Psicoterapia psiquedélica actual: estudios recientes

Por José Carlos Bouso

En el artículo anterior discutimos las evidencias científicas existentes acerca del potencial de sustancias como la psilocibina o la MDA (3,4-Metilendioxianfetamina) para inducir experiencias místico espirituales, que pueden promover cambios positivos en la personalidad de los iniciados y que se mantienen en el tiempo; y cómo los autores de estos estudios consideran este tipo de experiencias de potencial utilidad en el tratamiento de algunos trastornos mentales, como son la adicción a las drogas o las situaciones de depresión y ansiedad que padecen personas diagnosticadas de enfermedades incurables y que se encuentran en fase terminal. En el presente artículo resumiremos los estudios contemporáneos sobre el tema.

El uso terapéutico de las drogas alucinógenas se remonta probablemente a los orígenes de nuestra especie. En un principio, quizás los saberes no estaban compartimentalizados, como lo están hoy, luego era difícil separar recreación de curación, de ahí que probablemente toda medicina, sobre todo, toda medicina psicoactiva, era una forma de recreación, y toda forma de recreación era también una medicina. Sobre todo porque el contexto en el que el binomio recreación/medicina operaba era siempre en un contexto de grupo, donde la comunidad en su conjunto es la que da validez a la integración grupal, que es, después de todo, el mejor indicador de salud. Al menos para aquellos “males” que no responden exclusivamente a una causa física; si bien, incluso para estos, la implicación grupal en el problema individual es ya por sí misma un reductor de angustia.

Los tiempos han cambiado, y quitando los rituales modernos, como pueden ser las raves tranceras en las que se consume MDMA y algún que otro psicodélico, o los rituales religiosos en los que se toma ayahuasca o peyote, la curación hoy día se establece en el ámbito privado en relación terapéutica entre el médico y/o el psicoterapeuta, y el paciente.

Dentro de este contexto es donde nació, a mediados del siglo pasado, la llamada psicoterapia psiquedélica. Ya se había descubierto la LSD y los psiquiatras la utilizaban como fármaco psicotomimético para entender mejor la fenomenología de la esquizofrenia. Humphry Osmond, un psiquiatra británico afincado en Canadá experto en alcoholismo, había observado que muchos alcohólicos dejaban la bebida después de que hubieran experimentado los terrores del delirium tremens, esto es, el síndrome de abstinencia alcohólico. Así que pensó que quizás, induciéndoles un delirium tremens artificial administrándoles altas dosis de LSD, los pacientes podrían experimentar los mismos pavores, ahorrándoles los males fisiológicos y psicológicos intrínsecos al delirium tremens natural, y así quizás podrían abandonar la adicción al alcohol. La sorpresa que se llevó Osmond cuando empezó a administrar LSD a sus pacientes alcohólicos fue que la mayoría de ellos, lejos de tener una experiencia terrorífica como él suponía, atravesaban por una experiencia místico espiritual como consecuencia de los efectos de disolución de los límites de la personalidad que inducen las dosis altas de LSD administradas en un contexto controlado, tal y como vimos en el artículo anterior sobre que puede hacer la psilocibina administrada por manos expertas en el contexto adecuado. Desde entonces, la psicoterapia con LSD y con otros psicodélicos se fue ampliando a un grupo cada vez más numeroso de patologías psiquiátricas y de problemas psicológicos que iban desde los trastornos obsesivos hasta el alivio de la angustia que experimentan muchos pacientes que se encuentran en fases terminales de su enfermedad. Incluso fue utilizada por el famoso psiquiatra holandés Jan Bastiaans para el tratamiento del llamado “síndrome de campo de concentración”, que hoy sería una de las muchas expresiones que adoptaría el Trastorno de Estrés Postraumático[1].

Desde la interrupción más o menos abrupta en los años 70 de la investigación con terapia psiquedélica hasta fechas recientes, no se había vuelto a realizar ningún estudio científico en el que se tratara de probar la eficacia de un psiquedélico para el tratamiento de algún trastorno psiquiátrico o problemática psicológica. De hecho, a día de hoy, tan solo existe un estudio publicado al respecto, si bien hay alguno que otro actualmente en marcha. Casi todos para el tratamiento de la ansiedad y la depresión en enfermos con cáncer terminal. En este estudio[2] se administró psilocibina (0,2 mg/kg) y un placebo activo (niacina, un fármaco que “imita” los síntomas físicos de la psilocibina pero que carece de efecto psicológico) de manera aleatoria y separado cada tratamiento por dos semanas, de tal forma que cada paciente hacía de su propio “control” y, así, poder comparar los efectos de los dos fármacos en términos de seguridad fisiológica, además de la eficacia en el largo plazo sobre los síntomas de ansiedad y depresión, para lo cual se utilizaron cuestionarios psicométricos utilizados habitualmente en clínica y en investigación para evaluar síntomas de depresión y ansiedad. Este artículo se publicó en septiembre de 2010 en una prestigiosa revista psiquiátrica y dio lugar a titulares del tipo: “Hongos alucinógenos son efectivos en el tratamiento del cáncer”[3]. Uno de los autores principales del estudio incluso escribía en la prestigiosa revista de divulgación Scientific America (publicada en España como Investigación y Ciencia): “Aunque el estudio fue demasiado pequeño como para arrojar conclusiones definitivas, fue alentador: los pacientes mostraron disminución de la ansiedad y les incrementó el estado de ánimo, incluso meses después de la sesión con psilocibina. Al igual que ocurrió con estudios realizados hace años, los pacientes también refirieron menos miedo de cara a impedir la muerte” (traducción mía del original)[4]. De hecho, debido a la publicidad mediática que ha recibido este estudio, entre la comunidad psiquedélica ha vuelto a circular la información alentadora de que hay un estudio que demuestra que la psilocibina es eficaz para el tratamiento de la depresión y la ansiedad en enfermedades terminales, tal y como uno mismo puede comprobar si se toma la molestia de bucear un poco por los foros y los facebooks frecuentados por iniciados…

