Extractos personalizados (II)

En esta segunda parte de extractos personalizados a medida, haremos diferentes combinaciones con mayor o menor cantidad de cannabinoides. Además, a estos extractos le añadiremos perfiles terpénicos, para que el efecto sea el ideal según nuestras necesidades; sin olvidarnos de daros las claves para vaporizar este tipo de extractos de forma correcta.

por Raro Genetics

CBG Crystals y hachísCBG Crystals y hachís

¿Cómo haremos los extractos?

Como ya os contamos en la primera parte de esta guía, la base para realizar nuestros extractos personalizados será una extracción rica en THC, extraído mediante la técnica del “hachís al agua”, conocido comúnmente como Bubble Hash. De esta forma, nos aseguramos un alto contenido en THC. Además, este tipo de extracción suelen ser muy sabrosa, por lo que está cargada de terpenos, los cuales nos ayudarán a obtener el efecto final deseado. A este extracto, el cual denominaremos “base”, le iremos añadiendo otros cannabinoides (CBG y CBD) en diferentes proporciones según nuestras necesidades, enriqueciendo la extracción al final con un sutil toque de perfiles terpénicos.

Lo primero que debemos tener claro es cuál será la base que utilizaremos, ya que esta base puede condicionar en gran medida el efecto final. Lo ideal es utilizar una extracción elaborada a partir de un híbrido 50/50 (índica/sativa) para que nos sea más fácil conseguir el efecto buscado. En nuestro caso hemos usado un extracto de Critical 47 con entorno al 50 % de THC sin superar el 1 % en otros cannabinoides. Normalmente, los extractos de este tipo suelen rondar desde el 40 hasta un 70 % de THC, según la cepa y técnica usada. De ahí que sea más o menos importante conocer la cantidad aproximada de THC y otros cannabinoides presentes en nuestra base. Para ello, podemos hacer un análisis personal en un laboratorio o hacerlo de forma colectiva como suelen hacer las asociaciones cannábicas.

Para llevar a cabo esta mezcla (en mi caso para elaborar las tres mezclas que uso) necesitaremos:

  • 2 gramos de Bubble Hash rico en THC.
  • 0,5 gramos de CBG Crystals (99.9 % de CBG).
  • 0,5 gramos de CBD Crystals (99 % de CBD).
  • Papel de hornear o silicona de grado alimenticio.
  • Rodillo de amasar (podemos usar algo similar).
  • Báscula de precisión.
  • Perfiles terpénicos.
  • Dabber
  • Tres recipientes para guardar el extracto.

Aunque la cantidad de extracto que pongamos, rico en uno u otro cannabinoide, dependerá del efecto buscado, la técnica básica para elaborarlos sería: colocar un trozo de papel de horno sobre una superficie cómoda, en la que podamos trabajar. Sobre este papel colocaremos la cantidad deseada Bubble Hash (pesado previamente, al igual que haremos con los otros extractos) y taparemos la extracción con papel de horno, a modo de sándwich. Con la ayuda del rodillo, extenderemos la extracción lo máximo posible, formando una fina lámina. Quizás tengamos que estirarlo más de una vez. Una vez estirado, pondremos primero los cristales de CBD, ya que el CBG es un cannabinoide más sensible cuando se trabaja con él. Doblaremos por la mitad la extracción (dejando en el centro los cristales) y la estiraremos hasta conseguir una lámina similar a la obtenida la primera vez. Una vez conseguido esto, repetiremos el mismo proceso para añadir los cristales de CBG. Es importante que la temperatura de la extracción no supere los 30 grados Celsius durante el proceso para no maltratar los terpenos y cannabinoides más sensibles al calor.

Una vez realizada la mezcla, colocaremos el extracto en un recipiente hermético, donde le agregaremos una gota de perfil térpenico, y la dejaremos reposar. Podemos poner algo más de cantidad, pero sí la extracción ya es sabrosa, no es necesario. Es importante dejar reposar el extracto al menos durante 24 horas, ya que, de no ser así, los terpenos no se amalgamarán de forma correcta con los extractos.

Perfiles terpénicosPerfiles terpénicos

Para cada ocasión, una proporción

Ahora que ya tenemos claro cómo elaboraremos nuestros extractos, debemos saber por qué hay que añadir uno u otro cannabinoide según nuestras necesidades. Lo primero que cabe destacar respecto a la proporcionalidad de uno u otro es que el uso de varios cannabionides (en una cantidad notable) hará que, gracias al efecto séquito, se potencien. Por ello, estos extractos siempre tendrán un efecto superior si lo comparamos con extractos ricos sólo en un cannabinoide.

Otro punto muy a tener en cuenta es que la mayoría de consumidores estamos acostumbrados a grandes porcentajes THC en los extractos, incluso de CBD a estas alturas, pero no de CBG. Por lo que es mejor empezar por dosis bajas, hasta alcanzar el efecto buscado. Sin olvidar que los perfiles terpénicos modularán el efecto (como ya os hemos contado en anteriores artículos), de ahí que sea muy importante conocer su efecto. De no ser así, es mejor no usarlos, ya que una extracción con fines relajantes puede convertirse en un extracto con efecto muy activo.

Dado que las combinaciones pueden ser infinitas, os daremos las claves de las mezclas que más uso, así os servirán de referencia para elaborar vuestras propias combinaciones.

Extracto con efecto activo

Para comenzar el día con un toque de energía, así como para combatir las inflamaciones musculares que sufro, mi combinación perfecta es 40 % de THC, 10 % de CBG y 10 % de CBD; lo cual se traduciría en 0,8 gramos de extracción rica en THC, 0,1 de cristales de CBD y 0,1 de CBG Crystals, a la cual le suelo añadir una gota de perfiles terpénicos de Gypsy Haze.

Esta combinación, al tener un toque enérgico, es ideal para comenzar el día. Además, en el caso de sufrir alguna pequeña dolencia o inflación, la mitigaremos gracias al contenido de CBD y CBG. Este extracto también en muy beneficioso para las personas con dolencias óseas, ya que la combinación entre THC y CBG facilita la regeneración de los huesos.

En cambio, para las personas que se levanten con un estado ansioso, es recomendable cambiar el perfil terpénico por otro con efecto más relajado, como puede ser el de Banana Kush.

Clavo eléctrico de titanioClavo eléctrico de titanio

Extracción con efecto relajante

Para momentos de relax, sin querer llegar a un estado somnoliento, la combinación elegida es 35 % de THC, 20 % de CBG y 10 % de CBD; que sería en torno a 0,7 gramos de hachís rico en THC, 0,2 de CBG y 0,1 de CBD. Con esta mezcla obtendremos un efecto relajado, muy propicio para ver una película o leer, ya que la combinación de estos cannabinoides mejora la concentración. También es muy adecuado para consumirlo tras salir de trabajar, pues aliviará la tensión que solemos acumular.

A nivel medicinal también es muy adecuado para combatir la inflamación, gracias al poder antiinflamatorio de estos cannabinoides. En mi caso, dado que el extracto de Critical 47 me gusta tanto de sabor como de efecto, no le suelo añadir perfiles terpénicos. Aunque en el caso de querer un efecto más animado, podemos agregarles perfiles terpénicos de la cepa AC/DC.

Extracto ideal para la noche

Para antes de dormir, mi elección predilecta es 0,5 gramos de extracción rica en THC, 0,2 gramos de cristales de CBG y 0,3 de CBD; que da lugar a una extracción con el 25 % de THC, el 20 % de CBG y el 30 % de CBD. Principalmente me decanto por esta mezcla ya que sufro trastornos del sueño y es capaz de mitigarlos. Además, prolonga el sueño en gran medida, por lo que no es aconsejable consumirlo por personas muy sensibles a este efecto, ya que pueden tener sueño antes de lo deseado. También desaconsejaría su uso durante el día por motivos similares.

En cambio, puede ser usado para controlar estados ansiosos, siempre que no sean aderezados con perfiles terpénicos de cepas sativas; porque, pese a ser un extracto con predominantemente relajante, con el aporte de estos terpenos alteraremos el efecto. Por el contrario, podemos acentuar el efecto usando perfiles terpénicos provenientes de cepas con predominancia índica.

