Ann Shulgin. Conferencia sobre el uso de MDMA en psicoterapia

Autor: Sulfato Gómez 

III Jornadas sobre Enteógenos. Barcelona 1.998


La dosis terapéutica empleada con la MDMA es de 120 mg., aun cuando la primera vez se pueden usar 100 mg. Si a la hora y media el paciente desea, puede consumir un suplemento de 40 mg., éste no intensificará la experiencia, pero si la alargará.

Es muy importante que antes de la sesión el terapeuta realice un contrato verbal con el paciente, mirándole cara a cara y siendo consciente de que no sólo está hablando al consciente del paciente, sino también a su inconsciente, que recogerá la información. El contrato debe de recoger las siguientes reglas:

1) Todas las sensaciones sexuales se permiten y se pueden verbalizar y hablar sobre ellas, pero no se iniciará ninguna actividad sexual en esta sesión.
2) Todos los sentimientos de agresión, hostilidad y enfado se permiten y se deben hablar, pero sin actuar en contra mía o de mis posesiones, con excepción de los acuerdos a los que hayamos llegado previamente.
3) Si tú el paciente pudieses ver la amistosa puerta de la muerte y que dando un paso puedes atravesarla y dejar ésta vida, no lo harás en el transcurso de la sesión. No dañarás la vida así conmigo porque eso me haría daño a mí, y no nos haremos daño tu y yo.
4) Vas a jurar aceptar estas reglas sin restricción ninguna.

La primera regla es obvia y no precisa comentarios.

Respecto de la segunda, el terapeuta debe hacer posible expresar la ira, el deseo de matar y todos los sentimientos de agresión y violencia cuando aparezcan las memorias en el paciente. Puede hacerse uso de cojines, almohadas, viejas sábanas etc.. sobre los que el paciente puede expresar estos sentimientos golpeando y rasgando, debe acordarse previamente cómo hacerlo. Debe de disponerse de una habitación especial para la sesión donde sea posible gritar y golpear.

Es una cuestión de vida o muerte. Al realizar el contrato verbal, queda registrado en la mente inconsciente, sabe que hay reglas. La puerta de la muerte es real, toma muchas formas, casi todas suaves. No es de naturaleza seductora, irresistible, que atrapa, pero suele ser dulce. Su mensaje es : "Aquí está el camino de vuelta a casa para cuando decidas volver" Si el paciente está muy deprimido, podría decidir irse, pero el contrato que ha realizado es suficiente para impedírselo. Algunas personas han decidido irse y han sido devueltas, pero al menos una no volvió. Esto ocurrió en Francia, y el terapeuta no había realizado el contrato previo con el paciente. Esto es un desastre para el terapeuta, porque puede arruinar su vida profesional y personal, por eso es que este punto es muy muy importante.

La sesión dura unas 6 horas. Incluso 8 o 10, y depende no sólo del tipo de sustancia, sino también del tipo de problema, psicológico o espiritual, muchas veces en la experiencia, las confrontaciones emocionales o espirituales empiezan a última hora.

La mayor parte de las sesiones tienen un trabajo intenso durante las 6 horas, pero si se produce una lucha vital en el último instante, el terapeuta debe continuar la sesión hasta que se consiga la salida.

La psique va sola, no necesita ser dirigida, el terapeuta está ahí para ayudar al paciente, dedicándose en cuerpo y alma a ser su soporte y su guía cuando sea necesario. Cuando el paciente dice que ya está cansado, entonces eso es una señal de que su psique está ya cerrando las puertas, y entonces y sólo entonces el terapeuta ha de empezar a cerrar la sesión.

La MDMA es entactógeno, esto es, que permite tocar hacia adentro, permite acceder a lo interno. Es una droga de visión interna. Una de las formas en que actúa es que elimina el miedo cuando uno se encuentra con las sombras, de forma que en su lugar aparece una aceptación pacífica de cualquier cosa por negativa que parezca y compasión no usual respecto de uno mismo. Se produce pues una aceptación de todos los aspectos de la naturaleza de uno mismo, del amoroso y del despreciable, del generoso y del ladrón etc . Su efecto puede ser comparado a a ser mecido en los amorosos brazos de Dios, y ésta es una de las experiencia más sanadoras que existen.