Si bien no se puede decir que nada de esto no sea cierto, también se puede decir que es un poco falso. No es, en definitiva, ni más ni menos, que publicidad, por no decir propaganda, que han lanzado los autores y amigos de los autores al mundo para autopromocionarse ante unos datos que, en el mejor de los casos, lo que se puede decir es que son un poco débiles. Veamos qué es lo que hay publicado exactamente en el artículo en el que se publican los resultados. Como se ha dicho, se administró, a forma de doble ciego, una dosis de 0,2 mg/kg de psilocibina y se compararon los efectos fisiológicos con un placebo activo (niacina). Efectivamente, tal y como han explicado los autores, tanto en su artículo como en los artículos periodísticos y de divulgación que se han hecho eco de este estudio, la psilocibina se mostró segura para los pacientes. Se tomaron medidas de tolerabilidad como fueron presión arterial y frecuencia cardiaca, y si bien hubo incrementos, comparado con placebo, ambas mediciones fueron modesta y transitoriamente incrementadas por la psilocibina, si bien entre parámetros carentes de riesgo. De hecho, la monitorización cardiovascular constante a la que estuvieron sometidos los pacientes no arrojó síntomas de cardiotoxicidad. La divergencia entre lo difundido mediáticamente y lo publicado científicamente aparece en relación a la eficacia para reducir las medidas de ansiedad, de depresión y de estado de ánimo. El estado de ánimo se evaluó con una escala llamada POMS y si uno va a las gráficas publicadas en el artículo, ve que hay una tendencia a la baja entre el día previo a la administración de psilocibina y a las 6 horas, 1 día después, 2 semanas después y los meses 1, 2, 3, 4, 5 y 6, tras la administración. Esto es, que una tendencia es sólo una tendencia: no hay diferencias “reales” (estadísticamente significativas) antes y después de las sucesivas mediciones. Si vamos a las mediciones de ansiedad, sólo hay disminuciones en el mes 1 y 3, y solo de uno de los dos tipos medidos de ansiedad, conocido como “ansiedad rasgo”, esto es, el tipo de ansiedad más estable a lo largo del tiempo y de las situaciones, no encontrándose diferencias en la “ansiedad estado”, esto es, la que depende más de la situación concreta en la que se encuentra la persona. Ni un día después de la sesión con psilocibina, ni en los meses 2, 4, 5 y 6, hay disminución de la ansiedad “rasgo” y la “estado” no disminuye en ningún punto temporal. Estas fluctuaciones en ansiedad “rasgo” son difíciles de interpretar, pero lo que arroja claramente (y como obvia interpretación) es que no hubo una disminución ni permanente ni estable de la ansiedad en los pacientes. Si por fin nos vamos a las mediciones de depresión, nos encontramos que solo hay una disminución estadísticamente significativa al sexto mes después del tratamiento. Por cierto, de los 12 pacientes que iniciaron el estudio, solo 8 completaron los 6 meses de seguimiento, 11 los cuatro primeros meses y los 12 iniciales los 3 primeros meses. En resumen: no hubo disminución objetiva del estado de ánimo desde que se administró la psilocibina hasta los 6 meses de seguimiento, hubo una disminución en los meses 1 y 3 de la ansiedad “rasgo”, la ansiedad “estado” no se modificó a lo largo del tiempo y la depresión solo disminuyó al sexto mes, cuando 4 de 12 pacientes habían tristemente fallecido. No es objeto, ni mucho menos, de este artículo, ensañarse con unos resultados cuando menos modestos de un estudio piloto pionero y valiente en el ámbito de la psicoterapia psiquedélica. Sólo es una advertencia a la moderación para los entusiastas. Si empezamos pronto a promulgar la eficacia contrastada de estudios con resultados más que modestos, de nuevo, como ya ocurrió en el pasado, corremos el riesgo de perder credibilidad frente a la comunidad científica. Los autores del estudio escriben, en su artículo científico, que los resultados modestos encontrados pueden deberse a lo pequeño de la muestra (cosa que puede ser cierta, dadas las tendencias observadas en las mediciones es posible que con una muestra mayor los resultados podrían haber sido más espectaculares, no lo sabemos). También a que se utilizaron dosis bajas. De nuevo, es cierto que de haber utilizado dosis más altas los resultados hubieran sido otros. Tampoco lo sabemos. Lo que sí sabemos es que este estudio estaba diseñado para evaluar seguridad de la psilocibina en enfermos en fase terminal y que eso efectivamente sí se demostró. Lo que no sabemos es por qué se ha querido dar tanta publicidad a una eficacia que no es tal cuando hubiera sido más honesto publicitar lo que se encontró: que es un fármaco que se muestra seguro en una población fisiológicamente muy debilitada, un hallazgo ya lo suficientemente importante por sí mismo. De hecho, al menos hay ahora mismo otros 3 estudios en los que, con dosis más altas, se está investigando la eficacia de la psilocibina para el tratamiento de la ansiedad y de la depresión en enfermos terminales, precisamente por la capacidad demostrada de la psilocibina para inducir experiencias cumbre y poder ayudar a este tipo de pacientes a afrontar las fases finales de su vida. También hay un estudio terminado con los mismos objetivos con LSD, y que actualmente está en fase de análisis estadístico de los resultados. También hay un estudio en marcha con psilocibina para tratar la adicción a la nicotina. A medida que estos estudios se vayan publicando los iremos comentando en esta misma sección.

El otro estudio estrella sobre psicoterapia psiquedélica publicado recientemente es el que ha investigado la eficacia y la seguridad de la MDMA en el tratamiento del Trastorno de Estrés Postraumático en personas refractarias a tratamientos convencionales y para las cuales los tratamientos previos han fracasado. Pero esta historia la dejaremos para el próximo número de esta sección. Hasta dentro de dos meses.

 


[1] Una revisión detallada de la historia de la investigación en terapia psiquedélica, así como de las investigaciones modernas realizadas a fecha de 2007 puede encontrarse en: Bouso JC y Gómez-Jarabo G (2007): “Psicoterapia e investigación clínica con drogas psicodélicas: pasado, presente y futuro”. En: J.C. Aguirre: Cartografías de la experiencia enteogénica. Madrid: Amargord, pp:

[2] http://www.maps.org/w3pb/new/2010/2010_Grob_23136_1.pdf

[3] http://pijamasurf.com/2010/09/hongos-alucinogenos-son-efectivos-en-el-tratamiento-del-cancer/

[4] http://www.maps.org/media/ScientificAmerican-2010_copy.pdf

 

Cannabinoides sintéticos (II): THC sintético

En el capítulo anterior describimos las generalidades sobre el Sistema Cannabinoide Endógeno (SCE) y los cannabinoides naturales y sintéticos. En esta entrega comenzaremos el repaso sobre éstos últimos, utilizando como ejemplo el primer cannabinoide que fue sintetizado de forma artificial: el tetrahidrocannabinol (THC), discutiendo sobre las ventajas e inconvenientes que tiene este compuesto sobre la propia planta.

                Aunque para nosotros sea algo cotidiano, el uso de fármacos tal y como lo entendemos en la actualidad es, desde un punto de vista histórico, una novedad muy reciente. Desde el principio de los tiempos hasta mediados del siglo XIX el tratamiento de las enfermedades se basaba en el uso de plantas y remedios naturales, cuya eficacia es incierta y muy variable en la mayoría de los casos. Es cierto que los principios activos de muchas plantas tienen propiedades terapéuticas, pero las plantas presentan varios inconvenientes para ser utilizadas como fármacos. Las variedades distintas de una misma especie pueden presentar concentraciones diferentes de los productos activos. Dentro de una misma planta pueden encontrarse, junto al compuesto deseado, otros que no tengan eficacia o que produzcan toxicidad. La disponibilidad de una planta puede depender de la climatología, existen dificultades para el transporte y la conservación, se presentan variaciones a lo largo del tiempo…). El desarrollo de la química industrial a principios del siglo XX permitió ir aislando los distintos principios activos que proceden del mundo vegetal, producirlos a gran escala, distribuirlos en la concentración más adecuada para que tengan efectos beneficiosos y conservarlos durante tiempo suficiente. El ejemplo más significativo lo tenemos en el uso de la corteza del sauce blanco, que fue descrito por Hipócrates en el siglo V a.C. como remedio para la fiebre y el dolor. Pero su principio activo (el ácido acetilsalicílico) no fue aislado hasta 1828 y su comercialización a gran escala (con el nombre de Aspirina® ) se produjo a principios del siglo XX. Y no fue hasta 1971 cuando se comprendió a nivel científico su mecanismo de acción: la inhibición de unas moléculas llamadas prostaglandinas y tromboxanos, responsables de la inflamación. Posteriormente y partiendo del modelo de las moléculas procedentes de los vegetales, la síntesis química puede producir productos derivados de éstos que sean más eficaces, menos tóxicos o más baratos.

Así, el desarrollo paralelo del conocimiento sobre cómo funciona el organismo y cuales son las causas de las enfermedades por un lado, y el de la química industrial aplicada a la farmacéutica por otro ha dado lugar a la aparición de los medicamentos tal y cómo los entendemos hoy en día. Desde luego la industria farmacéutica no es un negocio inocente y como cualquier otra empresa destinada a producir beneficios económicos tiene sus puntos oscuros. Pero el incremento radical en la esperanza de vida durante el s.XX, la drástica disminución de la mortalidad producida por las enfermedades infecciosas (incluyendo el SIDA) o de la mortalidad infantil se explica (entre otros factores) como la consecuencia de este tipo de avances.

La mayoría de las personas consideramos que para tratar la fiebre o una inflamación, es más eficaz tomar un antiinflamatorio que chupar la corteza de un sauce. Pero algunas corrientes sociales sostienen que “lo natural” es, por definición, más sano o asimilable por el organismo que “lo artificial o lo sintético”. La simpleza de esta argumentación es fácilmente desmontable si pensamos en las solanáceas, la Amanita phalloides o la estricnina, ejemplos más evidentes de la letalidad que puede encontrarse en el aparentemente idílico mundo vegetal. Lo natural es simplemente distinto de lo sintético y uno u otro serán preferibles dependiendo de múltiples factores. La preferencia de lo natural sobre lo sintético es una creencia, no un hecho científico demostrable.