Vaporizando los extractos

La vaporización de estos extractos se verá condicionada por el tipo de extracción a vaporizar, ya que, al ser una extracción muy compacta, necesita alcanzar mayor temperatura para poder volatilizar de forma óptima todos los principios activos presentes en ella. La temperatura ideal en este caso es en torno a los 225 grados Celsius. Es importante no superar en exceso esta temperatura ya que, si nuestra extracción base tiene algún tipo de resto vegetal, podría entran en combustión, ensuciando el efecto y sabor del extracto.

Otro punto muy a tener en cuenta es que estos extractos es mejor vaporizarlos en pequeñas cantidades. Esto se debe principalmente a dos motivos:

  • Estos extractos son muy potentes y podemos sobrepasar nuestra dosis con facilidad, siendo lo óptimo espaciar las inhalaciones unos minutos, para así conocer el efecto que nos está haciendo.
  • Dado que tanto el CBG, como los perfiles terpénicos, se volatiliza rápidamente, es mejor consumirlo en pequeñas dosis, consiguiendo así mantener tanto el sabor como el efecto en cada inhalación.

Por ello, este tipo de extractos son ideales tanto para vaporizarlos con clavos eléctricos (con temperatura regulable) como con vaporizadores con pequeñas cazoletas diseñadas para este fin.

Estos extractos también podrían diluirse para ser vapeados mediante los famosos atomizadores. Yo, personalmente, desaconsejo su vaporización así, ya que difícilmente obtendremos el mismo sabor y efecto desde la primera a la última inhalación. Por ello, en caso de hacerlo, recomiendo que se utilicen pequeños depósitos, para que la diferencia entre la primera inhalación y la última se parezcan lo máximo posible.

No podíamos terminar este artículo sin animaros a que hagáis vuestras propias elaboraciones, hasta encontrar vuestro extracto perfecto. ¡Yo vaporizo!

 

 

Extractos personalizados

En vista a la gran evolución de los extractos y su uso estandarizado –tanto de forma medicinal como recreativa–, desde esta sección de Cannabis Magazine os queremos dar las claves para su elaboración y autoconsumo. Así podréis disfrutar del efecto deseado por cada tipo consumidor.

por Raro Genetics

Hachís trabajadoHachís trabajado

¿Qué son los extractos a medida?

Ante la gran evolución del sector cannabico en los últimos tiempos, cada vez son más los especialistas dedicados especialmente a la realización de extractos muy purificados, extracciones con las que consiguen aislar –en gran medida– un cannabinoide –CBD, por ejemplo– de los otros cientos de compuestos presentes en el cannabis.

Gracias a estos extractos purificados podemos realizar nuevas mezclas ricas en varios cannabinoides y terpenos, acordes a nuestras necesidades. De esta forma conseguimos obtener extracciones con las que disfrutar de un efecto muy concreto. Esta alquimia de los extractos está adquiriendo una gran popularidad tanto entre los consumidores recreativos como entre los medicinales; aunque estos últimos son los más beneficiados, ya que su realización no es complicada y facilita en gran medida la dosificación recomendada por su especialista.

Además, tanto los extractos de CBD y CBG como los perfiles terpénicos son legales en España y su adquisición es muy fácil, como os hemos contado en anteriores ediciones de esta revista.

¿Cómo realizar los extractos?

La realización de los extractos a medida es mucho más fácil de lo que pueda parecer. Aunque su complejidad se verá aumentada en caso de necesitar consumir cierta cantidad de THC. Ya que este cannabinoide sólo lo podemos obtener mediante extractos caseros –ya sea a nivel individual o colectivo, como sucede en las asociaciones cannabicas–.

De ahí que empezaremos por la elaboración de nuestro extracto rico en THC, para luego enriquecerlo con otros cannabinoides y terpenos, completando así nuestra extracción personalizada.

Para realizar nuestro extracto rico en THC utilizaremos una técnica de extracción mecánica. Al no usar ningún tipo de solvente nuestra extracción será mucho más saludable. Además, los sistemas de extracción mecánica suelen ser mucho más baratos y fáciles de usar a nivel casero. Dependiendo de nuestras necesidades, presupuesto y habilidad para realizar los extractos nos decantaremos por: Kief (extracción en seco), Bubble Hash (hachís al agua) o Rosin (extracción por presión).

En nuestro caso hemos optado por realizar hachís al agua, ya que nos parece el método más rentable. El sistema de extracción básico lo podemos adquirir por apenas 50 euros. A esto hay que añadirle su facilidad de elaboración, así como su gran retorno, el cual suele oscilar entre un 10 y un 25 % dependiendo de la pureza del extracto y de la calidad de las flores elegidas para realizar dicha extracción.

Los materiales básicos necesarios para realizar el hachís al agua son: un juego de bolsas filtrantes (al menos dos, una de 220 y otra de 25 micras), un termómetro, un cubo acorde al tamaño de las bolsas y una batidora o taladro batidor; además de agua osmotizada, bolsas de congelación grandes, un tenedor, una cuchara, papel de horno y papel absorbente.

Para elaborar el Bubble Hash lo primero que debemos hacer es meter las flores en una bolsa hermética y congelarlas. Los cogollos –en el caso de usar hojas, obtendremos menor retorno y menor calidad en el extracto– pueden ser frescos o curados, aunque recomiendo usar flores con unos siete días de secado, para obtener extractos de calidad media/alta con gran facilidad. Así pierden una gran cantidad de humedad y algo de clorofila, facilitando que los tricomas se despeguen del material vegetal. También meteremos en el congelador agua de osmosis dentro de bolsas de congelación (aproximadamente el doble del volumen de las flores) durante unas 24 horas, para garantizarnos que se haya congelado todo completamente.

En las últimas cuatro o cinco horas de congelación meteremos la misma cantidad de agua que la usada para realizar nuestras bolsas de hielo. Si hemos usado tres litros, pues meteremos unos tres litros de agua. El objetivo no es que se congele el agua pero sí que ronde los dos o tres grados Celsius.

Metiéndonos ya en faena, lo primero que debemos hacer es colocar nuestras bolsas de extracción en el cubo elegido. Es muy importante colocar las bolsas de menor a mayor tamaño de filtrado, ya que si lo ponemos al revés no podremos realizar la extracción.

Una vez colocadas, pondremos el hielo dentro del cubo –es aconsejable partir el hielo en trozos más o menos pequeños para facilitar la extracción–. Echaremos también el agua colocando la sonda del termómetro en esta, para empezar a controlar la temperatura del líquido.

Cuando la temperatura ronde un grado Celsius, pondremos dentro también las flores. Removeremos un poco para que las flores entre en contacto con el líquido y nos dispondremos a batir –con una batidora, usando las barrillas de batir, con un taladro u otro instrumento similar– esta mezcla unos 10 minutos –también se usan lavadoras portátiles, similares a las usada en lo cámpines–. Es posible batir durante más tiempo, pero los extractos suelen contener demasiados restos vegetales, empeorando la calidad de la extracción. También cabe destacar que el batido debe ser a la mínima potencia posible, para no destrozar la materia vegetal y que ésta acabe en el extracto. Además, en muy importante que la temperatura no suba de los dos o tres grados Celsius, en caso de empezar a subir, añadiremos más hielo.

Extracción a mitad del proceso de prensadoExtracción a mitad del proceso de prensado

Transcurrido este tiempo, pararemos de batir y dejaremos que repose nuestro mejunje durante un par de minutos, para que así los tricomas se asienten en nuestros filtros. Pasados estos minutos sacaremos la primera bolsa, la cual estará llena con todo el material vegetal. Es importante que escurramos bien esta primera bolsa ya que muchos tricomas pueden quedar atrapados en el agua.

El siguiente paso será sacar la bolsa en la que queda depositado nuestro preciado hachís. La cual deberemos escurrir con paciencia y sin apretar ya que, al presionar, podemos sacar los tricomas del filtro y perderlos en el agua desechada. También es muy importante que, con la ayuda del agua, vayamos aglutinando la extracción en un mismo punto, para facilitarnos la posterior retirada del extracto.