Una vez se siente ésta validación tan total de lo que uno es, los hábitos de defensa comienzan a caer. El terapeuta debe de recordar que la sombra está ahí en él y en todos por un motivo, la autoprotección y la defensa, no sólo de lo físico sino también de su imagen inconsciente, para que ésta tenga un cierto grado de aceptación. El niño creó éstas barreras para sobrevivir. La MDMA le sugerirá cambios sin rechazo ni culpa.

El grado de interiorización depende de la voluntad del paciente, de la voluntad de mirar cara a cara las sombras, los aspectos cerrados, reprimidos de su naturaleza. A lo largo de la sesión se le pide que se enfrente a sus demonios, los guardianes de la puerta en terminología budista. Lo que uno cree que va a ver, una serie de entidades inaceptables, puede llevar a un estado de miedo que no tiene paralelo en la vida. Ninguna persona debe de ser llevada a eso sin que el terapeuta le diga que ESO NO ES TODA LA VERDAD DE LO QUE ÉL ES, AUNQUE SEA UNA PARTE IMPORTANTE Y ESENCIAL.

Antes de la sesión, de adentrarse en éstos territorios, debería de haber mucha discusión con el paciente acerca no sólo de la naturaleza de la sombra, sino también de la compasión por el niño, de por qué él desarrolló una serie de patrones y respuestas emocionales en aquel mundo. En esta discusión preliminar, entra en juego la experiencia del terapeuta, así como su persuasión, antes de pedirle al cliente realizar una sesión.

Por parte del terapeuta, éste debe de haber sentido esa sensación en su estómago de abrir unas cuantas partes de su esencia. Debería de haber sido ayudado a su vez por un amigo o terapeuta que sepa como llevarle a través del terror de la sombra y sacarle, sólo un terapeuta así puede transmitir lo necesario en el viaje. Ésto se debe hablar primero con el paciente, es esencial para que él se sienta seguro y cómodo.

En ocasiones, cuando la psique anuncia la destrucción de una imagen, cuando el superviviente ( el que ha quedado tras las defensas ) siente los pasos de esos monstruos que ha dejado fuera de la vista, puede no haber ninguna respuesta a la sustancia, o bien crearse un estado nervioso que tapa como una manta todos los efectos.

Hay otras aspectos en las que la terapias con MDMA difieren de otras terapias o técnicas de crecimiento espiritual. El terapeuta debe de dejar a un lado todo lo preconcebido en lo posible, debe de aprender de una nueva parte, una nueva faceta del universo, el paciente es un ser completamente nuevo para él, debe de estar preparado para una nueva simbología y con la máxima atención para vislumbrar la estructura emocional y espiritual y las reglas de ese ser humano único que tiene delante.

Hay que recordar que la psique del paciente, al igual que la de todo ser humano, tiene una componente que lo ayuda, el autosanador, o su ser superior, o guía o superentendiente o como queramos llamarlo, y esto hay que decírselo al paciente, porque le ayudará a activarlo.

Otra regla fundamental es que tanto con un paciente como con un amigo, se tiene que sentir algo muy cercano al amor por la otra persona, no se puede ser estrictamente intelectual, ha de existir algo más profundo, a nivel visceral. Ésto no se puede forzar, como ya sabemos, y se ha de tener una visión interna suficientemente sincera como para ver si se tiene un sentimiento verdadero. Si hubiera sentimientos de aversión, el terapeuta debe de estar preparado para investigar las razones de esos sentimientos, y y en caso de no poder resolverlos, debería de dirigirlo a otro terapeuta.

Esa conexión con la habilidad de preocuparse con el paciente, que habrá experimentado en anteriores ocasiones, deberían de haber llevado al terapeuta a dar pasos en sí mismo que le habrán llevado al lugar de la participación mística. Si la sesión se lleva en un sitio realmente adecuado, como un espacio naturales, él habrá sentido en anteriores ocasiones ya esa hermandad con toda planta, animal, insecto, con todo ser viviente y habrá sentido como todo está relacionado , habrá sentido que todo está vivo y que todo lleva en sí esa misma chispa que lleva él en su interior, que comparten todos los seres y que es la Fuente de la Vida y de todo cuanto existe, que todos somos partes altamente individualizadas de un mismo ser consciente.

Debe de tener compasión, incluso amor, por ese ser que tiene delante, el paciente, viendo en él un ser espiritual idéntico a sí mismo, con una individualidad que lo hace ser nuevo y diferente, único.

 

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