Centrándonos en el cannabis, ya sabemos que su uso como fármaco está documentado desde hace más de 4000 años. El tratado medicinal chino Pên-Tsao Ching (2237 aC) lo describía como remedio contra el paludismo o el dolor, fue ingrediente común de las tríacas medicinales griegas y romanas y, en 1889, el clásico Manual de Medicina Merck recomendaba su uso en el tratamiento de la histeria, el delirio, la epilepsia, el insomnio nervioso, la migraña, la dismenorrea (dolor menstrual) o el dolor crónico. Si el cannabis hubiera sido una planta más, a lo largo del siglo XX hubiera experimentado el mismo proceso que otras plantas medicinales tradicionales: aislamiento y comercialización de sus principios activos, comprensión e investigación sobre sus mecanismos de acción y ajuste de sus indicaciones clínicas según la evidencia científica. Pero, en el caso de la planta del cáñamo, este proceso se vio truncado por la Prohibición. Por motivos más morales que médicos, el cannabis dejó de ser un vegetal como el resto desde los años 30 del siglo pasado para transformarse en “una droga”: sustancia muy tóxica, que crea adicción y que no tiene ningún interés terapéutico, por lo que, oficialmente, no merecía ser investigada. Pero la realidad ha resultado ser más tozuda que el afán legislativo prohibicionista. El cannabis ha seguido empleándose con fines terapéuticos y, a pesar de los retrasos y las dificultades, la investigación sobre los cannabinoides se ha ido abriendo paso. Probablemente el factor decisivo ha sido el interés de la industria farmacéutica en un mercado sin explorar pero lleno de aplicaciones potenciales, al menos desde un punto de vista teórico.

Aunque ya señalamos que en la planta del cannabis hay más de 400 principios activos distintos, muchos de ellos con actividad biológica comprobada, el delta-9-tetrahidrocannabinol (∆-9-THC) es el más característico de la planta y el responsable de muchos de sus efectos. Pues no fue hasta el año 1964 (hace un ratito desde una perspectiva histórica) cuando dos científicos israelíes, Yechiel Gaoni y Raphael Mechoulam del Instituto Weizmann de Ciencias en Rejovot, aislaron y describieron por primera vez la fórmula química de este compuesto de la planta. Hacia 1970 ya se había demostrado, a partir de experimentos en monos, que los efectos de la planta estaban producidos en gran parte por la acción del THC.

El paso siguiente fue la síntesis artificial del THC. La molécula tiene tres anillos de carbono entrelazados entre sí, lo que hace que su síntesis química sea muy compleja, requiera de múltiples precursores y trabajar con aparatos que utilizan presiones y temperaturas muy elevadas. Durante los años 70 se desarrollaron distintas rutas de síntesis para la molécula del THC y a finales de esa década el proceso fue técnicamente posible.. A esta forma sintética de THC, patentado y comercializado, se la conoce con el nombre de dronabinol.

Así, el dronabinol es una forma purificada y artificial del mismo THC que aparece de forma natural en la planta. Este compuesto químico está registrado con el nombre comercial de Marinol ® por un laboratorio belga (Solvay Pharmaceuticals) y en 1985 fue aprobada como tratamiento en las nauseas y vómitos producidos por quimioterapia por la FDA estadounidense y en el síndrome de caquexia-anorexia (delgadez extrema y falta de apetito) asociados al SIDA. Para ello tuvieron que hacerse varias modificaciones legales. El cannabis en Estados Unidos en una droga en Lista I, que es la calificación legal más restrictiva y prohibe su cultivo, compra, posesión y distribución. Pero su principio activo más importante, cuando se obtiene de forma artificial y se encapsula, se clasifica en “Lista III”, lo que permite su uso como fármaco. Se trata de una más de las situaciones surrealistas de una legislación antidroga absurda e ineficaz.

Aparte de las dos indicaciones ya señaladas (nauseas por quimioterapia y caquexia por SIDA), posteriormente se han encontrado otras utilidades para este fármaco. En 2007 un ensayo clínico sobre 30 pacientes demostró que, en pacientes con dolor crónico no tumoral en tratamiento con opiáceos (morfina o fentanilo), la adición de dronabinol mostraba mejores resultados en el alivio del dolor. También existen evidencias sobre su eficacia en el alivio de algunos síntomas de la esclerosis múltiple (rigidez, dolor y síntomas urinarios), así como en otros problemas neurológicos (esclerosis lateral amiotrófica, dolor después de traumatismo medular…). Además existen estudios científicos que han explorado los problemas de abuso, dependencia, cambio de personalidad o funcionamiento social en pacientes en tratamiento con dronabinol, y hay unanimidad en que éstos son excepcionales.

El THC sintético está disponible en forma de cápsulas de 2.5, 5 y 10 mg. Las cápsulas tienen una base gelatinosa y están recubiertas de una película de aceite de sésamo, con el objetivo de evitar que el fármaco se destruya si alguien pretende fumarlo. Esta forma de presentación y el elevado coste de la síntesis del THC sintético hacen que se trate de un fármaco muy caro: el coste de un tratamiento mensual puede oscilar entre los 200-800 euros dependiendo de la dosis. En realidad, el coste económico hace que la protección con aceite de sésamo sea innecesaria: nadie debería ser tan tonto como para fumarse una cápsula de dronabinol cuando un porro resulta muchísimo más barato, así que lo asumiremos como otra manifestación más del surrealismo antidroga ya comentado.

Además del precio, el inconveniente fundamental del THC sintético es que su administración se realiza por vía oral. Los cannabinoides son moléculas que no se diluyen bien en agua, y la cantidad de producto que se absorbe por el cuerpo varía dependiendo de muchos factores (sexo, edad, proporción de grasa corporal, si se han comido antes alimentos o no…) Esto da lugar a que existan muchas diferencias entre individuos para estimar la dosis correcta e incluso que una misma persona necesite dosis diferentes a lo largo del tiempo. Por otra parte, es frecuente la aparición de efectos adversos (cambios en el latido del corazón, mareo, incremento en el apetito, bajadas de tensión, sofocos, dolores musculares, conjuntivitis…) además de los propios efectos psicoactivos del cannabis. Es importante darse cuenta de que “lo deseado” en el uso recreativo del cannabis (sus efectos mentales) puede ser “no deseado” cuando nos referimos a la esfera de lo terapéutico. Teniendo en cuenta que los efectos psicoactivos del cannabis son de difícil control al utilizar la vía oral, la incidencia de episodios de ansiedad, desorientación, angustia, reacciones paranoides…al utilizar el dronabinol puede ser importante.

Todos estos inconvenientes hacen que las aplicaciones del dronabinol sean limitadas. De hecho no está aprobado en la Unión Europea, aunque podría accederse a él a través de un programa de uso compasivo de medicación extranjera, debidamente justificado ante las autoridades sanitarias. En ese caso, el médico debería rellenar unos formularios explicando que el dronabinol es la mejor opción disponible para el tratamiento de un paciente en el que el resto de recursos han fallado. Teniendo en cuenta sus limitadas aplicaciones, esta situación puede darse pero en la práctica parece muy poco frecuente..

El ejemplo del dronabinol nos muestra que, en este caso concreto, la forma sintética de un producto vegetal puede aportar pocas ventajas frente a la planta. La síntesis química consigue un producto puro y estandarizado, pero con un precio varios cientos de veces superior al de la planta, con una vía de administración que dificulta la dosificación, facilita la aparición de efectos adversos, y con unas aplicaciones prácticas muy limitadas para las que existen otros fármacos disponibles en el mercado. El mercado farmacéutico ha aprendido de estos errores. El fármaco más reciente derivado del cannabis es un extracto vegetal de plantas clonadas que se administra por vía sublingual. Así por un lado el coste de producción es mucho menor (aunque sigue siendo un fármaco caro) y por otro la vía de administración facilita una dosificación correcta.

En el próximo número seguiremos abordando los cannabinoides sintéticos en su vertiente terapéutica, centrándonos en dos moléculas que actúan sobre el sistema cannabinoide endógeno y que se han comercializado (con distinto éxito) en los últimos años: la nabilona y el rimonabant.