Una vez que en la bolsa filtrante no quede apenas agua, pondremos con mucho cuidado el fondo de la bolsa sobre un papel secante, para que parte del agua del exterior de la bolsa sea absorbida.

Cuando ya tengamos esto hecho, con la ayuda de una cuchara retiraremos el material del filtro y lo depositaremos sobre un papel de horno –también podría hacerse con un tapete de silicona, aunque es un poco más difícil de manejar–. Este papel de horno lo colocaremos sobre un par de papeles absorbentes, encima de un plato. Estos papeles irán quitando el exceso de humedad del papel de horno, pero sin estar en contacto con el extracto. En el caso de estar realizando la extracción solos, es muy importante, que en cuanto vaciemos las bolsas de la materia vegetal y el hachís, las limpiemos con agua muy fría. De no ser así la próxima vez no filtrarán correctamente. No importa que dejemos un par de minutos el extracto sin trabajar, es más importante la limpieza del equipo de extracción.

Una vez tengamos todo limpio, cogeremos un tenedor y lo utilizaremos a modo de rastrillo. Iremos abriendo el hash para que este vaya evaporando el agua aún presente en él. Este aireado es muy laborioso y puede durar horas, aunque frente a otros sistemas de aireado/secado utilizados, este respeta en mayor medida los cannabinoides y terpenos, obteniendo mejores extractos.

Para que no se nos haga demasiado pesado, basta con ir removiendo la extracción una vez a la hora, hasta conseguir obtener pequeñas piedrecitas. Las cuales deben contener cierta cantidad de humedad, ya que, si nos pasamos de secado, maltrataremos los terpenos, empeorando el sabor.

Aunque para algunos especialistas la textura final sería ésta, en nuestro caso nos gusta seguir trabajando un poco más la extracción, para quitar el exceso de humedad que puede haber. Además, al trabajar el hachís, conseguimos potenciar los aceites esenciales, por lo que el sabor de la extracción también se verá potenciado.

Para realizar este último paso, utilizaremos papel de horno y un rodillo de amasar. Colocaremos el hash sobre el papel de horno y lo taparemos con otro papel de horno a modo de sándwich. Con la ayuda del rodillo, plancharemos el hachís e iremos doblando por la mitad, para volver a amasarlo. Repetimos este proceso hasta que el hachís coja un color más oscuro.

Para almacenar este extracto, hasta que lo vayamos a mezclar, es importante que usemos un bote hermético y opaco. Así no se verán degradados los componentes activos de nuestra extracción. También es muy buena opción conservarlo en el frigorífico para aumentar su durabilidad.

Justo antes de empezar el proceso de aireado y secadoJusto antes de empezar el proceso de aireado y secado

En nuestro caso, que usamos flores más o menos frescas para la elaboración de la extracción, es conveniente dejarlo al menos quince días en reposo y curado, para que todos los cannabinoides y terpenos se amalgamen. Además, este tiempo nos servirá para que parte de los cannabinoides pasen a su forma activa –de THCA a THC, por ejemplo–, aumentando la potencia de la extracción.

Ahora que ya tenemos hecha nuestra única parte de la extracción que no podemos comprar libremente, basta con comprar los complementos de ésta. En nuestro caso jugaremos con varios perfiles terpénicos y los cannabinoides CBG y CBD. Obteniendo así extractos con efectos muy diferentes.

Pero de eso hablaremos en la segunda parte de esta singular guía para la realización y vaporización de extractos a medida. Hasta entonces, os damos tiempo para que vayáis preparando vuestros extractos.

¡Yo vaporizo!

 

 

Vaporizando CBG

El precursor de lo cannabinoides

Dada la reciente aparición de productos ricos en CBG, desde Cannabis Magazine queremos hablaros sobre la singularidad de este cannabinoide, además de explicar cómo vaporizarlo y cuáles son sus principales usos. Con seguridad, el CBG será toda una revolución, tanto para los consumidores medicinales como los recreativos.

Por Raro Genetics

Vaporizando pequeña muestra de hash rico en CBGVaporizando pequeña muestra de hash rico en CBG

Qué es el CBG

Pese a ser un cannabinoide poco conocido, fue descubierto en el año 1964 por los científicos Gaoni y Mechoulam. En un principio lo catalogaron como otro cannabinoide más, descubriéndose su principal función allá por los años 70, cuando tres investigadores reputados (Shoyama, Yagi y Nishioka) publicaron en diferentes revistas científicas (por ejemplo, Phytochemistry) el verdadero origen y finalidad de este singular cannabinoide.

Estos expertos científicos descubrieron que el CBG (más concretamente su forma ácida, el CBGA) era el precursor de los principales cannabinoides presentes en el cannabis. Es decir, cannabinoides como el CBD o el THC parten del CBG, siendo éste conocido en la actualidad como “el padre de los cannabinoides”. Este proceso se realiza gracias a una serie de reacciones provocadas por las sintasas específicas de cada cannabinoide, las cuales consiguen transformar el CBGA en THCA o CBDA, entre otros.

A causa de esta singularidad, y pese a ser un cannabinoide exclusivo de las plantas de cannabis (tanto de la marihuana como del cáñamo industrial), el contenido de CBG (en la mayoría de las plantas cosechadas) es ínfimo. En el mejor de los casos alcanza un 4 %, porcentaje muy bajo si lo comparamos con los porcentajes de THC encontrados en la mayoría de las cepas de cannabis. Es bajo incluso si lo comparamos con el porcentaje de CBD presente en las mejores cepas de cáñamo industrial. De ahí el alto coste de los productos con alto contenido en CBG, pues se necesita una gran cantidad de materia prima de alta calidad para obtener apenas un poco de concentrado rico en CBG.

Cómo se extrae

Al igual que ocurre con la procedencia de este cannabinoide, la extracción del CBG para la obtención de extractos con alto contenido en CBG también es singular. Al ser el cannabinoide precursor de los otros, según el sistema de extracción usado podría transformarse en otros cannabinoides. Pasando, por ejemplo, de obtener un producto rico en CBG a tener un extracto con alto contenido en CBD. Esta transformación se produce mediante la descarboxilación, proceso por el cual un cannabinoide es sometido a cierto estrés (ya sea térmico, por presión o por radiación) gracias al cual se transforma de CBGA a CBG, THCA u otros cannabinoides normalmente en su forma ácida.

Por ello, los extractos más purificados de CBG se obtienen mediante la extracción con CO2, sistema conocido popularmente como supercrítico. Este sistema, usado principalmente en las industrias alimenticias y farmacéuticas, se basa en la extracción de los compuestos mediante una gran presión, mediante la inyección de CO2 en un circuito. Este gas es usado principalmente por dos motivos, por su salubridad (ya que no deja restos en el extracto) y por poderse usarse a temperaturas muy bajas. De esta forma, se congela el CBGA y se evita su oxidación, consiguiendo extractos que pueden alcanzar una pureza del 99.9 %.

Otro sistema usado es la extracción en seco, un proceso de extracción mecánica. Eso sí, siempre debe hacerse utilizando hielo seco para congelar los cannabionoides y poder extraer de una forma eficaz el preciado CBG. La desventaja de esta extracción es que no se suele obtener un gran retorno y, además, suele estar acompañado de materia vegetal. De esta forma, desciende su pureza a un máximo del 10 % de CBG. Probablemente se podría alcanzar un porcentaje mayor, pero subiría también el coste de producción, debido a su mínimo retorno.

Cristales de CBGCristales de CBG

¿Es legal?

Ésta es otra de las cuestiones más preguntadas con respecto a los productos cannabicos. Actualmente es totalmente legal la adquisición de productos ricos en CBG, tanto en tiendas físicas cómo en tiendas on-line españolas, aunque en la mayoría de los casos estos productos están manufacturados fuera de España. En España aún hay mucha controversia legal acerca de los productos de este tipo. Es importante recordar que en España sólo es ilegal el THC.

