de la quimioterapia en el caso de enfermos con cáncer. Además, también es un buen aliado en el tratamiento de aquellos pacientes con glaucoma o con fibromialgia y para recuperar el apetito en los casos de anorexia o de VIH. 

Actualmente, unos 3000 italianos con alguna de estas patologías recurren, de forma regulada, al cannabis para aliviar sus síntomas. Con la llegada a las farmacias de esta marihuana terapéutica legalizada y a un precio mucho más asequible, se espera que muchos otros pacientes también comiencen a recurrir a esta planta. De hecho, más de la mitad de las veinte regiones de Italia, animadas por esta cosecha militar y legal, ya han acordado suministrar el medicamento a sus pacientes de forma gratuita o a bajo coste. Incluso si se aplicasen tasas, el precio final de venta al público se situaría entre los 10 y los 15 euros por gramo.

Además, preocupados porque los pacientes obtengan el máximo alivio posible, el Ejército lanza varias recomendaciones, como que preparen la planta en agua hirviendo o que usen un vaporizador para asegurarse de que están tomando la dosis necesaria. Aun así, saben que la influencia de la cultura cannábica hará que una parte de los que recurran a ella la cocinen en productos alimenticios como galletas o que se preparen un porro. “Hay estudios que prueban que la combustión degrada los ingredientes activos y aumenta el riesgo de efectos secundarios, así que no lo recomendamos”, insiste Medica.

Aunque algunos laboratorios y organizaciones están comenzando el proceso para obtener el permiso para cultivar, por el momento el Ejército será el único a cargo de la producción de la marihuana legal y medicinal del país. “Uno de mis compañeros bromeaba el otro día, diciéndome que llevábamos cuarenta años intentando que las tropas no la fumaran en los barracones y que ahora aquí estábamos, produciéndola nosotros mismos”, cuenta el coronel. 

Marihuana cargada en CBD y cultivada con la compañía de las notas de Mozart para que, a pesar de las trabas y restricciones, pueda ayudar a aquellos que más requieren de ella en Italia. Mientras, los activistas trabajan y esperan una legalización más amplia en la que el consumo recreativo y la autoproducción también estén aceptados.

Fuente Dinafem.org