 

El nacimiento de la Psicodelia

Sentar las bases de un movimiento tan generalizado, que abarca tantos ámbitos y materias, y que se prolongó a lo largo de más de tres decenios es, cuanto menos, complicado.

Aunque con la mayoría de palabras pasa que el significado etimológico pierde valor conceptual con el transcurso del tiempo y el uso, en el caso del término Psicodelia (Psychedelia en su originario inglés) conserva gran parte de su esencia. Las palabras griegas que la componen son psyche (ψυχή) que significa “alma” y diloun (δηλοῦν) que podría interpretarse como “manifiesto” o “manifestar”. Humphry Osmond, psicólogo británico, acuño por primera vez el término en 1957, definiéndolo como “aquello que el alma manifiesta”.

Fue el propio Osmond quien proporcionó varias dosis de mescalina a Aldous Huxley en 1953, y este, a su vez, basándose en la experiencia con uno de los alcaloides alucinógenos más potentes del mundo, escribió Las puertas de la percepción en 1954.

Habrá quien describa la Psicodelia como un movimiento contracultural cuyo desenvolvimiento tuvo especial relevancia entre el 1965 y el 1975, lo que nos remitiría al movimiento Hippie y a uno de sus máximos exponentes mediáticos, Timothy Leary. Otros quisieran partir de Albert Hofmann, cuando sintetizó el LSD por primera vez en 1938. Sin embargo, si nos remitimos a la creación del pensamiento, a la argumentación, propiamente dicha, de este movimiento, no existen otros orígenes que los literarios.

Aldous huxleyAldous huxley

En la década de los cincuenta confluyeron un conjunto de pensadores americanos que compartían una visión común, caracterizada por la repulsión hacia su sociedad; el uso de diferentes sustancias psicoactivas para el conocimiento personal y el desarrollo del pensamiento; el libertinaje y la desinhibición sexual como contestación a los valores clásicos y, por último, el concienzudo estudio de las diferentes filosofías orientales para una posterior aplicación mediada en occidente.

La “Generación Beat” nació arropada, de nuevo, por otro concepto, el de la “Beatitud”. Fue Jack Kerouac quien, en 1959, la asoció a esta concepción en relación a la naturaleza de la conciencia, la meditación, el diálogo interno y el pensamiento oriental.

Si tuviéramos que resaltar a sus máximos exponentes estaríamos de nuevo ante una tarea complicada pues el propio Huxley se haya excluido de esta generación por su origen inglés y es quizás uno de los pilares fundamentales del pensamiento Psicodélico. Sin embargo, dejándonos llevar por los puristas, podríamos afirmar que Allen Ginsberg, William S. Burroughs y, especialmente, Jack Kerouac fundamentan los pilares de la “Generación Beat” y a la vez, la semilla que eclosionará a lo largo de esta década y crecerá sin cesar hasta finales de los años setenta, dando lugar al movimiento Hippie y sentando las bases literarias y científicas para autores como Ken Kesey, Carlos Castaneda y Terence McKenna.

Si queremos llegar a algún lugar, dada la extensión, debemos olvidarnos de Huxley por su complejidad y escasa relación con los “Beats”. Hablemos pues del libro que muchos han designado “La Biblia de los Hippies”, el libro que Kerouac tituló En el camino (On the road) y que representa la génesis del pensamiento Psicodélico, que posteriormente se convertirá en el movimiento contracultural más importante de la historia.

Escrita en 1951 y publicada en 1957, es una obra reconocidamente autobiográfica (al menos en parte) que narra los viajes del autor y sus allegados a lo largo de Estados Unidos y México, provocando, con ello, la posterior mitificación de la “Ruta 66”.

Una significativa parte de los lectores del libro afirman que no encuentran ese contenido profundo y trascendental que la convirtió en obra de culto y que continúa promoviendo la reimpresión de más de 100.000 copias al año, sino, más bien, una simple narración de las variopintas andanzas de un grupo de amigos un tanto peculiares.

Precisamente es aquí donde radica su encanto, donde la narración se convierte en el testimonio de una generación despierta, inconformista y revolucionaria, una generación que ya no concibe un mundo planificado, repleto de horarios y obligaciones. Esta contestación no es tan obvia al formularse la obra como un monólogo interior, con una ausencia prácticamente total de críticas directas o divagaciones demagógicas sobre lo que es bueno o no lo es.

La obra, el propio discurso en sí, es la visión desprejuiciada de una realidad muy diferente al habitual de aquella sociedad. En el camino es libertinaje, libre pensamiento, desorden; es drogas, es vivir por el simple hecho de vivir y disfrutar eligiendo cada momento e incluso es ciertas dosis de caos, de ese caos originario, que conforma nuestra propia esencia como seres humanos, como partícipes del universo caótico en el que nos hallamos.

Carlos CastanedaCarlos Castaneda

Solo queda recomendar encarecidamente su lectura, liviana y llena de significado, para que cada cual juzgue y extraiga de ella lo que quiera. Recordad que hasta aquí, la Psicodelia, no ha hecho más que comenzar. Continuaremos argumentándola en los próximos números.

“Al fin y al cabo, somos nosotros los herederos de este gigante del pensamiento que no consiguió exterminar por completo la sociedad imperialista, asesina y cruel en la que nos hayamos inmersos, por haberse silenciado, cayendo poco a poco en el olvido de las obligaciones y las preocupaciones impuestas.”

 

Adrenocromo (IV)

Se dice, se cuenta, se comenta que el adrenocromo no existe, que existe; que produce efectos psicoactivos, que no los produce; que esto, que aquesto y lo de más allá; que ni lo uno, ni lo otro sino todo lo contrario…. ¿Qué será... será, pues, y qué hará o qué dejará de hacer esta sustancia? Sigan ustedes leyendo y, muy pronto, lo sabrán.

Por Eduardo Hidalgo

En esta cuarta entrega, transcribiremos unos últimos apuntes de la obra de Hoffer y Osmond para, acto seguido, dar paso a los testimonios de otros autores e individuos. Al efecto, empezaremos mencionando que los susodichos investigadores ofrecen un informe pormenorizado de las reacciones de un experimentado psiquiatra –el doctor A. B.- ante la administración de 10 mg de adrenocromo vía sublingual y una cantidad indeterminada vía oral. El relato ocupa varias páginas, de modo que, por no extendernos demasiado, seleccionaremos únicamente unos pocos comentarios sobre la misma.

Su reacción se produjo 10 minutos después de la administración, lo cual es típico cuando el adrenocromo se ingiere vía sublingual; y se mantuvo bajo su efecto hasta que 1 gramo de ácido nicotínico le restituyó a su estado normal, pero realmente no recupero la normalidad hasta pasadas semanas o meses[1].

Su experiencia se caracterizó por los siguientes cambios:

Percepción: cambios en las imágenes consecutivas, en la iluminación, en juzgar las distancias, en la visión de lejos, y algunas sensaciones de irrealidad. Los objetos mostraban pulsaciones y la relación entre tamaño y distancia estaba distorsionada. No hubo alucinaciones[2]. El tiempo se volvió inconstante.

Pensamiento-Contenido: Se mostraba irritable, abrupto, con falta de juicio y no se daba cuenta de los efectos que le había provocado la sustancia. De hecho, había concluido que le había sido administrado un placebo.

Procesamiento de la información: No pudo resolver adecuadamente los test más sencillos.

Estado de ánimo: Irritable, abrupto y hostil. A todas aquellas personas que le conocían o que habían tenido contacto previo con él, les resultaba evidente que nunca le habían visto así. […] Sólo después del adrenocromo, su personalidad cambió tanto que no pudo ser reconocido por sus colegas y amigos.

Por último, pondremos el punto y final al relato de las investigaciones y argumentaciones de Hoffer y Osmond con dos breves comentarios que realizan en su libro The allucinogens.