Principales usos

Para el público general, hasta hace muy poco, este cannabinoide era un gran desconocido y estaba eclipsado por otros cannabinoides. Para la comunidad científica, sin embargo, nunca ha pasado desapercibido y ha sido usado en números estudios, para comprobar qué usos médicos podría tener este singular cannabinoide. Durante estos múltiples y dispares estudios, se pudo certificar que el CBG tenía las siguientes utilidades: antibacteriano, antiespasmódico, antibiótico, reduce la presión intraocular, inhibe la creación de células cancerígenas, disminuye el dolor, controla la ansiedad, tiene propiedades neuroprotectoras, combate dolores musculares y inhibe la actividad del neurotransmisor GABA en el cerebro, entre otras propiedades.

En vista a la cantidad de dolencias a tratar, podríamos afirmar que el CBG afecta a nuestra mente (aunque no coloca en absoluto), ya que es capaz de controlar ciertos problemas del sistema central nervioso, pues actúa como antagonista de nuestros receptores CB1 y CB2.

Además, como ocurre con otros cannabinoides, puede potenciar su efecto de otros cannabinoides y de terpenos, produciéndose el conocido como efecto séquito. Al parecer, su efecto se ve especialmente potenciado cuando se combina con terpenos como el cariofileno o limoneno.

Como curiosidad, el CBG también puede usarse como insecticida y funguicida en los cultivos ecológicos, aunque, teniendo en cuenta su coste de obtención, pocos lo usarán para este fin.

Caja donde viene CBG cristalCaja donde viene CBG cristal

Cómo vaporizar CBG

Como no podía ser de otra forma, la vaporización de este cannabinoide también es peculiar. A diferencia de la mayoría de cannabinoides, este se vaporiza a baja temperatura, necesitando sólo 52 grados Celsius para ser volatilizado. Esta temperatura es mucho más parecida a la utilizada para vaporizar terpenos que a la empleada para volatilizar cannabinoides.

La temperatura idónea para vaporizar el CBG se verá condicionada, en gran medida, por la esencia a vaporizar. Es decir, dependerá de si es una flor rica en CBG o un extracto. Además, también habrá que tener en cuenta qué tipo de extracto y los componentes que lo forman. Por ello dividiremos las temperaturas idóneas para vaporizar en tres grupos:

  • Vaporizando hierbas: lo primero que debemos saber al vaporizar hierbas con CBG es que debemos hacer cargas con poca cantidad de esencias, que apenas nos dure un par de inhalaciones. Si no, al estar mucho tiempo las esencias a altas temperatura, se descarboxilará el CBG, alterando el efecto buscado. Centrándonos en las temperaturas, la temperatura básica para vaporizar hierbas ricas en CBG será en torno a 150 grados Celsius (se podría vaporizar a menos temperatura, pero algunos terpenos no se volatilizarían). En caso de ser rica también en otros cannabinoides, lo correcto sería subir la temperatura a los 175 grados Celsius. Tanto la temperatura base como ésta serían las adecuadas para obtener un efecto enérgico, recomendado sobre todo para combatir la apatía. Sin embargo, si nuestra esencia es rica principalmente en CBD, ajustaremos nuestro vaporizador en torno a 200 grados, para, de esta forma, volatilizar la totalidad de terpenos y cannabinoides. De esta forma obtendremos un efecto más relajado y sedante, ideal para combatir el insomnio e inflaciones musculares.

  • Vaporizando extracciones de alta concentración: bajo mi punto de vista, ésta es la mejor opción cuando se necesita consumir exclusivamente CBG (aunque suele venir acompañado con pequeño porcentaje de terpenos). Estos extractos los podremos vaporizar a 160 grados Celsius, dada su alta concentración y su nula cantidad de materia vegetal. Estas extracciones son conocidas como “CBG cristal”. Además, estos cristales son un polvo muy fino, lo que permite vaporizar el extracto a menor temperatura. De esta forma obtendremos un mejor sabor y un efecto muy limpio, porque difícilmente se producirá una descarboxilación del CBG, evitando su transformación en otros cannabinoides. Otro punto a su favor de este extracto es que se puede consumir mediante dabbing, algo muy preciado por los amantes de los extractos más purificados.

 Clavo de titano usado para vaporizar los extractosClavo de titano usado para vaporizar los extractos

  • Hash rico en CBG: estos extractos de menor calidad también son una buena opción en caso de necesitar consumir poca cantidad de CBG. Apenas llegan (al menos los que he podido probar de venta en España) al 10 % de CBD. Comparado con la cantidad que suele estar presente en las cepas de cannabis (entre el 0,1 y el 3 %), no están nada mal. Estas extracciones contienen muchos restos vegetales, por lo que no recomiendo dabbearlas. Lo ideal es colocar poca cantidad de extracción en un vaporizador por convección, ajustándolo en unos 240 grados Celsius. De esta forma evitamos la descarboxilación (técnica similar a la usada con las hierbas). La temperatura debe ser mayor que con las hierbas y con el CBG cristal, ya que están prensadas y esto dificulta la volatilización de los cannabinoides.

No podía terminar este artículo sin animaros a que probéis el CBG, ya que, además de sus múltiples usos medicinales, si lo combinamos con otros cannabinoides nos ofrece un efecto recreacional diferente.

¡Yo vaporizo!

 

 

Los aminoácidos en el cultivo de cannabis

CAPÍTULO 1: Introducción y algunos aminoácidos esenciales

Por Víctor Bataller Gómez (TRABE)

Cuando nos dirigimos a un distribuidor y le solicitamos asesoramiento para nuestros cultivos no es de extrañar que nos recomienden formulados a base de aminoácidos. Es sabido desde hace muchos años los efectos positivos que los aminoácidos tienen sobre las plantas, pero parece que los profesionales que se encargan de asesorarnos solo conocen de su existencia. De los trescientos aminoácidos diferentes de origen natural que existen, los seres vivos sólo utilizan veinte para la síntesis de sus proteínas. Las plantas son capaces de sintetizar los veinte mientras que los animales sólo pueden fabricar diesiseis y el resto deben incorporarlos en su dieta diaria para disponer de ellos.

Cada uno de estos aminoácidos es morfológicamente diferente al resto y sus funciones por lo tanto son muy variables unos de otros. Todos tienen en común que están formados por un grupo amino (-NH2) y un grupo carboxilo (-COOH) aunque se presenta una ligera modificación del grupo amino en el aminoácido prolina. El resto de la molécula, que es distinta para cada aminoácido, le otorga un carácter diferenciador. Con excepción de la glicina, el átomo de carbono “alfa” de los aminoácidos está fijo en forma tetraédrica con cuatro átomos o grupos de átomos que es lo que les diferencia. A este carbono se le denomina “asimétrico”.

Debido a esta disposición, los aminoácidos pueden existir en diferentes “configuraciones estereoisoméricas”, es decir, un isómero que tiene la misma fórmula molecular con la misma secuencia de átomos unidos entre sí por los mismos enlaces pero tienen diferente orientación tridimensional en el espacio. Son ópticamente activos, es decir, que pueden rotar el plano de luz polarizada en diferente dirección: los que giran el plano hacia la izquierda se llaman “levógiros” o “L” y los que lo hacen hacia la derecha se llaman “dextrógiros” o “D”. En la naturaleza los aminoácidos se encuentran formando parte de las proteínas y son exclusivamente L-aminoácidos.

La planta únicamente puede utilizar los L-aminoácidos libres, que no están formando parte de proteínas, “aminoácidos libres” que son los que pueden ser absorbidos y transportados por el interior de la planta para su metabolismo y su distribución. El proceso de obtención del aminoácido a partir de la proteína es la “hidrólisis” que supone la ruptura de las proteínas en las unidades que las forman, es decir, los aminoácidos. Hay dos tipos:

hidrólisis enzimática: se produce mediante un grupo de enzimas llamadas hidrolasas. Estas enzimas ejercen un efecto catalítico hidrolizante, es decir, producen la ruptura de enlaces por agua. Se realiza en condiciones suaves de temperatura, por moléculas que selectivamente van rompiendo las cadenas de proteína y liberando aminoácidos

H-OH + R-R’ → R-H + R’-OH

hidrólisis ácida: se produce en condiciones de temperaturas superiores a 100 °C y medio ácido concentrado, lo que provoca la degradación total de algunos aminoácidos.

