5 Los inicios del consumo de drogas en civilizaciones entre los ríos Tigris y Eúfrates y el Nilo

Hoy seguimos con la HISTORIA DEL CANNABIS después de un pequeño parétesis para haceros entrega del quinto capítulo.

De la Mano de Isidro Marín nos adentramos en el antiguo Egipto, Mesopotamia y descubriremos los primeros indicios de esta sorprendente civilización en el uso que le daban a las primeras sustancias con efectos alucinógenos (para ellos) como la cerveza o el opio.

© Isidro Marín Gutiérrez

Existen indicios de consumo de opio en los lagos suizos y el norte de Italia del siglo XXV a. C. en donde ya se cultivaba opio para ciertos ritos religiosos y como fármaco. Pero los primeros datos en donde no tenemos dudas sobre el uso de diversas drogas psicoactivos se encuentran en Asia Menor, que puede por ello afirmarse que es la cuna de los principales hallazgos en drogas psicoactivas y, también, la cuna de nuestras civilizaciones.

Mesopotamia

Las civilizaciones que a partir del tercer milenio antes de Cristo se desarrollaron entre los ríos Eufrates y Tigris fueron bastante curiosas. Tras las desecaciones del periodo mesolítico, sólo junto a las corrientes de agua de gran potencial y permanencia fue posible la vida humana y así, junto a las riberas de los mencionados ríos se desarrollaron magníficas civilizaciones, que conocieron la escritura, las leyes y la religión. Poblaciones urbanas, fuertemente estratificadas en castas, tenían a su cabeza un rey-sacerdote o un rey-dios que, rodeado de sus iguales, nobles y clero, gobernaban de forma autoritaria a los hombres libres y a los siervos y esclavos. Conocieron la metalurgia y el arte, el comercio y el derecho, cultivando amplias extensiones por medio de regadíos artificiales y pastoreando importantes rebaños para su alimento. Eran ciudades-estados que guerreaban entre ellas, se aliaban o quedaban sometidas temporalmente a algún imperio. Así en el año 538 a. C. el persa Ciro II invade de forma definitiva Babilonia, destruyendo esta rica civilización que se remonta a cinco milenios atrás. Esta invasión, que terminó con una rica e importante cultura, impidió que evolucionara y que, como ocurrió con otras, por ejemplo la egipcia, fuera contaminada por civilizaciones diferentes que enmascaran su pureza. Por ello los restos de la cultura del pueblo de Asur son enormemente limpios, no influidos por las ricas civilizaciones griega y romana, y los hallazgos arqueológicos que nos han llegado nos muestran con gran fidelidad la vida y la medicina de sus pobladores.

Las formas de subsistencia fueron muy difíciles y arduas. Los pueblos del norte, los asirios, que habitaban las montañas, eran belicosos, ganaderos y mineros. Los del sur, que habitaban los llanos fértiles, eran gentes de Babilonia, pueblo más tranquilo, rico y agricultor. Las condiciones de vida fueron de gran dureza y sólo una cultura eminentemente personalista y espiritualizada pudo compensarlas. El pueblo que vivió esas ciudades y esos campos estuvo impregnado de un pensamiento amargo y pesimista, con una visión desesperanzada de la vida a la que no veía posible mejora ni mitigación de sus sufrimientos. Su religión les enseñaba que eran seres creados para la diversión y el placer de los dioses. “Para hacer habitar a los dioses en una morada que alegre su corazón Marduck creó la humanidad”, se afirmaba entre ellos y esta misma actitud, de resignada entrega en manos de los dioses, se puede encontrar en el más famoso de sus poemas épicos, el de Gilgamesh, en que este héroe, de forma similar a como realizara Hércules sus trabajos, debe superar una serie de pruebas de creciente dificultad. Es evidente, como podemos ver en su texto, esta actitud vital tan clara: “La vida, que tanto anhelas, nunca la podrás alcanzar. Porque, cuando los dioses crearon al hombre le infundieron la muerte, reservando la vida para sí mismos. Gilgamesh, llena tu vientre, alégrate de día y de noche que los días sean de completo regocijo, cantando y bailando de día y de noche. Vístete con ropas frescas, lava tu cabeza y báñate. Contempla al niño que coge tu mano, y deléitate con tu mujer, abrazándola, porque esto es lo único que se encuentra al alcance de los hombres”.