La experiencia psicotomimética inducida por el adrenocromo y la adrenolutina no se parece a la típica de la LSD o la mescalina. Los cambios ocurren primariamente en el pensamiento y en el estado de ánimo. Los cambios perceptivos son sutiles y no obvios. Esto entra en marcado contraste con los cambios visuales que frecuentemente se suceden a la administración de LSD.

Algunos de los cambios producidos por el adrenocromo pueden persistir varios días, y en algunos casos los efectos pueden llevar a resultados casi desastrosos. Estas experiencias con el adrenocromo nos ha llevado a ser muy cautelosos con esta droga, que parece ser tan suave en su acción pero que puede resultar muy peligrosa debido a la falta de insight que produce en algunos sujetos.

                                                                            

Boquiabiertos nos hemos quedado… sobre todo, viniendo estos informes y comentarios de quien vienen. Ahora bien, como ya señalara Samorini, la “teoría del adrenocromo” como explicación de los desórdenes psicológicos de la esquizofrenia, y el tratamiento de este trastorno a base de mega-dosis de vitaminas (que era lo que Hoffer proponía), terminaron por quedarse en el baúl de los recuerdos de la psiquiatría o, directamente, fueron refutados y rechazados por el stablishment psiquiátrico en ulteriores publicaciones. Con ello, cayó también en el olvido –o fue negado- el posible potencial psicoactivo del adrenocromo. Así viene a atestiguarlo otro “capo dei capi” de la drogología, el mismísimo Alexander Shulgin, que, en su celebradísima e imprescindible obra, PIHKAL, declara lo siguiente:

…hubo interés sobre algunos informes que afirmaban que la adrenalina que se había vuelto vieja y descolorida parecía producir efectos en el sistema nervioso central del ser humano. Los productos de la oxidación de la adrenalina fueron identificados como el profundamente colorado compuesto indólico adrenocromo y su descolorido análogo, la adrenolutina. La controversia que crearon estos informes terminó apagándose con el tiempo, y jamás ha sido aceptado que la familia del adrenocromo sea psicoactiva. A día de hoy, nadie en la comunidad científica está investigando sobre éste tema; y, en el presente, se considera tan sólo como una interesante nota al pie de la historia.

Desconcertantes estas controversias y contradicciones entre los científicos y maestros de la psiconáutica… Verdaderamente, nos dejan en punto muerto: si ellos mismos han decidido olvidarse del asunto y dar el tema por zanjado, ¿a quién podemos recurrir ahora para solventar las dudas que aún nos quedan?

Efectivamente, a los consumidores recreativos, a los drogófilos ilustrados, a quienes participan en los diversos foros online contando y compartiendo sus conocimientos, impresiones y experiencias con las drogas. Veamos, pues, qué es lo que nos cuentan.

7 – Ante todo, hemos de empezar diciendo que, en líneas generales, los consumidores de drogas suelen considerar que el adrenocromo es una sustancia perteneciente a la mitología drogológica, una sustancia ficticia o, al menos, una exageración y licencia literaria de Hunter S. Thomson. Hay quien, sin embargo, jura y perjura haberlo catado. En el foro sobre drogas más activo de todos los que hay en habla hispana (el Cannabis Café) podemos encontrar, por ejemplo, dos testimonios. Esto es lo que dicen y así es como lo dicen y lo escriben:

En El Caso Del Adrenocromo Solo Lo Hice Una Ves Y Con Eso Tuve Para Decir ¡ya No Mas! Ya Que Es Una Substancia Que Se Saca De La Glandula Pineal Del Ser Humano Y Es La Descomposicion De La Adrenalina Y Un Amigo Que Conoci En Canada Fue El Que Me Regalo Y De Verdad No Se Ni De Que Pinche Muerto La Saco Por Que Para Conseguir Eso El Muerto Tiene Que Estar Casi Fresquesito.
Mi Experiencia Fue Lo Bastante Como Para Hacer Un Libro De Ella, Recuerdo Que Me Dio Un Pequeño Palillito Para Los Dientes Y Lo Sumergio En Una Substancia Negroide Grisasea Y Me Lo Metio En La Boca Por Que Yo Le Había Preguntado Que Si No Tenia Alguna De Esas Substancias Que Nos Gustan Lsd Y Todo Eso.
Una Ves Habiéndolo Probado Como Una Hora Después Comencé A Sentir Una Tremenda Inquietud Y Un Severísimo Mareo Y Termine Wacareando No Lo Creía Pero Bajé De Ese Trip Como A Los Dos Dias Y Lo Que Me Parecio Increible Fue La Pequeña Cantidad Con La Que Me Puse Hasta El Re-culo Dos Dias Alucinando Cosas Que De Verdad Ni Siquiera Existian Y Termine Trastornado Es Como Ver Tu Muerte En Vida De Una Manera Obviamente Mucho Mas Torcida. Pero Aun Asi Se Lo Agradesco Por Que Me Sirvio De Experiencia Para No Volver A Hacerlo Es El Psychedelico Que Jamás Halla Probado Después De La Dmt

Kaleidoscope, 01/09/2006.

para mi fue una experiencia demasiado fuerte de hecho neta después de hacerlo estoy casi seguro que no lo vas a querer hacer otra ves al menos no en un buen rato y no tanto por que la experiencia sea infernal si no por que es demasiado cansado , tu espalda termina hecha mierda y el dolor es demasiado como si te hubieras aventado 4 gotas de lsd pero bueno en si los visuales son muy diferentes por que con esta madre ves cosas que salen de tu imaginación, cosas que ni siquiera existen es como estar dentro de un videojuego y ver como todo lo que esta a tu alrededor es como de plastilina que respira y al menos yo lo que veía es que a mi compa le salían unos tentáculos larguísimos del pecho que se dirigían hacia arriba y finalizaban en un destello enorme de luz blanca deslumbrante que no podía ver directamente y aparte lo que a mi no me pareció del adreno es que todo el tiempo estas como que nervioso con mucha inquietud como si te hubieras dado unas líneas de coca

Kaleidoscope, 02/09/2006

El 4 de septiembre de 2006 le responde Aland Alejand (un miembro que, curiosa o sospechosamente, se ha registrado y estrenado en el foro ese mismo día).

ver carnal, yo la neta no te creo pero tengo la mente abierta y vivo cerca de donde tu vives, vivo en azcapo y estoy dispuesto a citarte a ver k pedo. Si es k la consigues (k la verdad lo dudo), me escribes a mi mail y nos kedamos de ver donde tu digas, me regalas una poca y la cheko.

Le contesta Kaleidoscope:

a huevo que te parece si nos vemos mañana en viveros floresta a las 3:00 pm? en la glorieta

El 10 de septiembre vuelve a escribir Aland Alejand:

vaya, escribo hasta hoy pork me he topado con este carnal del (kaleidoscope o como se escriba) y es chido la verdad me cayo bien despues de un rato de cotorrearlo, pero vamos a lo k les interesa, este wey me dio veneno, la madre k probe es horrible y lejos de un buen viaje me trajo lokeando por 2 dias y 2 noches, con las experiencias mas horribles k jamas haya porbado enserio. mis papas siguen preguntadome k k fue lo k hice y me kieren hacer estudios. he mandado la otra prueba a un laboratorio hoy y pasado mañana me dan los resultados, pero independientemente de lo k sea no creo k sea para el consumo humano, es algo muy muy fuerte y sigo muy confundido aparte de los problemas k me he buscado con mi padres. Nunca lo prueben, no tiene caso sentirse tan fuera de control, pero yo por kuriosito neta hice unas de las peores pendejadas.
Tengo miedo de ir por los resultados, k tal si me detienen a hacer preguntas, k hago? es seguro ir? k tal si si es, es ilegal sacarlo de humanos no? respondan porfavor!!!

El día 13, Alan escribe lo siguiente:

NNNOOOO MAMEEEEEN esta madre si es adrenocromo bueno eso creo por que en el analisis dice aparte de las estrusturas moleculares que tiene que la neta no entiendoy unos porcentajes de cada uno que tampoco entiende en conclusion dice que es una oxidacion u/o descomposicion de la adrenalina y un leve contenido de cromo pero casi nada no se pero esto pa mi si es adrenocromo

A continuación, hay quien pone en duda la veracidad o el sentido de tales análisis. Los foreros quedan a la espera de que Kaleidoscope cumpla su promesa de enviar unas muestras de la sustancia a uno de los miembros del Cannabis Café… y ahí acaba la historia (como suele pasar en estos casos).