Por lo tanto una vez que tenemos claro que vamos a utilizar aminoácidos en nuestro cultivo debemos informarnos del proceso de obtención de los aminoácidos y su aminograma.

El aminograma es una tabla en donde vienen expresados en porcentaje peso/peso todos y cada uno de los 20 aminoácidos esenciales en forma libre. Esto es igual de importante que el tipo de hidrólisis porque como veremos cada aminoácido tiene un efecto distinto.

Ácido glutámico

Es el precursor para la síntesis de otros aminoácidos que necesitan la formación previa de este, como es el caso de la prolina, hidroxiprolina y arginina. Los aminoácidos exógenos, como es el caso del acido glutámico, pueden ser absorbidos por las plantas tanto por la raíz como por las hojas. El ácido glutámico no es un nutriente, sin embargo, su aplicación foliar puede ser positiva para las plantas ya que participa en procesos metabólicos importantes, entre los que se encuentran la asimilación del amonio y procesos de “transaminación”. Por tanto, con la aplicación de este compuesto se mejora la asimilación de nitrógeno por parte de las plantas, lo que puede reflejarse en mayor rendimiento. Se ha observado que su aplicación vía foliar ha permitido disminuir el contenido de nitratos en plantas, lo que muestra su efecto en la incorporación del nitrógeno en compuestos orgánicos, ya que se incrementaron la síntesis de clorofila, el contenido de aminoácidos libres y la proteína soluble, así como azúcares solubles. La aplicación foliar de ácido glutámico favorece la formación de clorofila b. El efecto acumulado de la aplicación de ácido glutámico provoca incremento en la actividad de la “glutamina sintetasa”, lo que se refleja en mayor producción de flores.

Prolina

Posee un papel fundamental en el equilibrio hídrico de la planta. Mantiene el trabajo fotosintético en condiciones extremas tales como situaciones de bajas temperatura, falta de agua y exceso de sales. Aumenta el porcentaje de germinación del grano de polen, sobre todo bajo condiciones de bajas temperatura. En forma libre es una fuente de carbono y nitrógeno para la planta. A la prolina se le considera como uno de los osmoprotectores para la resistencia a las condiciones de sequía y salinidad, su acumulación en los tejidos sometidos a tensión hídrica y su síntesis parece provenir de los carbohidratos por vía del cetoglutarato y del glutamato. En un tejido turgente la oxidación de prolina es muy rápida, mientras que, bajo condiciones de déficit hídrico se inhibe su oxidación lo que mantendría sus concentraciones en niveles altos. La acumulación de prolina bajo el estrés hídrico es de 10 a100 veces más que en condiciones normales. En las plantas sometidas a estrés, la prolina desempeñaría las siguientes funciones: participación en el ajuste osmótico a nivel citoplasmático, protección de las membranas, regulación del pH citoplasmático, favorecer el metabolismo de los glúcidos, establecimiento de una reserva de N2 en la fase de recuperación del estrés y bloqueo del crecimiento celular.

Alanina

Es uno de los aminoácidos más pequeños de cuantos utilizamos. Tiene un efecto sobre todo fitofortificador ante las adversidades climatológicas, ayudando a la planta a sobreponerse a momentos de bajas temperaturas principalmente. Esto es gracias a que actúa como precursor de la lignina, que confiere resistencia a los tallos. También es fundamental para la síntesis de clorofila, traduciéndose en un mayor potencial de trabajo fotosintético, además de una mejora cualitativa y cuantitativa de la producción. Importante en el metabolismo hormonal de las plantas ya que induce la formación de algunas fitohormonas. Por último induce los mecanismos de resistencia a virosis en las plantas.

Ácido aspártico

Interviene en numerosos procesos metabólicos de la planta, además de ser una gran fuente de nitrógeno para ella. La asparagina es su forma “amidica” y es la forma principal con la cual se transporta el nitrógeno en las plantas, recibiendo también el nombre de ácido aminosuccinamico. La aspargina es sintetizada a partir del ácido aspártico y el ATP. Las bacterias, plantas y hongos metabolizan ácido aspártico para producir otros cuatro aminoácidos: lisina, treonina, metionina e isoleucina, en una serie de reacciones conocidas como “la ruta del aspartato”. El ácido aspartico es también capaz de formar acido glutámico por “transaminacion”.

La transaminación es la reacción por medio de la cual un aminoácido le cede el grupo amino a un alfa-cetoácido, convirtiéndose el aminoácido en su correspondiente alfa-cetoácido. Estas reacciones son llevadas a cabo por enzimas llamadas aminotransferasas que a su vez requiere la presencia de Vitamina B6. Un ejemplo importante de transaminación se presenta entre glutamato y oxaloacetato, que produce alfa-cetoglutarato y aspartato, el que puede transferir su grupo amino a otros alfa-cetoácidos para formar aminoácidos diferentes por reacciones de transaminación.

Serina

Interviene en los mecanismos de resistencia de la planta ante situaciones adversas. La serina juega un importante papel en la función catalítica de muchas enzimas. Se ha demostrado que esto ocurre en los sitios activos de la quimotripsina, la tripsina, y muchas otras enzimas. Se ha demostrado que los gases nerviosos y muchas sustancias utilizadas en los insecticidas actúan mediante la combinación con un residuo de serina en el sitio activo de la acetilcolinesterasa, lo que genera la inhibición total de la enzima. La acetilcolinesterasa degrada el neurotransmisor acetilcolina, que se libera en los cruces del nervio y el músculo con el fin de permitir que el músculo u órgano se relaje. El resultado de la inhibición de la acetilcolina es que esta se acumula y sigue actuando de manera que cualquier impulso nervioso es transmitido continuamente y las contracciones musculares no se detienen por lo que el insecto afectado muere.

Valina

Es un aminoácido hidrofóbico de cadena alifática y ramificada. La valina, junto con la isoleucina, se sintetizan por medio de reacciones que las llevan a cabo el mismo grupo de enzimas. Es considerado como un aminoácido esencial. Una de sus ramas está formada por un grupo metilo. Tiene una estructura tan similar a la leucina e isoleucina que incluso se ha comprobado que en ocasiones se sustituyen entre sí en determinadas posiciones. Las rutas biosintéticas de estos tres aminoácidos comparten determinados pasos en plantas y microorganismos y las primeras reacciones catabólicas en los mamíferos se realizan por los mismos enzimas, luego las reacciones son diferentes y es entonces cuando se producen los diferentes productos que van a determinar el tipo de degradación, que en el caso de la valina es glucogénica. Interviene en mecanismos de resistencia de la planta frente a estrés ambiental.

Lisina

Es un aminoácido esencial del que se conocen dos rutas esenciales de síntesis: la primera, se lleva a cabo en bacterias y plantas superiores, por medio del ácido diaminopimélico y la segunda en la mayoría de los hongos por medio del ácido a-aminoadípico.

La primera ruta comienza con el piruvato y el semialdehído del ácido aspártico, que por medio de una “condensación aldólica” pierden agua y dan lugar al ácido 2,3 dihidropicolínico, luego se forma el L,L-,a,e-diaminopimélico, que convertido a su forma meso y descarboxilado da lugar a la lisina.

En la segunda ruta el ácido a-cetoadípico es “aminado” y se transforma en a-aminoadípico que se convierte en lisina.

La lisina potencia la síntesis de clorofila, además de actuar en situaciones de stress medioambiental. Es uno de los aminoácidos más importantes ya que, junto con otros, interviene en funciones como el crecimiento y la reparación de tejidos, y colabora en la síntesis de anticuerpos y hormonas.

 Glisina

Interviene en la síntesis de las porfirinas, fundamentales para la clorofila y los citocromos, siendo el principal aminoácido con acción quelatante. Favorece la formación de nuevos brotes.

Las porfirinas son sustancias orgánicas cíclicas y nitrogenadas formadas por cuatro anillos pirólicos ligados a un radical. Las porfirinas se asocian fácilmente a iones metálicos como el hierro siendo la principal función el transporte de electrones y gases como el oxígeno. La porfirina más conocida es la “hemo” que forma a hemoglobina, citocromos, etc..., donde funcionan como transportadores de oxígeno, dióxido de carbono, electrones, etc... Se diferencian unas porfirinas de otras por sus radicales unidos a anillos como el metil, etil, hidroxietil, vinil, acetil, propionil,…

Leucina

La leucina es un aminoácido esencial, apolar, ramificado y no cargado a pH neutro.