También se conocen algunos remedios que sin duda la experiencia, siempre unida a la magia, habría mostrado como eficaces. Así, en esas tablillas que los jóvenes estudiantes tenían para apuntar algunos recordatorios de las enseñanzas también se encuentran datos de algunos remedios farmacológicos, fisioterápicos o quirúrgicos. En la farmacia mesopotámica se empleaban tanto drogas minerales como vegetales, como animales. En fisioterapia se conoció el uso del calor, de los masajes y de los baños. Y en cirugía se conocieron algunas operaciones complejas, como la de catarata.

La gran medicina se ejercía en los templos, la realizaban los sacerdotes, que aprendían unos de otros, enseñando los maestros a los jóvenes. La enseñanza era sólo para iniciados y en una lengua ya abandonada, como el sumerio, que, al igual que el latín más tarde, jugará el papel de mantenedora y ocultadora de la ciencia oficial. Los novicios aprendían de sus mayores, dentro de un gran secreto, las artes curadoras que se transmitieron de generación en generación. Una de las tablillas, en ese sentido, nos dice: «que el que sabe instruye al que sabe, y que el que no sabe, que no lea».

La diosa de la cerveza

Ninkasi, la diosa sumeria de los brebajes que socorre al intoxicado Enki, es una figura que sugiere conocimientos farmacológicos siste­máticos. En la antigua mitología de la mesopotamia, Ninkasi, fue "la Señora que llena la boca". Diosa de la elaboración de cerveza o del alcohol, y nacida de "agua dulce y brillante". Es una de las ocho deidades creadas por Ninhursag para sanar a Enki. Se dice que nació por el dolor de boca de Enki, y Ninhursag declaró que debía ser la diosa que "sacia el corazón". Pues bien, esta diosa era también la diosa de la cerveza. Ella todos los días preparaba las dosis de cerveza indicadas para que bebieran los demás dioses. Las tablillas que aparecen en este artículo provienen del siglo XIX a.C., y contienen un himno religioso, el Himno a Ninkasi, que describe cómo el pan de cebada que preparaban los sumerios (el "bappir") era mezclado con condimentos y puesto a fermentar en una gran tinaja. El bappir era un pan de emergencia, que se almacenaba durante largos períodos y sólo era consumido en tiempos de escasez. Es comprensible que los sumerios descubrieran la cerveza a partir de la fermentación fortuita del bappir húmedo. Según el Himno, el pan era un ingrediente principal de la cerveza, porque el almidón que contiene suministraba el suficiente para la obtención de azúcares. El pan sumerio era un modo muy efectivo de almacenar las materias primas para la elaboración de cerveza.

Himno a Ninkasi

Nacida del agua corriente, cuidada tiernamente por los Ninhursag.

Habiendo fundado tu ciudad junto al lago sagrado, ella construyó sus grandes murallas para ti.

Ninkasi, habiendo fundado tu ciudad junto al lago sagrado, ella construyó sus grandes murallas para ti.

Tu padre es Enki, el Señor Nidimmud, tu madre es Ninti, la reina del lago sagrado.

Ninkasi, tu padre es Enki, el Señor Nidimmud, tu madre es Ninti, la reina del lago sagrado.

Eres la que maneja la masa [y] con tu gran pala mezclas en un pozo el bappir con dulces condimentos.

Ninkasi, tú eres la que maneja la masa [y] con tu gran pala mezclas en un pozo el bappir con [dátiles] miel.

Tú eres la que cocina el bappir en el gran horno, ordenando las pilas de granos pelados.

Ninkasi, tú eres la que cocina el bappir en el gran horno, ordenando las pilas de granos pelados.

Eres la que humedece la masa de malta en el suelo, mientras tus nobles perros apartan aún a los potentados.

Ninkasi, tú eres la que humedece la masa de malta en el suelo mientras tus nobles perros apartan aún a los potentados.

Tú eres la que pone en remojo la malta en una jarra, las olas se elevan, las olas caen.

Ninkasi, tú eres la que pone en remojo la malta en una jarra mientras las olas se elevan y las olas caen.

Eres la que extiende la masa cocida y triturada sobre grandes filtros de junco de junco [entretejido, la frescura vence; Ninkasi, tú eres la que extiende la masa cocida y triturada sobre grandes filtros de junco [entretejido, y la frescura vence.