Notas:

1- En otro punto, los autores mencionan lo siguiente: «El 31 de octubre de 1959, cuando regresé a mi casa, A. B. me llevó en coche hasta el tren. Me dijo que ya estaba normal, pero que no lo había estado el día anterior [en el que había tomado el adrenocromo]. Muchos meses más tarde, me dijo que no se recuperó por completo hasta que hubieron pasado dos semanas, pero su mujer sentía que, realmente, le llevó varios meses volver a la normalidad».

2 - Hoffer y Osmond parecen olvidar que el sujeto experimental, A. B., refiere, en diversas ocasiones, sentirse molesto por la «sensación de que los árboles explotaban súbitamente ante sus ojos», lo cual, si bien, pudiera no ser una alucinación en toda regla, probablemente podría definirse como una pseudoalucinación, una ilusión o un claro trastorno de la percepción.

 


 

 

 

Cannabinoides

En las dos últimas décadas se han creado compuestos artificiales que actúan de forma parecida al cannabis. Algunos tienen propiedades como fármacos, otros se han usado como drogas recreativas… En la era de Internet, en la que tanto los productos como la información son fácilmente accesibles, conviene saber en profundidad acerca de estas sustancias. La serie de artículos que comenzamos en este número abordará diversos aspectos sobre los cannabinoides sintéticos.

En el cannabis se encuentran de forma natural más de 400 sustancias diferentes. Los cannabinoides son los más conocidos: el tetrahidrocannabinol (THC) , el cannabidiol (CBD)y cannabinol (CBN) son los tres más conocidos y los que se expresan en mayor cantidad en las plantas, aunque la lista de cannabinoides que pueden aislarse en la planta del cannabis no para de crecer. Si en el año 2000 se habían descrito 15 cannabinoides, en 2018 son ya más de 80 sustancias diferentes: cannabicromeno(CBC), cannabiciclol (CBL), cannabigerol (CBG), monometileter del cannabigerol (CBGM), cannabielsoina (CBE), cannabinodiol (CBND), cannabitriol (CBT)…) las que se encuentran en la planta.

Pero además de los cannabinoides en la planta del cannabis pueden encontrarse una gran cantidad de sustancias diferentes. Los terpenoides y flavonoides son más de cien moléculas distintas que componen el aceite esencial de cannabis y son las responsables de sus propiedades olfativas y gustativas. El citroneol o el terpinol tienen efectos relajantes y se cree que podrían atenuar algunos de los efectos del THC. Otros como el alfa-terpineno o el 1,8-cineol parecen tener efectos psicoactivos que son independientes de los efectos de los cannabinoides. El limoneno tiene actividad antiinflamatoria y está presente en suficiente concentración en el cannabis como para suponer que tenga algún efecto. Existe mucho interés sobre todas estas sustancias, ya que pueden tener múltiples aplicaciones en campos como cosmética o la alimentación. Además, algunos científicos piensan que estas moléculas (que tienen un tamaño muy pequeño) pueden hacer efecto por vía olfativa, lo que abre interesantes perspectivas desde un punto de vista de la administración de fármacos. Además pueden encontrarse polifenoles, aceites esenciales y distintas grasas que tienen efectos biológicos comprobados.

En el mundo de los entendidos del cannabis es conocido que, distintas variedades de plantas, dan lugar a efectos psicoactivos y/o terapéuticos muy diferentes. Desde un punto de vista biológico, este hecho, se explica porque en cada variedad de planta los componentes aparecen en concentraciones distintas. Así, existen marihuanas que tienen una proporción muy elevada de THC (que producirá efectos potentes de tipo psicoactivo/alucinógeno, e inducirá cuadros de ansiedad con frecuencia) y otras con una proporción THC/CBD 1:1 más adecuadas para un uso terapéutico. Pero, como acabamos de explicar, el efecto del cannabis es mucho más que el efecto de los cannabinoides ya que la presencia de decenas de sustancias modula, matiza, potencia o reduce estas propiedades. Todos estos sutiles detalles pueden no ser apreciables para aquellos que no están entrenados pero, como sucede con el vino, los paladares más refinados (en este caso los cerebros más entrenados) pueden percibir la diferencia entre distintas variedades.

Así, una de las características más peculiares del cannabis es que, más que de una droga, se trata de una mezcla de drogas. El principio activo del éxtasis es la MDMA y el del speed el sulfato de anfetamina. Pero en el caso del cannabis nos encontramos con varias drogas distintas que, combinadas, producen efectos característicos. Además de ésta, otra de las peculiaridades de la planta del cannabis es el mecanismo por el cual produce sus efectos sobre el organismo. Hasta principios de la década de los 90 se pensaba que los cannabinoides se difundían de forma pasiva a través de las membranas de los tejidos del organismo, produciendo efectos inespecíficos. Desde entonces las ideas han cambiado radicalmente, aunque hay que explicar algunos conceptos mínimos de farmacología para poder entenderlo bien.

Los seres vivos están compuestos de complejísimos sistemas de señales de mensajeros y receptores, interrelacionados entre sí. Muchos fármacos y drogas producen sus efectos al unirse a receptores que se encuentran en las células de los órganos. Podríamos imaginar que los fármacos y las drogas pueden encender o apagar distintos “interruptores” celulares que dan lugar a sus efectos. Así, por ejemplo, podríamos decir que el omeprazol apaga temporalmente los interruptores que son responsables de la producción de ácidos en el estómago. Los antiinflamatorios como el ibuprofeno o el diclofenaco interfieren en la síntesis de moléculas que producen inflamación. Las benzodiacepinas (fármacos para dormir, tipo Valium, Orfidal…) actúan en receptores cerebrales del sistema límbico facilitando la aparición del sueño…

Muchos fármacos y drogas utilizan receptores (recordemos…”interruptores”) que el organismo utiliza de forma natural para otras funciones. La MDMA (éxtasis) actúa sobre el sistema de la serotonina de una forma parecida a como lo hacen algunos antidepresivos (los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, como ejemplo fluoxetina/Prozac) y es precisamente éste sistema uno de los encargados de regular el estado de ánimo. La cocaína actúa sobre el sistema de dopamina mesocórtico-límbico, que se encarga de regular el placer, lo que explica, según muchos científicos, las propiedades adictivas de esta sustancia.

Otras sustancias disponen de sistemas específicos, “interruptores propios” a los que se unen como una llave a una cerradura de forma definida y concreta. El más conocido es el sistema opioide. En los animales existen de forma natural unos receptores opioides que, al ser estimulados por los derivados de la planta del opio, dan lugar a un grupo de efectos: desaparición del dolor, euforia, estreñimiento, náuseas, contracción de las pupilas, picor, depresión respiratoria….Este sistema se descubrió a principios de la década de los 70 del siglo pasado y su conocimiento fue ampliándose en pocos años hasta descubrir los distintos tipos de subreceptores que están implicados, los órganos exactos en los que se encuentran y cómo activarlos o desactivarlos de forma específica. La síntesis de distintos derivados artificiales (buprenorfina, fentanilo, oxicodona…) busca activar o desactivar estos receptores de forma más específica para conseguir más efectos terapéuticos (sobre todocontrol del dolor) y menos efectos no deseados (dependencia, depresión respiratoria, estreñimiento…)

El ejemplo del sistema opioide nos servirá para entender el sistema biológico relacionado con el cannabis: el sistema cannabinoide endógeno (SCE). A mediados de los ochenta comenzaron a descubrirse receptores (“interruptores”) que se activan de forma específica por acción del cannabis. Los primeros receptores en encontrarse (CB1) se describieron en el cerebro de todos los vertebrados, sobre todo en zonas de la corteza, en áreas implicadas en el control del movimiento y en otras áreas que regulan procesos vegetativos y de asociación. La parte más profunda del cerebro, la que controla procesos vitales como la respiración o la circulación no tiene receptores CB1, lo que explica el hecho de que el cannabis sea una droga segura a nivel físico en sobredosis. Los receptores CB1 también se encuentran, en menor cantidad, en la retina y el testículo de los machos.