La leucina forma parte de una estructura biológica llamada “cremallera de leucina” que se encuentra en proteínas de unión al ADN y que actúan como reguladores de su transcripción. La leucina es el aminoácido que está codificado por un número mayor de codones, concretamente, seis codones: UUA, UUG, CUU, CUC, CUA, CUG.

Aumenta la producción de las plantas, ayudando en la fecundación de las flores y en el cuajado del fruto y mejora la calidad del mismo.

 

 

Tratamientos Bio-Ecológicos SA

 

 

 

El consumo energético en espacios reducidos

El cultivo en armario (prefabricado, adaptado o fabricado por uno mismo) es, a día de hoy, uno de las formas de cultivo más utilizadas. Debido a su comodidad, su discreción y el poco espacio que exige, proporciona facilidades muy atractivas para aquellos que no pueden dedicar habitaciones completas a estos menesteres

Por Neal C. Borroughs

Después de haber tratado el tema del espacio reducido en condiciones de bajo o muy bajo consumo, basándonos en uno de los espacios prefabricados más pequeños del mercado (60x60x140 centímetros)*, que permite realizar todo el proceso de cultivo, y, posteriormente, aplicándolo en las mismas circunstancias al esquejado, ahora nos adentraremos en la infinidad de posibilidades energéticas, de iluminación y extracción, que nos proporciona el cultivo en espacio reducido sin estas concretas y extremas exigencias de consumo y dimensión.

Imaginemos que pudiéramos trabajar en un armario de unas dimensiones iguales o similares a (80x80x160 centímetros) y que partiéramos de semilla para realizar el proceso del cultivo, el incremento de dimensiones nos permite, y en parte nos obliga, a aumentar la potencia lumínica.

Si usamos bajo consumo durante el crecimiento, podemos trabajar con las mismas lámparas que en el proceso descrito para 60x60x140 centímetros*, si decidimos usar sodio desde el comienzo de floración y tenemos a nuestra disposición una bombilla de 250 vatios y un balastro adecuado, podemos utilizarlo durante las semanas de crecimiento, así no desperdiciamos consumo, pues en crecimiento serán suficientes los 250 vatios al decantamos por un proceso en el que siempre usamos sodio.

La potencia óptima para el periodo de floración en estas dimensiones de cultivo sería de 400 vatios de sodio, aunque hay quien dice que, matemáticamente y respondiendo al espacio físico que nos ocupa, 250 vatios serían suficientes, es un error. La bombilla de 250 vatios no permite alimentar correctamente a las ramas más alejadas de su acción lumínica. Os puedo asegurar, contrastadamente, que obtendréis una cosecha desigual y la luz no conseguirá formar vuestras flores suficientemente en algunos lugares.

Usar esta potencia en un armario de estas dimensiones, que continúan siendo muy ajustadas, aumentará el calor con todo lo que eso conlleva. De nuevo, el cooltube y una buena extracción son elementos indispensables. Si cuando usábamos 250 vatios utilizábamos un extractor TT dual de 125, que extraía 280m3/h, aquí sería recomendable pasar al de 150 y a unos 600m3/h. Habrá quien diga que los 280m3/h son suficientes y, a decir verdad, con el extractor de 125 la temperatura en el armario no es óptima, pero sí aceptable. El problema es el cooltube, que sí está caliente, mucho más de lo aconsejable, y esto puede conllevar algún que otro problema.

Imaginemos ahora que podemos realizar nuestro cultivo en un armario de 90x90x200 centímetros o 100x100x200 centímetros, aquí ya cambian contundentemente las cosas. En primer lugar, nosotros siempre hemos aprovechado la posibilidad de dividir la altura de estos armarios a la mitad y hemos trabajado con esquejes (de la misma forma que hemos descrito en anteriores artículos*), sin embargo, tratándose de un cultivo desde semilla y descartando la posibilidad de división del armario, debemos tener en cuenta que parte de la altura la desperdiciaremos, por lo que, si somos nosotros quienes fabricamos el habitáculo, es mejor que las dimensiones de la altura sean ligeramente inferiores.

No debemos hacer o dejar crecer demasiado a nuestras plantas, pues, usemos la cantidad lumínica que usemos, las plantas se apelotonarán e impedirán que la luz llegue a las partes inferiores. La cantidad de ramas y sus dimensiones complicarán el cultivo y aumentarán el riesgo de que aparezcan problemas. Es decir, aunque usemos una bombilla de 600 vatios (la aconsejada para estas circunstancias de cultivo) y esta bombilla pueda arrojar suficiente luz a las partes bajas de una planta de 120 centímetros, nos veríamos obligados a reducir el número de plantas.

En conclusión, en circunstancias de 90x90x200 centímetros o 100x100x200 centímetros, debemos optar por una iluminación de sodio de 600 vatios en floración. Es preferible decantarse por un mayor número de plantas que ocupen la totalidad de la superficie, siendo estas de tamaños de entre 60 y 90 centímetros, que colocar menos plantas en el armario y dejarlas crecer más. No sólo obtendremos una cosecha mayor, sino que las flores se formarán en condiciones más favorables y es muy probable que la calidad general de los cogollos sea mejor.

En lo que se refiere a la extracción, de nuevo, el cooltube es un elemento indispensable, aunque hay quien se decanta por dispersadores metálicos de calor u otros utensilios, dado que, debido a la altura, podemos jugar más con la distancia a la que colocamos las lámparas. Para mí es tan importante tener una temperatura genérica adecuada del armario como una temperatura apropiada en torno a la bombilla de sodio, puesto que debemos tener en cuenta, siempre, que nos encontramos en espacios cerrados y relativamente reducidos y la condensación o la humedad relativa también son aspectos muy a tener en cuenta.

El extractor TT dual de 150 que extraía 600m3/h y antes se nos quedaba ligeramente grande para los 400 vatios, ahora nos viene como anillo al dedo. Los extractores de este tipo que nosotros utilizamos permiten la configuración de dos potencias. Normalmente, un extractor de estas características permite la configuración de una extracción de unos 600m3/h y otra de unos 700m3/h. En principio, la primera sería suficiente, si podemos tocar nuestro cooltube, la extracción es adecuada, por el contrario, si al tocarlo lo notamos excesivamente caliente, debemos configurarlo para una extracción de 700 m3/h.

En la mayoría de circunstancias no se trata de una ciencia exacta, y dependerá de los productos que adquiramos. La mayoría de datos arrojados por las empresas que los fabrican son exagerados y en raras ocasiones extraen las cantidades que indican, sin embargo las usamos como referencia. Es importante que vosotros mismos comprobéis que todo funciona correctamente y que tanto la temperatura ambiental como la temperatura del cooltube son adecuadas.

Continuando con el resto de elementos de ventilación que producen un gasto energético, aunque hay teorías actuales que afirman que es mejor proporcionar más intracción que extracción en situaciones de cultivo, como armarios o pequeños habitáculos, lo cierto es que hasta la fecha, incluso los cultivadores más experimentados han afirmado lo contrario.

En primer lugar, si usáis armarios prefabricados, la extracción ya provocará intracción pasiva y basta con que ayudemos un poco a este proceso introduciendo una intracción sobre los 200 m3/h para los 400 vatios y de 300 m3/h para los 600 vatios. Si usáis armarios fabricados por vosotros, difícilmente estarán completamente sellados y también se producirá la consecuente intracción pasiva. En el extraño caso de que dispongáis de un habitáculo totalmente sellado por el que no puede entrar aire debéis proporcionar una intracción similar a la extracción.