Eres la que sostiene en ambas manos la cerveza fresca, fermentándo[la] con miel [y] vino.

(Tú, la dulce cerveza nueva en la vasija) Ninkasi, (...) (Tú, la dulce cerveza nueva en la vasija)

La cuba de filtrado, con su agradable sonido, tú la pusiste adecuadamente en una gran tina colectora.

Ninkasi, la cuba de filtrado, con su agradable sonido, tú la pusiste adecuadamente en una gran tina colectora.

Cuando derramas de la tina colectora la cerveza ya filtrada es [como] las crecidas del Tigris y del Éufrates, Ninkasi, tú eres la que derramas de la tina colectora la cerveza ya filtrada, y es [como] las crecidas del Tigris y del Éufrates.

La elaboración de la cerveza sumeria en la actualidad

Si leemos bien con atención dicho poema, escondida dentro del texto religioso del himno se encuentra la receta de la cerveza sumeria. A principios de los años 90 del siglo XX, Fritz Maytag de la empresa cervecera Anchor y Solomon Katz de la Universidad de Pennsylvania trataron de reproducir la cerveza sumeria usando como única referencia el Himno a Ninkasi. Amasaron y hornearon bollos de pan bappir de diferentes cereales, los cubrieron con miel y los hornearon por segunda vez hasta lograr una consistencia similar a la de la granola. Las bolas de pan resultantes se trituraron con gran cantidad de malta para asegurar una buena conversión de almidones, y se dejó enfriar la mezcla a temperatura ambiente. Se exprimió el líquido dulce de la masa de granos y se colocó a fermentar. Se adicionó la levadura, y la bebida, terminada la fermentación. Esta bebida finalmente tenía un contenido alcohólico de 3,5 % en volumen. Para guardar la tradición, Maytag y Katz sirvieron la cerveza en grandes jarras de barro al estilo sumerio, y se la bebieron utilizando unos sorbetes o bombillas construidas según el modelo de las pajas de beber sumerias, desenterradas de la tumba de la Dama Pub-abi en Ur. Esas bombillas están hechas de oro y lapizlázuli y son de mediados del tercer milenio a.C. Durante el siglo XXII a. C. son otras tablillas sumerias donde se menciona la cerveza como remedio, recomendán­dose para mujeres en estados de lactancia.

El consumo de opio

Así, como ya hemos visto antes, la primera droga que se registra en un documento es el opio. Hace más de 5.000 años las tablillas cuneiformes descubiertas en Uruk representan al opio con dos signos, de los cuales el segundo significa también «júbilo», «gozar». Las cabezas de adormidera se extienden también a algunos puntos del Mediterráneo. Aparecen en los cilindros babilónicos más antiguos, así como en las imágenes de la cultura cretense-micénica.

En el Código de Hammurabi (siglo XVIII a. C.), cuyos preceptos sobre «casas de bebida» o tabernas muestran la importancia y difusión de los vinos en esa época. Su artículo 108 establece que «si una tabernera rebaja la calidad de la bebida, y esto fuese probado, la arrojarán al agua». Considerando que el ahogo o asfixia es una de las tres formas de pena capital previstas en este Código, no cabe duda que lo que se pretendía es que no se diera gato por libre en estos establecimientos públicos. Además de bebidas alcohólicas, sabemos que en las tabernas existían prostitutas, y eso explica la prescripción de su artículo 110: «Si una sacerdotisa entrara en una taberna, esa mujer será quemada». Las sacerdotisas de Ishtar eran desde luego rameras sagradas, pero ni su forma de pago ni su lugar de trabajo ni su clientela tenían nada que ver con los de las prostitutas laicas. Lo que pretendía esta ley era no mezclar estos dos tipos de prostitución, aunque, a mi entender hicieran lo mismo.

Las daturas y la mandrágora aparecen en diversas tablillas con los babilonios igualmente. También datos botánicos nos indican que ya hay cannabis en la zona, pero aún no se registra por escrito hasta que llega el dominio asirio durante el siglo IX a. C. en donde el cannabis se menciona como incienso ceremonia. El sistema de quemar ciertas sustancias e inhalar su humo (el sahumerio) gozó de gran éxito en la Antigüedad.