Posteriormente se descubrió la existencia de otro tipo de receptores (CB2), que se encuentran de forma específica en el sistema inmunológico. Se sabe que los CB2 tienen propiedades antiinflamatorias aunque muchos investigadores creen que su importancia de estos receptores es mayor. Las teorías más recientes sobre la formación de tumores sostienen que, a lo largo de la vida de una persona, se desarrollan decenas o cientos de tumores en distintas partes del organismo. La aparición de tumores sería algo “normal” y cuando el sistema inmune funciona correctamente es capaz de detectar y eliminar esas células cancerígenas. El cáncer surgiría cuando el sistema inmune está deteriorado y es incapaz de mantener su capacidad de control sobre los tumores. Estas teorías, ampliamente aceptadas en el momento actual por la comunidad científica, sostienen también que los receptores CB2 tienen un papel crucial en la regulación de esta actividad y son la base teórica de las propiedades antitumorales de los cannabinoides.

Un hecho sorprendente es que los receptores de cannabinoides no se encuentran sólo en los mamíferos, sino en todos los vertebrados (aves, reptiles, peces…). Desde un punto de vista biológico-evolutivo, resulta sorprendente que se haya seleccionado un sistema biológico a lo largo de millones de años que se activa de forma selectiva por un vegetal. Y que ese sistema biológico aparezca además en muchas especies animales que no tienen contacto con las plantas. Dicho de otra forma…si las sardinas, los periquitos y las ranas tienen receptores de cannabinoides, éstos están allí para algo más que disfrutar de los efectos del cannabis, ya que es extraordinariamente improbable que estos animales entren en contacto con la planta a lo largo de su vida. Con este planteamiento los científicos se pusieron a buscar qué sustancias producen los vertebrados que, de forma natural, se unan a los receptores CB1 y CB2. Durante la década de los noventa se descubrieron los dos más importantes: la araquidonoiletanolamina o Anandamida y el 2-araquidonilglicerol (2-AG), y en la última década se han caracterizado otros dos (N-Araquidonoil-dopamina, NADA) y virodamina. Estos compuestos aparecen de forma natural en una enorme variedad de especies animales, así como en semillas y moluscos.

Teniendo ya todas las “piezas del puzle” del SCE, la siguiente cuestión sería conocer para qué sirve. Siguiendo con el razonamiento evolutivo-filosóficas, un sistema que se encuentra en todos los vertebrados y que se distribuye en zonas primordiales de los organismos (cerebro e inmunidad) debe tener funciones igual de importantes. Acabamos de mencionar el control de los tumores, pero el SCE parece estar implicado en muchas más funciones: la actividad y la coordinación de los movimientos, el control del dolor, procesos de memoria y aprendizaje, regulación de la secreción de hormonas, control del vómito, la temperatura y el apetito, regulación de la tensión arterial y de la dilatación de los bronquios…

El cannabis activa el SCE de forma específica. Pero hemos visto al principio de este artículo que la planta contiene decenas de componentes distintos y que cada variedad de planta expresa estos componentes en concentraciones distintas. Por lo menos, desde un punto de vista teórico, disponer de cada uno de los cannabinoides por separado puede permitir manejar mejor sus efectos (tanto desde un punto de vista terapéutico como recreativo). Pero, aún más allá, abre la puerta a la síntesis de nuevas moléculas que actúen de forma distinta. Se pueden diseñar sustancias que activen el SCE con más potencia, o que activen algunas de sus partes específicas pero desactiven otras, o que tengan efectos contrarios a los que producen los cannabinoides naturales…

En las próximas entregas de esta serie repasaremos los distintos cannabinoides sintéticos que han aparecido durante los últimos años y describiremos sus efectos, riesgos, usos recreativos y terapéuticos. Comenzaremos por algunos de los distintos fármacos que se han comercializado en la última década (dronabinol, nabilona, rimonabant…) y revisaremos después las familias más importantes de cannabinoides sintéticos (ciclohexilfenoles, naftoilindoles, fenilacetilindoles…). Haremos referencia explícita a aquellas sustancias que han recibido atención por parte de los medios de comunicación en tiempos recientes, como el fenómeno Spice: mezclas herbales que contienen cannabinoides sintéticos y que hasta hace poco tiempo podían adquirirse de forma legal a través de Internet o en algunas smart y grow shops. Teniendo en cuenta la actualidad del fenómeno y la rapidez con la que se suceden las novedades en este terreno, es más que probable que la actualidad nos obligue a incidir en aspectos no previstos.

 

 

Extracción casera de resina en seco

Truco del Mes

Al terminar un cultivo, tras la cosecha, vuelve el interés por aprovechar esos restos de hoja de manicura y pequeños cogollos y sacarles hasta el último grano de ese oro en polvo mal llamado "polen". Con hielo y agua, en seco, con "lavadora", a mano... El caso es conseguir los tricomas en los que se contiene el preciado THC y el resto de cannabinoides, un regalo de los Dioses que nos cura, nos calma y nos transporta al sueño mas reparador.

Por: Dedo Velde

En ocasiones me pongo a pensar en la gran cantidad, inmensa cantidad de peña que consume hachís, en nuestro país, de toda edad y condición, y que sin embargo no tienen ni idea de su composición, de qué está hecho y como se fabrica. Como el objetivo de estos artículos es más bien práctico, no vamos a entrar a contar una "historia del hachís" más, y por el contrario vamos a ir al grano y este mes veremos de forma sencilla qué es el hachís y cómo podemos hacernos el nuestro propio a partir de los restos de nuestras cosechas de autoconsumo.

Jachís, Hashís, Haxixi

Bajamos al parque a pillar o viene nuestro kamello, soltamos la pasta y a cambio nos dan un pedrolo, una plakita o una bellota de algo que puede ser negro, verde, marrón… Básicamente, la piedra ideal de hachís debería estar compuesta exclusivamente de tricomas, o sea, las glándulas que la planta de cannabis hembra produce en las flores y zonas cercanas durante la floración. Estas glándulas con forma de chupachups son las que contienen en su interior los cannabinoides que es lo que coloca, y además muchos agentes aromáticos que son los que huelen y saben, y otros compuestos no psicoactivos que también están ahí.

Los diferentes efectos que se producen al consumir hachís dependen de la relación entre la cantidad de cannabinoides contenidos en esos tricomas, pero esta relación cambia dependiendo del momento de la cosecha y por tanto, de la transformación con el paso del tiempo de los compuestos que contienen. Por otra parte, la observación de los tricomas tampoco nos dice mucho si no sabemos más o menos cuál es el efecto que producen según su forma y su estado, ya que lo que el cultivador busca es un determinado efecto en la variedad concreta que está trabajando, y este dependerá de lo que contengan estas glándulas.

De alguna forma, a través de la coincidencia de diferentes autores y expertos se han hecho tres grupos básicos, a saber: cosecha temprana, óptima y tardía. Dependiendo de cada uno de los tres estados, los tricomas contienen diferentes niveles de cannabinoides y agentes aromáticos. Tienen tres tonos, transparente, lechoso y ámbar. También la longitud y forma del palito que sujeta la cabeza del tricoma es un buen indicador. Vamos a describir las formas y tonos que se pueden encontrar en cada una de las fases:

Cosecha temprana: Los tricomas son transparentes con base larga pero recta. Son ricos en THCA. Esto provoca un efecto mas estimulante, pero necesitan perder su forma ácida mediante la aplicación de calor y/o un perfecto curado para manifestar su potencialidad. También existe pérdida de aromas, debido a que los agentes aromáticos, terpenos, sesquiterpenos y otros, aún no se han desarrollado adecuadamente.

Cosecha óptima: Cuando su base deja de ser recta y se empieza a curvar y a afinar hacia la punta, el contenido de THC (sin la parte ácida) es mayor. Algunas glándulas tomarán coloración ámbar transparente, dependiendo de la variedad y si el cultivo es interior o exterior, pero conservan la forma del pie del tricoma.