En cuanto a los ventiladores, existen muchas teorías. Lo interesante es que el aire no se estanque y se mueva por todo el armario y entre todas las ramas de nuestras plantas. Teniendo en cuenta esto, cada cual debe adaptarse a sus circunstancias y exigencias. Sin embargo podemos poner algún ejemplo para que os hagáis una idea:

Especialmente durante el crecimiento, aunque también durante la floración, aunque en menor intensidad, es importante que las plantas sean movidas por el aire que circula dentro del armario proveniente de los ventiladores. Esto las fortalece y hace que crezcan más fuertes y gruesas. Un ventilador de unos 30 centímetros y unos 55 vatios para moverlas durante los primeros estadios, y dos o tres ventiladores pequeños, colgados y/o enfrentados, de entre 15 y 20 centímetros y unos 15 vatios, durante todo el proceso de cultivo, serían suficientes.

Para terminar con las exigencias de consumo, hablemos de los tiempos de encendido y apagado. Como he explicado en otros artículos, existe la posibilidad de aumentar los periodos de luz durante la floración* (os adjunto la correspondencia de menciones marcadas con asterisco y de los números de Cannabis Magazine o El Cultivador en los que podéis leer la totalidad de la información, junto a los títulos correspondientes, al final de este artículo).

Este proceso consiste en proporcionar 11 horas de oscuridad a nuestras plantas, manteniéndolas así en estado de floración, y proporcionar hasta 14 o 15 horas de luz, produciendo un consecuente aumento en la cantidad de flores.

Hemos notado un incremento contrastado en cultivos de 250 y 400 vatios (especialmente en el primero), casos en los que merece la pena, dado que producimos entre un 10 y un 15 % más, aumentando un 8 % nuestro consumo, aproximadamente. Sin embargo, en el caso de los 600 vatios, si ha habido aumento, no ha sido evidente y, por lo tanto, no sabemos hasta qué punto es recomendable, pues aumentamos sustancialmente nuestra factura al tratarse de un consumo de energía, debido a la lámpara y la ventilación, considerablemente mayor al de las anteriores mencionadas.

Durante el tiempo que esté encendida la bombilla es necesario tener encendida la extracción y la intracción, mientras que durante los periodos de oscuridad suele decirse que es suficiente con 15 minutos de cada 60. Si no nos importa consumir un poco más, 15 minutos sí, seguidos de 30 no, es posiblemente la variante óptima, especialmente en los últimos estadios. Debemos tener en cuenta que la extracción no debe apagarse exactamente a la vez que la bombilla, es recomendable dejarla al menos 20 minutos más para que pueda enfriarse por completo.

Es recomendable mantener constantemente encendidos los ventiladores situados dentro del armario, pues juegan un papel muy importante. Recordemos que durante las últimas semanas de la floración es cuando más probabilidades hay de que prolifere el moho, debido al contacto de flores u hojas entre sí. Los ventiladores impiden que esto ocurra.

Como punto final del artículo me gustaría recordaros ciertas directrices sobre la distancia que debe haber entre la lámpara de sodio y las plantas. Aunque estamos utilizando un cooltube acompañado de una extracción óptima, a veces incluso excesiva, y esto nos permite acercar la lámpara cuanto queramos a las plantas, no significa que debamos colocarla excesivamente cerca de ellas. Existen ciertas distancias estipuladas, que podemos transgredir ligeramente, especialmente reduciéndolas, pues nos beneficiará, pero tampoco en exceso, dado que, si acercamos demasiado las bombillas, no abarcaremos los extremos del armario por igual y la planta tendrá luz suficiente cumpliendo con las distancias “estándar”.

Lo que se suele decir es que con 250 vatios situemos la lámpara a unos 20 centímetros, aunque podríamos llevarla a los 15 o incluso un poco menos. Con 400 vatios lo recomendable son 40 centímetros, pero usando cooltube podemos transgredirlo hasta los 30, al igual que cuando se trata de los 60 centímetros recomendados para los 600 vatios, que podremos llevar hasta los 50, o incluso un poco menos.

La observación es un factor primordial, invariablemente, cuando se trata de cultivar. Hay cautos o atrevidos que transgreden lo recomendado en busca de mejores resultados. Si vosotros pertenecéis a alguno de estos dos grupos, observad vuestras plantas, enseguida notaréis si están respondiendo como se pretende.

 

*ARTÍCULOS:

-       “Cómo cultivar en un espacio reducido, con un consumo de energía bajo y una producción más que aceptable” Neal C. Borroughs, Cannabis Magazine, números 93, 94 y 95.

-       “La cosecha, el curado y el secado” Neal C. Borroughs, El Cultivador, número 3.

-       “Cómo cultivar en un espacio reducido, con un consumo de energía bajo y una producción mejorada por el esquejado” Neal C. Borroughs, Cannabis Magazine, números 99, 100 y 101.

 

Duto & Kisha II

Las horas bajas de una unión eterna e imperecedera.

Este artículo es la segunda y última parte de la serie en la que nos ocupamos de analizar la evolución del mercado de la heroína y de la cocaína –y de los hábitos de sus consumidores- en el ámbito más hardcore del uso de drogas de la ciudad de Madrid a lo largo de las últimas décadas.

Por Eduardo Hidalgo

Gota sobre plata by Eduardo HidalgoGota sobre plata by Eduardo Hidalgo

Pusimos el punto y final al artículo anterior aludiendo a que a finales del primer decenio del 2000 se produjo un cambio drástico y radical en el mundillo del yonkarreo cocainita, tan sólo que no llegamos a contarles en qué consistió dicho cambio en concreto. De tal manera que será ahora cuando lo hagamos:

El asunto en cuestión consistió en que, llegado determinado momento, en las zonas céntricas de trapicheo, la heroína desapareció virtualmente del mapa. De modo que, a día de hoy y desde hace ya unos pocos años, los mismos traficantes subsaharianos que han estado vendiéndola durante lustros ya no la despachan más. Así pues, en Gran Vía y en sus calles aledañas es casi imposible conseguir caballo; la coca cruda es un producto escaso y de calidad muy variable aunque tirando a bastante baja salvo contadísimas excepciones (como siempre, a fin de cuentas); y la que campa a sus anchas, monopolizando todo el terreno, es la base.

A su vez, en los poblados, cuyo epicentro está, actualmente, en la Cañada Real Gitana (aún cuando siguen en pie otros pequeños reductos en lugares como Pitis o Barranquillas) el producto estrella vuelve a ser el crack; aunque hay también, siempre, coca cruda (de una pureza notablemente inferior a la de antaño); y caballo (también bastante malo), con la salvedad de que en algunas casas ya sólo lo venden en mezcla, y en otras ni tan siquiera eso (aunque lo común y corriente sigue siendo que cuenten con este producto y que lo sigan despachando como siempre lo han hecho).

En otras palabras, que a día de hoy, en el terreno más duro del consumo de drogas, la base se ha hecho con la mayor parte del tradicional mercado del yonkarreo cocaínita, convirtiendo a la heroína en un producto residual en los hipermercados de la droga y desplazándolo hasta hacerlo virtualmente desaparecer en las zonas céntricas de trapicheo.

Las razones de ser de este fenómeno serán harto complejas, se nos escapan en gran medida y superan con creces los objetivos y las posibilidades de argumentación que nos ofrece este artículo. No obstante, tenemos muy claro que no se trata simplemente de una falta de suministro mantenida durante varios años. Suministro lo hay, está en los poblados como lo ha estado siempre, y aun cuando el fenómeno descrito también pueda hundir sus más profundas raíces en motivaciones geopolíticas del más alto calado (desarticulación de redes, creación de nuevas alianzas y competencias entre narcos de distintas nacionalidades, altibajos en el abastecimiento debido a la guerra o a los problemas con el cultivo en la media luna de oro, etc.), no se nos escapa que, si los traficantes africanos del centro de Madrid quisieran vender heroína, la venderían, al igual que lo llevaban haciendo desde, al menos, los primeros años 90. La cuestión, en nuestra modesta opinión, es que, sencillamente, no quieren hacerlo. ¿Los motivos? ¿Quién sabe? A nosotros, al menos, se nos ocurren dos, que les detallaremos a continuación con la simple intención de tratar de aportar nuestro granito de arena a la explicación de unos hechos que, como ya hemos apuntado, no dudamos que tendrán unas razones de ser infinitamente más complejas y variadas. Sea como fuere, ahí van nuestras aportaciones:

1 – La mala prensa que, últimamente y a diferencia de lo que sucedía antaño, hemos podido constatar que tiene la heroína entre los propios consumidores y traficantes magrebies y subsaharianos: «el caballo es muy malo, da mono físico, es mejor la base», nos han dicho muchos de ellos. Es decir, que, ya de entrada, ciertos clientes potenciales se abstienen voluntariamente de consumir jamaro (aunque damos fe de que muchos otros lo tomarían inmediatamente de no ser porque les resulta imposible acceder a ello de primera mano y sin tener que desplazarse a las afueras del centro urbano).