También sabemos que la medicina babilónica no sólo usaba habitualmente opio, mandrágora, cáñamo, cerveza y vino, sino sustancias de gran actividad como el eléboro negro y otros venenos. Así, los médicos debían tener mucho cuidado en la administración de sus medicamentos. Podía negarse a dar tratamiento a un paciente, o advertir de antemano con claridad sobre los inconvenientes e insuficiencias de su terapia, exigiendo la aceptación previa del riesgo (y la consiguiente reducción de su minuta). Pero si presumía de su capacidad y la cura mataba a su enfermo perdía ambas manos; si sólo se seguía empeoramiento estaba obligado a indemnizar.

El antiguo Egipto

Los conocimientos farmacológicos egipcios estaban bastante desarrollados y que no han sido sobrepasados hasta tiempos recientes. Desde que en 1890 Joachim publicó el papiro hallado en Tebas por G. M. Ebers -cuya redacción se sitúa hacia el XII a. C.- era claro que la materia médica egipcia poseía una variedad increíble; pero el transcurso del tiempo ha venido a mostrar que la gran mayoría de tales conocimientos quedará sepultada por el misterio. Apenas podemos identificar unas pocas entre las plantas y mezclas allí mencionadas.

Son el opio, algunas bebidas alcohólicas, cáñamo y solanáceas. También muy antiguo un incienso ceremonial de posible psicoactividad, entre cuyos ingredientes hay una “resina” (probablemente de cáñamo), empleada en el vino resinato que mencionarán mucho después Demócrito y Galeno.

El opio es utilizado en cocimientos simples como analgésico y tranquilizante.Cuenta el papiro de Ebers que la sacerdotisa-médico Tefnut curó una jaqueca del dios Ra usando un té hecho con las capsulas de opio. Imhotep, el Esculapio egipcio, significa «el que trae la paz», nombre alusivo al pacificador general de dolores que representa la adormidera. Sin embargo, lo habitual es recomendar el jugo de las cápsulas (opio) en pomadas, por vía rectal y por vía oral. Se propugna para una amplia gama de trastornos, incluso para los dolores de la dentición infantil y para “impedir que los niños griten fuerte”.

El opio egipcio  “tebaico” desde el Primer Imperio es símbolo de calidad en todo el Mediterráneo, siendo objeto de numerosas falsificaciones que denunciarán Dioscórides, Plinio y otros. En las líneas que preceden al texto antes citado de la Odisea dice Homero:

«Tuvo entonces Helena, la hija de Zeus, un propósito: un filtro (nepenthés) de pronto echó al vino que bebían, contra el llanto y las iras, que hacía olvidar cualquier pena a todo aquel que gustara de él. Mezclado en su crátera no podría verter una lágrima en todo aquel día, pese a que hubiera visto morir a su padre y a su madre, o delante de él y ante sus propios ojos le hubiesen degollado con armas de bronce a un hermano o un hijo.»

Estos colosales efectos pacificadores han hecho que la mayoría de los intérpretes identificaran el nepenthés con opio tebaico; otros, como Coleridge, prefieren pensar que era un preparado muy activo de cáñamo, o un combinado de cáñamo y alguna solanácea.

Por lo que respecta al uso de bebidas alcohólicas en Egipto, nos encontramos con algo semejante a lo ya visto a propósito de la civilización sumeria y el Imperio babilónico. Desde el siglo XVIII al XVII a. C., los tratamientos de sus médicos contienen cerveza o vino en el 15% de los casos.

Al vino precisamente pertenece la más antigua amonestación moral conservada en materia de agentes psicoactivos. Se trata de un texto fechable hacia el siglo XX a. C., que contiene una misiva de cierto sacerdote a su alumno:

«Yo, tu superior, te prohíbo acudir a las tabernas. Estás degradado como las bestias».

Poco posterior es la reprimenda de un padre a su hijo:

«Me dicen que abandonas el estudio, que vagas de callejón en callejón. La cerveza es la perdición de tu alma [...]. Eres como un templo sin dios, como una casa sin pan».

En efecto, esta «degradación» sólo se atribuye a las bebidas alcohólicas, aunque en modo alguno siempre o por principio. Los demás fármacos son invariablemente medicinas, sujetas a un régimen de automedicación o a usos suntuarios.

 

 

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