P1015517P1015517

Cosecha tardía: Si se retrasa la cosecha, los tricomas comenzarán a tomar coloración ámbar y/o lechoso u opaco. Cuando son de color ámbar transparente el tricoma contiene todos sus agentes aromáticos, pero el THC se degrada a CBD rápidamente en contacto con el aire, provocando un efecto mas narcótico. Se puede apreciar visualmente el hecho de que los tricomas ámbar pierden su transparencia para ir adquiriendo un tono bastante más opaco, mientras sus pies se empiezan a retorcer.

Por último, los tricomas blancos lechosos de pie retorcido, o en los que se aprecia como el pie va “adelgazando”, en concreto en la zona media, contienen cantidad de CBDA, hecho que provoca la aparición de CBN una vez cortada la planta. La función del Cannabiniol parece ser la de regulador en la interacción THC / CBD , aunque aún hay mucho por investigar en este campo.

Como se podrá apreciar, las indicaciones que aparecen en la mayoría de documentos y manuales de cultivo están claramente enfocados hacia conseguir altos niveles de THC, pero quizá no sea éste el cannabinoide que preferimos, o igual se puede dar el caso de que aunque obtengamos niveles altos de THC pero también lo hagamos con el CBD, o bien preferimos una buena carga de CBN potencial que irá cambiando el equilibrio de la psicoactividad del cogollo en la fase de curado.

Así pues, se trata de separar de alguna manera los tricomas del resto de materia vegetal para, a continuación, prensarlo formando una pastilla o "piedra". Como veremos a continuación, ya existen diferentes sistemas "llave en mano" en el mercado, sin embargo, no todos son asequibles para muchos bolsillos, por lo que os vamos a facilitar una forma barata y eficiente para realizar vuestras extracciones en seco.

¿Cómo se consigue?

Como comentábamos, el objetivo es separar las glándulas o tricomas del resto de materia vegetal y posibles cuerpos extraños (polvo, pelos, restos de insectos...) que se encuentren en lo que llamamos "cogollo" y cualquier otra parte de la planta que pueda contener las preciadas glándulas.

Para ello existen distintos métodos, desde los tradicionales como la extracción mediante pieles de cabra curadas que realizan los afghanos o el charas manual de los indios y monjes nepalíes, pasando por los mas modernos como el sistema de "apaleado" marroquí con origen en la influencia extranjera que les presentó el sistema, hasta los punteros tipo "lavadora" para extracción con hielo y agua o tambores y vibradores automatizados para la extracción en seco.

Vamos a limitarnos a los sistemas actuales, es decir, los que podemos adquirir en tiendas especializadas o a través de internet. Todos ellos, ya sea en seco o en agua, se basan en la separación de las glándulas por filtrado, para lo que se utiliza una o varias mallas de nylon o metálicas con abertura estandarizada, de las que conocemos como de "serigrafía". Estas mallas se ofrecen con diferentes tamaños de abertura, por lo que se puede ir separando la materia atendiendo a su tamaño o grosor. Como los tricomas suelen tener un tamaño homogéneo entre si y una densidad diferente, resulta relativamente sencillo "cribarlos" a través de las mallas hasta obtener una masa de ellos lo mas pura posible.

Usualmente, si el proceso se realiza correctamente, el hachís obtenido mediante extracción con hielo y agua suele ser mas puro y limpio pues el agua arrastra la mayoría de impurezas, pero también gran parte del aroma, con lo que son mas insípidos. Por otra parte, el proceso es bastante engorroso aún con "lavadora" y el hachís no se puede consumir inmediatamente ya que hay que esperar hasta que las glándulas se encuentren totalmente secas antes de poder amasarlas.

La pureza del hachís extraído en seco al estilo marroquí, depende en gran medida de la habilidad y capacidad de observación durante el proceso de extracción. Dependiendo del grosor de la malla deberemos golpear con mas o menos intensidad al objeto de separar los tricomas y que al mismo tiempo se desprenda la menor cantidad de materia vegetal posible, lo que podremos controlar a base de observar el color del polvo extraído, siendo mejor cuanto menos verde es. De cualquier manera, con este sistema es difícil evitar el paso de polvo y partículas, con lo que sólo las primeras pasadas serán de altísima calidad. En contrapartida, se obtiene mas cantidad en total y se puede consumir directamente tras su extracción.

Como decíamos, vamos a explicar como construirse y utilizar un "Chokoleitor", como damos en denominar el invento de este mes. Se trata de un sistema de extracción en seco al estilo marroquí, pero con algunas mejoras. Para ello, sólo necesitaremos un juego de mallas de las de extracción con agua; son una especie de bolas de plástico flexible que por un extremo se cierran y por el otro llevan la malla. También utilizaremos un par de baldes de plástico pequeños con una abertura aproximada al diámetro de la malla y una sierra fina o segueta.

Cogemos uno de los baldes y lo cortamos a unos 10 centímetros de altura desde el borde superior, de manera que nos quedan dos partes separadas: el fondo del balde y la parte superior que se ha convertido en un aro. Ahora cogemos una de las bolsas, abrimos a tope el cierre y metemos dentro el otro balde que conservamos de una pieza, de manera que el circulo de la malla quede centrado sobre la boca del balde. Cerramos el cierre y tensamos la malla a base de estirar por la parte inferior, como si fuera un tambor.

A continuación cogemos el aro que nos quedó del balde cortado y lo introducimos apretando en el que tenemos preparado con la malla cogiendo a esta entre medias, con lo que quedará perfectamente tensada. Sólo nos falta poner los restos de cosecha sobre la malla, tapar todo con el "culo" que nos quedó del balde cortado dándole la vuelta y comenzar a sacudir. Cuando queramos examinar o recoger lo extraído, deberemos dar la vuelta a la bolsa de fuera a adentro de manera que ahora contenga la parte superior, o sea, la hierba, el aro y la tapa, procurando no perder la tensión. Para continuar, volver a introducir toda la parte superior de nuevo en el balde y de nuevo dar la vuelta a la bolsa de adentro a afuera, quedando en la posición original.

Algunas consideraciones a tener en cuenta, son el hecho de que es imprescindible que los restos se encuentren perfectamente secos y congelados antes de iniciar el proceso de extracción, procurando realizarlo lo mas rápidamente posible. Cuando veamos que la tapa comienza a "sudar" habrá que parar e introducir de nuevo todo el invento en el congelador, ya que si no comenzará a pasar la materia vegetal y también es importante el grosor de la malla. En principio podemos utilizar cualquiera, pero si es muy gruesa pasará mucha materia vegetal bajando la calidad. Si es muy fina, pasarán muy pocos tricomas o incluso ninguno si éstos son muy gruesos, así que habrá que ir probando con grosores intermedios hasta dar con el mas adecuado para el material que estamos trabajando. En general, entre las 150 y las 100 micras (lo que mide el agujero) obtendremos buenos resultados.

Debemos tener en cuenta que cuanto mas fuerte sacudamos y mas tiempo pase, pasará mas materia no deseada, por lo que tendremos que tener cuidado en este aspecto e ir reservando, por ejemplo, lo obtenido en las primeras pasadas de cada tanda de forma que su calidad sea mas alta. También podemos "refiltrar" el producto de nuevo sobre la malla tensa y haciéndola vibrar con mucho cuidado.

Esperamos que el truco de este mes os ayude a disfrutar de ese autopolen de autofactura. Me disen Dedo Velde

 

¿Quieres colaborar en Cannabis Magazine?

colabora con Cannabis MagazineLeer más

 

Se acabó el miedo: fumiga a tope hasta el último día de floración con acaricida biológico

Foto 3 Superkukulus aplicacion final de floracion foliarDesde hace muchos años se han utilizado productos muy agresivos y tóxicos para tratar las plagas en el cannabis...
Leer más

 

Consejos Legales

Consejos legales para el cultivador de cannabis.

Artículo que ofrece una serie de consejos para quienes cultiven, en caso de tener problemas legales. Una Guía para saber qué hacer y que no ante una posible intervención policial.       Leer más...

 

 

 

Música y Media