2 – El hecho irrefutable de que una y otra sustancia liman mutuamente sus respectivas aristas, aportando, en el caso de un consumo combinado, una experiencia psicoactiva más equilibrada. El hecho incontestable de que los efectos de la base duran apenas unos minutitos, produciendo, a continuación, un considerable bajón, que, para los aficionados acérrimos a esta sustancia, resulta tan insoportable como incontenible resulta el deseo de volver a experimentar los efectos placenteros, lo cual suele terminar traduciéndose en el embarque del usuario en auténticos atracones que no cesan hasta que se agota el material, el dinero o la resistencia física y psíquica del interesado. El hecho irrebatible de que la heroína produce unos efectos mucho más duraderos y que, a diferencia de la base, sacia, en el sentido de que llega un determinado momento en el que no se necesita ni se desea consumir más (y en caso de que no llegase ese momento, lo mismo da, pues, tarde o temprano los efectos narcóticos dejarán al consumidor literalmente dormido). El hecho incuestionable de que la heroína aplaca los efectos ansiógenos de la cocaína y aminora las ansias por seguir consumiendo. Ya lo dijimos antes: equilibra la experiencia, de tal manera que, llegado un punto, el consumidor se queda a gusto y satisfecho y se va tranquilamente a dormir. Lo cual, también lo hemos dicho, en el caso de la base (o de los usuarios compulsivos de base) difícilmente sucede, puesto que, el cese del consumo no suele darse por haber alcanzado el punto de saciedad sino por haber terminado absolutamente con todos los recursos disponibles o por haber acabado completa y literalmente exhausto.

De los dos puntos anteriores, se deriva la suposición, absolutamente personal, de que, a quien esté interesado en hacer dinero fácil y rápido, como lo están, clarísimamente, los traficantes subsaharianos que trapichean en el centro de Madrid, les sale más a cuenta vender sólo crack que crack y heroína, puesto que, el usuario de ambas sustancias alcanzará antes su punto de saciedad y se retirará antes a casa, gastando en una misma noche –y seguramente, a medio y largo plazo- bastante menos que el usuario exclusivo de base. Conclusión: a quien trapichee temporalmente en la calle o en pisos francos para una clientela de este tipo le conviene más vender sólo una sustancia (la coca) que las dos.

El caso de los hipermercados de la droga, dada su magnitud y volumen de negocio, y sus demás peculiaridades –clanes familiares dedicados al tema desde hace decenios, clientela heroinómana fija desde hace los mismos años, integración casi atávica en la redes internacionales del tráfico de heroína, etc.- es claramente distinto al de los morenos de Gran Vía, de modo que sus intereses podrían coincidir con ellos en algunos puntos y ser divergentes en otros. Aún con todo, no cabe duda de que también en los poblados la base es la que manda y de que, también en los poblados, hay determinados “establecimientos” que han optado por no vender heroína en absoluto o por venderla únicamente mezclada con coca. Sus razones tendrán…

Una de ellas es que, de nuevo, también en estos enclaves, el volumen de ventas de la heroína es y ha sido siempre notablemente inferior al volumen de ventas de la cocaína –los usuarios la compran en menores cantidades y con menor frecuencia diaria, teniendo ambas drogas exactamente el mismo precio-, con el agravante añadido de que los ingresos obtenidos con el caballo han tenido que ir disminuyendo, progresiva e indefectiblemente, a lo largo de los últimos años, sobre todo desde que, bien entrados los 90, la mayor parte de la población heroinómana pasó a estar en programas de mantenimiento con metadona, lo cual tuvo que traducirse necesariamente en la reducción de los ingresos obtenidos con esta sustancia, reducción que, ni de lejos ha podido verse compensada con las aportaciones económicas de lo cuatro gatos que, actualmente, se han ido iniciando en el consumo esporádico de heroína para tomarla como guarnición final después de sus pasotes en fiestones y raves (un perfil de consumidor, a fin de cuentas, muy diferente en todos los sentidos al prototípico yonkarra cocainita de los años dorados de los asaltos indiscriminados a entidades bancarias).

A esto, sumémosles problemas añadidos de cualquier otro tipo –como los apuntados en relación a cuestiones geopolíticas y a los vaivenes del narcotráfico internacional- y el resultado viene a ser el mismo: en los hipermercados de la droga, la heroína, aun siendo un negocio millonario, no le llega ni a la suela de los zapatos al negocio de la cocaína, hasta el punto de que, por primera vez en varias décadas, hay clanes que han optado –al menos en estos momentos- por prescindir de comerciar con caballo o por venderlo sólo mezclado con coca, posiblemente porque de otra forma o no llega a compensarles del todo o porque les entorpece y quebranta, en cierta medida, el business de la base.

A fin de cuentas, los negocios, todos, funcionan según la ley de la oferta y la demanda y se rigen por los beneficios económicos obtenidos. De tal manera que, ni los traficantes ni nadie dejarían por sí mismos de vender un producto ampliamente solicitado y altamente lucrativo. De lo cual podría deducirse que, en última instancia, para muchos traficantes, simplemente, el negocio de la heroína ha dejado de ser tan rentable como lo era antes –y para algunos ha dejado de serlo por completo- bien porque la clientela no es lo suficientemente amplia, fiel y asidua; bien porque, en último término, no les aporta muchas más ventajas (o incluso les supone un engorro y un quebranto), que limitarse a vender cocaína; bien por ambos motivos (y, seguramente alguno más). De otro modo, no lo duden, tanto en Gran Vía como en cualquier chabola de los poblados madrileños seguiría habiendo caballo a mansalva, como hasta hace apenas unos años siempre lo hubo.

Aún así, esto no significa que el negocio de la heroína haya desaparecido o que lo vaya a hacer en breve. No lo hará, seguramente, jamás. Lo que resulta incuestionable es que, al menos en los tradicionales espacios del narcotráfico madrileño, su volumen se ha reducido mucho y que, en determinados enclaves donde siempre se habían vendido duto y kisha, ya sólo se vende kisha. Eso es todo y estos han sido los motivos que nosotros hemos sido capaces de intuir que pudieran estar detrás del fenómeno descrito. Nada más.

Ahora, que cada cual haga su propia lectura del asunto. En lo que a nosotros respecta, únicamente quisiéramos hacer un comentario final: si bien desde una perspectiva de reducción de riesgos puede parecer una absoluta aberración recomendar a alguien el consumo de heroína, lo cierto es que en el caso de esta población en concreto (que ya está en el límite de la marginación y de la exclusión social y que vive diariamente por y para una mísera pipa de base) creemos que nada bueno podrán ni podremos esperar de su actual abstinencia opiácea. A fin de cuentas, la heroína, sobre todo consumida vía inhalada (chino) podrá crear muchos problemas, pero salvo casos extremos y excepcionales asociados a infecciones de diverso tipo, la cabeza te la deja en su sitio, mientras que la base, tomada según los patrones de uso que llevan a cabo estas personas, crea los mismos problemas que el caballo –salvo el mono físico- y, de paso, te deja el sistema nervioso completamente frito, exponiendo al consumidor a sufrir todo tipo de patologías psiquiátricas (psicosis tóxicas, depresiones, trastornos de ansiedad…) que, ciertamente, ya se daban entre los consumidores tradicionales de duto y kisha pero que, a buen seguro, se darán con mayor frecuencia y gravedad entre los usuarios exclusivos y compulsivos de crack (que buena parte de ellos no es ya que no tomen heroína, es que ni roches, ni trankimazines ni nada que les aplaque su sobreexcitación cocaínica…). En fin, tiempo al tiempo…

 

 

 

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